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La Revolución francesa fue un conflicto
social y político, con diversos periodos de violencia, que
convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, a
otras numerosas naciones de Europa que enfrentaban a partidarios
y opositores del sistema denominado del Antiguo Régimen. Se
inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea
Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón
Bonaparte en 1799.
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- Georges Goyau - Los últimos treinta años nos han dado una nueva versión de la historia de
la Revolución Francesa, a las que han contribuido las más diversas y
hostiles escuelas.
Taine, atrae la atención a la afinidad entre los
revolucionarios y lo que él llama el espíritu clásico, esto es el espíritu
de abstracción que dio origen al Cartesianismo y produjo ciertas obras
maestras de la literatura Francesa. Además, demostró admirablemente el
mecanismo de los comités revolucionarios locales y mostró cómo una osada
minoría Jacobina fue capaz de imponer su voluntad como aquella "del pueblo".
Siguiendo esta línea de investigación M. Augustin Cochin ha estudiado
bastante recientemente el mecanismo de las sociétés de pensée en las que fue
desarrollada la doctrina revolucionaria y en las cuales fueron formados
hombres lo suficientemente preparados para poner esta doctrina en ejecución.
La influencia de la
masonería
libre en la Revolución Francesa proclamada por Luis Blanc y por la masonería
libre misma es probada por las investigaciones de M. Cochin. Sorel ha
aclarado la conexión entre la diplomacia de la Revolución y la del viejo
régimen. Sus trabajos prueban que la Revolución no marca una ruptura en la
continuidad de la política exterior de Francia. La escuela histórica
inclinada al radicalismo, fundada y liderada por M. Aulard, ha publicado
numerosos documentos muy útiles como así tambien la reseña "La Révolution
Française". Dos años después, se produjo un cisma en esta escuela,
M.Mathiez, emprendiendo en oposición a M.Aulard la defensa de Robespierre,
en consecuencia de lo cual fundó una nueva reseña "Les Annales
Révolutionaires". La "Société d'histoire contemporaine", fundada
bajo auspicios Católicos, ha publicado una serie de textos relacionados con
la historia revolucionaria. Finalmente los trabajos de Abbé Sicard han
revelado varias tendencias en la clerecía que permaneció fiel a Roma,
algunas legitimistas, otras más favorables a las nuevas formas políticas,
desarrollando por tanto una nueva visión de la historia del clero Francés.
Estas son las más recientes adiciones a la historia de la
Revolución Francesa. Este artículo, enfatizará más especialmente en las
relaciones entre la Revolución y la
Iglesia.
I.
Reunión de los Estados
II.
Declaración de los Derechos del Hombre
III.
Constitución Civil del Clero
IV.
La
Asamblea Legislativa
V.
La
Convención; la República; El Reino del Terror
VI.
El
Directorio
I. Reunión de los Estados
El punto de partida de la Revolución Francesa fue la
convocatoria de los Estado Generales por parte de Luis XVI. Ellos comprendía
tres órdenes, nobleza, clero y el tercer estado, el mencionado en último
término tenía permitido contar con tantos miembros como las otras dos
órdenes juntas. La regulación electoral del 24 de enero de 1789, aseguraba
al clero parroquial una gran mayoría en las reuniones de las baillages que
eran para elegir a la representación clerical a los Estados Generales.
Mientras los capítulos solamente enviaban un delegado por diez canónigos, y
cada convento sólo uno de sus miembros, todos los curés tenían permitido el
voto. El número del la "orden" del clero en los Estados Generales excedía
los 300, dentro de los cuales había 44 prelados, 208 curés, 50 canónigos y
abades comendadores, y algunos monjes. El clero sostenía casi tan
enérgicamente como lo hacía el Tercer Estado el establecimiento de un
gobierno constitucional basado en la separación de poderes, la periódica
convocatoria a los estado generales, su supremacía en materias financieras,
la responsabilidad de los ministros, y la garantía regular de la libertad
individual. Por lo tanto las verdaderas y grandes reformas tendientes al
establecimiento de la libertad eran defendidas por el clero en vísperas de
la Revolución. Cuando los Estados se reunieron el 5 de mayo de 1789, el
Tercer Estado demandó que la verificación de poderes debía ser hecha en
conjunto por las tres órdenes, siendo su objeto que los Estados debían
formar una sola asamblea en la cual la distinción entre las "órdenes" debía
desaparecer y en la que cada miembro tendría un voto. Escasamente un cuarto
del clero respaldó esta reforma, pero desde la apertura de los Estados fue
evidente que el deseado voto individual sería el que le daría a los miembros
del Tercer Estado, los sostenedores de la reforma, una efectiva
preponderancia.
Tan tempranamente como el 23 de Mayo de 1789, los curés,
de la casa del Arzobispo de Bordeaux eran de la opinión de que el poder de
los diputados debía ser verificado en asamblea general de los Estados, y
cuando el 17 de Junio los miembros del Tercer Estado se autoproclamaron la
"Asamblea Nacional", la mayoría del clero decidió (19 de Junio) unírseles.
Como el alto clero y la nobleza aún resistían, el rey ocasionó el cierre del
salón donde se reunían del Tercer Estado (20 de Junio), tras lo cual los
diputados, con su presidente, Bailly, se juntaron en el Jeu de Paume
y se juramentaron de no dispersarse hasta que hubieran provisto a Francia de
una constitución. Después del tronante discurso de Mirabeau (23 de Junio)
dirigido al Marqués de Deux-Brézé, maestro de ceremonias de Luis XVI, el rey
mismo, (27 de Junio) invitó a la nobleza a unirse al Tercer estado. El
despido por parte de Luis XVI del ministro reformista, Necker, y la
concentración de la armada real cerca de París, provocó la insurrección del
14 de Julio, y la captura de la Bastilla.
M.Frunck Brentano ha destruido las leyendas que
rápidamente nacieron en conexión con la celebrada fortaleza. No hubo un
levantamiento en masse del pueblo de París, y el número de sitiadores no fue
más de mil como máximo, se encontraron solamente siete prisioneros en la
Bastilla, cuatro de los cuales eran falsificadores, un hombre joven culpable
de crímenes monstruosos y que por el bien de la familia era conservado en la
Bastilla y podría escapar de la pena de muerte, y dos prisioneros locos.
Pero en la opinión pública la Bastilla simbolizaba el absolutismo real y la
captura de esta fortaleza fue considerado como el derrocamiento de todo el
régimen, y las naciones extranjeras atribuyeron una gran importancia al
evento. Luis XVI se rindió ante esta agitación; Necker fue repuesto; Baillo
se convirtió en Alcalde de París, Lafayette, comandante de la milicia
nacional; la tri-color fue adoptada y Luis XVI consintió en reconocer el
título de "Asamblea Nacional Constituyente". Te Deums y procesiones
celebraron la toma de la Bastilla; en los pulpitos el Abad Fauchet predicó
la armonía de la religión y la libertad. Como resultado del establecimiento
del "voto por orden" los privilegios políticos del clero podría considerarse
como que dejaron de existir.
Durante la noche del 4 de Agosto de 1789, a instancias del
Vizconde de Noailles la Asamblea votó con extraordinario entusiasmo la
abolición de todos los privilegios y derechos feudales y la igualdad de
todos los Franceses. Por tanto un vendaval azotó la riqueza del clero, pero
los hombres de la iglesia fueron los primeros en dar ejemplo de sacrificio.
Una multiplicidad de beneficios y anualidades fueron abolidos y se acordó
sobre la redención del diezmo, pero dos días después el alto clero,
tornándose incómodo, demandó otra discusión del voto que había llevado a la
redención. El resultado fue la abolición, pura y simple, del diezmo sin
redención. En el curso de la discusión Buzot declaró que la propiedad del
clero pertenecía a la nación. La conciencia de Luis XVI comenzó a ser
alarmada. Se tomó cinco semanas, y entonces meramente publicó los decretos
como principios generales, reservándose el derecho de aprobar o rechazar las
medidas que pudiera tomar la Asamblea para que tuvieran vigencia.
II. Declaración de los Derechos del
Hombre.
