Literatura
Beckett: “El fracaso de la razón y los límites materiales de la existencia”
Paola Susana Solorza
minerva_palas46@ciudad.com.ar

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Vida y obra de Samuel Beckett

“For me is the beginning, my  end begins…” Samuel Beckett, The Unnamable.
 

Sabemos por su obra teórica y/o ensayística, ensayo en el sentido amplio del término, digresión a-metódica incluso dialogal e intrínsecamente subjetiva, sin pretensiones conclusivas, en definitiva, un “género” híbrido,[1] que Samuel Beckett ha dejado indicios de una estética muy particular, llevada luego a la práctica en su obra de ficción.

En “Three Dialogues” afirma que “the first to admit [is] that to be an artist is to fail, as no other dare to fail”.[2] El fracaso se convierte paradójicamente para Beckett en el móvil de la creación. En “Dante... Bruno. Vico... Joyce” dirá que “a step foward is, by definition, a step back”[3], en otras palabras, avanzar será siempre retroceder.

Esta estética, imbuida de cierto “cinismo”, que podría ahuyentar al lector desprevenido, alcanza un coherente desarrollo en su ensayo Proust de 1936, donde pone de manifiesto la imposibilidad de conocer la realidad tal como se nos presenta, ese “afuera” que no puede ser aprehendido ni reducido a los modos convencionales del conocimiento. De esta forma, Beckett alude a la inevitable escisión entre sujeto y objeto, consecuencia de la “impenetrabilidad de todo lo que no es cosa mentale”,[4] es decir, la impenetrabilidad del afuera, siendo aquello que excede al sujeto.

Todo el pensamiento, al menos el occidental, se encuentra condicionado e incluso hasta reducido, a esta dualidad esencial: sujeto-objeto. Pensar racionalmente implica, de alguna manera, poner en funcionamiento la lógica de lo binario, hablamos y pensamos en términos de dualidades, dicotomías, términos opositivos y diferenciales: sujeto-objeto, espacio-tiempo, cuerpo-mente o materia-espíritu... Hablar y pensar de este modo es, en cierta medida, y podemos esbozar desde ya, “beckettianamente”: fracasar, pues la aparente complementariedad de los términos jamás podrá borrar el límite que los separa.

Beckett rehuye de los binarismos; en “Dante... Bruno. Vico... Joyce” afirma con respecto a la escritura y a propósito de un análisis sobre el Work in progress de Joyce: “Here form is content, content is form [...] his writing is not about something, it is that something itself”.[5]

No sólo procurará la disolución de la dicotomía forma/contenido en lo que atañe a la creación y a la escritura; en su obra de ficción realizará un uso negativo de todas las dicotomías que forman parte del pensamiento racional y que, en definitiva, constituyen la proyección de aquella primera dicotomía esencial que atraviesa la historia cultural: sujeto-objeto.

En el presente trabajo intentaré llevar a cabo un análisis del uso negativo de las dicotomías espacio-tiempo y cuerpo-mente en la trilogía beckettiana: Molloy – Malone dies – The Unnamable, estableciendo a su vez, relaciones con las ideas planteadas en su ensayo sobre Proust. Cabe aclarar que por “uso negativo” entiendo una “deconstrucción”[6] del binarismo en el que se basa el pensamiento lógico-racional.

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Con respecto a la dicotomía cuerpo-mente, es necesario tener en cuenta la influencia de Descartes en la obra de Beckett. En su poema “Whoroscope” de 1930, el protagonista, aunque no explícitamente nombrado, devela indicios de un Descartes parodiado, claramente en la frase: “fallor, ergo sum”[7] (Me engaño, luego existo), que retomaremos posteriormente en el análisis.

John Pilling en “The intellectual and cultural background to Beckett”, afirma efectivamente que “in reading Beckett resides not discussing accepted influences like Descartes”[8]

La filosofía cartesiana postula la existencia de una escisión entre cuerpo-mente o materia-espíritu. Mediante el procedimiento de la duda metódica (esto es, dudar de todo), si hay algo de lo que no puede dudar Descartes es de que duda, o sea, de que piensa; esto lo lleva a afirmar que en tanto que duda/piensa “es”, de aquí se desprende la célebre frase: “Pienso, luego existo” o bien el existir es una consecuencia del pensar: “Pienso, por lo tanto existo”.

