Literatura
El Siglo de las Luces o Ilustración
Javier Tejada Pérez

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Jean-Jacques Rousseau Vida y obra - La Ilustración - La Revolución Francesa - Filosofía occidentalSofistas. Sofística. Sofisma¿Para qué sirve la filosofía? Epistemología

Durante los últimos decenios del siglo XVII y los primeros del XVIII se produce en Europa un cambio importante en todos los órdenes. Los valores y conceptos que presidían la sociedad del Barroco entran en crisis poco a poco, pero perecen simplemente. El cambio, parte de Inglaterra y de un conjunto importante de intelectuales que juzgan los viejos valores de la sociedad y del saber tradicionales. El crecimiento socio-económico de la burguesía es, socialmente, el punto de partida de una serie continuada de cambios, que se extienden e influyen en todos los órdenes de la vida y que conocemos con el nombre de La Ilustración

Los precursores de la Ilustración pueden remontarse al siglo XVII e incluso antes. Abarcan las aportaciones de grandes racionalistas como René Descartes y Baruch Spinoza, los filósofos políticos Thomas Hobbes y John Locke y algunos pensadores escépticos galos de la categoría de Pierre Bayle o Jean Antoine Condorcet

Sobre las suposiciones y creencias básicas comunes a filósofos pensadores de este periodo, quizá lo más importante fue una fe constante en el poder de la razón humana. La época sufrió el impacto intelectual causado por la exposición de la teoría de la gravitación universal de Isaac Newton. Si la humanidad podía resolver las leyes del Universo, las propias leyes de Dios, el camino estaba abierto para descubrir también las leyes que subyacen al conjunto de la naturaleza y la sociedad. De acuerdo con la filosofía de Locke, los autores del siglo XVIII creían que el conocimiento no es innato, sino que procede sólo de la experiencia y la observación guiadas por la razón. A través de una educación apropiada, la humanidad podía ser modificada, cambiada su naturaleza para mejorar. Se otorgó un gran valor al descubrimiento de la verdad a través de la observación de la naturaleza, más que mediante el estudio de las fuentes autorizadas, como Aristóteles y la Biblia. Aunque veían a la Iglesia -especialmente la Iglesia católica- como la principal fuerza que había esclavizado la inteligencia humana en el pasado, la mayoría de los pensadores de la Ilustración no renunció del todo a la religión. Optaron más por una forma de deísmo, aceptando la existencia de Dios y de la otra vida, pero rechazando las complejidades de la teología cristiana.


Más que un conjunto de ideas fijas, la Ilustración implicaba una actitud, un método de pensamiento. De acuerdo con el filósofo Immanuel Kant, el lema de la época debía ser "atreverse a conocer". Muchos defensores de la Ilustración no fueron filósofos según la acepción convencional, y en un intento de orientar la opinión pública a su favor, imprimieron panfletos, folletos anónimos y crearon gran número de periódicos y diarios

Francia conoció, más que ningún otro país, un desarrollo sobresaliente de estas ideas y el mayor número de propagandistas de las mismas. Fue allí donde el filósofo, político y jurista Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu, uno de los primeros representantes del movimiento, empezó a publicar varias obras satíricas contra las instituciones existentes, así como su monumental estudio de las instituciones políticas, El espíritu de las leyes (1748). Fue en París donde Denis Diderot, autor de numerosos panfletos filosóficos, emprendió la edición de la Enciclopedia (1751-1772). Esta obra, en la que colaboraron numerosos autores, fue concebida como un compendio de todos los conocimientos y a la vez como un arma polémica, al presentar las posiciones de la Ilustración y atacar a sus oponentes. Sin duda, el más influyente y representativo de los escritores franceses fue Voltaire. Inició su carrera como dramaturgo y poeta, pero es más conocido por sus prolíficos panfletos, ensayos, sátiras y novelas cortas, en los que popularizó la ciencia y la filosofía de su época. La Ilustración fue también un movimiento cosmopolita y antinacionalista con numerosos representantes en otros países. La Ilustración penetró tanto en España como en los dominios españoles de América.


Durante la primera mitad del siglo XVIII, los líderes de la Ilustración libraron una ardua lucha contra fuerzas considerables. Muchos fueron encarcelados por sus escritos, y la mayoría sufrió persecución y penas por parte de la censura gubernamental, así como descalificaciones y condenas de la Iglesia. En muchos aspectos, sin embargo, las últimas décadas del siglo marcaron un triunfo del movimiento en Europa y en toda América. Hacia 1770, la segunda generación de ilustrados recibió pensiones del gobierno y asumió la dirección de academias intelectuales establecidas. El enorme incremento en la publicación de periódicos y libros aseguró una amplia difusión de sus ideas. Los experimentos científicos y los escritos filosóficos llegaron a estar de moda en amplios círculos de la sociedad, incluidos los miembros de la nobleza y del clero. 

