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Abstract
El presente ensayo da cuenta de
un recorrido bastante amplio y a la vez puntual por los avatares y las
complejidades propios de la vida amorosa de los seres humanos. En él se
resalta la disarmonía entre los mismos, como una consecuencia apenas lógica
de su naturaleza simbólica. Es por efecto del lenguaje que el sujeto
traba relaciones con los otros, y es también por él que dichas
relaciones «se traban» para dar cabida a los conflictos cotidianos que,
pocas veces, son vividos como hechos triviales. Aquí, el amor y la
sexualidad, articulados a la pulsión de muerte y al goce mortífero,
constituyen el núcleo mismo de tales conflictos
Cuando en este artículo decimos
conflicto no estamos pensando en el momento más agudo y violento de un
combate. Usamos la palabra para indicar el choque, la oposición, el
desacuerdo, la lucha entre personas. Aludimos a las diferencias,
disgustos, discusiones, pugnas que suelen ocurrir en las relaciones entre
humanos. También hay conflictos propios, internos, subjetivos. En los
conflictos encontramos grados, variaciones de intensidad.
Quiero
enumerarles y hacerles una descripción sin exagerar ni hacer el ridículo;
busco las palabras adecuadas para indicarles algo de los conflictos
amorosos y sexuales de los humanos. Después, me gustaría sugerirles
algunos aspectos que creo son fuentes constantes de dichos desacuerdos, y
ayudan un poco a su estudio.
Impotencia
sexual, eyaculación precoz, relaciones sexuales dolorosas, vaginismo,
frigidez, relaciones sexuales insatisfactorias, embarazo no deseado,
esterilidad en el hombre y en la mujer, aborto espontáneo y provocado, la
más variada gama de enfermedades de transmisión sexual, el temor al
contagio y el contagio con VIH, la manifestación de los síntomas del
SIDA, infidelidad, celos, triángulos amorosos, divorcio, rupturas
amorosas en medio del escándalo, rupturas amorosas aparentemente
civilizadas y pacíficas, amores compulsivos, amores atormentados,
tormentas amorosas, mujeres aprensivas, madres temerosas, esposas
abnegadas, esposas que esposan los maridos, madres con hijos atrapados en
el amor materno, hijas que no soportan el amor de la mamá, mujeres solas
que anhelan un hombre, mujeres solas que anhelan el amor de un hombre,
mujeres que detestan los hombres y hombres que detestan las mujeres,
hombres que buscan la mujer ideal, hombres que buscan múltiples mujeres,
hombres con y sin amantes, hombres que desean una mujer y no la aman,
hombres que adoran una mujer sin desearla, mujeres enamoradas de un hombre
ideal, mujeres que buscan el ideal de hombre, amores imaginarios, locuras
amorosas, amores locos, amantes sádicos y amadas masoquistas, hombres
homosexuales, mujeres homosexuales, hombres que disimulan su
homosexualidad con un matrimonio, fetichistas, amantes de niños,
prostitución masculina, femenina e infantil, violadores, criminales en
serie que violan y asesinan mujeres, niños y adolescentes, maltrato
infantil, maltrato a la mujer y los hijos, violencia intrafamiliar,
maridos cornudos y esposas engañadas, magdalenas y santas, vírgenes,
eunucos, mujeres celosas que castran en lo real al marido o al amante.
Lista inútil,
enumeración cansona e insuficiente. No abarca todos los fenómenos
conflictivos que podemos observar en el mundo real, en la intimidad de la
clínica psicoanalítica, y tampoco explica nada sobre la naturaleza de
los mismos.
Avancemos un
poco, hagamos conjeturas, propongamos hipótesis de trabajo, enunciemos
supuestos. Introduzcamos lo psíquico.
El psiquismo como
conjetura plantea más problemas teóricos que los que resuelve pero es
necesario. ¿Cómo es lo psíquico?, ¿está estructurado desde el
comienzo de la vida de un ser humano?, ¿poco a poco se va plasmando su
estructura?, ¿lo psíquico está unificado o es dividido, escindido?, ¿cómo
es la dinámica psíquica?, ¿cómo son sus procesos?, ¿cuál su
intensidad?, ¿hay mecanismos psíquicos?, ¿cómo son las patologías psíquicas?.
Las nociones y conceptos
permiten construir teorías necesarias para organizar y comprender las
observaciones que hacemos, y para resolver problemas teóricos que muchas
veces son el fundamento de problemas prácticos.