En la “Cuarta parte” de El discurso del método afirma: “del hecho mismo de pensar en dudar de la verdad de otras cosas se seguían muy evidentemente y ciertamente que yo era; mientras que con sólo haber dejado de pensar, aunque todo lo demás que alguna vez había imaginado existiera realmente, no tenía razón para creer que yo existiese; conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia o naturaleza no es sino pensar y que existir no necesita de lugar alguno ni depende de cosa alguna material.”[9]

Esta escisión entre cuerpo-mente se pone de manifiesto en Molloy -primera novela de la trilogía-. El personaje se percibe constantemente como “otredad”: “I forget who I am and strut before my eyes, like a stranger”[10], y ejerce un progresivo distanciamiento del propio cuerpo mediante la gradual reducción de sus necesidades básicas: “But did I last eat, from time to time?”[11] Del mismo modo, Moran, personaje de la segunda parte de la novela, al proyectarse en el personaje de Molloy, experimenta el sentido de ajenidad con respecto al propio cuerpo y afirma: “I was annexing perhaps already, without my knowing it, to my private Molloy”. [12]

Malone, en Malone dies, es también un personaje escindido: “My body does not yet make up its mind”.[13] Como afirma Laura Wittner en “Hacia el solipsismo de Beckett –Murphy, Molloy: Ningún principio de cambio salvo el suyo propio”: “Las situaciones en las que un individuo no controla o no reconoce su propio cuerpo son recurrentes a través de la obra beckettiana. El proceso sería algo así como: la mente da una orden... el cuerpo no responde: el individuo queda perplejo, asombrado ante sí mismo.” [14]

El Innombrable habla de sí mismo como “otro”;  como Malone, como Murphy, como Mahood, como Worm y pone asimismo de manifiesto esa imposibilidad de conocer el propio cuerpo: “Am I clothed? I have often  asked myself this question, then suddenly, started talking about Malone’s hat or Molloy´s greatcoat or Murphy´s suit”.[15] Esto supone una “objetivación” del cuerpo, en tanto forma parte del afuera.

Incluso en su Shorter Prose, Beckett da cuenta de esta problemática. En “Texts for nothing - 4 -” leemos: “I´m not in his head, nowhere in his old body and yet I´m there for him… for he´s me […] like a vulgar Molloy, a common Malone…”[16]

Esta relación de ajenidad para con su existencia “material”, hace que los personajes sean incapaces de “manejar” su propio cuerpo: se trata de seres siempre asistidos por terceros que tratan de cuidar ese cuerpo del que ellos mismos no pueden hacerse cargo. Molloy es asistido por Lousse; Malone es también asistido en un cuarto y a su vez se cuenta historias para dilatar esa existencia material de la que ciertamente duda, en las que se ve proyectado a sí mismo y en una de ellas, con respecto al personaje Macmann afirma: [Moll] was committed to take care and charge of this person. She brought him food... emptied his chamber-pot every morning…”[17]

El Innombrable se encuentra también al cuidado de un tercero: “they clothed me and gave me money”[18] Esta última, es una frase recurrente no sólo en la trilogía, también puede leerse en su Shorter Prose. A modo de ejemplo, en “The end”, el personaje comienza afirmando: “They clothed me and gave me money... to get me started.”[19]
 

No sólo el cuerpo sino también todo lo que es materia (“res extensa” en términos de Descartes), exterioridad, se presenta como problemático al sujeto. En The Unnamable se afirma: “His senses tell him nothing… knowing nothing he exists nevertheless…” [20] De ello se desprende que si bien Beckett está en principio influido por Descartes, la dicotomía funciona de un modo diferente, opera en términos negativos, no hay una articulación ni una complementariedad entre ambas partes, sino que resulta coherente esbozar, que en el universo beckettiano, las dos partes que componen la dicotomía se excluyen mutuamente. Esto sucede porque Descartes y Beckett divergen en un punto esencial que es la existencia de Dios.

