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Internet, una revolución tecnológica en el campo de las publicaciones electrónicas

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010908 - Exposición a cargo de Michel Sauval, director de la publicación digital Acheronta, realizada el sábado 7 de febrero 1998 en Génova, Italia, en el congreso sobre "Internet y Salud Mental", organizado por la Universidad de Génova.

Introducción

Quisiera en primer término agradecer la invitación que me han hecho para participar en este congreso sobre Internet y Salud Mental, en particular, al Dr. Marco Longo, director de Psychomedia, con quien vengo manteniendo un contacto desde hace mas de un año y al que, gracias a esta ocasión he podido conocer personalmente. También quisiera agradecer al Dr. Bollorino, director de la versión italiana de Psychiatry On Line, y coordinador de la parte organizativa de este Congreso.

En estos cortos 10 minutos de que disponemos los participantes de esta mesa, dedicada al tema de las ediciones electrónicas, intentaré resumirles la experiencia de la revista Acheronta, e intentaré hacer algunas reflexiones conceptuales acerca de esta experiencia editorial.

1 - La experiencia

1.1 - Los números

Acheronta es una revista de psicoanálisis y cultura. El primer número de Acheronta apareció en agosto del 95. Y el último, el sexto, en diciembre del 97. El próximo saldrá en junio del 98.

Acheronta reúne un total de mas de 100 artículos de mas de 50 colegas de mas de 20 países.

La mayoría de los artículos están en español, pero también hay muchos en brasileño (portugués), y también algunos en francés, inglés e italiano.

El total de los textos suma, sin contar la parte gráfica, casi 4 Mb, lo que equivale a unas 2000 páginas impresas. Es decir que el promedio de cada número es de 350 páginas.

El promedio de los "download" (las transferencias electrónicas) tanto de cada artículo por separado como de las ediciones completas de cada número (en el formato de los help de Windows) es del orden del millar (no podemos determinar si las transferencias de artículos individuales y de números enteros deben sumarse o se trata de los mismos destinatarios).

1.2 - La historia

Acheronta nació en Argentina como resultado de los intercambios de mensajes a través de una red que no es Internet: se trata de la red Fidonet, una red amateur. La idea de la revista surgió con la intención de superar la limitación expositiva que implica la estructura de los mensajes, del email, y completar los debates con un espacio de intercambio de trabajos mas elaborados.

Para la misma época en que nacía Acheronta (para un comentario sobre los motivos de la elección del nombre, ver la correspondiente presentación) se abría Internet al público en Argentina.

Por dicho motivo, junto a su edición electrónica en el formato de los help de Windows, Acheronta fue inmediatamente montada como sitio Web.

La experiencia fue muy exitosa y para el segundo número la revista ya era internacional.

Han escrito en Acheronta, tanto colegas famosos como desconocidos. El criterio de publicación de Acheronta no atiende al currículum de los autores, sino a la seriedad e interés de los artículos.

Si bien la orientación de la redacción de la revista es psicoanalítica y lacaniana, Acheronta no es una revista institucional o destinada a la difusión de un dogma u orientación teórica, sino un espacio de intercambios heterogéneos. Motivo por el cual hemos incluido artículos de todas las orientaciones psicoanalíticas, así como también artículos de psicología, o de orientaciones cognitivas. Y hay secciones casi permanentes dedicadas a la literatura, el arte, la economía, Internet, etc.

2 - El concepto

2.1 - La imprenta

Creo que la experiencia de Acheronta ilustra perfectamente una idea que tengo sobre Internet, en cuanto a lo que hace a la cuestión editorial, y que es la que comentaré ahora.

Me parece que Internet debe pensarse, para las publicaciones, como una nueva revolución tecnológica con el mismo valor innovador que el que en su momento tuvo la invención de la imprenta por Gutemberg.

Veamos porqué.

Hace pocos días, visitando los "Meteoros" en Grecia (los "Meteoros" son unos pequeños conventos, construidos sobre unos picos de montaña, en el centro de Grecia) me encontré con una edición manuscrita de las obras de Aristóteles, del año 1492.

Hay que ver un objeto como ese y el cuidado con que está hecho para tomar noción del tiempo que puede haber llevado su confección. Recordemos también que todo ese trabajo, además, es para hacer un libro, uno solo, destinado a su vez a una sola persona (o en el mejor de los casos, para una biblioteca a la que acudían escasísimas personas).

Es obvio que este tipo de materialidad no podía dejar de influir, mas aún, determinar de un modo muy fuerte, el contenido de lo editado. La restricción en la transmisión del "saber" que dicha materialidad imponía, restricción tanto en cuanto a la amplitud de la población al que estaba destinado como en cuanto a la "amplitud" o "cantidad" del mismo saber, es decir, de obras, de textos, no podía dejar de incidir para que el mismo se redujera, básicamente, a la transmisión de saberes filosóficos y/o religiosos.

