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Literatura Orígenes de la Lengua Española Sergio Zamora |
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Incógnita en la información de la lengua española Orígenes primeros
Culturas que influyeron en la conformación de la
lengua española Aunque los restos de la civilización tartesia fueron descubiertos en 1922-1923, en las marismas de la actual desembocadura del Guadalquivir, pero Tartesos estuvo en una isla del delta que entonces formaba el río. En la época del rey Salomón (1000 años antes de Cristo) se la cita como ciudad populosa y rica. Su principal riqueza parece que fueron los minerales -oro, plata, cobre y plomo-, y de allí el nombre de Argentonio rey de la plata, 'que llevó uno de sus reyes. Los tartesios llegaron a Bretaña en busca de estaño, necesario para fabricar bronce.
Otra ciudad importante nacida a merced de los fenicios fue Málaga (Málaka:
factoría, fábrica). Los fócesos. Los cartagineses. Cuando los asirios tomaron Tiro, la hegemonía de ésta pasó a Cartago. Desde entonces esa ciudad, fundada después de Gádir, creció en importancia, quizá porque no siguió la costumbre fenicia de establecer factorías. Cartago colonizó, respetando la autonomía de los dominados, exigiéndoles sólo tributos de hombres y dinero. Así muchos nativos de la península ibérica combatieron contra los enemigos de Cartago. El afán de monopolizar el comercio de los minerales llevó a los cartagineses a conquistar las grandes islas del Mediterráneo y a destruir Tartesos, como habían destruido antes otras ciudades rivales. Toda Andalucía quedó entonces bajo su poder y dominaron también las explotaciones minerales de la actual Gran Bretaña. La expansión comercial cartaginesa era despiadada y unió a los íberos y marselleses contra Cartago. Hacia el año 300 a.C. como consecuencia, Cartago perdió Andalucía que había reconquistado Amílcar en el año 240 a.C. Para esta fecha una nueva y pujante ciudad había crecido militar y económicamente, junto a los etruscos, a los que absorbió. Esa ciudad, ya más que una ciudad, por su territorio y su poder, era Roma. El choque de ambos estados era inevitable. Las culturas fenicia y griega, propiciaron el desarrollo del arte ibérico, tanto en numismática como en escultura. La famosa Dama de Elche ha quedado como muestra del aculturamiento griego por parte de los iberos.
Los toponímicos de origen céltico son muchos. Casi todos ellos tienen
nombres guerreros. Entran como elementos informativos de las palabras, las
voces: "briga", que significa fortaleza, y "sego" o "segi" que indican
victoria, por ejemplo: "Conimbriga": Coimbra, "Lacobriga": Carrión, "Seguvia":
Segovia. La palabra "dunum", es sinónimo de "briga"; aquel elemento
también entró en la formación de toponimias. Dichos lugares se encuentran
localizados tanto en la región central como en la oriental de los
Pirineos, por ejemplo: "Navardúm": Zaragoza, "Salardú": Lérida. Carencia de unidad lingüistica prerromana No se puede hablar de una unidad lingüistica en la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Los alfabetos ibéricos y taresio sirvieron cada uno para diversas lenguas. Los grupos colonizadores conservaron y extendieron cada uno su propia lengua: griegos, fenicios, cartaginese, celtas, etc. Además de los idiomas mencionados hay que agregar el vascuense.
El vascuense, desde su origen hasta el siglo X, fue una lengua que se transmitió por tradición oral. Textos más o menos amplios aparecen hasta el siglo XVI, pero sin llegar a tener la calidad de lengua culta. En nuestros días mantiene su primaria estructura gramatical, pero se ha visto sometida a la influencia del latín y de las lenguas romances. El vascuense ha dado lugar a muchos dialectos. Son de origen vasco
numerosos toponímicos localizados principalmente a lo largo de los
Pirineos. Para la composición de muchas palabras entraron en función los
sufijos éuscaros (vascos): "berri": nuevo, "gorri": rojo, "erri":quemado.
