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"De Cien años de soledad
se han escrito toneladas de papeles, se han dicho cosas tontas,
cosas importantes, cosas trascendentales, pero nadie ha tocado el
punto que a mí más me interesaba al escribir el libro, que es la
idea de que la soledad es lo contrario de la solidaridad y que yo
creo que es la esencia del libro. Eso explica la frustración de los
Buendía, la frustración de Macondo. Y yo creo que aquí hay un
concepto político: la soledad considerada como negación de la
solidaridad es un concepto político y es un concepto político
importante. Y nadie lo ha visto o por lo menos nadie lo ha dicho. La
frustración de los Buendía proviene de su soledad o sea de su
falta de solidaridad, la frustración de Macondo viene de ahí y la
frustración de todo, de todo, de todo." [ 1
]
La soledad es un lugar común en la
vida contemporánea. El ciudadano que transita entre la muchedumbre
sin conocer a nadie, el funcionario que trabaja durante años sin
conectarse profundamente con sus compañeros, las personas que viven
y mueren solas en ciudades y hospitales atiborrados de semejantes
indiferentes [ 2
] ; todos viven soledades conmovedoras que, sin embargo, no llegan a
sospechar sus fundamentos: que la soledad es un producto de
relaciones humanas que niegan la articulación productiva que crea y
mantiene a los grupos humanos vivos sobre la tierra. Porque la vida
del hombre no es individual (solitaria) salvo como una ilusión,
producto del ocultamiento de sus condiciones de existencia. Los
seres humanos sólo son tales si algún grupo humano les ha enseñado
el lenguaje, cultiva sus alimentos y permite su especialización.
En ese sentido es que se propone
una lectura de Macondo como la imagen metafórica [ 3
] de la frustración del camino que conduce a la solidaridad, del
avance cotidiano hacia la fundación de la comunidad que considere
nuestros requerimientos reales superando las ideologías de los
humanos desechables, que deben ser eliminados para que unos pocos
alcancen las delicias de la "modernidad". [ 4
]
Los dos grandes temas de ]Cien años
de soledad, son -siguiendo a su título, el tiempo y la soledad.
Sin embargo, ellos no pueden ser leídos por aparte, ya que es
precisamente la presencia de la soledad -como un fenómeno
superable, como alienación [ 5
] - aquello que aisla al sujeto con respecto a la conciencia del
tiempo, es decir, el transcurso histórico, como progreso colectivo.
Por eso, el análisis que se inicia sobre la soledad necesariamente
irá remitiendo al tiempo, en su carácter de historia.
La descripción de la soledad y sus
intentos de superación -frustrados- es una de las vertientes de análisis
que permiten explicar esta novela.
Esta aproximación temática se
inicia con la presentación del árbol genealógico de la familia
Buendía, que se irá explicando en el transcurso del análisis,
pero que permite iniciar la lectura con este esquema que resume la
reiteración de los nombres en las distintas generaciones y la
presencia permanente del incesto como anhelo detrás de la mayor
parte de los grandes amores de esta familia.
Los padres fundadores, José
Arcadio y Ursula, viven un matrimonio que retarda su culminación
porque ella lo considera incestuoso; los dos hijos varones: José
Arcadio hijo y Aureliano, manifiestan en el relato el deseo sexual
hacia su madre; la hija, Amaranta, es acusada por uno de sus
pretendientes de rechazarlo por estar enamorada de su hermano
Aureliano; los nietos: Arcadio desea acostarse con Pilar Ternera,
sin saber que es su madre y ella lo evita con la participación de
Santa Sofía de la Piedad. Aureliano José desea acostarse con su tía
Amaranta y lo señala como una de las razones por las que va a la
guerra (p. 132). [ 6
] En la siguiente generación, el incesto pierde importancia hasta
encontrar su culminación en la
relación del último Aureliano con
su tía Amaranta Ursula I LA SOLEDAD
En la novela, la soledad es
hereditaria, se sufre como una maldición que no puede ser superada:
el coronel Aureliano Buendía nace con un aire solitario que lo
acompañará toda su vida: "La adolescencia le había quitado
la dulzura de la voz y lo había vuelto silencioso y definitivamente
solitario." Volvió de la guerra "más solitario que
nunca" (p.111); y mientras se moría: "le vió otra vez la
cara a su soledad miserable". (229) Los diecisiete Aurelianos
se distinguen por la soledad: "...llevaron niños de todas las
edades, de todos los colores, pero todos varones, y todos con un
aire de soledad que no permitía poner en duda su parentesco."
(p. 133) (p. 178) Los gemelos se diferenciaron en todo, pero
"lo único que conservaron en común fue el aire solitario de
la familia." (p. 160) "Meme no revelaba todavía el sino
solitario de la familia." (p. 223) Lo mismo sucede con
Aureliano Babilonia: "...muy pronto se vio que era un legítimo
Aureliano Buendía, con sus pómulos altos, su mirada de asombro y
su aire solitario" (p. 269); por eso lo identificó Pilar
Ternera: "...marcado para siempre y desde el principio del
mundo por la viruela de la soledad." (p. 333) En fin, las
personas nacen solas, traen la soledad impresa en forma indeleble y
están predestinados a sufrir su aislamiento como una enfermedad
incurable.
