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Imagen. Teoría de la imagen
/ Image. Theory of image
La imagen. Una construcción epistemológica para la didáctica
Elaine Frómeta Quintana

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230606 - En el siglo XXI se han afianzado aun más las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en todo el tejido social y por consiguiente en la educación. La preparación del profesorado de hoy requiere, entonces, de una escuela donde se forme un personal alfabetizado tecnológico y mediáticamente. La educación de nuestro tiempo debe ser, también, una educación en ciencia y en tecnología; de forma tal que prepare a los maestros en formación para enfrentar los cambios y fenómenos que estas últimas generan.

Entonces, se hace necesario el abordaje de estos fenómenos desde posiciones teóricas más allá de los límites del contexto pedagógico propiamente; lo cual posibilitaría un enfoque interdisciplinar para su análisis y la revelación de nuevas aristas y cualidades en dichos fenómenos.

La aplicación de las nuevas tecnologías, al decir de Sancho Gill (2005), se ha convertido en un reto para la educación. A criterio de esta autora, las nuevas realidades educativas exigen de un nuevo tipo de pensamiento.

Por consiguiente, la imagen, componente omnipresente de los lenguajes utilizados por los artefactos tecnológicos reclama de un sustento teórico que fundamente una utilización consecuente del mismo en nuestras aulas. No se concibe una aproximación científica a los nuevos fenómenos que hoy tienen lugar desde los moldes teóricos ya existentes, por el contrario, ello entraña la elaboración de nuevas concepciones teóricas.

Este análisis sobre la imagen para la didáctica tiene como pilar de su base epistemológica a la Dialéctica- materialista, la cual es fundamental para el discernimiento, la comprensión y la interpretación de manera científica de los fenómenos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano. Solo la Dialéctica Materialista permite revelar el camino por el que discurre el conocimiento, que en el caso particular de un proceso donde la imagen se instituye como una de las principales mediaciones, que transcurre desde la percepción directa de los objetos y fenómenos representados en ella, hasta la abstracción y la generalización cuyo instrumento es el pensamiento teórico.

Este análisis también toma en consideración presupuestos de la Filosofía, de la Semiótica de la imagen, de la Estética, de la Psicología, de la Lingüística textual, de la Pedagogía. También se sustenta en el Modelo de la Orientación Educativa (Clara Suárez, 1998), en el Holístico- Configuracional (Fuentes, Matos, 2004) y en la teoría general de los sistemas (Bertalanffy, 1954; Kagan, 1984). Todos estos supuestos teóricos, articulados de manera sinérgica, forman la base epistemológica que permitirá revelar el núcleo teórico de esta concepción.

La teoría general de los sistemas cobra una fuerza argumentativa de enorme relevancia para esta concepción; ya que desde esta óptica se concibe la imagen como un fenómeno complejo de naturaleza sistémica que tiene diversos elementos relacionados entre sí, de tal manera que constituyen un todo indestructible cuyas propiedades no se reducen a las propiedades de sus componentes (Kagan, 1984:51). La complejidad de la imagen solo puede analizarse desde una forma de pensamiento sustentada en la totalidad de la misma y en la fuerte interconexión entre sus componentes, los cuales al ser necesarios y suficientes le imprimen cierta especificidad en el orden cualitativo a la imagen como unidad global y la hacen que adquiera cierta estabilidad.

Se parte de reconocer la imagen como un fenómeno complejo porque entraña una multiplicidad inagotable que toma en consideración los elementos que la componen y las relaciones que ellos generan. Ella está íntimamente ligada a una gran cantidad de facetas del hombre que tienen su expresión en el contexto social. Su esencia multifacética enuncia una antítesis dialéctica que la hace desdoblarse en parte del mundo material, en reflejo y en un modo sui generis de expresión estética del pensamiento.

Su naturaleza se hace mucho más complicada cuando, en el caso de las imágenes visuales, el hombre es su creador y, a la vez, su perceptor - co-creador. Ella constituye un sistema abierto que depende del medio exterior e interior para existir, todo lo que en ella se representa y se vehicula tiene su génesis en la realidad y en la manera en que el sujeto lo refleja en su conciencia. Además, como categoría cardinal de la comunicación visual, precisa de la interacción, intercambio y retroalimentación de los sujetos con el contexto en el cual estos se desarrollan.