A finales del siglo XVIII surgieron algunos cambios en el pensamiento de la Ilustración. Bajo la influencia de Rousseau, el sentimiento y la emoción llegaron a ser tan respetables como la razón. En la década de 1770 los escritores ensancharon su campo de crítica para englobar materias políticas y económicas. De mayor importancia en este aspecto fue la experiencia de la guerra de la Independencia estadounidense (en las colonias británicas). A los ojos de los europeos, la Declaración de Independencia y la guerra revolucionaria anunciaron que, por primera vez, algunas personas iban más allá de la mera discusión de ideas ilustradas y las estaban aplicando.

Suele decirse que el Siglo de las Luces concluyó con la Revolución Francesa de 1789, pero no son pocos los que contemplan e interpretan la inquietud política y social de este periodo como causa desencadenante de la Revolución. Al incorporar muchas de las ideas de los ilustrados, la Revolución, en sus etapas más difíciles, entre 1792 y 1794, sirvió para desacreditar estas ideas a los ojos de muchos europeos contemporáneos. El enorme impacto que la Revolución Francesa causó en España, tras la muerte de Luis XVI, así como en los dominios españoles de América, provocó una violenta persecución de las personas más representativas de las nuevas ideas. Se estableció una censura total y se cerraron las fronteras, prohibiéndose el paso de todo tipo de libros y folletos, o su embarque hacia América.


De lo que no cabe duda es de que la Ilustración dejó una herencia perdurable en los siglos XIX y XX. Marcó un paso clave en el declinar de la Iglesia y en el crecimiento del secularismo actual. Sirvió como modelo para el liberalismo político y económico y para la reforma humanitaria a través del mundo occidental del siglo XIX. Fue el momento decisivo para la creencia en la posibilidad y la necesidad de progreso que pervivió, de una forma moderada, en el siglo XX

La Ilustración en España

El siglo XVIII es el de la Ilustración, donde se pone de manifiesto el lema de la revolución ilustrada: "todo para el pueblo pero sin el pueblo". Ante una población desheredada, la cultura es privativa de una minoría. Los pobres no tienen acceso al cultivo de la inteligencia.

La llegada a España de la Ilustración se produjo gracias al cambio de la dinastía, es decir, a la llegada de la dinastía Borbónica, la cual procedía de Francia y estaba muy comprometida con la Ilustración. Esto otorgó a España un sentimiento mas Europeo y una apertura hacia el resto de Europa.

Sin embargo, la penetración e implantación de la Ilustración en España fue lenta y conflictiva, y además, los ideales de este movimiento intelectual nunca se lograron del todo. Las clases pudientes se opusieron a depender de la nueva clase que había arrasado en toda Europa, la burguesía, se negaba a dejar su influencia y pasar a un segundo plano, además el pueblo era inculto y tenía un alto índice de analfabetismo, se encontraba ideológicamente dominado por una institución como la iglesia católica muy poderosa y privilegiada, (reacia por tanto al cambio) y que percibía en las nuevas ideas la contestación a su autoridad indiscutida durante siglos. Súmasele a este cuadro reaccionario el recelo de una nación que hasta el siglo anterior había sido un potente imperio (si bien ya herido de muerte) y a la que se le había asestado el mazazo histórico de Utrech.

Los gremios estaban encerrados sobre sí mismos y limitaban el acceso al aprendizaje. La enseñanza primaria era bastante deficiente y mal dotada de medios. La enseñanza superior se impartía en la Universidad.

El siglo fue propicio a la creación de cenáculos y academias. La pionera fue la Regia Sociedad de Filosofía y Medicina de Sevilla (1700) que más tarde cambiaría el nombre por el de Medicina y demás Ciencias. La Real Academia de Buenas Letras, fundada en 1751 por el presbítero Luis Germás y Ribón; sus socios suelen ser ilustrados y rigurosamente historicistas, aunque tradicionales y religiosos. En 1749 Sevilla contó con la primera Biblioteca Pública. 

Por tanto, en España, ya desde finales del s. XVII, se venía produciendo un acercamiento a la cultura y a la literatura francesa, y, a pesar del hostigamiento y la oposición a los reformistas ilustrados, la Ilustración penetró desde muy pronto en España aunque bastante lentamente.

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Los grandes cauces de esta penetración fueron:

1.    La obra personal del padre Feijoo

2.    Las traducciones de libros franceses; y la publicación de libros y folletos que trataban la nuevas ideas.

3.    El cambio de estilo de vida influenciado por los grandes viajeros que al salir al extranjero entraban en contacto con la Ilustración y el siglo de las luces.

4.    La política pacifista, reformador y progresista de los reinados de Fernando VI y, sobre todo, de Carlos III.

5.    La creación de diversas instituciones culturales como la Biblioteca Nacional (1712), los seis volúmenes del diccionario "La Lengua Castellana" (1726 a 1739), la Ortografía (1741), la Gramática de la Lengua Castellana (1771), y la creación de las primeras publicaciones periódicas literarias y científicas, en las que se mantuvieron enconadas polémicas.

