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Literatura Análisis / Analysis: "El cazador oculto" / "The Catcher in the Rye", de J.D. Salinger |
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español y en inglés - Availables resources in spanish and english Para comenzar, podemos decir que El Cazador Oculto de Salinger es una novela, ya que es una "obra literaria de carácter narrativo, de cierta longitud (varía de 225 a 255, dependiendo de la edición) centrada en la exposición de sucesos ficticios"; está dividida en capítulos (26) que hacen avanzar las acciones, llevadas a cabo por personajes en un determinado marco, dado por el espacio y el tiempo, por ejemplo, el capítulo 10 transcurre en la noche del primer día, en el "Salón Lavanda" del hotel, en el que el personaje principal es Holden y también participa el mozo y tres mujeres de Seattle que toman unas copas invitadas por el protagonista. Los capítulos terminan de forma tal que el lector se ve obligado a continuar la lectura -funcionando como "enganche"-, por ejemplo en el final del capítulo 22 dice "...después me fui al living y lo llamé a aquel maestro que había tenido, el señor Antolini."; este último se halla en función de que el pacto ficcional sólo se pueda realizar de forma intermitente. Por ser la novela de carácter narrativo, posee un narrador cuya figura es de suma importancia, en este caso no cambia de foco, puesto que se centra exclusivamente en el interior del personaje primordial, el cual narra todos los hechos. Podemos sumar a estas características su carácter acumulativo, el cual se produce por la abundancia de episodios subordinados a otros y la existencia de varias historias. Otro rasgo particular de la novela que puede hallarse notoriamente en "El Cazador Oculto" es la incorporación de otros tipos textuales tales como diálogos (todas las charlas que mantiene con sus compañeros de Pencey, con su hermanita Phoebe, con Sally, con los taxistas, con dos profesores y con otros personajes secundarios) y descripciones ("Ahí había tres chicas de unos treinta años o por ahí. Las tres eran bastante feas y llevaban puestos esa clase de sombreros gracias a los que se descubría que en realidad no vivían en Nueva York, pero una de ellas, la rubia, no estaba tan mal. Era algo linda la rubia..."). La última característica es que algunos personajes pueden ser redondos y dinámicos, tienen volumen, son profundos, conocemos su historia, pueden crecer, transformarse, evolucionar, son el alma de la novela y pueden identificarse con el lector. A lo largo de toda la novela apreciamos una evolución en el protagonista, del cual conocemos todos sus pensamientos y sentimientos por ser un narrador protagonista, quien además no se ahorra en detalles en el momento de describir a los otros personajes. Una novela de aprendizaje. Una novela moderna. El Cazador Oculto presenta características del segundo tipo de novela de aprendizaje que expone Bajtin en su artículo. Holden atraviesa un "...camino de desarrollo humano desde un idealismo juvenil e iluso hasta una madurez sobria y práctica. Este camino puede complicarse hacia el final, si se halla contaminado por distintos grados de esceptismo y resignación.". El camino hacia la madurez se encuentra representado mediante el deambular del protagonista durante dos días en los que comete errores aprendiendo de ellos. La confusión, la falta de experiencia y la incredulidad, hacen que Holden tome decisiones "equivocadas". Un ejemplo de esto último es cuando su orgullo puede más que el miedo y se niega a pagarle a Maurice, el ascensorista del hotel en donde se aloja: "¿Por qué tendría que darle 5 U$S más?-les dije. Se me estaba quebrando la voz-. Me quieren estafar." "No les debo nada-les dije-. Si me golpea, me voy a poner a gritar como un animal. Voy a despertar a todo el hotel. Va a venir la policía y todo.". El episodio termina cuando Maurice le pega y la prostituta toma la plata de la billetera de Holden. En el capítulo siguiente Holden despierta con hambre: "El teléfono estaba justo al lado mío y estaba por llamar para que me subieran algo de desayuno, cuando se me ocurrió que me lo podían mandar a Maurice. Están locos de remate si piensan que me moría de ganas de volver a verlo.", con esto se demuestra que aprendió a no volver a interponerse en vano en una situación peligrosa y violenta. Esta es una de las tantas experiencias que ayudan a Holden a alcanzar la prematura madurez. Ubicándola en la historia de la novela moderna, la de Salinger encuentra sus antecedentes sobre todo con la novela sentimental surgida a mediados del silgo XV y, en menor medida, con la caballeresca. La primera se escribe "...para que sirva de modelo de vida y a fin de que los lectores tengan una explicación completa de las conductas de los personajes." El Cazador Oculto intenta dejar una enseñanza, le demuestra al lector que si se rebela del sistema, terminará mal o formando parte de él. "También sitúa la historia de un tiempo muy próximo..."2, Holden relata lo sucedido cuando todavía no ha pasado ni siquiera un año. La novela sentimental "...se interesa más por la vida interior de los personajes que por las acciones, más por las emociones que por la aventura y mezcla rasgos de la novela de caballerías."2. El protagonista se identifica con don Quijote (novela caballeresca y cervantina, por lo tanto, novela moderna) al estar "...en discordancia con los ideales y valores de la sociedad en la que vive..."2. En El Cazador Oculto, a diferencia de la novela épica, el protagonista "...es sujeto de historias que continuamente lo someten a pruebas." 2 y lo ayudan a crecer intelectualmente, es sometido constantemente a obstáculos que lo obligan a tomar decisiones. |