El Catolicismo deja de ser la religión del Estado
Antes de darle a Francia una constitución, la Asamblea
juzgó necesario redactar una "Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano", que debería formar el preámbulo de la Constitución. La
sugerencia de Camus de que a la declaración de los derechos del hombre
debería agregarse una declaración de sus deberes fue rechazada. La
Declaración de Derechos menciona en su preámbulo que es hecha en presencia y
bajo los auspicios del Ser Supremo, pero dos de tres artículos propuestos
por el clero garantizando el respeto debido a la religión y a la devoción
pública, fueron rechazados después de los discursos de los Protestantes,
Rabaut Saint-Etiene y Mirabeau, y el único artículo relacionado con la
religión fue redactado como sigue: "Nadie podrá ser molestado por sus
opiniones, aún religiosas, siempre que sus manifestaciones no disturben el
orden público establecido por ley". En realidad el deseo de la Asamblea fue
que el Catolicismo debía dejar de ser la religión del Estado y que debía ser
establecida la libertad de culto. Subsecuentemente declaró a los
Protestantes elegibles para todos los puestos (24 de Diciembre de 1789),
restauró sus posesiones y estatus a los herederos de los refugiados
Protestantes (10 de Julio y 9 de Diciembre de 1790), y tomaron medidas a
favor de los Judíos ( 28 de Enero, 26 de Julio, 16 de agosto de 1790). Pero
pronto se tornó evidente en las discusiones relativas a la Constitución
Civil del clero que la Asamblea deseaba que la Iglesia Católica, a la que la
mayoría del pueblo Francés pertenecía, debía estar sujeta al Estado y
realmente organizada por el Estado.
Los rumores de que Luis XVI buscaba huir a Metz y ponerse
bajo la protección el ejército de Bouillé con el objeto de organizar un
movimiento contra revolucionario y su negativa a promulgar la Declaración de
los Derechos del Hombre, provocó un levantamiento en París. La multitud
salió hacia Versalles, y entre insultos trajo de vuelta al rey y la reina a
París (6 de Octubre de 1789). A partir de entonces la Asamblea sesionó en
París, primero en la residencia arzobispal, luego en las Tullerías. En este
momento comenzó a aparecer en un número de periódicos y panfletos, la idea
de tomar posesión de los bienes del clero a los efectos de afrontar
exigencias financieras. El plan de confiscar esta propiedad, que había sido
sugerido tan tempranamente como el 8 de Agosto por el Marqués de Lacoste,
fue retomada (Setiembre 24) por el economista Dupon de Nemours, y el 10 de
Octubre fue sostenida en nombre del Comité de Finanzas en un reporte que
causó escándalo escrito por Telleyrand, Obispo de Autun, quien bajo el viejo
régimen había sido uno de los dos "agentes generales" encargados de defender
lo intereses financieros del clero Francés. El 12 de Octubre Mirabeau
reclamó a la Asamblea decretar (1) que la propiedad de las posesiones de la
iglesia pertenecían a la nación que podría proveer a la manutención de los
pastores; (2) que el salario de cada curé no debería ser menos de 1200
libras. El plan fue discutido desde el 13 de Octubre hasta el 2 de
Noviembre. Se opusieron el Abeé de Montesquieu, y el Abeé Maury, quienes
sostuvieron que siendo los clérigos personas morales, podían ser
propietarios, disputaron las estimaciones hechas sobre la riqueza del clero,
y sugirieron que sus posesiones deberían simplemente servir como una
garantía para un préstamo de 400.000.000 de libras a la nación. Los
partidarios de la confiscación mantuvieron que el clero ya no existía más
como orden, que la propiedad era como una sucesión sin herederos, y que el
Estado tenía el derecho de reclamarla, que además el Gobierno Real nunca
había reconocido expresamente al clero como propietario, que en 1749 Luis XV
había prohibido al clero recibir nada sin la autorización del Estado, y que
había confiscado la propiedad de la Compañía de Jesús. Malouet adoptó una
posición intermedia y demandó que el Estado debería confiscar solamente las
posesiones eclesiásticas superfluas, pero que el clero parroquial debía ser
dotado con tierra. Finalmente, el 2 de Noviembre de 1789, la Asamblea
decidió que las posesiones del clero estaban "puestas a disposición" de la
nación. Los resultados de este voto produjeron prontas consecuencias. La
primera fue la moción de Treilhard (17 de Diciembre), demandando en nombre
del comité eclesiástico de la Asamblea, el cierre de los conventos inútiles,
y decretando que el Estado debería permitir a los religiosos relevarse a sí
mismos de sus votos monásticos.
La discusión de este proyecto comenzó en febrero de 1790,
después de que la Asamblea, mediante la creación de asambleas de los
departamentos, distritos y comunas, había procedido a la reorganización
administrativa de Francia. La discusión fue de nuevo muy violenta. El 13 de
febrero de 1790 la Asamblea, influenciada por las sugerencias más radicales
de Barnave y Thouret, decretó como "artículo constitucional" que la ley no
sólo no debía reconocer más los votos monásticos, sino que además las
ordenes y congregaciones estaban y debían permanecer suprimidas en Francia,
y que ninguna otra debía ser establecida en el futuro. Después de haber
planeado una supresión parcial de las órdenes monásticas, la Asamblea votó
por su supresión total. La propuesta de Cazalès (17 de febrero) llamando a
la disolución de la Asamblea Constituyente, y los legítimos esfuerzos hechos
por la alta clerecía para advertir a los Católicos de no comprar los bienes
de la Iglesia confiscados, provocaron represalias. El 17 de marzo de 1790,
la Asamblea decidió que las propiedades eclesiásticas alienadas, valuadas en
400.000.000 de libras, debían ser vendidas a los municipios, los que a su
vez deberían venderlas a compradores privados. El 14 de abril decidió que el
mantenimiento del culto católico debía ser afrontado sin recurrir a la renta
de la que fuera propiedad eclesial y que una suma, fijada en más de
133.000.000 de libras para el primer año, deberían ser entradas en el
presupuesto para las entregas que debían ser hechas al clero; el 17 de abril
el decreto fue aprobado relacionado con assignats, los papeles emitidos por
el Gobierno pagando intereses al 5 por ciento, y los que debían ser
aceptados en pago por la propiedad eclesial, de allí en más llamada
propiedad nacional; finalmente, el 9 de julio, fue decretado que toda esta
propiedad debía ser puesta en venta.
III. Constitución Civil del Clero
El 6 de febrero de 1790, la Asamblea encomendó a su comité
eclesiástico, designado el 20 de agosto de 1789 y compuesto de 15 miembros,
a preparar la reorganización del clero. El 7 de febrero fueron agregados
quince nuevos miembros al comité. Los "constituyentes" eran discípulos de
los philosophes del siglo dieciocho quienes subordinaban la religión al
Estado, más aún, para comprender su posición es conveniente tener en mente
que muchos de ellos eran juristas con ideas Galicistas y Josefistas.
Finalmente Taine ha probado que en muchos aspectos sus políticas religiosas
simplemente continuaron los pasos del viejo régimen, pero mientras el viejo
régimen protegió a la Iglesia Católica y la hizo la iglesia exclusiva,
reconocida, los constituyentes planeaban esclavizarla después de haberla
despojado de sus privilegios. Además ellos no tomaron en cuenta que hay
temas mixtos que solamente pueden ser regulados después de un acuerdo con la
autoridad eclesiástica. Estaban especialmente enfurecidos contra el clero
después del discurso consistorial en el cual Pío VI (22 de marzo de 1790)
reprobó algunas de las medidas ya tomadas por la Asamblea Constituyente, y
por las noticias recibidas desde el Norte y Sur donde la justa
insatisfacción de las conciencias Católicas había provocado disturbios;
particularmente la elección del Protestante Rabaut Saint-Etiene a la
presidencia de la Asamblea Nacional generó conmoción en Toulouse y Nimes.
Bajo la influencia de estos disturbios se desarrolló la Constitución Civil
del clero. El 29 de mayo de 1790 fue presentado ante el Bonal de la
Asamblea, el Obispo de Clermont, y algunos miembros de la Derecha
requirieron que el proyecto debía ser sometido a un concilio nacional o al
papa. Pero la Asamblea procedió; discutió la Constitución Civil del Clero
desde el 1 de Junio al 12 de Julio de 1790, fecha en la cual fue aprobada.
Esta constitución comprendía cuatro títulos
-
Título I, Oficinas Eclesiásticas: Los límites diocesanos debían
coincidir con los de los departamentos, por lo que se debían suprimir 57
sedes episcopales. El título de arzobispo fue abolido; de los 83
episcopados restantes 10 fueron llamados episcopados metropolitanos y se
les dio jurisdicción sobre las diócesis vecinas. Ninguna porción del
territorio Francés debía reconocer la autoridad de un obispo que viviera
en el extranjero, ni de sus delegados, y esto, agrega la Constitución,
"sin perjuicio de la unidad de fe y de comunión que debe ser mantenida con
la cabeza de la Iglesia Universal". Fueron abolidas canonjías, prebendas y
prioratos. No debía haber más ningún puesto sacerdotal especialmente
dedicado a llenar las condiciones de las donaciones de la Misa. Fueron
prohibidas todas las apelaciones a Roma.