Desarrollo de la literatura del siglo XVIII en España. 

La literatura Española del siglo XVIII ha sido juzgada habitualmente como pobre y de escasa calidad. Sin embargo, los escritores de este siglo son cultos, curiosos, y como ya decíamos fecundísimos e infatigables trabajadores.

Los escritores de este siglo poseen muy distintos intereses que los del s. XVII y parten de una realidad sociocultural muy diferente.  Por todo ello, la literatura ilustrada española es preferentemente,  crítica y didáctica y el género dominante es el ensayo, que permite la libre exposición del pensamiento y de diversos contenidos ideológicos.

En la creación literaria del XVIII se distinguen dos etapas principales:

A) Barroquismo y anti-barroquismo: En la primera mitad del siglo conviven dos tendencia literarias enfrentadas, el barroquismo, tendencia que continúa con los dogmas del barroco, literatura estereotipada y expresión retórica y recargada.  En contra se encuentra el anti-barroquismo totalmente opuesta a la anterior

B) Neoclasicismo y pre-romanticismo: Esta etapa de extiende desde 1750 hasta las primeras décadas del s. XIX. También aquí podemos distinguir dos tendencias y  en ambas, sin abandonar el ensayo y la crítica, la literatura es preferentemente  creativa, pero también regida por criterios de "utilidad", didácticos y moralizantes.

El neoclasicismo floreció en Europa y Estados Unidos aproximadamente desde el año 1750 hasta comienzos de 1800 y se inspiró en las formas grecorromanas. Más que un resurgimiento de las formas antiguas, el neoclasicismo relaciona hechos del pasado con los acontecidos en su propio tiempo. Los artistas neoclásicos fueron los primeros que intentaron reemplazar la sensualidad y la trivialidad del rococó por un estilo lógico, de tono solemne y austero. Cuando los movimientos revolucionarios establecieron repúblicas en Francia y en América del Norte, los nuevos gobiernos republicanos adoptaron el neoclasicismo como estilo oficial porque relacionaban la democracia con la antigua Grecia y la República romana. Más tarde, cuando Napoleón I subió al poder en Francia, este estilo se modificó para servir a sus necesidades propagandísticas. Con el nacimiento del movimiento romántico la prioridad por la expresión personal sustituyó al arte basado en valores ideales. Los autores neoclásicos siguen los ideales precedentes del neoclasicismo francés e italiano, pero en menor medida.

El prerromanticismo es considerado como la madurez del neoclasicismo, de ahí que los mismos autores neoclásicos se conviertan, en su madurez, a los dogmas pre-romanticistas. Predominan la introspección con sentimientos personales.

Los principales autores del pre-romanticismo son: Meléndez Valdés, Cadalso, Jovellanos, pero únicamente en su última época. Luego también se encuentran Nicasio Álvarez de Cienfuegos, José María Blanco White, un sacerdote sellano que se convirtió al anglicanismo tras huir de Inglaterra.

Autores principales de la Ilustración

Fray Benito de Feijoo.- El dice de si mismo que es "ciudadano libre de la Republica de Letras". Fue un pensador independiente. Lucho por la verdad. Con esta postura fue el que mas empeño puso en hablar sobre lo que se hacia en Europa, para luchar contra el atraso de España. Lucho valientemente contra las supersticiones, atreviéndose a desmontar supuestos milagros.

En Amor de la patria y pasión nacional coloca las demandas generales del hombre por encima de intereses nacionales. La pluralidad de temas y materias que trata caracterizaron a este hombre (desde la política al folklore, pasando por la literatura, astrología, etc.). Su empresa fue casi enciclopédica. Sus artículos suscitaban polémicas tremendas, sobretodo los de medicina y supersticiones.

Feijoo era un racionalista, pero jamás puso en tela de juicio las verdades reveladas, de ahí que no tuviera problemas con la inquisición.

Teatro critico universal, para desengaño de errores comunes, una colección de 8 tomos (1726-1739) y sus Cartas eruditas, de 5 tomos (1724-1760) son sus obras mas importantes.