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Sociedad norteamericana de posguerra. El contexto de producción se relaciona en gran medida con la historia. El ascenso social de sectores juveniles y su capacidad de consumo, se ve reflejado en Holden, que mientras se encuentra vagando por Nueva York como si fuera un extranjero, sólo gasta dinero y en cosas inservibles: taxis para ir a bares, bebidas, teatro, patinaje, prostituta. La cultura joven se define por rasgos propios y por oposición al mundo de los adultos. El fenómeno de la invención de los jóvenes y su cultura tuvo ese rasgo norteamericano de adaptar la rebelión contra el sistema con las demandas del mercado. Los jóvenes se rebelan y rechazan el mundo de sus padres, pero detrás de esa rebeldía surge la cultura joven como cultura de consumo. El hecho de que las generaciones más jóvenes de la época se caracterizaran por un inconformismo creciente y que tuvieran un problema de identidad y de la manera de preservarla en un mundo cada vez más institucionalizado; el protagonista de la novela es completamente inconformista e inadaptable, odia a la sociedad neoyorquina, odia la ciudad y los objetos característicos de ella como taxis, ascensores, teatro, cine. Holden tiene problemas de identidad, por ejemplo, Sally le cae mal, pero igual sale con ella; quiere ser libre y escapar de los padres y del mundo adulto, pero al mismo tiempo necesita volver con su familia, que es lo que finalmente termina haciendo. En esa época, la educación se realizaba en un escenario impersonal: "escuelas y universidades prestigiosas, un par de años en el ejército, una carrera en uno de los gigantescos negocios o complejos industriales, una vida familiar en gran departamento o en un barrio privado". Holden asiste a una escuela prestigiosa e impersonal, por esa razón odia a sus compañeros por ser falsos y poco inteligentes, Holden aborrece al mundo, no sólo el de los adultos, sino también el de sus pretenciosos y snobs compañeros de Pencey; su hermano fue al ejército y su familia vive en un gran departamento (consta de bastantes habitaciones, el ascensor tiene un ascensorista y las descripciones denotan su magnitud). "En este contexto, nos encontramos con productos culturales de índole ideológica opuesta: la literatura y el cine propagandísticos, y la literatura y el cine críticos. Contra estos últimos la censura es impiadosa. Muchos personajes literarios y héroes de la pantalla dramatizan fantasías de rebelión, pero esas ansias liberadoras se reducen a una expresión altamente individualizada y casi nunca asumen una conciencia colectiva, social." Holden está en contra de las cosas de la ciudad neoyorquina que no le molestan a nadie más, como es el caso de los ascensores, cines, etc., de hecho para el resto de la sociedad son buenas comodidades y entretenimientos. El narrador es protagonista, narra en primera persona, tiene una "visión con" ya que no tiene una explicación de los hechos antes de que los personajes mismos la tengan. La focalización es interna y fija, puesto que el punto de vista se sitúa en el interior de la mente de Holden a lo largo de todo el relato. "Y me entré a poner nervioso. Soy un tipo bastante nervioso." "Seguí pensando en Jane, en que Stradlater iba a salir con ella y ese tipo de cosas, me puse tan nervioso que casi me vuelvo loco.". De esta forma se representan constantemente los pensamientos del protagonista. Esto le da un sentido subjetivo a la novela por estar narrada desde un único punto de vista, el del personaje principal, que sugiere una determinada escala de valores, en contraposición de la ya preconcebida de la época en que la novela está escrita. Al no exhibir otra visión del mundo contraria y de la misma magnitud que la que expone Holden, el lector adopta las ideas y pensamientos del protagonista y justifica sus actos en el momento de la lectura. En cuanto a las técnicas narrativas, las más importantes que podemos nombrar, en orden jerárquico, son la introspección, el estilo directo y el indirecto. La primera de éstas es fácilmente reconocible debido a que en toda la novela Holden "...relata como para sí mismo sus recuerdos, su historia, sus ideas, pensamientos y sentimientos, lo hace coherente y ordenadamente, como si lo que el lector recibe fuera el resultado final de sus pensamientos una vez organizados para ser escritos." : "Si de verdad quieren que se los cuente, lo primero que probablemente querrán saber es dónde nací, cómo fue mi infancia de porquería, qué hacía mis padres antes de tenerme y todas esas idioteces a lo David Copperfield, pero para serles sincero, no tengo ganas de ponerme a contar esa clase de cosas. Primero, porque son temas que me aburren y segundo, porque a mis padres les daría un ataque si dijera algo demasiado personal sobre ellos. (...) Aparte, no les voy a relatar toda mi maldita autobiografía ni nada que se le parezca, sólo les voy a contar esa cosa de locos que me pasó cerca de la Navidad pasada, antes de que me debilitara y tuviera que venir a recuperarme a este lugar.". La segunda técnica narrativa predominante en la novela es el estilo directo. Éste es más frecuente que el estilo indirecto, funcionando como un regulador de la focalización fija en Holden que podemos hallar en la totalidad de la narración. Es en el estilo directo en donde se presentan las distintas voces que coexisten en El Cazador Oculto, todas subordinadas a las del narrador. Cuando Holden va a la casa del profesor Antolini, ambos se ponen a debatir sobre la materia Expresión Oral, Holden justifica su reprobación en la materia diciendo que prefiere ser digresivo; a esto Antolini le responde: "Holden...una preguntita pedagógica y ligeramente pesada. ¿No te parece que si alguien te empieza a hablar sobre la granja de su padre tiene que terminar primero con ese tema y después pasar a contarte sobre las muletas del tío? O, si lo de su tío le parece tan interesante, ¿no debería haberlo elegido de entrada como tema en lugar de la granja?". A través de este pequeño consejo, el profesor está tratando de encaminarlo y hacerlo reflexionar, dándole su punto de vista objetivo de la situación. El discurso indirecto es una técnica narrativa utilizada en menor medida en esta novela y, en general, las réplicas que son narradas con este estilo por Holden, son menos significativas que las del estilo directo: "El profesor que enseñaba biología, Zambesi, asomó la cabeza por una ventana del edificio de clases y nos dijo que teníamos que volver al dormitorio y prepararnos para la cena". Podemos darnos cuenta fácilmente de que solamente la segunda técnica narrativa mencionada contribuye a la polifonía de la novela. Se define a la novela como el género polifónico "por excelencia" y género democrático, en el cual diferentes ideologías aparecen puestas en escena, conviven. Prevalecen diálogos entre personajes de importante valor, debido a que ellos representan la característica propia de la polifonía: "muchas voces". La multiplicidad de personajes lleva a un debate entre diferentes opiniones e ideologías. Se presentan distintos niveles de lengua de personajes con diferentes lectos y registros, lo cual produce un contraste entre las variadas "voces sociales". En el comienzo de El Cazador Oculto, notamos la presencia de una sola voz, la de Holden, pero a medida que va contando los hechos, va nombrando a los personajes e intercalando las distintas voces. El personaje de Holden está presentado por sí mismo ya que es un narrador en primera persona, y cuenta la historia en forma de memorias. Este es un estilo en el cual el narrador presupone un lector que no forma parte de la acción. Los