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Título II, Nombramientos al Beneficio: Los obispos debían ser
designados por la Asamblea Electoral del departamento; debían ser
investidos y consagrados por el metropolitano y prestar juramento de
fidelidad a la nación, al Rey, a la Ley, y a la Constitución; no debían
pedir ninguna confirmación al papa. Los párrocos debían ser electos por
las asambleas electorales de los distritos. Por lo tanto todos los
ciudadanos, aún Protestantes, Judíos, y Católicos nominales, podían
nombrar titulares de las oficinas eclesiásticas, y la primera obligación
de los sacerdotes y obispos era prestar juramente de fidelidad a la
Constitución que negaba a la Santa Sede cualquier poder efectivo sobre la
Iglesia.
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Titulo III, Salario de los ministros de la Religión: La constitución
fijó el salario del Obispo de París en 51.000 libras (alrededor de
$10.2000), el de los obispos de ciudades cuya población excediera las
50.000 almas en 20.000 libras (alrededor de $4000), y el de otros obispos
en 12.000 libras(alrededor de $2400), el de los curas en una suma que
oscilaba entre 6000 (alrededor de $1200) y 1200 libras (cerca de $240).
Para el bajo clero esto fue una mejora de su condición material,
especialmente debido a que el valor real de estas sumas eran dos y una vez
y media la suma que recibían en el momento.
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Título IV, con relación a la residencia, se establecieron condiciones
muy severas relativas a las ausencias de los obispos y pastores.
En el festival de la Federación (14 de Julio de 1790)
Talleyrand y trescientos pastores oficiando en el altar de la nación erigido
en el Campo de Marte usaron la faja tricolor sobre sus vestimentas
pastorales y rogaron por la bendición de Dios sobre la Revolución.
Estuvieron presentes representantes de las ciudades de Francia, y fue
inaugurado una especie de culto, el de la tierra Patria, el origen remoto de
todos los "cultos Revolucionarios". El 10 de Julio de 1790, en un Sumario
confidencial a Luis XVI, Pío VI expresó la alarma con la cual lo llenaba el
proyecto en discusión. Comisionó a dos eclesiásticos que eran ministros de
Luis XVI, Champion de Cicé y Lefranc de Pompignan, para que urgieran al rey
a no firmar la Constitución Civil del Clero. El 28 de Julio, en una carta al
papa, Luis XVI replicó que él sería compelido, "con muerte en el alma", a
promulgar la Constitución, que se reservaría el derecho a sacar tan pronto
como fuera posible algunas concesiones, pero que si se negaba, su vida y la
vida de su familia podría quedar en peligro.
El Papa le respondió (17 de Agosto) que aún sostenía la
misma opinión sobre la Constitución, pero que no haría ninguna declaración
pública sobre el tema hasta que no lo consultara con el Sacro Colegio. El 24
de Agosto el rey promulgó la Constitución, por lo cual fue reprendido por el
papa en un comunicado confidencial el 22 de Setiembre. M-Mathiez sostiene
que ha probado que la dubitación de Pío VI se debió a consideraciones
temporales más que espirituales, a su serio miedo sobre los asuntos de
Avignon y el Comtat Venaissin, donde ciertos partidos populares estaban
clamando por tropas Francesas, pero la verdad es que Pío VI, quien había
hecho saber su opinión de la Constitución a dos prelados Franceses, estaba
esperando alguna manifestación de parte del episcopado Francés. En verdad
los obispos hablaron antes que el papa hablara públicamente. A fines de
Octubre de 1790, publicaron una "Exposition des principes sur la
constitution civile du clergé", compilado por Boisgelin, Arzobispo de
Aix en la cual rechazaban la Constitución y llamaban a los fieles a hacer lo
mismo. Esta publicación marca el comienzo de un violento conflicto entre el
episcopado y la Constitución. El 27 de Noviembre de 1790, después de un
discurso de Mirabeau, un decreto estipuló que todos los obispos y pastores
debían jurar la Constitución en el plazo de una semana, so pena de perder
sus puestos, todos aquellos que se rehusaran y sin embargo continuaran
cumpliendo sus funciones pastorales debían ser perseguidos por disturbar la
paz pública. El rey, muy perturbado por este decreto, finalmente los
sancionó (26 de Diciembre de 1790) a fin de evitar un levantamiento.
Hasta ese momento un gran sector de la clerecía menor
había mostrado una cierta cantidad de simpatía por la Revolución, pero
cuando se vio que los miembros episcopales de la Asamblea se rehusaron a
prestar juramento, sacrificando de este modo sus sedes, un número pastores
siguieron este desinteresado ejemplo. Puede decirse que desde finales de
1790 el alto clero y los elementos verdaderamente ortodoxos de la clerecía
menor estuvieron unidos contra las medidas revolucionarias. Desde allí en
adelante hubo dos clases, los no juramentados o sacerdotes refractarios, que
eran fieles a Roma y rehusaron el juramento, y los que juraron,
juramentados, o sacerdotes Constitucionales, que habían consentido prestar
su juramento. De los 125 obispos fueron sólo cuatro, Talleyrand de Autun,
Brienne de Sens, Jarente de Orleáns y Laford de Savine, de Viviers; tres
coadjutores u obispos in partibus, Gobel, Obispo Coadjutor de Bàle, Martial
de Brienne, Coadjutor de Sens, y Dubourg-Miraudet, Obispo de Babilón. En las
ciudades importantes la mayoría de los sacerdotes se rehusaron a prestar
juramento. Son más difíciles de conseguir estadísticas de pequeños burgos y
del campo. Los archivos nacionales preservan los registros completos de 42
departamentos que fueron enviados a la Asamblea Constituyente por las
autoridades civiles. Estos muestran que en esos 42 departamentos, de 23.093
sacerdotes llamados a jurar, 13.118 lo hicieron. Por tanto había, de cada
100 sacerdotes, 56 o 57 juramentados contra 43 o 44 que no juraron. M. de la
Gorce da serias razones para cuestionar estas estadísticas, que fueron
compiladas por celosos burócratas ansiosos de complacer a los
administradores centrales. Él afirma, por otra parte, que el cisma tuvo poco
sustento en quince departamentos y concluye que en 1791 el número de
sacerdotes fieles a Roma era de 52 a 55 por ciento; esta es una
suficientemente pequeña mayoría, pero es la que M. de la Gorce considera
auténtica.
El 5 de Febrero de 1791, la Asamblea Constituyente
prohibió a cada sacerdote no juramentado predicar en público. En Marzo
tuvieron lugar las elecciones para cubrir las sedes episcopales y parroquias
vacantes. El desorden creció en la Iglesia de Francia; fueron candidatos
sacerdotes jóvenes y ambiciosos, mejor conocidos por política que por su
celo religioso, y en muchos lugares debido a la oposición de buenos
Católicos, los electos tuvieron mucha dificultad para tomar posesión de sus
iglesias. En esta coyuntura, viendo a la Iglesia Constitucional establecida
contra la Iglesia legítima, Pío VI escribió dos cartas, una a los obispos y
una a Luis XVI, para preguntarle si restaba al medio para prevenir el cisma;
y finalmente, el 13 de Abril de 1791, emitió una condena solemne de la
Constitución Civil en una solemne Carta al clero y al pueblo.
El 2 de Mayo de 1791, la anexión del Comtat Venaissin y de
la ciudad de Avignon por parte de las tropas Francesas marcó la ruptura de
las relaciones diplomáticas entre Francia y la Santa Sede. Desde Mayo de
1791, no hubo más un embajador de Francia en Roma ni un nuncio en París. La
Carta de Pío VI instaba a la resistencia de los Católicos. Las Misas
celebradas por los sacerdotes no juramentados atraían multitudes de fieles.
La muchedumbre se juntaba para golpear e insultar a monjas y otras mujeres
piadosas. El 7 de Mayo de 1791, la Asamblea decidió que los sacerdotes no
juramentados como prêtres habitués podían continuar diciendo Misa en las
iglesias parroquiales o conducir sus servicios en otras iglesias con la
condición de que respetarían las leyes y no provocarían revueltas contra la
Constitución Civil. Los curas Constitucionales se hicieron más y más
impopulares entre los buenos Católicos; los trabajos de Sciout se dirigen a
mostrar que los "directorios departamentales" tenían que utilizar su tiempo
organizando expediciones policiales regulares para proteger a los sacerdotes
Constitucionales de la oposición de los buenos Católicos, o persiguiendo a
los sacerdotes no juramentados que heroicamente persistían en permanecer en
sus puestos. Finalmente el 9 de Junio de 1791, la Asamblea prohibió la
publicación de Bulas o Decretos de la Corte de Roma, al menos hasta que
hubieran sido sometidos al cuerpo legislativo y su publicación autorizada.