Los romanos Los romanos emprenden la conquista de Hispania en el año 206 A.C. Antes, en el 218 A.C., los Escipciones habían desembarcado en Ampurias. La pacificación fue completa hasta el año 19 A.C., cuando Augustosometió definitivamente a los cántabros y astures. Así, Roma, al conquistar nuevas tierras, acababa con las pugnas entre tribus, pueblos y ciudades, imponiendo su cultura, que traía el concepto de la ley y la ciudadanía. Los romanos eran maestros en administración y derecho. Debemos recordar que el Derecho Romano sentó las bases de las legislaciones occidentales. Tampoco debemos olvidar que construyeron admirablemente calzadas, puertos, puentes y acueductos que aún están en pie. De hecho, los romanos transformaron completamente el modo de vida de los habitantes de Hispania, llevando a dicho pueblo no sólo las formas de vida latinas, sino la cultura griega, que ellos habían adquerido cuando conquistaron la región helvética. Muy pronto empezaron a levantar ciudades latinas en la península ibérica; en 206 A.C. fundaron Itálica. Se extendieron rápidamente por diversas regiones del país colonizado. Ya en el año 90 A.C., nativos de Salduia (Zaragoza) luchaban como hermanos al lado de los romanos en la guerra social de Italia. El Latín El latín lengua oficial de los romanos, se impuso rapidamente como intrumento de comunicación en todo el Imperio Romano. Los toponímicos indican que también hubo mezcla de elementos romanos con celtas y vascos. Por ejemplo "Gracchurris" (Alfaro) se formó del nombre de sus fundador Tiberio Sempronio Graco y de la palabra vasca "urris". Elementos romanos y celtas se combinaron para formar: Caesarbriga (Talavera) y Juliobriga (cerca de Reinosa) y Augustobriga (Ciudad Rodrigo). El latín, idioma claro y preciso, enérgico, práctico y ordenador, adquirió gracia cuando tuvo contacto con la lengua griega, Hispania fue testigo del florecimiento de la literatura latina que imitó, haciendolos suyos, los modelos de los grandes maestros griegos. De esta manera, muchas palabras de origen griego, han pasado a nuestro idioma en este periodo por medio de la imposición del latín. Por ejemplo: "philosophia" : filifosofía, "poesis" : poesía, "mathematica" : matemática, "chorus" : coro, etc.
El latín pertenece a las llamadas lenguas itálicas que se hablaron antes de Cristo en la península del mismo nombre. A su vez, dichas lenguas itálicas pertenecían al indoeuropeo, originario de casi todas las lenguas que se hablan en Europa. Además de latín son indoeuropeas: las lenguas célticas (que se hablaron en Hispania y hoy en Bretaña) y en la Gran Bretaña (irlandés, galés, esocés); las lenguas germánicas (el desaparecido gótico, los modernos alemán, inglés, holandés); las lenguas eslavas (ruso, polaco, checo, búlgaro y serbocroata), la lenguas escandinavas y también el griego y el albanés. Las lenguas que se hablan y hablaron en Europa que no pertenecen a la familia indoeuropea, son: el etrusco (desaparecedo), el finlandés, el lapón, el estoniano, el húngaro y el vascuence, fuera de Europa, pertenecen al tronco indoeuropeo el grupo de lenguas indias y el persa. De lo que se concluye que gran parte del mundo actual tiene uno mismo antepasado lingüístico.
En la actualidad el latín convertido en lenguas romances, sobrevive con diversas modalidades en España, Francia, Portugal, Italia, Bélgica, Suiza, Rumanía, Hispanoamérica, sur de Estado Unidos, Filipinas y en otros muchos lugares del orbe, a donde fue llevado por los conquistadores españoles, portugueses y franceses, así como por los judíos sefardíes que fueron arrojados de España.