hechos que recuerda el protagonista, pueden aparecer transformados debido al paso del tiempo entre el presente de la enunciación y el de la historia. Holden es un personaje redondo y dinámico que se presenta como un ser complejo y que sorprende al lector continuamente con sus actitudes cambiantes y su ideología contrapuesta a la del resto de la sociedad de la época. Ve el mundo de una forma muy especial, no soporta detalles de la ciudad en los que el resto de la gente ni se detiene a pensar. Ve al mundo como un lugar hostil arruinado por los adultos, a los cuales no entiende y algunas veces no soporta, por lo que teme convertirse en uno de ellos. Holden es una forma arcaica del verbo "hold" que en castellano se traduce como retener. En este caso podemos interpretar que el personaje quiere y ansía retener su niñez como "en una vitrina de cristal". Los personajes adultos son Spencer, Antolini, los taxistas, el hermano de Holden D.B., Ernie, la prostituta y el ascensorista. Holden ve a este grupo de personajes como hipócritas ("Bueno, cuando terminó y todos lo aplaudieron a rabiar, Ernie giró su taburete e hizo una reverencia humilde, totalmente falsa. Como si, además de ser un pianista magnífico, fuera un tipo de los más humilde. ¡Qué hipócrita!"), como desinteresados por todo lo ajeno a ellos; según lo que piensa el protagonista, el mundo es lo que es por la culpa de los adultos. De todos modos, en ciertos momentos le gusta estar con ellos ya que poco a poco está madurando y se les parece cada vez más. Los personajes no adultos son Phoebe, Jane, Stradlater, Sally y Ackley. A estos personajes los ve de diferentes maneras; a Phoebe, que es una niña, la ve como una persona honesta, extremadamente inteligente y simpática, el protagonista ve a los niños como los seres más puros de la sociedad, los más brillantes, los menos falsos. A Jane la ve como alguien bueno y sin muchos defectos ya que estuvo enamorado de ella. En cambio, a Stradlater y a Ackley los ve como adolescentes típicos, falsos y nada inteligentes; esto puede ser porque aborrece la adolescencia por ser ésta el período de transición de la niñez a la adultez. Sally es un reflejo de los adultos, piensa de una forma estructurada y con la ideología prefijada por la sociedad de la época; por lo tanto Holden no la soporta, aunque en un momento en que intenta ser maduro, sale con ella, pero termina insultándola. Esto demuestra que por ser la adolescencia un período de transición por el que el protagonista está pasando muy confundido, tiene ideas muy contrarias respecto de los diferentes personajes adolescentes. Otra clasificación posible entre los personajes relevantes de la novela es masculinos / femeninos. Los personajes masculinos son Spencer, Antolini, los taxistas, D.B, Ernie, el ascensorista, Stradlater y Ackley. Este grupo de personajes no le inspira gran respeto al protagonista, no los escucha, no le interesa lo que dicen, a algunos los odia y de todos dice que son falsos o hipócritas en algún sentido. Los personajes femeninos son la prostituta, Phoebe, Jane y Sally. Holden siente mucho más respeto por las mujeres que por los hombres, las mujeres le gustan mucho y además a lo largo de toda la novela se interesa mucho por el sexo. En el encuentro con la prostituta, Holden se interesa por su vida y le pregunta cosas como cuántas horas trabaja, qué le gusta hacer de día etc., le da pena que tenga que hacer ese trabajo y se siente incómodo con el hecho de tener relaciones con ella. Eso demuestra el gran respeto que les tiene a las mujeres. Una última clasificación de los personajes, podría hacerse entre los pertenecientes al mundo de la esfera privada de Holden y los ajenos a su mundo privado. Entre los primeros se encuentran Phoebe, Jane y D.B. Entre los segundos se ubican Spencer, Antolini, los taxistas, Ernie, el ascensorista, Stradlater, Ackley, Sally y la prostituta. A los personajes pertenecientes a su mundo privado, Holden los quiere, los respeta y los considera inteligentes y auténticos. "...estuve a punto de llamarla a mi hermanita Phoebe. Tenía muchas ganas de hablar por teléfono con ella. Alguien con un poco de sentido común. (...) Deberían conocerla, nunca en su vida deben haber visto una nena tan linda y despierta. Realmente es de los más despierta. Quiero decir, desde que empezó la escuela siempre se sacó diez.". Los personajes ajenos a la esfera privada de Holden no ocupan lugar en su mente, no se preocupa ni piensa en ellos, salvo para recordar lo falsos, poco inteligentes e hipócritas que son. Hablando con Saly, Holden dice;"Alguna vez tendrías que ir a un colegio de varones (...) Están llenos de falsos, y para lo único que uno estudia es para aprender a ser lo suficientemente vivo para llegar a tener algún día un Cadillac, y hay que hacer creer que te importa un bledo si pierde el equipo de fútbol. Lo único que se hace todo el día es hablar de mujeres, alcohol y sexo. Todo el mundo se hace un grupito cerrado. Los tipos que juegan al básquet andan todos juntos. Los católicos igual, los intelectuales también, los tipos que juegan al bridge. Hasta los tipos que pertenecen al podrido libro del mes se juntan. Si alguien trata de tener una inteligente...". De todos modos, luego de pasar por un período de maduración, Holden se da cuenta de que los extraña; él dice que es porque contando la historia se acordó de todos ellos y se entristeció, pero, inconscientemente, lo que le sucede es que los quiere (en menor medida que a los de su esfera privada) y que lo que creía que le molestaba tanto de las personalidades de ellos, en realidad era solo por una postura infantil. Tomaremos en cuenta dos personajes significativos en la novela: Phoebe y Sally. Phoebe es uno de los epítetos con que se nombra al dios Apolo, que en la mitología griega es la representación de la luz, la belleza, la poesía y la verdad. Es la única persona que logra entender a su hermano y la única que confía verdaderamente en él. Se presenta mediante otro personaje, Holden, a través de la descripción y el diálogo. Phoebe representa a la niñez, período de esplendor de la vida, según el protagonista; es quien hace reflexionar a este último acerca de su situación y a darse cuenta que ya no es un niño y que debe adaptarse al mundo adulto y a sus formalidades y responsabilidades que aún no está dispuesto a asumir. Tiene una relación muy fluida con su hermano, al que trata de cuidar y proteger; ambos se quieren y se respetan. Cumple un papel extremadamente importante en cuanto a la evolución, ya que es por ella que Holden decide quedarse. Esto se demuestra rotundamente a través del pedido que ella le hace ante su inútil decisión de huir. Le pide irse con