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En el primero desfilan los "tipos humanos", las situaciones mentales que se
han generado en la Argentina de la época objeto de su análisis, a partir de
las determinaciones geográficas, raciales y políticas. Se describe el
paisaje, la composición racial - cultural, la vida en las ciudades (Córdoba
y Buenos Aires), la vida de provincia y en las extensas campañas y varios
retratos biográficos de interés político y social (Bolívar, Artigas, Rivera
y, por supuesto, Facundo y Rosas).
Su ensayo sociológico no es precisamente una formulación científica
ortodoxa. La aparente erudición y racionalidad que lo sostienen se ven
contaminadas por una expresión sensible y dolorosa de la realidad social. No
se trata de un dolor lastimero basado en la derrota política evidente, y
aceptada con resignación, o en la imposibilidad de la victoria que se sigue
esperando; es casi el resultado agotador de una celebración. Sarmiento
celebra el triunfo final que obtendrá la civilización sobre la desaparición
de la barbarie, aunque la realidad parecía desmentirlo a diario. Sin
embargo, como una verdadera derrota, o como una verdadera victoria, la
barbarie se le mete en la sangre como una presencia ineludible. Lo acosa
como el desierto a la Argentina... no puede apartar de su vista la Patria y
sus conflictos y de la sombra terrible de Facundo. Esperar de Sarmiento una
visión distante, reflexiva y desapasionada de la realidad que aborda es
imposible. Todo es turbulencia, ambivalencia, triunfo y derrota... Todo es
pasión, donde la presencia ineludible del anatema lo seduce tanto como el
deseo de su destrucción.
La ambivalencia es el signo dominante del Facundo.
Pinta, por ejemplo, cuadros magníficos de los tipos humanos de la barbarie:
el ‘rastreador’, el ‘baquiano’, el ‘gaucho malo’ y el ‘cantor’. En los dos
primeros ni siquiera intenta reprimir su admiración, ponderando
positivamente sus habilidades profesiones que describe en una dimensión casi
fantástica. Sin embargo, cambia de tono con el ‘gaucho malo’ a quien
caracteriza como la esencia de la barbarie que es capaz de matar por el sólo
hecho de mostrar su coraje forjado en un ambiente hostil. En la descripción
del ‘cantor’ se expresa toda la ambivalencia del texto: es casi siempre un
‘gaucho malo’, pero es también un virtuoso que, aunque pobre en técnica
musical, es rescatable por la valoración del arte poético.
Cuestiona la incapacidad del ‘gaucho malo’ de sujetarse a toda legalidad,
pero comparte ciertos resultados de su culto al coraje: la enorme valía de
la autoconciencia de potencia y confianza en un destino de grandeza que
comparten entre sí todos los argentinos, sean bárbaros o civilizados,
después de haber llevado a cabo con éxito, y sin más recursos que ese
coraje, la magnífica obra de la independencia. Es por esa ambivalencia que
este argentino a un tiempo reivindica el rol fundador de la Patria de la
Revolución de Mayo y la cuestiona porque desató las fuerzas de la barbarie,
las que paradójicamente constituyen el basamento de su triunfo.
El ‘gaucho malo’ canta como lo hará Martín Fierro. Sarmiento no se detiene a
mirar si la ley es justa o no, ni si el sistema de relaciones encierra algún
tipo de injusticia social como lo hará el gaucho de Hernández, cuando el
partido de la civilización haya derrotado la barbarie. Se limita a describir
la impronta que el paisaje y la manera hispánica de afrontar su desolación
han dejado en el hombre que lo habita. Por otro lado, no hay conflictos
sociales en la idea que aspira a imponer porque se trata de puro ideal. En
tal caso, si hay conflictos en la barbarie, es debido a su presencia
concreta, odiosa y seductora.