No existen formas -en la novela- de
superar esta soledad en el contacto familiar de comprensión y
ayuda, por el contrario, cada vez que algún personaje tiene un
problema, se encierra más aún en su aislamiento: José Arcadio
ante su no deseada paternidad: "Ansioso de soledad, mordido por
un virulento rencor ante el mundo..." (p. 34).
La soledad aparece como un refugio
para José Arcadio Segundo: "... lo único que perturbaba su
soledad eran las entradas y salidas de Santa Sofía de la
Piedad..." (p. 265). O como un espacio neutro en el que no hay
tristezas, pero tampoco alegrías: "Remedios la bella se quedó
vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas..."
(p. 204) "Se hubiera dicho que (Amaranta) bordaba durante el día,
y desbordaba en la noche, y no con la esperanza de derrotar en esa
forma la soledad, sino todo lo contrario, para sustentarla."
(p. 222).
Incluso en los momentos en que la
convivencia es muy cercana se mantiene el aislamiento: "Aun en
esas circunstancias, Aureliano y Fernanda no compartieron la
soledad, sino que siguieron viviendo cada uno en la suya." (p.
305).
Es decir, el contacto humano
-personal o social- es inútil: las personas están distanciadas por
la incomprensión, el olvido, o la negación de su existencia: José
Arcadio Buendía "... adquirió el hábito de hablar a solas,
paseándose por la casa sin hacer caso de nadie, mientras Ursula y
los niños se partían el espinazo en la huerta."(p. 11) Ante
los 17 Aurelianos, en lugar de afecto o preocupación, el coronel
"... se sintió disperso, repetido y más solitario que
nunca." (p. 146) "... se encerró con tranca dentro de sí
mismo y la familia terminó por pensar en él como si se hubiera
muerto."(p. 226). El pueblo que olvida su propia historia,
después de la masacre de los obreros bananeros en huelga: "La
versión oficial, mil veces repetida y machacada en todo el país
por cuanto medio de divulgación encontró el gobierno a su alcance,
terminó por imponerse: no hubo muertos, los trabajadores
satisfechos habían vuelto con sus familias." (p. 263).
La soledad también se manifiesta
como negación al contacto sexual por distintos temores más o menos
justificados: "Las quemaduras (de la bisabuela de Ursula) la
dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida."
(p. 24). "Temiendo que el corpulento y voluntarioso marido la
violara dormida, Ursula se ponía antes de acostarse un pantalón
rudimentario que su madre le fabricó con lona de velero..."
(p. 25). Tanto Amaranta como Rebeca escogen la soledad para evadir
la entrega de sí mismas hacia otra persona. A pesar de que Rebeca
estuvo casada, de pronto, esa entrega se le hace intolerable y
(suponemos) ella misma mata a su marido. Por su parte Amaranta :
"... esperó a que Pietro Crespi no soportara más las
urgencias de su corazón... (y le dijo) "No seas ingenuo,
Crespi, ni muerta me casaré contigo." (p. 98). "Fernanda
llevaba un precioso calendario con llavecitas doradas en el que su
director espiritual había marcado con tinta morada las fechas de
abstinencia venérea... su anuario útil quedaba reducido a 42 días..."
(p. 181) "... se había puesto un camisón blanco, largo hasta
los tobillos y con mangas hasta los puños, y con un ojal grande y
redondo primorosamente ribeteado a la altura del vientre." (p.
182) Y también como rechazo a la relación con personas externas a
la familia Buendía (principalmente por Amaranta, Ursula y
Fernanda), de esta manera, el único contacto deseado es incestuoso,
el cual no puede menos que ser rechazado. Para Aureliano José el
incesto aparece como uno de los motivos por los cuales va a luchar:
"estamos haciendo esta guerra contra los curas para que uno se
pueda casar (no sólo con su tía, sino que) con su propia
madre." (p. 132).
La superación de la soledad en el
contacto del amor no existe como una realidad entre ninguna de las
parejas: en primer lugar porque el placer sexual se describe como
una culminación de la soledad: "... sintiendo que no podía
resistir más el rumor glacial de sus riñones y el aire de sus
tripas, y el miedo, y el ansia atolondrada de huir y al mismo tiempo
de quedarse para siempre en aquel silencio exasperado y aquella
soledad espantosa." (p. 31)
Pero, fundamentalmente, el amor no
supera la soledad porque las razones para la unión siempre están
viciadas por el desprecio, la manipulación y la violencia: Entre
José Arcadio y Ursula la relación se funda en "trescientos años
de casualidades", en "un común remordimiento de
conciencia" y el matrimonio se consuma bajo la amenaza de la
muerte de Prudencio Aguilar. Aureliano envilece sus buenas
intenciones con Eréndira al planear: "... casarse con ella
para liberarla del despotismo de su abuela y disfrutar todas las
noches de la satisfacción que ella daba a sesenta hombres."