él, pero éste se da cuenta de que debe asumir una responsabilidad como hermano mayor y llevarla a casa con sus padres, dando un gran paso en el proceso de su maduración. Sally también es presentada por Holden a través de la descripción y del diálogo. El carácter simbólico del nombre se refiere a su traducción como "salida". Sally es una salida, una conexión al mundo real que él dice odiar tanto, pero que en realidad, continuamente, siente la necesidad de acercarse y formar parte de él, lo cual contribuye a su proceso de maduración. Es una amiga muy cercana a la que Holden acude cuando se siente solo, por ejemplo, cuando está borracho y la llama a la madrugada. Junto con Phoebe lo ayuda a tomar conciencia de que la idea de escapar, huir, no tiene ningún sentido, y trata de llevarlo a la realidad. Los dos personajes anteriormente descriptos, ayudan al protagonista a crecer, y son la razón por la cual éste no comete locuras. Según nuestro punto de vista, hay en la novela dos historias: una explícita narrada en forma cronológica, en la que Holden describe dos días significativos de su vida, y una historia implícita, que se refiere al proceso de maduración por el que el protagonista está pasando. Las experiencias que atraviesa en la historia explícita funcionan como obstáculos en la historia implícita, que debe superar para llegar a la madurez. La primera incluye a la segunda, y ésta última es su consecuencia, ya que sin los sucesos de la historia explícita, no sería posible el progreso de la maduración del protagonista. Algunos indicios e informantes nos permiten darnos cuenta de que la historia transcurre en invierno, por ejemplo cuando dice: "...sólo les voy a contar esa cosa de locos que me pasó cerca de la Navidad pasada...", "...afuera había dejado de nevar...". La historia dura dos días. El tiempo de la historia influye en el conflicto narrado de varias formas. Una de ellas es el cambio en la personalidad de Holden; esos dos días fueron los elegidos para contar la historia de la maduración, por ser extremadamente característicos en cuanto al notable cambio del personaje. El hecho de que fuera invierno hace que Holden se enferme y esto lo motive a volver a su casa y descansar por un tiempo, para luego continuar su vida de manera más responsable y madura. La corta duración del cambio incide en los actos del protagonista a causa de que realiza una gran cantidad de salidas y actividades con diferentes personas –algunas conocidas, otras muy cercanas y otras completamente desconocidas- en las que intenta comportarse como una persona adulta, por ejemplo, tomando alcohol, invitando a mujeres y contratando a una prostituta. La historia se cuenta en un tiempo posterior, pero cercano a la acción, desde un lugar en el que el personaje se encuentra recuperándose de una enfermedad, el fin de Holden es contar una anécdota de gran trascendencia en su vida: "...esa cosa de locos que me pasó...", eso que él no entiende, pero sabe que es de gran importancia. La distancia temporal que hay entre el tiempo de la historia y el del discurso, es, como máximo, de nueve meses, pues la acción transcurre en el principio del invierno (diciembre) y Holden cuenta que volverá al colegio en el otoño (septiembre), "...a qué colegio se supone que voy a ir a partir del próximo otoño..." "Mucha gente, especialmente el psicoanalista que tienen acá, me pregunta todo el tiempo si voy a estudiar con dedicación cuando vuelva al colegio en septiembre.". Dicha distancia incide en la narración de manera tal que el protagonista mantiene la misma postura que tenía en la historia narrada, por lo tanto, podemos decir que su maduración aún no ha concluido, ya que todavía no es consciente detal cosa. Esta distancia también ayuda al personaje a poder elegir qué acontecimientos narrar y cuáles no, para lograr el único punto de vista anteriormente nombrado y, por consiguiente, el apoyo del lector. El lugar geográfico en el que se desarrollan las acciones es la ciudad de Nueva York. A medida que pasan las horas de estos dos días de historia, Holden recorre gran parte de la ciudad, visitando una variedad de lugares. Dentro de ellos pretendemos mencionar los más trascendentes: el Central Park, parque en donde se produce un encuentro con los niños, al cual le gusta ir para dispersarse de la vida adulta, volver al tiempo atrás para recordar su propia niñez observando y, en algunos casos, dialogando con niños: "Había algunos chicos dando vueltas, patinando y todo, y otros dos tirándose una pelota, pero, Phoebe no estaba por ninguna parte. Aunque sentada sola en un banco, ajustándose los patines, vi una nena más o menos de su edad. Se me ocurrió que quizá podía conocer a Phoebe y me podría decir dónde estaba. Me acerqué hasta donde se encontraba ella, me senté a su lado y le pregunté:..."; otro de los lugares es Pencey, que funciona como una representación de la sociedad norteamericana de la época. Encontramos la presencia de verdades prefijadas absolutas, las cuales Holden trata de transgredir, al igual que el sistema, asignando nuevas y sus propias verdades no absolutas. Su casa es la simbolización de la clase media de la época, situada en plena ciudad, de la cual él hace una crítica: "Odio vivir en Nueva York. Odio los taxis y los colectivos de la avenida Madison, con esos chóferes que siempre te están gritando que bajes por la puerta de atrás, y que te presenten a hipócritas que dicen que los Lunts son unos ángeles, y odio subir y bajar en ascensor cuando uno sólo quiere salir, y odio a los tipos que siempre me arreglan los pantalones en Brooks, y la gente que siempre...". La casa del profesor Spencer es una oposición a la casa del profesor Antolini, siendo la primera un modo especial de decadencia, a la que Holden la califica como "...de lo más deprimente." ya que al observar al viejo Spencer y a su mujer se da cuenta de su vejez, de sus constantes enfermedades y ya sabe lo que el profesor va a decirle sin dejar de apreciarlo como persona. La casa del profesor Antolini, que era más joven, constituye la representación de la clase intelectual y Holden se refiere a él como "...un tipo de lo más brillante.". Recapacita acerca de los consejos dados por el profesor y es cuando comienza a reflexionar sobre su situación. El hotel en el que se hospeda simboliza un sector de la sociedad, que es la que no se ve, la no falsa, y una realidad que intenta ocultarse. No se siente cómo, y, al igual que en todos los demás lugares, termina marchándose. Por último, cabe destacar simultáneamente los bares a los que Holden asiste, la considerable cantidad de taxis que toma, sin descartar las charlas que tiene con los choferes y las invitaciones que