Para
entender la proposición que el psicoanálisis hace en relación a la
organización y al funcionamiento de los sexos, es necesario distinguir
tres aspectos fundamentales del sujeto humano:
1) la identidad sexual.
2) El género sexual.
3) La escogencia del objeto sexual.
Esta distinción está basada en cuatro teorías psicoanalíticas
fundamentales:
a) La teoría de la consecuencia de la diferencia anatómica de los sexos.
b) La teoría freudiana del complejo de castración.
c) La teoría de la lógica del falo.
d) la teoría freudiana del complejo de Edipo (i).
Identidad sexual
Pareja en gris, Ivan Petrovszky La identidad sexual separa los sexos.
Los hombres por un lado y las mujeres por el otro. No está dada por la
simple presencia del órgano anatómico sexual. La identidad sexual
deviene por identificación a un significante producido en el discurso de
los padres. La asignación sexual se basa y está sostenida por el deseo
inconsciente de los padres cuando estos asignan uno u otro sexo a su
hijo o hija. Preferiblemente esta asignación coincidirá con la presencia
o ausencia del órgano sexual visible: el pene. La identidad sexual
entonces está dada por la identificación a un significante fálico. Al
adquirir la identificación se produce un efecto de identidad sexual. El
niño se sabe varón o hembra según sea el caso. Esta identidad no es
complementaria. Es decir, un hombre es un hombre y una mujer es una
mujer aunque no esté presente el sexo contrario. Sin embargo, desde el
punto de vista sexual, hacerse hombre o mujer es hacer signo en el coito
a la mujer o al hombre que se desea, y es en el campo del otro donde el
sujeto va a confirmar su ser sexual (no digo: su identidad sexual). Esta
identidad sexual del ser que habla, se encuentra marcada por tres
características fundamentales: es aprendida, precoz e irreversible.
Género sexual
Se refiere a la adquisición por el sujeto de un conjunto de valores
culturales adscritos arbitrariamente a cada uno de los sexos (gestos,
manierismos, ciertas conductas, ropajes, joyas, perfumes, profesiones,
etc.). Estos valores adscritos al hombre y a la mujer varían de acuerdo
a la época y la cultura en que han sido construidos. Estos mismos
valores e ideales de género (femenino o masculino), en su origen
histórico fueron inventados por el ser humano. Por esto en psicoanálisis
se vuelve a la interrogante original. No tanto a la que pregunta ¿de
cuáles son los valores culturales que definen los rasgos de lo femenino
y lo masculino?, temática que caería más en el terreno de la sociología,
sino a la pregunta ¿de cuál es el origen o la esencia de lo que podría
llamarse el carácter masculino o femenino? Esta pregunta de ¿qué es un
hombre? o ¿qué es una mujer? o bien su metáfora dentro de la esencia de
lo femenino o lo masculino, es la que tantos quebraderos de cabeza ha
producido a los psicoanalistas hombres y mujeres en los últimos 80 años
y es el propósito fundamental de esta corta presentación.
Escogencia del objeto sexual
Refiere a la escogencia que muy temprano en la vida (período del
complejo de Edipo) hace un sujeto con el objeto de su deseo sexual. Esta
escogencia de objeto sexual puede ser muy variada. La primera escogencia
de objeto sexual en ambos sexos se realiza en el período especular o
narcisista del desarrollo y se hace con la figura materna, por lo tanto
resulta una escogencia heterosexual para el hombre y homosexual para la
mujer. Durante el período del complejo de Edipo se produce un giro en la
escogencia del objeto del deseo sexual y una cristalización pulsional
con ese nuevo objeto del deseo, que va a mantenerse a lo largo de toda
la vida. Esa escogencia, como ya dije, es muy variada y de forma
inexacta se puede simplificar en tres tipos elementales: escogencia de
objeto heterosexual, homosexual o bisexual. La escogencia del objeto
sexual va a estar atravesada por la organización del fantasma sexual de
cada sujeto, que representa un tesoro para el futuro pleno del sexo.
