Literatura
Albert Camus, testigo de nuestro tiempo
José Rubén Sanabria

Ir al catálogo
de monografías y textos
sobre otros temas

Glosarios
Biografías
Libros en línea

Buscador
Central

Albert Camus Vida y Obra - La herencia de Camus - Introducción a la novela policíaca - La coherencia textual del Quijote

Fuente: Universidad Autónoma de México

Hace ya mas de veinte años que murió Albert Camus, uno de los grandes escritores franceses de la posguerra. Una vez había dicho: "No conozco nada más idiota que morir en un accidente de automóvil." Y así murió. ¿Una muerte absurda? Fue un día invernal, hacia el mediodía(13 horas, 54 minutos) del lunes 4 de enero de 1960,caminoa París por la carretera nacional 5, cerca de Villeblevin, Yone.

El día 2 del mismo mes de enero el campeón italiano de ciclismo Fausto Coppi había muerto en un accidente de carretera. Al comentario Camus había dicho que la gente célebre es particularmente golpeada por el destino de pronto. ¿De pronto?. El creía en el destino. Cuando, en noviembre de 1959, su amigo el novelista y ensayista Emmanuel Beri le recomendaba que tuviera mucho cuidado en el viaje de vacaciones a Lourmarin porque no te agradaban las historias de carreteras, Albert Camus replicó: "No tengas miedo, detesto la velocidad y no me gusta el automóvil." La excesiva velocidad con que Michel Gallimard --amigo y editor de Camus-- conducía su Facel Vega fue la causa del accidente.

¿Tuvo Camus premoniciones de su muerte? María Cásares comentó que al despedirse de ella, al irse de vacaciones a Lourmarin, Camus, le dijo: "¿Te imaginas que llegará un día en que estaremos separados?", y se puso a llorar. Por su parte la secretaria de Camus dijo que antes de partir Camus arregló sus papeles como si no fuera a regresar. ¿Muerte absurda la de Camus? Así lo habría juzgado él: "mourir en voiture est une mort imbécile", había dicho unos días antes. Se esperaba mucho más de él. No llegó a los cincuenta años. Apuntaba ya a la madurez como escritor --y como hombre. Una vida tronchada violentamente al acercarse a la plenitud.

Mucho se ha discutido acerca de si Camus es filósofo o no lo es, Yo diría que es literato filósofo, a diferencia de Sartre que es filósofo-literato. El argelino no se consideraba filósofo --en el sentido usual de la palabra; pero lo es: "Je ne suis pas un philosophe. Je ne crois pas assez a la raison pour croire a un systeme"; "Je ne suis pas un philosophe ... je ne sais parler que de ce que j'ai vécu". Y sin embargo, al tratar los temas fundamentales que atañen a todo hombre hace filosofía. Su filosofía es existencial - no existencialista. Sufrió en carne, propia la mordedura de todo lo que manifiesta la radical contingencia de la existencia humana. Su filosofía es filosofía vivida. Por eso dice: "On ne pense que par images. Si tu veux etre philosophse, écris des romans". Y en El Mito de Sisifo afirma: " Les grands romanciers sont les romanciers philosophes". Con estas palabras Camus expresa lo que él hizo. Sus obras contienen una unidad múltiple: unas complementan a las otras, las corrigen, las perfeccionan y, en ocasiones, las contradicen. Así, tenemos varios ciclos en su obra pues él mismo clasifica sus escritos:

1) ciclo del absurdo, o ciclo negativo, que tiene tres formas: novelesca (El extranjero, 1942), dramática (Calígula, 1945 y El malentendido, 1944); e ideológica (El Mito de Sísifo, 1942); y 2) ciclo de la rebelión, o ciclo positivo, que, a su vez, se expresa en las tres formas mencionadas: novelesca (La peste, 1947); dramática (El estado de sitio, 1948, y Los Justos, 1950); ideológica (El hombre rebelde, 1951).