Por tanto la Francia Revolucionaria no solamente rompió con Roma, sino que
deseaba establecer una barrera entre Roma y los Católicos de Francia.
La conciencia atormentada del rey fue la principal razón
de su intento de fuga (20-21 de Junio de 1791). Antes de escapar, había
dirigido a la Asamblea una declaración de su insatisfacción con la
Constitución Civil del Clero, y una vez mas protestó contra la violencia
moral que lo había obligado a aceptar tal documento. Detenido en Varennes,
Luis XVI llevado de regreso el 25 de Junio, y fue suspendido de sus
funciones hasta se completase la Constitución, a la cual juró el 13 de
Setiembre de 17911. El 30 de Setiembre de 1791, la Asamblea Constituyente se
disolvió, para dar paso a la Asamblea Legislativa, en la cual ninguno de los
miembros de la Asamblea Constituyente se podía sentar. La Asamblea
Constituyente había aprobado 2500 leyes y reorganizado totalmente la
administración de Francia. Su principal error desde un punto de vista social
fue prohibir al pueblo trabajador unirse y formar asociaciones "para sus tal
llamados intereses comunes". Mal conducidos por su espíritu individualista y
su odio a ciertos abusos de las viejas corporaciones, los Constituyentes no
entendieron que el mundo del trabajo debía organizarse. Fueron responsables
de la anarquía económica que reinó durante el siglo diecinueve, y el
presente movimiento sindical así como los esfuerzos de los social Católicos
en conformidad con la Encíclica "Rerum novarum" marca una profunda y
decisiva reacción contra la obra de la Asamblea Constituyente.
IV. La Asamblea Legislativa
Cuando se disolvió la Asamblea Constituyente (30 de
Setiembre de 1791), toda Francia estaba inflamada sobre la cuestión
religiosa. Más de la mitad del pueblo Francés no quería a la nueva Iglesia,
una creación facciosa de la ley; la vieja Iglesia estaba arruinada,
demolida, perseguida y la amnistía general decretada por la Asamblea
Constituyente antes de disolverse no podía hacer nada tendiente a la
restauración de la paz en el país donde el desatinado trabajo de esa
Asamblea había trastornado las conciencias de los individuos. Los partidos
en la Asamblea Legislativa fueron pronto irreconciliables. Los Feuillants,
en la Derecha, no veían resguardo de la salvación en la Constitución , los
Girondinos en la Izquierda y los Montañeses en la Extrema Izquierda, estaban
preparados para la República. Había hombres que, como el poeta André Chénier,
soñaban con una completa Separación de Iglesia y Estado. "Los sacerdotes -
escribía en una carta al "Monitor" (22 de Octubre de 1791) - no dificultarán
a los Estados cuando ninguno esté vinculado a ellos, y ellos siempre los
trabarán cuando cualquiera esté vinculado con ellos como en el presente."
Pero la mayoría de los miembros de la Asamblea Legislativa tenían asiento en
las asambleas departamentales o distritales; ellos habían peleado contra los
sacerdotes no juramentados y llevaron violentas pasiones y un espíritu
hostil a la Asamblea Legislativa. Un informe de Gensonné y Gallois a la
Asamblea Legislativa (9 de Octubre de 1791) sobre la condición de las
provincias del Oeste denunció a los sacerdotes no juramentados por excitar
al pueblo a la rebelión y pidieron medidas contra ellos. Los acusaron de
complicidad con los obispos emigrados. En Avignon, habiendo sido asesinado
el Revolucionario Lécuyer en una iglesia, algunos ciudadanos reputados de
ser partidarios del papa, fueron llevados a un antiguo palacio papal y
estrangulados (16-17 de Octubre de 1791). Calvados fue también la escena de
serios disturbios.
La Asamblea Legislativa, en lugar de reparar los errores
de la Asamblea Constituyente, continuó con la cuestión de los curas no
juramentados. El 29 de Noviembre, a propuesta de François de Neufchâteau,
decidió que si dentro de ocho días no prestaban el juramento civil, serían
privados de todo salario, que serían puestos bajo la vigilancia de las
autoridades, que si generaban problemas en los alrededores de donde ellos
residían serían enviados afuera, que serían encarcelados por un año si
persistían en la posición y por dos años si eran convictos de provocar
desobediencia al rey. Finalmente prohibió a los sacerdotes no juramentados
el ejercicio legal del culto. También requirieron de los directorios
departamentales listas de los juramentados y de los no juramentados, que
ello podría, como decír, "pisotear la rebelión que se encubría bajo una
pretendida disidencia en el ejercicio de la religión Católica". Por lo tanto
su decreto finalizaba en una amenaza. Pero este decreto tenía el objetivo de
agudizar el conflicto entre Luis XVI y la Asamblea. El 9 de Diciembre de
1791, el rey hizo conocer su veto oficialmente. Los partidos se comenzaron a
formar. Por un lado estaba el rey y los Católicos fieles a Roma, del otro la
Asamblea y los sacerdotes que habían jurado. El poder legislativo estaba de
un lado, el ejecutivo de otro. En marzo de 1792, la Asamblea acusó a los
ministros de Luis XVI; el rey los reemplazó por un ministerio Girondino
encabezado por Dumouriez, con Roland, Servan, y Clavière entre sus miembros.
Ellos tenían una doble política: al exterior, guerra con Austria, en el
interior, medidas contra los sacerdotes no juramentados. Luis XVI, rodeado
de peligros, fue también acusado de dualidad; sus negociaciones secretas con
las cortes extranjeras hicieron posible que sus enemigos dijeran que él ya
había conspirado contra Francia.
Una Carta papal del 19 de Marzo de 1792, renovó la condena
de la Constitución Civil e impuso excomunión mayor a todos aquellos
sacerdotes juramentados que no se retractaran dentro de los sesenta días, y
a todos los Católicos que permanecieran fieles a estos sacerdotes. La
Asamblea respondió con el Decreto del 27 de Mayo de 1792, declarando que
todos los sacerdotes no juramentados podían ser deportados por el directorio
de sus departamentos a pedido de veinte ciudadanos, y si ellos volvieran
después de la expulsión se expondrían a diez años de prisión. Luis vetó este
decreto. Por tanto se arribó a una disputa no solamente entre Luis XVI y la
Asamblea, sino también entre el rey y sus ministros. El 3 de Junio de 1792,
la Asamblea decretó la formación de un campamento cerca de París, con 20.600
voluntarios para hacer guardia al rey. En el consejo ministerial Roland leyó
una carta insultante para Luis, en la cual le demandaba sancionar los
decretos de Noviembre y Mayo contra los sacerdotes no juramentados. Él fue
despedido, con lo cual el pueblo de París llegó e invadió las Tullerías (20
de Junio de 1792), y por varias horas el rey y si familia fueron objeto de
todo tipo de ultrajes. Después del manifiesto público del Duque de Brunswick
en el nombre de los poderes coaligados contra Francia (25 de Julio de 1792)
y de la declaración de la Asamblea de "Tierra Patria en peligro" se
produjeron peticiones para la deposición del rey, quien fue acusado de estar
en comunicación con los dirigentes extranjeros. El 10 de Agosto, Santerre,
Westermann, y Fournier l'Américain, a la cabeza de la guardia nacional,
atacaron las Tullerías defendidas por 800 Suizos. Luis se rehusó a
defenderse, y con su familia buscó refugio en la Asamblea Legislativa. La
Asamblea aprobó un decreto que suspendía los poderes del rey, preparó un
borrador del plan de educación para el delfín, y convocó a la convención
nacional. Luis XVI fue encarcelado en el Temple por orden de la insurrecta
Comuna de París.
La locura se esparció a través de Francia causada por el
peligro que amenazaba desde afuera; se multiplicaron los arrestos de
sacerdotes no juramentados. En un esfuerzo por hacerlos rendirse, la
Asamblea decidió (15 de Agosto) que el juramento debía consistir solamente
en la promesa de sostener con toda su fuerza la libertad, igualdad, y
ejecución de la ley, o morir en su puesto. Pero los sacerdotes no
juramentados se mantuvieron firmes y rehusaron aún este segundo juramente.