Para Feijoo, teatro es "visión general, amplia, de conjunto". Sus obras no son trabajos rigurosamente científicos, son ensayos. Es el primer ensayista español.
Nicolas Fernandez de Moratin.- Fue afrancesado en lo que a ideas literarias se refiere, pero su temperamento es español. Su producción literaria se divide en dos grupos :

a.- Obras líricas : Diana o arte de caza (1775), obra didáctica. Oda a Pedro Romero, torero insigne y Fiestas de toros en Madrid, escrita en quintillas. Una serie de romances, en conexión con la lírica tradicional. Estos romances hacen presagiar los del duque de Rivas.

b.- Obras dramáticas : En el terreno teatral defiende los modelos franceses; de acuerdo con sus postulados teóricos trato de proporcionar a sus contemporáneos unos modelos con aires afrancesados. La petimetra (comedia), Lucrecia (1763, tema romano), Hormesinda (1771, supuestos amores de la hermana de D. Pelayo), Guzmán el bueno (1777). De estas 3 ultimas solo se estreno Hormesinda, con un fuerte apoyo oficial aunque no tuvo mucho éxito. Estas obras siguen las reglas impuestas por el neoclasicismo (que a su vez adopta el modelo francés), pero en ellas se advierte el intento de adaptar las normas francesas al teatro

Leandro Fernández de Moratín.- Nace en 1760. Probo suerte en todos los géneros literarios, pero es en el teatro donde mas destaca. Como poeta se caracteriza por su sencillez que deja entrever ciertas reminiscencias horacianas (de hecho tradujo a Horacio). En conjunto sus poesías son pocos sentidas, reduciéndose a versos satíricos.  Escribió además relaciones de viaje, como las Apuntaciones sueltas sobre Inglaterra, Alemania, y un Diario escrito en clave.

No obstante el verdadero talento de Leandro se manifiesta en el teatro, aunque haya dejado pocas piezas teatrales.

Como traductor paso al español Hamlet, pero en prosa. Esta obra iba contra todos sus principios teatrales ; probablemente tradujo esta obra atraído mas que nada por la materia, porque en algunas notas de la obra se advierte sus discrepancias respecto a la misma.

También era un gran amante de la comedia ; tradujo sobre todo a Molière, su gran modelo : La escuela de los mandos, El medico a palos (traducción libre y adaptada a la escena española).

Su obra original esta compuesta por : El viejo y la niña (1790), La comedia nueva o el café (1792), El barón (1803, inspirada en el teatro clásico y escrita en romance), La mojigata ( 1804, escrita en romance), El si de las niñas (1806).

A todas ellas las une el carácter didáctico, así como ataque hacia los vicios y costumbres de la época. Moratín describe la comedia como imitación en forma de dialogo de un suceso entre dos personas que se desarrolla en un mismo lugar y en pocas horas.

En el teatro dieciochesco los sentimientos y caracteres de los personajes se dibujan ridiculizando las faltas comunes y los prejuicios sociales, y se destaca la verdad y la virtud (que se recomienda a los espectadores) de ahí el carácter didáctico.

El viejo y la niña no se estreno por faltar el permiso de un párroco. El barón es un claro ejemplo de critica social al mundo de apariencias del s XVIII, sobretodo a los planes de las madres para con sus hijas. La mojigata es una obra de denuncia contra la omnipotencia y tiranía que ejercen algunos padres sobre sus hijas. La comedia nueva es una extraordinaria sátira contra los autores de teatro de la época. Esta comedia ofrece una "pintura fiel del estado actual de nuestro teatro"... pero luego afirma no aludir claramente a nadie, aunque todo el mundo supiera que se refería a Luciano Comella (autor disparatado), quien se sintió ofendido y le acuso de haber escrito un libelo difamatorio, con lo cual consiguió entorpecer el estreno de la obra. Esta comedia tuvo éxito, traduciéndose al italiano y al alemán.

La obra mas conocida de Moratín es El si de las niñas, con un retrato muy bien definido de los personajes y un cierto aire melancólico. El tema que trata esta obra es el de la denuncia hacia los padres que obligan a sus hijas a casarse con hombres (generalmente viejos) a los que no aman. Esta es una gran obra, no solo por la delicadeza con que esta expresada la denuncia, sino en cuanto a lo técnico, en cuanto a la habilidad dramática de Moratín, que respeta todas las reglas neoclásicas sin forzar absolutamente nada. Su afición al teatro le condujo a ocuparse de la historia del teatro en Orígenes del teatro español (obra póstuma) que incluso hoy se considera una obra curiosa y digna de ser consultada.

Gaspar Melchor de Jovellanos.- En el plano sociopolítico, se erige en figura importante en lo que a mejoras se refiere (pero desde arriba : Todo para el pueblo pero sin el pueblo). Su lema político era : "buenas leyes, buenas luces y buenos fondos".

En Sevilla entra en contacto con los enciclopedistas mas importantes ; leyó con función a Cesare Beccaria (jurista), quien reformo el sistema jurídico con su obra Dei delitti e delle peine, propuso a la abolición de la pena de muerte y a los tormentos. Jovellanos trata de difundir estas ideas por medio de las letras (vehículo de exposición de sus ideas) y empieza a escribir El delincuente honrado (1794), comedia lacrimosa.

En Madrid llego a ser ministro de gracia y justicia. Fue posteriormente encarcelado ; en 1808 es liberado y rechaza la oferta de Jose I de participar en el gobierno. Se traslado a Cádiz y después vuelve a Asturias donde muere.

