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Ese hombre tímido lleva a la práctica sus ideas de librepensador, de
anarquista individualista. Educa a sus hijos en casa y no en la lengua
imperante en la cultura de esa época, el francés. Les impone el inglés,
un idioma tan de minorías entonces que el hijo rememora, exagerando un
poco, \"que aprender inglés era tan raro como hoy aprender sueco\". En
casa de los Borges se habla en inglés, se lee y se recita poesía
inglesa. El desafío de Jorge Guillermo Borges a las convenciones de su
tiempo va todavía más allá. No someterá a sus hijos al yugo de una
carrera universitaria. Pueden formarse solos con el mejor de los medios,
el libro, para el mejor de los mundos, el del pensamiento y del arte. El
resto es simplemente vida. Jorge Luis, de seis
años, acompaña al padre a sus sesiones de lectura en la Biblioteca
Nacional. La madre lleva los chicos al Zoológico. El énfasis sobre la
modestia y la timidez de Jorge Guillermo Borges sugiere a un hombre
recluido en sí mismo y con una vocación de escritor que se manifiesta
avergonzada, como un secreto de familia. Por el contrario, era abierta y
gregaria. Todos los domingos había reunión de amigos en la casa de
Palermo. Los amigos del padre de Borges eran, entre otros, Evaristo
Carriego, Macedonio Fernández, Enrique Banchs, Manuel Gálvez, Alfredo
Palacios y el primo Alvaro Melián Lafinur, que trabajaba en la revista
Nosotros y donde Jorge Guillermo Borges publicaba sus poemas. Se hablaba
de filosofía, de literatura y de política. Como correspondía a sus
ideas sobre la educación, los hijos estaban presentes. No es extraño que
el cuento de Oscar Wilde, \"El príncipe feliz\", traducido por
Jorge Luis Borges a los nue ve años, apareciera en el diario El País,
donde colaboraba su tío Melián Lafinur, ni extraño que se pensara que
era una traducción de Jorge Borges padre. Libros, revistas, artículos,
tendencias, crítica, poesía, rodeaban con un ámbito hecho de voces la
inolvidable biblioteca de la que el hijo no hubiera querido salir nunca y
familiarizaron al niño con un mundo -el literario- del que nunca salió.
Que Jorge Guillermo Borges le asignara a un chico que no había cumplido
diez años la pesada carga de un sueño irrealizable para él es una
leyenda romántica, encantadora pero falaz. Durante la infancia de Borges,
el padre estaba seguro de llevar a cabo sus proyectos literarios y ni
siquiera la pérdida de la vista le impidió escribir una novela, ayudado
por su mujer, que leía para él y a quien le dictaba. Fue con este
propósito, después de la estadía en Ginebra (Borges ya iba a cumplir
veinte años) cuando viajaron a España, que eligieron Mallorca como
residencia, porque les habían recomendado la tranquilidad del lugar. Más
importante y fuera de lo común es que padre e hijo compartieran la misma
pasión por la literatura. Jorge Guillermo Borges aceptaba las sugerencias
de Jorge Luis Borges, poeta barroco, fervororo ultraísta. El padre
escuchaba al hijo, el hijo escuchaba al padre y años después repetiría
los mismos consejos. Me pregunto si Borges, en 1960, cuando por primera
vez me habló del padre, no habría empezado a hacer la cuenta de su
herencia, en lecturas, en amistades, en protección y estímulos; en
temas, en rasgos de identidad, en la ascendencia literaria, en el amor de
la lengua inglesa, de la historia, de la filosofía. Quizás adivinaba que
la brillante presencia del padre en su iniciación a la literatura sería
oscurecida por la cálida imagen de la madre, viva y presente en esta
nueva etapa. Quizá, porque la conversación era para Borges el filtro de
interminables borradores, se proponía corregir la invisibilidad que su
padre había deseado. Pero sólo un eco de esas páginas no escritas se
oye en la Autobiografía y en reportajes, y el poema \"A mi
padre\", de 1976, suena pomposo y artificial, como plagiado de otros
versos. La voz evocada en \"La lluvia\" debió parecerle
suficiente. Borges tenía razón. Borges con Platón y Aristóteles
http://www.literatura.org/Borges/Platon_y_Aristoteles.html De
\"conversaciones de Jorge L. Borges con Osvaldo Ferrari\"
aparecidas en 1984 en el periódico Tiempo Argentino Osvaldo Ferrari:
Borges. se impone que hablemos de la experiencia que usted trae de este
viaje que realizó por Italia, Grecia y Japón. La primera impresión que
uno tiene al verlo es la de que ese viaje le ha sentado muy bien, y que
usted tiene el aire de haber hecho nuevos descubrimientos. Jorge Luis
Borges: No sé si descubrimientos. . . confirmaciones, más bien, desde
luego. Vuelvo con una excelente impresión, y siemp;e con el asombro... no
sé, de que me respete tanto la gente, de que me tomen en serio. Yo no sé
si mi obra merece esa atencion, yo creo que no, creo que soy como una
suerte de superstición ahora... internacional. Pero, la agradezco
muchísimo y no deja de asombrarme eso; el hecho de haber recibido esos
premios, esos honores: usted está hablando ahora con un doctor honoris
causa de la Universidad de Creta. Todo eso me parece tan fantástico...
