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Simbología de los colores
Carmen Javaloyes
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Simbología del terror -
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En nuestro mundo occidental, la vista es el sentido por excelencia, relegando de forma inconsciente a sentidos como el tacto, más importante para el mundo oriental, el olfato, despreciado como un sentido menor de matices subconscientes, o el gusto y el oído, sentidos básicamente placenteros. Mundo aparte es el considerado Sexto sentido...

El hombre occidental -mestizo de las culturas greco-latina y anglosajona- en su afán globalizador de este último siglo ha influido de tal forma en nuestras apetencias que subconscientemente todo occidente “sienta” al unísono. Todos oímos la misma música, olemos las mismas fragancias, vestimos la misma moda, sentimos y pensamos igual...

Y la vista ha sido y es el sentido más importante para el hombre occidental; la percepción de formas y colores subordinan de forma inconsciente al resto de sentidos. Podemos decir que cuando el hombre percibe, antes ha mirado.

La vista es, entonces, el sentido con el que el hombre occidental se relaciona con otros hombres. No es necesario entablar contacto físico o verbal, el color que elegimos al vestirnos cada mañana, el color de nuestro coche, de los alimentos que tomamos, el lenguaje que empleamos -con referencia a colores- para relacionarnos con otros hombres, el estado de ánimo, los sueños... toda una gama cromática nos define.

Las teorías -del marketing psicológico- que tratan sobre la percepción nerviosa de los colores clasifican éstos según su propiedad de subir o bajar la temperatura del cuerpo, activando el sistema nervioso y actuando sobre el subconsciente; así, los colores básicos influyen de la siguiente manera:

-Blanco: Pureza, bondad, a veces vejez. Ha de usarse con prudencia porque irrita al subconsciente.

-Rojo: indica pasión, sexualidad, sensualidad, fuego, calor.

-Amarillo: juventud, esplendor, libertad, luz, locura, pero también agresividad. En la antigüedad era también el color de la envidia, extendiéndose hoy a significar celos. Ha de usarse con prudencia porque irrita al consciente.

-Azul: el color del cielo, el mar, la función de pensar; es relajante pero en exceso puede aburrir.

-Negro: las tinieblas, lo malvado. Es la ausencia de vida, transmite luto, dolor, vacío.

Los colores secundarios simbolizan funciones del hombre no menos importantes. A lo largo de la historia, el arte ha reflejado simbólicamente estados de ánimo y caracteres a través de estos colores. Así tenemos:

-Oro: opulencia, riquezas.

-Plata: distinción.

-Naranja: juventud; es menos agresivo que el amarillo. A medio camino entre el rojo y el amarillo, simboliza el punto de equilibrio entre el espíritu y la libido.

-Verde: vegetación, frescura, relajación; es un color tranquilizador, refrescante. Es el símbolo de la esperanza, de los sueños,... Ningún color ha sufrido tantos cambios a lo largo de la historia. En un principio fue el símbolo de la vida, la creación, pero luego pasó en el romanticismo a ser el símbolo de lo onírico, de la imaginación (gracias a su relación con la absenta), sentido que adoptan los simbolistas. En este siglo se ha pasado del símbolo de “picante” y libidinoso hacia el primigenio de vegetación, “El verde es vida”, dando nombre incluso a un movimiento político.

-Púrpura: realeza, suntuosidad.

-Rosa: fragancia, maternidad y delicadeza.

-Violeta y malva: misterio y misticismo; es el color de la templanza. Usado en exceso da sensación de hastío y puede llegar a aburrir.

-Gris: resignación, indiferencia, vejez.

-Tonos pardos: madurez, hogar, plenitud.

Así, combinando los colores se provoca un efecto determinado:

-Rojo y Blanco: el primer amor, pasión juvenil.

-Violeta y rojo: magia, misticismo.

-Naranja y amarillo: alegría.

-Verde y azul: reposo, frescura.

-Rojo y dorado: símbolo navidad.

