En todas las
literaturas está presente el elemento erótico, incluso es parte de la
naturaleza humana antes que de las artes.
Y si éstas reproducen simbólicamente la vida exterior, nada es más natural
que la sensualidad traspase gran parte de la expresión literaria de muchos
países. La sensualidad, debemos decirlo desde ahora, no se restringe a las
descripciones eróticas de escenas o de cuerpos, sino más bien a la
exuberancia al describir paisajes y comportamientos psicológicos. La
sensualidad descriptiva de los románticos que abusan de las comparaciones
físicas entre el palpitar de la naturaleza y el sentir de las heroínas del
siglo pasado debe incluirse en la esfera de los comportamientos que acarrean
la sensualidad. Hace años escribí un artículo donde señalaba que en Machado
de Assis, además de las descripciones de cuellos y brazos de sus personajes,
existe una profusión de ideas, un goce del pensamiento, un ejercicio casi
sensual y desbordante de metáforas que se acumulan en una voluptuosidad de
la razón. Luego, en cada libro se presenta un determinado tipo de
sensualidad que no elimina a las demás, sino que se ven las distintas fases
de la sensualidad en un mismo texto. Se podría decir que la sensualidad es
un procedimiento de la vida social de los seres humanos y que está en todos
los gestos y actitudes de la vida cotidiana y aún en los más reservados y
recónditos como en la vida intimista del pensamiento..
Intentaremos observar cómo se realiza en la literatura brasileña el
surgimiento de la sensualidad en un pueblo que se cree poseedor en su vida
habitual de varios elementos que denotan una sensualidad a flor de piel. El
brasileño creó un mito de sí mismo: la sensualidad se halla en los platos
picantes, en la samba, en el calor de los trópicos y en los ocho mil
kilómetros de playas. Y aun en la forma de caminar, de hablar, de vestir y
en el mestizaje, Este fue el modo que encontró para valorar su cotidiano y
descubrir virtudes donde los prejuicios europeos pudieran acusar la
degeneración. Una actitud de defensa que acabó siendo bandera de
brasileñidad que el pueblo presenta como mucho más que su identidad. Es la
forma de individualizarse, una manera de reaccionar, una sobrevivencia que
terminó siendo un rótulo y una autoestima muy preciada.
Al pensar en la literatura debe hacerse una
observación de cuño conceptual: la literatura es una representación erudita
y el discurso literario está mucho más elaborado que las otras expresiones
artísticas populares. Los elementos de la cultura de un pueblo se presentan
en la literatura no sólo de manera simbólica sino también escamoteados; es
necesario una lectura suplementaria para descodificarla y hallar su filón
inicial. La música popular y otras manifestaciones artísticas de gran
consumo que dispensan mediaciones o rodeos están comprometidas con la
realidad inmediata a través del gusto popular y momentáneo mucho más que la
literatura que se destina a un público más restringido y más exigente. La
sensualidad que puede aparecer en una escena de una película o en la letra
de una canción puede no ser tan explícita para el lector, sin embargo puede
estar llena de la misma fuente y de la misma visión conceptual de la
realidad. En una escritura elegante y metafísica como la de Machado de Assis,
quien escribió en el siglo pasado bajo la influencia de los escritores
ingleses, no existe una visión desbordante y plena de sensualidad conceptual
como llamaremos a aquella escritura producto de la autopercepción cuando
señalamos al brasileño que se ve a sí mismo como un pueblo sensual. Sin
embargo, un escritor más sencillo, el romántico José de Alencar, quien
significativamente buscaba una literatura de expresión nacionalista, no sólo
en la forma gramatical de escribir sino también en los temas regionalistas e
históricos, la sensualidad se revela no en la forma explícita de las
descripciones de cuerpos y escenas, sino más bien en lo fornido de la
naturaleza, en la exuberancia del concepto primero de la novela y en la
temática voluptuosa. Desde otro punto de vista, se podría decir que la
sensualidad en José de Alencar es una sensualidad ingenua, la del buen
salvaje, donde naturaleza y personaje buscan fundirse en un mismo elemento.
La sensualidad ingenua es prelógica, instintiva, natural. No será la
sensualidad de un Jorge Amado, donde los personajes practican sexo y el
autor sugiere un instinto, una libido salvaje y alegre. En José de Alencar
la sensualidad vienen como parte innata del hombre sin estar contaminada por
la cultura - Iracema, la heroína que da el nombre a la novela se encuentra
con el portugués en un simbolismo de la conquista de América.