realiza, el tren y la estación y, en menor consideración, las cabinas telefónicas. Logra establecer una conexión con el mundo, un contacto con la sociedad conformista y convencional figurada por una enorme falsedad, en los que entabla relaciones con adultos, pretendiendo comportarse como tales, pero, en algunas situaciones, arrepintiéndose, sobretodo, de mentir. A través de la narración el protagonista intenta realizar un serie de "pretendidos salvatajes": uno de los más importantes es salvar a los niños de la adultez: "...me imagino un montón de chicos jugando en un campo de centeno inmenso. Miles y miles de chicos, sin nadie que los cuide-ningún adulto, quiero decir- excepto yo. Yo estoy parado cerca de un precipicio de locos y mi única tarea consiste en atrapar a todos los que se acerquen demasiado al borde. Si corren sin mirar para qué lado van, tengo que salir de la nada y agarrarlos. Es lo único que tendría que hacer durante todo el día. Solamente sería el guardián entre el centeno. Sé que suena absurdo, pero es lo único que me gustaría ser.". Hace una visible distinción entre el mundo infantil y el mundo de los adultos. Si tomamos en cuenta el título original The Catcher in the rye, catcher se refiere al que atrapa la pelota en el béisbol: Holden sería entonces "el catcher en el centeno", y es de suponerse que para atrapar a los niños usará el guante de béisbol en el cual su hermano muerto Allie copiaba sus poemas favoritos. No sólo quiere salvar a los niños, sino también a los patos de la laguna del Central Park. Trata de averiguar a dónde se dirigen cuando el lago se congela, cuando llega el invierno, cuando llega la adultez, la decadencia, cuando la muerte los alcanza. Sin embargo, la incógnita no termina de resolverse, por lo que sigue la incredulidad hasta el fin del relato, cuando se logra comprender una vez terminada la lectura. El museo funciona como una característica de la niñez, todo sigue igual y uno está seguro, protegido y es inmutable. Así se salvaría todo del arribo de la adultez y quedaría todo en el mismo lugar. "Lo mejor de aquel museo, sin embargo, era que todo seguía siempre en el mismo lugar (...)Algunas cosas deberían seguir siempre iguales. Uno debería ponerlas en una de esas inmensas vitrinas de cristal y dejarlas ahí tranquilas.". A través de esta cita Holden expresa su deseo de ser niño para siempre. Otro de los intentos de salvatajes es hacia Sally, que pretende rescatarla del pensamiento estructurado típico de la juventud de la sociedad de la época, ofreciéndole irse a un lugar más despoblado, lejos de la ciudad, lejos de la sociedad urbana. Para finalizar esta cadena de salvatajes, es elemental considerar el salvataje que intenta hacer a Phoebe y a él mismo. Con respecto a Phoebe, la adora y le confiesa sus ambiciones para que tome noción de lo que es el mundo adulto, de que disfrute su niñez y la considera como una niña madura, que entiende lo que quiere decir; en relación con su propio salvataje, intenta huir de la adultez, de las responsabilidades y de la sociedad que lo circunda. Podemos decir que dentro de la novela aparecen ciertas figuras retóricas globales tales como antítesis, metáfora y metonimia. La antítesis se ve claramente representada por la contraposición de niñez-adultez a lo largo de todo el texto. También en las relaciones del personaje con determinadas personas que admira, pero al mismo tiempo aborrece, exceptuando innegablemente a su hermanita Phoebe, por ejemplo, a Sally, a los profesores, a sus compañeros, a la gente que encuentra en los bares y clubes, etc. Las metáforas se ven notoriamente manifestadas a través de la ambición de Holden de trabajar de "guardián entre el centeno", a través del museo, que es el no paso a la adultez, sino un estado estático en la niñez. Varias veces a lo largo del relato, el protagonista se pregunta "¿A dónde van los patos en invierno?", mediante esta última palabra realiza una metáfora refiriéndose a la vejez y la decadencia; como ya dijimos anteriormente, Holden quiere saber si los patos logran salvarse de la vejez y continúan siendo jóvenes o si mueren congelados, viendo a la adultez como la muerte del alma. Se produce una metonimia de la parte por el todo, al resumir todo el largo período de maduración a sólo dos días significativos en la vida de Holden En cuanto a la oralidad de la novela, podemos recalcar la importancia de la lengua juvenil americana de los 50’, que tenía una percepción extrañada del mundo presentada por medio de frases hechas, de insultos, de detalles que deberían pasar como inadvertidos, por ejemplo, cuando Holden dice que detesta que le digan "buena suerte" y "extraordinario". En el lenguaje utilizado abundan todos los vicios del lenguaje adolescente como la repetición de ciertas palabras tales como las expresiones "¡Viejo!" y "Eso me mató", un vocabulario limitado y una nivelación democrática entre el lenguaje culto y el vulgar. Esto ayuda a causar en el lector una sensación de que el discurso es espontáneo, al igual que las digresiones que Holden realiza a lo largo de toda la novela. El protagonista se distrae fácilmente del tema central y se desvía del hilo del discurso contando cosas sin conexión. Para concluir, podemos decir que todo lo analizado hasta ahora permite darnos cuenta que a través de Holden, el autor hace una crítica a la sociedad de la época, a la cual considera falsa, hipócrita, egoísta, con verdades prefijadas y con una mente estructurada que no admite modificaciones. El protagonista simboliza todo lo contrario: es sincero, honesto, formula ideas y pensamientos por sí solo y es el único capaz de cambiar de opinión. Continuamente le hace frente a esa falsedad e hipocresía de la sociedad neoyorquina de la década del cincuenta. BibliografíaMaterial acerca de El cazador oculto dado por la profesora. Mieke Val, Teoría de la narrativa (Una introducción a la narratología), Madrid, Cátedra, 1995. Rest, Jaime. Novela, cuento, teatro: apogeo y crisis. Bs. As., CEAL, 1971. Mijail Bajtin, "La novela de educación" en Estética de la creación verbal, México, Siglo Veintiuno, 1982. Bobes Naves, María del Carmen, Historia y Tipología de la novela, en La novela, Madrid, Editorial Síntesis S.A., 1998. Roland Bourneuf/ Réal Ouellet: La novela. Ariel; Barcelona; 1981. "El personaje en la narrativa", en Surmelián, León: Técnicas de la ficción narrativa, Bs. As., Goyanarte Editor, 1976. Hamón Philippe: Para un estatuto semiológico del personaje. Jitrik, Noé: El no existente caballero. La idea de personaje y su evolución en la narrativa latinoamericana, publicado en Bs. As. en 1975 por Editorial Megápolis. Anderson Imbert, Enrique. En Teoría y técnica del cuento, Bs.