-Verde y dorado: símbolo vanidad.

-Azul y Madera: hogar relajante.

Así, si una mañana nos vestimos de rojo, y no se trata de nuestro color habitual, está indicándonos que hoy necesitamos pasión en nuestra vida, que tenemos la intención de comernos el mundo.

El lenguaje, paradójicamente, hace referencia expresa a este simbolismo; así, encontramos expresiones tales como: humor negro, novela negra, trabaja de negro para una editorial; estoy en blanco, arma blanca; piel roja, es un rojo peligroso,... expresiones que tomando un referente visual (el color) es transportado a un campo semántico nuevo, que llevado al extremo nos conduce a la metáfora poética:

NEGRO: MUERTE
En la luna negra
de los bandoleros
cantan las espuelas.
Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete negro?
(...)

CANCIÓN DE JINETE-1860, GARCÍA LORCA

RUBIO: VALIOSO; ROJO/AMARANTA: PASIÓN
Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados.
Pórticos de limones desviados
por el canal que asciende a tu garganta.
 

 

Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.
 

(...)

AMARANTA, RAFAEL ALBERTI

BIBLIOGRAFÍA

-Bousoño, Carlos: Teoría de la expresión poética, Madrid.

-Gauthier, Guy: Veinte lecciones sobre la imagen y el sentido. Madrid, Cátedra, Colección Signo e imagen. 1992.

-Lakoff, George y Johnson, Mark: Metáforas de la vida cotidiana, Madrid, Cátedra. Colección Teorema. 1980.

FRASES HECHAS CON REFERENCIA A LOS COLORES Y SU CAMPO SEMÁNTICO

EL COLOR BLANCO
1. Tener el alma blanca.
2. Lucir una sonrisa blanca.
3. Una botella de vino blanco.
4. Me he quedado en blanco en un examen.
5. Cine en blanco y negro.
6. Ir de punta en blanco.
7. Pelaje gris-blanco.
8. Pedir un blanco y negro (bocadillo).
9. Hace un día claro.
10. Tener los ojos claros.
11. Armas blancas.
12. Estar blanco como la pared.
13. Estar tan claro como el agua.
14. Poner en claro alguna cosa.
15. Tener la mente clara.
16. Tener las ideas claras.
17. Las cosas claras y el chocolate espeso.
18. Vas ese día de blanco como todas las novias.
19. Estar blanco como la cal.
20. Quedarse blanco del susto.
21. Ser un rostro pálido.
22. Quedarse pálido ante una situación.
23. Ser el blanco de alguien.
24. Tener carta blanca en un asunto.
25. Dar en el blanco.
 
EL COLOR NEGRO
26. Negros presagios.
27. Tener el corazón negro.
28. Estar más negro que el betún.
29. Novela negra.
30. La España negra.
31. Ese es un negrazo.
32. Tabaco negro
.33. Ir de negro.
34. Estar negro (por alguna cosa, con alguien o con alguna situación).
35. Tener un día negro.
36. Estar negro como el carbón.
37. Llevar una vida oscura.
38. Tener oscuras pasiones.
39. Humor negro.
40. La ropa estaba negra, negra (muy sucia).
41. Magia negra.
42. Pan moreno.
43. Azúcar moreno.
44. Un televisor en blanco y negro.
45. Estar negro de tomar tanto el sol.
46. Tener la negra encima.
47. Un hombre de negro ha entrado por la puerta del bar.
48. Ser un negrero.
49. Ser moreno, estar moreno.
 
EL COLOR AMARILLO
50. Se pone amarillo de rabia.
51. Está amarillo de envidia.
52. Cabellos de oro.
53. Pedirse una rubia (cerveza).
54. Soltero de oro.
55. Tener la cara amarillenta.
56. Humor amarillo.
57. En un momento se puso amarillo, amarillo.
58. Ser amarillo (oriental).
59. Tabaco rubio.
60. Sueño dorado.
61. Lluvia dorada.
 