La dominación romana terminó en el siglo V d.C., cuando desmembró el imperio. En nuestros días lo que se conserva de las lenguas prerromanas son unos cuantos sufijos: -arro, -orro, -urro: nuharro, machorro, baturro, -asco: peñasco. Se presume que los sufijos -az, -ez, -oz, que abundan en la toponimia peninsuular española, también pertenecen al período estudiado. En el mismo caso está la "-z" terminal de los apellidos. Al caer el imperio Romano, y debido a las invasiones que sufrió Hispania, se dificultaron notoriamente las comunicaciones entre Roma y todo el territorio que había conquistado. En tal virtud, la cultura romana se resintió extraordinariamente . Este hecho permitió que el latín vulgar, impuesto por los romanos, al dejar éstos de presionar su cultura, evolucionara con la mezcla de otras lenguas de grupos humanos que fueron invadiendo la Península Ibérica después de los romanos: visigodos, árabes, franceses, etc., hasta la consolidación del castellano como lengua oficial, por el rey Alfonso X, en el siglo XIII. Así pues, fueron dos -ya asentados- los motivos que ayudaron al latín vulgar para que fuera evolucionando hasta convertirse en cada región en lenguas románicas: el aislamiento de Roma y la contínua depresión de la cultura impuesta por los antiguos conquistadores. Cada región fue agregando al latín vulgar que hablaban, formas de pronunciación de sus dialectos primitivos, así como vocabulario de las lenguas prerromanas; además fueron introduciendo palabras y usos lingüísticos de los subsecuentes invasores y colonizadores. Los germanos
El romance que se hablabla en Hispania (aproximadamente lo que hoy es España) al terminar la época visigoda presentaba rasgos muy primitivos. Sin embargo, ya el latín hablado podía considerarse como un dialecto del latín general. Los árabes En el año 711 d.C. los árabes invadieron España; toda la península cae en manos de los musulmanes. Sólo en las montañas del norte quedan pequeños grupos humanos resistiendo. Los árabes, sirios y berberiscos, invasores, no traen mujeres, así que toman como esposas a las hispanogodas. Establecen su capital en Córdoba, que pronto se convierte en el centro de una esplendorosa civilización islámica. En el año 950, dos terceras partes de la Península Ibérica están en poder de los árabes. Florecen la agricultura, la industria y el comercio. En todo el territorio conquistado: el ANDALUZ, se habla el árabe; sin embargo, los hispanogodos conquistados hablan su "lengua rústica". A estos habitantes del Andaluz se les llamó Mozarabes así como a su lengua, las famosas Jarchas son los primeros exponentes literarios en esta lengua.
Durante los siglos IX, X y XI, el Romance siguió su evolución. Existen documentos notariales que así lo atestiguan, dichos documentos emplean el latín, pero insertan palabras y construcciones romances. En las glosas emilianense y en las glosas silenses (más adelante en esta misma página, hago mayor referencia a estas glosas) aparece ya conscientemente usada la lengua romance. Están escritas en dialecto Navarro-Aragonés. Los franceses En el siglo XI, Sancho el Mayor abre una nueva vía a la peregrinación a Santiago de Campostela. A partir de entonces acuden devotos de otros lugares fuera de España. Los "francos" acuden abundantemente. Establecen ciudades a lo largo de dicho camino. Como consecuencia de ello, palabras de origen francés empiezan a introducirse en el romance hispano. Algunos de esos vocablos son: homenaje, mensaje, vergel, pitanza, fraile, mesón, manjar, vianda, vinagre, etc. La Reconquista que había comenzado desde el principio de la dominación árabe se dirige hacia el sur. Los cristianos toman Toledo en 1085 y Zaragoza en 1118. Pero los mozárabes ya están muy aculturados con la civilización árabe; conservan sus creencias y hasta su lengua. En el siglo XIl, el arzobispo don Raimundo funda la Escuela de traductores y un siglo después, el Rey Alfonso X acoge en su corte a sabios judíos que dominan la cultura árabe. La filosofía griega es conocida por medio de los pensadores musulmanes Averroes y Avempace. Conforme va avanzando la reconquista, los cristianos van imponiendo los romances del norte: Gallego-Portugés, Astur-Leonés, Castellano, Navarro-Aragonés y Catalán. No todos estos dialectos tuvieron