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0502 - Por una
jugada del destino, las necrológicas de la creadora de la muñeca
Barbie han coincidido con la puesta en marcha de una millonaria
campaña de publicidad de un nuevo producto antiarrugas cuyo
nombre combina las palabras botulismo y toxina. Las costosas
inyecciones de Botox ya se
han hecho populares entre las mujeres que desean eliminar las
líneas de sus caras. Con el bombardeo publicitario que ha tenido
lugar a mediados de este año se espera difundir aún más esta
práctica.
El principal objetivo de esta campaña es el grupo de mujeres
estadounidenses de entre 30 y 64 años. Se prevé que un 90 por
ciento de ellas usará Botox al menos unas 10 veces. La
publicidad impresa, que comenzó a publicarse en la revista
People la primera semana de mayo: "No es magia, es Botox", se
basa en el conocido tipo de fotos antes y después. La campaña
publicitaria presenta también anuncios en televisión.
Para muchas personas, hoy en día vivimos la era posfeminista, y
denunciar casos de sexismo resulta anacrónico. La gente que
denuncia abiertamente la imagen de la mujer que ofrecen los
medios de comunicación corre el peligro de ser ridiculizada por
su corrección política. Sin embargo, otro tipo de corrección
política, que podríamos llamar corrección patriarcal, sigue
floreciendo como el pilar principal de los medios de
comunicación, y no sólo en el mundo de la publicidad y del
entretenimiento de masas.
En la edición de la revista Newsweek del 29 de abril, cuyo tema
principal son las Empresas del futuro y la Oficina del mañana,
aparecía en la portada la imagen de una mujer empuñando alguna
clase de artilugio futurista. Esta mujer, que pretendía
representar una prototípica trabajadora de oficina, era
delgadísima, llevaba tacones de aguja y estaba sentada en una
silla transparente con un sutil pero reconocible parecido a una
copa de Martini.
A pesar del indiscutible progreso que ha tenido lugar en las
últimas décadas respecto de los derechos de las mujeres y la
relajación de los roles de género, sigue dando miedo la imagen
de la mujer que transmiten los medios de comunicación. Las
interpretaciones superficiales (la belleza está en la imagen) de
lo que significa ser mujer ayudan a explicar la atracción por
las inyecciones de Botox, cuyo precio ronda los 500 dólares y
cuyo efecto desaparece en cuatro meses.
Cuando pensamos en las personas a las que queremos,
probablemente nunca pensamos en sus arrugas. Sin embargo, la
concepción que la sociedad transmite sobre este tema está muy
arraigada y comienza a ponerse de manifiesto a edades tempranas.
Hoy en día, en una sociedad que parece estar en conflicto
constante con la naturaleza -no hay más que pensar en la
reducción de la capa de ozono, en la contaminación de ríos y
mares o en las cosechas plagadas de pesticidas- parece razonable
pensar que este conflicto se extienda a nuestro cuerpo.
Después de que el pasado abril muriera, a los 85 años, Ruth
Handler, la creadora de la Barbie, se publicaron varias noticias
que ponían de manifiesto que las irreales proporciones de
plástico de la muñeca eran prácticamente imposibles de
conseguir. El New York Times exponía que la "si la muñeca, que
mide unos 29 cm., tuviera una estatura de 1'70, sus medidas
serían 99-53-84". El Daily Telegraph de Londres situaba las
medidas en 99-46-84.
Según el periódico The Times: "según los expertos, las
posibilidades de que una mujer tenga las medidas de la Barbie
son de una entre 100 000."
Pero las modas cambian. Durante el último tercio de siglo, las
nuevas olas de feminismo han criticado con efectividad este
modelo destructivo: quizás preferimos pensar que los nuevos
consumidores del siglo XXI, tan sofisticados, han dejado atrás
estas tonterías de la Barbie. Sin embargo, con tan sólo echarle
un vistazo a un Cosmopolitan se puede distinguir un contenido y
una publicidad que continuamente despiertan -y sacan provecho
de- la obsesión por estar a la altura de la imagen de la mujer
que los medios de comunicación ofrecen.
En 1985, la mítica editora de Cosmo, Helen Gurley Brown, hizo
unas inocentes declaraciones sobre la relación entre los
artículos de su revista y el tipo de publicidad que la
sustentaba: "Yo misma procedo del mundo de la publicidad, por
eso creo que nadie paga millones al año a alguien que intenta
perjudicarte". Cuando se publicaron estas declaraciones,
Cosmopolitan estaba siendo objeto de críticas por anunciar
marcas de tabaco en sus páginas y no publicar ni un solo
artículo sobre las perniciosas consecuencias de fumar.
Hoy en día, el comentario de Brown todavía tiene validez en lo
que se refiere a una gran cantidad de anuncios publicitarios que
se puede ver en los medios de comunicación de masas,
especialmente en la televisión y en las revistas. Cada vez es
más rentable la publicidad pérfidamente dirigida a la fabricada
insatisfacción de las mujeres con su cuerpo; publicidad que
ofrece promesas de solución por un módico precio. Mientras
tanto, los medios de comunicación rara vez cuestionan las
asumidas suposiciones y la manipulación que la publicidad
esconde.
El último número de la revista Adbusters [Destruyeanuncios]
incluye una página de antianuncios satíricos con primeros planos
de una boca con la frase: El perfeccionismo es la fuerza maligna
de nuestra sociedad. Esta frase nos lleva a preguntarnos lo que
entendemos por perfección. Los anuncios que saturan los medios
de comunicación siguen insistiendo en que ofrecen productos
maravillosos y perfectos; son de gran utilidad como sustitutos
de la maravillosa complejidad de la naturaleza.
A menudo, los medios de comunicación sólo muestran una fachada
de respeto por las mujeres. Sin embargo, existen numerosos
indicios que demuestran que la imagen prefabricada e idealizada
de la mujer que ofrece la industria de la publicidad está basada
en el desprecio por la mujer real, que, como todo en la
naturaleza, carece de la uniformidad de la producción en masa
que se puede empaquetar y vender.
Los medios de comunicación nos transmiten mensajes con la terca
presunción de que las mujeres nunca podrán llegar a ser
perfectas, pero que, aun así, deberían vivir y comprar -y en
última instancia morir- intentando conseguirlo. Primero la
Barbie, después el Botox.
El último libro de Norman Solomon es "Los hábitos de los
altamente engañosos medios de comunicación". Su columna se
centra en temas de medios de comunicación y política.
Traducido por
Laura Moreno y revisado por
Alfred Sola.
Original en inglés
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