Literatura
Borges y la historia argentina
en su Poema Conjetural
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na Becciu

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Borges compuso este poema en 1943, lo incluye en el volumen de 1954 titulado Poemas 1923-1953, y lo recoge luego en el libro El otro, el mismo, publicado en 1964. En el epígrafe dice que es «lo que piensa antes de morir» el doctor Francisco de Laprida, «asesinado el día 22 de septiembre de 1829 por los montoneros de Aldao». Conjetura el poema lo que «piensa» Laprida, diputado del Congreso de Tucumán que en julio de 1816 declara la independencia de la Argentina, «estas crueles provincias», cuando está por morir degollado por «el íntimo cuchillo». El congresista, el diputado, el hombre «de leyes» evoca a un cierto capitán «del Purgatorio». Es el gibelino Bonconte de Montefeltro, dice Borges en la nota de l954, que murió en la batalla de Campaldino, en 1289. Sabido es, consta en los libros de historia argentina, que a Laprida lo persiguieron las tropas de Oribe después del fusilamiento de Dorrego en 1828. Que en 1929 le dieron caza y lo asesinaron en una encerrona las montoneras pegándole un tiro en la garganta. La encerrona, la huida a pie, la llanura, la herida en la garganta, la lluvia encenegando la tierra, todo eso está en los versos de Dante (Purgatorio, V, 85-129). Todo eso refiere Dante de la muerte de Bonconte. Dante la presenció. Él también peleaba en Campaldino. A diferencia de Dante, Borges conjetura y mezcla los hechos históricos con otros ficticios. La historia para Borges es tan conjetural como podría serlo el futuro o el presente. Y por eso la muerte del capitán Bonconte de Montefeltro, degollado en una batalla en 1289, puede entrar en la mente de un Laprida a la hora de su muerte, un día de 1829 (el tiempo eterno, cíclico, cambia el orden de los números y una muerte es todas las muertes), evocación certera, en la que no importa que el tiro histórico sea filo de cuchillo en el poema de Borges (como en el poema del Dante), el gibelino también peleaba defendiendo la unidad de la patria, como Laprida. «Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano», conjetura Borges que pensó Laprida en aquel instante. El cuchillo, las lanzas montoneras son el destino que encuentra este hombre que «anheló ser otro, ser un hombre de libros, de sentencias». La historia argentina, conjetura el poema, es la historia de un destino que se anheló entre libros y yace «a cielo abierto», «entre ciénagas».

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En el Poema conjetural Borges reconstruye los últimos pensamientos del doctor Francisco Laprida, asesinado por los montoneros de Aldao, trazando una clara metáfora sobre las masas que habían llegado al poder junto a Perón y que atemorizaban a buena parte de la clase media y alta de esos años que veían en ellos a un residuo del pasado: La victoria es de los otros/Vencen los bárbaros, los gauchos vencen. Para colocar una frase antológica: Al fin me encuentro con mi destino sudamericano

Poema conjetural

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829, por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

 

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.

Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes,
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mí insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

1943


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