|
|
|
Literatura |
Nicaragua
Al día Otros textos . ¿Qué es la Gramática Española? . El Microrrelato. Características . Formalistas rusos |
Busca aquí |
|
|
Rubén Darío
Vida y
Obra - Rubén Darío:
Análisis -
|
|
* Conferencia impartida en el Auditorio del
IIB, con motivo del día del libro el 23 de abril de 2002. DARIO Y L'ART NOUVEAU EN SU ENSAYO TITULADO
"Rubén Darío, Señor de los tristes" publicado en 1967, Mario Benedetti
escribía: "Hay quienes sostienen (sobre todo en los últimos tiempos) que
lo único que vale en Darío es su aspecto Art Nouveau. Es posible que esa
tesis signifique una mera prolongación snob de la comercialísima embestida
Art Nouveau lanzada por los avispados anticuarios de París. Una vez que
tal renacimiento refenezca, la poesía de Darío perecerá o (así lo espero)
sobrevivirá, no tanto por su lado Art Nouveau como por otros rasgos más
permanentes, aunque seguramente menos cotizables en la bolsa de valores
frívolos.1 Sin embargo, las profundas mutaciones que
sufrirá el mundo después de la Primera Guerra Mundial harán que los
valores expresados a fines del siglo pasado y comienzos de éste no puedan
resistir cierto envejecimiento. Si el aspecto Art Nouveau de Darío no debiera su reconocimiento más que a un fenómeno de moda ligado a un aspecto mercantil, como piensa Benedetti, estaría irremediablemente condenado a desaparecer como desaparecen todas las modas, y su poesía caería en el olvido hasta que tal vez otro fenómeno parecido volviera a rescatarla. Ahora bien, aunque reconozco que han existido momentos más favorables que otros en la difusión de la poesía de Rubén Darío por los numerosos estudios que se han publicado desde la muerte del poeta, observo también que su obra nunca ha perdido realmente vigencia. Y es legítimo preguntarse ¿por qué? ¿Será por su aspecto puramente formal, como piensan algunos? ¿Por su aspecto comprometido con valores ideológicos, políticos y sociales, como parece creer Benedetti al hablar de "rasgos más permanentes", "menos cotizables en la bolsa de valores frívolos"? O ¿será tan simplemente por su calidad de poesía integral en la que forma y contenido constituyen un todo indivisible? La única manera de encontrar, creo, una respuesta no prejuiciada a estas preguntas es aquella que consiste en examinar, a partir de sus propios poemas, la trayectoria poética que conduce a Rubén Darío, motivado por la búsqueda de la belleza como forma de asumir las contradicciones del ser humano, de la opción esteticista de Azul al salto cualitativo de Cantos de vida y esperanza, pasando por Prosas profanas.2 2 Para el presente trabajo utilizamos la edición de Azul y Cantos de vida y esperanza, preparada por Álvaro Salvador, Madrid: Colección Austral, Ed. Espasa Calpe, 1992, 259 p., y la edición de Prosas profanas y otros poemas, preparada por Ignacio M. Zuleta. Madrid: Clásicos Castalia, 1987. AZUL Y LA OPCIÓN ESTETICISTA Con la publicación de Azul en 1888, Rubén Darío ha sido considerado -y sigue considerado- con razón como el máximo representante del modernismo hispanoamericano; movimiento literario heredero, entre otras, de las grandes corrientes poéticas francesas, principalmente la parnasiana y la simbolista, sin olvidar el romanticismo hugoliano -y también wagneriano-, que surgió en América Latina a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Señalemos desde ahora que dicha herencia sería libre y originalmente asumida por el poeta, como recalcaría Juan Valera, uno de los primeros comentaristas de Azul, al hablar de "galicismo mental".3 3 Cit. por Álvaro Salvador, op. cit., p. 30. Lo primero que llama la atención en Azul es, efectivamente, su alta calidad estética, la manera peculiar y novedosa con que el poeta enfoca y plasma el fenómeno de la creación; a tal punto que este libro ha sido mirado por muchos críticos como el verdadero manifiesto del modernismo hispanoamericano que Rubén Darío siempre se negó a escribir. Azul es un libro singular, "un libro miscelánea", y como lo llama Álvaro Salvador, que mezcla prosa y verso, pequeños cuentos y poemas, en el que el creador busca la expresión poética por un movimiento sinestésico en el que se funden luces, sonidos, perfumes y movimientos. En el poema "Autumnal" podemos leer estos sugerentes versos:
El viento Música y ritmo entran en estrecha simbiosis en estas dos
estrofas donde tenemos resumida la concepción del poeta demiurgo,
inspirado por los dioses. Allí se funden Amor y Poesía como emblema de
armonía, merced a la participación de todos los sentidos. Notemos de paso
que esta concepción del poeta demiurgo remite a la visión hugoliana de la
creación; "Le mot c'est le verbe, et le verbe c'est Dieu", afirmaba Hugo. 4 Historia de mis libros. In: Rubén Darío. Obras completas. Madrid: Ed. Afrodisio Aguado, S.A., 1950, tomo 1, pp. 199-200. pero por los cuales ya se habían preocupado Verlaine (De la musique avant toute chose, decía el poeta francés, acerca de la poesía), Richard Wagner con su reflexión sobre música y creación, y el propio Baudelaire con su teoría de las correspondencias, quienes obviamente parecen haber tenido una gran influencia no sólo en la escritura de este cuento, sino en toda la poesía de Darío.5 5 En un artículo sobre Richard Wagner de 1861, Baudelaire escribía: "Ce qui serait vraiment surprenant, c'est que le son ne pût pas suggérer la couleur, que les couleurs ne pussent pas donner l'idée d'une mélodie, et que le son et la couleur fussent impropres à traduire des idées, les choses s'étant toujours exprimées par une analogie réciproque, depuis le jour oú Dieu a proféré le monde comme une complexe et indivisible totalité". Dice Darío: Perdida mi alma en la gran ilusión de mis sinfonías, temo todas las decepciones. Yo escucho todas las armonías, desde la lira de Terpandro hasta las fantasías orquestales de Wagner. Mis ideales brillan en medio de mis audacias de inspirado. Yo tengo la percepción del filósofo que oye la música de los astros. Todos los ruidos pueden aprisionarse, todos los ecos son susceptibles de combinaciones. Todo cabe en la línea de mis escalas cromáticas. La luz vibrante es himno, y la melodía de la selva halla un eco en mi corazón. Desde el ruido de la tempestad hasta el canto del pájaro, todo se confunde y enlaza en la infinita cadencia. Entre tanto, no diviso sino la muchedumbre que befa y la celda del manicomio. (p. 94) En la expresión "luz vibrante" se funden los conceptos
de luz, sonido y movimiento, que encuentran su plena realización poética
en la expresión "infinita cadencia" que completa la idea de armonía. 6 Historia de mis libros, p. 201. donde el creador hace un admirable trabajo sobre los matices cromáticos, musicales y rítmicos; trabajo que, a nuestro juicio, sólo se verá superado más tarde en un poema de la más pura estirpe verlainiana como "Tarde del trópico": Es la tarde gris y triste. Del abismo se levanta Los violines de la bruma En "Paisaje", por ejemplo, el poeta juega con la plasticidad del cuadro que cobra vida por el efecto conjugado de las luces del sol, del trino de los pájaros, del viento que da movimiento a los árboles. Estos distintos elementos se reúnen para imponer la visión de los amantes en comunión de amor: La dama era hermosa; él un gentil muchacho, que le acariciaba con los dedos y los labios los cabellos negros y las manos gráciles de ninfa. Y sobre las dos almas ardientes y sobre los dos cuerpos juntos cuchicheaban en lengua rítmica y alada las dos aves. Y arriba el cielo con su inmensidad y con su fiesta de nubes, plumas de oro, alas de fuego, vellones de púrpura, fondos azules flordelisados de ópalo, derramada la magnificencia de su pompa, la soberbia de su grandeza augusta. Bajo las aguas se agitaban, como en un remolino de sangre viva, los peces veloces de aletas doradas. Al resplandor crepuscular, todo el paisaje se veía como envuelto en una polvareda de sol tamizado, y eran el alma del cuadro aquellos dos amantes: él moreno, gallardo, vigoroso, con una barba fina y sedosa, de esas que gustan de tocarlas mujeres; ella rubia -¡un verso de Goethe!