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Revista Latina de
Comunicación Social - La Laguna (Tenerife) abril 2002 - año 5º -
número 49 - D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 5820 -
http://www.ull.es © - Bilbao (País Vasco)
El largo proceso en la equiparación de los roles sexuales se
enfrenta de continuo a los referentes que, desde los medios de
comunicación, se ofrecen a la mujer y que pueden imponerse con
facilidad sobre aquellos ofrecidos desde la propia sociedad. Los
medios tienen una enorme facilidad para convertirse en elementos
fundamentales de conocimiento, ¿cómo saber qué piensa, cómo
actúa, cómo vive una mujer moderna?. Las mujeres que aparecen en
los medios son más reales que la realidad misma porque son
arquetipos ajustados a un modelo, liberados de las
particularidades que imprime la individualidad. Se debe atribuir
a los medios la responsabilidad inherente a su propia influencia
social, ya que son capaces de retrasar o estimular los cambios
que la propia sociedad demanda.
La mujer lee pocos periódicos, sólo el 37% de lectores de
periódicos son mujeres[1]. Sin embargo, éstas suponen el 73% de
la audiencia de las revistas del corazón y el 96% de las
revistas femeninas[2]. Por lo tanto, las revistas son el
escaparate en que se mira la mujer, de ahí la importancia de un
discurso que frena la transformación de la sociedad al reforzar
creencias y valores tradicionales y obviar toda posición de
cambio.
Evolución y transformación
Duele la propia definición de prensa femenina por cuanto se
diferencia de la otra prensa, la dirigida a los hombres, llamada
prensa seria o de calidad o prensa de información general. Nos
gustaría poder denominarla prensa amarilla, de cotilleo, rosa o,
más certeramente, prensa de baja calidad, pero estaríamos
obviando una realidad cruel aunque demostrable: la prensa
femenina es así denominada por ir dirigida a las mujeres que son
quienes componen la casi totalidad de su audiencia.
Durante mucho tiempo la prensa para mujeres fue denominada
prensa femenina, sin mayores matizaciones; en el s. XIX esta
prensa presentaba influencias francesas y coexistía con
publicaciones dirigidas a la mujer y comprometidas social y
políticamente. A principios del s. XX el mercado de la revista
femenina se fue afianzando con nuevos títulos como El Gran
Mundo, Album del Bello Sexo, Almanaque de las gracias y
elegancias femeninas... títulos que hablan por sí solos del
contenido y de la tradición doméstica y familiar de las mujeres.
Con la guerra civil la mayoría de las revistas femeninas
desaparecen, a excepción de las publicadas por la Sección
Femenina. Pero la postguerra era terreno abonado para que
surgieran de nuevo, ya que suponían una válvula de escape a la
escasez y la precariedad de aquellos años.
En la segunda mitad de los años cuarenta se produce un hecho de
tal significación que diferenciará hasta el presente la prensa
para mujeres: muchas de las revistas de amenidades se van
transformando en revistas de personajes (estrellas, famosos y
populares) y curiosidades; surge así la prensa del corazón.
La situación siguió sin sobresaltos, permitiendo la pervivencia
de dos tipos de revistas femeninas, las de hogar-familia,
tradicionales en la prensa española, y las nuevas revistas del
corazón, que superan muy pronto a las anteriores en audiencia.
En la década de los setenta, las revistas del corazón tienen
muchos más títulos, están más consolidadas y gozan de una
permanencia envidiable en el mercado, aunque aún no se matizan
las diferencias y se puede seguir utilizando el genérico prensa
femenina.
Sin embargo, en los ochenta el mercado de las revistas del
sector hogar-familia se convierte en un polo de fuerte atracción
para la inversión extranjera que inunda el mercado con nuevos
títulos, en una línea cercana a la europea y norteamericana y
muy abierta a la innovación, y arrastran a la renovación a las
ya existentes. En 1976 ya había aparecido la edición española de
Cosmopolitan, estandarte de un modelo de mujer liberada,
agresiva y seductora; la audacia resultó inaceptable para las
mujeres españolas de aquel momento y la revista desapareció en
pocos meses. Cuando en 1990 apareció de nuevo fue aceptada con
éxito.
