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221008 - UCM - Ainhoa García Oyarzun - Si discriminar es dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.; y género, referido a persona, aunque no exista en nuestros diccionarios (1), se refiere a la representación social de cada uno de los sexos, ¿en qué medida se puede definir el concepto discriminación de género? ¿Desde qué perspectiva?

El contexto es social; la discriminación de género no se da individualmente, puesto que son necesarias representaciones de ambos sexos para que pueda darse esta situación: al menos una mujer y un varón. En España, muchas de las cosas hoy posibles para las mujeres han sido logros necesarios para intentar llegar a la igualdad de género -la incorporación de la mujer al mundo laboral, la creación de una legislación para defender los casos de violencia contra las mujeres o incluso cuentas bancarias propias o el voto-. Pero en la mayoría de las cuestiones sociales no partimos de esta base igualitaria -despidos por maternidad, acoso sexual en el trabajo, etc.-, no existe una igualdad de género a partir de la cual denunciar la discriminación o desigualdad; muy al contrario: la base de la que partimos es precisamente la supremacía de uno de los géneros. Y esto se refleja continua y fielmente en nuestros medios de comunicación.

¿Qué ocurre, por ejemplo, en la prensa?

La elaboración de los contenidos refleja cierto desequilibrio cuando se trata de definir la sociedad. Si bien podría acusarse a quienes elaboran cada día los contenidos periodísticos, no es menos cierto que la prensa, como cualquier otro medio de comunicación, depende de la audiencia, y si a la audiencia no le atraen los contenidos, el medio cae en desgracia.

Lo políticamente correcto, ante las posibles críticas, es una de las mejores armas de los medios: camufla los desequilibrios que podrían no gustar a la audiencia y refleja sin embargo la sociedad. Pero hay que saber leer entre líneas. Hay que aprender a distinguir si se trata de cómo reflejar el desequilibrio de género sin ofender o si se trata de hacerlo tan evidente que el resultado sea justamente el contrario, el de consolidarlo sin que el receptor se aperciba de lo que está ocurriendo. Veámoslo con algunos ejemplos recientes que me parecen dignos de reflexión. Dichos ejemplos reproducen un titular real, que es el que aparece en primer lugar, y otro ficticio, entre paréntesis, en segundo lugar, en el que se propone el mensaje (se elabora el discurso) desde una perspectiva diferente (para resaltar la cuestión con la que pretendo concluir)

Ejemplo número 1:

"La mujer dirige mejor que el hombre" (Gaceta Universitaria, 4 de noviembre de 2002)
( cf. El varón dirige peor que la mujer)

Ejemplo número 2:

“Más listas, más trabajadoras" (elpaisuniversidad.com; 20.5.2002)
(cf. Más tontos, menos trabajadores)

Ejemplo número 3:

"Ellas, en cifras. Mayoría en el campus”
Actualmente, de los 1.529.357 estudiantes que hay matriculados en las universidades españolas, un 53,35 por ciento son mujeres, frente al 46,65 por ciento de hombres."

(http://www.tugueb.com/empleo/2002/10/reportajes/mujeres/mujeres.html#1)
(Cf. Ellos en cifras. Minoría en el campus.

Actualmente, de las 1.529.357 personas que hay matriculadas en las universidades españolas, un 46,65% son varones, frente a un 53,35 % de mujeres)

En el ejemplo número 1, no solo parece una noticia sorprendente que las mujeres puedan llegar a ser tan capaces, sino que es un hecho noticiable. Es un titular políticamente correcto porque no oculta a las mujeres y define una realidad social: que tanto varones como mujeres tienen las mismas posibilidades y oportunidades sociales. Sin embargo, dice algo que no está explícito, encubre un mensaje, camufla una evidencia... ¿Qué efecto tiene el segundo titular del primer ejemplo?

En el ejemplo número 2, el segundo titular resultaría insultante, pero ¿por qué no nos resulta extraño o descompensado el primero?

Por último, el tercer ejemplo muestra en qué medida la focalización de la información es parte del “camuflaje” mencionado; se habla de “ellas”en el primer titular, como cosa curiosa, como centro de atención; pero al decir “ellos”, ¿ no suena ridículo?, ¿no parece de broma?

El denominador común de estos ejemplos se basa en las presuposiciones: cuando el conocimiento contextual del lector o la lectora no se alarma al leer estos titulares, la representación de su realidad social implica que:

- Ejemplo número 1: el varón siempre dirige bien y por eso la mujer dirige mejor (si no diría que la mujer dirige bien directamente).

- Ejemplo número 2: el varón es inteligente y trabajador; por eso ella es más lista y más trabajadora.

- Ejemplo número 3: los varones siempre son mayoría o al menos la mitad o simplemente el foco iluminado por la información (si no, no sería sorprendente que “ellas” sean mayoría).

CONCLUSIONES

El desequilibrio es evidente; en los ejemplos citados, la mujer aparece explícitamente, salta a la vista que se está hablando de mujeres. Es políticamente correcto no discriminar a individuo alguno por cuestión de género; pero ¿estamos hablando de discriminación o de corrección política? La mujer como objeto noticiable plantea el desequilibrio de género: podemos hablar de accidentes, animales, acontecimientos sociales y de mujeres; si las mujeres no son parte de una noticia como actuantes, sino que son la noticia en sí misma, no hay discriminación, hay exclusión.

Cuando el "colectivo de las mujeres" es noticia, cuando explícitamente y en grupo (los nombres y apellidos o los cargos no son muy usuales cuando se trata de mujeres: individualmente no tienen fuerza como protagonista de la noticia) son las mujeres el "objeto noticiable", cuando la corrección política hace su aparición, se les está "cediendo" espacio en el mundo de la comunicación, lo cual quiere decir que se les está cediendo un espacio -que no tienen-- en la sociedad, y esto es lo que reflejan los medios.

Esta atención mediática "cedida", el cómo se refleja la sociedad española en la prensa, muestra la supremacía del género de los varones. Ni se puede culpar a las redacciones ni se puede culpar a las audiencias, pero ambas tienen responsabilidad en ello: la sociedad española es así. Los intentos políticamente correctos no sirven para solucionar un problema que es social y general, no particular o propio de mujeres.

Creo que la cuestión no es tanto si la palabra género se utiliza apropiadamente o no, sino si la palabra discriminación responde a una realidad. La sociedad española no se muestra equitativa, no existe la igualdad entre varones y mujeres, y esto es lo que muestra la prensa entre líneas; así, corrección política disfraza o camufla dicha desigualdad a partir de la palabra; discriminación es el eje de la cuestión. No importa tanto si la palabra género puede o no definir a varones y mujeres, como si estamos jugando o no con las mismas normas sociales. Y parece evidente que aún no (y que no tiene fácil solución, además).

Notas:

(1) Véase el artículo ¿Violencia de género?, de Soledad de Andrés Castellanos, que aparece en esta publicación.

Comentarios:

© Ainhoa García Oyarzun 290303

 


 

 

 

 
 

 
 

 

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