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Universidad de
Costa Rica 2) El impacto de la conquista española en las sociedades indígenas (1502-1569). Licenciada Elizeth Payne Yglesias
1.INTRODUCCIÓN.
El “encuentro de los dos mundos” se hace necesario estudiarlo más en detalle por las implicaciones que tal impacto produjo sobre nuestras sociedades aborígenes. Dicho encuentro provocó efectos contradictorios y ambiguos en cada una de las sociedades nativas sobre las que este proceso se manifestó.
Por otro lado, “historiar sobre el otro” (el indio) en el sentido de otorgarle un papel dinámico a su participación en el proceso de conquista, no era tarea fácil. Esto se debe en gran medida a que es a través del discurso dominante, presente en la documentación consultada, que se puede detectar y a menudo inferir el papel del otro, pues su propia visión del impacto no es explícita.
Se pretende aquí, llevar acabo un análisis comparativo de la conquista en el área del Golfo de Nicoya, en la costa Caribe y en el Valle Central de Costa Rica. El énfasis está puesto en sobre los efectos que el dominio colonial produjo en cada una de las sociedades indígenas.
Cronológicamente, el presente análisis se hará tomando en cuenta tres fases:
I. 1519-1544. Esta comprende desde el momento en que la documentación refiere el primer contacto entre los indígenas del Pacífico costarricense con los hispanos. Termina en el año de 1544, fecha aproximada en la cual ya se ha abandonado la encomienda de servicios personales y la esclavitud indígena había prácticamente desaparecido. II. 1502-1577. La conquista en el Caribe abarca desde la llegada de Cristóbal Colón, en 1502, hasta el año 1577, momento en el que se realizan los últimos intentos de conquista en el siglo XVI. III. 1561-1569. Estos ocho años se reducen entre el primer encuentro de los aborígenes del Valle Central con los españoles y termina cuando, en 1569, se pone en práctica el reparto de indios en encomiendas; fecha en que se legitima a través de la encomienda.
La comparación entre las tres zonas es necesaria en la medida que podemos reconocer especifidades históricas que se hicieron presentes en cada una el siglo XVI. A pesar de eso, el impacto sobre las sociedades indígenas –en términos generales- será semejante.
2.ENCUENTRO EN EL GOLFO.
Hacia la primera mitad del siglo XVI las regiones que circundan el Golfo de Nicoya y sus islas, sufrieron el impacto de la llegada hispana. Las primeras referencias documentales de los recién llegados, lo denominan como Golfo de San Lucar nombre representativo de la cultura cristianan occidental. A su vez, entre los años 1523-1527 se le conoció con el nombre de Estrecho Dudoso, pues asumían los hispanos que por allí habría un paso entre la Mar del Sur (Pacífico) y la Mar del Norte (Caribe). Fue el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo quien preocupado por otorgarle un nombre autóctono, escribe en estos términos:
“...golpho de Sanct Lúcar, que otros llaman golpho de Nicaragua (e otros le dicen golpho de Orotiña, e otros golpho de Guetares), e qualquiera destos dos nombres postreros es su nombre proprio” (Molina de Lines, 1979: 78).
Las áreas aledañas al Golfo estuvieron habitadas por los grupos indígenas denominados Chorotegas y Huetares, durante cientos de años. Los primeros ocuparon en su mayor parte la península y algunas islas como Chira; los segundos, poblaron la banda oriental, así como ciertas islas, entre ellas San Lucas. En el momento del contacto con los europeos, estos grupos aborígenes mantenían una actividad importante de intercambio de bienes entre sí y posiblemente con otros grupos, productos de los que sabrían aprovecharse los hispanos en su oportunidad. Las rutas comerciales utilizadas desde antaño por los indígenas también fueron apropiadas por los recién llegados, como se verá más adelante (Ibarra: 1988). Esto nos señala que los españoles utilizaron en gran medida los derroteros prehispánicos.
El Golfo de Nicoya atrajo a la atención de los españoles desde el primer momento de su llegada. Este, además de ser una entrada al mar navegable y segura en la costa pacífica de Centroamérica; contaba con importantes recursos humanos y naturales de sumo interés para los extranjeros. En efecto, las zonas pobladas en el interior de la península, así como algunas de sus islas y la costa de la banda oriental fueron la base de las futuras formas de explotación –humana y material- que se consolidarían en la zona.
2.1. Los primeros contactos.
Fueron dos los contactos preliminares que permitieron el posterior dominio español de las sociedades del Golfo. Vistas ahora, las repercusiones sobre el indio fueron más superficiales que las formas de explotación implantadas por los futuros intereses coloniales en la zona. Aun así, estos primeros contactos sentaron las bases de lo que sería muy pronto la desestructuración de las sociedades nativas.
Después de su paso a la costa pacífica del istmo panameño, los españoles establecieron como centro de operaciones la ciudad de Panamá, fundada en 1519. Desde allí dirigieron sus esfuerzos hacia la exploración de las costas del Pacífico sur de América y las del norte del istmo panameño. De esta forma, en el mismo año en el que Hernán Cortés puso sus pies en la costa mexicana; Hernán Ponce de León y Juan de Castañeda establecieron efímeros contactos con los aborígenes del Pacífico sur costarricense, llegando –según se cree- hasta la entrada del Golfo de Nicoya. Los indígenas se mostraron celosos ante su presencia, aunque los españoles no tenían interés de establecerse en la zona en ese momento.
Sin embargo, para las pretensiones hispanas el logro principal fue tener noticia de las sociedades nativas localizadas en el norte de Panamá. Una información de méritos y servicios de Juan de Castañeda del año 1528, refiere que para alcanzar tales puntos en su viaje tuvieron que apresar algunos indígenas como informantes pues “...las dichas lenguas habían sido mucha parte para que la tierra se descubriese...” (Fernández, 1907: 53-63 T.VI).
Por su parte, la primera relación que las sociedades del golfo mantuvieron con las empresas conquistadoras fue con la jefeada por Gil González Dávila. Esta, organizada en España con el beneplácito de la Corona, logró partir hacia esta zona en 1522. Entre sus objetivos más importantes estaban la búsqueda del Estrecho Dudoso (Golfo de Nicoya) y la ampliación del territorio de rescate (González, 1988: 93). Los efectos casi inmediatos de expedición serán importantes como se verá en breve.
Los hispanos venían con el propósito de someter a los indios al vasallaje español e imponerles una nueva religión. Además, haciendo uso del Requerimiento–instrumento legitimador de la conquista redactado por Palacios Rubio en el siglo XVI- el cual, entre otras cosas, aseguraba que si no se sujetaban al Rey español...certificacoos que con la ayuda de Dios yo entrare poderosamente contra vosotros y vos haré la guerra por todas las partes y maneras que yo pudiere, y vos sujetare al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Altezas, y tomaré vuestras personas y de nuestras mujeres e hijos y los hare esclavos, y como tales los venderé y dispondré dellas como Su Alteza mandare, y vos tomaré vuestros bienes, y vos hare todos los daños que pudiere...” (Zavala, 1978:19).
Dicho Requerimiento justificaba la guerra justa en contra de los indios, si éstos no se sometían “pacíficamente”. Así se expresa González Dávila con respecto a sus intenciones, pues pretendía: |
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“...pacificar a los caciques con que topase y hazellos vasallos de vuestra magestad por toda manera de bien, y a los que no quisieran hazerselo hazer por fuerza, como lo hize”. (Fernández, 1976: 39).
Aunque en Nicoya no se aplicó la guerra justa, en Nicaragua si se presentó esta situación ante la oposición de los grupos indígenas de ese territorio.
Aquí nos interesa señalar las repercusiones que para nuestros indígenas tuvieron dichas pretensiones coloniales. Lamentablemente, es por medio de la documentación creada por los propios hispanos que podemos contar – y a menudo inferir- sobre la situación del indio.