Diferencia anatómica de los sexos y el complejo de castración
La diferencia anatómica de los sexos refiere a la teoría según la cual
la presencia visible del órgano sexual masculino (pene), permite
establecer una diferencia irreductible de los sexos en dos tipos: hombre
y mujer. La ausencia del órgano sexual masculino en la mujer va a ser
descubierta por el niño/niña en algún momento de su infancia. La manera
en que asimile esta experiencia de descubrimiento dictaminará su
organización sexual. La teoría del complejo de castración refiere a un
conjunto de fenómenos psíquicos inconscientes, relacionados con la
teoría sexual infantil de la pérdida del pene. El sujeto, varón y
hembra, entra dentro de la dialéctica del complejo de castración después
de que ha reconocido y aceptado la diferencia anatómica de los sexos. Es
decir, después de que ha aceptado que existen seres que no portan el
pene. El varón padecerá de la angustia de castración, que significa no
sólo la posibilidad de la pérdida del amor, sino la posibilidad de la
pérdida de los genitales (porque sabe que existen seres sin pene). Para
la niña los efectos del complejo de castración son muy diferentes y
controvertidos. Para Freud, la niña que reconoce ser portadora de un
pene muy chiquito (clítoris) va a sufrir un sentimiento de incompletud y
desarrolla una envidia por el pene. Freud (1931 y 1932) plantea que,
para la niña, el complejo de castración tiene tres salidas: 1) la
represión de su sexualidad. En este caso aparecen severos síntomas
neuróticos con inhibición en las capacidades sexuales de la futura
mujer. 2) La niña no acepta la ausencia del pene (castración) y
desarrolla como consecuencia un complejo de masculinidad. 3) La niña sí
acepta la ausencia del pene (castración) y está conforme con sus órganos
sexuales invisibles: por esta vía la niña va a desarrollar lo que se
llama el carácter femenino.
Lógica del falo
Es necesario comenzar por diferenciar dos propuestas fundamentales: la
teoría de la significación y la teoría del significante. Primero, por el
lado de la significación. En la lógica del falo, el pene se convierte en
el referente. Remite a la presencia del órgano sexual visible. Cuando
por el lado de la significación se remite al órgano, se confirma la
diferencia de los sexos siguiendo la dialéctica de su presencia o
ausencia. Por esta vía se da espacio a la aparición del complejo de
castración. Segundo, por el lado del significante. Aparece el falo como
metáfora. La metáfora del falo en uno de sus aspectos refiere al órgano
sexual visible. En su otro aspecto refiere al primer significante. Esta
metáfora del falo es misteriosa ya que ambos sexos, a la vez, lo poseen
y no lo poseen. Cada sexo (en ficción) le asigna al otro la presencia o
ausencia de falo. Por la vía de la lógica del falo, ambos sexos entran
en la trampa de la apariencia y el engaño, padeciendo o pretendiendo la
ilusión de tener, lo que en el fondo no tienen. Esta proposición de la
lógica fálica se complica, ya que el hombre es el que detenta el órgano
de significación fálica. La mujer, al no detentarlo (razones
anatómicas), se va a organizar y a quedar marcada por la incompletud
lógica del no-todo, lo cual va a ser responsable del carácter femenino
(o la esencia de lo femenino). Tanto el hombre como la mujer, para gozar
con el cuerpo del otro (goce fálico o también llamado goce de órgano),
tienen que transformar al otro, en sentido metafórico, en su falo. Así
la mujer le da y le quita el falo al hombre. Ambos sexos van a quedar
marcados por la angustia de la diferencia de los sexos. En el fondo
remite a la angustia de castración. Jaques Lacan en sus Escritos (1958)
dirá que lo real del goce sexual está en el falo, es decir, en aquello
que no se tiene y que se encontrará en ficción, en el campo del otro.
Cuatro registros arbitrarios que definen lo femenino y lo masculino
según la lógica del falo
(I) Registro del masoquismo y del sadismo
Freud afirma que la inevitable y dramática ausencia del pene en la mujer
va a producir efectos en la forma como se organiza la pulsión en la
mujer. Esta organización pulsional va a dar origen a la pasividad y al
masoquismo femenino. Sabemos que la mujer, por efecto de la ausencia del
órgano sexual visible, se va a organizar según la lógica del no-todo.
