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| - El fantasma del neomenemismo en la Argentina de Kirchner - La era Menem - Caso Amia |
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I. Introducción. El presente artículo se enmarca dentro de un trabajo de investigación comparada de colectividades políticas en Argentina y en nuestro país. Sobre la primera pregunta que podría surgir acerca de la relevancia de reflexionar en este espacio sobre el caso argentino, parece importante destacar que —en el marco de integración regional y hablando en el plano de las prácticas concretas— las políticas y "la Política" en los países vecinos parecen afectarnos cada vez más, por lo que no es menor el análisis de sus realidades. Por otro lado en el plano más teórico, siempre parece relevante el estudio comparado que nos ayuda a entender y analizar mejor nuestros propios procesos políticos y sociales. Lo que se intenta presentar es una breve caracterización de la instalación de un nuevo modelo por parte del Justicialismo en una primera parte, y por otro lado un estudio más coyuntural del posible comportamiento electoral de los actores en vistas de las próximas elecciones legislativas y nacionales. II. Las características de la instauración del modelo neoconservador. Parece desconcertante que el término Revolución casi apropiado totalmente por la izquierda durante décadas, pensada en términos de una filosofía progresista, tan esperada y soñada por vastos sectores populares de la América Latina, se terminara concretando en Argentina, en un período de tiempo tan corto, bajo un telón de fondo democrático, sin lucha armada, y con una orientación ideológica diametralmente opuesta. Porque lo que ha sucedido en Argentina —proceso que aún continúa— bajo la conducción del Presidente Menem y tan sólo en el lapso que dura su gestión, es la instauración de un modelo que supuso una transformación tan importante de todas las estructuras institucionales, políticas, y sociales que significa realmente lo que podríamos llamar la "revolución silenciosa". Si bien se están dando en todos los países de la región "acomodamientos" que tienen que ver con las nuevas reglas impuestas por los procesos de la globalización de la economía, éstos tienen muchos matices y gradaciones. Argentina parece ser uno de los países donde el modelo neoliberal se aplicó en forma más "pura" y hasta casi más ortodoxa que como lo aplican sus propios creadores. El modelo neoconservador que está delineando el país vecino no sigue exactamente el que durante años adoptaron países desarrollados como Inglaterra o Estados Unidos. La singularidad del caso argentino es la confluencia y articulación de elementos de la mayor tradición del libre mercado —tal como se enseña en las universidades del norte— y sus referentes y valores ideológicos conservadores, con fuertes partes del legado cultural e histórico dejado por el peronismo. Menem asume la presidencia en medio de una crisis generalizada y un caos social e institucional importante que obliga a Alfonsín a adelantar la entrega del mando. El mandato de Alfonsín, fue un período transicional y de intento redemocratizador luego de un largo período de autoritarismo militar. Podemos interpretar este lapso como una reorganización de las instituciones y la sociedad civil para la posterior implementación del proyecto social y económico del radicalismo. Sin embargo este proyecto nunca se terminó de instaurar dadas las presiones de distintos agentes económicos externos e internos, de las presiones de algunos sectores sociales, y de las propias debilidades institucionales de conducción del gobierno. Lo que existió como telón de fondo en este período fue —luego del ocaso del experimento social y económico militar— un juego de interacción de todos los sectores en la pugna por el poder y la instalación de su propio proyecto. Siguiendo a José Nun una lucha por la imposición de un Régimen Social de Acumulación determinado, siendo éste "un conjunto complejo e históricamente situado de las instituciones y de las prácticas que inciden en el proceso de acumulación de capital, entendiendo a este último como una actividad microeconómica de generación de ganancias y de toma de decisiones de inversión". Visto desde este ángulo hasta podríamos instalar la pregunta —sólo a los efectos de la reflexión ya que su tratamiento excede los alcances de este artículo— si el Presidente Menem eligió, formuló y aplicó este modelo, o si por el contrario el modelo que se venía gestando como ganador dentro de esta pugna de intereses lo eligió a Menem para que lo aplicara, en cuyo caso el Presidente sería el emergente. Cualquiera sea la interpretación, lo que parece relevante es revisar los mecanismos por los cuales se pudo realizar esta verdadera revolución, que implicó altos costos sociales y quiebres muy importantes con la cultura histórica y política del país, dentro de un marco