La barbarie rechaza a la civilización a través de la voz del ‘cantor’, en
cuerda de irreverente mofa. Pero, la poesía es un valor sublime para los
paisanos. Sarmiento refiere que, en cierta oportunidad, Esteban Etcheverría
había realizado un viaje de placer a una estancia de la Provincia de Buenos
Aires. Los paisanos miran con sorna sus trazas de europeo civilizado. Están
a punto de iniciar sus mofas, cuando alguien dice "es poeta". A partir de
allí el paisanaje comienza a tratarlo con inesperada reverencia y respeto.
Muchos sarmientistas, con hipérbole de seguidores fanáticos, sostuvieron la
pretensión de mostrar a la barbarie como esencialmente violenta frente a un
pacifismo civilizado. Esta visión tiene, sin embargo, muchos contrastes con
los hechos de nuestra historia, desde los fusilamientos de Dorrego y Boedo
hasta los bombardeos a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 y la
desaparición forzada de personas durante la última dictadura militar.
Sarmiento mismo, si seguimos a Gálvez, forma en las filas de la violencia
civilizadora. Su honestidad apenas si pudo rescatar un rasgo fundamental en
el gaucho: mira al civilizado sin odio ni desprecio, sólo despliega una
festiva socarronería, no carente de admiración.
El Facundo es también la presentación de un programa político que utiliza la
descripción "sociológica" que lo antecede para justificar la violencia de la
implementación política de la civilización. Muchas veces la supresión de la
barbarie asumió la destrucción literal del paisanaje. El hecho paradigmático
y por cierto más doloroso, tal vez sea el degüello de 300 soldados
federales, sorprendidos por la vanguardia mitrista comandada por Venancio
Flores mientras dormían en Cañada de Gómez después de la batalla de Pavón.
Más que un programa político, vemos en Facundo, la fundación de un sistema
que será, junto con el Dogma Socialista de Esteban Etcheverría y algunas
producciones de Alberdi, piedra basal de una verdadera mitología política
que pervivirá hasta nuestros días. Interpretaciones actuales sobre fenómenos
actuales reconocen una indudable filiación de la relación dialéctica entre
civilización y barbarie, como por ejemplo la idea de que el crecimiento
cuantitativo del delito debe vincularse con la marginalidad social, como si
el delito no creciera en países donde la marginalidad no es un problema,
como si la marginalidad social condujera a los individuos en tal situación a
una elección por la barbarie.
Cuando Sarmiento intenta transferir su análisis "científico" de la sociedad
a la esfera de la política, la ambivalencia hace imposible la
sistematización, transformando la ciencia social en adjetivación arbitraria,
administrada según el partido al que adhieren los personajes. Artigas será,
entonces, un ‘gaucho malo’ y Fructuoso Rivera un general ‘baquiano’.
¿Cuáles son las categorías básicas que Sarmiento funda? ¿Cuál es su valor y
consistencia para comprender realmente nuestro pasado y presente?
Las categorías ‘civilización’ y ‘barbarie’ son quizás más aptas para
comprender la evolución de las ideas políticas de nuestro país que los
conceptos de ‘derecha’ e ‘izquierda’. No tanto por su ajuste a una
explicación científica de la realidad social, como por su funcionalidad
histórica en la política, la literatura y las ciencias sociales criollas.
Durante los más de ciento cincuenta años de creadas han sido utilizadas
constantemente tanto para producir historiografía como para pensar y actuar
la política. La alusión al aluvión zoológico con que un diputado radical
pretendió calificar al voto peronista histórico, es un claro ejemplo de
ello.
Vaya un ejemplo de su funcionalidad en el tiempo. Mucho se ha dicho acerca
del peronismo. Se le ha adjudicado diversos rótulos: fascismo criollo,
populismo, social democracia sin democracia, fascismo de izquierdas,
totalitarismo, dictadura del proletariado, etc. Pero el peronismo se ha
mostrado impenetrable e irreductible frente a las categorías exitosas para
explicar la realidad social europea. En 1968, Carlos Fayt realizó un
seminario sobre el peronismo en la Facultad de Derecho y ciencias Sociales
de la Universidad de Buenos Aires. Producto de este seminario, se editó el
libro La Naturaleza del Peronismo. En una de las presentaciones contenidas
en la obra, el siempre preclaro periodista y analista político Mariano
Grondona sostuvo que el peronismo era la formación histórico social de
justicialismo en la Argentina de mediados del siglo XX. El astuto
desplazamiento del dogma marxista que Grondona utilizó sirve para invalidar
los vanos intentos de reducir al peronismo a las categorías de análisis
europeas. Hay más claridad en Sanmartino y su concepto de "aluvión
zoológico" de neto cuño sarmientino que en Gino Germani que se vio obligado
a admitir que el peronismo era un fascismo de izquierda porque las clases
trabajadoras representaban la base masiva de su apoyatura social.