bueno, me parece tan fantástico a mí como les parecerá a otros
también, ¿no? Es decir, yo estoy asombrado de todo eso; pienso que
quizá, bueno, ellos me han leído en traducciones, las traducciones
pueden haber mejorado mis textos, o quizás haya algo entre líneas que no
alcanzo a percibir, y que está allí. Porque si no, yo no sé por qué
merezco todo esto. Pero vuelvo con la mejor impresión de esos países; yo
no conocía el sur de Italia, aunque sabía que era Magna Grecia aquello.
Estuve en Creta también, y tuve ocasión de decir que aquella expresión
\"Magna Grecia\", expresión que se aplica al Asia Menor, al sur
de Italia, a ciertas islas, podría aplicarse al mundo entero o, en todo
caso, al Occidente entero. Es decir, que todos somos Magna Grecia. Eso lo
dije allí, es decir, que todos somos griegos en el destierro _en un
destierro no necesariamente elegíaco o desdichado, ya que quizá nos
permite ser más griegos que los griegos, o más europeos que los
europeos_. De modo que tengo el mejor recuerdo de esos países; yo no
conocía el sur de Italia: me sorprendió oír la música popular, oí a
un individuo tocando la guitarra, un campesino, me dijeron que estaba
tocando temas sicilianos, y me pareció oír, bueno, esas tonadas criollas
que corresponden a la provincia de Buenos Aires o a la República
Oriental: esas tonadas con las que se toca \"La tapera\", o
\"El gaucho\", de Elías Regules. Bueno, ése es exactamente el
tipo de música que yo oí en Sicilia. Y luego, en Vicenza, estuvieron
espléndidos conmigo, en Venecia también, y en el Japón, desde luego,
confirmé las espléndidas experiencias de mi viaje anterior. Es decir, de
un país que ejerce a la vez su cultura oriental y la cultura occidental y
que, en lo que se refiere a cultura occidental, en lo que se refiere a
técnica, parece que está, bueno, dejándonos atrás. _Cierto. He visto
que en un lugar de Italia lo han designado Maestro de vida. _Bueno, ojalá
eso pudiera referirse a mi propia vida, que ha sido una serie de errores,
¡eh! Pero, posiblemente uno pueda enseñar lo que no sepa, o lo que no ha
practicado, ¿no? (ríe). -Sí. Pero, además, es curioso: después de que
en los últimos años viajó muchas veces por pafses, digamos, donde se
impone la actual tecnocracia _el sistema más moderno_ : Estados Unidos,
Europa occidental (la parte del norte), ahora parece que usted hubiera
sido convocado por el sur, por el antiguo Occidente: Creta, Grecia y
Sicilia. _Bueno, pero es que lo que no es Creta, Grecia o Sicilia es un
reflejo de esos lugares, es una extensión de esos lugares. Cuando tuve
que hablar en Creta, cuando me hicieron doctor de esa Universidad de
Grecia, recordé un hecho bastante curioso: uno piensa en el norte como
opuesto al sur y, sin embargo, cuando _creo que Snorri Sturluson_ en
ocasión de referirse al dios Thor, el dios que había dado su nombre al
Thursday (jueves) inglés, ya que, bueno, el día de Thor, es decir, el
