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Parte 1 /
Parte 2
110509 - Carlos Sánchez Hernández -
El perfil
personal | Los
inicios políticos | La
Vicepresidencia (1953-61) | Las
elecciones de 1960: Nixon Vs JFK | La
Guerra de Vietnam, las elecciones de 1968 y “la mayoría
silenciosa”: la Presidencia (1969-74) | El
estilo de Nixon y “los hombres del Presidente” | El
escándalo Watergate (1972-74) y el Impeachment | El
significado y la lectura del Watergate | El
balance de la figura de Nixon
El pasado Agosto de 2004 se cumplieron treinta años de la
dimisión de Richard M. Nixon, como resultado de la culminación
de una serie de sucesos que desembocaron en la crisis
institucional más grave de la democracia estadounidense, y un
peligroso precedente para la democracia moderna en todo el
mundo: el Escándalo Watergate (1972-74)
Aprovechando el título de la obra del autor norteamericano,
Anthony Summers, “Nixon, o la arrogancia del poder”, trataremos
en este artículo no sólo de perfilar la figura histórica y el
semblante del 37º Presidente de los Estados Unidos, sino de
desgranar qué fue, en qué consistió, y cuales fueron las
consecuencias y el significado del Watergate, un asunto en la
actualidad no suficientemente estudiado y analizado por la
Ciencia Política.
El perfil personal de
Nixon
Richard Milhaus Nixon nació en 1913 en Yerba Linda, California,
en el seno de una modesta familia de clase baja que había
emigrado desde el Medio Oeste. Su padre regentaba una tienda de
comestibles, y desde la adolescencia el joven Nixon hubo de
trabajar junto a sus hermanos para ayudar a su padre. Nixon fue
educado de forma severa y al estilo de los cuáqueros (sus
abuelos pertenecían a este grupo). Con 16 años se levantaba a
las cuatro de la mañana para ir al mercado central de Los
Angeles, donde compraba los comestibles para abastecer la tienda
de su padre. Luego trabajaba durante casi todo el día e iba a la
escuela, además de estudiar por las noches.
La educación que Nixon recibió en su infancia sin duda fue
determinante en su personalidad, basada en la creencia de que el
esfuerzo y la dedicación llevaban al éxito, y también en la
forma de ser austera.
En 1930, a los 17 años, tras rehusar el ingreso en Harvard a
pesar de haber ganado una beca para estudiar allí, para no
separarse del núcleo familiar, una decisión que sin embargo le
marcaría para el resto de su vida por la indolencia de no haber
podido estudiar en una gran universidad, se matriculó en la
modesta Universidad de Whittier, donde estudiaría derecho. Nixon
fue un estudiante modelo, muy aplicado, y sus escasas dotes
sociales las compensaba participando en todas las actividades
posibles, e intentando destacar en todo: llegó a ser delegado de
su promoción, hizo teatro y jugó al fútbol, si bien esta última
actividad le trajo más decepciones que alegrías al no lograr
nunca ser titular del equipo y ser considerado por sus
compañeros como un mal jugador.
Tras graduarse en derecho retornó a su localidad natal en 1934
sin saber inicialmente a qué dedicarse, tras lo cual un
importante hombre de negocios de la localidad se fijó en él y lo
promocionó para la corporación local, además de abrirle otros
caminos en modestos despachos de abogados locales.
Después del ataque japonés a Pearl Harbour y la entrada de EE.UU
en la Segunda Guerra Mundial, Nixon se alistó en la Marina
siendo destinado al Pacífico, si bien pasó la mayor parte de su
destino en retaguardia dedicado a tareas de intendencia. En esta
etapa de su vida desarrolló una especial madurez, y cultivó su
tardía afición por el poker, un juego muy usado por los soldados
y que a Nixon le marcó profundamente en el sentido de sentirse
muy cómodo con él por lo que de secreto y faroleo conlleva,
rasgos que caracterizarían más tarde al político y Presidente
Nixon. Con el poker llegó a ganar una pequeña suma de dinero que
utilizaría más tarde en su primera campaña electoral.
Tras la guerra regresó a EE.UU, y en 1946 se presentó como
candidato al Congreso, iniciándose así su vida política a los 33
años.
Los inicios
políticos de Nixon
Nixon se había casado en1940 con Pat Ryan, aunque desde el
principio a ésta le quedó claro que su matrimonio estaría
supeditado a las ambiciones políticas de su marido. En 1946,
justo tras volver de la guerra, inició su carrera política con
su primera campaña electoral contra el demócrata Jerry Boris, y
ganó. En 1948 dio el gran salto presentándose como candidato por
un escaño al Senado representando a California por el partido
republicano, teniendo como principal contrincante a una mujer,
Helen G. Douglas. Ya entonces Nixon comenzó a hacer gala de su
estilo político: apasionado, llevando los debates a las últimas
consecuencias, atacando, acosando y acorralando a sus rivales y
con encendidos discursos que parecían más estar llevados por
demonios personales que por motivaciones políticas, y que
buscaban ante todo la victoria por el modo que fuese. Para Nixon
todo valía; desacreditar, insultar, alusiones a la vida personal
del rival, búsquedas de pasados turbios, etc. En una ocasión
llegó a referirse a su contrincante Douglas, para tratar de
acusarla bajo el argumento de que en su equipo tenía a un
miembro conectado con el partido comunista, como “toda ella es
roja, incluso su ropa interior”.
Fue Helen G. Douglas quien le puso el apodo de “Tricky Dicky” (“Ricardito
el Tramposo”) que le acompañaría durante toda su vida. Se suele
decir que fue ella la primera persona que conoció de cerca al
político Nixon, a la parte más oscura de su estilo político que
pasaría a la historia tres décadas más tarde. Finalmente, en esa
disputa electoral Nixon resultó elegido como senador, alcanzando
así su primer logro político e iniciándose su irrupción y
ascenso en la arena política nacional.
En 1950, en medio de la “Caza de Brujas” de McArthy, se produjo
el hecho que catapultaría a Nixon a la primera fila de la
política estadounidense. Como senador logró participar en el
Comité de Actividades Antiamericanas, y dirigió personalmente
una investigación relacionada con Alger Hiss, un destacado
diplomático del Departamento de Estado. Patrocinador y
arquitecto de las Naciones Unidas, Hiss fue acusado por Nixon de
filocomunista, de tener tendencias y simpatías comunistas, y de
espiar para la URSS. Nixon volcó toda su energía en la
investigación, consciente de que si esta resultaba su estrella
política brillaría con más fuerza. Nixon, fiel a su estilo,
acorraló a Hiss hasta hacerlo parecer un funcionario desleal y
corrupto, aparte de un comunista. Trató de demostrar que Hiss
pasó documentos de alto secreto microfilmados a los soviéticos.