La invención de la imprenta, junto al desarrollo de las fuerzas productivas que implicó, en su momento, el surgimiento del modo de producción capitalista, determinaron una expansión del saber a toda la población así como un cambio profundo en la estructura misma de ese saber: se abrían las puertas de la "ciencia moderna" como estructura de saber dominante.

Con la imprenta de Gutemberg al tiempo que se acerca el libro a toda la población, se modifican totalmente el contenido de los textos y la relación entre el autor y el lector.

El libro, en vez de ser una herramienta de transmisión hermética y religiosa, pasa a ser el instrumento de desarrollo de un modo particular de lo público, modo que hace uso de una nueva modalidad de lo privado.

En 1784 Kant decía: "Entiendo por uso público de nuestra propia razón el que se hace como sabio ante el conjunto del público que lee" (subrayado mío).

Según R. Chartier, la imprenta permite que lo escrito sea un factor fundamental en la construcción de "una esfera privada de la existencia, sustraída tanto a los controles de la comunidad como al dominio del Estado" al permitir "las condiciones necesarias para que pudieran expandirse los derechos y los atractivos de la vida privada". " (R. Chartier, Prólogo de "El mundo como representación", Ed. Gedisa, página III) (subrayado mío).

Ahora bien, esta enorme expansión, no obstante, no ha evitado el desarrollo de nuevas formas de apropiación y monopolización del saber y sus medios de transmisión: nace la "industria" editorial.

Contra la presentación "según la cual el texto existe en sí mismo, separado de toda materialidad, debemos recordar que no hay texto fuera del apoyo que le da la lectura (o el hecho de escuchar) y que no hay comprensión de un escrito, sea cual fuere, que no dependa de las formas en las que llega a su lector" (R. Chartier, "Introducción a una historia de las prácticas de lectura en la era moderna (siglos XVI-XVIII), en "El mundo como representación", Ed. Gedisa, página 111) (subrayado mío). En otras palabras, "los autores no escriben libros: escriben textos que luego se convierten en objetos impresos" (ídem) (subrayado mío).

Los libros no son "escritos" sino "fabricados"!!

Publicar un texto en papel es algo costoso y, en ese sentido, la edición de una revista, o de un libro, es una posibilidad restringida a instituciones o grupos con cierto poder económico. Lo que a su vez implica que muchas veces, la excusa del control de calidad o de la excelencia académica, u otras justificaciones por el estilo, no sean mas que la máscara "sabia" de un simple y vulgar manejo discrecional del acceso a la publicación, en función de intereses meramente políticos y económicos.

2.2 - Internet

La revolución tecnológica que implica Internet se presenta, básicamente, como una inversión en la secuencia clásica del proceso editorial:

Redacción -- Impresión -- Distribución

Esta secuencia implica que el centro del problema económico (y por lo tanto del control editorial) reside en la producción y comercialización de un objeto cuya característica material es la suministrada por el papel.

Internet invierte esta secuencia, de la siguiente manera:

Redacción -- Distribución -- Impresión

En realidad, esta inversión no la hace solo Internet: también ha colaborado en ello la caída cada vez mayor de los precios de las impresoras personales (hoy disponibles por apenas un centenar de dólares).

Este cambio aparentemente secundario es fundamental pues implica un cambio en la naturaleza, en la materialidad, del objeto sobre el que se concentra el problema económico.

Ya no se trata del papel sino del soporte material de los bytes.

Entre el papel y los bytes hay grandes diferencias.

El primero es un objeto eminentemente sensible y básicamente "no-inteligente", esto en el sentido de que una vez impreso, al igual que lo que ocurre con el fax, se ha perdido la digitalización, el código, la expresión "inteligente", la información necesaria para su reproducción.

En cambio con los bytes, lo preservado, antes que la sensibilidad del objeto papel, es la información que permite crearlo, producirlo. Lo preservado, fundamentalmente, con los bytes, no es ni el papel ni la tinta sino el texto mismo, el cual permanece disponible para volver a ser impreso.

La edición electrónica entonces podría pensarse como una edición mas "pura", en el sentido de una producción del texto mismo despejada de la producción de objetos que funcionen como soporte del mismo. Retomando la cita anterior de R. Chartier, aquí podríamos volver a suscitar la fantasía de que el escrito pudiera existir con independencia de su soporte material, al menos en el sentido de que ya no estaría atado a la materialidad del libro y a las determinaciones que hasta ahora regulaban la producción, la fabricación, de estos. En realidad, esta fantasía sigue siendo una fantasía, y la cita de R. Chartier sigue siendo verdadera. El escrito sigue atado a alguna forma de materialidad. Pero esta ya no es ni la imprenta, ni el libro, ni el circuito de transporte, distribución y comercialización de los libros, etc. La nueva materialidad está conformada por computadoras y líneas de teléfono. Y esto cambia radicalmente la ubicación de los problemas económicos (y por lo tanto políticos) en juego. Ahora, para poder hacer "el uso público" de nuestra razón, como comentaba Kant, ya no necesito pasar por la intermediación de la industria editorial, sino por la intermediación de las redes informáticas. Y esto es diferente.