día de Jove (Júpiter), ¿no? bueno, cuando Snorri Sturluson, en el siglo
Xlll, tiene ocasión de referirse a Thor, da esta etimología _que, desde
luego, es falsa_ pero que muestra el deseo que tenía el norte de
incorporarse al sur. Es esto: él dice que Thor es hijo de Príamo y
hermano de Héctor, por la similitud de los sonidos. Claro que eso es del
todo falso, pero no importa; muestra el deseo de aquella gente allá... y,
él escribió en Islandia, bueno, querían de algún modo vincularse al
sur, querían acercarse a \"La Eneida\", que es lo que ellos
conocerían del Sur, ya que no podrían conocer los poemas homéricos,
desde luego, pero, en fin, el deseo de querer ser parte de la cultura
mediterránea. Bueno, y eso se ve, por ejemplo... en alemán, la palabra
\"Vaterland\", o en inglés \"motherland\", parecen
muy germánicas y, sin embargo, ¿qué es \"Vaterland\" sino una
traducción de \"patria\"? No es una idea que los germanos
tuvieran, ya que para los germanos lo importante era pertenecer a tal o
cuai tribu, ser leales a tal o cual caudillo. _Tierra de los padres. _Sí,
tierra de los padres. Bueno, esa idea, \"Vaterland\", o \"motherland\"
en inglés, para no confundir con \"Vaterland\" que parece
exclusivamente alemán, esa idea es la misma idea, traducida, de
\"patria\" en latín. Curiosamente, Groussac indicó la
posibilidad de \"matria\", pero, claro, es un poco tarde ya, esa
palabra resultaría muy artificial; pero vendría a ser \"motherland\"
en inglés, lo de \"matria\". Quizá la idea de \"tierra de
la madre\", bueno, por lo pronto es más segura que la idea de
\"tierra del padre\", ¿no? (ríe): la paternidad es un acto de
fe, como dijo Goethe, ¿no?; la maternidad es un hecho, bueno, que los
animales reconocen, y que todo el mundo reconoce, sí. _Ahora, usted ha
recordado la mitología escandinava y la griega, y yo he estado leyendo a
una escritora francesa, Simone Weil, que al recordar la mitologfa griega y
también la oriental, sostiene que Platón fue el primer místico de
Occidente, heredero de toda la mística de Oriente. _Bueno, no sé si el
primero, porque sería Pitágoras, que es algo anterior, creo. Y
Pitágoras... creo que hay un busto de Pitágoras en que lo representan
con un gorro frigio; es decir, asiático. Además, la idea de la
transmigración y la idea del tiempo cíclico de los estoicos y los
pitagóricos, tiene que ser algo que ha llegado del Oriente. Y en el
Oriente, la idea de los ciclos tiene sentido, porque la gente, bueno, las
almas, la transmigración de las almas en sus diversos ciclos; van
mejorando, van empeorando, van modificándose. En cambio, la idea de
ciclos exactamente iguales, que es la que tienen los pitagóricos y los
estoicos, esa idea parece insensata, ya que, en realidad, no serviría
absolutamente para nada: no sé hasta dónde podemos hablar, bueno, de un
primer ciclo, un segundo y un tercero, ya que no hay nadie que pueda
percibir las diferencias entre dos ciclos exactamente iguales.