2) ciclo de la rebelión, o ciclo positivo, que, a su vez, se expresa en las tres formas mencionadas: novelesca (La peste, 1947)); dramática (El esatado de sitio, 1948, y Los justos, 1950); ideológica (El hombre rebelde, 1951).

Camus consideraba una tercera capa en torno al tema del amor. Quizá la novela Le premier homme, en la que trabajaba antes de morir, sería la forma novelesca del amor. Para nuestro propósito dividimos la obra camusiana en tres períodos: naturalista (hedonista), filosófico (absurdo y rebelión), y ético (axiológico)

Naturalista

El joven Camus describe su actitud ante la vida: espontaneidad, ansia de vivir, aire, mar, cielos abiertos, playas llenas de luz y de paz, estallido desol. Se trata de una comunión con el universo. Para Camus la única realidad es el mundo. Hay que gozarlo plenamente: "califico de estúpido a quien teme gozar".

En este período naturalista la actitud de Camus es en realidad un pansensualismo, un optimismo cósmico, un vitalismo, es decir, un hedonismo: "ni religión, ni literatura, ni ética... tienen sentido en las playas de Argel. Aquí no hay otra cosa que piedras, carne, estrellas y todo este conjunto de verdades que se pueden tocar con las manos".

Este vitalisino --mejor aún, hedonismo-- se respira en Nupcias en Tipasa. Como el cielo penetra en el mar, como la luz penetra las ruinas de Tipasa y las llores y los árboles, Camus se deja invadir por el mundo, Le es preciso estar desnudo para que su unión con el mundo sea más profunda, más deleitable. "En este maridaje de las ruinas y de la primavera, las ruinas se han convertido en piedras." Y en estas nupcias con el mundo el hombre deviene carne y debe perderla conciencia para poder gozar de este retorno a lo primitivo, a la naturaleza original.

Suprimida la conciencia --porque la conciencia causa dolor --no queda mas que el goce inmediato en unión con la naturaleza, en un maridaje de pureza originaria: "Ser puro es encontrar aquella pureza del alma en la que se hace sensible el parentesco con el mundo, donde los latidos de la sangre se juntan a los impulsos violentos del sol de mediodía." Hay, pues, en Camus, un monismo cósmico. Así, dice: "desparramado por las cuatro direcciones del mundo, olvidado de mí mismo, soy el viento y soy las montañas. Jamás he experimentado más hondamente el alejamiento de mi mismo y mi presencia en el mundo".

Este hedonismo intenta fundirse con la naturaleza. Y tan es así, que Camus hubiera querido gozar más ("ce qui me frappe en ce moment, c'est que je ne peu aller plus loin"), pero su salud se lo impedía. Entonces, la dicha es lo más importante en la vida --es lo único importante. Y Camus ve la religión como un impedimento para la dicha: "Amo demasiado la vida para que me importe la eternidad." Lo esencial: el triunfo explosivo de la vida. Todo lo demás carece de sentido. La felicidad está en vivir sensorialmente al unísono con la naturaleza: "en este mundo no hay más que un solo amor. Abrazar un cuerpo de mujer, que es también retener esta extraña alegría que baja de lo alto hacia el mar". La gloria es el derecho de amar sin mesura.

En esta relación inmediata con la naturaleza --Camus emplea con más frecuencia la palabra mundo-- la única realidad cierta es el cuerpo que goza, éste es la sola verdad de esta presencia donde todo se da en una limpia inocencia, en una "absurda simplicidad", donde el sentimiento es "una mezcla de ascesis y de goce", donde hay que vivir "la pasión en detrimento de la emoción". Hay que ser fieles a la dicha; hay que vivir para la felicidad; mejor: hay que vivir gozando. Sensación, luz, mar, sol, paisajes, mujeres es el mundo camusiano. Tipasa habitada por dioses cuyo lenguaje es el sol y el olor de las flores, la luz a borbotones, los cipreses, el silencio y las piedras vivas. Aquí, los únicos dioses son los muchachos y las muchachas que a mediodía se bañan en el mar. Tal es para Camus "cette patrie de l'ame ou devient sensible la parenté du monde". Por eso él decía que tenía un corazón griego. En este vitalismo cósmico la realidad tiene dos aspectos: la carne y el mundo