¿Qué es, en sentido estricto, la ‘barbarie’? Para Sarmiento es la formación
histórico cultural de la Argentina rural heredada de la conquista española y
forjada en la hostilidad del paisaje americano. En un sentido lato, será
mucho más. ¿Será la representación de todo lo no deseado? No, en realidad,
la representación de lo deseado que no puede ser aceptado.
Partiendo de aquí, Sarmiento define dos grandes partidos: el de la
‘barbarie’, hispanista y retrógrado, y el de la ‘civilización’, europeísta y
progresista. La civilización se producirá con la apertura de las mentes a
las nuevas formas sociales y culturales de Europa.
De la lectura de Facundo se plantea una pregunta ¿qué debe hacerse con la
‘barbarie’?. La incapacidad del partido de la civilización para responderla
satisfactoriamente explica, en gran medida el violento y conflictivo
desarrollo de la historia política argentina.
Como en tantos otros pensadores y políticos argentinos podemos figurar la
actitud del observador como aquel que está en un pasillo lleno de puertas
cerradas que poseen un cartel indicador de su contenido. Leen en todas las
puertas, pero sólo abren
algunas.
¿Qué hacer con la ’barbarie’? Suprimirla físicamente ya sea mediante el
reemplazo de una población por inmigrantes europeos civilizados; ya por
medio de una educación europeizante. Sarmiento encaró ambas alternativas.
En oportunidad de realizar un retrato de Simón Bolívar lo describe como un
caudillo popular. Agrega "Colombia tiene llanos, vida pastoril, vida
bárbara, americana pura, y de ahí partió Bolívar; de aquel barro hizo su
glorioso edificio". La posibilidad de construir la ‘civilización’ en el
barro de la ‘barbarie’ es la puerta que Sarmiento ve, pero no abre.
4. Recuerdos de Provincia.
En Recuerdos de Provincia, escrito 5 años
después que Facundo, la ambivalencia de Sarmiento es aún más evidente, la
seducción de la barbarie es más palpable.
Bastará señalar sólo dos aspectos para que se perciba claramente. Retoma la
descripción del ‘rastreador’ que ya había desplegado en Facundo. La
valoración del arte del personaje no se limita a la caracterización de una
tipología. En Facundo había reconocido aspectos rescatables en los gauchos,
pero descartaba totalmente la consideración en los indios. Algo de la
imperfecta civilización hispánica había en el gaucho. El indio era un
salvaje sin matices. En Recuerdos..., reconoce explícitamente la raigambre
huarpe de las artes del ‘rastreador’ y no se detiene allí, celebra la
pervivencia de otras costumbres de ese pueblo en su provincia.
Toma las notas que le permiten edificar la descripción del ‘rastreador’ de
una persona identificable, el huarpe Calíbar. Ya había nombrado a Calíbar en
Facundo como ejemplo del tipo humano que pretendía describir con una validez
más general. En Recuerdos... le dedica más tiempo y lo trata con una
especial inclinación afectiva. Su pluma apasionada lo lleva a la estatura de
arquetipo. Lo ha conocido, ha tratado a sus hijos y recuerda como, en una
oportunidad crítica, se jugó por el Partido Unitario.
Los "árabes" merecen un trato similar. En Facundo había establecido un
paralelo entre los bereberes y los gauchos, entre Abdel Kader y Juan Manuel
de Rosas. Ambos pueblos y caudillos eran bárbaros. En Recuerdos... reconoce
y pondera su condición de descendiente de árabes; describe que lo descubrió
en su apellido Albarracín que lo hace "deudo del profeta" y en sus rasgos
físicos.