Así, un observador tan meticuloso como Fernández de Oviedo, cuestionó años más tarde al gobernador Pedrarias Dávila, sobre los efectos del Requerimiento. Este había ordenado a Oviedo que les llevase y leyera a los indios dicho scriptis. El cronista conocedor de las limitaciones que había en la comunicación oral entre indios y españoles, escribe: “Señor, pareceme que estos indios no quieren escuchar la teología de este Requerimiento, ni vos tenéis quien se la dé a entender. Mande vuestra merced guardarle hasta que tengamos algunos de estos indios en la jaula para que despacio lo aprendan y el Señor obispo se lo dé a entender” (Zavala, 1978: 21-22).
A lo largo de su ruta, desde Punta Burica hasta el istmo de Rivas en Nicaragua, Gil González asegura haber bautizado –usando el Requerimiento- a un buen número de indios . En su discurso, todos ellos se tornaron “cristianos por su voluntad” (Fernández, 1976). Por ejemplo, el cacique Nicoya además de darles el equivalente en oro a 14.000 castellanos se convirtió –según los españoles- con cerca de 6.000 de sus súbitos. También en el acto le obsequiaron le obsequiaron objetos de oro en señal de conversión (Fernández, 1976). Realmente, existen escasísimas referencias documentales sobre la posible aceptación del indio de una nueva religión. Sin embargo, analizando el discurso del conquistador pueden inferirse algunas cosas. En primer término, el hecho de aplicar el Requerimiento como acto de vasallaje también conlleva a ejercer presión por la aceptación del catolicismo (igual al bautismo) por parte del indio.
En otras palabras el indio fue obligado a bautizarse. Para el europeo el bautismo fue una acción legitimadora de de su conquista. Si la documentación hispana consigna estos hechos es sobre todo para argumentar su conquista ante la Corona. La mencionada “conversión” de los naturales tuvo efectos momentáneos en esta primera etapa. Para los españoles fue sobre todo la posibilidad de obtener el oro vía rescate. Para el indio suponemos que no tuvo resultados inmediatos. Al respecto, Gonzalo Fernández de Oviedo observó seis años después de la expedición de Gil González:
“...llámanse cristianos desde que Gil González anduvo por allí; pero yo creo que hay pocos de ellos que lo sean. Son ydólatras e tienen muchos ydolos de barro e de palo...”(Fernández de Oviedo, 1978: 48-49).
Por medio de la usurpación del oro haciendo uso del rescate y del saqueo, los nativos perdieron una enorme cantidad de éste, que había sido atesorado durante mucho tiempo. Sus fuentes de oro, perlas, y otros objetos de valor para los europeos, se agotaron con rapidez. Es así que las futuras formas de dominación sobre el indio se consolidaron explotando la mano de obra indígena y los recursos naturales existentes.
Más de treinta Caciques con sus comunidades recibieron a los hispanos en 1522, desde Punta Burica hasta el Golfo de Papagayo. La referencia documental nos dice que que de esta cantidad sólo dos principales y su gente huyeron ante la presencia española. Fueron los Caciques de la provincia de Durucaca y el de Chomi (Chomes). Sin embargo, los españoles penetraron en sus pueblos abandonados y saquearon su oro (Fernández, 1976: 33-35).
Además de la riqueza en este metal, obtenida en la expedición los españoles comenzaron a valorar rápidamente la posición geográfica del “Estrecho Dudoso” o Golfo de Nicoya y también la del lago de Nicaragua o Mar Dulce, llamado Cocibolca por los indios. Por su parte, la exploración del lago años más tarde verificó a los españoles la facilidad de una salida al Mar del Norte o Caribe, vía el Desaguadero. A su vez, los puertos establecidos en el Golfo de Nicoya se destinaron a comerciar con Panamá y Perú, básicamente con Nicaragua la vía terrestre fue la más importante.
En resumen, para las sociedades aborígenes, los primeros contactos con los europeos significarían en primera instancia la usurpación de sus bienes atesorados; por medio del saqueo y del intercambio desigual con el español. Mientras el español valoraba el intercambio de bienes en términos de ganancia al obtener baratos y valiosos artículos para el mundo occidental; el indio daba sus preciados bienes practicando un principio de reciprocidad. En el plano religioso, lo que los españoles lo que los españoles argumentaban que era sometimiento; no significó lo mismo para las sociedades nativas. Se desconoce en detalle cómo la aceptación formal de una nueva religión, repercutió en ese primer contacto.
2.2. Consolidación del dominio hispánico en el Golfo de Nicoya.
Nuevamente, las sociedades prehispánicas localizadas en el golfo sufrieron hasta 1524, la feroz arremetida de los hispanos. En efecto, la expedición jefeada por Francisco Hernández Córdova trastornó violentamente el futuro de los aborígenes. Esta empresa conquistadora pretendía –además de la búsqueda del oro vía saqueo y rescate- fundar poblaciones en la zona, y con ello, explotar la mano de obra y los recursos naturales.
Esta, a diferencia de la expedición depredatoria de Gil González Dávila, logró consolidar, en detrimento de las sociedades indígenas, nuevas formas de conquista y de colonización ya aplicadas en regiones como Nueva España (Fernández, 1907: 46 T.VI). Los indígenas vieron afectadas sus formas de vida por este nuevo modelo de conquista, bajo dos concepciones, vistas desde la óptica de los intereses hispanos. En primer lugar, el establecimiento de poblaciones hispanas en la zona que no sólo modificaron el habitat natural; sino su relación con los grupos nativos; como se verá más adelante. Ejemplo de esto fue la fundación de Villa Bruselas en el año de 1524 localizada en extremo oriental del Golfo de Nicoya. Un segundo aspecto que, unido con el anterior, modificó las sociedades autóctonas fue el desarrollo de nuevas formas de explotación de los recursos humanos y naturales.
Ahora nos interesa fundamentalmente referirnos a las dos formas básicas de explotación indígena implantadas después de 1524: éstas son la esclavitud del nativo y el repartimiento, llamado con más propiedad encomienda de servicios personales.
2.2.1. Breve ciclo esclavista y desarrollo de la encomienda de servicios personales (1524-1542).
Un efímero pero depredador ciclo esclavista afectó enormemente a nuestros aborígenes en este período. Las primeras actividades del comercio de esclavos indígenas se llevaron a cabo en 1524 con la venida de Hernández de Córdova y los posteriores gobernadores de Nicaragua, provincia a la cual Nicoya fue incorporada en 1527.
El Historiador Luis Fernando Sibaja se refiere a los tres mecanismos conocidos para obtener indios esclavos:
a. Por medio de la guerra justa, la que justificaba que cualquier indio rebelde a ser vasallo de la Corona sería convertido en esclavo (Zavala, 1978:19). b. Por la vía del rescate, los indios principales que habían aceptado el vasallaje se vieron obligados a proveer constantemente a los españoles de indios esclavos, hechos prisioneros en la lucha entre pueblos indígenas rivales, y c. La obtención de los esclavos vía encomienda. Por ésta se denuncia que los encomenderos vendían a sus indios encomendados a los comerciantes esclavistas. Con cierta probabilidad este último mecanismo tuvo más importancia cuando los dos anteriores ya se habían agotado (Sibaja, 1982: 29).
El principal mercado de los esclavos aborígenes de Nicaragua y nicoya lo constituyó Panamá, hasta 1529 (Sibaja, 1982: 29). Estos naturales eran utilizados básicamente como cargadores o tamemes para el comercio transístmico entre la ciudad de Panamá y Nombre de Dios. Con la conquista del imperio incaico entre 1527 y 1531 se requirió de una gran cantidad de indios esclavos para el servicio de los hispanos y como cargadores. En esta época, ¡en América era más caro un caballo que un indio!
Terribles fueron las condiciones de los aborígenes sometidos a la esclavitud. Después de sujetarles violentamente, los españoles procedían a marcarles su cuerpo con alguna señal que mostrase su condición de esclavos. Algunos documentos hacen referencia al “hierro para herrar” cuando entraban los españoles en busca de esclavos (Fernández, 1907: 196-214: T.II). Suponemos que el marcado con hierro candente fue el procedimiento más utilizado para señalarles. Se les marcaba en las piernas y en la frente, tanto a hombres como mujeres.