Filosófico

Pasemos ahora al período filosófico. En el invierno de 1930 Camus se vio atacado por la tuberculosis. Fue internado en el hospital Mustapha. El peligro de muerte era serio. Y tenía miedo (horror) de morir: "toute mon horrerur de mourir tient dans ma jalousie de vivre". Él, que amaba intensamente la vida, rehusaba morir: "Je ne veux pas mourir", decía, y en el borrador de Entre oui et non expresa en tercera persona: "la peur de la mort le hantait beaucoup". Aquella existencia totalmente orientada al placer, tan segura, tan natural, se ve gravemente afectada por el mal. A pesar de que sanó, debió, sin embargo, moderar los goces de la vida, renunciar a los viajes y a otras actividades. Se entristecía al ver a los demás "patear!' un balón y correr alegremente en la playa. Esta tristeza le acompañó toda la vida.

Aquí surge la nueva categoría: lo absurdo. Todo es absurdo. La cercanía de la muerte (la enfermedad) enseñó a Camus que el mal está en todas partes ensombreciendo las ansias de vivir y los momentos de placer, que la muerte no está al final de la vida, sino en su mismo corazón: la muerte en la vida se llama enfermedad.

La actitud camusiana ha cambiado, Antes el punto de partida era la sed de felicidad, el ansia de vivir y de gozar; ahora lo es el absurdo de la existencia: "el único dato del que dispongo es que todo es absurdo"; "el clima del absurdo está al comienzo". Cualquier hombre, a la vuelta de cualquier esquina, puede experimentar la sensación del absurdo, porque todo es absurdo.

En julio de 1944 Camus declara: "Sigo creyendo que este mundo no tiene un sentido superior. Pero sé que en él algo tiene sentido, es el hombre, porque éste es el único que exige tenerlo. Este mundo tiene por lo menos la verdad del hombre, y nuestro cometido es darle sus razones contra el mismo destino". Ni el hombre ni el mundo separadamente son absurdos. El absurdo surge del conflicto yo-mundo, porque el yo tiene sed insaciable de gozar y el mundo no da la satisfacción deseada. Este divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona es el absurdo, el estado metafísico del hombre consciente; es el pecado sin Dios ("l'absurde, c'est le péché sans Dieu"); es la nostalgia de la unidad.

En esta situación el amor también carece de sentido. En El Extranjero, cuando María pregunta a Mensault si la ama, él responde que tal pregunta no tiene sentido y que en todo caso le parecía que no.

Entonces, el amor es sólo un pasatiempo, un juego para vencer el absurdo de la existencia; el amor es muy poca cosa. Antes se trataba de saber si la vida debía tener un sentido para vivirla, ahora se la vive mejor si no tiene sentido: "vivires hacer que viva el absurdo". Por eso es que "el hombre absurdo no puede sino agotarlo todo y agotarse".

En Calígula hay una frase que expresa la actitud de Camus en este período filosófico de su obra. "es muy duro y amargo llegar a ser hombre", porque el hombre no sabe qué hacer con su libertad amplia y enorme. Y en este caso no se trata de vivir bien, sino de vivir mucho: la creencia en lo absurdo equivale a reemplazar la calidad de las experiencias por la cantidad. Si me convenzo de que esta vida no tiene otra faz que la del absurdo, si siento que todo su equilibrio se debe a la perpetua oposición entre mi rebelión consciente y la oscuridad en que forcejeo, si admito que mi libertad no tiene sentido sino con relación a su destino limitado, entonces debo decir que lo que cuenta no es vivir lo mejor posible, sino vivir lo más posible... La moral de un hombre, su escala de valores no tiene sentido sino por la cantidad y variedad de experiencias que ha podido acumular".