En la cultura griega creían
en Afrodita, la hermosísima diosa del amor, y en un hijo suyo, Eros, dios
del amor. Eros tiene un rasgo que lo acerca a los humanos; puede ser su
padre Ares el dios de la guerra, o Hermes, dios protector de los rebaños,
el comercio y los viajeros, o Zeus, el supremo entre los olímpicos. Eros
con madre incuestionada y padre en discusión. Pasado un tiempo, San Pablo
hizo del amor el fundamento del cristianismo.
Supongamos que en
los seres humanos hay amor, Eros interviene, actúa, opera. Supongamos que
el amor, sentimiento, pasión, proceso psíquico que se manifiesta en el
cuerpo, tenga una lógica. Podemos proponer que ésta consiste en la
tendencia a convertir lo múltiple, lo diverso, lo variado, en lo Uno. La
obra del amor es reunir, aglutinar, confundir, fundir-con. El amor atrae
las personas, crea lazos entre ellas.
Opongamos al amor el
odio, y sus aliadas la discordia, la envidia y la hostilidad. El odio
separa, disgrega lo Uno, conduce hacia la muerte. Al amor le corresponde
la conjunción (y), al odio le va la disyunción (o). El odio, la
discordia, la envidia, la hostilidad, se asocian a Tánatos, dios griego
de la muerte, hermano gemelo de Hipnos, dios del sueño, hijos de Nix, la
noche. La muerte tiene por tarea reconducir lo vivo a un estadio previo;
lo animado retorna a lo inanimado.
Añadamos una conjetura
más. La sexualidad y la genitalidad están subsumidas en el amor, el amor
es conjunto y la sexualidad y la genitalidad partes, aspectos particulares
del amor. Podemos conjeturar que la sexualidad es más amplia que la
genitalidad, esta última mucho más puntual y precisa, y que hay
actividad amorosa, sexual y no genital. Si el amor en general, pretende
reunir, la sexualidad primero busca el placer, y mucho después, asociada
con la genitalidad, busca la reproducción de la especie. La búsqueda del
placer es primaria en la sexualidad y la reproducción de la especie
posterior. Insistamos en que hay muchas actividades sexuales e incluso
genitales que no pretenden la reproducción de la especie humana. El
placer implica, en general, una descarga de intensas tensiones acumuladas.
Por el momento hemos
supuesto que el amor unifica y la sexualidad privilegia la búsqueda del
placer antes que la reproducción. En los seres vivos la reproducción
sexual introdujo el problema de la muerte individual. Cuando hay
reproducción asexual no tiene sentido hablar de muerte individual. Si un
organismo unicelular para reproducirse se divide en dos, no es muy preciso
hablar en este nivel de la vida de muerte de la bacteria. La reproducción
sexual favorece la enorme diversidad de las formas de vida e introduce la
muerte individual.
Cuando hablamos
del amor pleno, sexual, genital y asociado a zonas erógenas no-genitales,
introducimos la libido para aludir a su fuerza, magnitud e intensidad. Hay
amor inhibido en su meta cuando decimos amistad, ternura, simpatía,
complicidad, solidaridad, empatía, fraternidad. El amor que reúne, a
veces distancia y separa. Los otros le fastidian y sobran a una pareja
enamorada. Cuando en el amor los celos asoman se corre el riesgo del odio
y la muerte. Los intensos lazos de amor entre padres e hijos, pueden ser
una dificultad para que los últimos dejen la familia de origen y asuman
en la vida una relativa autonomía. La gran limitación al amor como deseo
sexual y la más difícil de asumir y soportar, proviene de una costumbre
sexual, social y cultural; esta es la prohibición del incesto.
Suponemos que en
la naturaleza hay incesto mas no prohibición del incesto. Creemos que en
los mamíferos superiores las relaciones sexuales son indiscriminadas,
promiscuas y jerarquizadas. En general, los machos dominantes defienden su
territorio, su harén de hembras con las que copulan en la época de celo,
en los períodos de fertilidad, y la cópula pretende la reproducción de
la especie. Un macho posee tantas hembras cuantas pueda cubrir, fecundar y
defender.
Hay una especie de
chimpancés pigmeos, los bonobos, con dos rasgos notables. A nivel genético
parece ser la especie más próxima a la humana. El segundo rasgo es que
tienen relaciones sexuales a lo largo de todo el año, como nosotros, y en
posiciones muy similares a las nuestras, y no todas las cópulas de
bonobos pretenden la reproducción.