No podríamos imaginarnos el impacto que tuvo para muchos indígenas –de cualquier condición- el hecho de verse esclavizados y maltratados por los hispanos. La misma relación del Licenciado Castañeda señala que una de las más frecuentes formas de comerciar con el indio, era sacar “...mucho numero de indios libres naturales de dichas provincias e islas e tomándolos por fuerza e con engaño y vendido muchos de ellos por esclavos en la ciudad de Panamá y en el Perú” (Fernández, 1907, 201: T.II). Según parece se les encadenaba en la cabeza o en los pies para que no huyesen de sus opresores.
Nicoya y la Isla de Chira se convivieron en centros estratégicos en el comercio esclavista. El pueblo de Nicoya como un lugar de tránsito hacia donde eran transportados los indígenas desde Nicaragua. También allí se reclutaban los esclavos de la península. A su vez, desde el puerto de la isla de Chira eran embarcados los indios con rumbo a Panamá y Perú. Algunos documentos hacen referencia a las condiciones interiores de las embarcaciones hispanas y a la aglomeración en que viajaban los esclavos. Esto hizo que la gran mayoría muriera de camino al mercado esclavista.
Una Real Cédula del año 1536 dirigida al gobernador de Nicaragua prohibía sacar indios de la provincia, con excepción de unos dos para servicio personal. Esta señala en cierta medida la situación de los indígenas y las razones de la corona para prohibir el tráfico. Se queja la mencionada cédula del maltrato a los indios esclavos y que en “...sólo un navío que llevaba cuatrocientos yndios e yndias antes de ser acabado el viaje no quedaron de ellos cincuenta porque todos los demás se murieron...” (Sibaja, 1974: 48).
La economía de este ciclo esclavista de Nicaragua y Nicoya fue breve. Luis Fernando Sibaja supone que fueron los diez y seis años que mediaron entre 1524 y 1540 los caracterizados por este particular comercio (Sibaja, 1974: 29). Las consecuencias de este ciclo depredador fueron profundas para las sociedades nativas. En primer término hubo una terrible hecatombe demográfica que diezmó la población; a causa de las enfermedades y de la explotación esclavista de que fueron objeto. Para los españoles, en cambio, la crisis se manifestó en una disminución de la demanda esclavista en Panamá y Perú (Sibaja, 1982: 29).
Ahora interesa referirnos a la encomienda de servicios, nueva forma de trabajo implantada en las sociedades del Golfo desde 1524, por Hernández de Córdoba. Los indios tanto de la banda oriental como de las islas y la península fueron repartidos primeramente entr la hueste de Hernández de Córdoba.
Los naturales de la zona del Golfo sufrieron además de su terrible explotación, las consecuencias de las luchas rivales entre los conquistadores. En 1528, cuando Pedrarias Dávila es nombrado gobernador de Nicaragua, toma a los indios de Nicoya y Chira bajo su posesión. Después de su muerte en 1532 pasaron a manos de su viuda. Con la aplicación de las Leyes Nuevas, éstas fueron propiedad de la Real Corona (González, 1988: 95).
Poco se sabe sobre el proceso de reducción en pueblos que sufrieron dichas sociedades aborígenes. Según parece los curas mercedarios estuvieron encargados de tal reducción (González, 1988: 96). Sin embargo, aquí nos interesa plantear cuál fue el impacto de tal repartimiento sobre los indígenas del Golfo. Es sabido que durante esta primera etapa de la encomienda que va aproximadamente de 1524 a 1544 los encomenderos exigieron al indio la cuota de trabajo que éstos quisieron. Esto afectó terriblemente sus antiguas formas de vida y de trabajo. Por ejemplo, al tomarles el español sus alimentos especialmente el maíz sobrevino:
“...tan grande hambre en la tierra que murieron de hambre sobre veinte mil indios con cruces en las manos pidiéndoles por Dios maíz para comer que fue gran lástima...” (Fernández, 1907: 903).
Los naturales de Nicoya y Chira, especialmente, fueron utilizados como cargadores o tamemes para traer y llevar bienes desde y hacia Nicaragua. A menudo estos tamemes eran indios encomendados, alquilados a los mercaderes por sus encomederos. Otras formas de explotación impuestas a raís de la encomienda fueron el uso del indio para la extracción perlífera en los golfos de Nicoya y de Papagayo. Tambipén fueron llevados a los astilleros para la construcción de embarcaciones.
Poco se sabe la imposición de la encomienda entre los indios huetares que poblaban la sección oriental del golfo. Al respecto, Oviedo en 1529 nos dice:
“Los huetares son mucha gente e viven en las sierras de La Herradura. Se extienden desde el Golfo al poniente de la banda Norte hasta el confín de los chorotegas...” (Fernández de Oviedo, 1978: 22).
Pareciera que a raíz de la fundación de Villa Bruselas en 1524 estos grupos fueron repartidos en encomiendas. Tres años después se informa de un asalto indígena a la casi despoblada villa. Así, al desaparecer Villa Bruselas y a raíz de la feroz resistencia presentada por los Huetares, éstos no fueron presa fácil del dominio español. Una relación del año 1545 nos hace comparar la reacción de los distintos grupos que habitaban en el Golfo: Las provincias de Nicoya, Chorotega, corovecí, Orotina y Chira...
“...han recibido grandes males tratamientos de algunos de los cristianos que los han tenido de repartimiento (...) también de cristianos estancieros y pasajeros...” (Meléndez, 1983: 201).
Esto provocó que en la provincia de Chorotega que...
“...habiendo servido en los pricipios se alzó e está alzada sin querer nadie servir e se han metido allí e ido a vivir muchos indios de la dicha provincia e islas por no servir a los cristianos...” (meléndez, 1983: 201).
Caso contrario fue las respuesta de los indígenas de la península. En la misma relación anterior, el Licenciado Castañeda anota que el cacique de Nicoya...
“...es muy amigo de cristianos; nunca allí a avido levantamiento, e todos los que se desembarcan en la Isla de Chira para venir a esta provincia (de Nicaragua) por tierra, pasan en canoas e barcas a este cacique de Nycoya, e allí se proveen de comida para treinta y cinco leguas que ay hasta Nicaragua, e los dan yndios que les traigan la comida...” (Meléndez, 1983; 193).
Con la puesta en práctica de la Leyes Nuevas de 1542, la corona española pretendió imponer la encomienda de tributo en especie. Por medio de ésta, los productos indígenas serían tasados de acuerdo con numero de pobladores y de allí darían una cuota en productos que se debía pagar dos veces al año. En la tasación de 1548 sólo aparecen los pueblos de Nicoya (con sus dos parcialidades), Chira, Cangen, Nandayora, Nicopasaya y Zapandí (Meléndez, 1983: 197-198). En ese entonces los indígenas de la sección oriental del golfo ya no tributaban. En fin, las sociedades del golfo sufrieron terriblemente las consecuencias de la dominación española; sobre todo a raíz de los sistemas de explotación implantados desde 1524: La esclavitud y la encomienda de servicios. Sin embargo, y como se analizará más adelante, la reacción distinta de las sociedades indígenas que poblaban el golfo fue un actor básico en el proceso de desestructuración de las mismas.
3. EN BUSCA DE LA “COSTA RICA”.
El Caribe costarricense actual comprende lo que en el pasado fue llamado la costa de Veragua, mítica tierra en oro y tesoros, según lo describen las crónicas españoles. En el corto plazo Veragua se fue sustituyendo por el de Nuevo Cartago y Costa Rica, término que se usó hasta la década de 1570, momento en el que se consolidó el nombre que actualmente tiene todo el país: Costa Rica.