constitucional y con algunas resistencia y oposición pero demasiado leves tomando en cuenta la virulencia y fuerza de las medidas aplicadas. Esta revolución —como todas— implicó un contexto histórico y social determinado que le fuera favorable y mucha capacidad de su conductor para tomar las medidas necesarias en los momentos oportunos. Parece importante ver algunos puntos de ese contexto que lo favorecieron y las medidas adoptadas para realizar esa transformación. Ante la situación de crisis en la que asume Menem, éste cuenta con algunas condiciones que facilitan el comienzo de su plan de reformas: la debilidad política de la oposición y de los sectores sociales organizados; la poca capacidad de reagruparse y hacer sentir su peso de los sectores de su partido que quedaron en minoría y que eventualmente podrían oponerse a sus medidas; la debilidad de las instituciones del Estado que no se habían fortalecido luego de la dictadura durante el período alfonsinista, y por último —en algo parecido a un acto de fe desesperado— todas las credenciales que le otorgó la mayoría de la población luego de la hiperinflación y el desgaste del período anterior para que utilizara el poder en forma ilimitada. Esta situación de debilidad de los demás actores en el principio de su mandato fue muy bien aprovechada por el presidente, que pudo trazar en ese período las líneas que le permitirían más adelante ir concentrando el poder en sus manos. Esta es una de las premisas básicas para poder imponer las medidas de reformas: la concentración máxima del poder. Para realizar este proceso concentrador se utilizaron básicamente dos mecanismos: el que hace a las instituciones del Estado encargadas de los contralores y contrapoderes, y el que tiene que ver con la sociedad civil y sus distintas formas de organización social y política. Por detrás de estos mecanismos está —sin duda— la concepción misma de la idea de democracia. Para analizar esto consideremos el general y amplio concepto democrático como un continuo en gradación donde en un extremo —como modelo democrático— se acentúan los aspectos de la mayor representación y participación deliberativa posible en todos los espacios , y en el otro extremo el énfasis está en la delegación total en un líder con la única responsabilidad ciudadana de dar un voto; Menem teniendo como recurso el discurso original del peronismo tensó todas las cuerdas hacia este último. En esta versión de democracia menemista, la división e independencia de los tres poderes se ha ido diluyendo en forma tal que el Ejecutivo ha invadido y concentrado lo que serían lógicas potestades del Poder Judicial y Legislativo. La designación de jueces incondicionales al presidente en la Suprema Corte , sumado al hecho de la desconfianza que siente la población ante la justicia luego de tantos episodios que la han desprestigiado y debilitado totalmente en cuanto a su credibilidad y autonomía. Por su parte el Legislativo ha sufrido los embates de un permanente discurso deslegitimador por parte del presidente que lo acusa de lento e inoperante, lo que ha ido socavando su prestigio. Esta situación ha sido utilizada como justificativo para que Menem haya tomado muchas de sus medidas más duras por decreto y sin consulta. En realidad todas y cada una de las distintas redes del aparato estatal han quedado —vía los engranajes correspondientes y con sus hombres de confianza al frente— bajo el control y la órbita del Ejecutivo en una experiencia de las más centralistas de la región. Otro aspecto que habilitó el proceso de transformaciones, es lo que hace a la sociedad civil. La implantación de medidas antipopulares supone la represión o desarticulación de cuanta organización social que pueda oponerse. Como se dijo antes, muchas de estas líneas de acción ya fueron tendidas al principio del gobierno menemista aprovechando el caos. Antes de que las distintas manifestaciones de organización social pudieran irse fortaleciendo, distintas acciones emprendidas sumadas a la propia crisis impidieron este proceso. Gruner dice que "El debilitamiento de la vitalidad asociativa parece ser la inevitable contrapartida de su necesidad, en condiciones en que las políticas de ajuste y el retroceso de la ciudadanía social alientan la fragmentación de la acción colectiva", lo que podría sugerir la interrogante de por qué en momentos de mayor indefención social, no parece clara la posibilidad de la reorganización. El proceso que se ha venido dando de creciente "desciudadanización" ha transformado a la población en meros consumidores de políticas, en forma totalmente pasiva. Para Gruner ha habido "un colapso del edificio simbólico y referente ideológico del nacional populismo, discurso no sólo del peronismo sino de la izquierda y otros sectores como el radicalismo" Lo que puede percibirse son manifestaciones espontáneas de descontento y de protesta. Pero éstas no son articuladas