Historia del Mundo
La formación de la España de los Reyes Católicos.

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Tratado de Tordesillas - Cristóbal Colón

. El tratado de Alcaçovas

A comienzos del siglo XIII, parte importante de los territorios que conformaban la futura España se hallaban en guerra contra los árabes, en lo que se ha denominado la Reconquista. Los dos mayores reinos, Castilla-León y Aragón-Cataluña, encabezaban la ofensiva contra los musulmanes y, a lo largo de esta centuria, lograron reducirlos a una región situada alrededor de Granada. Aminorado el peligro árabe, los diferentes reinos ibéricos se debatieron en querellas limítrofes (especialmente entre Castilla y Aragón) y una serie de conflictos motivados por las sucesiones dinásticas.

En medio de una tensa rivalidad castellano-aragonesa, en 1469 se efectuó el matrimonio entre Fernando, heredero de la corona de Aragón, e Isabel, hermana del rey de Castilla Enrique IV. Esta unión no contó con el consentimiento del rey de Castilla, quien designó a su única hija Juana "la Beltraneja" como sucesora. Cuando falleció Enrique IV en 1474, la nobleza castellana apoyó, valiéndose de intrigas cortesanas, el nombramiento de Isabel como legítima heredera al trono. Se trataba de evitar que Juana llegara al poder, a raíz de su compromiso matrimonial con Alfonso V de Portugal. Los nobles no veían con buenos ojos dicho enlace y se declaró la guerra entre ambos reinos ibéricos. Triunfante Castilla, se firmó el Tratado de Alcaçovas-Toledo (1479) mediante el cual se puso fin al conflicto, se ratificó a Isabel como soberana de Castilla y se confinó a Juana en un convento en Coimbra. De esa manera, se consolidó la doble monarquía española y se inició el largo reinado de Isabel y Fernando, llamados los Reyes Católicos. El gran mérito de los Reyes Católicos consistió en la restauración de la legitimidad del poder real por encima de la nobleza, sentando las bases del poderoso estado monárquico-territorial en que se convertiría España. Un primer paso era lograr la unidad lo que se inicia en 1474, con la subida de Isabel al trono de Castilla, y en 1479, con el advenimiento de Fernando al trono de Aragón, es una mera unión territorial, en función de lo cual se reiniciaron las hostilidades contra los musulmanes asentados en la región de Granada. En enero del año 1492, se rindió el último reducto de los moros en la península Ibérica, al caer la ciudad de Granada en manos de los españoles. Luego, con la colaboración directa del Papado y la temible Inquisición, los Reyes impusieron la unidad en torno a la fe católica, inaugurando un período de intolerancia religiosa cuya mejor expresión fue la expulsión de los judíos en el mismo año de 1492.

En el frente interno, la principal tarea de los Reyes fue la de acabar con los desórdenes. La creación de la Santa Hermandad -cuadrillas de vecinos encargadas de perseguir a los malhechores en el ámbito de su distrito-, resultó un medio eficaz para hacer sentir todo el peso de la justicia a quienes infringían las normas. Por otra parte, se reorganizaron los Concejos Municipales. En las ciudades y villas más importantes se nombraron corregidores, similares a los que se hicieran célebres en la América española colonial, y otros funcionarios como gobernadores y asistentes, quienes debían afianzar el orden público y terminar con la autonomía de los municipios. Para someter a las Cortes representativas de las ciudades que formaban parte de los reinos de Castilla y Aragón, los Reyes acudieron a tres mecanismos:

  1. Eliminación de sus adversarios políticos de las Cortes.

  2. Vigilancia permanente de las sesiones.

  3. Disminución del número de reuniones.

En tanto, las decisiones más relevantes fueron encomendadas a un reestructurado Consejo Real, donde participaban los Reyes. Así, la nobleza feudal fue desplazada de la privilegiada posición que había ocupado antes en el seno del Estado.

Finalmente, si bien el reinado de Fernando e Isabel terminó con la rivalidad entre Castilla y Aragón y trajo la paz a la Península, no se unificó a España bajo una sola corona. Efectivamente, tal como señala el historiador español Joseph Pérez, "se ha dicho que los Reyes Católicos fundaron la unidad nacional en España. Es un error que conviene desterrar.

Lo que se inicia en 1474, con la subida de Isabel al trono de Castilla, y en 1479, con el advenimiento de Fernando al trono de Aragón, es una mera unión personal. Las dos coronas siguen siendo independientes, a pesar de estar reunidas en la persona de sus respectivos soberanos. Las conquistas comunes pasan a integrar una u otra de las coronas; Granada, las Indias, Navarra, forman parte de la corona de Castilla; Nápoles, de la corona de Aragón. Buena prueba de aquella situación es lo que acontece después de la muerte de Isabel, en 1504. Don Fernando, entonces, no es más que rey de Aragón y sólo circunstancias particulares le permitieron seguir en la gobernación de Castilla como simple regente y no como rey. Hay que esperar el advenimiento de Carlos I, heredero de las coronas de Castilla y Aragón a la vez, para que los dos grupos de territorio queden bajo la autoridad de un soberano único, lo cual no implica ni mucho menos la unidad nacional".