Se llegó a descubrir por medio de un confidente un carrete
completo de microfilmes escondido en una calabaza de Halloween.
Finalmente se demostró que si bien Hiss no era espía, sí había
mentido al tribunal, por lo que fue condenado por perjurio,
apartado de la función pública y sancionado, todo un triunfo
personal para Richard Nixon.
Tras el Caso Hiss, Nixon apareció ante la opinión pública, que
no había parado de observarle, como un honesto e incansable
luchador anticomunista dispuesto a desenmascarar a todos los que
tuviesen en la administración ideas comunistas o desleales hacia
los Estados Unidos. Sus discursos apuntaban directamente a la
según él ineficiente Administración Truman, incapaz de controlar
a todos los comunistas norteamericanos que podían conspirar
contra los Estados Unidos en su propia casa. Para otros sin
embargo, Nixon era un oportunista que se promocionada a sí mismo
sin ningún pudor. Fuese como fuese, lo cierto es que Nixon supo
gracias a este y otros capítulos abrirse camino en la siempre
difícil escena política estadounidense
En 1951 el candidato a la presidencia Dwight D. Eisenhower
(conocido como “Ike”) se fijó en él, y en el verano de 1952
acabó siendo nombrado candidato a la vicepresidencia. Las
elecciones de Noviembre de 1952 y el triunfo del tándem Ike-Nixon
supusieron la entrada por la puerta grande de Nixon en lo más
alto de la política estadounidense.
La
Vicepresidencia de Nixon (1953-61)
En Enero de 1953 Nixon se convirtió en Vicepresidente bajo la
Admón. Eisenhower. Desde sus comienzos dio prueba de una gran
ambición y capacidad políticas, si bien nunca llegó a tener,
como él hubiera deseado, una estrecha relación con Eisenhower,
quien siempre le vio como un Vicepresidente impuesto por el
partido republicano. El armisticio en la Guerra de Corea fue el
debut político de la Admón. Eisenhower, que había prometido paz
con honor en Corea.
Nixon fue uno de las primeros políticos en citar la denominada
Teoría del Dominó, referida al avance comunista en Asia y la
necesidad de detenerlo ante la perspectiva de que los países
asiáticos fuesen cayendo uno detrás de otro como fichas de un
dominó. Cuando en 1954 los franceses fueron derrotados en Diem
Bien Phu y anunciaron su retirada de Indochina, Nixon apremió a
Eisenhower a detener el avance del Vietcong usando incluso
bombas atómicas, plan desechado por Ike. Este sí accedió sin
embargo al envío de los primeros consejeros militares a Vietnam
del Sur para asesoramiento militar, nada más retirarse los
franceses y dividirse Vietnam en dos mediante los Acuerdos de
Ginebra, en 1954. Nixon en persona llegó a viajar a Vietnam en
calidad de Vicepresidente
En 1955 sufrió sus primeros problemas emocionales, los cuales le
acompañarían el resto de su vida, incluída su presidencia. Se
hizo trata por el afamado Doctor Husnecker, un psiquiatra que ya
trataba a estrellas de cine, si bien suspendió las visitas a su
consulta para que la prensa no pensara que sufría desequilibrios
emocionales.
En 1956, en plena campaña de reelección del tándem Ike-Nixon,
surgieron rumores sobre posibles aportaciones ilegales e incluso
sobornos a Nixon. Cuando Eisenhower estaba a punto de pedirle
que abandonara la vicepresidencia y se marchara de la carrera
electoral, Nixon llevó a cabo una de las maniobras más
brillantes de su carrera: salió por televisión en una hora de
máxima audiencia para explicar a los televidentes
estadounidenses la procedencia de esos regalos y aportaciones
recibidos, así como una pequeña auditoría pública de sus propias
cuentas personales. Finalmente hizo alusión a un pequeño perro
que un hombre de negocios regaló a su hija y que esta bautizó
como Cheekers, por lo que esa intervención televisiva es
conocida como “el discurso Cheekers”. Se trató de la primera vez
en la historia de la televisión, una televisión que acababa de
nacer como medio de comunicación, que un político se valía de
ella para influír en la opinión pública, en este caso para
limpiar su imagen. Se trató de todo un éxito, aún a pesar de que
su mujer Pat lo consideró en sus memorias como un momento
humillante. Fue el primer uso partidista del medio televisivo,
algo habitual en los últimos 50 años (en sustitución de la
radio), y fue una acción brillante para Nixon ya que le salvó su
carrera política, si bien cuatro años más tarde, en el debate
electoral televisado con Kennedy, no daría pruebas de haber
aprendido a manejar el medio televisivo.
En 1957 de nuevo dio pruebas de su espíritu de lucha y audacia.
Visitó Moscú con motivo de una feria internacional de muestras
en la capital soviética, y allí, en una muestra de la típica
cocina norteamericana coincidió con Nikita Kruchev, en lo que se
denominó “el debate Kitchen” (debate de la cocina). Se trató de
un acalorado debate entre ambos personajes en el que discutían
cual de las dos Superpotencias estaba tecnológicamente más
avanzada. Kruchev no se cansó de promocionar al mundo el
reciente éxito soviético al poner en el espacio el primer
satélite artificial humano, el Sputnik, mientras Nixon replicaba
que los norteamericanos estaban más avanzados en otros terrenos.
A pesar de las bravatas de Kruchev, el público americano, que
vio el debate en directo, apreció los esfuerzos de Nixon para
promocionar la tecnología y las virtudes de los Estados Unidos
incluso en la propia Unión Soviética, y el efecto de aquello fue
en general positivo para la imagen de Nixon.
Finalmente, en 1958 Nixon sufrió un altercado que
paradójicamente le beneficiaría publicitariamente. En un viaje
de Estado por Latinoamérica, cuando se encontraba visitando
Venezuela, su coche oficial fue zarandeado y golpeado por la
multitud como muestra hostil de gran parte de la población
venezolana que culpaba a las petroleras norteamericanas y al
intervencionismo de EE.UU de la corrupción y la miseria que
reinaban en Venezuela, a pesar de ser uno de los grandes
productores mundiales de petróleo. El incidente hizo aparecer de
nuevo a Nixon como un gran embajador de EE.UU en el mundo, que
incluso recibía maltrato físico en nombre de su país.