y no se canalizan hacia estructuras o movimientos que pudieran ser un contrapoder. La fragmentación y el debilitamiento de las organizaciones sociales parece no poder superarse en medio de un sentimiento generalizado de desaliento. Las organizaciones que existen y que intentan denunciar situaciones o ponerse a la cabeza de movilizaciones organizadas, tienen —por lo menos al momento— un impacto limitado y terminan siendo algo así como un murmullo de fondo, pero muy leve, tapado por el estruendo y el altísimo volumen de lo trivial y la "farándula". La mención anterior tiene que ver con el efecto que sobre la construcción de la opinión pública están teniendo los medios de comunicación. Porque no podemos dejar de reconocer en la nueva "cultura" de la apatía, del individualismo y del sentimiento de "ajenidad" con la realidad política y económica, buenas dosis del manejo hecho sobre todo por la televisión. Porque la realidad tal como la percibe la mayoría de la población está cada vez más mediatizada. El manejo trivial y espectacularizado de los grandes y graves temas nacionales— entremezclado y al mismo estilo que los programas de diversión o comedias— no informan, sino que sólo generan un ámbito de confusión mayor que desalienta la participación y politización ciudadana. También existe en este "vaciamiento" de participación ciudadana, la responsabilidad de las organizaciones políticas de oposición. Los partidos opositores también fueron afectados y "contaminados" por el estilo y las formas de conducción del menemismo. De esta forma tampoco pudieron dar respuestas alternativas claves que tendieran a fortalecer sus propios partidos debilitados u organizaciones sociales. La "cultura de la urgencia" que tiene que ver con la búsqueda de las soluciones a problemas inmediatos, como el desempleo, la marginación o el hambre, produce más levantamientos y movilizaciones reactivas, y no favorece el asociacionismo a más largo plazo. III. Algunos elementos de la estrategia electoral de Menem. El estudio de la estrategia electoral utilizada por el menemismo es un elemento importante para analizar, en el sentido que le permitió la aplicación del proyecto neoconservador llegando al poder por vías democráticas, a diferencia de otros casos en América Latina como el chileno que se produjo durante la dictadura, o el peruano que implicó en un momento que el presidente Fujimori disolviera el Parlamento en lo que se llamó un "autogolpe". Nos detendremos en la estrategia utilizada, y la que eventualmente podría utilizar con un breve repaso de la situación de la oposición. Históricamente el peronismo funcionó como movimiento más que como partido, con adscripción de distintos sectores al líder. Luego de la derrota electora de 1983 se conformó en el interior del Justicialismo una arista de estructura partidaria que intentó "democratizar" vía representación orgánica su funcionamiento, pero también coexistieron formas inorgánicas de movimiento que permitieron la integración de sectores de la sociedad que no fueron en sus orígenes bases del peronismo, o incluso personas claves en puestos de importancia, que sin tener que comprometerse totalmente con la "idea peronista" pudieron sin embargo participar en el proyecto político actual. Esto se hizo vía cooptación de algunos antiguos líderes justicialistas o de líderes de afuera del justicialismo siempre y cuando siguieran fielmente el proyecto menemista. En este sentido un analista explica que no hay que entender los votos menemistas como un apoyo a una ideología coherente y que " el aval societario se asemeja más a un refugio pasajero que a una convicción política durable" (Sidicaro, Ricardo en La Ciudad Futura). El enorme pragmatismo de Menem le permitió ganar el poder manejando las dos orientaciones — movimiento, partido— de acuerdo a la conveniencia y seguramente para estas próximas elecciones el control sobre el aparato partidario le permitirá que la línea continuista siga siendo mayoritaria. En base a este funcionamiento, se puede interpretar el "menemismo" como un "pacto o alianza" (no explícito ni formal) que trascendió lo que eran las bases de sustentación del peronismo e incorporó sectores de intereses diversos y hasta contradictorios que lo acompañaron. Sectores sindicales se pliegan a este modelo junto con sectores intelectuales que abarcan un amplio espectro derecha-izquierda; asimismo sectores financieros y empresariales que supieron castigar la última etapa del gobierno radical de Alfonsín junto con militares desconfiados también encontraron en este plan de "estabilización" un ámbito más seguro para sus intereses. Este mismo mecanismo permitió la participación en el menemismo de outsiders de la política, que fueron cooptados por el gobierno por ser famosos y tener "fans" propios, casos como el de Reuteman, "Palito" Ortega y otros. Esta unificación un tanto desconcertante, que puede parecer irracional, tuvo