Por más semejanzas que
hallemos los humanos no somos bonobos. El lenguaje, con sus muchas
funciones entre las que destacamos la función representativa, la
prohibición del incesto que opera y se transmite gracias al lenguaje,
marcan la diferencia y le dan consistencia. Mientras los animales viven y
soportan la naturaleza, los humanos vivimos en el lenguaje, en la cultura
y en la organización social. Para los humanos, a veces la naturaleza es
la muerte. Si ocurre un terremoto lo mejor es no estar en su epicentro. Si
un volcán hace erupción o un huracán avanza, o una avalancha se
desprende, o una inundación arrasa, lo mejor es vivir bien lejos.
En el psiquismo humano
suponemos un impulso, fuerza, tendencia, inclinación hacia el incesto. El
deseo sexual del ser humano tiene la marca del incesto. La prohibición
del incesto regula la tendencia mas no es suficiente para erradicarlo. La
prohibición del incesto no es una ley de la naturaleza, inexorable, fatal
y ciega, que siempre se cumple, comparable al destino trágico en el que
creían los griegos antiguos, al que se sometían dioses olímpicos y míseros
mortales por igual.
Una ley de la naturaleza
se cumple siempre -a no ser que algo sobrenatural pase- en la tierra y en
cualquier lugar del universo; esta es una conjetura fundamental de la física.
La prohibición del incesto es de una naturaleza bien distinta. Es ley ética,
es ley moral, no natural, regula costumbres, regula el carácter, organiza
la vida sexual para que no sea caótica e indiscriminada, pretende al
favorecer la afinidad, la alianza, crear vínculos entre los seres humanos
favoreciendo el intercambio.
La prohibición ética,
moral, social y cultural del incesto tiene consecuencias sobre la
actividad sexual y sobre el matrimonio. La relación, más o menos estable
de un hombre y una mujer, sancionada y reconocida por los grupos sociales,
llamada matrimonio, es una relación de alianza, de afinidad. El
matrimonio es alianza matrimonial regulada por la prohibición del
incesto. Hay incesto como acto y hay incesto como tendencia, como deseo
incestuoso; hay prohibición del incesto como costumbre sexual, ética,
moral. El deseo sexual incestuoso y la prohibición del incesto chocan, y
tiene tal choque profundas consecuencias sobre la humanidad y su
psiquismo.
Creemos que la prohibición
del incesto es una costumbre sexual universal, que todas las culturas que
en el mundo han sido, y son, la conocen, la respetan, la acatan y la
violan, y la aplican de una manera particular.
Permítanme insistir:
una ley natural se cumple siempre, a no ser que algo extraño pase; una
ley ética, moral, social y cultural no se cumple siempre, se puede violar
y quebrantar. A veces es más intensa la pulsión y el deseo incestuoso
que la prohibición del incesto. Es por esto que el incesto sucede y no se
ha podido erradicar del mundo de los humanos. La clínica psicoanalítica
halla sus huellas en los sueños y en las fantasías incestuosas de los
sujetos del inconsciente capaces de la experiencia de hablar de cualquier
ocurrencia.
Si el incesto pasa en la
fantasía, los sueños o los actos, veamos cómo acontece su prohibición.
Podemos proponer un modelo abstracto, simple y teórico. Supongamos como
condición necesaria dos grupos exógamos A y B. Los hombres de A buscan
por alianza mujeres de B; los hombres de B se casan con mujeres de A.
Dicho lo mismo, los hombres de A y de B intercambian mujeres. Las mujeres
son el don que los hombres de estos grupos exógamos intercambian.
Como no queremos desatar
la cólera de las diosas, podemos hacer funcionar el modelo en otra forma:
las mujeres de A buscan como aliados a los hombres de B, y las mujeres de
B se alían con los hombres de A. El modelo abstracto es igual y funciona
en uno y otro sentido.
Lo esencial: hombres y
mujeres se someten a la alianza matrimonial. De tal modo la prohibición
del incesto tiene consecuencias sobre el matrimonio al imponer el
intercambio y la afinidad entre humanos, prohibiendo los matrimonios entre
consanguíneos. Los etnólogos lo entendieron hace tiempos. Los hombres se
casan con mujeres fuera del grupo al que pertenecen, hacen alianzas,
porque tienen dos opciones: encontrar aliados afuera, para cazar, pescar,
cultivar la tierra, o encontrar enemigos afuera, encontrar la muerte.