EL COLOR AZUL
62. Estar esperando su príncipe azul.
63. Ir a pasar unas vacaciones azules.
64. Ponerse azul del enfado.
65. Azul marino.
66. Ponerse azul por falta de oxígeno.
67. Ponerse morado a comer paella.
68. Los pitufos (haciendo referencia a la policía municipal).
 
EL COLOR VERDE
69. Fruta verde.
70. Leña verde.
71. Novelas verdes.
72. Darse un verde a langostinos.
73. Viejo verde.
74. Poner verde a alguien.
75. Tener los ojos color verdemar.
76. Estar más verde que una lechuga o un limón.
77. Vota los verdes.
78. La hoja es de un verde-oscuro.
79. Verde que te quiero verde / verde viento, verdes ramas
 
García Lorca (Romancero Sonámbulo).
 
80. Contar chistes verdes.
81. Ponerse verde de envidia.
82. Estar la cosa un poco verde.
 
EL COLOR ROJO
83. Sonrojarse.
84. Dame to el colorao (lenguaje calé)
85. Se ha puesto rojo de rabia.
86. Aparece el sol rojo.
87. Estar rojo de tomar tanto el sol.
88. Ese es un rojo.
89. Piel roja.
90. Rojo oscuro.
91. Estar rojo de vergüenza.
92. Se ha puesto rojo como una tomate.
93. Estar al rojo vivo.
 
EL COLOR ROSA
94. Leer una novela rosa.
95. Ver la vida color de rosa.
96. El pañuelo es de un rosa pálido.
 
EL COLOR PARDO
97. De noche todos los gatos son pardos.
98. Ser una mula parda.
99. Menudo gato pardo estás tú hecho (poca vergüenza).
 
EL COLOR MARRÓN
100. Hoy hace un día marrón.
101. Comerse un marrón.
102. Caerte encima un marrón.
 
EL COLOR GRIS
103. Ser un hombre gris.
104. Hace un día gris.

 

Lista confeccionada por Isabel Alamar

Simbología del terror
Carmen Javaloyes

Una figura vestida de negro toma un gran cirio amarillento con su mano izquierda y alumbra la gran estancia que sigue en penumbras. La figura camina lentamente hacia el interior de la habitación; los relámpagos de la tormenta que explota en el exterior alumbran de vez en cuando el crucifijo que cuelga de su cuello. Sus uñas negras se clavan en la cera del cirio. A lo lejos se oye aullar a los lobos.

Esta visión turbadora nos evoca toda una serie de pensamientos negativos.

La simbología que emplea la literatura, y el cine, de terror toma una serie de elementos recurrentes en los que se apoyan para que, sin necesidad de narrar acontecimientos iterativos, entremos en la atmósfera del miedo sin apercibirnos.

Este estudio pretende ser un acercamiento a todos estos elementos recurrentes de la tradición terrorífica occidental: el uso del color, de espacios, de objetos.

Colores: El color de la literatura de terror es, sin duda, el negro. Es decir, la ausencia de color. Ambientes oscuros, personajes que visten de negro, la oscuridad siempre ha sido la aliada de lo tenebroso. Lo tenebroso también es ocre, amarillento, es el color de lo putrefacto, de la suciedad “dientes amarillentos dibujaban su sonrisa demoníaca”; otro color recurrente es el rojo, el color de la sangre y de la muerte, no ya de la pasión amorosa, que pasa aquí a ser el de la pasión dolorosa.

Lugares: hay un gusto especial por que la acción se desarrolle en espacios cerrados, castillos abandonados, grutas, torres, ruinas de templos e iglesias, como la leyenda El Miserere de Bécquer, pasando los espacios abiertos, como los bosques, caminos y carreteras a cerrarse sobre sí mismos, encerrando a los protagonistas en un ambiente oprimido en el que, si no logran escaparse, perecerán. La naturaleza se transforma en un elemento hostil, especialmente cuando la acción se desarrolla durante la noche, y, curiosamente casi siempre, arranca una tormenta; entonces el bosque se puebla de extraños sonidos, de animales que no por ser conocidos provocan menos terror en los personajes, de almas errantes y diablos en busca de presas.