sin duda una cierta lógica racional. Primeramente esta lógica de amplia incorporación de personajes tan dispares fue la que permitió tener la mayoría de los votos. La opción no está en la profundización ideológica-programática que estrecharía el caudal electoral, sino en la utilización pragmática del discurso, es desde el discurso que el gobierno de Menem debe articular la adhesión de los diferentes sectores de la sociedad. El discurso no es en sí "un discurso" único fundamentado en un hilo conductor ideológico, o en una doctrina peronista, o incluso un discurso explicativo de un modelo de país concreto. La estructura del discurso menemista tiene una forma similar a una pirámide, donde en el vértice superior hay dos o tres ideas fuerza muy generales y abstractas que son las "discurseadas" por el presidente, en las que cualquiera de los sectores sociales mencionados pueden acordar: "modernización", "desarrollo", "crecimiento", "globalización", "Mercosur", porque en definitiva la interpretación de estos conceptos se las da cada quien y no el propio Menem. Por las aristas correrían los "subdiscursos" que conforman el "paquete discursivo" que sería la base. Esta descripción tan geométrica puede ayudar a entender lo siguiente: El paquete discursivo sería conformado por los distintos voceros que dicen cosas distintas a destinatarios distintos y sólo tienen como punto de contacto aquel vértice superior. Es así que los empresarios y agentes económicos escucharán el discurso que viene desde los voceros del Ministerio de Economía y acordarán con el paquete de "estabilidad", los trabajadores escucharán a los voceros oficialistas que representan el sindicalismo y acordarán con el discurso de la pelea por bajar el desempleo, los sectores más empobrecidos escucharán a los líderes que hablan desde la justicia social. El pragmatismo discursivo permite una gran versatilidad y movilidad para destacar cualquiera de las aristas según la necesidad. Es así que cuando se comenzó a aplicar el paquete económico, el discurso subrayaba las bondades de la estabilidad, trayendo siempre al recuerdo popular el fantasma de la hiperinflación. Cuando los efectos se hicieron sentir en cosas como el desempleo, se destacó la próxima lucha y el abatimiento del mismo apostando a confundir con cifras que no coincidían entre sí. Pero tan importante o más que el contenido del discurso es la forma en que éste se hace. Por eso el estilo que utiliza el presidente no es cualquiera sino que se adapta a la audiencia. El uso frecuente del estilo más "campechano" o "populachero" es utilizado para dirigirse a la población que se puede sentir identificado con ese vocabulario. Menem trasladó lo que fue en el peronismo histórico la contradicción principal —oligarquía-pueblo y nacionalismo-imperialismo —a otro plano de la realidad ya que obviamente este clivaje debía "aggiornarse". Para un estilo de liderazgo menemista incorporar en el discurso una polarización en extremo "nosotros y los otros" da sus réditos igual que lo dio el histórico. Entonces el Gobierno incorpora a su discurso el "nosotros" que son los peronistas, que representan todo lo bueno, y deslegitima a "los otros" que es la oposición que representa todo lo malo. Lo interesante de esta oposición es que, realizando nuevamente el mayor uso de su pragmatismo, las categorías "nosotros-los otros" permite gran movilidad entre los incluidos en una u otra para cambiar de posición. Dentro de la estrategia de continuidad del proyecto, esto es altamente ventajoso ya que permite concentrar y conservar sólo las lealtades y adhesiones incondicionales. Más aún, ver quienes integran una y otra es la confirmación de lo anteriormente expresado. Porque en el "nosotros" no siempre están todos los peronistas o justicialistas, sólo los que apoyan el modelo, y por tanto hay no justicialistas pero seguidores del líder, por ejemplo gente venida de los partidos de la derecha como los Alsogaray. Mientras tanto en el "los otros" no sólo figura la oposición sino los echados del otro sector por tener problemas personales o competir y que son tratados de traidores. Caso del ex-ministro Cavallo, que pasó de ser uno de los principales hombres del Gobierno a ser "oposición" a. La interna partidaria y la sucesión. El plano político de Argentina comienza el año l997 teñido de contienda electoral. Especulaciones varias sobre los candidatos y acusaciones mutuas entre el gobierno y la oposición. Se trata no sólo de elecciones legislativas. Es un momento de termómetro de la opinión pública para que los distintos actores políticos midan fuerzas y diseñen la estrategia a seguir para las elecciones nacionales de l999. Por esto mismo, cada sector dispondrá de toda su artillería pesada en esta carrera para lograr acumular lo máximo posible y quedar bien colocado en los resultados. De estos resultados seguramente se podrán configurar los futuros liderazgos, alianzas