En la filosofía cartesiana, Dios opera como “garante” articulando la “res cogitans” en función de la “res extensa”, puesto que “Dios, sustancia pensante infinita, es veraz  y perfecto, por ende no quiere engañar al hombre y lo ha provisto de una razón para poder conocer las cosas”.[21]

De este modo, el mundo se halla estructurado racionalmente en tanto creado por Dios, para hacerlo accesible/asequible al sujeto. Como leemos en la crítica que Malbranche le hace a Descartes, aún cuando éste declare que mente y cuerpo se hallan separados, hay una interacción entre ambos.[22] Esto no ocurre en el universo beckettiano, tratándose de un universo sin Dios: “Yes, God –afirma el Innombrable- fomenter of calm, I never believed, not a second.”[23] De este modo, no hay ninguna posibilidad de articulación entre las partes, tratándose de una dicotomía quebrada y totalmente desarticulada como lo demuestran no sólo el personaje de The Unnamable, sino también Molloy y Malone. Como lo enfatiza Laura Cerrato en “Para una lectura de Beckett ensayista”: “[sin] la seguridad de la existencia de ese ojo [Dios] que coordina mente y materia, nada es, pues la mente no puede conocer y penetrar lo otro, lo que no es ella misma”.[24] No hay “garantía” (Dios) para conocer el afuera, lo cual equivale a la misma afirmación con que Beckett comienza su ensayo Proust: “lo desconocido es también lo imposible de conocer”.[25]

Esta imposibilidad es la que pondrá en funcionamiento un proceso deconstructivo: el despojamiento del afuera. Estos personajes que en definitiva se buscan a sí mismos y que no hacen más que desconocerse en el afuera, incurrirán en un proceso de cambio exterior que poco a poco los va liberando de la condena de poseer un cuerpo y habitar un espacio, ambos “desconocidos”. Es en este sentido, que Molloy afirma: “It is in the tranquillity of decomposition that I remember the long confused emotion which was my life […] To decompose is to live too, I know”. [26]

Esta descomposición o deconstrucción atañe en primer lugar al cuerpo , que atraviesa un proceso de progresiva decadencia. Molloy revela: “I was virtually onelegged... and if they had removed a few testicles into bargain I wouldn´t have objected […] I cannot stoop, neither can I kneel, because of my infirmity…”[27]

En el caso de Malone, leemos: “My body is what is called, unadvisedly perhaps, impotent. There is virtually nothing it can do”[28] y el Innombrable se refiere a las “pérdidas” que sufre su cuerpo: “All those things have fallen, all the things that stick out, with my eyes, my hair, without leaving a trace, fallen so far, so deep, that I heard nothing, perhaps are falling still… of the fall of my ears heard nothing”.[29]

Esta progresiva deconstrucción de la materia, va imposibilitando al personaje e impide su normal movilidad: Molloy debe utilizar muletas para desplazarse, Moran va lentamente sufriendo parálisis locales hasta que llega a afirmar: “I can´t walk, I can´t move”.[30] Malone se encuentra encerrado en un cuarto y en cama: “One day I found myself here, in the bed... I have lived in a kind of coma”.[31]

El Innombrable termina contando la historia de su propia reclusión en un recipiente: “this is the part of myself the description of which I have best assimilated and retained. Stick like a sheaf of flowers in a deep jar, its neck flush with my mouth on the side of a quiet street near the shambles. I am at rest at last.”[32]

Todos ellos culminan en una especie de estatismo que paralelamente reduce al mínimo las posibilidades de interacción con el mundo exterior.

Sabemos que el no poder conocer es también un problema del método mismo de conocimiento, lo cual implica toda una crítica a la razón y a las convenciones de las que el hombre se vale para tener acceso a lo desconocido. Así, en Proust, Beckett postula que “los fenómenos son deformados por la inteligencia”[33], esto supone a su vez, que nuestra percepción está a priori condicionada por la estructura racional –binaria- que Beckett critica; por eso encontramos también en su poema “Whoroscope”, la parodia anteriormente mencionada del “cogito, ergo sum” cartesiano, donde en su lugar aparece: “Fallor, ergo sum”[34], es decir: me engaño, luego existo.

