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010511 - Nos hemos acostumbrado a una jornada laboral de 8 horas, tanto, que inconscientemente nos olvidamos que no siempre fue así. Antes de eso las jornadas eran de 18 horas, aunque hoy nos resulte espantoso

E
n estas mismas fechas hace aproximadamente 120 años un grupo de personas y dirigentes luchaban valientemente para hacerlo posible...

La revolución industrial indudablemente trajo consigo un desarrollo inusitado de la economía y de la tecnología pero paralelamente a ese desarrollo, se trasladó el esquema de trabajo de la sociedad agrícola en donde todo el núcleo familiar participaba del proceso productivo al nuevo modo de manufactura en las fábricas, en donde el obrero estaba sujeto a una jornada de trabajo de doce horas continuas, sin descanso y trabajando en serie.

En las fábricas trabajaban por igual hombres, mujeres, niños y ancianos, pero a diferencia del trabajo rural en donde cada cual adaptaba su productividad a sus fuerzas y posibilidades, en el nuevo modo de producción, los procesos de manufactura en serie exigían un horario común a toda la cadena. Así se mantuvo por años un esquema de explotación y un horario de trabajo extenuante de doce horas; que impedían por un lado la integración del trabajador a su núcleo familiar, la recuperación física del obrero y el disfrute del tiempo libre.

Hacia 1874, la idea de llevar a cabo acciones para conseguir una jornada de trabajo de ocho horas comenzó a extenderse desde distintos lugares y sectores de
Estados Unidos. Los pioneros en reaccionar fueron los obreros ferroviarios, quienes llevaron a cabo una huelga que por semanas involucró a 17 estados. Al poco tiempo se fueron sumando varias otras organizaciones, creándose en 1881 la Federación Americana del Trabajo (American Federation Labor, AFL), heredera de la anterior Federación de Gremios y Sindicatos.

Esta nueva Federación reiteró la petición de las ocho horas en sus congresos de 1882 y de 1883, exigiéndole incluso al Presidente de los
Estados Unidos que promulgara una ley nacional al respecto. También solicitaron el pronunciamiento de los partidos Demócrata y Republicano sin ningún resultado. Ante el fracaso de las gestiones, los trabajadores comenzaron a buscar nuevos caminos.
 

. Historia del 1ro de Mayo: Haymarket 1886 y el "Elemento Problemático"
.
Los ocho mártires de Chicago. Primero de Mayo de 1886

Así, la Federación Norteamericana del Trabajo acordó en su cuarto congreso, de 1884, realizar una huelga general el 1 de mayo de 1886. Mientras tanto, se debía luchar por conseguir de parte de los patrones y autoridades la nueva jornada; de no lograrse eso en esos años, se haría efectiva la huelga.

El llamado de la AFL fue acogido por los sindicatos, el movimiento fue tomando cuerpo a medida que se acercaba la fecha indicada, y los esfuerzos patronales por detener la iniciativa obrera prosperaban. El día señalado, la consigna ya estaba en boca de la mayoría de los trabajadores: "Ocho horas de trabajo, ocho de reposo y ocho para la recreación".

El 1 de mayo de 1886, en los Estados Unidos se declararon 5 mil movimientos laborales. Alrededor de 190 mil trabajadores iniciaron huelga y cerca de 150 mil obtuvieron su demanda con amenaza de paro.

A fines de mayo, otros 50 mil obreros lograron el reconocimiento legal de su nueva jornada de trabajo.

Sin embargo, estos logros no resultaron gratuitos. La represión se hizo sentir directamente en diversos lugares ese mismo día, produciéndose nueve muertos en la localidad de Milwaukee y enfrentamientos callejeros entre policías y manifestantes en Filadelfia, Louisville, St. Louis, Baltimore y Chicago. A estas ciudades pertenecía la mitad del total de obreros que entraron en huelga en ese país.

Paradojalmente, los hechos de mayor violencia no ocurrieron ese día 1 de mayo sino en los siguientes y no tuvieron relación directa con la convocatoria inicial, sino que fueron parte de un conflicto laboral específico.

El día 3 de mayo alrededor de 6 mil obreros madereros se reunieron en las inmediaciones de las fábricas de maquinarias agrícolas MC.Cormick. Al concurrir la policía en defensa de los rompehuelgas, el hecho se trasformó en un enfrentamiento de proporciones, sobre todo por la tensión acumulada durante esos días. El resultado del mitin fue: seis muertos y cerca de 50 heridos. Hessois Spies, periodista y testigo de los hechos, editó una circular denunciando los trágicos sucesos y llamando a la acción. Como respuesta ante su llamado, se acordó una movilización para el día 4, conocida como el mitin de Haymarket.