Esta posición de ausencia fálica la empuja a desear que el otro
(portador del falo) la complete. Queda así marcada a fuego en su sistema
inconsciente, con el deseo de despertar el deseo del otro (posición
estructural femenina). La teoría psicoanalítica de la pasividad refiere
a la idea de un sujeto que no inicia la acción y espera del otro que
tome la iniciativa. Esta espera es una manera de comprobar que el deseo
del otro ha sido finalmente despertado. Por esta vía se revela lo
verdadero e inédito del deseo del otro. Su posición de aparente espera
pasiva es interiormente activa y desesperada, aunque invisible (como sus
órganos sexuales). Por esta razón en el vínculo con el objeto de deseo,
la pulsión no encuentra fácilmente su camino de satisfacción ya que
tiene que esperar por la acción del otro. Por lo pronto, la pulsión
vuelve sobre el sujeto, dando lugar al modelo estructural inconsciente
masoquista. Por esta lógica la mujer femenina no puede evitar ser
masoquista. La mujer (heterosexual u homosexual) con un carácter
masculino es otra historia. El hombre masculino identificado con el
significante que lo nomina como varón y sabiéndose portador del órgano
de significación, va a tener una posición relativa con el otro, distinta
a la de la mujer femenina. Su empuje pulsional se organiza más por el
lado sádico. Es claramente activo y penetrador (sadismo), y encuentra
satisfacción al completar en ficción el falo que cree le falta al otro.
Por esta lógica el hombre masculino no puede evitar ser sadista. El
hombre (heterosexual u homosexual) con un carácter femenino es otra
historia. Quisiera citar una voz femenina quien llega a conclusiones
similares a las que presento en este trabajo. Se trata de Helene Deutch,
quien en 1930 dice lo siguiente: "El medio ambiente ejerce sobre la
mujer una influencia inhibidora para sus agresiones y su actividad. Las
fuerzas del mundo interno y externo actúan en la misma dirección.
Especialmente los componentes agresivos son los inhibidos: el medio
social no sólo los rechaza, sino también ofrece al yo de la mujer una
especie de premio o soborno por renunciar a ellos". Así llegamos a un
desarrollo que rápidamente tiene lugar en la mujer: la actividad se hace
pasividad y se renuncia a la agresión para ser amada. En esta renuncia
las fuerzas agresivas que no son activamente gastadas deben encontrar
una salida y así lo hacen, dotando al estado pasivo de ser amada con un
carácter masoquista.
(ii) Registro del modelo sexual erotómano y perverso
La mujer femenina acepta la diferencia anatómica de los sexos y entra en
la lógica del no-todo y de sus efectos. Un primer efecto lo encontramos
en el manejo de la angustia ante la diferencia anatómica de los sexos
cuando acepta su condición anatómica de no-fálica. No requiere utilizar
el mecanismo psíquico de la desmentida (verleugnum). Si partimos de la
base de que la estructura sexual perversa se fundamenta sobre el
mecanismo psíquico de la desmentida, entonces por lógica de la
estructura, la mujer femenina no puede ser perversa. El hombre masculino
(heterosexual u homosexual) ante el horror del descubrimiento de los
seres que no tienen pene y su correspondiente angustia de castración,
puede recurrir al mecanismo de la desmentida. Este mecanismo le permite
afirmar que la mujer (madre) tiene pene. Ha visto con horror su
ausencia, sin embargo, afirma su existencia. La desmentida borra la
diferencia anatómica de los sexos e inaugura el inicio de la estructura
perversa. Por lo tanto, sólo los hombres masculinos (sean estos
heterosexuales u homosexuales) pueden desarrollar o construir una
estructura sexual perversa.
El modelo sexual de la mujer femenina va por otro camino. Se reconoce en
la lógica del no-todo, sabe que no porta el órgano de significación
fálica y sólo tardíamente descubre la presencia invisible de su propio
órgano sexual, la vagina. Otorga al otro la posesión del falo que desea.
Va a desear ser completada por el otro. Por lo tanto, es en el lugar del
otro donde va a surgir el amor y el deseo, y no en el lugar del sujeto.
Éste es un modelo sexual tipo erotómano ya que es el lugar del otro
donde surge el amor y el deseo. Así, según esta lógica del falo, las
mujeres femeninas no pueden ser perversas, pero igualmente no pueden
evitar ser erotómanas (ii).