Ante este engaño de la razón que impide aprehender todo lo que no es ella misma –“cosa mentale”-, en un mundo que no ha sido estructurado por el Dios de Descartes, es que se produce la retracción de los personajes beckettianos, esto es, su repliegue hacia una interioridad. Leo Bersani y Ulysse Dutoit en “Beckett –Inhibited reading-”, afirman que “the Cogito is interestingly misread by Beckett as an intuition of mental solipsism.”[35]

Este repliegue puede además apreciarse claramente a lo largo de la trilogía, en las constantes alusiones al gris, a la oscuridad, a un hallarse dentro y resistirse a salir: “I’m not outside, I’m inside”[36], afirma el Innombrable y Malone sugiere asimismo un estado de progresiva oscuridad: “I know what darkness is, it accumulates, thickens, then suddenly bursts and drowns everything”.[37]

Por supuesto que la deconstrucción, en el sentido negativo del despojo: cuerpo despojado de sus atributos, anteriormente mencionada, es lo que posibilita paralelamente el repliegue solipsista[38], porque da lugar a la pérdida de la materia en favor de la pura sustancia, que es esa voz que narra, es este último término el que prevalece y en este sentido, leemos en The Unnamable: “... the soul being notoriously inmune from deterioration and dismemberment”.[39]

Este cuerpo-ruina, por llamarlo de algún modo, se encuentra en función de una restricción del movimiento que opera disolviendo el espacio. Como ya hemos dado cuenta de ello, los personajes o bien comienzan recluidos desde un principio (es el caso de Malone en cama), o bien atraviesan un proceso que los conduce hacia una final reclusión.

El movimiento implica ciertamente delimitaciones de espacio y con la intención de reducir el afuera –incognoscible-, reducir el movimiento supone asimismo reducir el “espacio” de acción: “The best is to think of myself as fixed”, afirma el Innombrable.[40] En base a esta reducción y teniendo en cuenta el carácter de leit motiv, en tanto excesivamente recurrente, que la palabra “motionless” adquiere, no sólo en la trilogía sino también en su prosa corta, esta falta de movimiento hace que el espacio (al igual que el cuerpo) quede reducido a su mínima expresión. Siguiendo una línea de análisis semejante, Leo Bersani y Ulysse Dutoit, afirman que “the narrator´s project is to rediscover places and bodies in order not to constitute an environment but to make it, finally, disappear... into a space permanently brought to naught”.[41]

Racionalmente hablando, espacio y tiempo se presuponen mutuamente y conforman otra de las dicotomías: “notion of time... involving very naturally that of space, they are taken to going hand in hand, in certain quarters, it´s safer.”[42]

Ambas dicotomías en cierto modo pueden homologarse: ESPACIO / TIEMPO

 ↕         ‎          ↕

CUERPO / MENTE

Aunque un cuerpo, obviamente, también está en el tiempo; no sólo en el espacio y asimismo el espacio deviene en el tiempo. Pero en este universo beckettiano se plantea una deconstrucción de los términos espacio/cuerpo, un uso negativo de los mismos, en tanto cuerpo despojado de sus atributos y reducción espacial progresiva, una clara tendencia minimalista con respecto al afuera. Como en efecto lo sugiere el personaje Molloy: “The fact is, it seems, that the most you can hope is to be a little less in the end...”[43]

Es decir, disolución de la materia en tanto imposibilidad de conocerla: “there will be no more from me about bodies and trayectories... I don´t know what it all is”[44], afirma el Innombrable.

La abolición (espacial) de las trayectorias influye en la concepción temporal. El tiempo ya no es percibido como sucesión y quedan abolidas las leyes de causa y efecto. Beckett realiza una critica en este sentido en Proust, donde afirma que “los fenómenos... [son] forzados dentro de una cadena de causa y efecto”.[45] Es por eso que en la trilogía, el tiempo nunca se corresponde con el tiempo convencional o “racionalizado”, es un tiempo que rompe con la sucesión donde principios y finales se confunden: “... I’d begun wrong... I began at the beginning, like an old bullocks, can you imagine that?”[46], sugiere de un modo irónico Molloy. La linealidad yace deshecha y en consecuencia, cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento, transgrediendo la lógica del antes y el después: así, el Innombrable indaga sobre el tiempo y rechaza toda convención: “Does this mean that when you admit the former you must admit the latter? Time will tell...”[47]

Malone por su parte, presenta una completa falta de conciencia con respecto a los parámetros del tiempo convencional, no sabe ni de minutos ni de segundos: “I don´t know how long I have been here...”[48], todo parece transcurrir en la simultaneidad de lo múltiple, donde no dejan de confundirse las historias, los hechos y el pasado con el presente. Reafirmando esta confusión Molloy sugiere: “I speak in the present tense... when speaking of the past...”[49]