Los años 1959 y 1960 estuvieron marcados por el aumento de la
implicación estadounidense en Vietnam (para 1959 EE.UU ya tenía
900 consejeros militares allí), y por la preparación de la
campaña electoral, campaña en la que Nixon se presentaría como
candidato a la presidencia tras ocho años en la vicepresidencia.
En principio, Nixon aparecía como el gran favorito, pero la
campaña electoral sería una de las más reñidas de toda la
historia y un fracaso personal para él.
Las elecciones
de 1960: Nixon Vs JFK
En el verano de 1960 Richard M. Nixon y John F. Kennedy fueron
nominados respectivamente como candidatos a la presidencia por
los partidos republicano y demócrata, y comenzaban su campaña
electoral. Se trataba de dos personalidades tremendamente
distintas, de dos formas de entender la política distintas, y de
dos trayectorias políticas muy diferentes. Kennedy formaba parte
de la aristocracia norteamericana, mientras que Nixon era el
hijo de un tendero. Kennedy procedía del Este, de Boston,
mientras que Nixon era del Oeste, de California. Kennedy se
educó en colegios selectos entre la alta sociedad de EE.UU,
mientras que Nixon fue siempre a la escuela pública. Kennedy
estudió en Harvard, mientras Nixon, a pesar de tener una beca
para esa universidad, debió elegir la desconocida y más sencilla
Universidad de Whittier. Kennedy era el hijo de un
multimillonario que siempre tuvo todo lo que quiso, mientras
Nixon tuvo que trabajar desde los 10 años en la tienda de su
padre, además de estudiar. Kennedy tuvo una carrera política muy
fácil; entró en la política gracias a la reputación y el dinero
de su padre, mientras que Nixon tuvo que abrirse camino por sí
mismo, sin nombre ni apellido familiar ni dinero, sólo merced a
su propio esfuerzo y dedicación. Y por último, Kennedy poseía el
glamour y el encanto clásicos de la clase alta, además de un
carisma y una simpatía personal que le hacían atraerse a la
gente de forma natural; Nixon sin embargo siempre tuvo que
luchar porque su forma de ser y su poco atractivo personal e
incluso físico no eclipsaran sus innegables actitudes políticas.
El único punto en común que parecían tener era su pasado
militar, ya que ambos sirvieron en la Marina y los dos eran
veteranos del Pacífico.
Todas estas diferencias se plasmaron desde un principio en la
carrera electoral. Kennedy no tuvo más que pedirle el dinero
para financiar su campaña a su multimillonario padre, quien se
lo concedió gustoso ya que en realidad la carrera política de
Kennedy era la prolongación de la de su padre, Joseph Kennedy,
una truncada carrera política en los años 1930´s durante la
admón. Roseevelt fracasada por su tendencia al apaciguamiento
con Hitler. Nixon por el contrario tuvo que ganarse hasta el
último penique de su agotadora campaña electoral, si bien
influyentes hombres de negocio financiaron gran parte de su
campaña. Esa agotadora campaña llevó a Nixon en unos meses hasta
el último rincón del país, recorriendo los 50 Estados. Perdió
varios kilos y sufrió una grave lesión en la rodilla en plena
campaña que le obligó a hospitalizarse. Ya recuperado, se volvió
a golpear la rodilla, y fue en esas condiciones como acudió al
histórico debate electoral previo a las elecciones, el primero
en ser televisado en la historia. Mientras Kennedy fue al debate
con un aspecto joven, dinámico y saludable (fue maquillado y
tomaba sustancias energéticas antes de los acontecimientos
públicos), Nixon se presentó con una pésima imagen: recién
salido del hospital, delgado, pálido, sin maquillar y con barba
de dos días, daba un aspecto enfermizo y débil. Fue un pésimo
uso del medio televisivo por parte del equipo de Nixon, que
cuatro años antes había usado magistralmente la televisión en el
discurso Cheekers, y que según todos los analistas le costaría
cientos de miles, incluso millones de votos, votos que al final
le hicieron perder las elecciones. Para colmo, el dolor en la
rodilla de Nixon se agudizó durante el debate, y esto le afectó
en determinados momentos, dando respuestas poco contundentes o
no rebatiendo convenientemente a su rival. Aún así, el contenido
de fondo y los argumentos del debate fueron superiores en Nixon,
y de ahí que quienes escucharon el debate por la radio lo dieran
como ganador; sin embargo, la inmensa mayoría de quienes vieron
el debate por televisión consideraron como ganador a Kennedy.
Ese es el poder de la televisión, y en las elecciones de 1960
fue determinante.
Por añadidura, si bien Kennedy se benefició de la adhesión de
importantes figuras políticas y de otros sectores como Hollywood
(donde Nixon no era visto con buenos ojos por su participación
en el Comité de Actividades Antiamericanas de McArthy), Nixon
sufrió una verdadera oleada de declaraciones adversas: el
exPresidente Truman apeló a los estadounidenses a no votarle, y
el mismísimo Eisenhower se negó en un principio a darle su apoyo
aún habiendo sido su Vicepresidente, y cuando finalmente se lo
dio fue demasiado tímido y llegó muy tarde. Un periodista llegó
a preguntarle en plena campaña electoral si alguna decisión
importante de su presidencia había sido inspirada por Nixon, a
lo que Eisenhower respondió: “deme una semana, y pensaré en
alguna”.
Además de todo esto, hay que sumar las maniobras oscuras que el
Clan Kennedy llevó a cabo para acaparar votos, sobre todo en los
Estados de Illinois y Ohio, claves en una carrera presidencial.
Joseph Kennedy se llegó a reunir en un hotel de Chicago con
destacados miembros de la Mafia de EE.UU. Allí logró acaparar la
colaboración de esta, garantizándose decenas de miles de votos
entre los sindicatos de Chicago a favor de Kennedy. Si tenemos
en cuenta que el margen de votos por los que finalmente ganó
Kennedy fue el más estrecho de la historia, esta compra de votos
de Chicago adquiere más importancia. Algunos analistas creen que
este hecho determinó el que Bob Kennedy, ya como Secretario de
Justicia, arremetiera posteriormente contra el Crimen Organizado
y la Mafia con el propósito de desentenderse de cualquier trato
con esta a cambio de esos votos de Chicago, borrando así toda
relación y toda sospecha. La Mafia fue enemiga jurada del Clan
Kennedy a raíz de todo este turbio y poco investigado asunto, y
se la relacionó con el Magnicidio de Dallas.
Finalmente, el 8 de Noviembre de 1960, Kennedy ganó las
elecciones por sólo un margen de 150.000 votos. Se convirtió así
en el 35º Presidente de los Estados Unidos.
