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Primera
Parte
Período de cambios
El puerperio es el periodo que va desde el parto hasta la
regularización del ciclo menstrual de la madre, calculándose en
término medio que esto se produce a los 45 días del nacimiento del
bebé. En este particular tiempo hay muchas cosas que van a cambiar,
y esos cambios se dan en diversos aspectos:
• Físicos: estructuras corporales; órganos internos
como el útero, los ovarios, órganos genitales externos, como las mamas
que debe prepararse para la lactancia; hormonales, incluyendo el hecho
de que el ciclo femenino debe volver a la normalidad, etc.
• Estéticos: la forma del cuerpo vuelve a cambiar,
esta vez mucho más rápidamente que durante los 9 meses del embarazo.
• Psíquicos: teniendo en cuenta la nueva situación de
la mujer, todo lo que personal, familiar y socialmente significa el
nacimiento, y también la influencia de las hormonas que al acompañar
los cambios estarán mediando en los estados emocionales.
Todo esto implica un cambio de estado que requiere
un periodo de adaptación del grupo familiar, pero muy particularmente
de la mujer que recién ha dado a luz. La reina familiar que
constituía la embarazada debe abdicar su reinado a favor de
un nuevo rey, un pequeño y esperado tirano que comenzará a
dirigir toda la atención del hogar
Mecanismos de estrés
Hablar del puerperio y de sus innumerables
implicancias requeriría más que un tratado científico, y la menor
parte del mismo estaría quizá dedicado al proceso físico, que es el
que está definitivamente más estudiado y definido.
Sabemos que en el parto se desencadenan ciertos
mecanismos de estrés que están mediados por hormonas. Implican a
órganos que están encargados de fabricar esas hormonas, algunas de las
cuales se liberan en el sistema nervioso y están relacionadas con
sistemas de alta complejidad, en lo que tiene que ver con la corteza
cerebral.
La placenta es un órgano que cumple muchas e
importantes funciones, entre las cuales está la fabricación y
liberación de hormonas tendientes a crear y mantener un adecuado
estado gestacional. El hecho de que la placenta se desprenda, dejando
de aportar ese caudal de hormonas provoca a nivel central la
liberación, por ejemplo, de oxitocina. Entre otras funciones, esta
hormona interviene en la salida de la leche materna (1). Por ello, el
puerperio es un periodo fundamental para la lactancia. Cuanto más
amamante la madre al bebé en esta etapa, mejor y más duradera será la
lactancia.
Durante la primera semana del puerperio se produce
una bajada de leche, es decir, comienza la producción, la cual se verá
estimulada por la succión del mismo bebé. La leche de los primeros
días se llama calostro, es amarilla espesa y de color oro, es rica en
anticuerpos que protege al bebé de infecciones graves y lo estimula a
mamar frecuentemente.
Las madres comienzan a sentir la sensación de turgor
en las mamas, las cuales están tensas por estar llenas de leche.
Incluso a veces pueden producir fiebre, por lo cual es necesario
consultar al médico. La posibilidad de infecciones en este periodo
debe ser siempre controlada
El sorprendente útero
Todavía no hemos siquiera comenzado a plantear el
inmenso universo de cambios que se provocan a nivel psíquico y
anímico. Mientras tanto, el útero que creció en forma importante
durante la gestación, hasta casi el límite con las costillas, debe
comenzar rápidamente su reducción. En los primeros tres días del
puerperio, y gracias a la acción de la oxitocina, el útero se reduce a
un cuarto del tamaño que había alcanzado, lo cual constituye
un caso único en la anatomía humana en cuanto a la pronta capacidad de
reacción. Ningún músculo posee esta cualidad de estirarse sin romperse
y luego encogerse a su anterior tamaño.