As, Marymar, 1979. The Praises and Criticisms of J.D. Salinger's The Catcher in the Rye by Eric Lomazoff - lommie@ix.netcom.com - Copyright © 1996 by Eric Lomazoff. (Reproduced here with the permission of the author.) Ever since its publication in 1951, J.D. Salinger's The Catcher in the Rye has served as a firestorm for controversy and debate. Critics have argued the moral issues raised by the book and the context in which it is presented. Some have argued that Salinger's tale of the human condition is fascinating and enlightening, yet incredibly depressing. The psychological battles of the novel's main character, Holden Caulfield, serve as the basis for critical argument. Caulfield's self-destruction over a period of days forces one to contemplate society's attitude toward the human condition. Salinger's portrayal of Holden, which includes incidents of depression, nervous breakdown, impulsive spending, sexual exploration, vulgarity, and other erratic behavior, have all attributed to the controversial nature of the novel. Yet the novel is not without its sharp advocates, who argue that it is a critical look at the problems facing American youth during the 1950's. When developing a comprehensive opinion of the novel, it is important to consider the praises and criticisms of The Catcher in the Rye. When studying a piece of literature, it is meaningful to note the historical background of the piece and the time at which it was written. Two J.D. Salinger short stories, "I'm Crazy" and "Slight Rebellion off Madison," were published in periodicals during the 1940's, and introduced Holden Caulfield, the main character of The Catcher in the Rye. Both short stories were revised for later inclusion in Salinger's novel. The Catcher in the Rye was written in a literary style similar to prose, which was enhanced by the teenage slang of the 1950's. It is a widespread belief that much of Holden Caulfield's candid outlook on life reflects issues relevant to the youth of today, and thus the novel continues to be used as an educational resource in high schools throughout the nation (Davis 317-18). The first step in reviewing criticism of The Catcher in the Rye is to study the author himself. Before his novel, J.D. Salinger was of basic non-literary status, having written for years without notice from critics or the general public. The Catcher in the Rye was his first step onto the literary playing field. This initial status left Salinger, as a serious writer, almost unique as a sort of free agent, not bound to one or more schools of critics, like many of his contemporaries were. This ability to write freely, his status as a nobody in the literary world, was Salinger's greatest asset. Rather than to scope inside Salinger's mind and create a grea tness for him, we are content instead to note him for what he is: "a beautifully deft, professional performer who gives us a chance to catch quick, half-amused, half-frightened glimpses of ourselves and our contemporaries, as he confronts us with his brilliant mirror images" (Stevenson 217). Much of Salinger's reputation, which he acquired after publication of The Catcher in the Rye, is derived from thoughtful and sympathetic insights into both adolescence and adulthood, his use of symbolism, and his idiomatic style, which helped to re-introduce the common idiom to American literature. While the young protagonists of Salinger's stories (such as Holden Caulfield) have made him a longtime favorite of high school and university audiences, establishing Salinger as "the spokesman for the goals and values for a generation of youth during the 1950's" (qtd. in Davis 317), The Catcher in the Rye has been banned continually from schools, libraries, and bookstores due to its profanity, sexual subject matter, and rejection of some traditional American ideals. Robert Coles reflected general critical opinion of the author when he called Salinger "an original and gifted writer, a marvelous entertainer, a man free of the slogans and clichés the rest of us fall prey to" (qtd. in Davis 317). Obviously, the bulk of praise and criticism regarding any novel or piece of literature will come from published critical reviews. When a novel or any piece of literature is published in the United States, critics from newspapers, magazines, and various other sources flock to interpret the book and critique its style. The same was true for Salinger's novel. Noted book reviewers from across America critiqued The Catcher in the Rye, bestowing both praise and criticism at different levels. Each reviewer commented on different parts of the novel, from Holden's cynicism to the apparently homosexual Mr. Antolini. The novel, like any other, was devoured and picked apart piece by piece. It is the role of the researcher, therefore, to analyze the various reviews and develop a clear understanding of the novel. One of the most widespread criticisms of The Catcher in the Rye deals with the adolescence and repetitive nature of the main character, Holden Caulfield. Anne Goodman commented that in the course of such a lengthy novel, the reader would weary of a character such as Holden. Goodman wrote "Holden was not quite so sensitive and perceptive as he, and his creator, thought he was" (20). She also remarked that Holden was so completely self-centered that any other characters who wandered through the book, with the exception of Holden's sister, Phoebe, had no authenticity at all. She wrote of Salinger's novel: "The Catcher in the Rye is a brilliant tour-de-force, but in a writer of Salinger's undeniable talent one expects something more" (21). Goodman did have a point in the fact that Holden was something of an over-developed character. He described himself early in the novel, and with the sureness of a "wire recording," (Goodman 20) he remained strictly in character throughout. Salinger failed in his novel to address other characters with as much detail as Holden. This is due in part to the fact that Holden tells his own story, and also to the idea that a story told by Holden Caulfield would never describe others, as he speaks only of himself. Reviewer James Stern of the New York Times critiqued Salinger's novel by incorporating Holden's style of speech into his review. Stern tried to imitate Holden by using short, incomplete sentences with undeveloped ideas: "That's the way it sounds to me, Hel said (a friend of the author), and away she went with this crazy book, The Catcher in the Rye. What did I tell ya, she said the next day. This Salinger, he's a short story guy. And he knows how to write about kids. This book, though, it's too long. Gets kinds of monotonous. And he should have cut out a lot about these jerks and all at that crumby school. They depress me. They really do. Salinger, he's best with real children. I mean the ones like Phoebe, his kid sister. She's a personality. Holden and little Phoebe, Hel said, they kill me. This last part about her and this Mr. Antolini, the only guy Holden ever thought he could trust, who ever took any interest in him, and who turned out queer -- that's terrific. I swear it is" (5). Stern's goal in this review was to critique the novel for its length and its melancholy nature. He saw The Catcher in the Rye as being too depressive to be of any redeeming value to the reader. Stern did praise him, however, when he commented on Salinger's ability to write about children. Other short stories by Salinger, such as "A Perfect Day for Bananafish" and "Franny and Zooey," are also based around children and adolescents. Some critics have argued that Holden's character is erratic and unreliable, as he possesses many of the middle-class values that he claims to reject. Later commentators, however, have praised the wry humor of the main character, his "technical virtuosity" (qtd. in Davis 318), and the skilled mockery of verbal speech by Salinger. These critics have commented that the structure of the novel personifies Holden's unstable state of mind. Alastair Best remarked: "There is a hard, almost classical structure underneath Holden's rambling narrative. The style, too, appears effortless; yet one wonders how much labour went into those artfully rough-hewn sentences" (qtd. in Davis 318). A larger field of critics at the time of The Catcher in the Rye's publication in 1951 took a positive view of the novel. For example, Chicago Tribune reviewer Paul Engle commented that the story was "emotional without being sentimental, dramatic without being melodramatic, and honest without simply being obscene" (3). Engle also wrote of the authenticity of Holden's character, the idea that his voice was typical