En
el contexto de la violencia doméstica además del maltrato físico y
psicológico se halla el maltrato sexual. Este concepto puede comprender
tanto la agresión sexual como los abusos sexuales. No existen muchos
datos numéricos sobre este tipo de violencia y los que se publican son
derivados de estudios sectorizados donde la muestras no son grandes.
Alguno estudios dan una prevalencia de 45% de sexo forzado en mujeres
maltratadas y del 74% de coacción sexual (Spiler, 2000). Otras cifras dan
un 29,3% de sexo no consentido (Dieneman, 2000). Caralis (1997) en un
estudio de 406 mujeres maltratadas encuentra un 3% de sexo forzado. Khan y
cols (1993)en otro estudio de 56 mujeres maltratadas hallan un 23% de
alguna forma de abuso sexual y un 19% de violación. Los datos presentan
diferencias importantes también influenciado por la variabilidad de los
grupos considerados.
La
dificultad de conocer la realidad de la sexualidad en la mujer maltratada
radica en parte en la conceptualidad de las víctimas sobre el sexo, a
menudo ligada a culturas o religiones. La imagen del abuso sexual puede
tener varias connotaciones. Un estudio llevado a cabo en adolescentes,
en Sudáfrica, indicaba que algunas de las jóvenes pensaban que se
las amaba porque recibían regalos de
sus parejas. Al tiempo expresaban el temor a la negativa del sexo porque
podía suponer un problema o daño añadido a la relación. Estos
conceptos indican que son necesarias
intervenciones a nivel educacional en escuelas y consultas de
pediatría, sobre todo en ciertas minorías y creencias religiosas (Sleutel,
1998).
Otra
connotación es la de las mujeres maltratadas que confunden la intimidad
emocional y sexual. Esto ocurre con más frecuencia cuando las mujeres
fueron objeto de abuso sexual en la infancia. Algunas mujeres creen que el
amor puede obtenerse por la complacencia o sometimiento sexual. Los
agresores, a menudo solicitan sexo frecuente para demostrar a sus parejas
amor y al tiempo dominancia. En muchos estudios se constata que el abuso físico
raramente comienza antes de que haya tenido lugar la intimidad sexual (Walker
,1984).
ALTERACIONES
PSICOLÓGICAS Y FÍSICAS
Se
han investigado los efectos del sexo forzado sobre la autoestima y la
salud psíquica global de las mujeres maltratadas, más allá del abuso físico
y emocional. En un grupo de 159 mujeres el 45,9 % de la muestra fueron
agredidas física y sexualmente. En la evaluación de los cuestionarios
aplicados este grupo obtenía altas puntuaciones en síntomas negativos de
salud y problemas ginecológicos.
El número de agresiones sexuales a lo largo de su vida ( en la infancia,
en casos de violaciones o en el maltrato de pareja) se correspondían con
alteraciones en la imagen corporal y un alto nivel de depresión (Campbell,
1994).
Cuando
se pregunta directamente a la
mujer maltratada sobre el aspecto sexual el 40% menciona abusos sexuales
sufridos en la infancia o en la edad adulta. Muchos investigadores han
escrito sobre el tema de abusos sexuales frecuentes y encubiertos en el
medio familiar por lo que posteriormente la práctica de sexo normal es
cada vez menos frecuente en las afectadas (Fukerhory, 1983, Walker, 1979)
El
abuso sexual está relacionado con otras alteraciones psicológicas como
el Trastorno por Estrés Postraumático y es predictivo para padecer baja
autoestima, ansiedad, recaídas en el consumo de drogas y comportamiento
suicida ( Gil Rivas, 1996).
Otra
manifestación del abuso sexual puede considerarse la derivada de la
actitud celosa de los agresores que acusan constantemente a su pareja de
mantener contactos sexuales con otras parejas ( Walker 1991). Ello
conlleva a un aislamiento de
la mujer de sus amigos y representa una dinámica sobre el control del
sexo; la mujer siente temor del dominio masculino y se inhibe de otras
relaciones. Esto es más frecuente en ciertos grupos de población como se
advierte en el estudio de Oliver (1989) en mujeres maltratadas afro americanas.
En
el contexto de la violencia doméstica el maltrato
sexual tiene repercusiones en la salud física de la mujer. La
falta de control de la situación o lo inesperado del contacto sexual
influye en la dificultad de una planificación para la contracepción, en
la prevención de las enfermedades de transmisión sexual o la prevención
del HIV (Campbell, 2000). Estos riesgos aumentan cuando el abuso sexual ha
comenzado en la infancia y se ha continuado con la situación de
violencia. Según Cohen (2000) un 31% de mujeres maltratadas seropositivas
y un 27% de seronegativas tenían antecedentes de abuso sexual en la
infancia. Estos datos coinciden con los de Mazza (1996) que en una muestra
de 3026 mujeres maltratadas halló que el 28% había sufrido abuso sexual
infantil
SEXUALIDAD
EN LA MUJER MALTRATADA
La
vivencia de la propia sexualidad y el comportamiento habitual por parte de
la mujer maltratada no es muy conocida fuera de la agresión sexual que
puede llegar a ser conocida por denuncias en los centros públicos. Se
tienen datos de que su sexualidad puede ser parcialmente patológica con
alteraciones de la libido, aversión, asco o espasmos que dificultan el
acto sexual. Cuando hay hostilidad respecto a la pareja de forma
inconsciente o reprimida surgen sentimientos que impiden la capacidad de
entrega (anorgasmia) o bien se adopta una actitud de defensa sexual (Eichel,
1978)
Según
los estudios de Gleason (1993) sobre la prevalencia de alteraciones psíquicas
en la mujer maltratada encuentra un 88% de disfunciones sexuales en un
grupo en convivencia en centro de acogida y del 87% en otro grupo de
comparación viviendo fuera de esta comunidad. En estas muestras se
observaron síntomas con desinterés por el sexo, sexo doloroso,
inhabilidad para sentir el orgasmo y falta de placer global. En este
estudio la muestra es pequeña pero es significativa la alta prevalencia.