La no linealidad (temporal) da cuenta de una no progresión del relato, de la historia y del accionar, que en virtud de la disolución del espacio, se anula. Esta no-progresión desemboca en una especie de circularidad temporal que contribuye también a reducir los límites espaciales del accionar previo: “I had already advanced a good ten paces, if one may call them paces, not in a straight line I need hardly say, but in a sharp curve which, if I continue to follow it, seemed likely to restore me to my point of departure...”[50]

Esta misma circularidad es la que produce el despojamiento “minimalista”, esa tendencia hacia el “lessness” o deconstrucción de cualquier constructo externo, para retornar al punto de partida, en otros términos: lo que se hace se des-hace, es éste justamente el potencial fracaso y el gesto particular que caracteriza a la estética beckettiana. No casualmente el Innombrable enfatiza al final: “For me is the beginning, my end begins...”[51]

Pero este retorno al comienzo no incurrirá en una repetición idéntica o de lo mismo. Siguiendo a Gilles Deleuze, podemos afirmar que se trataría de “una repetición que no es la de lo Mismo sino que comprende lo Otro, que comprende la diferencia...”[52] Comprende la diferencia porque en ella inciden el tiempo: “Somos otros, no ya los mismos” sugiere Beckett en Proust con respecto al inexorable devenir temporal y además, la ausencia de memoria u olvido que constantemente manifiestan los personajes beckettianos, que se olvidan de sí mismos: “There I am forgetting myself again”[53] afirma Malone; olvido que los margina de toda una tradición cultural, de todo raciocinio y, por lo tanto, de toda convención social: “I remember little or nothing of these lectures. I cannot have understood a great deal.”[54] Utilizando un concepto deleuziano, podemos afirmar que se trataría de un olvido “desterritorializante”[55], es decir, que opera disolviendo todas las coordenadas socio-racionales. Tal vez por ello, Juan Bautista Ritvo pone de manifiesto que “la literatura de Beckett... es una ascesis, una experiencia de los límites.”[56]

A todo esto, al final de la trilogía, el Innombrable propondrá: “Speak of a world of my own, sometimes refer to as the inner [...] if I could shut myself up, it would be a mine...”[57] 

La circularidad confluye en un desplazamiento hacia adentro –como ya lo veníamos anticipando-, cancelado el espacio, aniquilado el cuerpo, a la manera de la breve obra teatral, “Not I”, “bodiless”: “Whole body like gone...”[58] De este modo, se ve claramente que hay un privilegio de la interioridad –el espíritu- en una de las dicotomías y paralelamente, de la temporalidad en la otra, en esa espera interna: “I’ve nothing to do, simply wait”[59] A pesar de la nada exterior lo que queda es el tiempo, el ser-en-el-tiempo-interno.

Para explicar esta última relación interioridad-temporalidad, resulta interesante aludir al filósofo Henri Bergson, quien da cuenta del tiempo en términos de interioridad, esto es, la “dureé” bergsoniana.

Bergson realiza una crítica a la concepción racional del tiempo, aquella propia de la ciencia (de la física particularmente) que hace abstracción del tiempo “espacializándolo” y afirma en Introducción a la metafísica, que “nos instalamos en lo inmóvil para acechar lo móvil al paso”[60] Incurrimos así, en el error de creer que podemos aprehender el tiempo y sistematizarlo a través de un esquema lineal, desplazando la problemática del tiempo a la problemática del espacio, que implica a su vez, la ilusión/ficción de la aparente concatenación causa-efecto que antes mencionábamos. Es en este sentido que el Innombrable sugiere de manera radical: “The thing to avoid... is the spirit of system”.[61]

Teniendo en cuenta la dureé bergsoniana, el tiempo no abstracto ni lineal sino como simultaneidad o “multiplicidad virtual puramente interna sin exterioridad”[62] y el ser como pura interioridad (mente/espíritu); el personaje bekettiano culmina en un solipsismo absoluto en cuanto el mundo se ve reducido a ese yo interno –voz que narra en soledad  autoconfinada en la mente-:  “it will be my world... there won´t be windows”.[63]