La imagen icástico-generadora, tipo peculiar de imagen que se introduce en el proceso de enseñanza- aprendizaje como resultado de los avances científico- tecnológicos, constituye un sistema ya que es una entidad estable y organizada de partes interactuantes e interdependientes que se relacionan conformando un todo unitario y complejo cuyas propiedades no son reducibles a las propiedades de sus elementos. En la estructura del sistema imagen icástico-generadora se eslabonan las configuraciones histórico-contextual, iconográfica, lingüística, estética, ideo-política y ética, cuyo movimiento genera configuraciones de un orden mayor de esencialidad que son sus dimensiones (cognitivo-comunicacional y formativa).

El sistema imagen icástico- generadora es un subsistema dentro del sistema de la cultura de la sociedad, y este último, a su vez, pertenece a un sistema más general que es el de las relaciones sociales, materiales y espirituales, objetivas y subjetivas.

La abstracción teórica de la imagen icástico- generadora, la comprensión de su totalidad compleja, de su riqueza, irregularidad y unicidad, contentivo de contradicciones dialécticas que se asumen en un proceso de enseñanza- aprendizaje con la subjetividad y el sentido estrictamente personal de los discentes que con ella interactúan, el establecimiento de su estructura en dimensiones, el discernimiento de sus partes y su identificación con ciertas configuraciones que posibilitan la interpretación de la misma en sus niveles ascendentes de esencialidad resultan posibles al fundamentar esta concepción teórica icónico- hermenéutica desde las posiciones epistemológicas de la Teoría Holístico- Configuracional (Fuentes, Matos, 2004).

En la imagen se retiene y se cristaliza una parte del universo perceptivo. Su grado de iconicidad, siguiendo los criterios de Joseph Catala (2004), se refleja a partir de la objetividad- realismo que expresa en comparación con el objeto que representa. En la imagen se destacan aspectos denotativos y connotativos (Barthes, 2004); los primeros, referidos a los elementos que de forma perceptiva se advierten en ella o los códigos de la realidad que representa y, los últimos, como componentes que mediatizan la lectura ideológica de la imagen.

La teoría del reflejo de Lenin sirve de base en la comprensión y explicación de la relación denotativo/connotativo. Equivale a lo denotativo todo cuanto se recoge en ella de la realidad, del mundo material que nos rodea, todo cuanto es reproducible de la realidad. Lo denotativo es condición sine qua non para que se produzca el acto de mostrar (Margariño: 2003); el cual va dirigido a mirar y a identificar lo que se quiere representar mediante la imagen. La determinación de los elementos denotativos es posible a través de la percepción, mecanismo psicológico que proporciona el reflejo del conjunto de cualidades y partes de los objetos y fenómenos de la realidad que actúan directamente sobre nuestros sentidos. Desde este ángulo, la percepción permite apropiarse de lo denotativo como todo aquello que es perfectamente perceptible en el continuo visual. La valía del reconocimiento de lo denotativo, por consiguiente, está en su identificación con lo objetivo que en la imagen se representa, lo que le concede un valor gnoseológico a la misma como fuente de conocimiento de la realidad objetiva para el hombre.

Lo connotativo engloba la actitud de los discentes ante los fenómenos que se representan en la imagen, sus vivencias, su mundo afectivo y de significaciones, sus maneras irrepetibles de verlos. Además, encierra la autoexpresión o sello personal del creador/docente y del perceptor/discente sobre un fenómeno de la realidad. Lo connotativo lleva implícito el acto de informar que se establece mediante la imagen (Margariño: 2003); donde persiste el objetivo de vehicular determinada información semántica sobre lo que se muestra. El conocimiento del mundo que el creador y el perceptor posean, su concepción de éste, la subjetividad de uno y otro producto de la época, de la estructura de la sociedad, de una psicología y de una ideología determinadas (Zis, 93) les permitirán hacer una lectura de las imágenes más allá de la mera yuxtaposición objetiva de sus elementos y poder descodificar de ella la mayor cantidad de información posible. Es en extremo valioso tomar en consideración lo connotativo en la imagen porque evidencia el innegable papel de la conciencia humana como la forma superior de reflejo de la realidad objetiva la cual tiene su base en la interrelación del hombre con el mundo.

La teoría del reflejo de Lenin permite comprender la imagen como portadora de una unidad orgánica de objetividad y subjetividad, no como una simple reproducción de la realidad, ni un reflejo mimético de ella; sino como una reconfiguración o recomposición creadora de lo real ya que la conciencia del hombre no solo refleja el mundo objetivo, sino que lo crea (Lenin, 1984).