La política exterior de los Reyes Católicos.

A diferencia del vecino reino de Portugal, España careció durante la época de los Reyes Católicos de una política de expansión ultramarina atlántica, a pesar de su ventajosa ubicación geográfica. Ello se debió fundamentalmente al hecho que Fernando de Aragón representaba a un reino que a partir del siglo XIII miraba hacia el Mediterráneo occidental y, en especial, hacia el reino de Nápoles, además de las islas Baleares y Cerdeña. El motivo de esta atracción era la riqueza del mundo italiano, su banca y ciudades y el dominio de las rutas comerciales del trigo y las especias.

La expansión del reino de Aragón y Cataluña por el Mediterráneo alcanzó su punto máximo cuando, en 1504, se incorporó Nápoles al territorio aragonés. A raíz de esto, puertos como Barcelona y Valencia se transformaron en prósperos centros de intercambio y grandes constructores de barcos. Esta vocación mediterránea implicó, asimismo, que los fondos de la corona se destinaran a empresas militares que se llevaban a cabo en torno a dicho mar para dominar el territorio italiano y mantener a raya el poderío turco que crecía en África del Norte. Por lo tanto, en la época de los Reyes Católicos no había dinero para costear expediciones exploratorias en el Atlántico. Salvo el control de las islas Canarias, España no se interesó en adentrarse por el vasto Océano y dejó el camino abierto a los portugueses.

Una vez finalizada la guerra que enfrentó a Castilla con Portugal (1479), la política de los Reyes Católicos tendió al mantenimiento de buenas relaciones con su vecino. Hubo una serie de uniones matrimoniales y tratados para preservar la paz. Dada la rivalidad entre España y Francia por la posesión de territorios del Rosellón, Italia y Navarra, no era conveniente enemistarse con Portugal, pues habría significado tensión en prácticamente todas las fronteras españolas.

Un tercer aspecto de la política exterior de los Reyes Católicos tuvo que ver con la expansión americana. Sin embargo, en un principio esta no constituyó una prioridad para los monarcas, preocupados antes que nada de mantener relaciones amistosas con Portugal, reino que hasta entonces encabezaba el proceso de expansión europea. De hecho, entre las cláusulas que contemplaba el tratado de Alcaçovas-Toledo, firmado en 1479 entre ambas coronas, figuraba la prohibición de realizar exploraciones al sur de las Islas Canarias por parte de España.

Ahora bien, los descubrimientos portugueses en África y Asia realizados a partir de la segunda mitad del siglo XV, constituyeron una escuela de aprendizaje en las artes de la navegación para muchos capitanes y hombres de mar. Entre quienes navegaron bajo los auspicios de la Casa de Avis destacaron Cristóbal Colón, Américo Vespucio y Hernando de Magallanes, todos los cuales con el tiempo llegarían a prestar sus servicios a la corona española. ¿Pero qué motivó a los Reyes Católicos a contratar a estos marinos en medio de conflictos bélicos contra los moros y en Italia? La respuesta nos revela la importancia que en determinado momento puede alcanzar un personaje en la historia, pues de no ser por el tesón y la perseverancia de don Cristóbal Colón, difícilmente los españoles se habrían incorporado de la manera que lo hicieron al proceso expansivo y accedido al continente americano.

En efecto, tras varios años de tramitación y dos informes de consejeros de los monarcas que rechazaron el proyecto colombino de llegar a la India por el occidente, los Reyes Católicos resolvieron respaldar al navegante genovés. En abril de 1492 firmaron un contrato con Cristóbal Colón, denominado Capitulaciones de Santa Fe, mediante el cual se le otorgaron una serie de concesiones y títulos sobre los territorios que eventualmente se descubriesen. De esta manera, España se involucró en la aventura de la expansión ultramarina; aventura que se inició después del regreso de Colón de su célebre primer viaje y que permitiría emprender la exploración y explotación del "Nuevo Mundo", como fue bautizado el continente americano.

El reparto del mundo: El tratado de Alcaçovas-Toledo.

Portugal, en su calidad de principal Estado monárquico empeñado en el reconocimiento de las islas atlánticas y las costas africanas, durante la década de 1470 se vio enfrentado a una serie de problemas con España. Una vez concluida una guerra favorable a los españoles, representantes de ambos Estados firmaron un acuerdo de paz en la localidad portuguesa de Alcaçovas (4 de septiembre de 1479). Luego este tratado sería ratificado en Toledo en marzo de 1480.

 


 

El tratado de Alcaçovas-Toledo se centraba en dos aspectos: 1) cláusulas relativas a acuerdos matrimoniales y de sucesión y 2) un acuerdo de paz perpetua entre Portugal y España. En cuanto a lo segundo, el convenio incluía algunas regulaciones en torno a la navegación por el Atlántico, de manera que no hubiese discrepancias futuras en el dominio de las rutas atlánticas. Concretamente, se adjudicó a los reyes de Portugal todas las tierras descubiertas y cuantas se hallasen en adelante "de las islas de Canaria para abajo contra Guinea", con la única excepción de las propias islas Canarias que quedaban para Castilla. De esa manera, los monarcas españoles reconocieron la supremacía portuguesa en África y se comprometieron a no enviar expediciones hacia aquellas zonas sin el consentimiento de los reyes de Portugal.