El carácter del libro explica quizás estos desplazamientos del discurso
hacia el costado de los sentimientos. Facundo tiene pretensiones de
científica racionalidad. Pretende allí fundar las categorías para explicar
lo que él autor llama la "guerra social" en nuestro país. De manera casi
misteriosa logra fundar esas categorías que atravesaron todo nuestro pasado
hasta la actualidad, pero no desde la ciencia social sino desde el ensayo.
No seré yo el descubridor de las imposibilidades de las ciencias sociales en
la Argentina y, al mismo tiempo, de la potencia creadora del ensayo.
Recuerdos... es un texto más relajado, es una autobiografía, y Sarmiento se
permite concientemente expresar sus emociones.
Recuerdos... parece cubrir el programa delineado por el autor. Facundo,
falla en su pretensión de asepsia y fría racionalidad científica desde la
primera línea "¡Sombra terrible de facundo, voy a evocarte...!"
Sarmiento no ha podido escribir de otra manera y, si Rodolfo Kush estaba en
lo cierto, nosotros tampoco. Desde este punto de vista, los guiones de
Mordisquito, los libros de Borges, los tangos de Homero Manzi explicarán
mejor lo que somos y estarán más cerca de Sarmiento que las más eruditas
monografías que produzca el ámbito académico.
5. Sarmiento, Hernández y
Borges.
Hay una "realidad" intertextual, o por lo
menos un ámbito intertextual... La comunicación, donde cada individuo
escucha, decodifica, piensa, codifica y habla, puede generarlo. Aparecen así
nuevos textos que no son hijos de la nada, sino del diálogo. Desde luego
que, para que un mensaje llegue a un interlocutor, hay requisitos que
cumplir: código en común, canal adecuado (sin ruidos) y voluntad de
comunicarse.
Los debates, a veces ruidosos, son también formas, a veces incompletas, de
comunicación. Ignoro si Sarmiento recogió el guante arrojado por Hernández.
Lo que queda claro es la comunicación en sentido contrario, Martín Fierro es
una evidente respuesta a Facundo.
Sarmiento sostenía que el ‘gaucho malo’ era incapaz de sujetarse a la
legalidad... Hernández responderá que el gaucho, sin adjetivo, se rebela
ente una legalidad injusta. Martín Fierro hacía alarde del coraje que
Sarmiento sostenía compartir, pero no era malo por naturaleza, ni por
condicionamiento del paisaje, ni por la herencia hispánica. El despojo,
primero de su libertad, luego de sus bienes materiales, finalmente de la
dignidad de su familia, lo hizo matrero. Agravaba la situación que los que
ejercieron la expropiación y consumaron el despojo eran tan criollos como el
gaucho perseguido.
A partir de allí, se despliega una historia de diversas intervenciones que
intentaron conciliar o enfrentar estos pensamientos. En los debates
desatados por el peso del tiempo, entre estos textos, apareció un tercero en
discordia. Jorge Luis Borges, en su "Historia del Tango" (incluido en el
libro Evaristo Carriego en 1953), sostiene que este conflicto entre el
gaucho y la legalidad se explica con la idea de que para el paisano sólo
existen las relaciones personales, el estado es para él una grosera
abstracción. La actitud de Cruz es paradigmática. El sargento de policía, a
la sazón la representación "objetiva" de la legalidad, dijo que no iba a
consentir que se matara así a un valiente y se puso a pelear junto al
desertor Martín Fierro.
Temas como la ley, la libertad y la justicia son importantes en el ámbito
intertextual de estos pensadores. El de las categorías inventadas por
Sarmiento, ‘civilización’ y ‘barbarie’, también.
Para el escritor sanjuanino, era necesario arrasar a la barbarie, llenar el
desierto de ciudades y suprimir al gaucho. La pulpería, centro social por
excelencia de la barbarie, debía ser reemplazada por la calidez hogareña de
la casa del campesino.