Ya adelantado el siglo XX, se puede observar
no sólo en un autor sino en un movimiento estético como fue la Semana del
Arte Moderno del 22, que la sensualidad pasa a ser alegre, holgazana, sin
prejuicios. Macunaíma es el personaje simbólico de este momento. En toda la
novela, el personaje "juega", en un eufemismo de "hacer el amor". Sexo sin
compromiso, actividad glandular, mezclado con una actitud de revalorización
de nuestras raíces. Macunaíma, el héroe sin ningún carácter, blanco, negro e
indio, va a representar un momento no sólo de la literatura sino también de
nuestras costumbres donde habrá mayor libertad en la manera de tratar el
tema. Mario de Andrade va a encarar la sexualidad de modo menos bromista. En
la novela Licao de Amor (Lección de Amor) cuenta la historia
de una institutriz alemana quien es contratada para dar clases a un muchacho
de familia acaudalada. El padre la contrata para enseñarle las letras y
también para iniciarle en las artes del amor. Mario de Andrade saca la
sensualidad de la esfera de la holganza popular, de las raíces ancestrales y
la transporta para la ciudad grande, para la clase burguesa de Sao Paulo.
Sin embargo, no será una sexualidad oprimida, aunque esté dentro del
contexto educativo. Es sexualidad con una función pedagógica y vista con una
dosis de curiosidad e ironía, mas nunca con opresión o desvío.
Iniciada la
década siguiente, la de las novelas del ciclo regionalista, vamos a
encontrar dos ejemplos opuestos de sensualidad. Justamente la de Jorge
Amado, de quien ya sugerimos algunas características, y la de Graciliano
Rarnos, con su difícil y problemático abordaje de la sensualidad. En
Graciliano Ramos, todo está filtrado por el lente de la vida agreste del
sertón nordestino. Incluso en las novelas urbanas, como es el caso de
Angústia (Angustia), el universo del autor no puede escapar a las
dificultades de la convivencia, de la sensación de derrota de sus
personajes-narradores. En Angústia hay dos tipos de
sensualidad: la que se describe y la psicológica. Describir el cuerpo de
Marina, mostrar cómo se agarran, hablar de las relaciones sexuales de los
vecinos, todo esto es muy diferente al comentario del narrador sobre estos
mismos hechos. El narrador-personaje es abandonado por la vecina, Marina, de
quien se enamora, la cual va a ser la causa de sus celos enfermizos que le
llevarán a cometer el asesinato de su rival. Durante toda la novela, existe
un clima de tortura, de rebeldía, de dificultad para realizarse socialmente.
Luis de Silva, el personaje narrador, es un ser mediocre, que es- cribe para
un periódico y trabaja como empleado público, gana poco, vive mal,
acompañado únicamente por un loro y una vieja sirvienta que le roba las
monedas para enterrarlas en el patio.
Actualmente,
hay un escritor que posee las características de un literato universal:
Rubem Fonseca. La literatura urbana, en todo el mundo, presenta casi los
mismos rasgos, una vez que trabaja con el mismo escenario y casi con la
misma psicología. Es mucho más difícil encontrar una identidad en la
literatura de tipo urbano que en la temática regional. Asimismo para
descaracterizar la literatura de Rubem Fonseca existe el hecho de que la
misma busca aproximarse a la literatura policial que, por sus
características (realismo, descripción objetiva, deducción lógica), tiende a
una homogeneización de los temas e incluso de estilos. La violencia en los
cuentos y novelas de Rubem Fonseca aliada a la sexualidad pertenece a una
gama muy importante de autores, principalmente a los autores
norteamericanos. No existe allí ningún comportamiento "brasileño" que
pudiera contribuir a nuestro análisis. Es un mundo cada vez más pequeño y
homogéneo, Los personajes principales masculinos priápicos de Rubem Fonseca,
que son al mismo tiempo cultos y brutales, podrían estar en Nueva York o en
Tokio. Es en los diálogos y en las hablas femeninas donde la sexualidad se
muestra más delicada y puede advertirse algún tipo de comportamiento de la
mujer - principalmente joven - que vive en las grandes ciudades como Sao
Paulo o Río de Janeiro. Acosada, frágil, insegura, dependiente, revela su
formación en una sociedad que se cree liberal pero que deja aquí y allá
transparecer perfiles nítidamente conservadores.