Hay que tener en cuenta que, al agrandarse, el útero
tuvo que aumentar su vascularización, incluyendo una zona intermedia
entre la madre y el niño, por la cual se producía su nutrición, la
cual queda expuesta luego del alumbramiento (momento del parto en que
es expulsada la placenta). De la misma manera que una planta está
enraizada en el suelo, la placenta lo está en el útero, el cual debe
cerrar rápidamente todos esos vasos abiertos en una superficie
expuesta de entre 15 y 20 centímetros de diámetro. De esto también se
encarga la oxitocina, entre otros complicados procesos mediados por
esta hormona desde el sistema nervioso central
La herida de la cesárea
Algunas veces un embarazo debe ser concluido
mediante una cesárea, cuyas motivaciones tienen que ver con el riesgo
para la mamá y para el bebé de atravesar un parto natural. En general,
todo profesional intentará evitar esta intervención quirúrgica, y no
sólo por lo que significa como tal (la invasión, el corte de los
tejidos, los riesgos de infección, etc.), sino por causas aún más
profundas. La herida que deja la cesárea va mucho más allá de
una mera cicatriz en el abdomen. Es un corte, si, pero no sólo en el
cuerpo de la madre, sino en el natural proceso del nacimiento que,
como ya hemos visto, está continuamente mediado por hormonas que
provocan procesos encadenados unos con otros.
Una cesárea plantea un escenario completamente
diferente para el nacimiento del bebé y para el bienestar psicofísico
de la madre, cuyo impacto todavía no nos es dado evaluar del todo.
Esos mecanismos de estrés de los cuales hablábamos, que incluyen las
contracciones rítmicas y el hecho mismo de parir, no se dan en una
cesárea programada. El binomio madre-hijo pierden ese proceso sin que
sepamos exactamente cuál es su consecuencia. De hecho, el índice de
depresión postparto es mayor cuando el nacimiento fue por cesárea. Una
situación intermedia sería una cesárea no programada, sino
que se decide luego que los mecanismos del parto se han
desencadenado.
Otros procesos están asegurados: sea por parto bajo
o por cesárea, el desprendimiento de la placenta dará siempre lugar a
la liberación de la oxitocina.
En la segunda entrega de La importancia del
puerperio abordaremos muchos más aspectos de este decisivo
periodo para la salud de la mamá y el bebé.
Notas:
(1) Esta es una de las pocas hormonas que tiene un mecanismo de
retroalimentación positiva, es decir, a mayor demanda, mayor
producción. Esto significa que cuanta más leche se está fabricando,
más incentivo hay para la producción
Segunda Parte
Proceso incompleto
En la primera parte de este artículo, la Dra. María
Eugenia Sors exponía la inmensa importancia de los cambios que tienen
lugar luego del nacimiento y su influencia en la salud de la madre,
del bebé y de la relación entre ambos.
Una de las preocupaciones de los profesionales que
asisten el embarazo y el nacimiento es el impacto que puede tener una
cesárea, vista como un acontecimiento que naturalmente no forma parte
del proceso y que, por lo tanto, interfiere en el normal desarrollo
del mismo. Nuestra experta se pregunta hasta qué punto con los
actuales conocimientos médicos podemos dimensionar ese impacto, que de
alguna manera se vivencia -desde lo psicológico- personal y
familiarmente como una frustración: la de no haber completado en forma
perfecta la maravillosa tarea de dar vida. Si acaso la mayor
influencia de la cesárea está dada desde lo hormonal, debido a la
incompleta secuencia de aquellos procesos de estrés orgánicos de los
cuales hablábamos en la primera entrega, y que se desencadenan en el
parto. O tal vez la conjunción de ambos aspectos vuelve al nacimiento
por cesárea una circunstancia capaz de cambiar tanto el proceso que,
por ejemplo, existe más probabilidad de desarrollar una depresión
puerperal que luego de un nacimiento vaginal. El riesgo es también
mayor para el bebé desde el punto de vista de la adaptación a la vida
fuera del útero
El producto de la gestación
No toda cesárea tiene el mismo tipo de impacto. Es
necesario decir que no resulta igual una cesárea programada
que otra de urgencia. Tampoco el de aquella con anestesia
general, en la cual la madre está ausente del proceso, que
otra con anestesia peridural, en la cual existe algo de participación
materna. Es mucha mayor la desconexión cuando la mamá no ha
participado ni del nacimiento ni de ese primer momento del puerperio:
el instante de ver al bebé recién salido del útero. Ese momento tan
especial en que la madre ve, reconoce como propio el producto
de la gestación. Algo –alguien- que estuvo gestándose en su interior y
que aunque puede haberse vislumbrado a través de una imagen ecográfica,
ahora se presenta en toda su maravillosa y extraña realidad. Alguien a
quien amaremos, sí, pero que en este momento hay que empezar a
amar cuando jamás lo habíamos visto, lo cual no es tan automático
como podría creerse. Más aun para aquella mamá que no estuvo
consciente en el momento del nacimiento: ella despierta y hay un niño
a su lado. La anestesia y su desagradable sensación, la falta de
conciencia, el dolor, el temor, etc., se complotan contra un momento
hecho para ser vivido y disfrutado, más allá del sufrimiento físico
del parto. Como muchas cosas importantes de la vida, el nacimiento
también está precedido de ese momento de dolor físico, que realza tal
vez la felicidad posterior. Concluyendo, la cesárea es a veces
imprescindible, pero no es fisiológica, y esto tiene importantes
consecuencias
Riesgos propios del puerperio
Existen ciertos riesgos propios del periodo
puerperal, algunos leves y otros más serios. Por ejemplo, el hecho de
cambiar tanto la anatomía de las mamas, que aumentan de tamaño, la
producción de leche, etc., predispone a las inflamaciones e
infecciones locales, llamadas mastitis, que son mucho más frecuentes
en la lactancia que en otros periodos de la vida femenina.
Con respecto al útero, el desprendimiento de la
placenta dejando una gran superficie vascularizada al descubierto,
también significa cierto riesgo de infecciones. A diferencia de las
mastitis, éstas pueden llegar a ser muy graves. Dada la conexión del
útero con el interior del cuerpo, una infección uterina no atendida a
tiempo puede cobrar el resto del organismo. Con el
conocimiento actual de los cuidados puerperales, son cada vez menos
frecuentes.
Esos cuidados deben ser conocidos no sólo por los
profesionales que atienden el nacimiento, sino por la misma madre y su
entorno, para lo cual deben recibir asesoramiento en el puerperio
inmediato. Consisten en condiciones locales de higiene y normas de
higiene alimentaria. También la antiguamente conocida como “cuarentena
sexual”, que si bien hoy se ha limitado en el tiempo debe ser
consultada con el ginecólogo. En efecto y por un tiempo, las
condiciones anatómicas no son las adecuadas para mantener relaciones
sexuales.
También hay que decir que el organismo de la madre,
abocado totalmente a la fabricación del alimento, y con un particular
estado psicológico, está inmunológicamente deprimida. Una enfermedad
como la varicela, que en otros periodos de la vida es leve, puede
transformarse en grave y hasta mortal
¿Puerperio masculino?
Con respecto a los riesgos psicológicos, el
puerperio presenta una importante frecuencia en cuanto a la depresión,
llamada puerperal o post-parto. Tiene que ver no sólo con procesos
propios de la gestación y el nacimiento –como la mencionada cesárea-
sino también con las condiciones de base con las que llega la mujer al
parto. Son estados de hipersensibilidad, cambios del estado anímico en
parte producidos por los importantes cambios hormonales que se están
produciendo. Pueden vivenciarse estados psicológicos tendientes al
amparo no sólo de la descendencia sino de la madre misma, que
para la supervivencia del bebé resulta esencial. Estos mecanismos, que
pueden encuadrarse en lo que se denomina “preservación de la especie”,
hacen que la mamá no esté demasiado inclinada a la integración social,
que prefiera más bien la intimidad con su bebé.
Esto repercute enormemente en el padre, el cual
podemos decir que sufre un puerperio masculino, aunque no en
todos los casos se desarrolla de la misma manera. Esto depende por
supuesto de la participación del varón durante el embarazo, de la
integración que permita la mujer y del vínculo que se establezca entre
la pareja y el bebé. Es un vínculo que habrá que desarrollar, dado que
el vínculo mamá-bebé se establece, tanto en lo psicológico como en lo
orgánico, fuerte y casi irremediablemente. Si el papá se siente un
tanto desplazado en esa relación, deberá asumir el rol del padre
puerperal, que tiene que ver con la contención, el acompañamiento
y la protección.
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