Cultiva todos los géneros literarios, pero lo que le interesa no es la literatura. Llego a decir que la lírica era indigna de un hombre serio. Su prosa es clara, pulida, típicamente dieciochesca.

En el terreno mas puramente literario destacan sus Diarios, algo nuevo el la literatura (literatura intimista), los escribe en el campo.

Su faceta de economista e historiador se ve muy claramente en el Informe sobre las leyes agrarias, que fue combatido por los conservadores españoles y fue muy clamado en Europa. Fue académico, escribiendo Memoria sobre espectáculos con motivo de su ingreso en la Academia de la Historia ; trata de nuevo el tema del teatro (con claras influencias de Rosseau). Las descripciones sobre la vida triste y sin alicientes de los pueblos españoles son especialmente interesantes.

Mientras estuvo encarcelado escribió lo mejor de su producción (sátiras, cartas, paráfrasis, ...)

José Cadalso.- Nace en 1741 (Cádiz) ; viajo por Europa, donde conoció diferentes literaturas (domino bien varios idiomas además del latín), cosa digna de mención sobretodo para un militar como el. A través de las tertulias madrileñas conoce el mundo literario. En 1782 muere en el bloqueo a Gibraltar.

Escribió Ocios de mi juventud, poesía de tipo bucólico, en las que expresa su amor por Mª Ignacia (Filis), que morirá prematuramente. La frialdad, incluso en los momentos mas dramáticos, se hace patente en toda su obra.

Su talento como poeta se nota en sus Canciones anacreónticas, siendo el quien impulsa a los poetas salmantinos a componer y estudiar el genero anacreóntico.
En 1772 publica Los eruditos a la violeta, gran sátira contra los pseudo intelectuales ; esta dividida en lecciones, una para cada día de la semana. Este libro le induce a escribir en el mismo año un suplemento. En 1773 publica El buen militar a la violeta.

En 1789 en el Correo de Madrid van apareciendo las Cartas Marruecas (aparecerán como libro en 1793). Se solía decir que las cartas marruecas eran una copia de las cartas persas de Montesquieu ; en lo que a ideas y planteamientos se refiere no debe nada a Montesquieu aunque si en la forma.

Hace una critica seria pero bien intencionada de su época. Por ello se le considera precursor de Larra. Posteriormente aparecen Noches lúgubres, que hacen presagiar el romanticismo. Quintana las consideraba una mala interpretación de las de Joung.
Es una de las figuras mas atractivas del s XVIII. Mientras su obra se inscribe en los moldes clásicos, sus ideas presagian algo nuevo ; su vida misma es casi romántica. "Era romántico en acción y en profecía".

Otros autores del XVII


Ignacio Luzan.- Fue un hombre de una vastísima formación europea. Su obra principal es Poética de la poesía en general y de sus principales especies. Es un tratado científico muy representativa de las ideas neoclásicas. La obra se divide en 4 partes : 1) orígenes de la poesía. 2) utilidad y deleite de la poesía. 3) poesía dramática. 4) poesía épica.

Luzan entiende por poesía "imitación de la naturaleza en lo universal o lo particular, hecho en verso para utilidad y deleite de los hombres o para uno y otro juntamente". Luzan rechaza la poesía en prosa. La idea que tiene de la finalidad de la poesia es un claro exponente de la filosofía moral de la época, no es arte por el arte, tiene una finalidad practica.

En la 3ª parte defiende la observación rigurosa de las 3 unidades y los géneros. Al mismo tiempo muestra su admiración por el teatro clásico de los siglos de oro, pero enfocada hacia la inventiva y el poder de convocatoria de los autores. Sus discípulos e hijos van moderando sus palabras en la 2ª edición (1789)

En cuanto a la poesía épica habría que destacar su admiración por Homero. Critica la épica moderna porque en ella aparece la mitología pagana. La finalidad de la épica es la instrucción, especialmente a reyes y capitanes e imponer la idea del héroe perfecto.

La obra de Luzan no es original ; se inspiro en el modelo de Boileau sin llegar a la imitación y en los italianos (Muratori). Había estudiado muy bien a los comentaristas de Aristóteles.

En España, la obra era una novedad, en Europa no. De ahí que surgieran polémicas. En el fondo existe una sistematización de preceptos para ir en contra del conceptismo.
 
Vicente García de la Huerta.- Escribió en 1788 La Raquel, un drama ; también escribió Agamenon vengado y Xaira . Llego a Madrid en el momento cumbre de las polémicas sobre el teatro ; respecto a esto, mantuvo una postura ecléctica, tratando de consensuar las dos tendencias. Escribió una tragedia, La Raquel, con el fin de demostrar que el español era capaz de ser vehículo de transmisión de buenas tragedias de acuerdo con los moldes de los clásicos. El éxito de esta obra se debe a su decisión de tomar un tema español, mas concretamente ambientado en la Edad Media española ; este tema (amoroso) ya había sido tratado en el teatro clásico (los amores del rey Alfonso VIII, casado, con una judía de Toledo a quien matan unos consejeros del rey no de acuerdo con el comportamiento de este). Cumple a la perfección los requisitos del teatro clásico porque la acción no sobrepasa el tiempo real de lo sucedido ; esta es una característica especial de este autor. Respecto al metro, también se atiene a las exigencias neoclásicas, escribiendo en romances endecasílabos.