Las comunidades para no
sucumbir han preferido y preferirán siempre la alianza matrimonial, la
afinidad; la consanguinidad como la naturaleza ocasiona la muerte y la
destrucción. Es mejor que el otro sea mi aliado y no mi enemigo. Luego de
guerras tenaces los grupos enfrentados pactan la paz por medio de
matrimonios. Los matrimonios renuevan los vínculos para la paz. En
ciertas circunstancias históricas, por ejemplo en la Europa medieval, los
matrimonios permitían tener aliados para la guerra. Un señor feudal X
casaba a su hija con el hijo de un señor Y. X y Y, gracias al negocio de
la alianza matrimonial, hacían la guerra contra el señor Z.
El matrimonio al tener
por base la alianza, la afinidad, ha sido siempre un negocio. La institución
de la dote, pagar un precio en dinero, en animales, por una novia, lo
indica. El matrimonio por amor no han terminado de inventarlo. De tal
modo, la prohibición del incesto introduce un orden en las relaciones
sexuales para que no sean indiscriminadas, promiscuas, caóticas: al menos
uno con al menos una, parece ser su lógica.
Esta lógica necesaria
no tiene nada de virtud. En teoría un hombre no tiene muchas
posibilidades de escoger mujer y viceversa. Si una población tiende a
tener un 50% de hombres y de mujeres, un hombre podrá encontrar sólo una
mujer. Además de las restricciones basadas en las probabilidades, hay en
las comunidades restricciones sociales que refuerzan la prohibición del
incesto. Un ejemplo notable es la existencia de grupos matrimoniales. La
costumbre más frecuente en comunidades antiguas es la de los matrimonios
entre primos cruzados. Ilustremos con ejemplos la diferencia entre primos
cruzados y primos paralelos.
Un hombre y otro son
hermanos, buscan esposas, se casan y tienen hijos; esos hijos son primos
paralelos, o primos hermanos paralelos, porque sus papás son de sexo
masculino. El segundo caso: un hombre y una mujer son hermanos, al
pertenecer a distintos sexos, cuando se casen y tengan hijos éstos serán
primos cruzados. En las comunidades antiguas el matrimonio entre primos
paralelos era prohibido. Son restricciones culturales y sociales al
matrimonio que no tienen nada de genético ni de natural.
En síntesis, los grupos
exógamos A y B son la condición mínima y necesaria para que una
organización social exista, se sostenga y perdure. Todos entendemos que
en la realidad social los grupos exógamos son A, B, C, ..., N. Es claro
que no hay organización social con un grupo A único. En el nivel del
lenguaje ocurre otro tanto.
El lenguaje habíamos
dicho es nuestro hogar, habitamos en él, nos determina y humaniza. El
lenguaje es el acontecimiento humano y social por excelencia. El lenguaje
está articulado en palabras. Resulta inconcebible y también inoperante
un lenguaje de un solo significante. La existencia de múltiples
significantes con funciones y relaciones complejas, articula y posibilita
el lenguaje y lo pone a funcionar. Son las asociaciones, intercambios,
combinaciones y selecciones de significantes polisémicos las que
fundamentan el funcionamiento del lenguaje.
Todos sabemos que cuando
hablamos o escribimos, a más de dirigirnos a un interlocutor, lector,
hacemos sin darnos cuenta dos operaciones básicas: combinamos y
seleccionamos significantes. Seleccionamos porque no usamos todos los
significantes al mismo tiempo, y los combinamos de manera precisa
siguiendo reglas lógicas, gramaticales y sintácticas. ¿Cómo transmitir
de una generación a otra y cómo poner a operar la prohibición del
incesto sin el lenguaje y las palabras?. Por lo que he tratado de
presentarles la respuesta es obvia: imposible sin el lenguaje.
La prohibición del
incesto como costumbre sexual y como regulación social y cultural tiene
consecuencias en el amor, la sexualidad, el matrimonio, la familia y las
relaciones de parentesco. Matrimonio y familia son instituciones en
asociación íntima, como tendencia general. Una relación de alianza
entre un hombre y una mujer, el matrimonio, implica la pareja; una pareja
todavía no es familia pero la prefigura y promete.