Entonces, hay que aprovechar todos los momentos. Y Camus procuró vivir la doble verdad: el cuerpo y el instante. Y si la muerte acaba con todo, lo importante es vivir, puesto que el hombre absurdo, aunque no niega la eternidad, nada hace por ella. Y confiesa de sí mismo: "Jesuis envieux, parece que J'aime trop la vie pour ne pas entre égoiste. Que m'importe l'eternité"; "Quéstce que l'homme absurdé? Celui qui, sans le nier, ne fait rien pour l'eternel."

La rebelión es una consecuencia del absurdo. amus asegura que una de las posiciones filosóficas coherentes es la rebelión: "Yo grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer por lo menos en mi protesta. La primera y la única evidencia que me es dada así, dentro de la experiencia absurda, es la rebelión." Aquí se ve inmediatamente cierto cartesianismo: se trata de partir de una evidencia y Camus la encuentra de tal forma en la rebelión, que llega a decir: "Je me révolte, done nous sommes." "Hay que rebelarse contra el absurdo, contra lo ininteligible del mundo y la existencia humana. Y no ocasionalmente, sino que la rebelión sea la esencia del hombre, el movimiento mismo de la vida.

Camus enuncia algunos rasgos esenciales de la rebelión:

1) implica siempre la conciencia de estar en su derecho y de adoptar, por lo mismo, una postura defensiva contra la injusticia. El hombre rebelde está dispuesto a sufrirla muerte para defender este derecho; y 2) simultáneamente implica siempre que tal derecho no es personal, sino humano.

En la rebelión el hombre experimenta su solidaridad: "done nous sommes" Camus analiza la rebelión metafísica y la histórica. La primera es el movimiento filosófico y poético que se opuso al orden divino y al orden moral; así se llegó al nihilismo total. La rebelión histórica es la historia de los movimientos revolucionarios y políticos, de la Revolución francesa y de la Revolución rusa. Camus advierte que no son lo mismo revolución y rebelión, pues aquélla pasa de una dominación a otra; en cambio la rebelión es un proceso, renovable siempre, de insurrección para mejorar el mundo.

Ya en la etapa filosófica Camus acepta valores. El hombre rebelde no lucha únicamente para sí; lucha en nombre de los demás. El individuo "agit done au mon d'une valeur, encore confuse, mais dont il a le sentiment, au moins, que'elle est commune avec tous les hommes".

El mal, el dolor que Camus ha vivido le hace comprender a los demas: "Dnas l'expérience absurde, la souffrance est individuelle. A partir du mouvement de révolte, elle a conscience d etre colective."

Etico

La peste, Los Justos y El hombre rebelde expresan el pensamiento camusiano en esta otra fase: la ética (axiológica). Camus insiste en el mal: todo hombre es un apestado, tiende al mal. Hay que buscar valores en la vida, pero para esto es preciso negarlo todo, porque todo es absurdo. Hay que empezar desde el principio. Nihilismo. Este es el punto de partida, confiesa Camus: "Mon point de départ est le nihilisme, c'est-a-dire le doute de tout. Il'y a aujourd 'hui un nihilissme dans le monde." más adelante asegura: "Je ne cherche pas á réhabiliter telle ou telle valeur, trditionnelle. Non, je me place dans le nijhilisme, et c'est la queje cjercje les valeurs constructives ... je ne veux pas la fin de notre civilisation, je veux au contraire affirmer des valeurs qui en assureront la renconstruction. Si je pars du nihilisme, c'est pour trouver des valeurs sures."

Los valores surgirán de la oposición al mal (rebelión). Esto produce una moral de la lucha, de la rebelión, pero también una moral de la dicha ("sagesse méditerraneénne", une morale "algérienne"). Las nupcias juveniles, participación intensa de la vida misma, unión profunda de hombre y naturaleza, jamás desaparecieron del pensamiento y de la vida de Albert Camus. ¿No había escrito el: "hours du ssoleil, des baisers et des parfumes sauvages, tout nous parait futile"?. En la lucha, y a pesar de ella, Camus declara, en boca de Rieux, que no se interesa ni en el heroísmo ni en la santidad; sólo le interesa ser hombre. Rebelión y dicha: este es el binomio que Camus procura realizar en su vida. Así, en La peste, el doctor Rietix es la encarnación de la rebelión, Rambert, por su parte, es la encarnación de la felicidad.