El 26 de Agosto la Asamblea decretó que dentro de los quince días debían ser
expulsados del reino, que aquellos que permanecieran o regresaran a Francia
debían ser deportados a la Guayana, o serían pasibles de diez años de
prisión. Entonces extendieron esta amenaza a los sacerdotes que, no teniendo
funciones sacerdotales públicamente reconocidas, hubieran sido dispensados
hasta ese entonces del juramento, declarando que ellos también podían ser
expulsados si fueran convictos de haber provocado disturbios. Esta fue la
señal para una verdadera guerra civil. Los campesinos se armaron en La
Vendée, Deux Sèvres, Loire Inférieure, Maine y Loire, Ile y Vilaine. Estas
noticias y las de la invasión de Champagne por el ejército Prusiano causaron
ocultas influencias, levantando al pueblo de París y de allí las masacres de
Setiembre. En las prisiones de La Force, el Conciergerie, y el Abbaye Saint
Germain, por lo menos 1500 mujeres, sacerdotes y soldados cayeron bajo el
hacha o el garrote. El celebrado tribuno, Danton, no puede ser totalmente
exculpado de complicidad en estas masacres. La Asamblea Legislativa finalizó
esta carrera con dos medidas contra la Iglesia: privó a los sacerdotes del
derecho de registrar nacimientos etc., y autorizó el divorcio. Laicizar el
estado civil no estaba en la mente de los Constituyentes, pero fue el
resultado del bloqueo de la Constitución Civil del Clero. La Asamblea
Legislativa fue inducida a promulgarla porque los Católicos fieles a Roma no
hubieran recurrido a los sacerdotes Constitucionales para el registro de
nacimientos, bautismos y defunciones.
V. La Convención; la República; El Reino
del Terror.
La apertura de la Convención Nacional (21 de setiembre de
1792) se produjo el día después de la victoria de Damouriez sobre las tropas
Prusianas en Valmy . El obispo constitucionalista, Grégoire, proclamó la
república en la primera sesión, fue rodeado en la asamblea por quince
obispos constitucionalistas y veintiocho sacerdotes constitucionalistas.
Pero llegó el momento en que los clérigos constitucionalistas estuvieron
también bajo sospecha ya que la mayoría de la Convención era hostil al
Cristianismo mismo. Tan pronto como el 16 de Noviembre de l792, Cambón
demandó que los salarios de los sacerdotes debían ser suprimidos y de allí
en adelante ninguna religión debía ser subsidiada por el estado, pero la
moción fue rechazada por el momento. De allí en más la Convención promulgó
todo tipo de medidas políticas arbitrarias: emprendió el juicio a Luis XVI y
el 2 de Enero de 1793 "tiró la cabeza del rey a Europa". Pero desde el punto
de vista religioso fue más tímida; temía molestar al pueblo de Saboya y
Bélgica, cuyas armadas se estaban aliado a Francia. Del 10 al 15 de marzo de
1793 irrumpieron insurrecciones en La Vendée, Anjou, y en una parte de
Britania. Al mismo tiempo Dumouriez, habiendo sido derrotado en Neerwinden,
buscó volver su ejercito contra la Convención, y él mismo trató de atacar a
los Austríacos. La Convención se asustó, instituyó un Tribunal
Revolucionario el 9 de Marzo y el 6 de Abril el Comité de Seguridad Publica;
fueron establecidos pues dos formidables poderes.
Se tomaron medidas crecientemente severas principalmente
contra los clérigos no juramentados. El 18 de Febrero de 1793, la Convención
votó un premio de cien libras para cualquiera que denunciara a un sacerdote
pasible de deportación o que permaneciera en Francia a pesar de la ley. El 1
de Marzo los émigrés fueron sentenciados a destierro perpetuo y sus
propiedades confiscadas. El 18 de Marzo fue decretado que cualquier émigrés
o sacerdote deportado arrestado en suelo Francés debía ser ejecutado dentro
de las 24 horas. El 23 de Abril fue promulgado que todos los eclesiásticos,
sacerdotes o mojes, que no hubieran prestado el juramento prescripto por el
Decreto del 15 de Agosto de 1792, debía ser transportados a Guayana; aún los
sacerdotes que hubieran prestado el juramento serían tratados igual si seis
ciudadanos los denunciaran por fallas en su ciudadanía. Pero a pesar de
todas estas medidas los sacerdotes no juramentados permanecieron fieles a
Roma. El papa había mantenido en Francia un internuncio oficial, el Abbé de
Salamon, quien permaneció oculto y cumplió sus deberes con peligro de su
vida, dio información concerniente a los eventos y trasmitió ordenes. Los
procónsules de la Convención Fréron y Barras en Marseilles y Toulon, Tallien
en Bordeaux, Carrier en Nantes, perpetraron masacres abominables. En París,
el Tribunal Revolucionario, siguiendo las propuestas del acusador público,
Doquier-Tinville, inauguró el Reino del Terror. La proscripción de los
Girondinos por los Montañeses (2 de Junio de 1793), marcó un progreso en la
demagogia. El asesinato del sediento de sangre y demagogo Marat, por
Charlotte Corday(13 de Julio de 1793) dio lugar a extravagantes
manifestaciones en honor a Marat. Pero las provincias no siguieron esta
política. Siguieron noticias de insurrecciones en Caen, Marsella, Lyon, y
Toulon: y al mismo tiempo los Españoles estaban en Roussillon, los
Piamonteses en Saboya, los Austríacos en Valenciennes y los Vendeanos
derrotaron a Kleber en Torfou (Septiembre de 1793). La enloquecida
Convención decretó la leva en masa; la Heroica resistencia de Valenciennes y
Mainz le dio tiempo a Carnot para organizar nuevos ejércitos. Al mismo
tiempo la Convención aprobó la Ley de los Sospechosos (17 de Setiembre de
1793), que autorizaba la prisión de casi cualquiera y como consecuencia de
la cual fueron apresados 30.000. La reina María Antonieta fue decapitada el
16 de Octubre de 1793. Catorce Carmelitas que fueron ejecutadas el 17 de
Julio de 1794 fueron declaradas Venerables por León XIII en 1902.
Desde un punto de vista religioso, una nueva
característica se presentó en este período: el clero constitucional, acusado
de simpatía hacia los Girondinos, se hizo casi tan sospechoso como los
sacerdotes no juramentados. Aparecieron numerosos conflictos entre los
sacerdotes constitucionales y las autoridades civiles con relación al
decreto de la Convención que no permitía a los sacerdotes preguntarle a
quienes intentaban casarse si eran bautizados, si se habían confesado o si
eran divorciados. Los obispos constitucionales no se someterían a la
Convención cuando les requirieran dar la bendición nupcial a sacerdotes
apóstatas. La mayoría de los obispos constitucionales permanecieron hostiles
al casamiento de los sacerdotes, a pesar del ejemplo del obispo
constitucional Thomas Lindet, un miembro de la Convención, que ganó el
aplauso de la Convención anunciando su matrimonio como del escándalo
generado por Gobel, Obispo de París, al designar a un sacerdote casado en un
puesto de París.. El conflicto entre ellos y la Convención se hizo notoria
cuando, el 19 de Julio de 1793, un decreto de la Convención decidió que los
obispos que directa o indirectamente pusieran cualquier obstáculo al
casamiento de sacerdotes deberían ser deportados y reemplazados. En Octubre
la Convención declaró que los sacerdotes constitucionales mismos debían ser
deportados si eran encontrados disminuidos en su actitud ciudadana. Las
medidas tomadas por la Convención para sustituir el viejo calendario
Cristiano por el calendario Revolucionario, y los decretos ordenando a las
municipalidades a apoderarse y fundir las campanas y los tesoros de las
iglesias, probaron que prevalecían ciertas corrientes tendientes a la
descristianización de Francia. Por una parte, el descanso de dècadi, cada
décimo día, reemplazó el descanso del Domingo, por otra, la Convención
comisionó a Leonard Bourdon (19 de Setiembre de 1793) a compilar una
colección de las acciones heroicas de los Republicanos para reemplazar las
vidas de los santos en las escuelas. Los "representantes misioneros",
enviados a las provincias, cerraron iglesias, persiguieron a ciudadanos
sospechosos de prácticas religiosas, intentaron obligar a los sacerdotes a
casarse, y amenazaron con la deportación por falta de ciudadanía a los
sacerdotes que rehusaron a abandonar sus puestos. Comenzó la persecución de
todas las ideas religiosas. A pedido de la Comuna de París, Gobel, Obispo de
París, y trece de sus vicarios renunciaron en la barra de la Convención (7
de Noviembre) y su ejemplo fue seguido por varios obispos constitucionales.
Los Montañeses, que consideraban el culto necesario, reemplazaron la Misa
Católica Dominical por la misa civil de décadi. Al fracasar en reformar o
nacionalizar el Catolicismo intentaron formar una especie de culto civil, el
desarrollo de un culto a la tierra patria, que había sido inaugurada en la
fiesta de la Federación. La Iglesia de Notre Dame de Paris se transformó en
templo de la Razón, y la fiesta de la Razón se celebro el 10 de Noviembre.