of a teenager, never childish or written down to that age level. He praised the book in noting that it was not merely another account of adolescence, complete with general thoughts on youth and growing up. Engle wrote: "The effort has been made to make the text, told by the boy himself, as accurate and yet as imaginative as possible. In this, it largely succeeds" (3). Engle's viewpoint is one that is echoed by many. The Catcher in the Rye is not simply a coming-of-age novel with usual twists and turns, but rather, the unique story of a unique child. It is rare to find a character, actual or fictitious, who is as dazzling and enticing as Holden Caulfield. As Engle wrote, "The story is engaging and believable . . . full of right observations and sharp insight, and a wonderful sort of grasp of how a boy can create his own world of fantasy and live forms" (3). Generally, critics view the novel as Holden Caulfield's melodramatic struggle to survive in the adult world, a transition that he was supposed to make during his years at preparatory school. Some critics will point to the fact that Holden has flunked out of three Pennsylvania prep schools, and use it to symbolize the fact that he is not truly ready for adulthood (Davis 318). David Stevenson commented that the novel was written "as the boy's comment, half-humorous, half agonizing, concerning his attempt to recapture his identity and his hopes for playing a man-about-town for a lost, partially tragic, certainly frenetic weekend" (216). Reviewer Charles Kegel commented that the novel could be read as Holden Caulfield's "quest for communicability with his fellow man, and the hero's first person after-the-fact narration indicates . . . he has been successful in his quest" (53). Though considered by most to be a tragedy, The Catcher in the Rye is found by some critics to be humorous, witty, and clever. The use of Chaplin-like incidents serves to keep the story hovering in ambivalence between comedy and tragedy. Whenever a character is nearing the point of no return in a Salinger piece, it is usually done by route of the comic (Stevenson 216). Other commentators have noted that much of the humor in The Catcher in the Rye comes from Holden's misconceptions about adulthood. An example is shown in Holden's relationship with an old schoolmate, Luce. Although the older man is more experienced than Holden, he is not as mature as Holden believes him to be. After an attempt at communication with Luce fails, Holden flees to Phoebe, the only person he completely trusts (Davis 318). S.N. Behrman also noted that the literalness and innocence of Holden's point of view in the face of complicated and depraved facts of life makes for the humor of the novel: haggles with unfriendly taxi-drivers, futile conversations with a prostitute in a hurry, an intellectual discussion with a man a few years older than himself, and a completely hilarious date with Sally Hayes, an old girlfriend (74). The humor in Holden's character comes from his communication with the outside world. His innocence, in my point of the view, his hunger for stability and permanence, make him both a tragic and touching character, capable of making dark activities on the surface seem hilarious and silly below. One of the most popular means by which The Catcher in the Rye is critiqued is through the comparison of Holden Caulfield to other literary characters. The novel is often compared to traditional period literature, particularly Mark Twain's novel The Adventures of Huckleberry Finn. Both works feature naive, adolescent runaways as narrators, both commenting on the problems of their times, and both novels have been recurrently banned or restricted (Davis 318). John Aldrige remarked that both novels are "study in the spiritual picaresque, the joinery that for the young is all one way, from holy innocence to such knowledge as the world offers, from the reality which illusion demands and thinks it sees to the illusion which reality insists, at the point of madness, we settle for" (129). Harvey Breit of The Atlantic Bookshelf wrote of Holden Caulfield: "(He) struck me as an urban, a transplanted Huck Finn. He has a colloquialism as marked as Huck's . . . Like Huck, Holden is neither comical or misanthrope. He is an observer. Unlike Huck, he makes judgments by the dozen, but these are not to be taken seriously; they are conceits. There is a drollery, too, that is common to both, and a quality of seeing that creates farce" (82). It is possible, in theory, to do an entire character study comparing Holden and Huck. Both are adolescents, runaways from society, seeking independence, growth, and stability in their lives. Another character that Holden Caulfield is compared to, though to a lesser degree than Huck Finn, is Hamlet. Like Hamlet, as Charles Kegel wrote, Holden is a "sad, screwed-up guy" (54), bothered by words which only seem true, but are really quite phony. The honesty and sincerity that Holden cannot seem to find in others he tries to maintain within himself. Holden often makes a point of using the word "really" to assert the fact that something is really so, to prove to the reader that had not become a phony himself. Holden is distressed often by the occasional realization that he too, must be phony to exist in the adult world. With regard to the insincere "Glad to've met you" formula, he comments that "if you want to stay alive, you have to say that stuff, though" (qtd. in 54-5). It is evident by studying the reviews of The Catcher in the Rye that most critics enjoy picking apart the character of Holden Caulfield, studying his every action and the basis for that action. Reviewers of the novel have gone to great lengths to express their opinions on Salinger's protagonist. Some consider Holden to be sympathetic, others consider him arrogant, but the large majority of them find him utterly entertaining. In her review of The Catcher in the Rye for the New York Herald Tribune, Virgilia Peterson commented on Holden Caulfield's innocence. Peterson wrote that Holden was on the side of the angels, despite his contamination by vulgarity, lust, lies, temptations, recklessness, and cynicism. "But these are merely the devils that try him externally," she wrote, "inside, his spirit is intact" (3). Holden does not tilt against the entire adult world, for he knows that some decent citizens still remain, nor does he loathe his worst contemporaries, for he often hates to leave them. Peterson commented: "For Holden Caulfield, despite all the realism for which he is supposedly depicted, is nevertheless a skinless perfectionist." In addition, Peterson wrote that Salinger speaks for himself as well as his hero when he has Holden say to little Phoebe: "I keep picturing all these little kids playing some game in this big field of rye and all. Thousands of little kids, and nobody's around- nobody big I mean- except me. And I'm standing on the edge of some crazy cliff. What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff. I mean if they're running and they don't look where they're going I have to come out from somewhere and catch them . . . I'd just be the catcher in the rye and all. . . " (qtd. in 3; Salinger 173). In essence, Holden Caulfield is a good guy stuck in a bad world. He is trying to make the best of his life, though ultimately losing that battle. Whereas he aims at stability and truth, the adult world cannot survive without suspense and lies. It is a testament to his innocence and decent spirit that Holden wouldplace the safety and well-being of children as a goal in his lifetime. This serves to only re-iterate the fact that Holden is a sympathetic character, a person of high moral values who is too weak to pick himself up from a difficult situation. S.N. Behrman, in his review for The New Yorker, also took a sharp look at Holden's personality. Behrman found Caulfield to be very self-critical, as he often refers to himself as a terrible liar, a madman, and a moron. Holden is driven crazy by phoniness, an idea under which he lumps insincerity, snobbery, injustice, callousness, and a lot more. He is a prodigious worrier, and someone who is moved to pity quite often. Behrman wrote: "Grown men sometimes find the emblazoned obscenities of life too much for them, and leave this world indecorously, so the fact that a 16-year old boy is overwhelmed should not be surprising" (71). Holden is also labeled as curious and compassionate, a true moral idealist whose attitude comes from an intense hatred of hypocrisy. The novel opens in a doctor's office, where Holden is recuperating from physical illness and a mental