Google

Avizora - Atajo Google


 

Avizora Atajo Publicaciones Noticias Biografías

Literatura / Literature
El absurdo mundo de Harold Pinter

Ir al catálogo de monografías
y textos sobre otros temas

Glosarios - Biografías
Textos históricos

ENLACES RECOMENDADOS:

- Harold Pinter
- Entrevistas a H Pinter
- Sobre Harold Pinter
- El orgasmo infinito es posible
- ¿Cuán torturadores somos?

 

Google

Avizora - Atajo Google


251208
- La Jiribilla -
Humberto Arenal - 1005


Millones de personas en las últimas semanas se han enterado, a través de Internet y de multitud de artículos,  reseñas, opiniones de oficiosos periodistas y de especializados comentaristas teatrales; que el escritor británico Harold Pinter había ganado el codiciado Premio Nobel de Literatura, que él ha  aceptado según se afirma. En los medios intelectuales ingleses Pinter no permanecía totalmente en el olvido porque desde siempre ha sido un hombre polémico y controvertido que se ha hecho sentir. Desde que comenzó a escribir en l957 ha criticado sin misericordia a su modo y manera a la sociedad inglesa que, en términos generales, él la considera hipócrita y pusilánime.

Pinter nació en 1930 en Hackney, un barrio poblado por familias de ascendencia judía de clase humilde, situado al este de la ciudad de Londres. Su padre nunca pasó de ser un modesto sastre que hizo todo lo posible para que su hijo recibiera una educación superior  a través de pequeñas becas y sacrificios familiares. El ha dicho alguna vez que ése no era más que un típico y discriminado ghetto judío donde aprendió a rebelarse contra la injusticia y la discriminación.

En la adolescencia empezó a escribir poesía que publicaba en pequeñas revistas y apenas a los 20 años comenzó  estudios de actuación en la Real Academia de Arte Dramático y en la Escuela Central de Dicción y Drama. Al graduarse adoptó el nombre profesional de David Baron y formó parte de una compañía teatral, con un repertorio casi exclusivamente shakesperiano,  que hacía extenuantes giras a través de pequeñas ciudades de Irlanda. En 1957 comenzó a escribir una novela que tituló "Los enanos", que nunca terminó y luego la convertiría en una obra de teatro; pero casi enseguida se decidió a escribir obras teatrales. El ha confesado cómo concibió la primera. Le escribió una carta a un amigo que trabajaba en la facultad de artes dramáticas de la Universidad de Bristol, donde le decía que tenía la idea de una obra de teatro, pero que no sabía cómo comenzarla.

Al amigo le gustó tanto la idea que le dio algunas indicaciones y le dijo que si le mandaba el manuscrito en una semana sus alumnos la representarían. "Como me pareció algo imposible para mí le escribí y le dije que se olvidara del asunto. Pero al día siguiente me senté y la terminé en cuatro días. No se cómo sucedió, pero la realidad es que lo logré, "  ha confesado Pinter en varias ocasiones. Esta espontánea obra en un acto escrita en tan corto tiempo, se llama "El dormitorio" (The Room), y se presentó por primera vez en mayo de 1957 en la Universidad de Bristol por un grupo de estudiantes de actuación. Afirma el crítico inglés Martin Esslin,  de origen húngaro, que es un profundo conocedor del teatro de Pinter que "esta obra ya contiene muchos de los temas básicos y en buena medida el estilo muy personal y el modo muy propio y peculiar de las obras posteriores y famosas de Pinter. Su cruel y pavorosa capacidad para reproducir las inflexiones e irrelevancias del habla cotidiana, para reflejar las situaciones más comunes que gradualmente van convirtiéndose en amenazas peligrosas, recelosas y misteriosas; la deliberada omisión de una explicación o una motivación para la acción teatral. Todo eso ya estaba en su primera obra." Asegura Esslin que el punto de partida del teatro de Pinter es la vuelta a algunos de los elementos básicos del teatro. El suspenso creado por los ingredientes elementales y puros del teatro preliterario: un escenario, dos personas, una puerta; una imagen poética de un temor indefinido y expectante. Cuando un crítico le preguntó a Harold Pinter que a qué le temían  esas dos solitarias personas en un dormitorio, Pinter le contestó: "Para mí es muy obvio, ellos tienen miedo de lo que hay afuera del dormitorio.  Afuera hay un mundo esperándolos que es amenazante. Estoy seguro que ese mundo es tan amenazante para usted como para mí."

"El dormitorio" muestra no tan sólo las características esenciales del estilo de Pinter plenamente logradas. También evidencia sus fallas que ahora nos permiten juzgar como él gradualmente aprendió a evitar las tentaciones en que cayó en el entusiasmo literario de su primera obra. La debilidad de "El dormitorio" está claro que es producto del terror, del espanto que se desprende de las situaciones más comunes que se convierten en simbolismos crudos de la realidad, del misterio más elemental, y la violencia que nos amenaza y puede aniquilarnos.