Las Diosas de la Razón y la Libertad no eran siempre las hijas del pueblo
bajo; frecuentemente provenían de las clases medias. Investigaciones
recientes han arrojado nueva luz sobre la historia de estos cultos. M.Aulard
fue el primero en reconocer que la idea de honrar la tierra patria, que tuvo
su origen en el festival de la Federación en 1790 dio paso a sucesivos
cultos. Profundizando, M.Mathiez desarrolló la teoría que los
Convencionales, enfrentados al bloqueo de la Constitución Civil, y testigos
del poder de las sucesivas fiestas de la Federación sobre la mente de las
masas, quisieron realmente crear un culte de la patrie, la sanción de una fe
en la tierra patria. El 23 de Noviembre de 1793, Chaumette aprobó una ley
enajenando todas las iglesias en la capital. Este ejemplo fue seguido en las
provincias, donde fueron cerradas al culto Católico, todas las iglesias de
las ciudades y una cantidad de las ubicadas en el campo. La Convención
ofreció una recompensa a los sacerdotes para que abjuraran, aprobando un
decreto que aseguraba una pensión a los que lo hicieran, y el más doloroso
día de aquel triste período fue el 20 de Noviembre de 1793, cuando hombres,
mujeres y niños vestidos con hábitos Sacerdotales extraídos de la Iglesia de
St. Germain des Prés marcharon a través del hall de la Convención. Laloi,
quien presidió, los felicitó, diciendo que ellos habían, "aniquilado
dieciocho siglos de error". A pesar del papel jugado por Chaumette y la
Comuna de París en el trabajo de violenta descristianización, M. Mathiez ha
probado que no es correcto asignar toda la responsabilidad a la Commune y a
los Exagérés, como fueron llamados, y que un Moderado, un Indulgente,
llamado Thuriot, el amigo de Danton, fue uno de los mas violentos
instigadores. Es por tanto claro porqué Robespierre, quien deseaba una
reacción contra estos excesos, debía atacar a ambos Exagérés e Indulgentes
En verdad, el movimiento reaccionario fue pronto evidente.
Ya desde el 21 de Noviembre de 1793, Robespierre se quejó de los "locos que
solamente podrían revivir el fanatismo". El 5 de Diciembre motivó a la
Convención a adoptar el texto del manifiesto a las naciones de Europa en el
cual los miembros declaraban que buscaban proteger la libertad de todos los
credos; el 7 de Diciembre, sostuvo la moción del comité de seguridad pública
que reportaba el mal efecto de la intolerante violencia de los
representantes misioneros en las provincias, y que prohibía en el futuro
todas las amenazas o violencia contrarias a la libertad de culto. Estos
decretos fueron la causa de la guerra entre Robespierre y entusiastas como
Hérbert y Clootz. Al principio Robespierre mandó a sus enemigos al cadalso;
Hérbert y Clootz fueron decapitados en Marzo de 1794, Chaumette y el Obispo
Gobel en Abril. Pero en ese mismo mes de Abril, Robespierre mandó al
patíbulo a los Moderados Desmoulins y Danton, quienes querían parar el
Terror y se convirtió en el amo de Francia, con sus segundos Couthon y
Saint-Just. M.Aulard considera a Robespierre como hostil a la
descristianización por motivos religiosos y políticos; explica que
Robespierre compartía la admiración por Cristo sentida por el Vicario de
Rousseau Savoyard y que temía el efecto maligno de la política anti-
religiosa de la Convención sobre los poderes de Europa. M.Mathiez, en
cambio, considera que Robespierre no condenaba en principio la
descristianización; que él conocía la común hostilidad hacia el Comité de
Seguridad Pública de Moderados como Thuriot y entusiastas como Hébert; y que
basado en información de Basire y Chabot sospechaba de que ambos partidos
promovían las fanáticas medidas de descristianización solamente para
desacreditar a la Convención en el exterior y así complotar más fácilmente
con los poderes hostiles a Francia. Las verdaderas intenciones de
Robespierre son todavía un problema histórico. El 6 de Abril de 1794,
comisionó a Couthon a proponer en el nombre del Comité de Seguridad Pública
que se instituyera una fiesta en honor al Ser Supremo, y el 7 de Mayo
Robespiere en persona destacó, en un largo discurso, el plan de la nueva
religión. Explicó que desde el punto de vista religioso y Republicano, la
idea de un Ser Supremo era ventajosa para el Estado, que la religión debía
ser dispensada del sacerdocio, y que los sacerdotes eran a la religión lo
que los charlatanes a la medicina, y que el verdadero sacerdote del Ser
Supremo era la Naturaleza. La Convención deseó hacer traducir este discurso
en todos los idiomas y dictó un decreto del que el primer artículo era: "El
pueblo Francés reconoce la existencia del Ser Supremo y la inmortalidad del
alma". El mismo decreto establece que se mantiene la libertad de culto pero
agrega que en caso de disturbios causado por el ejercicio de la religión,
aquellos que "exciten mediante prédicas fanáticas o con innovaciones contra
Revolucionarias" debían ser castigados acorde all rigor de la ley. Por lo
tanto la condición de la Iglesia Católica permaneció igualmente precaria y
el primer festival del Ser Supremo fue celebrado a través de toda Francia el
8 de Junio de 1794 con un agresivo esplendor. Mientras que los Exagérés
deseaban simplemente destruir el Catolicismo, y en sus templos de la Razón
se enseñaban más doctrinas políticas que morales. Robespierre deseaba que la
religión cívica tuviera un código moral que él basaba en dos dogmas: el de
Dios y el de la inmortalidad del alma. Él era de la opinión que la idea de
Dios tenía un valor social, que la moralidad pública dependía de ella y que
los Católicos sostendrían más dispuestos la república bajo los auspicios del
Ser Supremo.
Las victorias de los ejércitos republicanos, especialmente
el de Fleurus (Julio de 1794), reforzaron a los patriotas de la Convención;
aquellos de Chalet, Mans y Savenay, marcaron la contención de la
insurrección Vandeana. Lyons y Toulon fueron recapturados, Alsacia fue
liberada, y la victoria de Fleurus (26 de Junio de 1794) entregó Bélgica a
Francia. Mientras el peligro externo estaba disminuyendo, Robespierre
cometió el error de poner a votación en Junio, la terrible ley de 22
Prairial, que acortaba aún más el procedimiento sumario del tribunal
Revolucionario y permitía que la sentencia fuera aprobada casi sin juicio
aún sobre los miembros de la Convención. La Convención sintió miedo y al día
siguiente quitó esta última cláusula. Montañeses como Tallien, , Billaud-Varenne,
y Collot d'Herbosi, amenazados por Robespierre, se unieron con Moderados
como Boissy d'Anglas y Durand Maillane para producir el coup d'état of 9
Thermidor (27 de Julio de 1794). Robespierre y sus partidarios fueron
ejecutados, y la reacción Thermidoriana comenzó. La Comuna de París fue
suprimida, el Club Jacobino cerrado, el tribunal Revolucionario disuelto
después de haber enviado al cadalso al acusador público Fouquier-tinville y
al Terrorista, Carrier, el autor del aplastamiento de Nantes(noyades). La
muerte de Robespierre fue la señal para un cambio de política que probó ser
ventajosa para la Iglesia; muchos sacerdotes prisioneros fueron liberados y
muchos sacerdotes émigré retornaron. Ni una sola ley hostil al Catolicismo
fue derogada pero la aplicación de las mismas fue flexibilizada en gran
medida. La política religiosa de la Convención se tornó indecisa y
cambiante. El 21 de diciembre de 1794, un discurso del obispo
constitucional, Grégoire, reclamando una efectiva libertad de culto, levantó
violentos murmullos en la Convención, pero fue aplaudida por el pueblo; y
cuando en Febrero de 1795, los generales y comisarios de la Convención en
sus negociaciones con los Vendeanos les prometieron la restauración de sus
libertades religiosas, la Convención regresó a la idea sostenida por
Grégoire, y por sugerencia del Protestante, Boissy d'Anglas, aprobó la Ley
de 3 Ventôse (21 de Febrero de 1795), que marcó el afrancesamiento de la
Iglesia Católica. Esta ley estableció que la república no debía pagar
salario a los sacerdotes de ninguna religión, y que ninguna iglesia debía
ser reabierta, pero declaró que el ejercicio de la religión no debía ser
molestado, y prescribió penalidades para los que lo hicieran. Inmediatamente
los obispos constitucionales emitieron un Encíclica para el Establecimiento
del culto Católico, pero su reconocimiento fue debilitado. La confianza de
los fieles fue en cambio dada a los sacerdotes no juramentados que estaban
volviendo gradualmente. Estos sacerdotes fueron pronto tan numerosos que en
Abril de 1795, la Convención les ordenó partir dentro de un mes bajo pena de
muerte. Este fue un nuevo brote de anti-Catolicismo. Con la fluctuación que
de allí en adelante la caracterizó, la Convención hizo pronto un contra
movimiento. El 20 de mayo de 1795, el hall de la asamblea fue invadido por
la multitud y el diputado Féraud asesinado. Estas violencias de los
Extremistas dieron alguna influencia a los Moderados, y el 30 de Mayo, por
sugerencia del Católico Lanjuinais, la Convención decretó que (Ley de 11
Prairial) las iglesias no confiscadas debían ser puestas a disposición de
los ciudadanos para el ejercicio de su religión, pero que todo sacerdote que
deseara oficiar en esas iglesias debía previamente prestar un juramento de
sumisión a las leyes; aquelos que se rehusaran podían legalmente celebrar
servicios en casas privadas. Este juramento de sumisión a las leyes era
mucho menos serio que los juramentos anteriormente prescriptos por las
autoridades Revolucionarios, y el Abbé Sicard ha mostrado cómo Emery,
Superior General de St. Sulpice, Bausset, Obispo de Alais y otros
eclesiásticos estaban inclinados a una política de pacificación y a opinar
que podía prestarse este juramento.