La reacción de Nixon fue sin embargo moderada, aún a pesar de
tener pruebas concluyentes de fraude electoral. En una amarga
noche, tuvo que reconocer ante la pizarra de resultados que
Kennedy era el ganador, ofreciéndole además todo su apoyo. En
privado sin embargo llegó a barajar con su equipo la posibilidad
de impugnar las elecciones, de denunciar un fraude electoral,
aunque finalmente no lo hizo para no perjudicar al sistema
electoral norteamericano. Nixon siempre sintió desde entonces
una mezcla de odio y admiración por los Kennedy. Consideraba que
eran más despiadados y menos idealistas que él, y sin embargo la
gente los apreciaba más que a él, que tenían más encanto y
magnetismo que él y que se ganaban a la gente. Se trató de un
sentimiento que le acompañaría toda la vida ante los éxitos de
los Kennedy, si bien pudo tener más tarde, en 1971, una pequeña
revancha cuando el senador Edward Kennedy, hermano pequeño de
Kennedy y que iniciaba su carrera presidencial, se vio envuelto
en un oscuro asunto que le costó su carrera política cuando en
un accidente de tráfico ocurrido en la localidad de Chappaquidik
murió su secretaria sin que, según las investigaciones, él le
prestara ayuda, como obliga la ley. Se sospecha aún hoy que
Nixon no fue ajeno a este incidente que impidió la carrera
presidencial de Ed. Kennedy justo cuando esta se iniciaba.
Pero Nixon no se dio por vencido tras la derrota de 1960, y así
en 1962 se presentó a gobernador de California, y de nuevo
perdió tras una carrera electoral en la que su oponente
demócrata se benefició de la ayuda del propio Presidente Kennedy
y de la recién terminada Crisis de los Misiles, una carrera
además poco entusiasta por parte de Nixon que se mostró incapaz
de convencer a los votantes de que no pretendía con estas
elecciones encaminarse de nuevo hacia una carrera presidencial.
La noche de la derrota anunció públicamente en un amargo
discurso su retirada definitiva de la política, discurso en el
que llegó a acusar a los periodistas de sus derrotas y de
mantener una campaña contra él advirtiendo: “me gustaría que por
una vez escribieran lo que digo … quiero que valoren lo que
pierden conmigo; ya no tendrán a Nixon para machacarle”.
Tras su retirada de la politica en 1962, fue contratado como
abogado por Pepsi-Cola Company, contrato que además de sus
cuantiosas minutas legales le sirvió para viajar por todo el
mundo y seguir de cerca la política nacional e internacional.
La
Guerra de Vietnam, las elecciones de 1968 y “la mayoría
silenciosa”: la Presidencia de Nixon (1969-74)
Tras la Ofensiva Tet de Enero de 1968 quedó claro, tal como
Walter Cronkale dijo, que la guerra estaba perdida. Aquello no
quería decir que militarmente la guerra estuviese en derrota, ya
que durante todo el conflicto el 90 % de las batallas militares
las ganaron los norteamericanos. Lo que significaba es que tras
casi cuatro años de guerra (1964-68), aún dominando militarmente
la situación y haciendo esconderse y ahuyentando al Vietcong, el
ejército norteamericano era incapaz de controlar todo el
territorio de Vietnam del Sur, impedir la infiltración
comunista, así como de garantizar la integridad nacional
survietnamita. Tampoco era capaz de neutralizar la insurgencia
comunista en Vietnam del Sur, la penetración y actividades de
los guerrilleros comunistas patrocinadas por Hanoi, ni las
esporádicas acciones militares del Ejército de Vietnam del
Norte. Por otra parte, una invasión estadounidense de Vietnam
del Norte o el uso del arma nuclear (opciones que llegaron a
barajarse como posible salida a la guerra) fueron desechadas por
el inminente peligro de enfrentamiento abierto con China y la
URSS; de optar por ello Washington, existía una altísima
posibilidad de que se produjera una gran crisis del tipo de la
Crisis Cubana de 1962, con claro peligro de una Tercera Guerra
Mundial en forma de guerra termonuclear. Así pues, tras la
Ofensiva Tet, para los comienzos de 1968 quedó claro para la
mayoría de los estadounidenses que tras los sucesivos planes
militares del Pentágono y del General William Westmoreland, y
tras comprometer medio millón de soldados y una buena parte de
la economía doméstica de EE.UU, además de implementar una enorme
y costosísima guerra aérea que implicaba una arrolladora
superioridad tecnológica norteamericana, tras todo ese esfuerzo
apenas se había conseguido nada, ya que si bien el campo de
batalla estaba dominado por los estadounidenses, el objetivo
político de la guerra que consistía en el fortalecimiento de
Vietnam del Sur y la neutralización de la agresión y la amenaza
comunistas, no se había logrado, teniendo en cuenta que para
garantizar la supervivencia del gobierno pro-occidental de
Saigón se debía estacionar indefinidamente al medio millón de
soldados norteamericanos, algo absolutamente inviable. Aquello
significaba ni más ni menos que la guerra estaba perdida, ya que
el objetivo final de esta ni de lejos podía lograrse. El
objetivo político no fue otro que expulsar de Vietnam del Sur
hasta la última amenaza comunista, asegurarse de que el gobierno
de Saigón existiera tras la retirada estadounidense, y contener
y eliminar cualquier amenaza comunista sobre la región del
Sudeste Asiático. Esto era absolutamente imposible en 1968,
aunque se ganaran las batallas. El motivo, aunque basado en
complejos condicionantes, era simple, y lo resumía una sencilla
máxima de la teoría y la ciencia militar: un ejército regular
“pierde cuando no gana”, mientras que una guerrilla o ejército
irregular “gana mientras no pierde”: eso era exactamente lo que
estaba sucediendo en Vietnam con el ejército estadounidense y la
insurgencia comunista respectivamente. Este fue el nudo gordiano
de la Guerra de Vietnam.
Con este panorama, para cuando comenzaba la precampaña electoral
presidencial en EE.UU, en la primavera de 1968, los demócratas
estaban políticamente lisiados por la guerra. Johnson anunció en
Marzo que no buscaría ni aceptaría la nominación de su partido
para la reelección, que no se presentaría a las elecciones y se
retiraría de la política. Esto equivalía a admitir que Vietnam
había acabado con su presidencia y con su carrera política
(además, moriría sólo cinco años después, en 1973). Fue en este
contexto y con este escenario como Nixon reapareció en la arena
política como líder republicano fuerte y veterano, y con
posibilidades de desalojar a los demócratas de la Casa Blanca
tras ocho años.