Esta particular zona costera de un clima tropical húmedo, con alta precipitación anual y cortas temporadas secas. Los recursos son muy abundantes en flora y fauna. En el momento de la llegada europea a este territorio los grupos humanos que habitaban este espacio pertenecían a la tradición chibchoide, que están diseminados por el caribe, Suramérica y algunas islas antillanas. Entre los grupos que podemos encontrar en el siglo XVI podemos mencionar a los suerres, siguas, tariocas, guaymíes, y otros. Su organización política estaba basada en el cacicazgo y su base social se fundamentaba en el sistema clánico de parentesco entre grupos. Se sustentaban económicamente en la agricultura, la caza, la recolección, así como el intercambio de otros productos con sus vecinos.
Después de la llegada de Cristóbal Colón a Cariay en el año 1502, prosiguieron una serie de expediciones que abarcaban los años comprendidos entre 1508 y 1577, jefeadas por Diego de Nicuesa (1508-1510), Felipe Gutiérrez (1536-1537), Hernán Sánchez de Badajoz (1540), Rodrigo de Contreras (1540), Diego Gutiérrez (1541-1544). Una segunda fase de expediciones las encontramos bajo el mando de Juan Estrada Rávago (1560-1561), Juan Vázquez de Coronado (1564), Diego de Rivera (1568), Pedro de Rivero (1570), Diego de Artieda (1577).
Ahora bien, ¿cuáles fueron los medios utilizados por los hispanos para incursionar en este espacio? Junto a las acciones legitimadoras mencionadas con anterioridad –como el requerimiento y la guerra justa-, se llevaron a cabo los permisos de conquista, conocidos como Capitulaciones, especies de contratos, donde las partes adquieren derechos y obligaciones. Los reyes exigían para si el llamado Quinto Real, impuesto cobrado a todos los tesoros encontrados en América. A su vez, los jefes expedicionarios estaban obligados a llevar su aventura en un plazo fijado de antemano y, sobre todo, le asegurarán otro territorio más bajo su dominio a cambio de riquezas materiales y títulos nobiliarios (González, 1991: 83).
Entre las más famosas Capitulaciones tenemos las de Santa Fe, firmadas entre los reyes católicos y Cristóbal Colón en abril de 1492, donde, a cambio de procurarle nuevas tierras a España, éste recibiría los títulos de Almirante y Gobernador General de las tierras por “descubrir”.
3.1. Las empresas exploradoras-conquistadoras.
Las empresas conquistadoras se organizaban con el apoyo de capital privado, el cual invertía en armas, alimentos, embarcaciones e incluso, ponían parte de la tripulación; a cambio de esto, dichas compañías o campañas de conquista deberían de recibir jugosas ganancias derivadas del saqueo de oro y otras riquezas americanas. Solían partir de puertos españoles o puertos americanos; sin embargo, solían ser más frecuente que las empresas organizadas en España contaran con mayor apoyo real, que las establecidas en Panamá, Nicaragua o las islas antillas. Un ejemplo del primer caso lo fueron los de los hermanos Felipe y Diego Gutiérrez; a su vez, el segundo lo representan las compañías de Hernán Sánchez de Badajoz, y Rodrigo de Contreras, entre otras.
En general, puede decirse que todas las compañías contaban con buen apoyo financiero. Los hombres de empresa más audaces de la época apoyaban entusiastas este tipo de aventura, al final de las cuales éstos obtendrían jugosas ganancias en eso, piedras preciosas, perlas y demás. Era frecuente dotar una expedición de conquista no sólo con una o varias embarcaciones, sino con la tripulación y alimentos.
En la exploración y conquista del Caribe costarricense se utilizaron naves de los más diversos tipos, siendo, sin embargo, las más utilizadas las de corta navegación como los bergantines de tamaño mediano, lo mismo que las góndolas y canoas aún más pequeñas. Los galeones y carabelas de gran dimensión se usaron particularmente en los viajes que provenían de puertos europeos. A continuación se verán en detalle las principales características de las empresas de conquista, para posteriormente analizar sus efectos sobre las poblaciones indígenas.
Una primera etapa en dichas empresas se enmarca entre 1502 y 1539 y mantiene propósitos descriptivos y/o exploratorios. A ésta pertenecen las expediciones de Cristóbal Colón y Diego de Nicuesa. Sus logros más importantes fueron el reconocimiento del litoral caribeño con vista a futuras incursiones de conquista. Las crónicas escritas así como su difusión en forma oral, contribuyeron a divulgar la forma de “aquel país tan rico”.
Un texto escrito por Cristóbal Colón durante su cuarto viaje, no puede ser más elocuente:
“Yo vide en esta tierra de Veragua mayor señal de oro en dos días primeros que en la Española en cuatro años, y que las tierras de la comarca no pueden ser más fermosas ni más labradas, ni la gente más cobarde, y buen puerto y fermoso río y defendible al mundo”. (Colón, 1952: 27).
Nótese el gran interés por observar los recursos naturales y demás riquezas de la zona, con la cual mostraban la intención de fundar futuros asentamientos en el lugar. A estas primeras empresas exploratorias prosiguieron otras que tienen carácter de conquista violenta, caracterizadas por el saqueo de las riquezas y otros recursos indígenas. Mostraron también interés por establecerse en la zona al fundar algunas ciudades y fuertes; sin embargo, en todas las ocasiones estos lugares desaparecieron en el corto plazo.
Otros intereses exploratorios que también involucran nuestras costas orientales fueron las expediciones organizadas desde Nicaragua y que tenían como propósito reconocer la vía del Desaguadero o Río San Juan, así como los territorios aledaños y su desembocadura. Esta había sido una legendaria ruta indígena, que fue tomada por los hispanos con fines conquistadores primero y comerciales después. De esta forma, el Lago de Nicaragua y el Río San Juan pronto se convirtieron en puntos claves dentro de la actividad dominadora. Entre los años 1527 y 1539 se lograron esporádicos contactos con los indios votos y suerres, a losque les fue apropiado el oro y sus alimentos.
Un segundo momento lo marca el inicio de operaciones de conquista y de ocupación del suelo que va aproximadamente desde 1534 hasta 1577.
Hacia el sur, el territorio de los indios guaymies fue explorado por Felipe Gutiérrez en 1534. En esta expedición, organizada y financiada desde España con el apoyo de la Corona, se nombra por primera vez a su jefe, gobernador de Veragua. Dicha empresa se convirtió en un verdadero fracaso, pues desconocían de las condiciones climáticas del medio, así como las rivalidades internas que llevaron a la muerte, la enfermedad, el hambre y la deserción masiva de la hueste conquistadora.
Con respecto a los indígenas las pretensiones conquistadoras no fructificaron tampoco, a pesar de que se recurrió a la prisión y tortura del cacique Pururva a quién se le exigió oro. La respuesta de los indígenas fue la destrucción de sus cultivos o “tierra arrasada” y la huída hacia zonas del interior del territorio, de difícil acceso a los españoles.
Años más tarde, hacia 1540, en el llamado “valle de Coaza”, en el Caribe sur del país; territorio de los indios tariacas y siguas; incursionaron dos empresas de conquista. La primera de ellas, jefeadas por Hernán Sánchez de Badajoz, y la segunda al mando del gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras. Aquí se dio lugar una prolongada disputa territorial por la zona de Veragua; ésta era reclamada por un lado, por la audiencia de Panamá, que apoyaba a Sánchez de Badajoz y, por otra, la gobernación de Nicaragua defendía la pertenencia de este territorio a su jurisdicción.
A la expedición de Sánchez de Badajoz se debe el nombre que desde ese momento se le dio al territorio. De éste jefe se dice que:
“...descubrió en la dicha provincia de Veragua un valle muy rico y de muy buena tierra, [...] de mucha gente y oro y comida y cacao, etc.” (Fernández, T.IV, 19: 247).