Mientras parecía estar favoreciendo una política más
tolerante la Convención obtuvo éxitos diplomáticos, como recompensa de las
victorias militares: los tratados de París con Toscana, los de la Haya con
la República de Batavia(Holanda), de Basilea con España, dieron como
fronteras a Francia los Alpes, el Rin y el Mosa. Pero la política de
pacificación religiosa no estaba durando. Ciertos períodos de la historia de
la Convención justifican la teoría de M. Champion de que ciertas medidas
religiosas tomadas por los Revolucionarios fueron forzadas por las
circunstancias. El control de los descendientes de los émigrés en las costas
Bretonas por Hoche en Quiberon, originó nuevos ataques sobre los sacerdotes.
El 6 de setiembre de 1795 (ley de 20 Fructidor), la Convención exigió el
juramento de las leyes aún a los sacerdotes que oficiaban en casas privadas.
La insurrección Realista del 13 Vendémiaire, aplastada por Bonaparte,
provocó un muy severo decreto contra los sacerdotes deportados que fueran
encontrado en territorio Francés; serían sentenciados a destierro perpetuo.
Por lo tanto, al momento que se disolvió la Convención, las iglesias estaban
separadas del Estado. En teoría el culto era líbre; la Ley del 29 de
Setiembre de 1795 (7 Vendémiaire), sobre política religiosa, aunque lejos de
satisfacer al clero, fue sin embargo una mejora sobre las leyes del Terror,
pero la aranquía y el espíritu de persecución todavía alteraban a todo el
país. No obstante Francia le debe a la Convernción una serie de creaciones
perdurables: el Registro Contable de la Deuda Pública, la Escuela
Politécnica, el Conservatorio de Artes y Oficios, el Departamento de
Longitudes, el Instituto de Francia, y la adopción del sistema decimal de
pesos y medidas. Los vastos proyectos diseñados con relación a la educación
primaria, secundaria y superior casi no tuvieron resultados.
VI. El Directorio
En virtud de la llamada "Constitución del año III",
promulgada por la Convención el 23 de Setiembre de 1795, un Directorio de
cinco miembros (27 de Octubre de 1795) se convirtió en el ejecutivo, y los
Concejos de los Quinientos y de los Ancianos, en el poder legislativos. En
ese momento los tesoros públicos estaban vacíos, lo cual fue una razon por
la cual el pueblo comenzó gradualmente a sentir la necesidad de un fuerte
poder restaurador. Los Directores Carnot, Barras, Letourneur, Rewbell, La
Reveillière-Lépeaux eran adversos al Cristianismo, y en la separación de la
Iglesia y el Estado vieron solamente el medio de aniquilar la Iglesia. Ellos
deseaban que aún el episcopado Constitucional, del que no podían negar la
adhesión al nuevo régimen, debía ser extinguido gradualmente, y trataron de
prevenir la elección de sucesores de los obispos constitucionales cuando
estos murieran, y multiplicaron las medidas contra los sacerdotes no
juramentados. El Decreto del 16 de Abril de 1796, que convirtió en pena de
muerte a la correspondiente por provocar cualquier atentado para derrocar al
gobierno Republicano fue una amenaza pendiente a perpetuidad sobre las
cabezas de los sacerdotes no juramentados. Que lo que los Directores
realmente deseaban era poner obstáculos en el camino de todas las clases de
religión, a pesar de las declaraciones teóricas afirmando la libertad de
culto, queda probado por la Ley del 11 de Abril de 1796, que prohibía el uso
de campanas y toda clase de convocatoria pública para el ejercicio de la
religión, bajo pena de un año de prisión, y , en caso de una segunda ofensa,
la pena era la deportación. Cuando el Directorio averiguó que a pesar de la
interferencia policial, algunos obispos no juramentados estaban oficiando
públicamente en París, y que antes de finales de 1796 se habían abierto más
de treinta iglesias y oratorios a los sacerdotes no juramentados en París,
presentó ante los Quinientos un plan el cual, después de veinte días,
permitía la expulsión del suelo Frances, sin la admisión del juramento
prescripto por la Ley de Vendémiaire, de todos los sacerdotes que no
hubieran prestado el Juramento Constitucional prescripto en 1790, o el
Juramento de Libertad e Igualdad prescripto en 1792; aquellos que después de
tal tiempo fueran encontrados en Francia serían ejecutados. Pero en medio de
las discusiones que originó este proyecto, se descubrió la conspiración
Socialista de Babeuf, lo que mostró que el peligro estaba en la Izquierda; y
el 5 de Agosto de 1796, el terrible proyecto que solamente había sido
aprobado con mucha dificultad por los Quinientos, fue rechazado por los
Ancianos.
El Directorio comenzó a sentir que su política de
persecución religiosa no era más seguida por los Concejos. Conoció también
que Bonaparte, quien llevaba a los ejércitos del Directorio en Italia de
victoria en victoria, demostraba consideración por el papa. Además, los
mismos electores mostraban que deseaban un cambio de política. Las
elecciones del 20 de mayo de 1797, causaron un cambio en la mayoría
predominante en los Consejos desde la Izquierda hacia la Derecha. Pichegru
se convirtió en presidente de los Quinientos, un Realista, Barthélemy, se
convirtió en uno de los Cinco Directores. Las violentas discusiones que
tuvieron lugar desde el 26 de Junio al 18 de Julio, en las cuales se
distiguió Royer Collard, llevaron a votación la propuesta del diputado
Dubruel para la abolición de todas las leyes contra los sacerdotes no
juramentados aprobadas desde 1791. Los Directores, alarmados por lo que
consideraron un movimiento reaccionario, comisionaron al General Augereau a
efectuar el coup d'état de 18 Fructidor (4 de Setiembre de 1797); fueron
anuladas las elecciones de 49 departamentos, Dos Directores, Carnot y
Barthélemy, proscriptos, 53 diputados deportados , y restaurada la vigencia
de las leyes contra los émigré y los sacerdotes no juramentados. Tuvo lugar
una caza organizada de estos sacerdotes a través de toda Francia; el
Directorio arrojó a cientos de ellos a la insana costa de Sinnamary,
Guayana, donde murieron. Al mismo tiempo, el Directorio comisionó a Berthier
para efectuar un ataque a los Estados Papales y al papa de lo que Bonaparte
se había refrenado. La República Romana fue proclamada en 1798 y Pío VI fue
llevado prisionero a Valence. Se renovó en Francia una especialmente odiosa
persecución contra las ancestrales costumbres Cristianas; se la conoció como
la persecución décadaire. Funcionarios y municipalidades fueron llamados a
abrumar con vejaciones a los partidarios del Domingo y a restaurar la
obsevancia del décadi. El descanso de este día se convirtió en obligatorio
no solamente para las administraciones y escuelas, sin también para el
comercio y la industria. Los casamientos sólo podían celebrarse el décadi en
la ciudad principal de cada canton.