En función de la expansión europea, lo realmente importante de este tratado radica en el hecho que por primera vez las dos coronas que encabezarían este proceso tuvieron que negociar el reparto de los espacios marítimos atlánticos que se estaban abriendo. Asimismo, se sentó un precedente para futuras negociaciones entre España y Portugal, cuyo punto más alto fue el acuerdo logrado en Tordesillas en 1494.

Las Bulas de Donación del papa Alejandro VI.

La llegada de Cristóbal Colón a América causó más de una molestia en Portugal, pues según su rey Juan II se había transgredido el tratado de Alcaçovas-Toledo. Los españoles, por su parte, argumentaban no haber violado dicho tratado, pues Colón no había invadido el espacio marítimo situado al sur de las Canarias al navegar hacia el oeste. Se sucedieron entonces las reuniones diplomáticas, pero sin resultados. En 1493, los Reyes Católicos acudieron al papa Alejandro VI, para que mediara y pusiera fin a la controversia que se había generado.

A partir de mayo del mismo año, el papa dictó cinco bulas conocidas como las Bulas de Donación a los Reyes de Castilla. Tal como señalan Charles Verlinden y Florentino Pérez-Embid, "en ellas Alejandro VI hizo a Fernando e Isabel, reyes de Castilla, la donación de las tierras que acababan de ser descubiertas, la concesión allí de privilegios como los ostentados por los reyes portugueses en su zona africana, y sobre todo mandaba que la partición de zonas se hiciera por medio de una raya vertical a cien leguas de las Azores y Cabo Verde". Al mismo tiempo, estas bulas de Alejandro VI constituyeron el último gran acto de soberanía universal del pontificado romano.

A grandes rasgos, las bulas estipulaban lo siguiente:

  1. Bula Inter coetera (3 de mayo de 1493): donó a los Reyes Católicos las tierras situadas al occidente que no pertenecieran a otros príncipes cristianos.

  2. Bula Eximiae devotionis (3 de mayo de 1493): ratificó y clarificó las concesiones hechas a los Reyes de Castilla por la bula anterior.

  3. Segunda Bula Inter coetera (4 de mayo de 1493): fijó una línea demarcatoria entre los territorios pertenecientes a España y Portugal, situada a cien leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde. Dado que la latitud de ambos archipiélagos es diferente, la línea no era derecha y no se podía utilizar un meridiano para precisar la demarcación. Ello daría origen al Tratado de Tordesillas de 1494.

  4. Bula Piis fidelium (25 de junio de 1493): concedió a fray Bern

El Tratado de Tordesillas.

Las Bulas de Donación del papa Alejandro VI no solucionaron la controversia que se había iniciado entre españoles y portugueses tras el primer viaje de Cristóbal Colón. Por el contrario, los problemas prosiguieron a raíz de dos factores: por una parte, la línea demarcatoria propuesta por el papa en la segunda Bula Inter coetera -100 leguas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde- resultaba no ser una línea recta y era difícil de concebirla en la práctica; por otra, Portugal no aceptó esta división argumentando que era imposible respetar las 100 leguas al oeste de estas islas, ya que la navegación portuguesa requería abrirse más hacia el oeste para aprovechar los vientos atlánticos y poder así dar la vuelta al continente africano.

La presión del rey portugués Juan II tuvo sus frutos, de manera que los Reyes Católicos aceptaron buscar un nuevo acuerdo. Se convocó a representantes de ambas coronas a la localidad castellana de Tordesillas para el mes de junio de 1494. Ahí se llevaron a cabo las negociaciones, donde los lusitanos impusieron hábilmente sus criterios a los representantes de los Reyes Católicos. El 7 de junio se firmó el tratado de Tordesillas, cuyas cláusulas más significativas eran:

  • Se fijó el meridiano de partición del Océano Atlántico a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, sin hacer referencia a las Azores. De esta forma, España tendría el dominio del hemisferio occidental y Portugal del oriental. Se había concretado así un verdadero reparto del mundo entre estas dos coronas.

  • Ambas partes se comprometieron a realizar exploraciones y ocupaciones sólo en el hemisferio que le correspondía de acuerdo al tratado, aunque se autorizó a los barcos castellanos a atravesar la zona portuguesa en los viajes de regreso a España provenientes del Nuevo Mundo.

    Para concluir este reparto del mundo que se estaba recién conociendo, en 1529 las coronas de España y Portugal volvieron a negociar en Zaragoza, para resolver el dominio de la otra mitad del planeta. Ello, porque el viaje de Hernando de Magallanes y Sebastián Elcano había permitido a los españoles acceder a las Indias Orientales por el oeste, que en ese momento estaban adjudicadas a los portugueses. El Tratado de Zaragoza del 22 de abril de 1529 delimitó exactamente la zona de influencia portuguesa en Asia y terminó con las desavenencias que se habían producido con su vecino.

Mapa del mundo después de Tordesillas


 

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