Como puede notarse, esta zona fue catalogada como muy rica y estratégica para los intereses españoles, llevó a la fundación de la ciudad de Badajoz y puerto de San Marcos y, más adentro, en la loma de Corotapa, se estableció la fortaleza de Marbella, mencionada con anterioridad.
La rivalidad presente entre los dos grupos de conquistadores y el reclamo del territorio no tuvo efectos a favor de uno u otro bando. Aunque el debate legal entre Sánches de Badajoz y Rodrigo de Contreras continuó en las cortes, la Corona intervino nombrando a Diego Gutiérrez, en 1541 como gobernador natalicio de lo que ahora se llamaría Nuevo Cartago y Costa Rica.
Este gobernador ocupó la zona del cacique Suerre en el Caribe norte del territorio, cuya jurisdicción comprendía desde Cabo Camarón en Honduras, hasta los límites con Castillo del Oro, en el sur. La política conquistadora de “sangre y fuego” fue puesta en práctica por este jefe expedicionario; muestra de ello es el apresamiento y asesinato de los hoy legendarios caciques indígenas Comaquiri y Cocorí, el segundo de los cuales murió asesinado. A su vez, Comaquiri organiza una seria ofensiva contra sus ocupantes, y, al internarse los españoles en el territorio, concretamente en el sitio llamado Tayutic, cercano a Turrialba, fueron atacados sorpresivamente por los nativos, poniéndolos fácilmente en seria desventaja. El cronista italiano Girolano Benzoni, quién sobrevivió a la aventura, relató que los indios gritaban al unísono: “Toma oro, cristiano, toma oro...”
En la década del 1550 no hubo incursiones de conquista en el Caribe. En esos años se dio el traspaso del ducado de Veragua por parte de la familia Colón, a la Corona, conservando los Colón un título nobiliario que aun conservan. Además en ese entonces, las políticas conquistadoras tenían un freno legal: Las Leyes Nuevas de 1542, que transformaron la conquista de “sangre y fuego” a una nueva política llamada pacificadora”.
Es dentro de este contexto que se lleva a cabo nuevas entradas hispanas en el año de 1560. Producto de un acuerdo entre Juan de Cavallón, comisionado para la conquista de Costa Rica y el ex fraile Juan de Estrada Ravago, este salió de Nicaragua rumbo a la desembocadura del Río San Juan y el Caribe de Costa Rica. En el norte fundó la ciudad de Castillo de Austria, la cual tuvo una breve existencia. Esta incursión en el Caribe es producto de las pretensiones conquistadoras y colonizadoras en el interior del país.
3.2. El impacto incierto.
Las crónicas españolas que se refiere al encuentro entre los nativos habitantes de la costa Caribe del país con los europeos señalan –como es de esperarse- que cada grupo mantenían intenciones y defendería intereses distintos. Para los primeros el reconocimiento y la conquista de sus territorios significó una alteración de su legendaria forma de vida, ante la precisada búsqueda de sus bienes por parte de los segundos; para éstos últimos, los espacios ocupados eran considerados excelentes fuentes de riqueza.
Conforme los hispanos fueron manifestando mayor interés por la llamada Veragua, los enfrentamientos con las sociedades autóctonas fueron más violentos. El recurso más utilizado fue el apresamiento de los caciques o principales indígenas, algunos de los cuales fueron asesinados o murieron sospechosamente en manos de los conquistadores: el cacique Coaza, así como Coxele y Tariaca sufrieron la embestida castellana en la zona de Talamanca; de igual forma, Camaquiri y Cocorí recibieron crueles agresiones por parte de Diego Gutiérrez.
Unido a esto, el saqueo de los recursos auríferos y también de alimentos indígenas revela una gran violencia en contra del indio. Los documentos que se refieren a la penetración de Rodrigo Contreras, señala que al menos treinta mil pisn de palma de pejiballe fueron derribadas, lo que provocó el estupor indígena. En especial el saqueo de oro fue devastador. Una descripción de la fortaleza de Marbella refiere que...
“...dentro del cuerpo delo cercano estaba la morada de los cristianos e en medio estaba la casa del dicho Vadajoz, que era una casa grande que era enterramiento de yndios...” (Fernández, 1907: 286).
Esto nos indica que la rápida localización y apropiación de artículos de oro era prioridad de los jefes conquistadores.
En síntesis, la Conquista en la zona Caribe costarricense constituyó para los castellanos una serie de fracasos reiterados, motivados, sin duda por diversas razones. Las condiciones climáticas adversas, así como la no adaptación al medio, frenaron esos propósitos. Otra de las causas fue la perenne rivalidad que existió entre los grupos como se ha anotado A su vez la gran cantidad de documentación existente sobre este período en la zona, son testimonios de la destrucción del medio efectuada por los hispanos, en especial hay referencia a la cata de palmitos y pejiballes. Unido a esto, el feroz ataque de los hispanos a los líderes grupos indígenas, provocó una respuesta violenta por parte de éstos, que, en ocasiones llegaron a desarticular militarmente a los extranjeros y darle muerte al jefe conquistador.
4.EL IMPACTO HISPANO EN EL VALLE CENTRAL.
Casi cuarenta años después de la ocupación del Golfo de Nicoya, las sierras y valles donde habitaban los “belicosos huetares” (llamados así por los españoles) se vieron asediadas por las huestes hispanas. Estas sociedades indígenas sufrirían el impacto de la penetración europea dentro de un contexto diferente, si se compara con su dominio en la zona del Golfo. Sin embargo, como se verá en el tercer apartado, los efectos desestructuradores que este proceso produjo en las sociedades indígenas no serían tan distintos.
4.1. Proceso de conquista en el Valle Central.
La puesta en práctica de las Leyes Nuevas de 1542, marcaron un nuevo modelo de conquista/colonización en las zonas que fueron conquistadas después de la ejecución de las mismas. Dichas reglamentaciones habían abolido la esclavitud del indio, lo mismo que la encomienda de servicios personales; ambas implantadas entre los indios del Golfo de Nicoya. Unido a esto, el interés por controlar espacios territoriales todavía libres del dominio hispano, señala el inicio de la conquista en el Valle Central. Al respecto la posición era explorar lo que en ese momento era llamaban Nuevo Cartago y Costa Rica por tener informes de...
“...ser tierra de gran población, con noticia de aver en ella grandísima riqueza, ansi de minas de oro, como de rescate dello...” (Fernández, 1976: 73).
Además, las estructuras coloniales generadas a partir del control sobre los indios del Golfo, y sobre todo de su dominio por medio del sistema tributario, fueron factores fundamentales para el avance español rumbo al Valle Central. Tanto Juan de Cavallón como Juan Vázquez de Coronado se aprovisionaron de alimentos en esta región. Al respecto nos dice el segundo:
“Los tributos del pueblo de Nicoya son muy importantes para esta jornada. Yo los compré a los oficiales reales y di por ellos novecientos y tanto pesos, por causa del maíz, hasta de la tierra de conqué sustentar” (Fernández, 1976: 80).
También, la antigua ruta prehispánica a través del Golfo fue utilizada por los recién llegados (Ibarra, 1988).
Para el dominio español en el Valle Central se tenía como requisito el control sobre grupos aún no sometidos que poblaban la banda oriental del Golfo. De esta forma, se dice que en el año de 1555 estaban dominados los indios de Chomes y Abangares, centros vitales para el avance de Juan de Cavallón hacia el territorio Huetar. En una carta al consejo de indias en 1561 se informa que “el Licenciado Cavallón fue por tierra, por la parte de Nicoya y sin riesgo ni guazabara, dos jornadas más delante de los Chomes, que estan en paz.” (Fernández, 1976: 67).
Hacia el sureste del Golfo se encontraban los cacicazgos de Garavito y y Coyoche, cuyas povlaciones fueron estratégicas pues se localizaban en el punto de entrada que seguirían los españoles en su rumbo al interior del territorio. De acuerdo con la documentación, Juan de Cavallón y su grupo, establecieron contacto con Coyoche, cuyo pueblo fue obligado a prestar servicio a los españoles. En el Valle de Coyoche, los conquistadores fundaron el Real de la Ceniza, cercano al pueblo de Landecho (Fernández, 1976: 73). También pretendía el dominio del cacicazgo de Garavito, el cual observaron tenía un buen número de pobladores, necesarios para prestar servicios a los hispanos. Estas pretensiones fallaron por laferoz resistencia de su cacique.