(p. 52). Sólo Amaranta Ursula y Aureliano Babilonia se acercan a
una relación vinculada con el amor, en el sentido de que no oculta
deseos de sacar provecho, de rebeldía, de humillación o de
demostración de poder. Pero su amor tampoco supera la relación
puramente pasional, es decir, no posee componentes de ternura, de
comunicación, ni mucho menos de compromiso en el progreso del otro.
(p. 342)
Los amores reales son raros,
inoportunos, secretos y no correspondidos. El único amor hecho de
comprensión y progreso mutuo es el de los últimos años de Petra
Cotes y Aureliano Segundo: "el sentimiento de solidaridad que
en ambos había despertado la miseria", (p. 286) "...
tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla... locamente
enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban
con el milagro de quererse tanto..." (p. 288). Y,
paradojalmente, el hijo de Amaranta Ursula con Aureliano Babilonia,
el "único en un siglo que había sido engendrado con
amor" (p. 346), no es un ser humano
II EL ENCIERRO La segunda forma de soledad se
refiere a la actividad humana relacionada con el progreso científico,
tecnológico o literario que se realiza en condiciones de
aislamiento de la realidad (histórica y social) tanto como de los
otros seres humanos.
La mayor parte de los proceso de
conocimiento en la novela se realizan en lugares cerrados: José
Arcadio Buendía se encerró en un cuartito "para que nadie
perturbara sus experimentos". (p. 11) "Desde que (el
coronel) decidió no venderlos, seguía fabricando dos pescaditos al
día y cuando completaba veinticinco volvía a fundirlos en el
crisol para empezar a hacerlos de nuevo." (p. 227)
El encierro también se relaciona
con la protección ante el peligro real o imaginario: "... le
construyó a su mujer un dormitorio sin ventanas para que no
tuvieran por donde entrar los piratas de sus pesadillas." (p.
24) O la automutilación de Rebeca [ 7
] , tan parecida a la de Amaranta y de Fernanda: "Tan pronto
como sacaron el cadáver, Rebeca cerró las puertas de su casa y se
encerró en vida, cubierta con una gruesa costra de desdén que
ninguna tentación terrenal consiguió romper..." Amaranta lloró
su soledad hasta la muerte antes de rechazar por última vez a
Gerineldo Márquez. (p. 143) Llevada por su pasión claustral,
Fernanda "no sólo se negó a abrir las puertas cuando pasó el
viento árido, sino que que hizo clausurar las ventanas con crucetas
de madera, obedeciendo a la consigna paterna de enterrarse en
vida." (p. 294)
También el encierro sirve para
dejar establecida la superioridad social: entre las amigas de Meme
había tres jóvenes norteamericanas que: "rompieron el cerco
del gallinero electrico y establecieron amistad con muchachas de
Macondo." (p. 234) Cuando Fernanda descubre a su hija besándose
en el cine con un hombre desconocido, la encierra en su dormitorio
sin preguntarle nada. (p. 242) Mantuvo al niño escondido como si no
hubiera existido nunca. Lo encerró en el antiguo taller del coronel
para eliminar todo vestigio del oprobio. (p. 249) Encerró a Meme en
un convento. (p. 251) Se negó a permitir que Aureliano Babilonia
abandonara el cuarto para ir a la escuela. (p. 289)
El lugar cerrado por excelencia es
el cuarto de Melquíades, el cual se relaciona con el destino
cifrado de la familia. Este cuarto posee la virtud de recibir la
visita fantasmal de su dueño cada vez que alguno de los miembros de
la familia se interesa por interpretar los manuscritos. Además, en
este espacio la vida no transcurre, prueba de lo cual es que las
cosas no se ensucian, hasta el momento en que el fantasma se
desvanece definitivamente porque ya Aureliano Babilonia ha iniciado
el proceso de la traducción, debido a que él le ha dejado sus
instrucciones -explícitas ahora- cuando ya se han cumplido los 100
años. Sólo dos militares (el coronel y el oficial que persigue a
los dirigentes sindicales) no pueden ver el cuarto limpio, porque
para ellos sólo la suciedad y el deterioro naturales son visibles:
"Con la nueva casa Ursula le hizo construir un cuarto especial
a Melquíades." (p. 69) "Nadie había vuelto a entrar al
cuarto desde que sacaron el cadáver de Melquíades... pero cuando
Aureliano Segundo abrió las ventanas entró una luz familiar que
parecía acostumbrada a iluminar el cuarto todos los días... A
pesar del encierro de muchos años, el aire parecía más puro que
en el resto de la casa." (p. 160) "El coronel abrió el
cuarto de Melquíades y sólo encontró los escombros ... acumulados
por tantos años de abandono." (p. 209) "En el cuarto
apartado adonde nunca llegó el viento árido, ni el polvo, ni el
calor, ambos (José Arcadio Segundo y Aureliano Babilonia)
recordaban la visión atávica de un anciano con sombrero de alas de
cuervo que ]hablaba del mundo a espaldas de la ventana
(subrayado GC-VS, 1984), muchos años antes de que ellos
nacieran." (p. 296) Aureliano Babilonia "no abandonó en
mucho tiempo el cuarto de Melquíades... llegó a la adolescencia
sin saber nada de su tiempo, pero con los conocimientos básicos del
hombre medieval. "(p. 301) "Siguió encerrado, absorto en
los pergaminos que iba desentrañando, y cuyo sentido, sin embargo,
no lograba interpretar." (p. 316) Aureliano, encerrado en su
cuarto, no se dio cuenta cuando los niños mataron y robaron a José
Arcadio. (p. 317) Una vez que descubrió la clave de Melquíades
"volvió a clavar las puertas y las ventanas con las crucetas
de Fernanda, porque entonces sabía que en los pergaminos de Melquíades
estaba escrito su destino. " (p. 349) "... comprendió
(entonces) que no saldría jamás de ese cuarto." (p. 351)
III EL LENGUAJE En sus aspectos coloquial o
literario, el lenguaje tiene en Cien años de soledad, una
función general de aislamiento más que de comunicación.