-, vestida con un traje gris lustroso, y en el pecho una rosa fresca, como su boca roja que pedía el beso. (pp. 135-136). La invitación al amor que constituye este poema-cuadro se completa en el canto de la pasión amorosa que representa "A una estrella", significativamente subtitulado "Romanza en prosa", en el que el canto lírico del poeta a la amada sacralizada se convierte en oración del fiel a la divinidad: ¡Princesa del divino imperio azul, quién besara tus labios luminosos! ¡Yo soy el enamorado extático que, soñando mi sueño de amor, estoy de rodillas, con los ojos fijos en tu inefable claridad, estrella mía, que están tan lejos! ;Oh, cómo ardo en celos, cómo tiembla mi alma cuando pienso que tú, cándida hija de la Aurora, puedes fijar tus miradas en el hermoso Príncipe Sol que viene de Oriente, gallardo y bello en su carro de oro, celeste flechero triunfador, de coraza adamantina, que trae a la espalda el carcaj brillante lleno de flechas de fuego! Pero no, tú me has sonreído bajo tu palio, y tu sonrisa era dulce como la esperanza. ¡Cuántas veces mi espíritu quiso volar hacia ti y quedó desalentado! ¡Está tan lejano tu alcázar! He cantado en mis sonetos y en mis madrigales tu místico florecimiento, tus cabellos de luz, tu alba vestidura. Te he visto como una pálida Beatriz del firmamento, lírica y amorosa en tu sublime resplandor. ¡Princesa del divino imperio azul, quién besara tus labios luminosos! (p. 145) Los matices de brillo y de colores, de la más pura estirpe verlainiana, se imprimen en el fondo azul de la esperanza, se unen a la musicalidad de la frase para recalcar la pureza y emoción (marcada por los puntos exclamativos) del canto y convertir el amor que es poesía (He cantado en mis sonetos y en mis madrigales tu místico florecimiento, tus cabellos de luz, tu alba vestidura) en algo sagrado. Esta fusión se explicita con la evocación de la Beatriz de Dante sacralizada como princesa del universo, ese "divino imperio azul", y se llega a ese momento de perfección (sublime resplandor) del que habla Octavio Paz y en el que por la poesía que es vida, palabra, amor, se alcanza la plenitud del ser. Dice el poeta: Quería contarte un poema sideral que tú pudieras oír, quería ser tu amante ruiseñor, y darte mi apasionado ritornelo, mi etérea y rubia soñadora. Y así desde la tierra donde caminamos sobre el limo, enviarte mi ofrenda de armonía a tu región en que deslumbra la apoteosis y reina sin cesar el prodigio. Tu diadema asombra a los astros y tu luz hace cantar a los poetas, perla en el océano infinito, flor de lis de oriflama inmenso del gran Dios. (pp. 146). Notemos el empleo de las palabras "tierra", "limo", "ofrenda de armonía", "deslumbra", "apoteosis", "prodigio", que introducen la noción de fusión creadora entre el hombre y el cosmos para llegar a la plenitud y sacralización del ser traducida por las imágenes finales que imponen la presencia de un universo infinito. Y concluye el poeta: Otra vez era una selva oscura, donde poblaban el aire los grillos monótonos, con las notas chillonas de sus nocturnos y rudos violines. A través de un ramaje te contemplé en tu deleitable serenidad, y vi sobre los árboles negros, trémulos hilos de luz, como si hubiesen caído de la altura hebras de tu cabellera. ¡Princesa del divino imperio azul, quién besara tus labios luminosos! Te canta y vuela a ti la alondra matinal en el alba de la primavera, en que el viento lleva vibraciones de liras eólicas, y el eco de los tímpanos de plata que suenan los silfos. Desde tu región derrama las perlas armónicas y cristalinas de su buche, que caen y se juntan a la universal y grandiosa sinfonía que llena la despierta tierra. (p. 147). Esta fusión entre amor, canto y poesía, que se manifiesta como "grandiosa sinfonía" de una orquesta wagneriana, es una constante de Azul. Basten como ejemplo estos versos de "El año lírico" donde tras recordar la presencia de "un ave", el poeta agrega inmediatamente en el verso siguiente que "Son dos: el macho y la hembra" en actitud de amor: El nido es cántico. El ave Y estos otros de "Invernal" donde el éxtasis estético, al reunir -como diría Octavio Paz- éxtasis erótico y éxtasis místico, tiene una doble dimensión: humana y divina, sagrada y profana: Ardor adolescente, Conviene señalar también que la preocupación por lo