Fleming (1979) indica que la frigidez que refieren muchas mujeres se
interpreta como una manifestación de la falta de respuesta por parte de
ellas ante la violencia de sus agresores.
Dentro
de los datos objetivos sobre sexualidad en la mujer maltratada según la
medidas y aplicación de cuestionarios, McIntosh (1981) desarrolló una
evaluación del abuso sexual y emocional dentro del Index Spouse Abuse
I.S.A. ( Hudson , 1981) En este cuestionario los ítems 4 y 21 hacen
referencia a preguntas concretas sobre actos sexuales . En otro
cuestionario, el PRIME_MD se detectaron alteraciones psicológicas y
trauma sexual en 294 mujeres. El 28 % presentaba vivencias de trauma
sexual que incluía violaciones o traumas sexuales antiguas (Butterfield
1995).
MALTRATO
SEXUAL Y LEGISLACIÓN
La
agresión sexual como tal se propicia en la relación familiar violenta o
no. Se puede hablar de la violación de la pareja en un contexto de
maltrato o de agresión o
abuso sexual de distinta intensidad. El concepto de agresión sexual está
claramente definido en el Código Penal: depende de una relación de carácter
sexual no consentida que se
consigue por medio de la violencia o de la intimidación, con
circunstancias que pueden suponer un mayor reproche penal. En el caso de
los abusos sexuales nunca habrá violencia o intimidación y la relación
sexual tiene lugar sin que exista un consentimiento expreso por parte de
la víctima. Existen también algunas circunstancias modificadoras. Todo
ello como delitos contra la libertad sexual recogida y amparada en la
Constitución Española
El
vigente Código Penal (L.O. 10/95) recoge
los atentados a la libertad sexual con violencia e intimidación en
los Aº 178-180. Estos atentados se han de diferenciar de los abusos
sexuales sin violación o intimidación y sin que medie consentimiento
expreso contemplados en los Aº 181-183.
Los
ataques a la libertad sexual cuando se mancilla, se humilla o de manera
depravada se pisotea la dignidad de la ofendida adquieren entidad
suficiente par considerarlos dentro del Aº 430.
En
nuestro ordenamiento jurídico no existen supuestos derechos a la prestación
sexual debiendo primar el respeto a la dignidad y a la libertad de la
personas. El Tribunal Supremo ha declarado que comete violación quien usa
fuerza o intimida para el acceso carnal con su pareja. Entre otras
sentencias 7-11-88, 9-3-89 (
RJ 1989,2564) 14-2-90 (RJ 1990, 1501) 24-4-92 y 21-9-92 (RJ 1992, 3451 y
7197) y 23-2-93 ( RJ 1993, 1401).
Los
malos tratos físicos y psíquicos vienen muchas veces involucrados junto
a otras agresiones sexuales. Así se manifiesta, entre otras, en las
resoluciones de sentencias de 29-4-97 (RJ 1997, 3380) y 8-2-96 (RJ 1996,
289) (Vega JA 1999)
CONCLUSIONES
La
violencia doméstica lleva a unas secuelas físicas, psíquicas y de
comportamiento sexual que tienen efecto en la salud integral de las víctimas.
Los responsables de la sanidad deben tener en cuenta estas repercusiones e
intervenir de forma preventiva o terapéutica con las víctimas del abuso
(Bohn, 1996). Dentro del abuso sexual las mujeres que de niñas lo han
padecido son más proclives a padecerlo en la edad adulta
y toman actitudes más negativas sobre la sexualidad global,
control de natalidad o prevención de riesgos (Johnsen, 1996). Por ello es
prioritaria la planificación de la salud en el aspecto de la sexualidad
en población joven (Wood, 1998).
Algunos
estudios tratan de establecer otras influencias, dentro del
maltrato sexual, en el medio
familiar. Spiller (2000) ha
estudiado la posible repercusión del problema sobre los niños cuyas
madres sufrieron coacción o agresión sexual. Los resultados no fueron
significativos y la única relación controlada fue la problemática
derivada del estrés que acusaba la madre por la situación de maltrato.
En
algunos países como Suecia existen centros especializados para asistencia
y tratamiento de mujeres que han sufrido el maltrato sexual. La asistencia
a las afectadas implica tratamiento médico psicológico
información y educación (Heimer, 1996).
No
obstante aún existen fronteras dentro del sistema de salud para tratar la
violencia sexual como son la falta de educación la identificación que se
establece entre víctima y agresor, sentimientos de desesperanza o el
temor a las represalias del compañero abusivo (Campbell, 1991).
Son
necesarios nuevos estudios para determinar el verdadero alcance del daño
psíquico derivado del maltrato sexual dentro de la violencia doméstica.
De sus resultados se han de derivar los programas o alternativas
sanitarias y el enfoque terapéutico e integral de las víctimas
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Forense
Av. Josep Tarradellas, 179
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