Con respecto al uso de idiomas
ajenos:
Amaranta y Arcadio aprenden el
idioma de los indios debido a que sus padres están demasiado
ocupados para hablar con ellos: "Fue así como Arcadio y
Amaranta hablaron la lengua guajira antes que el castellano... sin
que Ursula se diera cuenta, porque estaba demasiado ocupada en un
prometedor negocio de animalitos de caramelo." (p. 39)
José Arcadio Buendía pierde -con
la locura- el idioma materno que comparte con sus familiares y se
incomunica en un idioma que ya no habla ningún pueblo en su vida
cotidiana: el latín.
La literatura -también- tiene en
la novela un valor ambiguo, de incomunicación, que asume un carácter
indefinido entre la veneración, la desconfianza y la mercantilización:
(A Aureliano) "No se le había ocurrido pensar hasta entonces
que la literatura fuera el mejor jueguete que se había inventado
para burlarse de la gente, como lo demostró Alvaro en una noche de
parranda". (p. 327) Luego, cuando Alfonso perdió uno de sus
manuscritos en la casa de las muchachitas que se acostaban por
hambre, el sabio catalán dijo que "aquel era el destino
natural de la literatura." Pero el mismo sabio señala que la
literatura merece un trato privilegiado: "El mundo habrá
acabado de joderse el día que los hombres viajen en primera clase y
la literatura en el vagón de carga.
La versión -en la novela- de la
absoluta incapacidad de la literatura (como objeto sagrado y opaco)
para fundar la comunicación está en los Manuscritos de Melquíades,
escritos 'de espaldas a la ventana', en un idioma muerto y cifrados
de tal manera que su interpretación dura cien años: "...
concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos
coexistieran en un instante." (p. 350) Los manuscritos son la
profecía que no puede advertir los peligros ni antes ni después
que ocurran las desgracias, su lectura es simultánea con la
destrucción y tampoco sirve de advertencia porque "todo lo
escrito en ellos (los manuscritos) era irrepetible desde siempre y
para siempre." (p. 351)
En síntesis, la lectura de los
temas de la novela permite señalar hacia el aislamiento, la
improductividad, la frustración como la culminación de un proceso
inevitable.
El anhelo por conocer la realidad
está frustrado por el aislamiento de la improductividad: en Macondo
nadie trabaja para producir un progreso, salvo en la primera época
de igualdad, luego todo lo que es trabajo va aparejado a un proceso
mágico que así como llega, desaparece. El negocio de los
animalitos de caramelo produce un bienestar familiar, la ampliación
de la casa y la presencia desaforada de los forasteros (incluyendo
al primer gringo interesado en el banano); las rifas maravillosas de
Petra Cotes terminan en el derroche de fiestas y francachelas; la
llegada de la tecnología: ferrocarril, electricidad, compañía
bananera, no aporta nada, después del diluvio, la compañía
bananera desmantela sus instalaciones y Macondo queda peor que
antes, en tanto desencantado y despojado de sus riquezas. En Macondo
no hay industria propia (salvo la fábrica de hielo de Aureliano
Amador que culmina con la señalización en la frente, persecución
y muerte de todos los Aurelianos), es decir, no se acumula nada de
lo producido.
Por eso es que, cuando José
Arcadio Buendía, el orgulloso fundador enloquece, o quizá recién
entiende la realidad, percibe que todavía es lunes, porque se da
cuenta que nada ha cambiado, ni al día siguiente tampoco, es decir,
que no hay progreso IV LA METAFORA DE MACONDO
Macondo no es sólo el nombre de la
ciudad que fundan los Buendía, es una forma de relación entre las
personas, representa una doble metáfora de la alienación que
ocurre en la vida real, en tanto es una denuncia de la alienación
que se expresa en términos alienados, es decir, es un mensaje
literario que se invalida a sí mismo en su propia comunicación
colectiva. Macondo, por tanto, expresa una forma de relación
alienada de la realidad del sí mismo, de los demás, del progreso y
de todas las formas de comunicación productivas.
Un esquema general de la estructura
(en tanto forma-contenido) de la obra permite señalar que su
abigarrada secuencia de acciones puede ser sintetizada de la
siguiente manera: se trata de 8 espacios diferentes constituidos
sobre una matriz temporal, dos de ellos son previos a la fundación
de Macondo y por tanto, se encuentran en la vertiente de los hechos
históricos reales, según sus leyes y determinaciones; los 6
espacios que pueden señalarse en Macondo ocurren durante 100 años
y tienen un caracter especular, imaginario, aparente, en algunos de
los cuales se concentran las situaciones mágicas que tienen una
función intensificadora de una realidad rechazante. Durante estos
100 años la historia se ha detenido y el ser humano está sumido en
la alienación de sí mismo, de los demás y del progreso colectivo.