la misma suerte; unos se impusieron más pronto que otros; en el sur fue más difícil, debido a que el sustrato árabe era muy fuerte. El español como lengua En la formación del español cabe distinguir tres grandes periodos: el medieval, también denominado del castellano antiguo, fechado entre los siglos X al XV; el español moderno, que evolucionó desde el siglo XVI a finales del XVII, y el contemporáneo, desde la fundación de la Real Academia Española hasta nuestros días. El castellano medieval El nombre de la lengua procede de la tierra de castillos que la configuró, Castilla, y antes del siglo X no puede hablarse de ella. Por entonces existían cuatro grandes dominios lingüísticos en la Península que pueden fijarse por el comportamiento de la vocal breve y tónica latina o en sílaba interior de palabra como la o de portam que diptongó en ué en el castellano, puerta, y vaciló entre ue, uo y ua en el leonés y aragonés (puorta) y mozárabe (puarta). En términos generales, se mantuvo la o del latín (porta) en la lengua del extremo occidental, el galaico-portugués -del que surgiría el gallego y el portugués-, y en el catalán del extremo oriental, que ejercería su influencia posterior por las tierras mediterráneas, fruto de la expansión política. El castellano fue tan innovador en la evolución del latín como lo fueron los habitantes de Castilla en lo político. A esta época pertenecen las Glosas Silenses y las Emilianenses, del siglo X, que son anotaciones en romance a los textos en latín: contienen palabras y construcciones que no se entendían ya.
Distinguía entre una -s- sonora intervocálica, que en la escritura se representaba por s, como en casa, y una s sorda, que podía estar en posición inicial de palabra como silla, o en posición interna en el grupo -ns-, como en pensar o en posición intervocálica que se escribía -ss- como en viniesse. Las letras ç y z equivalían a los sonidos africados (equivalente a ts, si era sordo, y a ds, si era sonoro), como en plaça y facer. La letra x respondía a un sonido palatal fricativo sordo, como la actual ch del francés o la s final del portugués y también existía correspondiente sonoro, que se escribía mediante j o g ante e, i: así dixo, coger, o hijo. Distinguía entre una bilabial oclusiva sonora -b-, que procedía de la -p- intervocálica del latín o b de la inicial sonora del latín (y que es la que hoy se conserva), y la fricativa sonora, que procedía de la v del latín, cuyo sonido se mantiene hoy en Levante y algunos países americanos. Desde el punto de vista gramatical ya habían desaparecido las declinaciones del latín y eran las preposiciones las que señalaban la función de las palabras en la oración. El verbo haber todavía tenía el significado posesivo tener, como en había dos fijos y se empleaba para tener y para formar las perífrasis verbales de obligación que originarían a partir del siglo XIV los tiempos compuestos; por eso, entre la forma del verbo haber y el infinitivo siguiente era posible interponer otro material léxico, hoy impensable, como en "Enrique vuestro hermano habia vos de matar por las sus manos". Los adjetivos posesivos iban precedidos de artículo; así se decía los sus ojos alza. El español del siglo XII ya era la lengua de los documentos notariales y de la Biblia que mandó traducir Alfonso X; uno de los manuscritos del siglo XIII se conserva en la biblioteca de El Escorial. Gracias al Camino de Santiago entraron en la lengua los primeros galicismos, escasos en número, y que se propagaron por la acción de los trovadores, de la poesía cortesana y la provenzal. El castellano moderno La publicación de la primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en 1492, fecha del descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes Católicos, establece la fecha inicial de la segunda gran etapa de conformación y consolidación del idioma. A esta época pertenecen el cambio de las consonantes que altera y consolida definitivamente el sistema fonológico del español. Desaparece la aspiración de la h, cosa que testimonia la versificación. Se funden en un único fonema la s sonora y sorda, prevaleciendo el valor sordo. Las consonantes ç y z pasan a ser el fonema fricativo (con pronunciación equivalente a ts) que se escribirá ç durante el siglo XVI y pasará a