La búsqueda imposible de estos personajes que se buscan a sí mismos y en esa búsqueda se desencuentran; (pues “identificarse” implicaría reconocerse en el afuera y en consecuencia también la articulación de todas las dicotomías que organizan ese mundo externo; en definitiva, la necesidad de un “tertium comparationis”, por demás disuelto); sería tal vez la de un nuevo orden, asimilable al último personaje sobre el que intenta una proyección el Innombrable: ese Worm de “kingdom unknown”.[64] Un nuevo orden que traería a colación aquel “orden intensivo” que Deleuze define como orden “donde lo real de la materia ha abandonado toda extensión, como el viaje interior ha dejado toda forma y cualidad para ya no hacer brillar... más que intensidades puras...”[65]

Un devenir-cero, un repliegue interior al margen de la cultura y de la razón, esto es Worm, el último personaje de la trilogía. Worm representa la posibilidad de desaparecer completamente: “Worm will vanish utterly, as if he had never been...” Sin embargo, esa posibilidad no se concreta, por eso se dice que “the mistake... of course is to speak of him [Worm] as if he really existed... whereas the whole thing is no more than a proyect for the moment”.[66] A lo que el Innombrable agregará: “Be Worm, you’ll see it´s impossible”.[67]

El problema es que para efectuar un pasaje radical a ese estado intensivo (una pura interioridad en devenir), debería despojarse también del lenguaje, él mismo afirma: “If I were Worm... I wouldn´t speak”[68].

Este último paso,  del suicidio-silencio, el Innombrable nunca lo va a dar; tampoco Molloy-Moran ni Malone, pues beckettianamente seguirán fracasando con palabras: “You must go on, that’s all I know [...] you must say words as long as there are any...”[69], inmersos en esa circularidad que siempre los devolverá a un comienzo para volver a deconstruir lo construido, en otras palabras, “el futuro es visto como regreso, como des-vivir lo vivido, hasta llegar a un utópico des-vivir”[70]; preservando siempre la voz o mínimamente el murmullo, en el límite mismo de lo decible-indecible.

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[1] En: José Luis Gómez Martínez, Teoría del ensayo; Universidad de Salamanca; 1980.

[2] Samuel Beckett; Disjecta; London; John Calder; 1983; p. 145.

[3] S.B.; Ib.  p. 33.

[4] S.B.; Proust; Madrid; Ediciones Península; 1987.

[5] Samuel Beckett; Disjecta; London; John Calder; 1983; p. 27.

[6] El término deconstrucción fue utilizado por Jacques Derrida, por primera vez en 1967, en De la Grammatologie (París, Minuit/ Traducción española: De la gramatología; México; Siglo Veintiuno; 1998).   Remite a un proceso que consiste en “deshacer”, sin destruirlo jamás, un sistema de pensamiento hegemónico o dominante. Para mayores referencias ver “Escoger su herencia” en: Jacques Derrida–Elisabeth Roudinesco; Y mañana qué..; Bs. As.; Fondo de Cultura Económica; 2001. 

[7] S.B.; Collected Poems in English and French; London; John Calder; 1977.

[8] John Pilling; Samuel Beckett; London; Routledge and Kegan Paul; 1976; p. 11.

[9]  René Descartes; El discurso del método (1637); Barcelona; Altaya; 1997; p. 47.

[10] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 42.

[11] S. B.; Ib. p. 85.

[12] S. B.; Ib. p. 115.

[13] S. B.; Ib.  p. 118.

[14] En: Beckettiana –Cuadernos del Seminario Beckett-; Bs. As.: Facultad de Filosofía y Letras; 1995; Nº 4.

[15] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 307.

[16] S.B.; The Complete Shorter Prose (1929-1989); New York; Grove Press; 1995; p. 115.

[17] S. B.; Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 258.

[18] S. B.; Ib. p. 314.

[19] S. B.; Ib. p. 78.

[20] S. B.; Ib. p. 349.

[21] Eduardo Laso; “El racionalismo y la deducción”; La ciencia y el imaginario social –Esther Díaz Editora-; Bs. As.; Biblos; 1996.

[22] John Pilling; “The intellectual and cultural background to Beckett”; in: Samuel Beckett; London; Routledge and Kegan Paul; 1976.

[23] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 307.

[24] En: Beckettiana –Cuadernos del Seminario Beckett-; Bs. As.: Facultad de Filosofía y Letras; 1992; Nº 1; p.7.

[25] S.B.; Proust; Madrid; Ediciones Península; 1987.

[26] S. B.; Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 25.

[27] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; pp. 35-6

[28] S.B.; Ib. p. 186.