Posiblemente, la teoría del tiempo circular fue algo mal entendido por
los griegos de la doctrina asiática, en que se supone que hay ciclos,
pero esos ciclos son distintos. _Los griegos pueden haber malentendido esa
tradición, pero, a la vez, Occidente puede haber malentendido a los
griegos. Porque, porque si decimos que Platón, y también quizá
Pitágoras, son los primeros místicos de Occidente. _Bueno, creo que la
palabra primero no tiene mayor sentido, ya que no puede saberse, pero, en
fin... _Es que nuestra filosofía ha partido de allí, pero en lugar de
tomar a Platón como punto de partida, ha tomado a Aristóteles como punto
de partida, y tendriamos que llegar a saber algún dia cuál fue el
acierto y cuál el error, porque todo hubiera sido diferente... _Bueno,
representan... creo que, en todo caso, representan para nosotros dos
hechos muy distintos. El hecho de que uno piensa, bueno, Aristóteles es
una persona que piensa por medio de razones. En cambio, Platón piensa,
además, por medio de mitos. _Justamente. _Y eso se ve en el último
diálogo de Socrates: parece que él usa, a la vez, el razonamiento y el
mito. En cambio, ya después de Aristóteles, o se usa un sistema u otro,
¿no?; ya no somos capaces de usar ambas cosas. En cuanto a mí,
personalmente, me creo casi incapaz de pensar por medio de razones; parece
que yo pensara _ sabiendo lo peligroso y lo falible del método_ yo tiendo
a pensar, bueno, por el mito, o en todo caso, por sueños, por invenciones
mías, ¿no? _O por la intuición, como en Oriente. _O por la intuición,
sí. Pero sé que es más riguroso el otro sistema, y trato de razonar,
aunque no sé si soy capaz de hacerlo; pero me dicen que soy capaz de
soñar, y espero serlo, ¿no? Al fin de todo, yo no soy un pensador, soy
un mero cuentista, un mero poeta. Bueno, me resigno a ese destino, que
ciertamente no tiene por qué ser inferior a otro. _Pero usted advierte
que en lugar de la mística y la poesía como tradición, se ha optado por
la razón y el método. _Sí, pero sin embargo nos rigen la mística y la
poesía. _Ah, claro. _Eso desde luego, y nos rigen inconscientemente, pero
nos rigen. _Pero, es curioso, porque filósofos occidentales, como
Wittgengstein, por ejemplo, terminan hablando de las posibilidades de lo
místico o de lo divino, después de todo el circuito cumplido por la
razón a lo largo de siglos. _Y, posiblemente si se practica
exclusivamente la razón, uno llegue a ser escéptico de ella, ¿no?, ya
que toda persona llega a ser escéptica de lo que conoce. Los poetas
respecto del lenguaje, por ejemplo: son fácilmente escépticos del
lenguaje, precisamente porque lo manejan y porque conocen sus límites.
Creo que Goethe dijo: \"A mí, que me ha tocado la peor
materia\", que era el idioma alemán _cosa que creo que es un error
de él_ pero, en fin, él, que tenía que lidiar con el alemán, sabía
sus límites. Bueno, y si no es inmodesto decirlo... yo, en fin, mi
destino es la lengua castellana y por eso soy muy sensible a sus
obstáculos y a sus torpezas; precisamente porque tengo que manejarla. En
carnbio, en el caso de otros idiomas, los recibo, simplemente. Pero los
recibo con gratitud, yo trato de recibir con gratitud todas las cosas, y
no advierto sus defectos. Pero, posiblemente, si mi destino hubiera sido
otro idioma, yo me daría cuenta, bueno, de las deficiencias o de las
incapacidades de ese idioma. _Es curioso: usted habla últimamente cada
vez más de la aceptación y la gratitud. _... Es que yo creo, como
Chesterton, que uno debería agradecer todo. Ya el hecho, Chesterton dijo,
que el hecho, bueno, de estar sobre la Tierra, de estar de pie sobre la
Tierra, de ver el cielo, bueno, de haber estado enamorado, son como dones
que uno no puede cesar de agadecer. Y yo trato de sentir eso, y he tratado
de sentir, por ejemplo, que mi ceguera no es sólo una desventura, aunque
ciertamente lo es, sino que también me permite, bueno, me da más tiempo
para la soledad, para el pensamiento, para la invención de fábulas, para
la fabricación de poesías. Es decir, que todo eso es un bien, ¿no?
Recuerdo aquello de aquel griego, Demócrito, que se arrancó los ojos en
un jardín para que no le estorbara la contemplación del mundo externo.
Bueno, en un poema yo dije: \"El tiempo ha sido mi Demócrito\".
Es verdad, yo ahora estoy ciego, pero quizás el estar ciego no sea
solamente una tristeza. Aunque me basta pensar en los libros, que están
tan cerca y que están tan lejos de mí, para, bueno, para querer ver. Y
hasta llego a pensar que si yo recobrara mi vista, yo no saldría de esta
casa y me pondría a leer todos los libros que tengo aquí, y que apenas
conozco, aunque los conozco por la memoria, que modifica las cosas. _Es un
diálogo que tuvimos recientemente, yo le dije que últimamente usted se
alejaba de Platón, pero ahora veo que está más cerca que nunca del
Platón místico que mencioné antes. _Y, quizás alejarse de Platón sea
peligroso. Y de Aristóteles también, ¿no?, ¿por qué no aceptar a los
dos?; son dos bienhechores |