Es entonces cuando la diferenciación se polariza y cabe hablar
de revistas femeninas y del corazón,. Las nuevas revistas
femeninas no sólo mantienen un formato francés o norteamericano,
sino que responden a un planteamiento distinto; lo importante de
esta prensa es, en palabras de M.J. Recoder, que: a través de
sus páginas podemos leer la historia de las costumbres de la
época, mientras que la prensa del corazón muestra sólo la
historia de los famosos y no de la sociedad a la que se dirige,
es una selección de sujetos diferentes o superiores, la prensa
del corazón no orienta ni informa[3]
Las revistas ingenuas
El discurso de todo tipo de prensa dirigida a la mujer muestra y
refuerza el lugar que cada uno ocupa en la sociedad mientras
introduce los cambios propios de esa sociedad. Aparentan
evolucionar con los tiempos, sin embargo, difunden los mismos
valores sociales que desde siempre han sustentado una gran
desigualdad entre géneros.
Todo ello se ve con claridad en la prensa del corazón. Hace
tiempo que los investigadores de medios se preocupan por esta
clase de prensa y la imagen de mujer que representan. Las
revistas del corazón son ya, para los estudiosos del tema, el
baluarte de los roles tradicionales[4]. Sustentadoras de un
discurso decimonónico respecto del lugar de la mujer, mantienen
vivos los más viejos estereotipos, ofreciendo aquello que
consideran como la única inquietud del segmento femenino al que
van dirigidas: cotilleo, banalidad, evanescencia.
Las revistas del corazón tienen muy mala prensa; sólo en ciertos
espacios se reconoce abiertamente su lectura (como en sus sosias
televisivos, las tertulias del cotilleo). Para una gran mayoría
son el reducto de la mujer más tradicional, de una cierta edad,
sin preparación, una mujer producto de tiempos pasados, atada al
esquema femenino patriarcal.
El mensaje claro y directo, no encubierto, de las revistas del
corazón, hace que sean denostadas, al menos en público. La
transparencia de su discurso, lo burdo de su presentación, las
hacen inofensivas porque quien se acerque a ellas sabe de
antemano lo que encontrará en sus páginas: relatos intimistas,
biografías de relumbrón, cánones de belleza, modelos
trasnochados de mujer. No ocurre así con las revistas femeninas.
Las revistas liberadas
Las revistas femeninas han irrumpido en la prensa española
lanzando un tipo de mujer distinto, más actual, independiente e
integrada en el mundo laboral y económico. Frente a las revistas
del corazón como baluarte de los roles tradicionales, las
revistas femeninas son el baluarte de la mujer liberada y
moderna.
Su influencia cobra, si cabe, mayor interés por tener un precio
considerablemente superior a otras revistas para mujeres, lo que
influye en la selección de la audiencia; las mujeres que compran
estas revistas son, en buena parte, las de mayor estatus
económico o las que han alcanzado una independencia económica,
profesionales con un mayor grado de formación, deseosas de
ocupar un lugar diferente en la sociedad.
Porque el modelo de mujer que proponen estas revistas es el de
una mujer que trabaja fuera de casa, que incluso ha alcanzado
puestos elevados en su profesión. No es ya la mujer tradicional
ocupada sólo por su familia y su casa, tiene conciencia de sí
misma, inquietudes culturales... El nuevo modelo platea una
liberación sexual, separada de la maternidad.
A simple vista, se trata de un modelo reformado, distante del
tratamiento habitual que la mujer recibe en los medios; en él la
mujer sale, en apariencia, beneficiada. Ante tal perspectiva, no
resulta extraño que la mujer se deje deslumbrar y acuda a este
tipo de revistas en busca del referente que se le ofrece, y por
eso mismo se corre el riesgo de aceptar el modelo por lo que
aparenta, sin ver lo que en realidad esconde.
Y es que se trata tan sólo de una versión modernizada del mismo
lenguaje inmovilista que caracteriza a cualquier prensa de
mujer. Nada ha cambiado aunque lo parezca. El nuevo lenguaje se
adapta a los nuevos tiempos, sólo eso, tras él, la mujer sigue
sumida en la misma alienación que sus abuelas, aparece en el
hogar, que es sólo suyo pues a ella se dirigen las páginas de
decoración, labores y cocina; sigue enclaustrada en el mundo de
los sentimientos, como lo demuestra el gran número de páginas
dedicadas a analizar sus emociones, los test de personalidad, su
vida íntima, sus relaciones de pareja; sigue siendo una bella
muñeca que dedica gran parte de su tiempo y su dinero en cuidar
de su apariencia, tiempo y dinero que resta a esas otras
parcelas que las revistas tanto parecen elogiar, como la
preparación profesional y cultural.
¿Abanderadas de la liberación?