Por eso, la forma-contenido estructural tiende a ser circular y
culmina en un momento de simultaneidad que condensa 100 años en un
instante, después del cual se advierte que toda la existencia de
Macondo, como territorio virtual, era sólo un reflejo, una imagen
en un espejo que -si alguna vez existió- ha sido borrada de la
memoria de los hombres.
Los espacios pueden ser relatados
así: Riohacha
Esta población costera es asaltada
por el pirata británico Sir Francis Drake como la mayor parte de
los territorios coloniales españoles en el proceso de desgaste en
que el imperio británico saquea y acumula su nuevo dominio
capitalista. Sin embargo, los únicos efectos del imperialismo inglés
incipiente son -en la novela- las quemaduras que se causó la
bisabuela de Ursula Iguarán, quien "se asustó tanto con el
toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el
control de los nervios y se sentó en un fogón encendido." (p.
24)
De la brutalidad del saqueo y de las
acciones que culminaron con el dominio imperial británico bajo un
nuevo signo, sólo se advierten en la novela las pesadillas de esta
señora que se convierten en la causa por la cual la familia huye
hacia unas rancherías en la sierra, en las cuales conocen y conviven
matrimonialmente con la familia Buendía
Las Rancherías
Muchos siglos y matrimonios entre ambas
familias después, Ursula y José Arcadio se casan. El temor al hijo
con cola de puerco, producto del incesto, evita la consumación del
matrimonio, hasta que las burlas (que ponen en duda su hispánico
honor viril) provocan a José Arcadio a matar a Prudencio Aguilar. De
esa culpa es la que Ursula y José Arcadio huyen "... ligados hasta
la muerte por un vínculo más sólido que el amor: un común
remordimiento de conciencia." (p. 24), caminan (en una figura
contraria a la que señala la Biblia del pueblo elegido, del camino
querido por Dios) "hacia la tierra que nadie les había prometido"
(p. 27) y fundan Macondo El primer Macondo
El lugar de la igualdad, de la
juventud, de la perfecta armonía con la naturaleza.
El lugar fue escogido por un sueño:
"José Arcadio Buendía soñó esa noche que en aquel lugar (a
la orilla de un río pedregoso cuyas aguas parecían un torrente de
vidrio helado) se levantaba una ciudad ruidosa con paredes de
espejo. Preguntó qué ciudad era aquella y le contestaron con un
nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno pero
que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo."
(p. 28)
Así inicia Macondo su existencia
de imagen en un espejo, sus fundadores consiguen escapar eficazmente
a la conciencia de su culpa ya que no son más que la imagen
virtual, el reflejo de una realidad que se rechaza. En esta etapa,
Macondo es una ciudad feliz, en la cual reina la igualdad perfecta:
"Al principio José Arcadio Buendía era una especie de
patriarca juvenil (de nuevo la alusión bíblica) que... colaboraba
con todos ... para la buena marcha de la comunidad... había
dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía
llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo... ninguna
casa recibía más sol que otra a la hora del calor... Era de verdad
una aldea feliz, donde nadie era mayor de 30 años y donde nadie había
muerto." (p. 16)
No sólo la igualdad y la vida
acompañan esta situación idílica, sino que también el canto y la
compañía de los pájaros cazados por José Arcadio Buendía,
quienes permanecían en jaulas adornando con sus trinos la ciudad:
"El concierto de tantos pájaros distintos llegó a ser tan
aturdidor que Ursula se tapó los oídos con cera de abejas para no
perder el sentido de la realidad." (p. 16)
El segundo Macondo:
El lugar en que la conciencia
del aislamiento se percibe como inferioridad, como frustración de
las posibilidades de conocimiento científico.
Pero Macondo pierde su rango
paradisíaco con la llegada de los gitanos de la tribu de Melquíades,
quienes "daban a conocer los nuevos inventos" (el imán,
la lupa, las dentaduras postizas) este enfrentamiento en el espejo
del adelanto científico ajeno hace -principalmente a José Arcadio
Buendía, líder indiscutible del pueblo- tomar conciencia de la
inferioridad científica que poseen y, así como intenta superarla
-solo- con siglos de retraso lo que ya era patrimonio de la
humanidad en su conjunto, también se hace conciencia del
aislamiento en que viven e intenta poner a Macondo "en contacto
con los grandes inventos. Ahí mismo, al otro lado del río, hay
toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo
como los burros." (p. 15)
Sin embargo, la superación del
aislamiento, frustrada de nuevo para José Arcadio, lo logra Ursula,
el personaje que mejor se relaciona con el sentido común. José
Arcadio hijo había huído (de su no deseada paternidad) con los
nuevos gitanos que habían inaugurado el estadio mágico en Macondo.