La rebelión es, por supuesto, contra Dios y contra la religión, es también contra toda forma del mal. La rebelión metafísica es el movimiento por el que el hombre lucha contra su situación de hombre y contra la creación. El rebelde metafísico protesta contra la situación humana que se le impone y se declara frustrado por la creación.

La rebelión sólo se da contra alguien. Por lo tanto, "la noción del dios personal, creador y por lo mismo responsable de todas las cosas, es la única que da su sentido a la protesta humana. Así se puede decir, y sin paradoja, que la historia de la rebelión es, en el mundo occidental, inseparable de la del cristianismo". El rebelde no niega, desafía. No suprime a Dios, simplemente le habla de igual a igual: se trata de una polémica con el deseo de vencer. Una vez derribado el trono de Dios, el hombre tendrá que crear un nuevo orden para justificar la caducidad divina.

El hombre rebelde es el que está situado antes o después de lo sagrado, y dedicado a reivindicar un orden humano en el que todas las respuestas sean humanas, es decir, formuladas racionalmente. Desde ese momento toda interrogación, toda palabra es rebelión, mientras que en el mundo de lo sagrado (de la gracia) toda palabra es acción de gracias. Así, el hombre --en el mundo de lo sagrado-- pierde su libertad. Por esto para el hombre sólo hay dos posibilidades: lo sagrado o la rebelión. Lógicamente Camus proclama que la única opción es la rebelión. Y por ello "la loi de ce monde n'est rien d'autre que celle de la force". Entonces, la rebelión es una de las dimensiones esenciales del hombre. Camus no acepta a Dios y, sin embargo, confiesa: "J'ai le sens du sacré"; "Je n'ai que respect et vénération devant la personne du Christ et devant son histoire".

El sentido de la solidaridad, ante el mal colectivo, lleva a Camus al sentimiento de culpabilidad. Todos somos culpables. Cristo también lo fue. Este sentimiento de culpa aparece claramente en La caída. Jean-Baptiste Clamence, protagonista de la obra, cuenta su vida a un compatriota suyo, abogado como él. Están en el bar México-City. Clamence había sido un brillante abogado en París. Había sido feliz; fue amado por las mujeres y se dedicaba a causas nobles. Creía ser bueno, amante de la inocencia y de la justicia. Pero tres acontecimientos cambiaron su vida y lo obligaron a huir a Amsterdam. Una tarde, después de un triunfo jurídico, había subido hasta el puente des Arts para contemplar el Sena. Se disponía a encender un cigarro cuando a su espalda estalló una carcajada. Volvió la cabeza para ver quien era: nadie. Volvió a oír la carcajada varias veces; la última, en su casa. Este hecho despertó su conciencia adormecida.

En otra ocasión tuvo un pequeño problema con un motociclista, que lo golpeó y dio motivo, con eso. a que la gente se riera de él, un brillante ahogado. Surgió en su interior el resentimiento ysintióodio. Se sintió desdichado. Ya no pudo seguir creyendo que era amigo de la verdad y de la justicia, que era defensor de viudas y huérfanos.

Por último, una noche de noviembre --era la una de la mañana-- Clamence iba hacia su casa, por la orilla izquierda del Sena, y, en el puente RoyaL pasó detrás de una joven inclinada que contemplaba el río. Se detuvo un momento pero luego siguió su camino. Había avanzado unos cincuenta metros cuando oyó un ruido; la muchacha se habla arrojado al río. El abogado se detuvo. Sintió que debía hacer algo, pero no hizo nada. Pensé: "es demasiado tarde", y se alejó bajo la lluvia. A pesar de esto se creyó culpable de la muerte de la muchacha a la que no ayudó. Todos somos culpables en la vida, y esto es la democracia, escribió alguna vez. Todos somos culpables: "nous ne ppouvons affirmer L'innocence de personne, tandis que nous pouvons affirmer, é coup sur, la culpabilité de tous". Todos somos hipócritas. Al reconocer su culpabilidad y su hipocresía, el hombre admite que necesita perdón, pero ¿de quién?