En el discurso de la conquista del Valle Central puede notarse con claridad cuales fueron los propósitos más importantes de los dos primeros grupos de conquistadores que encontraron en el Valle; los de Juan de Cavallón y Juan Vázquez de Coronado. “Descubrir, pacificar y poblar” fue la retórica más utilizada.
A su vez con la llegada al interior del territorio se pretendía establecer un centro de población que sirviera para ejecutar las incursiones hacia otras zonas; en especial el Caribe. Además, su fundación implicaba en cierta medida mantener el dominio sobre determinados grupos indígenas. Esta fue la ciudad del Castillo de Garcimuñoz fundada entre las poblaciones de los “Huetares y el Guarco” (Fernández, 1976: 67).
Por otro lado, el interés de llegar al Atlántico hizo que la expedición de Juan de Cavallón contara con el apoyo de padre Estrada Rávago. Este navegó por la costa del Caribe, sin ningún resultado a favor de los hispanos, debido a la acción defensiva de los indígenas de la zona. Con más claridad puede apreciarse la pretensión de buscar una entrada al Caribe desde el Valle Central porque “dizen que la tierra es buena y ay muestra entre los yndios de oro, aunque dizen que lo rescatan de otros de más adelante, donde se entiende que hay ricas minas” (Fernández, 1976: 67). Esta tierra situada “más adelante” no es otra que la mítica región caribeña, donde tantas veces el indio resistió la ocupación hispana.
La expedición de Cavallón tuvo numerosas limitaciones para dominar el Valle Central. Las actividades de rancheo y robo que efectuaron sus soldados en las tierras del indio, el maltrato a muchos de sus jefes y la obligación de prestar servicios en Garcimuñoz, fueron algunos de esos factores. Según la documentación, el Valle Central se encontraba bajo una rebelión general en el momento de la entrada de Juan Vázquez de Coronadoen 1562. En este momento se dice que los indios principales no quieren servir a Garcimuñoz, “...pues en un principio fueron maltratados” (Fernández, 1976: 79).
4.1.1. Una nueva política de conquista.
Con la llegada de Juan Vázquez de Coronado se vio inaugurada una nueva actitud de conquista por parte de los conquistadores. Esto no significa que se hayan abandonado los viejos objetivos de dominio sobre las poblaciones nativas.
Así, en la carta de instrucciones del Presidente de la Audiencia de los Confines dirigida a Juan Vázquez de Coronado en 1562, se le ordena “...prudencia y cordura y sin mostrar cobdicia en los yndios, y la menor vexación que se pudiere...” (Fernández, 1976: 65). Otra característica de esta empresa de conquista es que favoreció la política de poblamiento hispano en el Valle Central al traer nuevos soldados y colonos como se les había ordenado. La llegada de un buen número de cabezas de ganado favoreció indudablemente la colonización española y contribuyó a modificar el antiguo habitat precolombino.
A su vez, el traslado de Garcimuñoz a Cartago en el Valle del Guarco, fue un nuevo factor estratégico impuesto por Vázquez de Coronado. Dicho traslado procuraba “...estar más cerrca de las poblaciones de los indios...” (Payne, 1988: 36). En 1562 Vázquez de Coronado informa que entre los pueblos que servían a los españoles se encontraban Pacaca, Taribu, Accerrí, Puririce, Corcoc, Coc, Orocci, el Abra y Toyopac (Fernández, 1976: 80). Algunos de ellos localizados en el Occidente del Valle –primera zona de conquista y colonización y otros en la sección oriental, cercanos a Cartago.
La búsqueda de la ruta del oro así como el dominio de la población aborigen fueron objetivos primordiales de la empresa de Vázquez de Coronado. Sin embargo, la táctica de conquista seria un tanto diferente: en primer término, el jefe conquistador establece un contacto político con los caciques por medio del envío de algunos de sus soldados a visitarles a sus poblados. En el acto les hace llegar algunos obsequios y les expresa intenciones de paz. Seguidamente la visita personal de Vázquez de Coronado a los principales caciques del Valle fue la medida más eficaz, pues con ello obtuvo, en primera instancia, el beneplácito de los indios. También supo aprovecharse de las rivalidades que mantenían ciertos grupos indígenas.
Por su parte, los mecanismos tradicionales de control sobre el indio como el bautismo, la encomienda y los intentos por reducirlos en pueblos, tampoco variaron. En 1563, Juan Vázquez de Coronado solicita el envío de sacerdotes a Cartago (Fernández, 1976: 80). Con esto puede notarse que la acción evangelizadora no había surtido ningún efecto en la zona, debido a la resistencia nativa. En una carta del Cabildo de Garcimuñoz dirigida al Rey en 1562 se dice que:
“...por causa de la rebelión y contumancia que los naturalez han tenido, envejecidos en sus ritos e sacrificios que son muchos, hemos padecido algunos trabajos...” (Fernández, 1976: 99).
La necesidad de repartir a los indígenas en encomiendas, era urgente. Las disposiciones legales sobre el reparto era un freno para los hispanos que conquistaron el Valle Central. Estos argumentaban que debía encomendarse
“...para que los indios sepan a quien an de acudir hasta en tanto que se tasen, que aunque no den tributo para su pasificación es necesario...” (Fernández, 1976: 99).
Durante la jefatura de Cavallón y Vázquez de Coronado, los naturales fueron utilizados para diversas tareas. El servicio obligatorio, -aún sin asidero legal-, fue ampliamente usado, para tareas de traslado, construcción y otros menesteres de las nuevas poblaciones. Como guías o cargadores en las incursiones hacia el sur y el oriente del territorio y, en tercer término como proveedores de alimentos, obtenidos casi siempre por medio de la violencia contra el indio. En estos casos, la oposición del indígena a servir al español o el hecho de no tener capacidad para satisfacer sus peticiones hizo que el dominador llegara a usar la amenaza y la violencia contra el indio (Fernández, 1976: 341).
Estas y otras condiciones hicieron que en la provincia y en especial, en los alrededores prevaleciera la resistencia indígena. Recién trasladada al Valle del Guarco, la ciudad de Cartago se vio asediada por los naturales. Así, en el año de 1564 se menciona como pueblos rebeldes a Cot, Curridabat, Ujarrás, Orosi y Corrosi. Después se habla de la rebelión en Pacaca (Fernández Guardia, 1975: 124). El motivo principal era la defensa de sus alimentos, especialmente el maíz. La acción colectiva consistió en matar algunos españoles que responsables de tomarles el maíz y luego recuperar el gano para regresarlo a sus pueblos (Fernandez Guardia, 1975: 124). Otra rebelión general del Valle del Guarco se produjo en 1568 en los pueblos de Turrialba, Ujarrás, Corrosi, Atirro, Auyaques Y Pococes. De nuevo Cartago se vio amenazada por los naturales (Fernández Guardia, 1975: 130).
Mientras el indio luchaba por recuperar sus antiguas condiciones, los españoles estaban interesados en afianzar las bases coloniales, destruyendo así la ancestral tradición aborigen. De esta forma, ante el estado de rebelión generalizada entre los años de 1564 y 1568, los hispanos urgieron al nuevo Gobernador Perafán de Rivera, llegado en 1568, que repartiese a los indígenas. En el auto de repartimiento se especifica que no se les repartirá en servicio personal ni se les cargaría (Fernández Guardia, 1976: 13-130).
El reparto de indios entre los españoles fue un factor desestructurador de las antiguas sociedades que poblaron el Valle. Estos nativos fueron vistos por los hispanos como renta u objetos de ganancia, pues con su trabajo se beneficiaría más de una generación de colonos blancos. Aunque en los autos de repartimiento de 1569 se dice que...