El lugar escogido estaba en un barrio de frigoríficos y aserradero cercano a una comisaría policial. El número de manifestantes se elevó casi a tres mil. Los oradores fueron Spies, Albert Parsons y Samuel Fielden, todos vinculados a grupos anarquistas y socialistas; pero sus discursos fueron moderados y el acto transcurrió sin incidentes. Sin embargo, al finalizar la jornada llegó al sitio de la reunión un grupo de 180 policías, ordenando retirarse a los asistentes. Fielden, desde el estrado, los increpó, señalando que el acto estaba autorizado y que, por lo tanto, debía finalizar normalmente. En medio de esa discusión, un desconocido lanzó un objeto contra el grupo de policías, produciéndose un gran estallido. Un oficial cayó muerto y varios policías quedaron heridos. La respuesta policial no se hizo esperar y pasado el desconcierto inicial abrieron fuego contra la multitud. El saldo fue 38 muertos y 115 heridos.

La represión se extendió a todo Chicago, por lo que las autoridades determinaron estado de sitio. Bajo el toque de queda se detuvo a cientos de trabajadores y dirigentes y así, los más destacados líderes anarquistas no tardaron en ser aprehendidos.

Se detuvo a más de mil personas, pero sólo a un pequeño grupo se inculpó por la bomba lanzada a los policías en el mitin de Haymarket. Ellos fueron: Hessois Auguste Spies, 31 años, periodista; Michael Schwab, 33 años, tipógrafo encuadernador; Georges Engel, 50 años, tipógrafo y periodista; Adolf Fischer, 30 años, periodista; Louis Ling, 22 años, carpintero; Samuel Fielden, 39 años, pastor metodista y obrero textil; Oscar Neebe, 38 años, periodista socialista.

Todos ellos, menos Parsons, fueron arrestados en pocos días y cada una de las detenciones fue acompañada de grandes despliegues policiales que dejaban al descubierto supuestos arsenales, municiones, depósitos de bombas, dinamita, literatura anarquista, etc. Todos, elementos que iban abonando el camino que tomaría la investigación de los sucesos del 4 de mayo.

El 21 de de mayo de 1888, se constituyó un tribunal especial a cargo del juez Joseph Gary y ante el cual acusaba el fiscal estatal J. Grinnell. En la primera audiencia del juicio se entregó voluntariamente el prófugo Parsons. Desde el comienzo, el comportamiento del juez y del fiscal fue parcial y en perjuicio de los acusados. Esta tendencia se vio reforzada al momento de seleccionar el jurado que debería actuar en la causa investigada. A diferencia de un procedimiento normal de escoger los miembros al azar, el juez Gary delegó esta función en un alguacil que seleccionó candidatos predispuestos en contra de los inculpados. Tal es así, que entre el jurado se encontraban familiares de policías afectados. Finalmente, con doce miembros compusieron el jurado que comenzó a conocer las pruebas el 14 de julio.

A éste se presentaron los sucesos de Haymarket como parte de un complot anarquista, explicando que la bomba que explotó en la concentración del 4 de mayo sería la primera de una serie de bombas que iban a ser lanzadas contra todos los locales policiales de Chicago. Para probar esta tesis, el fiscal recurrió a testigos falsos que la defensa no tardó en desenmascarar. A pesar de estas demostraciones, el juicio continuó raudamente, contando con el apoyo irrestricto de la prensa oficial, que había creado un clima hostil hacia los acusados y agitaba en la opinión pública la necesidad de un castigo ejemplar.

El 20 de agosto el jurado dictó sentencia: pena de muerte para siete de los acusados y 15 años de trabajo forzado para Neebe. En septiembre fue rechazada una primera apelación. El 9 de octubre el juez Gary confirmó la sentencia dictada por el jurado.

Una nueva apelación de la defensa, esta vez ante la Corte Suprema, alargó casi a un año la espera. En septiembre de 1887 fue rechazada. Entretanto, las presiones nacionales e internacionales se fueron sumando en demanda de indultos o de un nuevo proceso. Nada se obtuvo, sino la conmutación de dos de las penas de muerte (Fielden y Sollwab) por prisión perpetua. En vísperas de la ejecución se produjo la muerte de Louis Unge, la que fue presentada como suicidio. En todo caso, Unge apareció dinamitado en su celda.

Así, el 11 de noviembre, la fecha elegida para la ejecución, murieron Fischer, Engel, Parsons y Spies.