puramente estético lleva al poeta a trabajar la palabra como un orfebre;
el verso es rutilante como el oro y la pedrería que lo componen. A Rubén
Darío menos le interesa la palabra en su pura dimensión semántica que como
haz de sugerencias que se dan en creaciones como ese "flordelisados" de
ópalo para caracterizar los "fondos azules" de "Paisaje", al que nos hemos
referido anteriormente. EL SALTO CUALITATIVO En Cantos de vida y esperanza, en cambio, podemos notar
un salto cualitativo en la poesía de Rubén Darío. Este libro de madurez,
publicado en 1905, encierra, según confiesa el poeta, "las esencias y
savias" de su "otoño", en oposición con Azul que simbolizaba "el comienzo"
de su "primavera", y de Prosas profanas, su "primavera plena". Yo soy aquel que ayer no más decía El dueño fui de mi jardín de sueño, y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
El hombre, la nación, el continente, el
mundo, Dentro de este nuevo acercamiento a lo poético vinculado a preocupaciones más inmediatas, asistiremos, naturalmente, a una fuerte crítica de la política imperialista de los Estados Unidos en América Latina y del peligro que hace correr a los pueblos latinos. En "A Roosevelt", con un tono violento e imprecatorio, Rubén Darío denuncia el progreso material de los Estados Unidos, visto en términos de catástrofe: ¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt
Whitman, Eres los Estados Unidos, Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu
raza; Crees que la vida es incendio, Aliado a la voz de la Biblia, el verso de Walt Whitman aparece como exorcismo contra el mal que representa el utilitarismo de los Estados Unidos, encarnado por Roosevelt. La carga semántica negativa que contienen las palabras "incendio", "erupción", "bala", que connotan las ideas de fuego, de violencia, de guerra, y por lo tanto de destrucción y de muerte, no puede ser más fuerte ni expresiva para hacer resaltar el sentido positivo del monosílabo "No", como indestructible voluntad de resistencia.
Mas la América nuestra, que tenía poetas Y sueña. Y ama, y vibra; es la hija del
Sol. Y, pues contáis con todo, falta una cosa:
¡Dios! Rubén Darío denuncia las amenazas de cataclismo que se ciernen sobre nuestro mundo, simbolizado por ese "gran vuelo de cuervos" que "mancha el azul celeste" con que abre el poema "Canto de esperanza" (p. 204), antes de agregar: Verdugos de ideales afligieron la tierra,
Frente a este mundo satánico no le queda más que un refugio: el llamado a Dios hecho hombre en la figura de Jesucristo, porque el combate entre el Bien y el Mal no es un combate entre el hombre y la divinidad, sino entre los hombres: ¡Oh, Señor Jesucristo!, ¡por qué tardas,
qué esperas La fe de Darío es también la fe en una América Latina nueva, sincretismo de las razas y culturas aborígenes y de la raza hispana, latina, exaltada con un tono entusiasta y grandilocuente a la manera romántica de Campoamor en un poema como "Salutación del optimista", compuesto en hexámetros libres latinos. Esta América nueva surgirá, como profetiza en el mismo poema, del derrumbe definitivo del imperio colonial español con la pérdida de la última colonia: Cuba: Siéntense sordos ímpetus en las entrañas
del mundo, Entre los "rasgos más permanentes" de la poesía rubendariana conviene mencionar también el tratamiento de temas considerados como universales: el Amor, la Vida, la Muerte, la reflexión sobre el acto poético, el espacio y el tiempo. Recuérdese que en "Cyrano en España" Darío nos dice: El Arte es el glorioso vencedor. Es el