“...lo mismo es dar a uno quinientos pesos y myll de renta [...] a dárselos en yndios que lo renten por vía de encomienda...” (Fernández Guardia, 1976: 13-130).
En fin, a partir de ese momento, se fortaleció una violenta desestructuración que se manifestó pronto –hacia la década de 1570- en la reducción de los indios en poblados.
La resistencia indígena determinó en gran medida el lento proceso de conquista llevado a cabo en el Valle Central (1561-1569). No obstante, los propósitos conjuntos de conquista y colonización contribuyeron a desestructurar rápidamente a las sociedades nativas del valle.
5. LA CONQUISTA DE COSTA RICA DESDE UNA PERSPECTIVA COMPARADA.
El análisis comparativo sobre el proceso de conquista de Costa Rica estará fundamentado en las prácticas de conquista, así como el impacto sufrido por las sociedades indígenas. Esto con el fin de ofrecer explicaciones históricas a la especificidad en cada región a lo largo del tiempo.
La exploración de las áreas costeras fue el primer paso dado por los conquistadores en la primera etapa del dominio colonial. De esta forma, tanto en el Golfo de Nicoya como en el Caribe los españoles dedican sus primeros pasos; las crónicas, testimonios y documentos oficiales son bastante explícitos al contarnos en detalle los primeros contactos.
Es en esta etapa donde enlas dos zonas mencionadas podemos ubicar las actividades depredatorias o de saqueo del oro contra las sociedades indígenas, y en Nicoya, específicamente, la imposición de la esclavitud indígena y la encomienda de servicios, que se dio en una fase más avanzada de la conquista en ese espacio. Este tipo de exploración no aparece en los intentos frustrados por conquistar la costa Caribe.
Si se compara con el caso del Valle Central, la etapa arriba mencionada manifestaba un predominio de los intereses privados y una participación limitada de la corona en los años anteriores a la década de 1540. En el Valle, aunque la conquista también se prestó a actividades de saqueo, éstas estuvieron mediatizadas por la intervención real. Prueba de esto fueron las formas de exploración a la mano de obra, impuesta en cada una de las sociedades en estudio.
Otro aspecto que nos permite distinguir entre los modelos implantados es a través del análisis del discurso conquistador presente en los textos. Por un lado, la retórica parece ser menos legalista en los primeros casos, por lo cual se percibe al grupo conquistador con intereses más explícitos en el momento de aplicar el Requerimiento, la guerra justa y la explotación más descarnada de la mano de obra. Por su parte, en los años posteriores a las Leyes Nuevas de 1542, el discurso dominante se torna más sutil. En 1561 por ejemplo, la empresa conquistadora de Juan de Cavallón habla de penetrar al territorio “vía amor y paz” (Fernández,1976: 74).
Sobre la base de la explotación de la mano de obra indígena fue donde se desarrollaron las principales actividades productivas impuestas por los dominadores. En este sentido las relaciones dominado-dominador son una constante en todo el curso de la historia colonial. Sin embargo, al profundizar en el tipo de explotación de la mano de obra y de los demás recursos productivos se detectan distinciones importantes entre las regiones. Sobre estos aspectos fundamentaremos nuestra comparación.
Los terribles efectos de la disminución de la población aborígen en las Indias y la política consecuente de Fray Bartolomé de las Casas, provocaron un creciente interés real por emitir leyes que permitieran la la conservaación y reproducción del indio, siempre dentro de la relación dominador-dominado. Este marco general, permitio que la forma de conquista en el Valle Central a diferencia de la región del Golfo fuese distinta. En primer término la primer región no fue aplicada “legalmente” la encomienda de servicios personales, dada su prohibición desde 1542.
Sin embargo, este tipo de explotación de la mano de obra fue usada al margen de la ley en el Valle Central. La documentación mencionada a menudo en los pueblos de indios que servían a los hispanos en Garcimuñoz y luego en Cartago. Dicha forma se observa aún entrando el siglo XVII. En el año 1603 el encomendero Francisco de Ocampo Golfín se refería a este tipo de coacción entre los nativos de Curridabat: “...porque el tributo que los indios pagan. Como es notorio, consiste en trabajo de labores de trigo y maiz y reparo ed casas y aunque estan tasados en que pagan miel y petates, no he cobrado ni los indios me han pagado en los dichos generos cosa alguna...” (Payne, 1988: 124).
A pesar de la diferencia de la política de dominación, aplicada en las regiones los efectos sobre la población aborígen seran los mismos como se expondrá a continuación.
5.1 Los efectos sobre las sociedades nativas.
Los efectos de la conquista tanto en la zona del Golfo como en el Valle Central, sufrieron un proceso contradictorio de desestructuración-reestructuración de la sociedad colonial. Juan Carlos Garavaglia distingue estos dos aspectos dentro de un mismo proceso:
“Uno que podríamos llamar centrífugo es decir, de ruptura y desestructuración de la comunidad indígena. Otro que llamamos centrípeto para continuar la imagen, en el cual, se “protege” la existencia de la comunidad”. (Garavaglia, 1983: 259).
Basados en los planteamientos anteriores podemos decir que una de las primeras consecuencias fue la acción destructiva de la vieja forma de organización clánica y familiar, al imponerse los patrones occidentales de la familia nuclear. El establecimiento de una nueva forma religiosa perjudicó severamente los antiguos conceptos de familia extensa y las antiguas formas de trabajo de los clanes especializados (Ibarra, 1990: 215).
Escasas referencias documentales existen en ambos casos sobre la creación de las reducciones o pueblos de indios. En Nicoya fue la orden Mercedaria la encargada de tal política. En el año 1544 se citan entre los pueblos tributarios, Nicoya, Chira, Nicopasaya, Nandayure y Zapandí (Meléndez: 1983: 200). Mientras tanto, en el Caribe no se establecieron estos poblados.
Por otro lado, el reparto de indios en encomiendas y el asentamiento permanente en Cartago fueron los primeros pasos para su congregación en poblados. Dicho proceso puede ubicarse para el Valle Central, entre los años 1569-1578. Aunque numerosos pueblos de indios fueron desapareciendo en el curso de el siglo XVI y XVII en el Valle Central; existían al finalizar el siglo XVI cerca de quince pueblos distribuidos entre la sección occidental y la oriental. Su control favorecía la propagación de la fe católica y el dominio pleno de la mano de obra nativa. All respecto se expresó Vázquez de Coronado en 1563:
“que todos los dichos indios estén juntos y congregados en sus pueblos , teniendo casas pobladas con barbacoas en que duermen, que crien gallinas de Castilla yde la tierra con semillas fructíferas para ser sustento y siembren maíz en sus sementeras...”(Payne, 1988: 89).
En relación con el sistema productivo la desmembración de los antiguos métodos de cultivo e intercambio se vieron afectados. El nuevo orden estructurador colonial incorporó nuevas técnicas de cultivo, exigió un mayor rendimiento en las cosechas; e introdujo los productos del indígena bajo una nueva concepción mercantil. Caso concreto lo tenemos con la incorporación del sistema tributario. Los pueblos de Nicoya en primera instancia, y los del Valle Central posteriormente; sufrieron el impacto del nuevo sistema impositivo. Al exigirles una mayor cuota de trabajo productivo a los indios; estos prestaron poco tiempo a sus propias fuentes de reproducción, lo cual afectó su capacidad alimenticia. En la costa oriental los nativos hicieron uso de la tierra arrasada y la huída de los poblados.
Lo mismo sucedió con el intercambio, pues sus antiguas redes fueron rotas al apropiarse el hispano de la mayor parte de los bienes producidos. Tanto en las zona del Golfo como en el Valle Central, los españoles tasaron como tributos, productos autóctonos como el maíz, frijoles, cera, miel, algodón y sal. Comerciantes privados obtenían en subasta pública estos productos nativos para venderlos localmente o en el exterior (Payne, 1988: 154).