Es posible explicar la dinámica de la interrelación dialéctica denotativo/ connotativo en la imagen a partir de la perspectiva socio-histórico-cultural: "…en el desarrollo cultural del niño toda función aparece dos veces: primero, a nivel social, y más tarde, a nivel individual" (Vygostky, 1982:26). De igual forma, es perfectamente analizable esta interrelación al considerar que la imagen es la expresión del alto grado de complejidad de la conciencia, la cual tiene un carácter humano- social y cuya fuente es el mundo exterior.

El surgimiento, esencia y desarrollo de la imagen icástico– generadora está íntimamente ligado al trabajo, según Engels "[…] condición básica y fundamental de toda la vida humana" (Engels, 1986: 69) o sea, a las formas de actividad humana y a las relaciones sociales que de ellas surgen. Desde la óptica de la educación, tanto la actividad de enseñanza como la de aprendizaje han estado mediadas por la imagen para conferir mayor objetividad al contenido, para respaldar visualmente el contenido que se explica o como complemento del método. Estas formas de utilizar la imagen constituyen una herencia pedagógica y un modo de actuación profesional, el cual pasa a formar parte del repertorio personal y del mundo vivencial del maestro en formación, al cual le incorpora lo distintivo de su personalidad.

Pero también tienen un carácter objetivo los medios y modos de los que la humanidad se ha valido para producir e intercambiar imágenes. En las condiciones actuales, debido al desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología, un número considerable de imágenes se crean mediante potentes graficadores y se intercambian mediante la red de redes (Internet). De modo que la realidad socio-histórica, con sus disímiles variables, determina en la imagen su construcción, evolución, transformación y la manera de apropiación.

Por otro lado, toda esta herencia social, con relación a la imagen, es aprehendida por el individuo que, al ser moldeado por la sociedad, se convierte en un portador individualmente particular de este contenido social refractado en la imagen. Este legado social penetra en su conciencia por medio de su actividad de aprender y se convierte en un patrimonio psíquico personal e íntimo, lo cual se proyecta en su "yo". La imagen permite capturar, alojar y cargar sensorialmente el universo y transportar el universo interior del docente al universo interior del discente. Es por eso que incide significativamente en nuestros modos de sentir y entender el mundo, en nuestros estados de ánimo y en nuestra acción práctica.

El entretejido de lo denotativo- connotativo y de lo social- individual es perceptible a través de determinados medios representativos- expresivos externos, también llamados sistema- forma (Oscar Morriña, 1989: 33) que, organizados sobre ciertas leyes, permiten percibir la imagen como una unidad óptica íntegra y hacer transmisible la información de la que ella es portadora. Estos elementos ordenados y concatenados internamente forman una totalidad indestructible dentro de la imagen como totalidad de orden mayor. En esa totalidad, de elementos del sistema forma, se establecen tendencias contradictorias internas expresadas en la ley perceptiva figura/fondo la cual se sustenta en el contraste, que precisa de la armonía como su contrario en una relación de presuposición, exclusión y mutuo condicionamiento en la imagen. Esta realidad es recurrente para líneas, áreas, volúmenes, tonos, colores y texturas las que también manifiestan contradicciones dialécticas. El sistema forma despliega en la imagen una doble función, por un lado constituye la estructura de la misma y, por otro, su medio expresivo (Ibíd.:41).

El sistema-forma es sumamente influyente en la determinación de la macroestructura semántica que la imagen exhibe. La lectura de la imagen implica un proceso a través del cual se produce una macroestructura semántica, la cual define e integra la batería de proposiciones de la imagen y por consiguiente, se determina el significado global de ella. Este proceso es realizable a partir del contraste evidenciado en la relación figura/fondo, en el de los colores, erigido en gancho visual, que transforma determinado estimulo visual en objeto de nuestra atención y, por tanto, de nuestra percepción. Así pues, la afinidad, la coherencia, la similitud y el balance que se alcancen a través de los recursos expresivos o estructura de la imagen inciden de manera significativa en una comprensión cabal por los discentes de los mensajes portadores de significación, que se transmiten mediante ella. La captación y percepción de las macroestructuras semánticas que fluyen en la imagen son premisas para el desarrollo de la construcción de significados por parte del discente y por consiguiente, para el proceso de descodificación que el mismo realiza. Este proceso de construcción de significados alcanza mayor riqueza y realce en la medida en que las leyes de la estética sintetizadas en la proporcionalidad, el equilibrio, el ritmo y el énfasis acentúan la organización de la estructura de la imagen icástico- generadora.

Estos presupuestos adquieren una extraordinaria importancia para esta nueva perspectiva que se abre para la Didáctica. En ella aparecen sobredimensionados los procesos de comunicación como procesos vitales para el desarrollo y el aprendizaje del discente pues entre más intensos y equilibrados sean los mismos entre el discente y su mundo, tanto más armonioso será el desarrollo de la personalidad.