Otra aventura religiosa de este período fue la de los
Teofilantropistas, que deseaban crear una iglesia espiritualista sin dogmas,
milagros, sacerdocio o sacramentos, una especie de vaga religiosidad,
similar a las "sociedades éticas" de los Estados Unidos. Contrariamente a lo
que ha sido aseverado por cien años, M. Mathiez ha probado que el
Teofilantropismo no fue fundado por el director La Réveillière-Lépeaux. Fue
una iniciativa privada del antiguo Girondino, el librero Chemin Dupontés,
quien dio nacimiento a este culto; colaboraron con él Valentine Hauy,
instructor de ciegos y antiguo Terrorista, y el fisiócrata Dupont de Nemours.
Durante los comienzos de su existencia, la nueva Iglesia fue perseguida por
los agentes de Cochon, Ministro de Policía, quien era instrumento de Camot,
y fue solamente al poco tiempo, después del coup d'état de 18 Fructidor ,
que los Teofilantropistas se beneficiaron por la protección de La
Réveillière. Los Teofilantropistas sufrieron y fueron perseguidos en
proporcion con los esfuerzos del Directorio por el culte décadaire; en
Paris, fueron a veces tratados aún peor que los Católicos, a los sacerdotes
Católicos se les permitía a veces ocupar los edificios conectados con
ciertas iglesias mientras que a los Teofilantropistas se los desalojaba. En
una curiosa memoria escrita después del 18 Fructidor titulada "Des
circonstances actuelles qui peuvent terminer la Revolution et des principes
qui doivent fonder la Républic en France", la famosa Madame de Stael,
quien era Protestante, se declaró a si misma contra la Teofilantropía; como
muchos Protestantes, ella tenía la esperanza que el Protestantismo se
convirtiera en la religión de Estado de la República. A través de su torpeza
y su odiosa política religiosa el Directorio se expuso a serias
dificultades. Perturbados por las innovaciones anti-religiosas, las
provincias Belgas se sublevaron; 6000 sacerdotes fueron proscriptos.
Bretaña, Anjou y Maine se rebelaron nuevamente, ganando sobre Normandía. El
prestigio de los ejércitos Franceses en el exterior eran sostenidos por
Bonaparte en Egipto, pero eran odiado en el Continente y en 1799 fueron
obligados a evacuar la mayor parte de Italia. El retorno de Bonaparte y el
coup d'état del 18 Brumaire (10 de Noviembre de 1799) fueron necesarios para
fortalecer la gloria de los ejércitos Franceses y para restaurar la paz al
país y a las conciencias.
TOURNEUX, Bibl. de l'hist. de Paris pendant la
Révolution (Paris, 1896-1906); TUETEY, Répertoire des sources
manuscrites de l'hist de Paris sous la Révolution, 7 vols. Ya publicado
(Paris, 1896-1906); FORTESCUE, Lista de tres colecciones de libros,
panfletos y diarios relativos a la Revolución Francesa en el Museo Británico
(Londres, 1899). Reimpresión del Moniteur Universel (1789-99); las dos
colecciones en curso de la publicación de Documents inédits sur l'hist.
économique de la Révolution française; y Documents sur l'hist. de
Paris pendant la Révolution française; los trabajos de BARRUEL (q.v.);
BOURGIN, La france et Rome de 1788 à 1797, regeste des dépêches du
cardinal secrétaire d'état, tirée du fond des "Vescovi" des archives
secrètes du Vatican (Paris, 1909), fasc. 102 de la Biblioteca de las
Escuelas Francesas de Atenas y Roma; entre las numerosas memorias sobre
Francia en vísperas de la Revolución puede mencionarse: YOUNG, Viajes en
Francia, ed. BETHAM-EDWARDS (London, 1889); y sobre la Revolución
propiamente dicha: Mémoires de l'internounce Salamon, ed. BRIDIER
(Paris, 1890); GOUVERNEUR MORRIS, Diario y Cartas (Nueva York, 1882); Un
séjour en France 1792 à 1795, lettres d'un témoin de la Révolution
française, tr. TAINE (Paris, 1883); el trabajo del famoso BURKE,
Reflexiones sobre la Revolución Francesa, ed, SELBY (Londres, 1890),
mantiene una importante critica de las ideas Revolucionarias.
Trabajos Generales - THIERS, Hist. de la Révolution
française (tr. Paris, 1823-27); MIGNET, Hist. de la Révolution
française (Paris, 1824); MICHELET, Hist. de la Révolution française
(Paris, 1847-1853); LOUIS BLANK, Hist. de la Révolution française
(Paris, 1847-1863; TOCQUEVILLE, L'ancien régime et la Révolution
(Paris, 1856); TAINE, Les Origines de la France contemporaine: la
Révolution (tr. Paris, 1878-84); SOREL, L'Europe et la Révolution
française (Paris, 1885-1904); SYBEL, Gesch. der Revolutionszeit
(Dusseldorf, 1853-57); CHUQUET, Les guerres de la Révolution (Paris,
1889-1902); AULARD, Hist. Politique de la Révolution française
(Paris, 1901); IDEM, Etudes et leçons sur la Révolution française
(Paris, 1893-1910); GAUTHEROT, Cours professés à l'Institut Catholique de
Paris sur la Révolution française, un periódico que apareció a fines de
1910 prometiendo ser muy importante; MADELIN, La Révolution (Paris,
1911), un resumen recomendable por la exactitud de su información y sus
esfuerzos por justicia en las cuestiones más delicadas; La Historia Moderna
de Cambridge, planeado por el fallecido LORD ACTON, II La Revolución
Francesa (Cambridge, 1904); MacCARTHY, La Revolución Francesa (Londres,
1890-97); Ross, Los Revolucionario y la Era Napleónica (Cambridge, 1907);
LEGG, Documentos Selectos Ilustrativos de la Historia de la Revolucion
Francesa (Oxford, 1905); GIBBS, Hombres y Mujeres de la Revolución Francesa
(Londres, 1905).
Monografías y Trabajos Especiales - AULARD, Taine,
historien de la Révolution française (Paris, 1907); COCHIN, La crise
de l'hist révolutionaire: Taine et M. Aulard (Paris, 1909); BORD, La
francmaçonnerie en France des origiines à 1815, bk. I, Les ouvriers de
l'idée révolutionaire (Paris, 1909); IDEM, La conspiration
révolutionnaire de 1789, les complices, les victimes (Paris, 1909);
FUNCK-BRENTANO, Légendes et archives de la Bastille (Paris, 1898);
MALLET, Mallet du Pan and the French Revolution (Londres, 1902);
FLING, Mirabeau y la Revolución Francesa (Londres, 1906); LENOTRE,
Mémoires et souvenirs sur la Révolution et l'Empire (Paris, 1907-9);
IDEM, Paris révolutionaire, vieilles maisons, vieux papiers (Paris,
1900-10); WARWICK, Robespierre y la Revolución Francesa (Filadelfia, 1909);
FUNCK-BRENTANO, Légendes et archives de la Bastille (Paris, 1898);
BLIARD, Fraternité révolutionnaire, études et récits d'après des
documents inédits (Paris, 1909); MORTIMER TERNAUX, Hist. de la
Terreur (Paris, 1862-1881); WALLON, Hist. du tribunal révolutionnaire
(Paris, 1880-2); IDEM, La journéedu 31 Mai et le fédéralisme en 1793
(Paris, 1886); IDEM, Les représentants en mission (Paris, 1888-90);
DAUDET, Hist. de l'émigration pendant la Révolution (Paris, 1904-7);
LALLEMAND, La Révolution et les pauvres (Paris, 1898); ALGER,
Ingleses en la Revolución Francesa (Londres, 1889); DOWDEN, La Revolución
Francesa y la Literatura Inglesa (Londres, 1897); CESTRE, La Révolution
française et les poètes anglais (Paris, 1906).
Historia Religiosa. - SICARD, L'ancien clergé de France
II,III (Paris, 1902-3) IDEM, L'éducation morale et civique avant et
pendant la Révolution (Paris, 1884); PIERRE DE LA GORCE, Hist.
religieuse de la Révolution française I (Paris, 1909); MATHIEZ, rome
et le clergé française sous la Constituante (Paris, 1911); IDEM, La
théophilanthropie et le culte décadaire (Paris, 1904); IDEM,
Contribution à l'histoire religieuse de la Révolution Française (Paris,
1907); IDEM, La Révolution et l'Eglise (Paris, 1910); AULARD, La
Révolution française et les congrégations (Paris, 1911); IDEM, Le
culte de la raison et le culte de l'Etre suprème (Paris, 1907); IDEM,
Le culte de la séparation de 'Eglise et de l'Etat en 1794 (Paris, 1903);
PIERRE, La Déportation ecclésiastique sous le Directoire (Paris,
1906). -
Enciclopedia
Católica
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi
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