Cuando nace al menos un
hijo, la pareja cambia y nace también un padre y una madre. Los usos de
la lengua lo indican con claridad, por ejemplo en la pregunta ¿ya ustedes
tienen familia?. Sin al menos un hijo, que puede ser adoptivo, no hay
familia en sentido estricto y preciso. Al interior de una familia hay
relaciones de parentesco básicas que quiero recordarles.
La relación del padre
con la madre, relación conyugal, es por alianza. La relación entre los
padres y los hijos, relación filial, es consanguínea. La relación entre
los hermanos, fraternal o de germandad, también es consanguínea. Hay
disimetría en las relaciones de parentesco, y con el psicoanálisis
podemos suponer que las relaciones al interior de la familia conyugal no
son armoniosas, al contrario, son conflictivas porque van comandadas por
la ambivalencia de los sentimientos, por la asociación inseparable del
amor y el odio.
Para decirlo de manera
ortodoxa: en el interior de una familia hay un amor conciente intenso que
encubre un odio, una hostilidad inconsciente, reprimida. La familia que
conocemos, la humana, tiene una dinámica conflictiva y no-armónica en su
red de relaciones. No hay armonía entre padre y madre; no hay armonía
entre los hermanos; no hay armonía entre los padres y los hijos. La
sagrada familia existe idealizada en nuestras creencias religiosas y estas
mismas creencias plasmadas en gran literatura, muestran los conflictos
interiores de las familias.
La historia bíblica de
Caín y Abel ilustra que el conflicto a veces culmina en la muerte del
hermano menor por el mayor, quien actúa enloquecido por los celos, la
envidia y la rivalidad. Si el nacimiento de un hermano menor amenaza al
mayor con el desplazamiento de su lugar privilegiado y con la posible pérdida
del amor de los padres, tenemos en la escena el complejo de intrusión. La
historia de Abraham y su hijo Isaac no es menos intensa; el conflicto
entre el padre y su hijo varón, latente, a punto estuvo de culminar con
la vida del infante. Hay culturas que practican el infanticidio. En la
historia de Jacob y sus esposas Lía y Raquel, vemos el conflicto del
hombre dividido entre la mujer que ama y desea, Raquel, y la que mediante
el engaño le impusieron por esposa, Lía.
Sirve la literatura
religiosa y la literatura en general, como fuente riquísima e inagotable
para ilustrar los grandes conflictos humanos. La muy amorosa Medea que
mata a sus hijos y en banquete suculento se los sirve a Jasón, su marido,
quien la dejó por Creusa. Esquilo pone en el escenario el hundimiento de
la poderosa dinastía familiar de los Atridas por sus conflictos no
resueltos; conquistaron Troya y perdieron el linaje. Otro tanto representa
Sófocles respecto del rey Layo, la reina Yocasta y Edipo, amante de la
verdad y el más inconsciente de los mortales.
De manera insuperable
Shakespeare plasma conflictos variopintos en Romeo y Julieta, en Ricardo
III, en Macbeth, en el Rey Lear, en Hamlet, en Otelo, para no citar su
obra entera. Un sinnúmero de cuentos del folklore de Europa publicados
por los gramáticos alemanes hermanos Grimm, por Andersen y por Perrault,
clásicos todellos, narran a niños y adultos por igual dramas parecidos.
Las grandes novelas, desde la primera moderna: Don Quijote de La Mancha,
hasta las de Proust, con apenas variaciones tratan los eternos conflictos
fundamentales de la condición humana. Les confieso que prefiero la
literatura a la enumeración árida del comienzo del artículo, y también
confieso que no necesito más ese recurso dudoso. Ya es suficiente con
aludir a obras que me gustan, y prefiero que cada uno de ustedes movido
por su gusto literario confeccione su propio listado.
Amor, sexualidad,
lenguaje, muerte, prohibición del incesto, matrimonios, familias,
conflictos humanos expresados por la literatura son los significantes que
le dan sentido a este artículo.
Ya hemos
mencionado el amor opuesto al odio, la discordia y la hostilidad y también
el amor asociado al odio. Pequeño umbral hay entre los dos. Quiero
detenerme por un momento en una obra literaria que muestra de manera
magistral y admirable, la relación, el nudo y el desplazamiento desde el
amor hasta la muerte, pasando por los celos, el odio y la venganza, todo
el proceso comandado por las palabras de Yago; es la recreación que
William Shakespeare hace en Otelo, el moro de Venecia.