García de la Huerta se constituye en defensa del teatro español (siglo de oro) para contrarrestar la influencia francesa. Publico una colección de obras dramáticas en 6 volúmenes.

Respecto a Teatro Español, escoge a los autores menos significativos del s XVII ; se fija casi exclusivamente en Calderón y en autores secundarios. Como era de esperar esta obra suscito un diluvio de criticas y sátiras por parte de autores reconocidos como Iriarte o Leandro Fernández de Moratín.

Lo mas característico de G ª de la Huerta son los sainetes, aunque empezó escribiendo tragedias y comedias y traduciendo o adaptando obras de autores franceses e italianos.

El sainete es una obra dramática breve, casi siempre de carácter cómico, con personajes populares ; sus antecedentes están en los entremeses de los siglos de oro. La temática de los sainetes es variadísima ; cualquier acontecimiento es digno de ser trasladado a un sainete, como el Madrid de los chulos y las verbenas. Hay sainetes de muchos tipos :
- Puro y medio dialogo.
- Otros mas pretenciosos, que podrían constituir pequeñas comedias, como La Inesilla de Pinto.
- Sobre las costumbres teatrales (meta teatro) con una gran exactitud. Ej. : La comedia de maravillas, El teatro por dentro y Sainete interrumpido.
- Sobre costumbres de la época : El rastro por la mañana, La fiesta de San Isidro.
Las obras del s XVIII tratan de formar a través de la enseñanza y la educación ; en algunas obras además de la intención estética se puede observar una marcada intención didáctica en el sentido no solo de enseñar, sino de educar.
Respecto a su intención, las obras se clasifican en morales, literarias, ideológicas, políticas y sociales.
 
Juan Pablo Forner.- Esta dentro del grupo de autores que intentan renovar las formas literarias. Extremeño y gran maestro de la sátira ; esta continuamente metido en polémicas.

Su Sátira contra los abusos introducidos en la poesía castellana es una critica al teatro del s XVII. En 1785 un decreto le prohíbe publicar sin permiso del rey ; con ello el publico distinguido le empieza a conocer, de hecho, el conde de Floridablanca le dio una pensión y un cargo político.

Escribió una apología : Oración apologética por España y su merito literario (1786). Su obra mas destacada son sus Exequias de la lengua castellana. Sátira menipea ; se refiere a las formas, pues se escribe en prosa y verso. Presenta la obra en una especie de ficción o alegoría (al modo de la derrota de los pedantes de L. Fdez. de Moratín) ; estudia el desarrollo de la literatura española y sus problemas y defiende la gran tradición de la literatura española. En estas exequias se opone a la imitación de la literatura francesa. Hay que alcanzar y asimilar, pues se puede imitar a los "buenos" escritores, pero las formas y la lengua no se han de desnaturalizar, en este sentido no hay que imitar.

Problemas lingüísticos del siglo XVII

Tres principales problemas lingüísticos fueron fueron objeto de fuertes polémicas en el siglo XVII:

1.- La postura encontrada respecto al barroquismo

2.- El latín frente al español: En este siglo, en España se mantuvo una pugna entre los que mantenían como idioma cultural el latín y los que, como Jovellanos y Feijóo, defendían al castellano como lengua

3.- Puristas e innovadores galicistas: Ya que España estaba invadida culturalmente por los franceses, había opiniones contrapuestas sobre si aceptar y usar los galicismos o no.


Siglo de las Luces
o Ilustración
, término utilizado para describir las tendencias en el pensamiento y la literatura en Europa y en toda América durante el siglo XVIII previas a la Revolución Francesa. La frase fue empleada con mucha frecuencia por los propios escritores de este periodo, convencidos de que emergían de siglos de oscuridad e ignorancia a una nueva edad iluminada por la razón, la ciencia y el respeto a la humanidad.

Los precursores de la Ilustración pueden remontarse al siglo XVII e incluso antes. Abarcan las aportaciones de grandes racionalistas como René Descartes y Baruch Spinoza, los filósofos políticos Thomas Hobbes y John Locke y algunos pensadores escépticos galos de la categoría de Pierre Bayle o Jean Antoine Condorcet. No obstante, otra base importante fue la confianza engendrada por los nuevos descubrimientos en ciencia, y asimismo el espíritu de relativismo cultural fomentado por la exploración del mundo no conocido.

