El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) considera que la violencia en
contra de las mujeres es un obstáculo para el desarrollo por sus
consecuencias sobre las economías de los países. Al mismo tiempo tiene
efectos sociales y culturales. De acuerdo con el concepto de desarrollo
humano de las Naciones Unidas, la violencia contra las mujeres afecta su
bienestar, su seguridad, sus posibilidades de educación y de desarrollo
personal.
Este año el 25 de noviembre Día Internacional de "No Más Violencia contra
las Mujeres" se enmarca dentro de la campaña de las Naciones Unidas por los
derechos humanos de las mujeres y las niñas, a propósito de la celebración
de cincuentenario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Hace
dieciséis años, los movimientos de mujeres de América Latina y el Caribe
institucionalizaron esta fecha para denunciar las diversas formas de
violencia ejercidas contra las mujeres. Se escogió ese día en memoria de
tres luchadoras sociales dominicanas Patria, Minerva y María Teresa Miraval,
asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por la dictadura de Leonidas Trujillo.
Es importante destacar que a partir de la década del 70, las conferencias
mundiales de las Naciones Unidas crearon las condiciones para dar
visibilidad al fenómeno de la violencia de género y fomentar una conciencia
crítica en la comunidad internacional.
Invasión a la personalidad
El artículo 1º de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia
contra la Mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas (diciembre,
1993), define como violencia de género:..."todo acto de violencia basado en
la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un
daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las
amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad,
tanto si se producen en la vida pública como privada".
Una de las expresiones más traumáticas de la violencia de género es la
violación, incluido el acoso sexual. La violación en particular ha sido
definida como una invasión de las partes más íntimas y privadas del cuerpo
de la mujer, y a su personalidad, así como una ofensa a la dignidad del ser
humano. Muchas de las víctimas que han sobrevivido a la violación dicen que
como consecuencia de ese hecho experimentan un sentimiento de aniquilación.
El Informe Violencia contra la mujer en la comunidad (1996), de la
Relatora Especial de Naciones Unidas Radhika Coomaraswamy, destaca que a
igual que los sobrevivientes de otros hechos traumáticos como la guerra o la
tortura, "las víctimas de violación suelen sufrir de una forma de depresión
postraumática denominada síndrome del trauma de violación, que es común en
personas que se han visto enfrentadas a situaciones de miedo insuperable,
terror, indefensión".
En los últimos años el número de casos de violación ha aumentado en casi
todos los países del continente. En México, según la Fiscalía del D.F., se
comete un promedio de 82 violaciones cada día. La mayoría no es denunciada.
El Centro de Crisis de la Mujer de Jamaica dio a conocer en 1985 17 casos de
violación; en 1996 esta cifra creció a 186. De los 1.279 casos de violación
y abuso sexual registrados durante 1993 en ese país, el 38 por ciento de las
víctimas tenía entre 18 y 25 años, mientras que el 44 por ciento eran niñas
menores de 16 años.
Política sexual represiva
Referirse a la violencia en contra de las mujeres es abarcar un conjunto
de hechos y situaciones vinculados a la condición femenina en el mundo
actual. La falta de derechos en el plano de lo económico, social, político y
cultural convierte a las mujeres en seres de segunda clase, dependientes y
vulnerables frente a los demás.
Esto es más claro respecto a la violencia doméstica, que vista por la
sicóloga dominicana Dinnys Luciano, constituye "la expresión de una política
sexual represiva que utiliza múltiples mecanismos tanto en los espacios
denominados públicos como los privados para controlar la vida, el cuerpo, la
sexualidad y las capacidades emocionales, intelectuales y afectivas de las
mujeres".
Una violación a los derechos humanos
Considerar la violencia contra las mujeres y las niñas como una violación
de derechos humanos, es uno de los logros de los movimientos de mujeres
durante la II Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993. En
marzo del siguiente año, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas mediante una resolución acordó integrar los derechos de la mujer
dentro de los mecanismos de derechos humanos del sistema. También esa
Comisión procedió a nombrar a una Relatora Especial sobre Violencia contra
la Mujer, acogiendo el pedido de las organizaciones de mujeres en la
Conferencia de Viena. La misión de la Relatora es la de recopilar y recepcionar información sobre situaciones de violencia de género en todos
los países del mundo.
Para llegar a este reconocimiento han sido necesarias décadas de acciones
y movilizaciones de todo tipo. La coyuntura de la Década de la Mujer
proclamada en 1975 por las Naciones Unidas fue el marco adecuado. En 1980,
durante la II Conferencia Internacional del Decenio de las Naciones Unidas
sobre la Mujer realizada en Copenhague, se plantea por primera vez la
importancia de sacar a luz un asunto que se consideraba privado.
Una de las resoluciones de la Conferencia con el título de "La mujer
maltratada y la violencia en la familia", insta a reconocer que los malos
tratos infligidos a familiares "constituyen un problema de graves
consecuencias sociales que se perpetúa de una generación a otra". (Hanna
Binstock, 1997).
En 1982, el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas reunido en
Ginebra, estableció que los malos tratos contra mujeres y niñas, la
violencia en la familia y las violaciones, constituyen una ofensa a la
dignidad del ser humano. Más adelante, en la III Conferencia Internacional
del Fin del Decenio de la Mujer de Naciones Unidas (Nairobi, 1985), se
destaca por primera vez que la violencia contra la mujer en la familia es un
importante obstáculo para la paz. La declaración instó a los gobiernos a
crear "conciencia pública sobre la violencia contra la mujer como un
fenómeno social". (Binstock, 1997).