Se volvió
antonomasia la sustitución celoso por Otelo y viceversa. Esto sorprende
porque leyendo la obra con cuidado nos encontramos a Yago celoso de cabo a
rabo. Éste, movido por los celos urde y a lo largo de la puesta en escena
ejecuta su venganza. El astuto Yago se las ingenia para que sus palabras
sean trampa, vehículo de su pasión, y precipiten la muerte. Desde el
comienzo Yago siente celos de Otelo y del teniente Casio. Yago que se
considera a sí mismo un militar hábil y experimentado, y desprecia como
tal a Casio, no soporta que el moro haya designado al teniente como su
ayudante y mano derecha. La elección de Casio por Otelo es afrenta para
Yago; del moro siente celos porque sospecha que Otelo se acuesta con
Emilia quien es la esposa de Yago. Además, no soporta el celoso y astuto
Yago que Otelo haya conquistado el amor de Desdémona y esté casado con
ella. Desdémona y Otelo son apasionados amantes unidos en matrimonio, y
nada en el comienzo de la obra ensombrece su relación. Si al final de la
tragedia Otelo, enceguecido por los celos mata a la inocente y fiel Desdémona,
es Yago quien con sus palabras tramposas y la artimaña del pañuelo
conduce al moro, paso a paso, y le hace creer que Desdémona y Casio hacen
la bestia de dos espaldas. Prefiero que mis interlocutores gocen con
Shakespeare y se formen su propio juicio.
Las palabras
acercan, consuelan, acarician, enamoran y seducen; las palabras
distancian, ofenden, hieren y matan. Fácil nos deslizamos de las palabras
a los actos. Las palabras articuladas en lenguaje tienen un poder enorme
que con frecuencia nos sobrepasa. Lo que decimos no coincide con lo que
queremos decir. Cuando las palabras destruyen y matan son instrumento de
la pulsión de muerte operando en el lenguaje.
Freud hizo el énfasis
en la entremezcla Eros, pulsión de muerte, y consideraba que en todas
nuestras acciones participa la entremezcla pulsional. No es fácil en el
funcionamiento psíquico separarlas. Creía que en veces la pulsión de
muerte aparecía como agresión y destrucción del otro, el semejante.
Proponía que la pulsión de muerte opera en cada sujeto del inconsciente
al final aniquilándolo.
Hay un fuerte contraste
entre la inhibición de la agresión en los animales y en los humanos. En
los combates entre machos rara vez ocurre la muerte de un rival. Un león
derrotado por un macho más fuerte huye, abandona su harén y es expulsado
de su territorio. Un lobo vencido expone su yugular y el lobo vencedor jamás
hincará sus colmillos; el vencido se retira con el rabo entre las patas.
Los etólogos creen que hay una inhibición instintiva de la agresividad
en los combates rituales de los machos en las épocas de apareamiento. Es
distinto el desenlace de un combate ritual y lo que ocurre cuando un
animal invade un territorio. Hay dos posibles resultados: la cacería y
muerte del intruso por los machos de la manada; o, sólo lo apalean,
espantan y desalojan.
¿Entre los humanos con
qué facilidad mata un asesino a su víctima? No basta su súplica para
evitar el crimen! Hay criminales, cierto, pero no es conveniente
generalizar. Hay perdón. Hay conmutación de la pena de muerte. Hay seres
humanos que hacen todo lo posible por salvar y rescatar a otros en
situaciones de peligro real, corriendo el riesgo de morir, muriendo en el
intento. Existen mecanismos culturales, éticos y jurídicos que tratan de
impedir el homicidio sin conseguirlo del todo.
A veces puede más la
pulsión que la norma cultural, vale repetirlo: que a nivel psíquico la
culpa opera, es cierto, y también lo es que la culpa no siempre vence la
tendencia pulsional. Además la culpa, el sentimiento inconsciente de
culpa en el sujeto se asocia con el goce mortífero y autodestructivo. Es
una concepción muy ingenua del amor y la sexualidad la que no incluye a
la pulsión de muerte y el goce mortífero. Esta amalgama nutre nuestros
conflictos.
Dijimos que en el amor y
el odio hay grados. No tenemos cómo medirlos pero los podemos conjeturar.
Hay matices entre la ternura y el amor apasionado; entre un disgusto y la
ira desatada. Del amor se ha dicho que es ciego, caprichoso y que no
discrimina. En la iconografía Cupido aparece vendado en los ojos y
lanzando flechas contra los humanos. Hay flechazos amorosos. Consideramos
más adecuado proponer que el enamoramiento, grado intenso del amor, es
ciego y enceguece a los amantes.