Sobre las suposiciones y creencias básicas comunes a filósofos pensadores de este periodo, quizá lo más importante fue una fe constante en el poder de la razón humana. La época sufrió el impacto intelectual causado por la exposición de la teoría de la gravitación universal de Isaac Newton. Si la humanidad podía resolver las leyes del Universo, las propias leyes de Dios, el camino estaba abierto para descubrir también las leyes que subyacen al conjunto de la naturaleza y la sociedad. Se llegó a asumir que mediante un uso juicioso de la razón, un progreso ilimitado sería posible —progreso en conocimientos, en logros técnicos y sus consecuencias también en valores morales—. De acuerdo con la filosofía de Locke, los autores del siglo XVIII creían que el conocimiento no es innato, sino que procede sólo de la experiencia y la observación guiadas por la razón. A través de una educación apropiada, la humanidad podía ser modificada, cambiada su naturaleza para mejorar. Se otorgó un gran valor al descubrimiento de la verdad a través de la observación de la naturaleza, más que mediante el estudio de las fuentes autorizadas, como Aristóteles y la Biblia. Aunque veían a la Iglesia —especialmente la Iglesia católica— como la principal fuerza que había esclavizado la inteligencia humana en el pasado, la mayoría de los pensadores de la Ilustración no renunció del todo a la religión. Optaron más por una forma de deísmo, aceptando la existencia de Dios y de la otra vida, pero rechazando las complejidades de la teología cristiana. Creían que las aspiraciones humanas no deberían centrarse en la próxima vida, sino más bien en los medios para mejorar las condiciones de la existencia terrena. La felicidad mundana, por lo tanto, fue antepuesta a la salvación religiosa. Nada se atacó con más intensidad y energía que la doctrina de la Iglesia, con toda su historia, riqueza, poder político y supresión del libre ejercicio de la razón.

Más que un conjunto de ideas fijas, la Ilustración implicaba una actitud, un método de pensamiento. De acuerdo con el filósofo Immanuel Kant, el lema de la época debía ser “atreverse a conocer”. Surgió un deseo de reexaminar y cuestionar las ideas y los valores recibidos, de explorar nuevas ideas en direcciones muy diferentes; de ahí las inconsistencias y contradicciones que a menudo aparecen en los escritos de los pensadores del siglo XVIII. Muchos defensores de la Ilustración no fueron filósofos según la acepción convencional y aceptada de la palabra; fueron vulgarizadores comprometidos en un esfuerzo por ganar adeptos. Les gustaba referirse a sí mismos como el “partido de la humanidad”, y en un intento de orientar la opinión pública a su favor, imprimieron panfletos, folletos anónimos y crearon gran número de periódicos y diarios. En España, ‘las luces’ penetraron a comienzos del siglo XVIII gracias a la obra, prácticamente aislada y solitaria, pero de gran enjundia del fraile benedictino Benito Jerónimo Feijoo, el pensador crítico y divulgador más conocido durante los reinados de los primeros reyes Borbones. Escribió Teatro crítico universal (1739), en nueve tomos y Cartas eruditas (1750), en cinco volúmenes más, en los que trató de recoger todo el conocimiento teórico y práctico de la época

Francia conoció, más que ningún otro país, un desarrollo sobresaliente de estas ideas y el mayor número de propagandistas de las mismas. Fue allí donde el filósofo, político y jurista Charles-Louis de Montesquieu, uno de los primeros representantes del movimiento, empezó a publicar varias obras satíricas contra las instituciones existentes, así como su monumental estudio de las instituciones políticas, El espíritu de las leyes (1748). Fue en París donde Denis Diderot, autor de numerosos panfletos filosóficos, emprendió la edición de la Enciclopedia (1751-1772). Esta obra, en la que colaboraron numerosos autores, fue concebida como un compendio de todos los conocimientos y a la vez como un arma polémica, al presentar las posiciones de la Ilustración y atacar a sus oponentes. Sin duda, el más influyente y representativo de los escritores franceses fue Voltaire. Inició su carrera como dramaturgo y poeta, pero es más conocido por sus prolíficos panfletos, ensayos, sátiras y novelas cortas, en los que popularizó la ciencia y la filosofía de su época, y por su voluminosa correspondencia con escritores y monarcas de toda Europa. Gozaron de prestigio las obras de Jean Jacques Rousseau, cuyo Contrato social (1762), el Emilio, o la educación (1762) y Confesiones (1782) tendrían una profunda influencia en posteriores teorías políticas y educativas y sirvieron como impulso literario al romanticismo del siglo XIX. La Ilustración fue también un movimiento cosmopolita y antinacionalista con numerosos representantes en otros países. Kant en Alemania, David Hume en Escocia, Cesare Beccaria en Italia y Benjamín Franklin y Thomas Jefferson en las colonias británicas mantuvieron un estrecho contacto con los ilustrados franceses, pero fueron importantes exponentes del movimiento. La Ilustración penetró tanto en España como en los dominios españoles de América.