(iii) Registro de la capacidad de intriga y de ingenuidad
La mujer femenina acepta que tiene una diferencia anatómica radical con
los varones. Acepta su condición diferente y entra en la lógica del
no-todo. Sin embargo, en esta diferencia existe un gran misterio. ¿Por
qué es diferente a los otros seres? ¿O por qué los otros seres son
diferentes a ella? La mujer femenina se va a relacionar con el otro con
una capacidad natural de intriga, ya que el misterio de ser no-toda
nunca queda completamente aclarado. En su estructura inconsciente busca
el falo en el campo del otro. Al otro le es otorgado un falo imaginario
y pasa a ser reconocido por la mujer como un hombre. El deseo de la
mujer de recibir del otro esa completud fálica, le otorga al otro el
lugar del amo. Si el otro es el amo y ella desea que él la desee,
entonces no puede evitar ser fácilmente sugestionable. Para lograr
seducirlo recurrirá a métodos y recursos secretos e invisibles. A veces
poderes quirománticos. Siempre recursos y métodos secretos en la
búsqueda y a la conquista de un fin (fama, dinero, amor, sexo: emblema
del falo). La mujer femenina no puede evitar el disponer de esa
capacidad natural para leer intenciones secretas en los actos de los
otros y buscar sus fines a través de estrategias secretas. El hombre
portador del órgano de significación y por lo tanto de la angustia de
castración, insiste en mostrar en metáfora, no sólo sus falos y
emblemas, sino también su suficiencia. En los hombres masculinos las
luchas abiertas de poder, de puro prestigio y de portador del emblema
fálico, pueden consumir su pulsión. Lejos de tener habilidades para la
intriga (iii) y lo oculto, muestran su inocencia
estructural al creer en lo que sus ojos ven. El hombre masculino no
puede evitar su ingenuidad.
(iv) Registro de la maldad oculta y del acto asesino
La mujer femenina al descubrir la dramática diferencia anatómica de los
sexos, se encuentra empujada en forma inevitable a una posición
estructural de resentimiento (erbitterung). La madre, igualmente mujer,
será la culpable de esa realidad anatómica desventajosa. Así la niña
desarrolla a nivel inconsciente un resentimiento natural contra la
madre, que podría ser mitigado o no, según el montante de experiencias
gratificadoras con la madre en los primeros 300 días de vida. Si el
nivel de frustración y dolor psíquico fue muy elevado durante esos días,
esto va a dificultar la amortización del resentimiento estructural que
inevitablemente va a surgir posteriormente al descubrir la diferencia
anatómica de los sexos. Así, por razones de lógica fálica, la mujer, al
saberse no-toda, desarrolla un resentimiento que conduce a la específica
capacidad de maldad oculta que tienen las mujeres femeninas. Sus deseos
asesinos encontrarán una vía de expresión a través de métodos ocultos y
secretos. Basta recordar los famosos venenos de la familia Borgia y de
otras mujeres de la corte europea. El hombre masculino por lógica
fálica, portador del órgano de significación, expresará sus deseos
asesinos y su destructividad de otra manera. Esto es, ejerciendo su
poderío muscular fálico en forma directa asesina. Son crímenes visibles
y aparatosos. La destructividad en el hombre masculino (heterosexual u
homosexual) encuentra su expresión en la capacidad muscular sádica, que
le permite matar en forma directa. La salida femenina es indirecta,
utilizando los recursos de planes, estrategias y cómplices. Crímenes no
visibles. La mujer femenina busca el desquite y la venganza, testimonio
inconsciente del resentimiento infantil. Esta proposición radical del
carácter femenino coincide con lo esbozado por Freud varias veces en su
obra. En 1915 Freud escribe: "Las mujeres se consideran dañadas en su
infancia, cercenadas de un pedazo y humilladas sin su culpa. El
resentimiento de tantas hijas contra sus madres, tiene, por raíz última,
el reproche por haberlas traído al mundo como mujeres y no como
varones".
Notas
1. (1997) Conferencia dictada en el ciclo La Feminidad.
Sociedad Psicoanalítica de Caracas. Parto de la premisa de que la
feminidad y el ser de la mujer, y la masculinidad y el ser del hombre,
no son sinónimos. El ser de la mujer incluye: organización y
funcionamiento sexual femenino, la maternidad y al feminidad. El ser del
hombre incluye: organización y funcionamiento sexual masculino, la
paternidad y la masculinidad.
2. Eratomanía: en clínica y en simología refiere a un
delito sexual y/o amoroso en el cual el sujeto está convencido con
certeza de que el otro lo desea o lo ama. En psicoanálisis sólo se toma
el modelo: el otro me ama. Esta propuesta deja de lado los aspectos
psicóticos delirantes. Pasa a ser llamado modelo erotómano.
3. La palabra "entrega" refiere un manejo secreto para
obtener un fin. Un manejo secreto para lograr el falo.
*Publicado en Trópicos, año VI, vol. 1, 1998, Caracas: Sociedad
Psicoanalítica