Nixon logró en el verano de 1968 que la Convención del partido
republicano le nominara como candidato a la presidencia, muy por
delante en votos de los otros dos grandes candidatos, el
reputado Rockefeller o un por entonces poco conocido Ronald
Reagan. Su oponente a la presidencia era el a la sazón
Vicepresidente, Hubert Humphry, de quien se rumoreaba que el
anuncio de abandono de Johnson se debió más a una maniobra para
beneficiarle, para relanzar a Humphry hacia la presidencia, que
a una dimisión anunciada de aquel.
Así las cosas, Johnson redobló los esfuerzos, una vez anunciada
su retirada, para fortalecer a Humphry de cara a la presidencia.
En este sentido, intensificó los esfuerzos para el verano de
1968 en cuanto a lograr un acuerdo de paz: suspendió todos los
bombardeos sobre Vietnam del Norte y ofreció a Hanoi y Saigón el
inicio de unas conversaciones de paz en París a tres bandas.
Nixon de inmediato se dio cuenta de la maniobra y llegó a la
conclusión de que si repentinamente y antes de las elecciones de
Noviembre los demócratas sorprendían al electorado con un
acuerdo de paz, estos ganarían en las urnas.
Fue entonces cuando Nixon, que tras el “robo” electoral de 1960
por parte de Kennedy se había, según contó en sus memorias,
“prometido a sí mismo que la próxima vez ganaría”, comenzó a
tejer un plan para neutralizar y virtualmente sabotear
secretamente el intento de paz de Johnson. Curiosamente, Vietnam
del Norte aceptó inmediatamente la oferta de conversaciones de
Johnson, y fue Saigón quien puso trabas, al sentir que en esas
negociaciones saldría perjudicado, si bien no llegó a negar su
participación en ellas inicialmente. Nixon optó entonces por
convencer a los survietnamitas para que rechazasen las
negociaciones. Contactó con una figura muy influyente en el
Gobierno de Saigón, una mujer llamada Ana Chenoll, viuda de
Clairk Chenoll, un piloto de combate que lideró a los “tigres
voladores”, una escuadrilla de pilotos nortamericanos
voluntarios que volaron al lado de los chinos y contra la
ocupación japonesa de China justo antes de la Segunda Guerra
Mundial. Nixon pidió a Ana Chenoll que, secretamente,
convenciera a Saigón de que no acudiese a las conversaciones de
paz, ya que si Nixon ganaba las elecciones conseguirían un mejor
trato que con Johnson. Chenoll llegó a enviar telegramas
cifrados secretos a Saigón en este sentido. El propio Johnson
llegó a enterarse, aunque sin pruebas, del sabotaje de Nixon,
aún a pesar de que este en persona le negó toda implicación y de
que públicamente, en sus mítines y declaraciones, Nixon
asegurara que deseaba que EE.UU pudiera llevar a Hanoi y Saigón
a la mesa de negociaciones y lograr la paz. Finalmente Saigón
comunicó a Johnson que no acudiría a las conversaciones de paz,
por lo que estas fracasaron y Johnson no logró un acuerdo,
perjudicando a los demócratas en las elecciones. Recientemente,
varios analistas políticos han resaltado la gravedad de que un
ciudadano privado, como por entonces era Nixon, boicoteara
personalmente y en secreto unas importantísimas negociaciones de
paz, las más importantes para EE.UU desde 1945, que el Gobierno
Norteamericano trataba de conseguir para lograr la paz
definitiva en la Guerra de Vietnam.
Nixon logró pues su primer objetivo, impedir un acuerdo de paz
que beneficiase a los demócratas, y prosiguió con su campaña
electoral. También con relación a Vietnam declaró al electorado
estadounidense que poseía un plan secreto, diseñado para “acabar
con la guerra”, y para “lograr una paz con honor”. Se trataba de
una ambigüedad deliberada con la que Nixon jugó: algunos, los
“halcones de la guerra” pensaron que lo que Nixon quería decir
con ese plan era “ganar” la guerra; otros, quienes deseaban el
fin definitivo de la contienda, prefirieron pensar que se
trataba de “retirarse” de la guerra. Sea como fuere, el ardiz
surtió efecto, y muchos electores de una y otra tendencia
votaron a Nixon convencidos de que acabaría con la guerra. Una
vez en la presidencia todo se resumió en su estrategia
denominada “vietnamización”.
Por último, Nixon se referió al hartazgo de lo que él llamó “la
mayoría silenciosa”. Se refería con ello a que la mayoría de los
norteamericanos, la gran clase media estadounidense, veía con
absoluto cansancio e indignación la división a que la guerra
había sometido al país, así como a las consecuencias de la
guerra en las calles, a los disturbios, y a la actitud de unos
pocos que tomaban la calle como propia y acababan con el orden.
Se trató de otro mensaje destinado al norteamericano y votante
medio que estaba harto tanto de la guerra como de los desórdenes
y que quería, exigía, que volviese la normanildad al país. El
mensaje también caló en el electorado. Finalmente, en Noviembre
de 1968 Nixon ganó las elecciones, y el 20 de Enero de 1969
prestó juramento en las escalinatas del Capitolio de Washington
como 37º Presidente de los Estados Unidos. La frase que
pronunció aquel día, que pasaría a la historia fue: “el mayor
título que puede conceder la historia a un estadista es el
título de pacificador”.
Una vez en la presidencia, su plan para “acabar con la guerra”,
la “vietnamización”, consistía en desescalar gradualmente la
guerra, desactivándola. Fue poco a poco reduciendo la
implicación norteamericana, de forma escalonada. Se trataba de
ir trasladando las responsabilidades de la defensa de Vietnam
del Sur a Saigón, “devolver” la guerra a los survietnamitas para
que se hicieran cargo de esta de nuevo (desde 1964 Washington se
había hecho directamente con el control). A finales de 1967,
antes de la llegada de Nixon, había en Vietnam 515.000 soldados
norteamericanos. Cuando se inicia la presidencia de Nixon en
1969, a pesar de estar perdida ya la guerra, había 550.000, y
para 1972 sólo quedaban 130.000. Nixon redujo decisivamente la
presencia de tropas, pero aumentó significativamente la
actividad aérea, la guerra aérea contra Vietnam del Norte,
ordenando incesantes bombardeos a la USAF contra centros
neurálgicos norvietnamitas principalmente en Hanoi y Haiphong,
ya que su política se basaba en los bombardeos y no en las
campañas militares como acciones militares para lograr objetivos
politicos, tal como Von Clausewitz dictó. En el fondo extendió
la guerra, ya que implicó a partir de 1969 a Laos y Camboya, y
además planificó junto a Kissinger los bombardeos clandestinos
sobre Camboya desde Marzo de 1969 y que en Junio se extendieron
a Laos, desconocidos no sólo para la opinión pública si no
también para el propio Congreso. Se trataba de destruír el
denominado “Sendero Ho Chi Mihn”, la ruta de suministro de los
infiltrados comunistas que iban del Norte al Sur atravesando
territorio laosiano y camboyano. En Abril de 1970 ordenó la
invasión de Camboya, una medida tremendamente impopular en EE.UU
porque significaba la extensión de la guerra, si bien las tropas
estadounidenses se retirarían tras sólo dos meses de ocupación,
y tras confirmar en el poder al general pronorteamericano Non
Lon, quien ya lo ocupaba desde 1969 gracias a un golpe militar
contra el príncipe pro-comunista de Camboya, Norodon Sihanuk.