(La alfombra voladora, la capacidad de volverse transparente). La
tribu de Melquíades había desaparecido de la faz de la tierra por
sobrepasar los límites del conocimiento humano. La práctica Ursula
sale a buscar a su hijo, pero no lo encuentra, ni tampoco encuentra
la ruta de los grandes inventos, en cambio encuentra el contacto con
aquellos que son sus iguales. Sin embargo, así como los adelantos
científicos eran presentados por Melquíades como novedades mágicas
en una feria (el imán, la lupa, el hielo); el próximo Macondo
incorpora las situaciones mágicas a su vida cotidiana
El tercer Macondo:
El lugar del orden propio en el
cual la magia forma parte de la vida, en donde el tiempo se ha
detenido y la guerra tiene como fin conquistar la derrota.
Mientras Melquíades muere en los médanos
de Singapur, se inicia en Macondo un período en el cual Macondo
progresa a su propio ritmo, en un aislamiento relativo a la
conciencia individualizada, es decir, si bien Ursula establece el
contacto con otros hombres iguales a ellos: "... muebles y
utensilios domésticos, puros y simples accesorios terrestres
puestos en venta sin aspavientos por los mercachifles de la realidad
cotidiana" (p. 39) Macondo se mantiene como un lugar que
conserva un deseo de independencia de las leyes de Dios, de las
leyes nacionales, del liderato de las guerras que no se desea ganar
y fundamentalmente de una realidad que no se deja enmarcar dentro de
los cánones del progreso efectivo.
Macondo es un espacio que tiene éxito en
controlar su propia conciencia dentro de sus marcos puramente
tradicionalistas, destructivos, egoístas y mágicos. Paradójicamente,
desde este punto de vista no son tan inútiles como él supone,
mantienen a Macondo eficazmente aislado de la utilidad real de sus
propias acciones El cuarto Macondo:
El lugar de las invenciones, de
la fiebre del banano, de la invasión de los extraños. Esta intrusión
tecnológica perturba a Macondo más que la magia.
Macondo es invadido, en primer
lugar por la compañía bananera: "hicieron un pueblo aparte,
al otro lado de la línea del tren... extensos prados azules con
pavorreales y codornices. El sector estaba cercado por una malla metálica,
como un gigantesco gallinero electrificado que en los frescos meses
del verano amanecía negro de golondrinas achicharradas." (p.
197), además, Macondo es invadido por una avalancha de cambios,
tantos cambios que: "... los antiguos habitantes de Macondo se
levantaban temprano a conocer su propio pueblo," (p. 198)
"... se encontraban arrinconados por los advenedizos,
trabajosamente asidos a sus precarios recursos de antaño, pero
reconfortados en todo caso por la impresión de haber sobrevivido a
un naufragio." (p. 217)
El deterioro que los extraños
ejercen sobre Macondo es indeterminado, para Fernanda es el
desprecio por los advenedizos y por los trabajadores manuales (en el
caso de Mauricio Babilonia). Hasta uno de los lugares sagrados,
respetado por el tiempo: el cuarto de Melquíades (que tiene ese
rango, junto al galeón español y al mismo Macondo) es invadido por
una gran cantidad de bacinillas. De ese Macondo -que no existe- es
del que Remedios la Bella se evade hacia un terreno más real.
El quinto Macondo:
El lugar del diluvio como una
pausa, como una ruptura en el tiempo.
Ursula espera que el diluvio
termine para morirse. Se trata de un tiempo sin desbravar, porque
era inútil dividirlo en meses y años y los días en horas, cuando
no podía hacerse nada más que contemplar la lluvia." (p. 273)
El efecto del diluvio como deterioro de la
naturaleza es una metáfora de la explotación que la compañía
bananera hace de la tierra y los hombres para luego desmantelar sus
instalaciones. Sin embargo, el tratamiento que se hace de la
secuencia de la huelga, la matanza de los obreros y el diluvio no
señala una conexión lógica entre los hechos, por eso es que al
lector, tanto como al habitante de Macondo, le resulta difícil creer
que los vagones llenos de muertos existieron en la realidad
El sexto Macondo:
El lugar de la muerte
Después de la muerte de Ursula
todos los pájaros (por los cuales ella una vez creyó perder el
sentido de la realidad) se murieron, al regreso de Amaranta Ursula
los trae de nuevo en jaulas, pero apenas los deja libres, se van.
Melquíades muere por tercera vez y en forma definitiva, apenas esto
sucede el cuarto se hace vulnerable al transcurso del tiempo. (p.
302) Este Macondo es aquel donde se ha producido el huracán de la
compañía bananera, donda ya casi todos los miembros de la estirpe
han muerto y los otros se han ido; en estas condiciones el último
Aureliano descubre el sentido de toda la historia de la familia,
mientras él mismo está muriendo.