Con la distancia que da el tiempo transcurrido, los distintos analistas de los sucesos de Chicago han coincidido en que el proceso a "los ocho" se trató de un juicio político e ideológico del anarquismo. Más que juzgar los hechos del 4 de mayo, se pretendió sancionar una corriente política y sindical que crecía entre los obreros de la época.

Después de estos sucesos, muchas de las conquistas alcanzadas por los trabajadores en las primeras semanas de mayo, se perdieron en los meses siguientes, al percatarse los empresarios de la debilidad del movimiento. Así es que, para los trabajadores de Estados Unidos y del resto del mundo, la lucha por sus reivindicaciones debía continuar. El 1 de mayo de 1886 había señalado el inicio de la consecución de uno de los derechos laborales más básicos: Las ocho horas de trabajo. Su pleno ejercicio para todos los trabajadores del orbe tardaría muchos años en lograrse. Por eso, los mártires de Chicago y el 1 de mayo simbolizan, desde 1886 en adelante, el sacrificio en la lucha de los trabajadores por sus derechos

Relato de la ejecución

"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos... abajo la concurrencia sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... plegaria es el rostro de Spies, firmeza el de Fischer, orgullo el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita que la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora... los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantable..." -
José Marti (Corresponsal en Chicago de "La Nación" de Buenos Aires).

La Injusticia Social. Nada para festejar

América Latina es el continente más injusto del mundo:
20% de desempleo crónico estructural, subocupación, flexibilización unilateral. Precarización del trabajo, superexplotación y eliminación del derecho a la organización sindical y contratación colectiva en las zonas francas, 50 a 60% de trabajadores en la economía informal, congelamiento y eliminación de la contratación colectiva a través de los acuerdos anuales de gobiernos con empresarios y algunas cúpulas sindicales, como ha sido la práctica en México.

El 60% de los trabajadores ganan el salario mínimo que fluctúa entre 60 y 150 dólares mensuales y hacen falta de cuatro a seis salarios mínimos para cubrir la cesta básica de una familia tipo.

En América Latina se han privatizado los sistemas de seguridad social. En 11 países existen formas de reparto individual cuyo objetivo principal es crear un fondo de inversiones capitalistas con el ahorro forzado de los trabajadores. En algunos países este reparto se hace en forma integral como en Chile, impuesto por la dictadura militar de Pinochet, y en otros, de forma mixta como México, Argentina y Uruguay, a pesar de la oposición de los trabajadores.

Con pocas excepciones se sacrifican y deterioran los servicios sociales como son: la salud, la educación, la vivienda y la inversión en programas de infraestructura y desarrollo para pagar la deuda externa. Pagan más impuestos los trabajadores asalariados que los banqueros y empresarios. Entre el 30 y el 40% de nuestros presupuestos son destinados a pagar la deuda externa, otra parte importante se dedica a gastos militares y muy poco o nada a la inversión para el desarrollo y la deuda social.

Existe una súper explotación del trabajo de las mujeres, los jóvenes, los campesinos y una súper explotación del trabajo infantil. Si se eliminará el trabajo infantil y sustituyera por empleos dignos en nuestro continente, se eliminaría el desempleo y se podría estimular la economía productiva.

Algunos ejemplos claros de injusticia social en América - Datos del año 2009

Brasil
Está entre las "diez primeras economías" (¿...?) del mundo y es el cuarto país con mayor pobreza. En Brasil, 58 millones de personas sobreviven con menos de un dólar al mes

Argentina
H
asta pocos años fue el modelo de economía que exhibían Estados Unidos, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Este modelo condujo a una de sus peores crisis. En Argentina, por ejemplo, 1 de cada 4 niños debe trabajar para poder comer

Colombia
Cumplió con todos los deberes y obligaciones impuestas por los organismos financieros internacionales. Como consecuencia, actualmente los trabajadores y el pueblo sufren una doble violencia: la armada, que ha asesinado a más de 3.000 dirigentes sindicales y la del capitalismo neoliberal, que destruye su crecimiento y autonomía económica

Guatemala
Se firmó un acuerdo de paz entre militares y guerrilleros pero continúa la violencia contra los obreros y campesinos

Panamá
Es refugio banqueros especuladores y financistas usurarios de todo el mundo Hoy se lo considera el segundo país más injusto de América Latina

Haití
Es
el país más pobre y olvidado internacionalmente. Saqueado permanentemente, actualmente fue invadido y ocupado por las tropas de
Francia y Estados Unidos


 

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