En El extranjero Meursault jamás se siente culpable de nada. Su vida es totalmente indiferente, monótona. Es una vida sin sentido. Lo que quiere Camus en El extranjero --lo dice él mismo-- es la presencia física, la experiencia carnal, la luz, el mar, un hombre formado portal ambiente: "Ce que je vois surtout dans mon livre, c'est la présence physique, l'expérience charnelle ... une terre, un ciel, un homme faconné par cette terre et ce ciel"". En pocas palabras Meursault es el tipo del hombre común, pasivo, que simplemente vive, que sólo busca una intensa vida sensual, sin Dios, sin religión, sin moral ni pecado, ni más allá. Y como la muerte se opone al violento amor a la vida, no puede ser menos que el peor absurdo. Porque el único pecado contra la vida --asegura Camus-- es esperar otra vida y sustraerse a la implacable grandeza de ésta.

En cambio, Clamence se reconoce culpable en La caída. Ve que actúa por amor propio, y que los hombres se juzgan implacablemente los unos a los otros. El pensamiento de la muerte lo acosa y lo va transformando interiormente. La conciencia lo acusa y surge en él el sentimiento de culpabilidad. Y concluye: cada hombre da testimonio del crimen de todos los demás. Se trata --como se ve-- de una falta común, de una culpa solidaria. Clamence continúa frecuentando el bar porteño. Ahí analiza su pasado, su vida desenfrenada, indigna. Lo esencial --dice-- es permitirse todo, aunque de vez en cuando tenga uno que gritarse la indignidad propia.

¿No estamos ante la religión sin Dios (profana)? Camus (Clamence) afirma: "no es posible morir sin haber confesado antes todas las hipocresías". Pero ¿ante quién? No ante Dios, porque Dios no existe; no a un representante de Dios, ya que sin Dios no puede haber representante. Entonces, hay que confesarse ante una mujer amada, ante un amigo, ante cualquier hombre también culpable: "Puede estar usted seguro de que escucharé su confesión con un profundo sentimiento de fraternidad" --nos dirán. Es necesario acusarse, pero "no basta acusarse para volverse inocente". No queda más que refugiarse en la desesperación, porque en todo caso no es posible volver atrás. Rara vez --declara-- nos confiamos a los que son mejores que nosotros. Más bien evitamos su compañía. En cambio, casi siempre nos confiamos a los que se parecen a nosotros y comparten nuestras debilidades. Y es que --apunta Camus-- no deseamos corregirnos y mejorarnos: antes se nos tendría que juzgar culpables, "Y lo que deseamos es únicamente que nos compadezcan y que nos animen a continuar nuestro camino. En suma: al mismo tiempo querríamos no> ser culpables y no hacer el menor esfuerzo para purificarnos. No tenemos ni suficiente cinismo ni suficiente virtud; no tenemos ni la energía del mal ni la del bien".

Clamence tuvo que hacerse a la idea de que aquel grito que años atrás habla resonado a sus espaldas no cesaba de vagar por el mundo, por la extensión ilimitada del océano, y que lo perseguía y lo esperaba siempre. "Comprendí también --dice-- que continuaría esperándome el grito en los mares y en los ríos, en todas las partes en que se hallará, en fin, el agua amarga de mi bautismo." Seguía acosado por el remordimiento, pero no estaba dispuesto a cambiar de conducta: "cuando uno sabe que tiene que cambiar, no hay posibilidad de elegir... ¿Qué hacer para ser otro? Eso es imposible. Seria preciso no ser ya nadie, olvidarse de sí mismo, por lo menos una vez. Pero ¿como es posible eso?" Clamence había hecho voto de no pasar de noche por un puente. El grito de la muchacha suicida lo acompañaba siempre. "Suponga usted que alguien se arroja al agua; hay dos posibilidades: o usted lo sigue para salvarlo y, en la estación fría, corre usted el peor de los peligros, o bien lo abandona, y los impulsos reprimidos de zambullirse nos dejan, a veces, extrañas inquietudes". Lo único que suprime el remordimiento es la muerte.