Postulan un modelo de mujer libre, defienden la igualdad,
mientras afirman:
¿Existe un cerebro gris y otro rosa?. Son físicamente distintos,
sí (...). El cerebro femenino está más lateralizado hacia el
hemisferio izquierdo, una zona especializada en el área de la
comunicación. En los hombres tiene más peso el hemisferio
derecho, con su capacidad para manejar el espacio y la
abstracción de ideas (Telva, septiembre de 2001)
Cuando se ha dicho hasta la saciedad que el sexo de los seres
humanos no determina, de forma biológica, sus funciones en la
sociedad, las revistas femeninas sostienen, con pretensiones
científicas, que existen diferencias anatómico-fisiológicas que
capacitan para funciones distintas; las mujeres nacen facultadas
para la comunicación (quizás para el cotilleo propio de las
revistas) y los hombres para la creación y la ideación. Estas
revistas constituirían buenos ejemplos de naturaleza de mujer,
con delicados cerebros color de rosa.
Convertidas en paladines en defensa de la mujer, sin embargo no
dudan en poner en cuestión la existencia de delitos sobre la
mujer que frenan esa liberación:
Acoso sexual, un problema (¿sólo?) femenino (Cosmopolitan,
agosto de 2001)
La duda que introduce la pregunta ¿sólo? no hace sino oscurecer
el hecho de que son los hombres los que, en una abrumadora
mayoría, acosan sexualmente a las mujeres.
¿Sexualidad consciente?
Se vende la liberación sexual, pero sus mensajes instan a la
mujer a seguir siendo un obscuro objeto de deseo:
¡Mmmm!. La lavanda y la calabaza son los olores que más excitan
a los hombres. (Cosmopólitan, agosto de 2001)
¿Envidias a Jennifer López?. Ponte a su altura caminando con los
glúteos contraídos? (Cosmopólitan, agosto de 2001
¿Cómo se liberará la mujer de ataduras sexuales con discursos
como éstos?. El sexo no se libera, se extralimita. De ser una
parte negada de la mujer, pasa a convertirse en eje fundamental
de su vida, casi en obsesión. Se multiplican las encuestas
dirigidas a establecer plusmarcas en número de orgasmos,
infidelidades, conquistas, traiciones, y se imparten cursillos
acelerados:
Empieza leyendo novelas románticas o alquilando vídeos sexy. Los
materiales no tienen que ser pornográficos, sólo sugerentes.
Entonces cierra los ojos, relájate e imagínate a ti misma
teniendo un encuentro sexual con quien se te ocurra: un
cantante, un vecino, un cuñado, un desconocido. No te preocupes
por cómo te imaginas a ti misma, ni con quién, ni dónde. Cuando
se trata de fantasías, no hay bueno ni malo, mientras las
imágenes sean excitantes. (Cosmopolitan, julio de 2001)
Cursos de sexualidad o de simple prostitución, con lo que, en un
juego malabar de contradicción, las revistas femeninas vuelven a
atar a la mujer con una sexualidad al servicio del hombre; en
ocasiones con mensajes tan explícitos como el que la revista
Elle titula Clases particulares con una prostituta de lujo,
advirtiendo en el subtítulo: De las que todas deberíamos tomar
nota:
Es un secreto a voces que los hombres ven cada vez más amenazada
su sexualidad por la agresiva actitud femenina. Todavía no han
digerido que ella arrase en la cama y tienen miedo de no
conseguir una erección en el momento adecuado. Por tanto, no
podrán resistirse a una mujer que les devuelva la ilusión de
controlar el instinto básico de yo quiero y puedo. (Elle,
noviembre de 1999).
¿Inquietudes culturales?
La dimensión cultural de las revistas femeninas se desvanece
ante la trivialidad del tratamiento que reciben los pocos temas
serios que introducen; tercera edad, aborto, nuevas profesiones,
se mezclan con reseñas de los últimos best-sellers y las últimas
tendencias en decoración. No abandonan su marchamo de
preparación, cultura e intelectualidad, pero no pasa de ser un
excelente envoltorio de auténticos disparates:
Dedico semanas a leer los últimos libros de tendencias, a bucear
por Internet y a estudiar las revistas con un bloc de notas y un
lápiz. Estoy muy concentrada. (Elle, agosto de 2001).
Los padres la educaron en un clima bastante intelectual. Esto es
algo contra lo que se rebelaba (...). Decidió no estudiar una
carrera universitaria y, en su lugar, se decantó por el mundo de
la interpretación: ´Prefería ser actriz o camarera´. (Marie
Claire, agosto de 2001)
Por su belleza anti-Barbie y porque no hipoteca su cociente
intelectual al último fetiche de moda. Es decir, porque les pone
más allá de lo físico. (Elle, octubre de 1999)
Este último texto se acompaña de la imagen de una mujer
voluptuosa, fuertemente sensual; lo que deja ver su escote hasta
la cintura no es, precisamente, su cociente intelectual. A pesar
de presentarse como las inquietudes culturales de una nueva
mujer, se venden los mismos papeles al precio de siempre: el
espectáculo, la belleza y la sensualidad.