Por su parte, los efectos desestructuradores de la encomienda de servicios personales, pareciera que fueron más destructivos en el caso de Nicoya. Esto lo explica en parte, el hecho de que durante el proceso de conquista aún no estaba prohibida dicha forma de explotación. Para el Valle Central, la limitación legal expedida en 1542, hizo que el servicio personal se aplicara en una forma más encubierta. Sin embargo, como ya se anotó, dicho sistema también se utilizó en el Valle Central.
La merma de la población aborigen es otro fenómeno a discutir en el presente trabajo. Desafortunadamente, en ambos casos hay escasísimas referencias documentales y de estudios especializados que nos brinden con certeza el número de habitantes en el momento del impacto. En las dos regiones propuestas, sin embargo, los efectos de la enfermedad sobre las sociedades indígenas fueron igualmente catastróficos. Cabe agregar que otros factores influyentes en la disminución de la población fueron los mecanismos de explotación indígena como la esclavitud y la encomienda.
Según Sibaja, en el año 1529, Nicoya contaba con una población de 9.240 indios, quienes en 1557 habían disminuido a 1.650. Dicha merma se clacula en un 82,15% para esa región (Sibaja, 1982: 42-43). Para el Valle Central, una cifra similar nos acerca a una disminución del 83% de los habitantes nativos. Estudios recientes suponen una cantidad para el valle, del 120.000 indios en 1569; mientras que en 1611 tal cantidad se ve disminuida a 10.000 habitantes (Ibarra, 1990: 44-47).
Difícil también ha resultado el estudio del impacto de las enfermedades contraídas por los naturales a raíz de la llegada hispana. En el caso de Nicoya podrían inferirse tales efectos con base en información existente sobre Nicaragua. Crisis catalogadas como pestilencias, hambrunas, dolores, calenturas, sarampión o simplemente pestes, son mencionadas entre los años 1524-1548 (Sibaja, 1982: 43). Dada la relación de Nicoya con Nicaragua posiblemente tales fenómenos se presentaron en ese momento en la península. En esta región Thiel menciona una peste en el año de 1573 en el que murieron trescientos nativos en término de veinte días (Thiel, 1983: 52).
Para el Valle Central, la primera referencia a mano, data del año 1576 (Bolaños, 1981: 112). La documentación indica como años críticos el período que va entre 1614-1656 (Payne, 1988: 69). Como puede observarse, la crisis demográfica provocada por las enfermedades traídas por los conquistadores, continuaban el curso tomando en los derroteros o rutas de conquista. El fenómeno de la enfermedad y de la disminución poblacional es una parte de la conquista misma. Y, a pesar de la inexactitud y de la escasa documentación es innegable la consecuencia catastrófica que la falta de defensas provocó en todas las colonias españolas.
Finalmente, no puede abordarse la dinámica de la conquista sin tomar en cuenta las acciones contestatarias o de resistencia presentadas por nuestros aborígenes. En términos generales, dichas formas se encuentran de manera variada en todo el mundo colonial.
Las acciones de resistencia al dominio colonial pueden catalogarse desde actividades espontáneas de oposición al español, hasta respuestas planificadas en su contra. Ambas formas de ya han sido comentadas en los apartados anteriores. Eugenia Ibarra cataloga como alzamientos a las primeras manifestaciones de carácter inmediato como la huída a las montañas o centros de refugio, la quema de sus cultivos, la destrucción de infraestructura o el hecho de negarse a atender los requerimientos de los hispanos (Ibarra, 1990: 222).
Por ejemplo, la huída inmediata ante la presencia española pudo observarse tempranamente en la zona del Golfo desde 1523. las sierras cercanas a la costa pacífica fueron lugares de refugio de estos aborígenes. Por su parte, los huetares los huetares del Valle Central –prevenidos ya por la presencia extranjera en el Golfo también manifestaron esta conducta al huir a los centros de refugio como las llanuras de los Votos y Talamanca. Fue en el Valle donde la resistencia nativa parece más constante.
Podría decirse que entre las formas más planificadas de resistencia están los asaltos o sitios a las ciudades hispanas. Se menciona por ejemplo, el frecuente asedio que los huetares del Valle Central mantuvieron sobre Cartago desde su fundación hasta 1568, como ya se ha hecho referencia. En esta ocasión fueron numerosos los pueblos indígenas que unidos se enfrentaron a los dominadores. También los levantamientos o rebeliones –a diferencia de los alzamientos- se caracterizan por la lucha armada y regional (Ibarra, 1990: 223). Por su parte, la conquista en el Caribe es una historia de frecuente rebelión del indio contra la violencia hispana. Ya se ha hecho mención de los caciques que sufrieron el maltrato e incluso fueron asesinados por los blancos. La herida y destrucción de sus propios cultivos para que éstos no fueran tomados por los conquistadores fue similar en el Valle Central y en el Caribe. En este último lugar, sin embargo, la resistencia fue más radical.
Puede concluirse que el proceso de dominación hispana en las áreas de estudio, aunque muestra ciertos efectos diferentes sobre las sociedades aborigenes, nos manifiesta -en términos generales- que la conquista fue un hecho irreversible en las dos áreas. El resultado fue una sociedad desigual en donde nuestros antiguos habitantes llevaron la desventaja.
6.CONCLUSIONES.
Escribir del impacto de la conquista hispana tanto en la zona de Golfo, en la costa Caribe y en el Valle Central, equivale a tomar en cuenta dos posiciones: la del dominador y la del dominado. La primera ha predominado. La segunda se desconoce. A pesar de ello, una interpretación histórica de los efectos del contacto europeo sobre nuestras sociedades no puede llevarse a cabo excluyendo de la explicación a los dos sujeetos o entidades sociales participantes: el indio y el español.
Lo anterior no puede lograrse sin dificultad, pues el discurso dominante es un camino con muchas espinas: fácilmente puede caerse en él. Como ha podido observarse en el presente trabajo se han buscado otras opciones a términos como “descubrimiento” ¿quiénes descubrieron? ¿se consideraron “descubiertos” nuestros aborígenes? Hablar de descubrimiento es ciertamente una versión parcial de la historia del dominador. También la palabra “pacificación” es nun concepto que debe llevarse a revisión pues representa la versión hispana de la conquista.
Si se observa en términos generales, los efectos a corto y mediano plazo del contacto, se detectan ciertas características similares en las zonas. El rescate y el saqueo del oro, la imposición de mecanismos de exlotación indígena, la aparición del fenómeno de la enfermedad que afecto severamente al indígena, son algunos de los resultados. También las acciones contestatarias se presentaroin en un momento oportuno.
Una observación microcópica de tales efectos rebelará detalles distintivos entre regiones. Pudo observarse que los efectos de la explotación indígena más destructivos e inmediatos, se presentaron en la zona del Golfo. La base de tal explotación fue la esclavitud indígena y la encomienda de servicios personales. En el Valle Central, los españoles estuvieron más restrigidos legalmente para aplicar tales medidasd en contra del indio. En el Caribe, por su parte, el proceso de conquista fue un fracaso para los hispanos, mientras los grupos aborígenes mantuvieron su independencia.
El terrible decrecimiento poblacional presente en el golfo como en el valle durante los primeros años del contacto hace inferir un impacto similar. Esto se explica por la temprana presencia del fenómeno de la enfermedad y la explotación descarnada del indígena en ambas zonas. Puede observarse que en un sentido amplio, las políticas españolas a favor de la sobrevivencia y reproducción del indio fueron poco eficaces en los momentos del impacto. La eventual desaparición de en Nicoya y el Valle Central de las sociedades indígenas lo comprueban. Queda hoy, ciertos rasgos indígenas como herencia ese pasado que destruyó los principales fundamentos de ambas sociedades nativas. Con respecto al Caribe no es casual que hoy contemos en la baja y alta Talamanca con los grupos indígenas más numerosos del país.
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