¿Existiría,
de modo especial, una sensualidad distinta en cada país? Hay evidentemente
manifestaciones culturales que se revelan a través de la sensualidad, o
mejor dicho, la sensualidad es un signo cultural y por esta razón expresa
otros elementos de la cultura de un pueblo. En la época de la novela
regionalista, el hecho era más visible. Todos sabemos que el campo reacciona
más a los cambios y se muestra, por su aislamiento, rico en diversidad
cultural. La ciudad es más homogénea: los signos de la cultura de un pueblo
no son presentados en el baile, en la música, en los esparcimientos y
fiestas religiosas sino en la tenue psicología de los personajes, en la
emisión del habla de los personajes, sobre todo de los más populares, Hoy en
día siguen existiendo expresiones diversas de sensualidad en la literatura
brasileña. Para contrastar con el urbanismo de Rubem Fonseca, Jorge Amado y
su discípulo bahiano Joao Ubaldo Ribeiro siguen la línea de la sensualidad
negra, mezclada con el misticismo del candomblé y que se revela entre
comidas picantes y cuerpos sudorosos. Ahora que están de moda las novelas
históricas, o las novelas ambientadas en siglos pasados, vuelve una
sensualidad de otra época.
Los ojos y la
narración pertenecen a un autor del siglo XX, sin embargo su exposición
busca asemejarse al tiempo establecido. Luego, vuelve una cultura sensual
del pasado contada con la osadía del presente. Esta tensión es sugestiva e
interesante y en ella se puede observar una liberación mayor porque el autor
no olvida el siglo en el cual vive y escribe. Al intentar rescatar la
antigua sensualidad se crea una tensión natural y el texto sufre un
hibridismo fructífero: existe la "historia" de la sensualidad brasileña y al
mismo tiempo una crítica de la misma. En Memorial de Maria Moura
(Memorias de María Mora), Raquel de Queiroz cuenta la historia de una mujer
que hereda temprano las tierras de los padres fallecidos, asesina a su
padrastro que la violó y se vuelve una señora poderosa y temida, de garrucha
en la cintura. Se esconde ahí una visión modernamente feminista en contraste
con la natural represión de la época y que ninguna novela de aquel momento
describiría con las mismas palabras y escenas. A esto se debe añadir el
recurso del monólogo interior que casi llega a un flujo de conciencia que
ningún autor del siglo pasado empleó dado que es una característica de
nuestros tiempos.
Si llegamos a
la conclusión de que la sexualidad no se agota en sí misma sino que la
sexualidad no se agota en sí misma sino que señala un comportamiento social
y que a través de ella se podrán observar hechos culturales, la sensualidad
- o la forma de presentarla - cambiará sustancialmente con la época. La
literatura, como fenómeno social, acompañará entonces los cambios aunque
exprese el mismo y viejo instinto. La literatura actual - no sólo la
brasileña sino la de todos los países, en general - tiende a una sensualidad
sin represión y carnal, cambiando únicamente el comportamiento psicológico
de los que la practican. Es un mundo donde la sensualidad gana cada vez más
espacio, principalmente cuando se entiende como fenómeno global y no sólo
fruto de un deseo sin contexto. La sensualidad aparentemente mecánica de un
Henry Miller se justifica en una sociedad que vende y hace negocio a
través y con el sexo. Es válido contar aquí también las
transgresiones sociales de las narrativas donde el personaje principal es
homosexual. No es el sexo como elemento erótico destilado aquí y allá en
escenas de alcoba, sino el sexo como tema de una difícil socialización. La
sensualidad sale de las paredes del cuarto para el panfleto. En fin, para
concluir, la sensualidad desplazó su papel auxiliar y decorativo
transformándose en el cierne de muchas narrativas en este siglo,
coincidiendo con los descubrimientos freudianos, el fin de la represión
social y las conquistas de las minorías. Cuando ocurre este desplazamiento,
la sensualidad se impregna de símbolos, no siendo tan sólo un instinto
revelado en las páginas de un escritor que carga, como se dijo
anteriormente, las tintas del erotismo.
Ronaldo
Costa Fernandes
Nació en Sao Luis de Maranhão, Brasil, en
1952. Es autor de una obra narrativa de personal estilo. Entre otros
títulos, destacan en su producción El ladrón de cartas, y
Noticias del Horto, publicada recientemente por Monte Ávila
Editores. En 1990 ganó el Premio Casa de las Américas con su novela El
muerto solidario. En Caracas trabaja como director del Centro de
Estudios Brasileños de la Embajada de Brasi |
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