y estrategias futuras. Dentro del esquema que veníamos analizando, toda la estrategia del actual presidente tenderá a que ninguna eventual alteración de la correlación de fuerzas actual pueda interrumpir el proceso de consolidación del proyecto neoliberal. Para esto debe asegurarse algunos frentes en la pelea electoral, y que no sólo pasa por asegurarse que la oposición no aumente su caudal, sino vigilar la interna de su partido para que exista una continuidad. La primer tarea del oficialismo ante las legislativas de l997 es mantener un cierto equilibrio y cohesión entre las distintas orientaciones, y que la lucha interna por los liderazgos no signifique un desgaste importante para el aparato partidario en términos de disidencias o fracturas. No se debe olvidar tampoco, que en esta instancia ya quedarán perfilados los posibles candidatos para todos los cargos nacionales de las elecciones nacionales del l999. La lucha por la sucesión toma centralidad desde el presente. En estos momentos coexisten un par de proyectos dentro del menemismo. Uno es el de la "re-relección" como se le ha llamado que permitiría al Presidente continuar un período más en el poder, lo que —volviendo al tema del principio de la instauración del neoconservadurismo— aseguraría su consolidación. La "menemización de Argentina" en esta hipótesis sería el equivalente de la "thatcherización" en Inglaterra. Si bien el presidente declara que no tiene esta intención es una posibilidad que podría contar con bastantes apoyos de sectores interesados en la continuidad del modelo. El segundo proyecto es la elección de un sucesor que pudiera tomar el timón para seguir conduciendo en la misma dirección. Tal como se van perfilando los liderazgos, las dos figuras que se están lanzando a "pre presidenciables" son el actual Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde y el ex-gobernador de Tucumán Ramón Ortega. Esta es una pulseada que determinará los comportamientos electorales futuros. Por un lado Duhalde cuenta como ventaja el apoyo de buena parte de los sectores sindicales. En su discurso Duhalde pudo en su momento mantener cierta distancia de la política económica de gobierno, manteniendo su popularidad entre los trabajadores. Lógicamente desde que se largó la carrera por la interna, Duhalde mantuvo un discurso de reconocimiento a todo lo hecho por Menem, ya que no puede hipotecar un posible aval futuro de los "menemistas". Esto quedó muy claro en el acto que organizaran algunas de las organizaciones sindicales para su proclamación como candidato, mientras los presentes dejaban en claro con sus consignas sus disconformidades, Duhalde intentó suavizar estas rispideces y volcar algo para el molino del presidente. Como desventaja, el gobernador tiene algunas desconfianzas por parte de los sectores financieros y económicos que no comulgaron mucho con su discurso más "popular" y con visos de autoritarismo. Bajo este nombre se están ubicando algunos líderes importantes, y en este momento dos corrientes: la Liga Federal y la LIPEBO encabezadas una por quien fuera el gran perdedor de las internas que pusieron a Menem al frente, Antonio Cafiero; y la otra por Alberto Pierri. Como parte de su estrategia próxima el gobernador de Buenos Aires intenta que no corra sangre, está reacomodando sus relaciones con ambos e intenta que se acuerde una lista única. También forma parte de sus planes el intentar reincorporar a las filas del peronismo a Bordón, con quien entraría en conversaciones para ofrecerle algún espacio donde no le sea demasiado incómodo volver luego de haber incursionado por la oposición. Existe una presencia fuerte femenina apoyándolo que es la de su esposa, Hilda G. de Duhalde, que tiene una trayectoria de trabajo político propio importante y que cuenta con mucho reconocimiento. Por otro lado Ortega cuenta como ventajas su propia imagen y la popularidad de su carrera artística anterior y la popularidad de su hijo que lo ha mantenido cerca de la "escena artística". También en este caso hay una figura femenina que acompaña. La acción social emprendida por su mujer le ha dado en la provincia de Tucumán cierto respaldo popular. La figura un tanto "angelical" (¿recuerdo de Eva Perón?) y la intervención política de Evangelina desde su Fundación "Esperanza" por donde se vehiculiza toda la política social del Gobernador, recuerda —más allá de las intenciones de los sujetos— la importancia que en muchos casos ha tenido la intervención de las esposas de los políticos. Como desventajas Ortega no cuenta con una estructura firme a nivel nacional ni con apoyos importantes ya declarados: le ha fracaso un intento de acuerdo con Cafiero. Parte de su estrategia próxima para poder proyectarse es probar fuerzas en las internas del Partido Justicialista de Buenos Aires donde supone contar con alguna fuerza electoral, para ir por lista propia a las legislativas. También lógicamente