Aún así, Nixon siempre mantuvo que la implicación estadounidense
en Vietnam iba disminuyendo porque para 1971 había enviado a
casa a 2 de cada 3 soldados, manteniendo para finales de ese año
a sólo 160.000 soldados. Además ordenó ceses parciales de los
bombardeos y limitación de objetivos sobre Vietnam del Norte, y
lo más importante, a partir de 1971 el Ejército Estadounidense
comenzó a entregar el control de las operaciones de tierra al
Ejército Survietnamita. Paralelamente, y como uno de los
aspectos más oscuros de su actuación en Vietnam, llevó a cabo la
que denominó como “política de pacificación”, que se llamó en
clave “Operación Phoenix”. Esta no fue otra cosa que la
sustitución de la antigua táctica de Westmoreland (quien había
sido sustituído en Julio de 1968 por el General Craighton Abrams)
de “misiones de búsqueda y destrucción”. La Operación Phoenix
consistió básicamente en arrestos, interrogatorios y muertes de
infiltrados en Vietnam del Sur, sospechosos de pertenecer al
Vietcong, lo cual violó las normas más básicas de la Convención
de Ginebra.
Nixon puso en práctica a partir de 1969 la denominada “Doctrina
Nixon”. Esta consistía en que, si bien las fuerzas
estadounidenses debían irse gradualmente retirando de Vietnam y
desentendiéndose de la guerra, los Estados Unidos seguirían
atendiendo sus responsabilidades en Asia, evitando la derrota de
Vietnam del Sur como parte del “Mundo Libre”, e interviniendo en
el Sudeste Asiático para detener el avance comunista. La
invasión de Camboya de 1970, simultaneada con la progresiva y ya
iniciada retirada estadounidense de Vietnam, fue considerada por
el propio Nixon como el máximo exponente de su doctrina.
A pesar de todo, la estrategia seguida por Nixon implicaba una
complicada y bastante bien planificada operación de ingeniería
en política militar, que no fue ni ha sido suficientemente
valorada, aún a pesar de las críticas de prolongación de la
guerra que Nixon sufrió. Fue posiblemente lo mejor que se podía
hacer, dadas las circunstancias y dado que Nixon había heredado
la guerra ya perdida. Logró un acuerdo aunque al precio de
alargar la guerra cuatro años (1969-73) en los que murieron
20.000 soldados estadounidenses (un tercio de las bajas
norteamericanas de toda la guerra), pero logrando así lo más
parecido a la paz con honor que prometió, retirándose de Vietnam
con cierta dignidad. Su política de bombardeos duró hasta el
final. A comienzos de 1972, y dado que los estadounidenses
habían comenzado a entregar el mando de la guerra a los
survietnamitas, Vietnam del Norte intensificó la presión militar
lanzando una ofensiva contra el Sur en Marzo. En represalia,
Nixon ordenó en Mayo minar los puertos norvietnamitas, y una
campaña masiva e indefinida de bombardeos con los B-52
denominada en clave Operación Linebacker I. En esta acción la
aviación estadounidense probó por vez primera en combate las
denominadas “bombas inteligentes”, guiadas por láser a su
objetivo (ampliamente utilizadas en la Guerra del Golfo de
1991). Como resultado, para Junio los survietnamitas ya se
habían recuperado, y emprendieron una contraofensiva hacia el
Norte, aunque los bombardeos continuaron. En Agosto de 1972,
EE.UU ya había entregado todo el mando de las operaciones
terrestres, por lo que ahora las operaciones en tierra eran
enteramente responsabilidad survietnamita, limitándose
Washington a la guerra aérea y a las acciones de los buques de
la VII Flota fondeada en el Golfo de Tonkín.
En el verano de 1972 las Conversaciones de Paz Secretas de París
entre Kissinger y el representante norvietnamita, Le Duc Tho,
avanzaban a buen ritmo, por lo que Nixon interrumpió los
bombardeos en Octubre. Pero en Diciembre las negociaciones se
estancaron, y Nixon reanudó los bombardeos, la Operación
Linebacker II. Fueron doce días de intensísimos bombardeos , la
peor campaña de bombardeos de los ocho años de guerra aérea, que
tuvo en el día de Navidad su peor jornada, en la que redujeron
Hanoi a escombros. Nixon calificó a estos bombardeos como
“táctica de la edad de piedra”. Se trató de un bombardeo para
muchos innecesario, justo antes de la retirada definitiva
estadounidense. Presionado por los terribles bombardeos, y
sabiendo que los norteamericanos deseaban retirarse, Hanoi
volvió a la mesa de negociaciones de París, que logró detener
los bombardeos. Por fin, el 15 de Enero de 1973 se acordó la
paz, y Nixon suspendió toda acción militar estadounidense el 23
de Enero, terminando definitivamente la participación
estadounidense que se había iniciado en 1964, dejando una
imnominiosa lacra en la política exterior estadounidense. El
acuerdo de paz incluía la repatriación de todos los prisioneros
norteamericanos, la mayoría pilotos derribados que tuvieron que
soportar hasta cinco años de cautiverio (como el Senador John
McCome, candidato presidencial en 2000) en el sarcásticamente
denominado “Hanoi Hilton”, la prisión norvietnamita. Además
Hanoi reivindicó una reparación de guerra de 4.000 millones de
dólares, nunca satisfecha por Washington.
La retirada estadounidense de 1973 culminaba y ponía fin a la
intervención estadounidense en Vietnam, que se había iniciado
casi 20 años antes (desde 1954) e intensificado desde 1961.