La Muerte: todo el terror humano gira en torno a la idea de la muerte. Los “no muertos”, pero tampoco “vivos”, persiguen a los hombres para matarlos. El miedo es, pues, morir. Espadas, cuchillos, tijeras, navajas y todo tipo de armas, pero especialmente las armas blancas, son los instrumentos preferidos para matar. Recrearse en la idea de la abundancia de sangre en la escena es muy atractivo para los adictos al terror.

La figura del diablo: la muerte violenta es rápidamente relacionada con la figura del diablo y de todo lo demoníaco: brujas, demonios y vampiros, se repiten en la tradición terrorífica; sucesos extraños que son explicados como representaciones luciféricas o como fenómenos paranormales.

Otras figuras terroríficas: la figura del diablo y de todo lo relacionado con el satanismo es dejado de lado en las tradiciones centroeuropeas, más dadas a recrear malvadas criaturas habitantes de los bosques desde la creación misma del mundo: gnomos, avaros que ocultan en el subsuelo riquezas inimaginables; hadas, criaturas caprichosas que se ocultaban en los bosques capaces de realizar las más refinadas torturas -La niña que quiso ser hada, Ebba Langenskiöld-Hoffmann-; ogros gigantescos que devoraban poblaciones enteras en una sola noche; ghoules, vampiros que suelen aparecer en obras de Lovecraft, como Polaris, y lamias, que cambiaban de forma y aparecían de noche,... hoy día son los hombres-lobo, zombies, vampiros, momias, popularizados por el cine, son los muertos no muertos, que regresan al mundo de los vivos con perversas intenciones: reclutar nuevos miembros para el grupo, saciar sus instintos sexuales o simplementes su sed de sangre -Night of de living dead, dir. George A. Romero, 96 min. (1968)-. El cine ha contribuido en gran manera a ampliar este imaginario terrorífico: cientos de historias de vampiros, de momias, de hombres-lobo con mayor o menor fortuna, ponen siempre de actualidad el terror -Nosferatu (Eine Symphonie des grauens), dir. F. W. Murnau, 63 min. (1922).

Animales: bestias de toda la vida, como los lobos, aparecen en todas las historias de los pueblos europeos como símbolo de muerte nocturna, hasta los cuentos populares toman al lobo como protagonista de numerosas historias. Otros animales nocturnos son el búho, espectador de los sucesos que aterran al bosque; los murciélagos, especialmente terroríficos a partir de la historia de los vampiros como insaciables chupadores de sangre; reptiles, por su piel fría y aspecto de dragón recién salido de los infiernos; ratas, símbolo de enfermedades mortales, Drácula, Bram Stocker, y la inestimable aportación del cine de serie B de los años 40 y 50 de la llamada “era nuclear” del cine fantástico, con toda una serie de insectos gigantescos, víctimas de mutaciones genéticas, de aspecto y apetito realmente terroríficos-La mosca, George Langelaan.

Objetos: puertas que se abren y se cierran, cristales que se rompen, lámparas que se encienden y se apagan... son el imaginario colectivo del terror, a esto se unen elementos como los crucifijos (en numerosas ocasiones las cruces son testigos de sucesos extraños -El estudiante de Salamanca, Espronceda- o, contradictoriamente, son en sí elementos demoníacos -La cruz del diablo, Bécquer-; calaveras y esqueletos de difuntos se aparecen para prevenir a los vivos de terribles sucesos -Poe-; el tañido de las campanas anunciando la medianoche, o el simple tic-tac del reloj, son elementos recurrentes símbolo del paso del tiempo. La muerte sobreviene a medianoche y campanarios y relojes lo saben, y lentamente anuncian que el tiempo se ha terminado


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