Cuando Harold Pinter escribió esta primera obra y las que le siguen se convirtió en uno más de los dramaturgos ingleses llamados Los jóvenes Airados (The angry young men). Antes habían surgido y gozaban de mucho renombre Shelah Delaney, John Osborne,  John Arden, y Arnold Wesker, qué estuvo un tiempo en Cuba en la década de los años 60 del pasado siglo.

Atrás había quedado el teatro más o menos realista de George Bernard Shaw, T. S. Eliot,  y de Noel Coward, para encontrar una referencia  cercana a ellos aunque no única. Sin embargo, otros fueron los dramaturgos  que ejercieron una influencia más directa y distinta en Harold Pinter.  Hay en su teatro  una referencia muy cercana: los escritores franceses de la postguerra agrupados dentro del llamado Teatro del Absurdo, especialmente Eugene Ionesco y Samuel Beckett, y hasta cierto punto Arthur Adamov y Jean Genet. Pero hay en mi opinión otros antecedentes bastante obvios y variados: los infaltables Franz Kafka y James Joyce, y el Surrealismo de Andre Breton y Antonin Artaud, con todas sus variantes, el cubismo y la pintura abstracta.  Parece que con todos estos antecedentes, que merecen por supuesto un prolongado estudio aparte, era inevitable que Harold Pinter escribiera sus anticonvencionales obras de teatro: en apariencia incongruentes, irrazonables, ilógicas. Parece que nos dijera: Los seres humanos estamos perdidos, hemos renunciado a la religión, a las raíces metafísicas y trascendentes. Estamos perdidos sin remedio. En un mundo que se ha tornado absurdo, el transcribir la realidad con meticuloso cuidado, es suficiente para crear la impresión de una extravagante y cruel irrealidad.

La segunda obra en un acto de Pinter, "El camarero mudo" (The Dumb Waiter), que es mucho más sutil y chispeante, fue estrenada en el Hampstead Theatre Club de Londres el 21 de enero de 1960. De nuevo tenemos una habitación con dos personas, y la puerta que conduce hacia lo desconocido. Ben y Gus, los dos asesinos que aparecen en esta destartalada escena, han sido contratados por una misteriosa organización para matar a dos personas a quienes no conocen. Les dieron la dirección y la llave del cuarto, y les dijeron que esperaran instrucciones. Tarde o temprano sus víctimas llegarán, hombres o mujeres, no importa, ellos los matarán, y escaparán del lugar. Todo es misterioso, desconocido, sin una motivación lógica. Dos genuinos terroristas. No vamos a contar todo el argumento, no es posible. Creo que no hace falta. Todo está planteado y los espectadores,

llevados de un hecho a otro, serán los testigos mudos de la bien urdida trama. Esta obra parece llenar el postulado de Ionesco al mezclar los elementos trágicos del drama con los momentos hilarantes de la farsa. Parecía que por fin, Harold Pinter había encontrado su verdadero camino como escritor.

En una nota escrita por el propio  Pinter y que apareció en los programas de sus dos primeras obras, él expresaba esta ambigua explicación: "El deseo de verificar algo es comprensible, pero siempre no puede satisfacerse. No hay radicales distinciones entre lo que es real y lo que no lo es, ni lo que es real y lo que es falso a  la vez. Una cosa puede ser verdadera y puede ser falsa, y también puede ser ambas cosas a la vez: verdadera y falsa. La suposición de que para verificar lo que ha sucedido y lo que está sucediendo presenta pocos problemas pienso que no es exacto. Cuando un personaje en la escena no puede presentar un argumento o una información convincente en cuanto a su experiencia posterior, su conducta en el presente o sus aspiraciones, ni llegar a un análisis convincente de sus motivaciones, es tan legítimo y tan digno de atención como uno que, alarmantemente, puede hacer todas estas cosas. Mientras más aguda sea la experiencia menos articulada resulta su expresión."

El problema que presenta la verificación en el teatro de Pinter está muy vinculado con su uso muy personal del lenguaje. El oído monstruoso de él para captar lo absurdo en el lenguaje popular, le permite transcribir la conversación cotidiana en todas sus repeticiones, incoherencias, y falta de lógica o pureza idiomática. El diálogo de las obras de Pinter es en apariencia como un estante de libros lleno de una palabrería incoherente muy difícil de percibir. En vez de expresarse lógicamente, el diálogo de Pinter sigue una serie de pensamientos asociados en que el sonido casi siempre prevalece sobre el sentido de las palabras. "Yo siento –expresó Pinter en una ocasión- que en vez de la capacidad de la gente para comunicarse hay una deliberada evasión en cuanto a la comunicación. La incomunicación entre las personas que conozco es tan alarmante,  que en vez de mantener un diálogo hay una constante evasión, casi  siempre hablan de otras cosas en vez de ir a la raíz de sus relaciones. Eso es precisamente lo que trato de mostrar en mis obras. Y a veces parece que tengo éxito porque la gente, en términos generales, se reconoce."

Todo esto pudiera producir la impresión que sus obras están destinadas a especialistas o exclusivamente a amantes del teatro avant garde, y no es precisamente así. Su obra Fiesta de cumpleaños (The Birthday Party), que se había presentado en un teatro londinense durante mucho tiempo con bastante  éxito, fue representada en la televisión inglesa en una versión brillantemente dirigida por él mismo.