Matizada de intencionalidad, la comunicación a través de la imagen icástico- generadora que se potencia en el proceso de enseñanza- aprendizaje tiene como finalidad la transmisión y apropiación de la cultura anglófona. Con la imagen icástico- generadora se transforma la información puramente semántica del lenguaje conceptual- abstracto en información estética proporcionando una experiencia de aprendizaje visual y táctil enriquecedora y un goce estético en los discentes. La aludida imagen es portadora de un valor didáctico porque favorece el movimiento del discente hacia la búsqueda del conocimiento y promueve el desarrollo del pensamiento lógico, flexible, amplio, profundo y reflexivo que facilita el poder formular generalizaciones, trabajar con conceptos, y aplicar el conocimiento que va adquiriendo con independencia, manifestaciones estas de un aprendizaje desarrollador (Rubinstein, Silvestre, 2001).

El reforzamiento de la comprensión visual beneficia el aprendizaje visual. Los estudiantes recrean, con sus propias palabras, lo que han aprendido y están aprendiendo por medio de la imagen icástico- generadora. Esto les ayuda a absorber e internalizar la nueva información, otorgándoles la posibilidad de crear ideas propias, haciéndolos más protagónicos, más activos y más reflexivos en la construcción de sus aprendizajes. La comunicación visual sustentada en este tipo de imagen conlleva a un aprendizaje representacional, cuya esencia se fundamenta en las diferentes traducciones que el discente hace, a partir de ella, para incorporar la información que se vehicula a su propio sistema representacional (Morales, 2003: 12).

Desde estas posiciones, el aprendizaje no se circunscribirá a la formación de un saber en el estudiante que sintetice todo el legado acumulado por la humanidad en el campo de la imagen y en aquellos relacionados con los contenidos de la enseñanza, en nuestro caso, la cultura anglófona, sino que será un proceso orientado al desarrollo de la personalidad del mismo, donde "el educando simultáneamente construye conocimientos y se desarrolla en planos diversos como persona" (González Rey, 1995).

El Modelo de orientación educativa (Suárez, 1998) respalda este análisis, al tener esta última como uno de sus pilares la naturaleza personológica del proceso educativo lo que promueve la necesidad y el compromiso en el discente ante su propio aprendizaje. Se tiene en cuenta, además, los recursos personológicos de este y su desarrollo psicológico integral para la lectura e interpretación de la imagen y la repercusión que estos procesos ejercen en el desarrollo de su individualidad. La utilización de la imagen con fines didácticos, en este sentido, implica que este recurso esté en función de las necesidades, los intereses y las posibilidades de cada estudiante.

Finalmente, este análisis se sustenta en la Pedagogía de la Comunicación (Marfull, 1988) que permite fundamentar las bases comunicativas del proceso de enseñanza- aprendizaje, donde se establece un vínculo entre educación, comunicación y sus medios y se contempla no solo la comunicación verbal sino también la visual.

Desde las posiciones teóricas asumidas, esta análisis viene a enriquecer el proceso de enseñanza- aprendizaje pues lo revela como un proceso cultural donde se producen aprendizajes significativos desde imágenes que se orientan bajos los supuestos de aprender a aprender, aprender a convivir y aprender a ser (Délors,1997), y desde donde se dirige la preparación de los futuros profesionales de la educación para lograr la máxima aspiración de nuestra sociedad: la formación de una cultura general integral, para la cual se han insertado, en el ámbito educativo, poderosos artefactos tecnológicos, donde la imagen tiene un lugar privilegiado. A partir del legado didáctico que tiene lugar en el proceso de enseñanza- aprendizaje, la misión social del futuro personal docente exhibirá mayor calidad, en la medida en que se conocen las peculiaridades de los medios con los que se ha de desarrollar el proceso de enseñanza- aprendizaje en la escuela media, y las potencialidades didácticas de los mismos para contribuir al desarrollo y crecimiento de las nuevas generaciones.

Esta nueva visión de las relaciones que se generan entre los referentes teóricos analizados, permitirá al docente poder dirigir de manera eficiente un proceso de enseñanza-aprendizaje mediado por la imagen icástico- generadora.

Bibliografía

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Autora:

Elaine Frómeta Quintana - Licenciada en Educación en la especialidad de Lengua Inglesa. Profesora Auxiliar
Universidad Pedagógica Frank País García. Cuba - efrometaquintana@yahoo.es

 

 

 

 

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