Camus (Clamence) vio dónde estaba la salvación, pero no tuvo la energía para comenzar a vivirla: "me han hablado de un hombre que tenía a un amigo en la cárcel; este hombre dormía todas las noches en el suelo para no gozar de una comodidad que no tenía su amigo. El día en que todos actuemos de manera semejante, será el día de la salvación". Camus vio la solución de sus problemas, pero le faltó más luz: "no es que sea mal hombre, sino que uno pierde la luz. Sí, perdimos la luz, perdimos las mañanas, la santa inocencia de quien se perdona a sí mismo".

El relato termina dramática y tristemente. Clamence dice a su otro yo: "Cuénteme usted, se lo ruego, lo que le ocurrió una noche en los muelles del Sena... Pronucie usted mismo las palabras que, desde hace años, no han dejado de resonaren mis noches, y que por fin oiré de su boca: 'Oh, muchacha, lánzate otra vez al agua para que tenga yo, por segunda vez, la oportunidad de salvarte a ti y de salvarme yo mismo.' Una segunda vez ¡qué ocurrencia! Suponga usted que me toman la palabra, entonces yo tendría que echarme al agua. ¡El agua está tan fría! ¡Pero tranquilicémonos! ¡Ahora es ya demasiado tarde, siempre será tarde, siempre será demasiado tarde!".

Estas últimas palabras también las encontramos en Los Justos, porque quizá Camus pensó que la salvación estaba muy lejos y que para él era ya demasiado tarde. Cuando murió llegó puntual a la cita porque vivió buscando la luz. Había dicho: "Je suis dans la nuit, et j'essaie d'y voir clair".

La evolución del pensamiento de Camus es patente. En el primer periodo hay un afán desmesurado de felicidad, una vida despreocupada, plenamente sensual, "pres du corps et par le corps". En esta época Camus --se ha dicho-- no tiene ideas filosóficas, sino emociones filosóficas. Por eso escribe: "el mundo es hermoso, y fuera de él no hay salvación alguna", "el camino de la lucha hace que vuelva a encontrar la carne. Aunque humillada, la carne es mi única certidumbre. Sólo puedo vivir de ella. La criatura es mi patria"; "tout mon royaume est de ce monde". Y aunque fue atacado por la enfermedad siguió haciendo del mundo su divinidad.. Y, sin embargo, se dio cuenta de que no hay felicidad completa. En El verano en Argelia exalta el apego a la tierra, donde, a pesar de todo, el corazón encuentra su armonía. Y escribe: "¿Qué hay de extraño en encontrar sobre la tierra la unión que buscaba Plotino? Aquí la unidad se expresa en términos de sol y de mar. Es sensible al corazón por cierto sabor de carne que le da su amargura y su grandeza. A pesar de que no hay felicidad sobrehumana, ni eternidad fuera de la curva de los días." El hombre de nuestros días vive también el culto a la carne, busca afanosamente el placer y no quiere saber de otra eternidad fuera de la curva de los días. El hedonismo elemental camusiano es practicado ampliamente, aunque con menos "inocencia" que, por ejemplo, lo hacía Meursault.