Nixon logró parcialmente la paz con honor que había prometido,
si bien su sucesor Gerald Ford decidió desentenderse totalmente
de las pocas implicaciones que a EE.UU le quedaban en Vietnam
desde el verano de 1974, y su política fue abandonar
definitivamente Vietnam y al régimen de Vietnam del Sur. Nixon
tenía planeado, de haber seguido como Presidente, tras la ya
consumada retirada norteamericana de Enero de 1973, continuar
asistiendo militarmente a Vietnam del Sur de forma indirecta,
para a finales de su presidencia (1977) poder reducir la guerra
a sólo operaciones de contrainsurgencia de pequeña escala que no
amenazaran al Gobierno pro-occidental de Saigón. Nixon siempre
mantuvo que si él hubiese podido concluír su segundo mandato
nunca se habría producido la Caída de Saigón en Abril de 1975,
desastrosa hasta el final para Estados Unidos, que escenificó su
derrota con la lacerante evacuación de la embajada
estadounidense de Saigón, la escena más humillante para EE.UU de
todo el Siglo XX. A pesar de que muchos analistas han
contradicho esta versión, y creen que Nixon dejó a Vietnam del
Sur en una situación muy precaria, con 100.000 soldados del
Vietcong infiltrados en su territorio y una situación
militarmente insostenible, parece claro que de haber podido
agotar su mandato, la Guerra de Vietnam hubiera terminado de
forma diferente, posiblemente más digna para EE.UU, con Nixon en
el Despacho Oval. Para finales de 1975, todo Vietnam, junto a
Laos y Camboya, fueron absorbidos por el comunismo, por lo que
la Guerra de Vietnam y su objetivo de prevenir la agresión y el
avance comunista por el Sudeste Asiático fue un esfuerzo valdío
para los Estados Unidos, un esfuerzo que se tradujo en la
tercera guerra más cara de la historia, sólo por detrás de las
dos guerras mundiales, y con un millón y medio de asiáticos
muertos, más 59.000 norteamericanos cuyos nombres figuran
inscritos en el Muro de Washington.
Tras la Guerra de Vietnam, el Congreso aprobó en 1973 la War
Powers Act, que limitaba los poderes presidenciales a la hora de
implementar una intervención militar o una guerra. La ley
establecía que un presidente no podía enviar tropas fuera de los
Estados Unidos en una crisis o intervención militar durante más
de sesenta días sin consultar al Congreso y sin la autorización
de este. Esta ley hubiera impedido la intervención militar que
Truman llevó a cabo en Corea en 1950 y que dio lugar a la Guerra
de Corea, o la progresiva intervención que Kennedy y Johnson
efectuaron en el Sudeste Asiático desde 1961 y que, tras el
Incidente del Golfo de Tonkín de 1964, desembocó en la Guerra de
Vietnam. Nixon vetó personalmente esta ley, aunque finalmente se
puso en práctica, estando vigente aún hoy día y siendo atendida
en la Guerra del Golfo de 1991, en la de Afganistán de 2001, y
en la Guerra de Irak de 2003.
Si bien la presidencia de Nixon se centró en Vietnam, hubo otros
asuntos en política exterior que tuvieron un extraordinario
protagonismo y que Nixon gestionó con brillantez. El primero de
ellos fueron las trascendentales conversaciones sobre reducción
de armamento con la Unión Soviética, las cúales dieron sus
frutos en 1972. Los tratados ABM y SALT fueron los resultados, y
a Nixon debemos desde entonces por ello un mundo más seguro (si
bien en 2002 la Admón. Bush anunció que consideraba concluídos
los acuerdos SALT, para así desarrollar su proyecto de Escudo
Antimisiles).
Otro asunto en el que Nixon brilló con luz propia fue el
restablecimiento de las relaciones con China en 1971, y la
denominada “diplomacia triangular”. Esta táctica buscaba cerrar
tratos distintos y por separado con soviéticos y chinos,
contribuyendo así a aumentar el ya de por sí grave cisma
existente entre esos dos países desde la época de Stalin, y
obteniendo importantes réditos políticos para EE.UU. Logró esto
reconociendo a China Popular (para lo cual hubo que desalojar a
Taiwán como representante permanente en el Consejo de Seguridad
de la ONU), visitando Pekín, y relanzando las relaciones
bilaterales entre las dos naciones en lo que se llamó “la
diplomacia del ping-pong”, ya que el acercamiento lo iniciaron
los equipos olímpicos de ping-pong de ambos países. El
relanzamiento de las relaciones con la China de Mao Ste-Tung, a
quien en 1949 el propio Nixon había llamado “monstruo”
refiriéndose a la debilidad de Truman frente a este, fue uno de
los grandes éxitos diplomáticos de Nixon, que colocó a Estados
Unidos en una posición aún más ventajosa frente a la URSS en el
contexto de la Guerra Fría.
También a la Admón. Nixon le tocó lidiar con una crisis en la
siempre tormentosa región de Oriente Medio, ya entonces una de
las zonas más “calientes” de la tierra y ya por entonces con un
valor estratégico clave, como Occidente redescubriría, por
poseer el 60 % de las reservas mundiales de petróleo. Se trató
además de una crisis mundial que está considerada como la
segunda más grave de la Guerra Fría, sólo por detrás de la
Crisis de los Misiles de Cuba de 1962. Todo se inició con la
Guerra del Yom Kippur, cuando en Octubre de 1973 las fuerzas
combinadas de Egipto y Siria atacaron por sorpresa en el día de
la fiesta de la expiación judía a Israel, para desquitarse de la
derrota en la Guerra de los Seis Días (1967) y de la fallida
Guerra de Desgaste (1970). Cuando los israelíes reaccionaron ya
era demasiado tarde, si bien la ayuda norteamericana a Israel
fue tan decisiva que pudieron remontar la guerra, y las tropas
israelíes estuvieron a punto de entrar en las dos capitales
árabes: Damasco y El Cairo.
A Nixon se le recordará como el Presidente que salvó a Israel de
la destrucción, si bien hay dudas sobre su más que posible
antisemitismo, y se sabe que la decisión de asistir al estado
hebreo correspondió en realidad a un judío de la diáspora: Henry
Kissinger. Lo cierto es que al estallar la crisis, soviéticos y
norteamericanos se aprestaron a pararla conjuntamente, aunque
por supuesto cada cual defendería sus propios intereses en la
región. Se ha sabido recientemente que Nixon, ya por entonces
muy tocado por el Watergate y casi encerrado en la Casa Blanca,
estuvo ausente de las principales decisiones que se tomaron las
noches de las reuniones clave del Consejo de Seguridad Nacional
en el Despacho Oval, lo cual es absolutamente inusual. Las
decisiones principales, en lo relativo sobre todo a frenar a los
soviéticos en la crisis, tuvo que adoptarlas casi en solitario
Kissinger. Aparte de la amenaza árabe sobre Israel, aliado de
EE.UU, y en el contexto del Conflicto Árabe-Israelí, Bresnev
amenazaba desde Moscú con solucionar la crisis él solo enviando
paracaidistas soviéticos a Oriente Medio, lo cual no era más que
un pretexto para intervenir en la región, adelantarse
estratégicamente e los estadounidenses para sacarles ventaja
táctica, y aumentar la influencia soviética en la zona.