[29] S.B.; Ib. p. 307.// Con respecto a este punto sería interesante, sin ánimos de establecer una relación “directa” entre la vida y la obra de Beckett, pero a los efectos de demostrar que su creación se basaba también en la experiencia concreta de lo cotidiano; hacer una breve alusión a su propia vivencia de la decadencia. En Damned to fame, James Knowlson afirma: “He often made light of his physical problems. In the last few years of his life… he swung his right leg a little more stiff than before as he walked” [“Fail better 1979-82”; Damned to fame –The life of Samuel Beckett-; London, Bloomsbury; 1997; p. 660.] Algo que podría resultar hasta irónico en términos de proyección, es esa percepción del cuerpo como otredad que tanto Molloy, Malone como el Innombrable experimentan: “He was acutely conscious of every aspect of his physical decline, observing it almost as if his body belonged to someone else” [ Knowlson; “Winter Journey 1983-9” ; p. 700] Sin embargo, no deja de ser algo que forma parte del proceso natural de la vida.

[30] S.B.; Ib.  p. 164.

[31] S.B.; Ib. p. 184.

[32] S.B.; Ib. p. 329.

[33] Samuel Beckett; Proust; Madrid; Ediciones Península; 1987.

[34] S.B.; Collected Poems in English and French; London; John Calder; 1977; p. 33.

[35] Leo Bersani and Ulysse Dutoit; Arts of Impoverishment –Beckett, Rothko, Renais-; London; Harvard University Press; 1993; p. 25.

[36] S.B.; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 414.

[37] S.B.; Ib.  p. 190.

[38] Entiendo por solipsismo el sistema filosófico que declara el monismo del yo exponente, no admitiendo más realidad ni existencia que la del yo que percibe; el solipsista declara ilusoria o fantástica toda realidad independiente y separada del espíritu. [En: Dicc. Enciclopédico; Madrid; Espasa-Calpe; 1957; p.264; Tomo VII.]

[39] S.B.; Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 333.

[40] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 297.

[41] Leo Bersani and Ulysse Dutoit; Arts of Impoverishment –Beckett, Rothko, Renais-; London; Harvard University Press; 1993; p. 81.

[42] S.B.; Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 366.

[43] S.B.; Ib. p. 32.

[44] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 326.

[45] S.B.; Proust; Madrid; Ediciones Península; 1987.

[46] S.B.; Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 8.

[47] S.B.; Ib.  p. 294.

[48] S.B.; Ib.  p. 186.

[49] S.B.; Ib.  p. 26.

[50] S.B.; Ib.  p. 318.

[51] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 387.

[52] Gilles Deleuze; Repetición y diferencia; Barcelona; Anagrama; 1981; p. 96.

[53] S.B.;  Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 195.

[54] Afirma el Innombrable, Ib. p. 300.

[55] Gilles Deleuze-Fèliz Guattari; El antiedipo –Capitalismo y esquizofrenia-; Barcelona; Paidós; 1998.

[56] Juan Bautista Ritvo; “Conferencia sobre Beckett: de lo orgánico a lo mecánico”; Formas de la sensibilidad –Restos de la cultura-; Bs. As.; Editorial Fundación Ross; 1994; p. 156.

[57] Idem nota Nº 50; p. 403.

[58] S.B.; Collected Shorter Plays; London; Faber and Faber; 1984; p. 220.

[59] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 384.

[60] Henri Bergson; Introducción a la metafísica – La intuición filosófica; Bs. As.; Siglo Veinte; 1977; p. 30.

[61] S.B.;  Molloy – Malone dies – The Unnamable; p. 294.

[62] S.B.; Ib.  p. 38.

[63] S.B.; Ib.  p. 409.

[64] S.B.; Ib.  p. 366.

[65] Gilles Deleuze – Féliz Guattari; El antiedipo –Capitalismo y esquizofrenia-; Barcelona; Paidós; 199

[66] Samuel Beckett; Molloy – Malone dies – The Unnamable; London; John Calder; 1959; p. 375.

[67] S.B.; Ib.  p. 383.

[68] S.B.; Ib.  p. 384.

[69] S.B.; Ib.  p. 418.

[70]
Laura Cerrato; “Un Beckett para este fin de milenio”; Beckettiana –Cuadernos del Seminario Beckett-; Bs. As.: Facultad de filosofía y Letras; 1997; Nº 6; p. 10.

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