Arte Siendo estos temas universales materia privilegiada en la historia de la poesía, interesan probablemente mucho menos por la expresión de su contenido que por la originalidad y novedad de su tratamiento estético. Aquí es donde aparece la naturaleza misma de la poesía que es al mismo tiempo forma y contenido. UNA POESÍA INTEGRAL La idea no puede existir independientemente de la forma
que la sostiene, de la misma manera que la forma sin la idea no es nada. La torre de marfil tentó mi anhelo; Y explícitamente en el Prefacio, donde, si bien reconoce
que no ha podido sustraerse de la evocación de la situación política de
América Latina, deja también claramente sentado que lo ha hecho sin
renegar nada de su compromiso estético anterior al declarar: "de todas
maneras, mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados
cisnes, tan ilustres como Júpiter" (p. 186). La América Española como la España entera ¿Seremos entregados a los bárbaros
fieros? He lanzado mi grito, Cisnes, entre
vosotros, ...Y un Cisne negro dijo: "La noche
anuncia el día". Y el poeta concluye convirtiendo a los emblemáticos cisnes de la mitología antigua, portadores de un ideal eterno, en mitos renovados de los tiempos modernos: Las dignidades de vuestros actos, De orgullo olímpico sois el resumen, ¡Melancolía de haber amado, Una vez más, los "ritmos", las "voces", las "luces" se reúnen como símbolo de armonía, amor y poesía, como vimos en la primera parte; pero esta vez en un marco ético y protestatario, acto que marca la dignidad del hombre como valor supremo.
En "La canción del oro", la obsesiva repetición de la fórmula "cantemos el oro", en forma de letanía invertida, introduce una crítica mordaz contra la omnipotencia del oro, o sea de la riqueza, y más precisamente de los valores puramente materiales celebrados por el positivismo, en este mundo de injusticia, con el apoyo de la ironía y del sarcasmo, como atestigua el final: ¡Eh, miserables, beodos, pobres de
solemnidad, prostitutas, mendigos, vagos, rateros, bandidos, pordioseros,
peregrinos, y vosotros los desterrados, y vosotros los holgazanes, y sobre
todo vosotros, oh, poetas! Al incluir al poeta entre "los miserables" y todos los
desclasados sociales, Darío le otorga implícitamente a la poesía un papel
social y sagrado a la vez; papel que confirma en la imagen final del
cuento con la asimilación a un mendigo-peregrino-poeta del harapiento que
le da su mendrugo de pan a la vieja pordiosera. Aquel día no hubo pan ni medicinas en casa del tío Lucas, sino el muchacho destrozado, al que se abrazaba llorando el reumático, entre la gritería de la mujer y de los chicos, cuando llevaban el cadáver al cementerio. (p. 91) Y en "Ananke", poema compuesto al estilo de una fábula, Darío utiliza hábilmente la alternancia de un verso de arte menor, el heptasílabo, con un verso de arte mayor, el endecasílabo, para traducir el contraste entre la felicidad y ligereza de la paloma y la tragedia de la situación final que no sospecha; y usa los mejores efectos de la sinestesia para resaltar la pureza e inocencia de la paloma frente a la infamia del gavilán, con el fin de denunciar la imperfección de la creación divina y de poner en tela de juicio la propia existencia de Dios: Entonces el buen Dios, allá en su trono Y si bien es cierto, como hemos visto en la primera parte, que la reflexión de Darío sobre el amor es una reflexión abstracta sobre la relación amor-poesía como representación de lo sagrado, esta reflexión no puede apartarse, sin embargo, en "Palomas blancas y garzas morenas" de la expresión de una experiencia concreta, significativamente relatada en primera persona bajo la forma de la confesión. E incluso diría que a menudo hay en muchos fragmentos o versos de Azul una sublimación de la experiencia erótica propia en experiencia creadora. UNA COMPLEJA E INDIVISIBLE TOTALIDAD Si Darío efectúa, en la más pura tradición verlainiana,
una constante transposición del campo de los sentimientos al de las
impresiones y de las sensaciones, si se expresa a veces en un lirismo
velado, confidencial, que no "busca el color, sino el matiz", como dice el
poeta francés que trata de hacer "La chanson grise où l'indécis au précis