tener el valor de la z (con su pronunciación actual) en el siglo siguiente, con lo que de esta manera se resolvió la vacilación ortográfica c, ç, z. Las variaciones fonéticas que representaban x, g, j, se solucionaron también en favor del sonido velar fricativo sordo que en el XVII pasa a tener la pronunciación y grafía actuales de g y de j. Desapareció asimismo la distinción -b-, -v- que se neutralizó en -b- durante el siglo XVI. En la morfología aparecieron los tiempos compuestos de los verbos, y se convierte en auxiliar el verbo haber. En la sintaxis el orden de los elementos de la oración se hace más rígido, y se anteponen los pronombres átonos a infinitivos y gerundios. Desde el punto de vista del léxico adquirió una gran cantidad de neologismos, pues a estos momentos correspondió la expansión de Castilla y, por lo tanto, el contacto con otras culturas. Consiguió consolidarse como lengua dominante frente a otros dialectos peninsulares al llevarse a cabo la unidad política de Castilla y Aragón y ser el castellano la lengua de los documentos legales, de la política exterior y la que llegó a América de la mano de la gran empresa realizada por la Corona de Castilla, ya fijada en la gramática normativa de Nebrija. A partir de los primeros momentos del siglo XVI se prefirió la denominación de española para la lengua del nuevo imperio, y la preocupación de los intelectuales del momento se refleja en la enorme tarea de sistematizarla, analizarla y divulgarla. Lo demuestran la publicación del gran Diccionario de Alcalá, obra de la Universidad Complutense creada por Cisneros; la aparición de la Minerva de Francisco de las Brozas, conocido por El Brocense, que es una gramática normativa y descriptiva más moderna que la realizada por el grupo francés de Port Royal, y, a principios del siglo XVII, la publicación del Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Sebastián de Covarrubias, primer diccionario de la lengua, que contiene cuanta información histórica y sincrónica había disponible en el momento de su publicación. En Francia, Italia e Inglaterra se editaban gramáticas y diccionarios para aprender español, que fue la lengua diplomática hasta la primera mitad del sigloXVIII. En esta etapa de la lengua se llegó al esplendor literario que representan los autores del siglo de oro. El léxico incorpora palabras originarias de tantas lenguas como contactos políticos tenía el imperio.
Los pronombres átonos ya no se combinaban con las formas de participio y, gracias a la variación morfológica, los elementos de la oración se pueden ordenar de formas muy diversas con una gran variedad de los estilos literarios, desde la mayor violación sintáctica que representan el barroco del siglo XVII, los poetas de la generación del 27 y el lenguaje publicitario, hasta la imitación de los cánones clásicos, también violentadores del orden del español, que incorporaron los neoclásicos o los primeros renacentistas. Coincidiendo con otro momento de esplendor literario, el primer tercio del siglo XX, aparecieron las nuevas modificaciones gramaticales que aún hoy están en proceso de asentamiento. De ellas cabe citar: la reducción del paradigma verbal en sus formas compuestas de indicativo y subjuntivo, la sustitución de los futuros por perífrasis verbales del tipo tengo que ir por iré, la práctica desaparición del subjuntivo, la reduplicación de los pronombres átonos en muchas estructuras oracionales y con verbos de significación pasiva, que están desarrollando una conjugación en voz media como en le debo dinero a María; la posposición casi sistemática de los calificativos, la reducción de los relativos, prácticamente limitados a que y quien en la lengua hablada. Junto a ello, la irrupción continua de neologismos, que nombran innovaciones técnicas y avances científicos, tiene dos momentos: los anteriores a la mitad del presente siglo, que contienen raíces clásicas como termómetro, televisión, átomo, neurovegetativo, psicoanálisis o morfema, y los neologismos apenas castellanizados, siglas y calcos del inglés y fruto de la difusión que de ellos hacen las revistas especializadas, la publicidad o la prensa, como filmar, radar, módem, casete, anticongelante, compacto, PC, o spot |
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