Remedios la bella, las muchachitas
que se acuestan por hambre y los pájaros son seres que vienen del
territorio de lo real. Por eso huyen, vuelven al terreno donde el
progreso es posible, donde no son imágenes en un espejo sino que
son procesos vitales con soledades que es posible superar: "En
realidad, Remedios la bella, no era un ser de este mundo... parecía
como si una lucidez penetrante le permitiera ver la realidad de las
cosas más allá de cualquier formalismo." (p. 172) Remedios la
bella se va porque ella es real y Macondo no lo es. La vacilación
entre la realidad y la irrealidad de nuevo se repite entre la
virtualidad de Macondo y las muchachitas que se acuestan por hambre:
"... un burdel de mentiras en los arrabales de Macondo. La
propietaria es una mamasanta sonriente. Su eterna sonrisa parecía
provocada por la credulidad de los clientes, que admitían como algo
cierto un establecimiento que no existía sino en la imaginación
porque allí hasta las cosas tangibles eran irreales... los cuadros
con litografías recortadas de revistas que nunca se editaron. Hasta
las putitas tímidas que acudían del vecindario cuando la
propietaria les avisaba que habían llegado clientes, eran una pura
invención... y tan pronto como recibían su peso con cincuenta
centavos se lo gastaban en un pan y un pedazo de queso que les vendía
la propietaria, más risueña que nunca, porque solamente ella sabía
que tampoco era comida de verdad." (p. 328) Es la realidad de
la prostitución cotidiana la que se oculta detrás del opaco mundo
de Macondo, porque es Macondo -como metáfora literaria de la negación
al contacto del conocimiento social- lo que no existe, las
muchachitas y su hambre sempiterna desgraciadamente sí existen.
Confirmando la estructura circular,
encerrada de Macondo, el relato también adquiere una configuración
en espiral, en la cual el futuro conduce al presente, al pasado y
luego se evade hacia el territorio mágico. Por ejemplo, la muerte
de Ursula se relata así: Se empieza por anunciar lo que todavía no
ha sucedido: "Ursula tuvo que hacer un grande esfuerzo para
cumplir su promesa de morirse cuando escampara." (p. 283) Luego
se vuelve al pasado: "... lloró de lástima al descubrir que
por más de tres años había quedado para juguete de los niños."
(p. 283) En el presente reinicia la restauración de la casa, se
encuentra con José Arcadio Segundo en el cuarto de Melquíades
donde: "se estremeció con la comprobación de que el tiempo no
pasaba, como ella lo acababa de admitir, sino que daba vueltas en
redondo." (p. 285) Vuelve al pasado, de nuevo, cuando confunde
a Aureliano Babilonia con el coronel. (p. 289) En el presente se señala
que "... no volvió a recuperar la razón." (p. 289) En el
último tiempo su deterioro es una vez más una vuelta al pasado:
"Parecía una anciana recién nacida." (p. 290); para
luego entrar en la magia: Cuando Ursula muere se produjo "un
cierto aturdimiento de la naturaleza" (p. 291) el mediodía que
la enterraron "hubo tanto calor que los pájaros desorientados
se estrellaban como perdigones contra las paredes y rompían las
mallas metálicas de las ventanas para morirse en los
dormitorios." (p. 291)
La estructura inicial de algunos
capítulos también reitera el proceso que relata un hecho desde el
futuro (la muerte) para luego retroceder en el tiempo hacia el
pasado: "Años después, en su lecho de agonía, Aureliano
Segundo había de recordar la lluviosa tarde de junio en que entró
en el dormitorio a conocer a su primer hijo." (p. 160) Tiene
una estructura exactamente igual al párrafo inicial: "Muchos años
después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano
Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo
llevó a conocer el hielo." (p. 9)
V EL ENCIERRO COMO METAFORA
El encierro, el aislamiento y la
incomunicación son los temas en torno a los cuales giran la mayor
parte de las formas contenidos de esta obra literaria. Reconociendo
que la literatura es una metáfora de la realidad, puede señalarse
que la obra literaria Cien años de soledad remite de una
manera particular a las circunstancias que rodean su gestación y su
lectura.
Cien años de soledad es una
de las manifestaciones metafóricas más expresivas de la historia
colombiana [ 8
] -y latinoamericana en general- desde la conquista ibérica hasta
nuestros días. Al hablar de historia no se señalan -solamente- los
hechos puntuales que se expresan en el mundo literario (vg. la
violencia generalizada desde la colonización española, el
trasnochado sentido del honor que limita las posibilidades para la
solidaridad, las incursiones de los piratas británicos, las
interminables guerras entre partidos personalistas, las matanzas
multitudinarias que sirven para instaurar, mantener y reacomodar el
dominio económico-político y militar del imperialismo). Estos
hechos están ahí, no se puede negarlo, pero eso no ayuda a
clarificar su sentido: la obra literaria no es un noticiario donde
aparezcan todos y cada uno de los hechos de la realidad, lo
fundamental es que están elaborados de tal manera que intensifican
su capacidad de referencia histórica en lo poético. Por eso es que
puede afirmarse que la presencia histórica fundamental en ]Cien
años... está en que se trata del relato de la lucha
infructuosa por alcanzar o mantener una sociedad solidaria en todos
los países latinoamericanos.