breakdown. In Holden's fight with Stradlater, his roommate, he reveals his moral ideals: he fears his roommate's sexual motives, and he values children for their sincerity and innocence, seeking to protect them from the phony adult society. Jane Gallagher and Allie, the younger brother of Holden who died at age 11, represent his everlasting symbols of goodness (Davis 317). A quote by Charles Kegel seems to adequately sum up the problems of Holden Caulfield: "Like Stephen Dedalus of James Joyce's A Portrait of the Artist as a Young Man, Caulfield is in search of the Word. His problem is one of communication: as a teenager, he simply cannot get through to the adult world which surrounds him; as a sensitive teenager, he cannot get through others of his own age" (54). When critics consider the character of Holden Caulfield, many point to the novel's climactic scene, when Holden watches as Phoebe rides the Central Park carousel in the rain and his illusion of protecting the innocence of children is symbolically shattered. Critics regard this episode as Holden's transition into adulthood, for although the future is uncertain, his severed ties with the dead past have enabled him to accept maturity. James Bryan observed: "The richness in the spirit of this novel, especially of the vision, the compassion, and the humor of the narrator reveal a physche far healthier than that of the boy who endured the events of the narrative. Through the telling of the story, Holden has given shape to, and thus achieved control of, his troubled past" (qtd. in Davis 318). S.N. Behrman noted in his critique of The Catcher in the Rye that the hero and heroine of the novel, Holden's dead brother Allie and Jane Gallagher, never appear in it, but they are always in Holden's mind, together with his sister, Phoebe. These three people constitute Holden's emotional frame of reference -- the reader knows them better than the other characters Holden encounters, who are generally, except for Phoebe, nonessential (71). When asked for a final comment on the character of Holden Caulfield, John Aldrige stated that the innocence of the main character was a combination of urban intelligence, juvenile contempt, and New Yorker sentimentalism. The only challenge it has left, therefore, is that of the genuine, the truly human, in a world which has lost both the means of adventure and the means of love (130). One of the most intriguing points in Holden's character, related to his prolonged inability to communicate, is Holden's intention to become a deaf-mute. So repulsed is he by the phoniness around him that he wishes not to communicate with anyone, and in a passage filled with personal insight he contemplates a retreat within himself: "I figured that I could get a job at a filling station somewhere, putting gas and oil in people's cars. I didn't care what kind of job it was, though. Just so people didn't know me and I didn't know anybody. I thought what I'd do was, I'd pretend I was one of those deaf-mutes. That way I wouldn't have to have any goddam stupid useless conversation with anybody. If anybody wanted to tell me something, they'd have to write it on a piece of paper and shove it over to me. They'd get bored as hell doing that after a while, and then I'd be through with having conversations for the rest of my life. Everybody'd think I was just a poor deaf-mute bastard and they'd leave me alone . . . I'd cook all my own food, and later on, if I wanted to get married or something, I'd meet this beautiful girl that was also a deaf-mute and we'd getmarried. She'd come and live in my cabin with me, and if she wanted to say anything to me, she'd have to write it on a piece of paper, like everybody else" (Salinger 198). Caulfield's inability to communicate with others is also represented symbolically in the uncompleted phone calls and undelivered messages which appear throughout the novel . . . On fifteen separate occasions, Holden gets the urge to communicate by phone, yet only four phone calls are ever completed, and even those are with unfortunate results (Kegel 55). The final step in the critical analyzing of The Catcher in the Rye is to look at what has occurred at or near the end of the novel. John Aldrige wrote that in the end, Holden remains what he was in the beginning- cyni cal, defiant, and blind. As for the reader, there is identification but no insight, a sense of"pathos but not tragedy." This may be Salinger's intent, as Holden's world does not possess sufficient humanity to make the search for humanity dramatically feasible (131). Other critics, however, have taken a slightly more optimistic view of the novel's conclusion. For example, S.N. Behrman remarked that Holden knows that things won't remain the same; they are dissolving, and he cannot allow himself to reconcile with it. Holden doesn't have the knowledge to trace his breakdown or the mental clarity to define it, for all he knows is that "a large avalanche of disintegration is occurring around him" (75). Yet there is some sort of exhilaration, an immense relief in the final scene at Central Park, when we know Holden will be all right. Behrman quipped: "One day, he will probably find himself in the mood to call up Jane. He may become more tolerant of phonies . . . or even write a novel. I would like to read it. I loved this one. I mean it- I really did" (75-6). Charles Kegel wrote that Holden will not submit to the phoniness of life, but will attain an attitude of tolerance, understanding, and love which will make his life endurable. There is no doubt that when he returns home to New York, for he will return home, he will be in the mood to give "old Jane a buzz" (56). In the end, The Catcher in the Rye will continue
to be a point of great public and critical debate. One must remember,
however, in the study and critique of the novel, particularly for a
researcher or critic in 1996, that the story was written in a different
time. If originally published today, the novel would probably create
little publicity and garner only average book sales. The fact that a
novel of such radical social opinion and observation was written in a
time of conservatism in America made it all the more controversial. Some
critics scolded the novel as being too pessimistic or obscene, too harsh
for the society of the 1950's. Others, however, nominated Salinger
himself as the top-flight "catcher in the rye" for that period in
American history (Peterson 3). They argued that Salinger's concerns
represented an entire generation of American youth, frustrated by the
phoniness of the world, just like Holden was. The popularity of the
novel and debate over its redeeming social value have never faltered
since its initial publication, due in no large part to the fact that J.D.
Salinger is now a recluse. It would be conclusive to say that critics of
The Catcher in the Rye have legitimate criticisms of the novel,
while advocates and supporters of the story's message also have
expressed veritable praise. Aldrige, John. "The Society of Three Novels." In Search of Heresy: American Literature in an Age of Conformity. New York: McGraw-Hill Book Company, 1956, 126-48. Behrman, S.N. "The Vision of the Innocent." Rev. of The Catcher in the Rye by J.D. Salinger. The New Yorker, Vol. XXVII, No. 26, 11 August 1951, 71-6. Breit, Harvey. Rev. of The Catcher in the Rye by J.D. Salinger. The Atlantic Bookshelf, Vol. CLXXXVIII, No. 2, August 1951, 82. Davis, Robert Con, ed. Contemporary Literary Criticism. Vol. 56. Detroit: Gail Research Inc., 1989. Engle, Paul. "Honest Tale of Distraught Adolescent." Rev. of The Catcher in the Rye, by J.D. Salinger. Chicago Sunday Tribune Magazine of Books 15 July 1951, 3. Goodman, Anne. "Mad about Children." Rev. of The Catcher in the Rye by J.D. Salinger. The New Republic, Vol. 125, No. 3, 16 July 1951, 20-1. Kegel, Charles. "Incommunicability in Salinger's 'The Catcher in the Rye'." Studies in J.D. Salinger: Reviews, Essays, and Critiques of 'The Catcher in the Rye' and Other Fiction, Marvin Laser, ed. New York: Odyssey Press, 1963, 53-6. Peterson, Virgilia. "Three Days in the Bewildering World of an Adolescent." Rev. of The Catcher in the Rye, by J.D. Salinger. New York Herald Tribune Book Review 15 July 1951, 3. Salinger, Jerome David. The Catcher in the Rye. Boston: Little, Brown, and Company, 1951. Stern, James. "Aw, the World's a Crumby Place." Rev. of The Catcher in the Rye by J.D. Salinger. New York Times Book Review 15 July 1951, 5. Stevenson, David. "J.D. Salinger: The Mirror of Crisis." The Nation, Vol. 184, No. 10, 9 March 1957, 215-17. |
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