El impacto de una obra tan extraña y demandante como esa en un medio tan abarcador como la televisión fue fascinante, según asegura Martin Esslin. Los televidentes estaban exasperados por aquella obra tan difícil y distinta a las que estaban acostumbrados a ver en la televisión, pero a la vez se mostraban intrigados. Durante días uno podía oír los comentarios en el metro o en una cantina discutiendo sobre los méritos de esa obra tan difícil y fascinante para ellos. La encontraban distinta, absurda, pero a la vez muy divertida. En realidad estaban encantados.

"Como ha afirmado alguna vez Ionesco.  Es que todo es muy gracioso, hasta la tragedia resulta graciosa cuando deja de serlo. Y yo pienso que lo que yo trato de hacer en mis obras es llegar hasta esa reconocible realidad del absurdo de lo que hacemos y como nos comportamos y como hablamos, "  ha afirmado Harold Pinter que parece acepta este postulado plenamente. Por eso sus obras subsiguientes siguieron ese patrón que le resultaba muy natural. Se convirtió con el tiempo, en el teatro inglés que  no ha sido precisamente muy innovador en las formas, en una figura polémica, aunque a la larga aceptada por la mayoría. Lentamente fue ocupando un lugar estable en la escena europea, y no sería muy aventurado decir que tiene adeptos en muchas partes del mundo. A pesar de su aparente rechazo a las formas tradicionales del teatro inglés, o precisamente por eso, hoy es más popular que Shelah Delaney, John Osborne, John Arden,  o Arnold Wesker, que lo precedieron y en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado eran más aceptados. Ahora sus obras "El portero", "La colección, " "Regreso a casa" y "El sirviente", son clásicos de la escena  representadas en casi todo el mundo. Y en los últimos años ha escrito  obras notables como "Luz de luna, " "Cenizas sobre cenizas" y "Celebración".  Su  vigencia y consistencia parece que fue muy tenida en cuenta para otorgarle el Premio Nobel de Literatura. 

Es bueno volver a los finales de los años cincuenta cuando Harold Pinter comenzó a escribir. Entonces se decía que sus obras, por lo menos en apariencia, eran distintas a las de sus contemporáneos y que Pinter tal vez no quería comprometerse política y socialmente con la realidad inglesa. Aunque a él estas imputaciones parecían no preocuparlo mucho entonces, en algún momento dijo irónicamente, que el tiempo iba a responder por él. Aparentemente tenía una gran confianza en la solidez de sus argumentos. El lo dejaba al tiempo, parecía implicar muy confiado. Y parece que fuera verdad porque ahora se afirma que sus obras son más buscadas por el público que las de sus antecesores. Aunque esto pudiera  ser debatible, la verdad está en la totalidad de la obra de este escritor.

Pinter ha escrito además de excelentes obras dramáticas, guiones cinematográficos de mérito. En Cuba hemos visto los filmes "La mujer del teniente francés", "El sirviente", "Accidente" y otras de gran originalidad. Y no son dos vertientes separadas de su creatividad literaria, parece que ambas fueran su respuesta a los difíciles problemas de los seres humanos en el mundo actual.

En la declaración que hizo pública la Academia Sueca que le otorgó el Premio Nóbel de Literatura, se afirma: "Harold Pinter es un autor que en sus obras revela el principio oculto bajo la cháchara cotidiana y fuerza la entrada a los cuartos cerrados de la opresión." ¿Verdad que se parece mucho a lo que han afirmado los críticos respecto a la validez de su teatro? Y mas adelante afirma la respetable Academia Sueca que "Pinter devolvió al teatro a sus elementos fundamentales: un espacio cerrado y diálogos imprevisibles donde las personas están a merced unas de otras y las fachadas se derrumban."

A aquel hombre al que se le acusaba de no estar comprometido con la realidad social y política de su tiempo, hoy tenemos que reconocerle su valentía e inteligencia. Es un implacable crítico del flamante primer ministro británico Anthony Blair, que todo el mundo sabe respalda plenamente la política exterior y doméstica de su fiel amigo el presidente de Estados Unidos. En las guerras de Afganistán e Irak, Blair ha aportado incondicionalmente  miles de soldados británicos, de los cuales ya han muerto unos cuantos cientos. Y otras cosas que no hay por qué repetir por sabidas. En el año 2003 publicó un tomo de poemas francamente antibélicos. Y en el 2004 participó en una campaña para pedir nada menos que la impugnación política del premier Anthony Blair.

¿Y qué ha dicho del gobierno del renombrado George W. Bush? Entre otras cosas afirmó enfáticamente en aquella campaña  que "Estados Unidos es un país dirigido por una pandilla de delincuentes." ¿Recuerdan aquello que dijo de la violencia que nos amenaza desde afuera  y puede aniquilarnos? Parece que su mundo del absurdo ha encontrado su justo lugar y sus personajes más representativos.

 


AVIZORA.COM
Política de Privacidad
Webmaster: webmaster@avizora.com
Copyright © 2001 m.
Avizora.com