José Hernández, en la carta a los editores de la 8° edición, datada en 1874
da una respuesta a estas ideas civilizadoras de manera tan clara como
sorprendente para los críticos del programa de Sarmiento. No encontramos un
cuestionamiento a la civilización, sino una valoración positiva. Hernández
rescata la ‘globalización civilizada’ ("ahora que el mundo es un basto
taller de producción y consumo") y propone una manera argentina de
integrarse a ella. Critica el dogmatismo cientificista que supone que sólo
hay civilización en la vida urbana e industrial y sostiene que los
estancieros pueden ser burgueses cultos. No es poco, pero no se queda allí.
Cree que es necesario cultivar el espíritu de los gauchos, es necesario
llenar la campaña de escuelas y de iglesias. En síntesis, Hernández no
propone el rechazo de la civilización y la vindicación de la barbarie, sino
el acceso de todos a los beneficios de la civilización.
Esta conciliación entre civilización y barbarie es una razonable posibilidad
para muchos. Sin embargo, desde algún pensamiento nacionalista se
cuestionará a Sarmiento. Se intenta imponer la idea de que la versión
hispánica del Occidente Cristiano es la auténtica "Civilización"; rechazando
así, aunque sin atreverse a decirlo de manera explícita, la inspiración
conciliadora de Hernández.
Muy pocas voces se levantan en decidida defensa de la barbarie. Una es muy
significativa, la Jorge Luis Borges como ya podrá esperarse. Incluyó su
cuento "El Fin" en la edición de 1955 de Ficciones. En este corto relato,
Martín Fierro encuentra la muerte, viejo y enfermo en un duelo a cuchillo
con el Moreno que había vencido en la payada, en una pulpería solitaria en
el tiempo y el espacio. Mientras caminan hacia el sitio del encuentro fatal
ambos reconocen que allí está su destino y que los consejos que Fierro diera
a sus hijos, son válidos para la nueva generación pero no para él. Este
Martín Fierro se lleva consigo a la muerte años de encantamiento que la
barbarie produce y el culto al coraje en estado puro.
La escena parece tener un sentido paralelo a la de la muerte y entierro del
Rey Arturo porque es contemplada con la añoranza de los tiempos que esos
hombres se llevaron consigo con el último suspiro y con el deseo de retorno
a la barbarie primigenia basada en lealtades personales y actos heroicos.
¿Borges decide esperar ese retorno? ¿Acaso muchos londinenses no soportaron
estoicamente, durante la segunda Guerra Mundial, esperando que la gloriosa
Excalibur regresara de la mano de su Rey para defenderlos de las bombas
voladoras?
Bastan estos textos para darnos cuenta de que Borges, a quien en el calor de
la lucha política suponíamos un anglófilo
e nota, no es más que un "salvaje unitario", con todo lo de caliente disputa
política y argentinidad que posee el mote.
Entre la civilización y la barbarie, en el ámbito intertextual en el que me
estoy demorado, me acercó más a Homero Manzi que nos propone un Sarmiento
hernandiano, cargado de amor a la tierra y a los hermanos que la habitan,
ofreciendo los beneficios de la civilización para todos.
6. Nota final.
Este ensayo recorrió un largo camino hasta
llegar aquí, el momento en que he podido terminarlo. No se trata de una
recorrida erudita sobre un determinado tema, sino la construcción de una
imagen personal sobre un personaje muy atractivo de nuestra historia.
Seguramente el texto es incompleto y lo será más en el futuro, cuando nuevas
lecturas del presente y del pasado me ofrezcan nuevas aristas de
interpretación. Hasta aquí llegué hoy y, como decía un refrán que se ha
perdido en el tiempo, "baste al día su afán".
Buenos Aires, 10 de septiembre de 2001, 23:50 hs
Mario Alberto Aiscurri
maaiscurri@localhost.net.ar
La patria... un dolor que se lleva en el costado; inédito (Hecho el depósito
en la Dirección Nacional del Derecho del Autor bajo el número 176432, el 12
de febrero de 2002.) |