¿Una nueva mujer?
Nada hay de nuevo en este modelo de mujer que subraya hasta la
obsesión el papel de objeto ornamental que siempre se le ha
adjudicado. Se insiste en el culto a la belleza a través de la
moda, los cosméticos, las dietas, la gimnasia. Se dicen
feministas, pero adoran el totem mediático del estrellato, sus
modelos de mujer actual son las bellezas del papel couché:
Uma Thurman emana sensualidad, misterio, glamour. Su forma de
pensar tiene mucho que ver con la máxima que ahora sigue: ´Yo no
soy feminista; es mi vida la que es feminista´. (Marie Claire,
agosto de 2001)
Las páginas de las revistas femeninas están repletas de hogares
cuidados al detalle..., por mujeres; consejos sobre decoración,
cortinas y baños relucientes..., todos habitados por mujeres;
con lo que se sigue reforzando la casa como el lugar propio de
la mujer, su espacio vital por excelencia; a ella van dirigidos
todos los consejos para hacer del hogar el reposo de un guerrero
al que no se ve nunca dedicado a semejantes tareas.
La maternidad recibe un tratamiento en la línea más
conservadora, adjudicando al hecho de ser madre el papel
excluyente y totalizador que impide la realización de otras
funciones:
Tantas horas fuera de casa hacen que tu niñera comparte más
cosas con tus hijos que tu (...). De todos los papeles que hoy
representa la mujer, el único que entra en crisis con el mundo
laboral es el de madre. (Telva, septiembre de 2001)
Una mujer que no es tan nueva, pues sigue encorsetada en los
tres roles tradicionales de objeto de adorno inútil, ama de casa
y madre.
¿Incorporada al mundo laboral?
La mujer de las revistas femeninas trabaja fuera de casa, pero
el precio que paga por ello parece invitar a desistir del
intento:
Madre y trabajadora: ¿inocente o culpable? (...). La angustia
aparece cuando sientes que, a causa del trabajo, estás delegando
responsabilidades maternas que sólo te conciernen a ti y ese
sentimiento repercute en tu familia y también en el trabajo. (Telva,
septiembre de 2001)
Auténtica parodia de trabajo es el que describen algunos
reportajes:
Rendimiento laboral. Demostrado: tocar el tambor en medio de la
oficina o recitar poesía mientras se camina por los pasillos
aumenta el rendimiento y la felicidad personal- de los
empleados. (Cosmopolitan, septiembre de 2001).
Te invitamos a conocer la renovada moda de los creadores
españoles y los siempre prácticos temas de trabajo (te
interesará ¿Me pueden prohibir que fume? y otras preguntas
importantes). (Cosmopolitan, agosto de 2001)
La nueva mujer trabajadora ha incorporado a sus cualidades la
competitividad, aunque ello signifique dejar de lado la ética;
no es extraño encontrar entre sus páginas consignas para actuar
sin escrúpulos:
En el trabajo, actuar con bondad, ayudando a los demás, siempre
dentro de unos éticos límites de cordialidad, eficacia,
cooperación y compañerismo, tiene como recompensa que los jefes
te den palmaditas en el hombro. (...). Las recompensas
profesionales sólo las consiguen quienes siguen sus propias
reglas, se marcan unos objetivos concretos y no se paran a
pensar en si los demás compañeros les quieren o no. (Cosmopolitan,
noviembre de 1995).
Aunque el mundo laboral no debe encasillar las expectativas de
la mujer. Algunas revistas, muy rompedoras, no dudan a la hora
de recuperar el estereotipo de la dependencia económica:
Algunas mujeres asumen sin pudor que el dinero es para ellas la
llave de la felicidad. Ya hay escuelas para convertirse en
cazadotes. (Woman, noviembre de 1995).
¿Salir del ámbito privado?
Este nuevo discurso de las revistas femeninas utiliza el mismo
estilo de la tradicional prensa para la mujer: el estilo
intimista de las informaciones implica una fuerte
individualización; las mujeres no se identifican con la sociedad
a la que de hecho pertenecen:
No, chicas, no nos inventamos nada. Tenemos la suerte de recibir
un enorme flujo de información, calentita y de confianza. (Cosmopolitan,
julio de 2001).