Y esa es realmente la historia de
América Latina durante los 500 años que conmemoramos en 1992. En
lucha desde su gestación -como continente mestizo al sur del Río
Bravo- para convertirse en sujeto de su propio desarrollo. Los países
latinoamericanos han sufrido permanentemente los embates del
aislamiento, por el imperio español, de sus riquezas indígenas
(materiales y espirituales), por el imperio británico, de la unión
productiva en un gran país latinoamericano y por el imperio
estadounidense no sólo de todo lo anterior, sino que también de
las enseñanzas de las luchas de sus pueblos propios y hermanos. La
historia del despojo de las riquezas de sus minas y de sus campos
(ganadas con el trabajo latinoamericano) se profundiza con el
despojo del conocimiento de los logros y fracasos del pasado, tanto
como del sentido y realidad de la búsqueda de un contacto solidario
-sin explotación- entre las personas, los grupos y los países.
Por eso es que se dice que el hecho
histórico reflejado en la literatura debe ser interpretado como una
metáfora literaria que apunta hacia una realidad histórica y
social no solo pasada sino que presente -y si no media la conciencia
y la voluntad de superar el aislamiento en la solidaridad- también
futura.
La indiferencia de los habitantes
de Macondo ante la masacre de los obreros bananeros es la misma que
se percibe desde los medios de comunicación que asemejan las catástrofes
naturales a las sociales, que asemejan gobiernos solidarios con
gobiernos en los que impera el despojo capitalista. La indiferencia
de los habitantes de Macondo es la de nuestra cotidianeidad
vulnerada por la propaganda estupidizante y el desenfrenado
consumismo de cosas y emociones solitarias.
Los manuscritos de Melquíades son
escritos y leídos a espaldas del pueblo. En su forma culminante (de
lectura y cumplimiento de la historia) Aureliano Babilonia lee
-interpreta, entiende- el significado de los manuscritos mientras
muere, porque ese relato no es la historia del pueblo colombiano, ni
siquiera es la historia del pueblo de Macondo, sino que es la
historia de la familia Buendía y la culminación de una advertencia
que ningún Buendía quiso -o pudo- oír en su soledad alienada: la
familia que se casa entre sí (que se aísla de su propio pueblo)
genera hijos con cola de chancho, es decir, deja de ser humana, se
destruye a sí misma.
El incesto, entonces, puede ser leído
como una metáfora: el encierro de la soledad, propio de un tipo de
organización social productiva, destruirá finalmente a la especie
humana con las deformidades que no son otra cosa que la pérdida de
los rasgos humanos; pero, peor aún, el vendaval que elimina a
Macondo, no sólo de la realidad, sino que -como la matanza- se
borra de la memoria (historia) de los hombres.
En este contexto adquiere sentido
medular el asombro de Ursula (que rechaza el incesto con la misma
pasión con que es atraída por él) ante el descubrimiento de que
lo que ella siempre deseó no venía de sí misma, sino que había
que buscarlo en una familia distinta: "...solamente ella,
Rebeca, la que nunca se alimentó de su leche, sino de la tierra y
cal de las paredes, la que no llevó en las venas sangre de sus
venas sino la sangre desconocida de los desconocidos cuyos huesos
seguían cloqueando en la tumba, Rebeca, la del corazón impaciente,
la del vientre desaforado, era la única que tuvo la valentía sin
frenos que Ursula había deseado para su estirpe. (p. 215) Ursula
había dedicado su vida a evitar el incesto (porque todos los Buendía
sólo deseaban aislarse en sí mismos o en el contacto con sus
iguales); percibe en la inútil lucidez de la senectud que los otros
(los que no son Buendía) también pudieron haber sido deseables y
que en el contacto con ellos pudo haber estado la superación de la
soledad.
La evitación del incesto, situada
en los orígenes de la raza humana -tanto como el trabajo y el
lenguaje articulado-, supone la aceptación del intercambio social
con otros pueblos, iguales pero distintos: el incesto, entonces, es
el encierro, la negación al contacto de las especies, el deterioro
físico y mental del que no enriquece su estirpe sino que la
encierra tras una caparazón dura que no le permite progresar en el
contacto -personal y social- solidariamente fructífero.
Cien años de soledad relata
fundamentalmente las condiciones en que la huída de la culpa de José
Arcadio y Ursula da pie a la fundación de Macondo. Macondo es,
entonces, un lugar en el cual la realidad histórica y social han
sido negadas. En un principio haciendo hincapié en la igualdad
paradisíaca de los primeros habitantes, luego sin embargo, el
distanciamiento del pasado (el galeón español abandonado tierra
adentro); de los adelantos científicos (todos los inventos son traídos
desde fuera: Macondo no produce nada); la incapacidad para aceptar
las condiciones reales de existencia (la explotación, la huelga y
la masacre bananera) van agudizando el efecto de que el tiempo no
transcurre (o transcurre en redondo, agrupando cien años en un
segundo), es decir, no hay salida a un encierro que mantiene a
Macondo solamente como un reflejo de una realidad que no quiere -o
no puede- ser leída.
Esta lectura supone que la metáfora
de Macondo es una advertencia para los seres humanos reales, porque
la maldición con que culmina la novela puede ser evitada... si es
que los grupos sociales existentes en la historia, superan el
aislamiento de la soledad. De lo contrario les sucederá lo mismo
que a Aureliano Buendía: narrador-lector capaz de entender el
sentido de su relato en el momento en que está muriendo por no
haber sido advertido a tiempo. |