Durante el reinado de Carlos III, el ‘rey ilustrado’ por excelencia, las obras de los escritores franceses se leían en español, generalmente en traducciones más o menos retocadas, pero también directamente en francés. Fueron muchos los españoles e hispanoamericanos que viajaban a Francia por motivos de estudio e instrucción, en las artes y las ciencias y los dirigentes políticos de la época, conde de Aranda, conde de Campomanes, conde de Floridablanca, duque de Almodóvar, promovieron y frecuentaron el trato con los pensadores y filósofos de las nuevas ideas. Las vías de expresión fueron los periódicos, las universidades y las florecientes Sociedades de Amigos del País.

Entre los españoles ‘ilustrados’, se puede citar a Isidoro de Antillón, geógrafo e historiador; Francisco Cabarrús, crítico y cronista de su tiempo; Juan Meléndez Valdés, que hizo de la Universidad de Salamanca un polo de atracción ‘ilustrada’; Gaspar Melchor de Jovellanos, político y reformador; Valentín de Foronda, embajador y economista, entre otros.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, los líderes de la Ilustración libraron una ardua lucha contra fuerzas considerables. Muchos fueron encarcelados por sus escritos, y la mayoría sufrió persecución y penas por parte de la censura gubernamental, así como descalificaciones y condenas de la Iglesia. En muchos aspectos, sin embargo, las últimas décadas del siglo marcaron un triunfo del movimiento en Europa y en toda América. Hacia 1770, la segunda generación de ilustrados recibió pensiones del gobierno y asumió la dirección de academias intelectuales establecidas. El enorme incremento en la publicación de periódicos y libros aseguró una amplia difusión de sus ideas. Los experimentos científicos y los escritos filosóficos llegaron a estar de moda en amplios círculos de la sociedad, incluidos los miembros de la nobleza y del clero. Algunos monarcas europeos adoptaron también ideas o al menos el vocabulario de la Ilustración. Voltaire y otros ilustrados quienes gustaban del concepto del rey-filósofo, difundiendo sus creencias gracias a sus relaciones con la aristocracia, acogieron complacientes la aparición del llamado despotismo ilustrado, del que Federico II de Prusia, Catalina la Grande de Rusia, José II de Austria y Carlos III de España fueron los ejemplos más célebres. Desde una visión retrospectiva, sin embargo, la mayoría de estos monarcas aparece manipulando el movimiento, en gran parte con propósitos propagandísticos y fueron, con mucho, más despóticos que ilustrados.

A finales del siglo XVIII surgieron algunos cambios en el pensamiento de la Ilustración. Bajo la influencia de Rousseau, el sentimiento y la emoción llegaron a ser tan respetables como la razón. En la década de 1770 los escritores ensancharon su campo de crítica para englobar materias políticas y económicas. De mayor importancia en este aspecto fue la experiencia de la guerra de la Independencia estadounidense (en las colonias británicas). A los ojos de los europeos, la Declaración de Independencia y la guerra revolucionaria anunciaron que, por primera vez, algunas personas iban más allá de la mera discusión de ideas ilustradas y las estaban aplicando. Es probable que la guerra alentara los ataques y críticas contra los regímenes europeos existentes.

Suele decirse que el Siglo de las Luces concluyó con la Revolución Francesa de 1789, pero no son pocos los que contemplan e interpretan la inquietud política y social de este periodo como causa desencadenante de la Revolución. Al incorporar muchas de las ideas de los ilustrados, la Revolución, en sus etapas más difíciles, entre 1792 y 1794, sirvió para desacreditar estas ideas a los ojos de muchos europeos contemporáneos. El enorme impacto que la Revolución Francesa causó en España, tras la muerte de Luis XVI, así como en los dominios españoles de América, provocó una violenta persecución de las personas más representativas de las nuevas ideas. Se estableció una censura total y se cerraron las fronteras, prohibiéndose el paso de todo tipo de libros y folletos, o su embarque hacia América.

Aunque se produjo un repunte de interés modernizado y progresista bajo el gobierno de Manuel Godoy con la ayuda de Jovellanos, el miedo a la contaminación revolucionaria favoreció la represión más absoluta, tanto en la metrópoli como en los dominios de la América española. La existencia de numerosas Sociedades de Amigos del País en los virreinatos favoreció la implantación y extensión de la ‘ilustración’ en América Latina.

De lo que no cabe duda es de que la Ilustración dejó una herencia perdurable en los siglos XIX y XX. Marcó un paso clave en el declinar de la Iglesia y en el crecimiento del secularismo actual. Sirvió como modelo para el liberalismo político y económico y para la reforma humanitaria a través del mundo occidental del siglo XIX. Fue el momento decisivo para la creencia en la posibilidad y la necesidad de progreso que pervivió, de una forma moderada, en el siglo XX.

"Siglo de las Luces," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2004
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