Una computadora y una conexión a Internet implican costos que no tienen punto de comparación con los que pueden implicar cualquier emprendimiento editorial clásico.

Todo esto conlleva una expansión impresionante de las posibilidades editoriales, comparable, en forma relativa, con la revolución que implicó en su momento la imprenta de Gutemberg

Así como esta última revolucionó la cantidad de textos (que debe entenderse en dos sentidos: cantidad de impresiones de un mismo texto, y cantidad de textos diferentes) que desde entonces podían editarse en comparación con las posibilidades que podía ofrecer el método manuscrito, Internet expande en un sentido igualmente revolucionario dichas posibilidades, al permitir, prácticamente, que cualquiera pueda editar los textos que quiera, sin tener que invertir, para ello, grandes sumas de dinero.

Cualquiera puede poner su novela en Internet. Quizás la misma llegue a ser un éxito, o quizás no, pero esta posibilidad ya no estará condicionada a la disposición previa del capital necesario para una edición en papel. Y lo mismo pasa con las revistas.

La publicación electrónica emancipa, en un nuevo grado, a los autores, de la servidumbre de la inversión capitalista.

Obviamente, esto no nos emancipa del modo de producción capitalista ni de las consecuencias sociales que el mismo implica, como mas de uno ha querido ilusionarse. Ni la imprenta de Gutemberg antes, ni Internet ahora, han sido o serán la solución al hambre, la miseria, las guerras y la explotación del hombre por el hombre. No debemos confundir revolución tecnológica con revolución social.

A veces, una revolución tecnológica puede ayudar en un sentido u otro a la acción de los hombres. Pero nunca puede reemplazar a dicha acción. La revolución social la hacen los hombres y no las máquinas.

Así como en su momento pocos imaginaban la caída del muro de Berlín, no son muchos los que imaginaban la situación financiera crítica en que hoy se encuentra Japón y, en consecuencia, el conjunto de la economía mundial. Como muy bien lo explica el profesor Claudio Katz, en un artículo publicado en el tercer número de Acheronta, las nuevas tecnologías de la información se han aplicado mucho mas al mundo de las finanzas que al mundo de la producción. "Computadoras en Wall Street pero no en Detroit" decía un conocido economista norteamericano. Con lo que, la misma tecnología que por un lado permite, como lo hemos visto, una libertad editorial expandida, por el otro lado también es la que facilita y potencia el ritmo de la especulación financiera que puede llevarnos a una crisis mundial.

Volviendo al tema editorial, lo que la experiencia de Acheronta ejemplifica y testimonia son las posibilidades (y limitaciones) de las nuevas posibilidades editoriales que ofrece Internet.

Acheronta no ha tenido que pedirle ni permiso ni dinero a nadie para nacer, desarrollarse, y transformarse, en apenas 2 años y medio, en una de las principales revistas electrónicas en el mundo dedicadas al psicoanálisis y la cultura.

Estas posibilidades, estas perspectivas, son visualizadas también por los máximos popes de la industria informática. El propio B. Gates, tan bien recibido por los gobernantes de cuanto país visita como maldecido en Internet por los numerosos amantes de Netscape, pero que evidentemente no tiene un pelo de tonto, ha hecho, entre sus varias predicciones (acostumbra a hacer unas diez predicciones, cada fin de año, para el año siguiente), una predicción que debería llamarnos la atención. Ha dicho que en el futuro, la mayoría de los contenidos en Internet no estarán en inglés.

En un momento signado por el predominio económico mundial de los grupos norteamericanos, pensar en que Internet se puede llenar de contenidos en otros idiomas es suponer que estos contenidos no necesitarán de demasiado apoyo empresario para existir.

Los latino parlantes no deberíamos dejar de tomar nota de comentarios de este tipo.

También debemos prestar atención al los problemas económicos y políticos asociados a este nuevo ámbito físico en el que se desarrolla la edición electrónica: las discusiones sobre el control de los dominios en Internet, el control de la red, las disputas por el software de navegación, etc.

3 - Conclusiones

La revolución tecnológica que constituyen las nuevas tecnologías de las comunicaciones, en general, e Internet en particular, modificará profundamente las posibilidades abiertas en el campo editorial. Esta "democratización" económica cuestionará, de un modo u otro, las actuales estructuras y sistemas de calificación del "saber". El mismo ya no será evaluado solo por especialistas sino por un público mucho más amplio, puesto que dicho saber ya no requerirá del acuerdo de los primeros para ser editado, y por lo tanto para llegar a dicho público más amplio.

Surgen entonces las clásicas preguntas acerca de la necesidad o no de estos especialistas, de su función, y de la capacidad de estos públicos más amplios para evaluar lo que es "bueno" y lo que es "malo".

Obviamente, no creo que la mejor actitud sea la de repetir los miedos que ya tuieron los monjes ante la proliferación "diabólica" de libros que permitió la imprenta.

Quizás en el diálogo posterior a las exposiciones de esta mesa tengamos tiempo para retomar un poco estas discusiones.

Muchas gracias

 

 

 

 

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