Algunas secciones de este Cosmo que ahora lees se han creado con
el propósito de recordarte el inicio de una nueva temporada. (Cosmopolitan,
agosto de 2001)
Los problemas de los que hablan las revistas son problemas
generales de mujeres, y esto en sí mismo es ya una
discriminación, pues a las mujeres les afectan todos los
problemas. Pero aún en el caso de los temas femeninos, al ser
tratados con un tono intimista y directo toman carácter personal
y pierden todo contenido social.
Las nuevas revistas femeninas van muy lejos en su afán de
adaptar los viejos roles a las nuevas tendencias sociales. Los
cambios aparentan ser radicales y el modelo de mujer distinto,
con imágenes y conductas innovadoras. Se presenta un tipo de
mujer agresiva y sin prejuicios, en competencia con el hombre al
que pretende despojar, no ya de sus privilegios, sino de sus más
tristes imperfecciones.
Esta nueva dimensión en nada favorece a las mujeres, pero podría
ser vista como una ruptura con el papel anterior, una
liberación, aunque viciada de partida, de los roles que
tradicionalmente le han sido adjudicados.
El mensaje llega elegantemente envuelto en el papel couché de la
supuestamente conquistada liberación femenina. Sin embargo, es
sólo una cortina de humo que cubre, con destellantes
lentejuelas, el mismo discurso decimonónico, que no ha variado
al compás de los tiempos. No se presentan a cara descubierta,
como la prensa del corazón, sino que enmascaran su ideología con
el discurso que más puede atraer a la mujer, el logro de su
realización personal y social. Por ello son otra forma de
sexismo, porque utilizan argumentos mucho más refinados, más
puestos al día que los tradicionalmente utilizados. Lo peor que
se puede decir de las revistas femeninas es que el discurso
utilizado no sea transparente.
La actual situación de concienciación y la implicación de muchas
instancias sociales podrían constituir una posibilidad de cambio
del persistente modelo social que ha mantenido a la mujer en una
agraviante posición de desigualdad.
La revolución feminista de los roles sexuales barrió el mundo
modernizado casi simultáneamente (...). El que un cambio
cultural tan profundo adquiera tal velocidad y difusión dentro y
fuera de cada sociedad resulta sorprendente. Seguro que en otro
contexto no habría prendido de la misma manera: el mundo
modernizado permitió su rauda propagación y quedó marcado por
ella[5]
Pero de nada sirven análisis tan optimistas. Es necesario que la
sociedad tome conciencia de la realidad con suficientes
argumentos de juicio y con un conocimiento claro de todas y cada
una de las claves del problema. Mientras sigan existiendo
revistas para hombres y revistas para mujeres será muy difícil
que la situación cambie. Las mujeres que no se sienten
interesadas por toda la información que generan los medios,
incluida aquélla que va dirigida a los hombres, se están negando
a sí mismas una vida en igualdad.
Revistas citadas
* Cosmopolitan, noviembre de 1995
* Woman, noviembre de 1995
* Elle, octubre de 1999
* Elle, noviembre de 1999
* Cosmopolitan, julio de 2001
* Cosmopolitan, agosto de 2001
* Marie Claire, agosto de 2001
* Elle, agosto de 2001
* Telva, septiembre de 2001
* Cosmopolitan, septiembre de 2001
Notas
[1] Audiencia General de Medios. Año 2000
[2] Cuevas, Esmeralda: Prensa femenina: más títulos y menos
lectoras, Revista IPMARK, nº 389 (1992), pág. 48/54
[3] Recoder, Mª José: Revista Hola (1944-1979). Testimonios de
historia, política y cultura. Tesina de Licenciatura. Facultad
de Ciencias de la Información. Universidad Autónoma de
Barcelona. Barcelona, 1982.
[4] Diezhandino Nieto, Mª Pilar: Las revistas del corazón,
baluarte de los roles tradicionales. Ponencia presentada en los
Cursos de Verano de la UPV, San Sebastián, julio 1989.
[5] Langlois, Simón y Campo, Salustiano del, ¿Convergencia o
divergencia?. Comparación de tendencias sociales recientes en
las sociedad industriales, Ed. Fundación BBV, Bilbao, 1995
FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE LATINA EN BIBLIOGRAFÍAS:
Nombre de la autora, 2002; título del texto, en Revista Latina
de Comunicación Social, número 49, de abril de 2002, La Laguna
(Tenerife), en la siguiente dirección telemática (URL):
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2002/latina49abril/4911salicio.htm
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