La intensidad del
enamoramiento produce la confusión, los amantes están fundidos. El
enamoramiento y la fusión-con hacen pegote, aparentan completud,
promueven la idealización del otro y anulan la distancia crítica. El
enamoramiento tiene por fundamento la ilusión que se nutre con el deseo.
El enamoramiento, la confusión, la idealización del objeto, la ilusión
amorosa de completud promueven el engaño recíproco. Basta jugar con las
palabras para descubrirlo: enamoramiento, es decir, en-amor-a?-miento. En
el amor como en la vida todo pasa y mientras pasa nos pasa de todo. Es
mejor que el enamoramiento pase rápido para ver si el amor se sostiene y
tiene posibilidades.
Para nada coinciden la
posición y la relación del hombre y la mujer con el falo y la castración.
Aclaremos que el falo no es el órgano, más bien su representación
imaginaria, y un significante particular con una función que define la
identidad sexual en el psiquismo. Las pinturas de los aborígenes
australianos, de los habitantes de las cuevas prehistóricas en Europa, y
de los indígenas americanos, y las esculturas de los templos de la India,
coinciden en cierto detalle de sus representaciones artísticas. Hay
escenas de cacería en las que al lado de animales despanzurrados yacen
los cazadores muertos y muy bien armados, como bien armados aparecen
representados los hombres del arte religioso y erótico de la India.
En su vertiente
imaginaria, pictórica y escultórica, el falo siempre está erecto, nunca
flácido. Parece que en los procesos psíquicos del niño y de la niña,
deben ambos avanzar desde el no reconocimiento y desmentida de la
diferencia hasta su reconocimiento, aceptación y apoderamiento de la
identidad sexual como hombre y como mujer. La castración es un proceso
imaginario, entretejido con fantasías y temores, que implica como condición
necesaria la intervención de un agente con una función; este agente de
la castración es el padre.
Podemos, a manera de
ejemplo, ilustrar con unas frases la diferencia del niño y la niña
frente a la castración y el falo. En el caso del niño la frase puede
ser: No soy el falo, lo tengo, temo perderlo. Para la niña: no soy el
falo, no lo tengo, quisiera tenerlo. Freud pensaba que el niño por la vía
de la castración salía del Edipo, asumiendo su identidad sexual y
acatando la prohibición del incesto. Por contraste, pensaba que la niña,
desde la castración, que en su fantasía es un hecho cumplido, ingresaba
en lo edípico para salir de ahí por la vía del deseo de tener un hijo,
sustituto simbólico del falo deseado. Atrás queda para la niña su
fantasía inicial de que todavía es muy pequeño y después le crecerá.
Hemos indicado mas no desarrollado en detalle las diferencias entre hombre
y mujer frente al falo y la castración.
Quiero concluir señalando
un aspecto nuevo del conflicto amoroso y sexual. Nos tocó vivir en una época
de crisis profunda, prolongada y aguda. Los tiempos de crisis son tiempos
de cambio. Hace tiempo comenzó el cambio en la relación entre el hombre
y la mujer. El siglo XX empujó el proceso. En la historia reciente de la
especie ha pasado varias veces. En Occidente hubo crisis cuando el amor
pagano cambió con el surgimiento del modelo cristiano del amor. En
Occidente hubo crisis cuando en los siglos XII y XIII apareció el amor
cortés.
A lo mejor el amor
cristiano y el amor cortés cambian en estos tiempos de crisis y todavía
no hay un modelo nuevo, claro, válido, aceptable y aceptado de relación
amorosa entre los seres humanos. Viajamos en medio de la crisis y del
futuro no sabemos nada con certeza. Lo sorprendente puede ocurrir. Hay una
gran complejidad en el asunto del amor y la sexualidad. Apenas pude
vislumbrar algunos rasgos. A lo mejor, los más evidentes no logré
plasmarlos. Creo francamente que si se trata del amor y la sexualidad
nadie ha dicho la última palabra, nadie ha encontrado el modelo perfecto
y recomendable, sigue siendo un problema no resuelto y hasta hoy abierto.
Lo único que deseo es que Afrodita la hermosa y su hijo Eros nos protejan
y no nos atormenten y confundan más de lo debido
Julián Aguilar
Sierra
Es Sicoanalista, Profesor y uno de
los fundadores del programa de Sicología de la Universidad de Antioquia
Fuente:
Universidad de Antioquia
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