Otras medidas tomadas por el sistema de Naciones Unidas fueron: la
Resolución en 1986 del Consejo Económico y Social que declara que la
violencia en la familia es una grave violación de los derechos de la mujer.
La Declaración en 1991 de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de
la Mujer, sobre la necesidad de reunir a un grupo de expertas/os para
elaborar un instrumento internacional a fin de enfrentar esta situación. La
Recomendación en 1992 del Comité para la Eliminación de la Discriminación
Contra la Mujer, para que los gobiernos eliminen la violencia contra la
mujer por tratarse de una forma de discriminación de género.
En 1995, la Asamblea General urgió a los Estados parte a reforzar en las
legislaciones nacionales, sanciones penales, civiles, laborales y
administrativas para castigar la violencia contra las mujeres, tanto en el
ámbito privado como público. Estableció, además, que todas las formas de
violencia sexual y de tráfico de mujeres, son una violación de los derechos
humanos de las mujeres y de las niñas. Esta fué la primera vez que se
aprueba una resolución sobre las niñas. (Binstock, 1997).
Esto significa que los Estados miembros deben perseguir penal y
civilmente todas estas expresiones de violencia, de idéntica forma como
persiguen cualquier delito. Para ello tienen que promulgar reformas
legislativas que amparen a las mujeres que han sido objeto de violencia,
tipificando los malos tratos como delitos en los códigos penales.
Por otra parte, uno de los objetivos estratégicos de la Plataforma de
Acción aprobada en la IV Conferencia Internacional sobre la Mujer (Beijing,
1995), es realizar estudios acerca de las causas de la violencia de género y
la búsqueda de metodologías para elaborar programas de prevención.
Costos ocultos de la violencia doméstica
La violencia ejercida dentro del recinto familiar ha merecido especial
preocupación tanto por las organizaciones de mujeres, como por
investigadoras/es, organismos de gobierno y agencias de desarrollo. Y es que
este tipo de violencia afecta no sólo a las mujeres sino al entorno
familiar, especialmente a las niñas y niños. Legisladores federales de
México dieron a conocer recientemente que el 90 por ciento de los menores de
edad víctimas de palizas y abuso sexual son niñas, quienes además reciben
una alimentación inferior en calidad y cantidad a la de los niños y otros
miembros de la familia (Fempress, 1998).
De acuerdo a un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
realizado en Nicaragua en 1997, las hijas/os de madres golpeadas tienen tres
veces más probabilidad de requerir atención médica. Un 63 por ciento de
niñas/os expuestos a violencia intrafamiliar repetirá por lo menos un grado
escolar. En promedio, abandonan la escuela a los 9 años de edad.
Otro aspecto igualmente poco destacado, es el que se refiere a la
relación entre dependencia económica y violencia física. El mismo estudio
del BID encontró que el 41 por ciento de las mujeres no asalariadas son
golpeadas por sus maridos o convivientes, frente al 10 por ciento de las con
trabajo remunerado víctimas de tal abuso. Ciertamente, lo que está en juego
son las relaciones asimétricas de poder entre mujeres y hombres que
determinan en última instancia, la posición de subordinación y
vulnerabilidad de las mujeres independientemente de su situación
socioeconómica.
Logros visibles
Las diversas campañas y movilizaciones realizadas desde 1982 por grupos y
organizaciones sociales de mujeres, ONG y oficinas estatales de la región
para llamar la atención sobre la violencia de género, han tenido importantes
consecuencias tanto en el plano de las reformas jurídicas como en la tarea
de sensibilizar a la opinión pública sobre este flagelo.
Un rol importante tiene la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe
contra la Violencia Doméstica y Sexual que reúne a grupos, ONG, y personas
comprometidas con programas de capacitación e investigación para la
prevención de la violencia sexista, y cuya coordinación ejecutiva está a
cargo de Isis Internacional en Santiago de Chile.
América Latina y el Caribe fue el primer continente en obtener un
instrumento jurídico de importancia como es la Convención sobre la
Prevención, Erradicación y Sanción de la Violencia en Contra de las Mujeres,
aprobada en 1994 por la Organización de Estados Americanos (OEA), firmada y
ratificada por 23 países miembros.
Otro factor determinante en esta lucha, son las diversas iniciativas
llevadas a cabo por redes y ONG de mujeres traducidas en campañas y
programas especiales, como los centros de ayuda médica, legal y psicológica
y las casas-refugio; acciones de capacitación a través de cursos y
seminarios dirigidos a los cuerpos policiales, entre otras.
A su vez, los gobiernos han facilitado la creación de Comisarías de la
Mujer, y promulgado legislaciones especiales. Después de la aprobación de la
Convención de Belém do Pará, se han aprobado leyes contra la violencia
intrafamiliar en Argentina, Chile, Panamá, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Costa
Rica, México, Colombia, República Dominicana, Perú, El Salvador, Nicaragua,
Guatemala y Venezuela.
Estos avances en materia legislativa son muy importantes. Sin embargo,
como afirman activistas del movimiento antiviolencia, se requieren campañas
sostenidas a todo nivel para cambiar las mentalidades que aún hoy ven como
algo natural la violencia contra las mujeres.
Precisamente la campaña convocada por las agencias de las Naciones Unidas
por los derechos humanos de las mujeres y las niñas, apunta a esa dirección,
ya que está destinada a promover y hacer conciencia en todos los sectores de
la sociedad sobre los costos económicos, sociales y culturales de la
violencia de género.