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La Mujer y su Mundo /
The Woman and her World
El triunfo de la masculinidad
Capítulo 3
Margarita Pisano

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Capítulo III

OBLIGAR A LA VIDA: EJERCICIO DE LA MENTIRA
Aborto: ¿Una palabra sanguinaria, homicida?


El aborto se representa como una traición a la vida, pero más que nada, la traición de la madre -la menos perdonable de todas-, la que teniendo el mandato divino y cultural de parir, niega la potencialidad del nacimiento de un sujeto. Estas lecturas simplistas y demagógicas sobre el aborto, legitiman las exigencias de vida de una cultura de la muerte, llena de transgresiones básicas a la vida ya habida, gestora de guerras, hambrunas, cárceles de menores, orfelinatos infrahumanos, persecutora de razas enteras. Una cultura que no resuelve los problemas de la humanidad, que no ha logrado conseguir la paz, ni la igualdad social, sino que por el contrario construye estas desigualdades, y además se otorga el derecho de sancionarnos y despojarnos de la responsabilidad sobre nuestro cuerpo, arrebatándonos toda la potencialidad de lo que constituye a un ser humano, la libertad.

No es un acto inocente que cada cierto tiempo se vuelva a reatacar el aborto más inquisitivamente, mostrando las contradicciones de un sistema enfermo, cada vez más conservador en sus propuestas y más libertino en las sombras de la ilegalidad. Las propias contradicciones del sistema hacen que no se haya podido resolver los problemas más mínimos y fundamentales como que todo el mundo tenga derecho a comer, por lo tanto a la vida.

Esta misma cultura que sanciona el aborto, es la que dedica millones de dólares para llegar a clonar seres humanos sin pecado concebido. Ya no es una metáfora la posibilidad de crear humanos sin necesidad de sexo, pues el sexo y eso lo sabe el sistema de sobra, es uno de los principales espacios donde se construyen los poderes, por ello busca con tanto afán el control de la vida y del cuerpo.

Pobre de nosotras, mujeres, el día que nos obliguen a abortar, cuando los controladores descubran que el planeta está sobre poblado, como ya sucede en algunas partes del mundo, y entonces, toda nuestra lucha por el derecho a nuestro cuerpo y al diseño de nuestras vidas sea otra vez ordenado, controlado por el mismo sistema pero ahora en orden inverso.

Cuando el sistema necesita remozar y mantener su ideología, abre los debates que le convienen, para poder reinstalarse, modificar y profundizar el sentido común lo ya instalado, para que no se le escape nadie. Por lo tanto, si abre públicamente el tema del aborto, como cualquier otro tema atentatorio a sus conceptos normativos: homosexualidad, lesbianismo, sexo no reproductor, eutanasia, etc., lo hace solo para reinstalar el repudio y el concepto de "pecado", ya que cuando el sistema habla, ya cuenta con la resonancia ideológica en el imaginario colectivo, cuenta con el miedo al poder de una moral normativa y castigadora.

En este debate somos nosotras las que tenemos que instalar un nuevo sentido común y no existe equivalencia posible, porque el sistema nos da la palabra y nos la quita cuando quiere. El hablante 'es' el sistema, cuenta con el tiempo de él.

La posibilidad de gestar es un problema libertario de las mujeres, no de los hombres, es nuestro cuerpo el que se embaraza, es nuestro cuerpo el que da de mamar, radica en nuestra conciencia corporal y somos nosotras finalmente, las responsables de esa vida gestada. Por esto, es muy sospechoso que aparezcan campañas de paternidad responsable, o de derechos reproductivos como un problema individual moral y no social y político.

Cada vez que se demanda la responsabilidad social y cultural sobre la natalidad con dignidad de vida, de respeto a los seres humanos, el sistema vuelve a reubicar el tema del aborto como un concepto de producción privada, no social, por lo tanto, debemos revisar y adecuar nuestras estrategias, pues analizado desde la cultura vigente, el aborto ya está sancionado como crimen, ya está inscrito como un acto sanguinario, y cualquier posibilidad de discusión será manipulada para reponer la idea de crimen, por tanto de pecado. El sistema no va a modificar esta concepción, no va a transar nunca este punto, porque es el nudo político donde constituye el concepto de feminidad, y por tanto de maternidad. La simbología esencialista del amor y la culpa con que nos han manejado, es uno de los puntos donde la masculinidad construye el dominio sobre la mitad de la humanidad, es parte de su esencia, esa es su ganancia, ahí radica el poder sobre las mujeres y si es consecuente consigo mismo, no puede darnos consentimientos, ni permisos, salvo por supuesto que nos quite la maternidad, pues la ingeniería genética va a eso precisamente.

Obligar a la vida es un acto omnipotente, prepotente y autoritario, da cuenta de las fallas de una sociedad frágil en sus valores y sus creencias. Una estructura social, política y económica que está concretamente diseñada para unos pocos (no para todos), que su propuesta de respeto a los seres humanos es falsa. Estamos permeados del ejercicio de la mentira, por ello, sancionar el aborto y mantenerlo en la ilegalidad es fundamental para que esta maquinaria masculinista siga funcionando, así como sanciona el suicidio, la eutanasia y todo derecho a decidir sobre la propia vida.

Existe un gozo con el dolor del otro, con la prolongación de dicho dolor, pues el dolor no piensa, se conduele de sí mismo, y esta es una sociedad construida en un sistema antiquísimo de vigilancia y prohibiciones, que entiende la vida como un tránsito doloroso, culposo, ajeno, como si el diseño de nuestras vidas le perteneciera a un otro, a una entelequia para nada identificable. Cada vez estamos mas prisioneros del sentido común instalado, controlador que filtra y permea hasta lo más íntimo y sagrado de nuestras vidas, por esto la libertad cada día es más lejana y se la teme tanto.

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