Kissinger respondió pidiendo autorización para poner a las
Fuerzas Armadas Estadounidenses en estado de prealerta (Defcom
2) ante una posible intervención militar en Oriente Medio con
tropas rusas allí estacionadas, lo cual disuadió a los
soviéticos de enviar fuerzas y preservó los intereses
estadounidenses en el área al prevenir una intervención militar
soviética. La Crisis se cerró cuando los norteamericanos, que
tampoco enviaron tropas finalmente, decidieron por un lado
efectuar vuelos secretos sobre la región con aviones espía SR-71
para controlar los acontecimientos, y por otro enviar enormes
cargamentos de material militar a Israel para resistir a la
agresión árabe. El material incluía tanto artillería de alta
tecnología, como aviones de última generación, los F-4 Phantom y
los A-4 Skyrider, ambos usados por los norteamericanos en
Vietnam. Esto otorgó una gran ventaja a los israelíes que
lograron una victoria militar, aunque políticamente la actuación
conjunta de norteamericanos y soviéticos y el alto el fuego
acordado dictaron un empate.
En adelante, desde la Guerra del Kippur y finales de la década
de los 1970´s, Estados Unidos se convertiría en el principal
suministrador de armas a Israel, suministrándole tras la guerra
aviones de combate avanzados F-15 y F-16 (que sustituirían a los
aviones Mirage franceses embargados por París), así como
helicópteros artillados AH-64 Apache y AH-1 Cobra, que desde
1976 han dado a las Fuerzas Aéreas Israelíes la completa
superioridad aérea en Oriente Medio que aún en 2005 mantienen,
como se pudo comprobar en la Guerra del Líbano en los 1980´s.
Además de fortalecer el músculo militar israelí, la Admón. Nixon
también inició una práctica que se ha extendido hasta nuestros
días por las sucesivas administraciones estadounidenses: la
denominada “ambigüedad nuclear”. Esta consiste en que, si bien
Washington vigila estrechamente los programas nucleares e impide
el rearme nuclear de países como Irán o Irak, mantiene sin
embargo una política de ojos cerrados con respecto al programa
nuclear israelí, que según estimaciones cuenta con cerca de 200
bombas atómicas construídas de forma secreta desde finales de
los 1960´s con el gobierno de Ben Gurion, bajo el argumento de
que se trata de un arsenal puramente “defensivo y disuasorio”.
Esta crisis militar, y la posterior reacción de la Admón. Nixon,
provocó la represalia de Arabia Saudí que “castigó” a EE.UU
cortándole el suministro de petróleo, y amenazó con terminar
para siempre con la ya de por sí compleja y difícil alianza
histórica entre estadounidenses y saudíes que se remonta a la
década de los años 1930´s. Significó además la primera y más
grave crisis energética de la historia, que repercutió en las
economías occidentales, que no se recuperarían hasta bien
entrados los 1980´s, revelando así el enorme poder político del
petróleo.
Finalmente, en política exterior, Nixon tuvo un papel destacado
en un país de América Latina: Chile. Cuando en el otoño de 1970
una coalición de izquierda colocó en el poder a un marxista por
medio de unas elecciones, Salvador Allende, la Admón. Nixon se
alarmó ante lo que parecía como un segundo Fidel Castro, ahora
en Sudamérica. Además de la tendencia comunista de Allende,
peligraban los intereses de unas 3.000 empresas estadounidenses
establecidas en Chile, incluyendo varias importantes compañías
mineras. Desde un principio Nixon se mostró hostil al gobierno
de Allende, y desde finales de 1970 hasta 1973 ordenó a la CIA
acabar con su gobierno del modo que fuera, ya fuera
democráticamente o derrocándolo mediante un golpe de Estado. Así
fue como el director de la CIA, Richard Helms, y Nixon
proyectaron el denominado Proyecto Hubelt, una operación
encubierta que incluía guerra económica clandestina,
desestabilización, bloqueo económico invisible y financiación y
apoyo a un sector de las fuerzas armadas chilenas para que
derrocara a Allende. Finalmente, y tras unas elecciones en Marzo
de 1973 que confirmaron a Allende en el poder, en Septiembre de
1973 el Ejército Chileno liderado por una junta militar
encabezada por el General Augusto Pinochet dio un golpe de
Estado que acabó con la vida y con el Gobierno de Allende. Nixon
reconoció secretamente tres días después al régimen de Pinochet.
En política doméstica la Admón. Nixon fue igualmente activa, y
llevó a cabo importantes y trascendentales iniciativas
destinadas buena parte de ellas a combatir enérgicamente el
crimen, y a restaurar el orden en las calles en esos convulsos
momentos de comienzos de los 1970´s, así como a lograr una mayor
estabilidad económica. Reformó la seguridad social, mejorándola
en muchos aspectos, e impulsó una mejora en los salarios y en la
estabilidad de los precios. En 1971 adoptó una medida histórica
al anunciar el fin de la paridad dólar-oro, paridad que regía a
la economía estadounidense desde Bretton-Woods (1944) pero que
se estaba haciendo insostenible para la economía norteamericana
que atravesaba un momento de debilidad debido en buena parte al
consumo de recursos por la Guerra de Vietnam; la mayoría de los
economistas coinciden con la perspectiva histórica en señalar
que fue una medida acertada y valiente por parte de Nixon. Nixon
impulsó varias medidas destinadas a proteger y fomentar las
bibliotecas públicas y los archivos para preservar el patrimonio
cultural. A pesar de su ultraconservadurismo fue el primer
presidente que propuso medidas y leyes ecologistas. Fue también
el primero que se fijó como meta combatir el tráfico de drogas,
y creó la Drugs Enforcement Administration (DEA). Por último,
tuvo el coraje de prohibir en 1971 el uso y desarrollo de las
armas químicas y bacteriológicas ofensivas en Estados Unidos. -
Universidad
Complutense de Madrid
Parte 1 /
Parte 2
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