En el segundo periodo (el absurdo y la rebelión) Camus hace el absurdo un punto de partida para su reflexión. Quiere encontrar el equilibrio entre la razón divinizada que pretende explicarlo todo (racionalismo) y lo irracional que todo lo sumerge en la total oscuridad, en el vacío. Esta irracionalidad, convertida en agresividad, tiene en nuestros días múltiples formas que amenazan llegara una guerra de todos contra todos. ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué un mundo de valores? Todo es absurdo, especialmente el hombre, piensan muchos. ¿No estamos viviendo la frase camusiana: "Chaque homme témoigne du crime de tous les autres"? El mayor crimen es ser hombre. ¿No escribió Sartre que el pecado original es haber nacido en un mundo en el que hay otros hombres? Por eso Camus dice: "no es fácil ser hombre, todavía menos ser hombre puro", porque todos somos culpables. ¿No dan ganas de creer que muchos se empeñan en vivir la conocida frase "el hombre es el lobo del hombre" ("homo homini lupus")? De aquí la rebelión, el ateísmo o la simple indiferencia porque Dios no evita el sufrimiento, sobre todo de los niños. Dios mismo es culpable. De ahí la huída del hombre: huída de sí mismo, de los demás y de Dios. En el último período ya Camus está obsesionado por la culpa. Clamence se siente culpable, pero no está dispuesto a dar su vida. Pretende justificar lo injustificable porque quiere volver a la inocencia sin dejar de ser malo. Así, Camus escribió en Carnets: la sexualidad no conduce a nada. No es inmoral, pero es improductiva". El hombre tiene dos caras, es fundamentalmente mentiroso. El estado de culpabilidad aprisiona al hombre. Clamence se refugia en una vida disoluta para vencer el sentimiento de culpa. Se ausenta de París con la esperanza de encontrar en Amsterdam la paz. Y sin embargo su fuga no lo salva. Ahí vuelve a oír la risa extraña que antaño le preocupara y el grito de la suicida. Por eso la angustia y la tensión entre el deseo de una inocencia inaccesible y la aceptación de la culpa; la tensión entre el mal inevitable y el ansia de libertad completa.

El hombre contemporáneo vive también angustiado y acosado por la culpa. Es cierto que en muchos hay una profunda "ceguera para los valores", pero en otros todavía late la llama de un persistente culpabilidad, y para apagarla recurren a la violencia y al placer.

"Clamence está consagrado al presentimiento de la falta. Perdido para la inocencia, inseguro de su crimen, su misma palabra lo vacía poco a poco de su realidad y lo vemos ausentarse en los repliegues de su discurso, donde aparece nuestro rostro a medida que el suyo se borra. El condenado tiene también su nombre. Clamence es una voz sin persona, una máscara de mirar vacío, un espejo maléfico donde no desciframos sino dolor y remordimiento, y su espantosa vanidad" (Brisville, J-C, Camus, Gallimard, París, 1959, p. 70). ¿Camus, testigo de nuestro tiempo? Yo pienso que sí. Muchos han dicho que el literato-filósofo está superado. Yo opino que los problemas humanos son de todos los tiempos. Y como Albert Camus trató --bellamente-- esos problemas, creo que sigue teniendo validez.

Pienso que Dios, aunque no está de moda, sigue causando molestias en la conciencia de los hombres de nuestro tiempo. Como lo vivió Camus: "¡Ah, querido amigo. para quien está solo sin Dios y sin amo, el peso de los días es terrible! Y como Dios ya no está de moda, hay que escogerse un amo. Por lo demás, la palabra Dios ya no tiene sentido; entonces no vale la pena que uno se ponga a correr el riesgo de escandalizar a la gente."

Basta reflexionar un poco sobre las actitudes cotidianas para dar la razón a Camus testigo de nuestro tiempo

Acentuación de monosílabos y tilde diacrítica - ¿Qué es la Gramática Española? - Palabras dudosas o poco usuales en español - Mayúsculas y minúsculas - Para qué sirve la ortografía - Sobre Borges - Sobre la muerte de/en DonQuijote de la Mancha - La coherencia textual del Quijote

Principal-|-Consulta a Avizora |-Sugiera su Sitio | Temas Que Queman | Libros Gratis
Publicaciones | GlosariosLibro de Visitas-|-Horóscopo | Gana Dinero


AVIZORA
TEL: +54 (3492) 434313 /+54 (3492) 452494 / +54 (3492) 421382 /
+54 (3492) 15 669515 ARGENTINA
Web master: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m. Avizora.com