se joint", si privilegia el ritmo, si escoge las palabras no tanto en
función de sus significados como de sus sonoridades que van retomadas a
veces como temas musicales, como podemos notar, por ejemplo, en "Canción
de otoño en primavera", no por ello deja de preocuparse por el sentido
global de su poesía cuya meta es, al fin y al cabo, traducir esa "compleja
e indivisible totalidad" del mundo a la que se refería Baudelaire. 7 Octavio Paz, "El caracol y la sirena", en: Cuadrivio, México: Joaquín Mortiz, 1980, pp. 28-29. Cit. Por Álvaro Salvador, op. cit., p. 27. Si la poesía de Rubén Darío sobrevive, creo que es fundamentalmente por eso, mucho más que por sus innovaciones formales, métricas o léxicas que, a pesar de ser numerosas, no pasan de ser artificios técnicos; éste es el caso, por ejemplo, del uso del alejandrino francés en "Medallones", de la estructura formal de algunos poemas como "Venus" con sus versos de diecisiete sílabas, y "El soneto de trece versos"; poemas todos ellos que participan directa o indirectamente de la obsesión del poeta por encontrar el perfecto equilibrio entre forma y fondo como representación de la anhelada armonía universal. "El soneto de trece versos" me parece particularmente
ilustrativo de la permanente función catártica que cumple en Rubén Darío
la búsqueda de la belleza que plasma en la escritura poética. Recordemos las ya citadas palabras con que el poeta caracterizaba su poesía de aquella época en Historia de mis libros: "Si Azul simboliza el comienzo de mi primavera y Prosas profanas mi primavera plena, Cantos de vida y esperanza encierra las esencias y savias de mi otoño", y acerquémoslas a lo que agrega acerca del "Soneto de trece versos" en el mismo libro: "El soneto de 13 versos cuyo sonido ha hecho balbucir juicios distantes a más de un crítico de poca malicia, es un juego a lo Mallarmé, de sugestión y fantasía",8 8 Historia de mis libros, p. 221. así tendremos la clave interpretativa del poema. ¡De una juvenil inocencia Por lamentar mi conciencia Scherezada se entredurmió... Más el pájaro azul volvió... La primera estrofa remite a la juventud del poeta
(juvenil inocencia), a la primavera de Azul (abril), la plena inspiración
que se confunde con ese instante privilegiado de la vida del poeta
(esencia, sutil perfume), es decir a todo lo que significó Azul en su vida
y en su poesía. 9 Volveremos a encontrar esta metáfora en el poema de Vallejo "Este piano viaja para adentro". Véase Roland Forgues (Ed.). Vallejo, vida y obra. Lima: Editorial Amaru, 1994, pp. 87-103. en otoño (un cuento que fue de las Mil y una noches de
mi existencia). 10 En las Mil y una noches, en efecto, el sultán, frustrado por una pena de amor, se casa cada noche con una mujer a la que manda descabezar a la mañana siguiente, hasta que Scherezada, hija del gran visir que es también el verdugo de las mujeres sacrificadas, decida, con la ayuda de su hermana Dinarzada, encargada de despertarla para que acabe el suplicio de las mujeres, seducir al sultán contándole cada noche una historia sin revelarle el final, para mantenerlo alerta hasta la mañana siguiente. La estrategia de Scherezada termina después de mil y una noches, cuando el sultán, definitivamente conquistado por el encanto de la muchacha, decide perdonarle la vida y guardarla definitivamente a su lado. Dinarzada, por consiguiente, es el elemento que despierta la inspiración y cuando no interviene ese elemento, la inspiración, aunque siga existiendo virtualmente, no puede expresarse. Es lo que le ocurre al poeta en el otoño de su vida en el que han desaparecido las grandes ilusiones, como el amor por ejemplo,11 11 Recuérdense los ya citados versos de "Autumnal", de Azul. que favorecieron la inspiración de su juventud. Y esto
es lo que se sugiere gracias al empleo del neologismo "entredurmió", que
traduce la presencia de lo real (la palabra) pero en forma virtual (el
sueño). |
|
|
|
Principal-|-Consulta
a Avizora |-Sugiera
su Sitio |
Temas Que Queman |
Libros Gratis |
|
|
|
AVIZORA |