intentar alianzas con algunos líderes y caudillos de prestigio que le den base de apoyo. Por su parte el presidente no ha querido pronunciarse sobre ninguno de los dos candidatos. Primero porque aún no está definida la posibilidad de una eventual tercer candidatura, y segundo porque es un dato de importancia tener los resultados de las legislativas para medir los pesos electorales de cada uno. Lo que queda bastante claro —en todo caso— es que si Menem no se presenta a una nueva elección, su actual control sobre todo el aparato partidario le permitirá sin problemas designar a su propio sucesor. Este dato es clave en el sentido que no parece viable una candidatura dentro del Justicialismo que proponga un programa distinto al actual. b. Como se ubica la oposición. Tal como menciona el analista político Sidicaro, el gran éxito de Menem no es su caudal electoral, sino su capacidad para haber trasladado a la oposición su propio estilo de hacer política. Los partidos opositores no han podido salir de esta red que ha generado el estilo menemista, que implica hacerlos jugar con sus propias reglas. Los estilos discursivos, las apariciones públicas, las negociaciones, la lucha por el poder, la comunicación con la gente, el relacionamiento interno y externo partidario, parece haberse moldeado para "contaminar" a todo el sistema político. Esto dificulta la generación de proyectos alternativos creíbles transformando todo en "más o menos lo mismo" para la mayoría de la población. La definición electoral de las legislativas de este año, tendrá en buena medida que ver con la estrategia que desplieguen los sectores opositores. Una de las grandes dificultades que han tenido los partidos de la oposición es que —pese a la voluntad conjunta de derrotar al "bloque peronista", no han podido lograr acuerdos o alianzas de ningún tipo, ni siquiera puramente electorales. Hay expresiones opositoras que parecen no contar con gran peso como la que conduce Aldo Rico —militar con orígenes "sublevacionistas"— o sectores minoritarios de la izquierda. Por otro lado es una gran interrogante los pasos que seguirá el ex-ministro Cavallo, que ahora —desde afuera del menemismo— pretende formar parte de la contienda para legislador; pese a que se encuentra actualmente procesado por la justicia. Las dos fuerzas políticas que aparecen con más peso y caudal como para enfrentar al Justicialismo son la histórica Unión Cívica Radical y la más nueva coalición Frepaso. Tema no menor es que además de la contienda con el oficialismo los partidos opositores deben resolver sus propios problemas internos. Por un lado el radicalismo debe recuperarse frente a la opinión pública de varias "desventajas comparativas". La primera es que no es fácil borrar de la memoria colectiva el estado del país momentos en que Alfonsín debió dejar la Presidencia anticipadamente. La hiperinflación fue una herida para la población y es algo que probablemente funcione dentro del discurso oficialista para recordarle a la gente de lo que los "salvó" el Justicialismo. El segundo tema que implicó que los votantes radicales castigaran mucho a su conductor y que se deberá superar es el famoso "pacto de Olivos" donde Alfonsín terminó acordando y permitiendo el sueño reeleccionista de Menem. Esto provocó un debilitamiento importante a la estructura partidaria, aunque se podría ahora especular con que una gestión diferente por parte de Terragno, el presidente de la Unión Cívica Radical, haya logrado recuperar algo de sus bases y apoyos. Acá la interrogante estaría más centrada sobre el comportamiento del votante no encuadrado y que opta en forma más independiente en cada elección de acuerdo a las campañas. Dentro de la interna también se juegan espacios por el poder. En algo parecido a un relanzamiento, Alfonsín encabezó algunos actos donde dejó deslizar algo así como "por la vuelta". En el marco de esta estrategia el ex-presidente será candidato a diputado en las próximas elecciones legislativas. Sin embargo existen otros liderazgos y sectores que consideran que la imagen del ex-presidente está muy deteriorada. El Intendente de Buenos Aires, De la Rúa, siente que ya cuenta con bastantes apoyos y que es su momento de proyectarse. En realidad esto significa capitalizar los réditos de su gestión que aparece como positiva en Buenos Aires. En el caso del Frepaso entre las dificultades más importantes que ha debido sufrir han sido los sucesivos desgajamientos y disidencias de sus principales protagonistas. Se podrá interpretar esto de diferentes maneras, no debemos olvidar que esta fuerza política se conformó en torno a sectores venidos de tiendas muy distintas, por lo que pedirle cohesión ideológica o estratégica en un primer momento parecería demasiado. Disidentes peronistas, radicales, sectores de la izquierda más tradicional, necesitaban necesariamente de un tiempo de maduración para la consistencia de un partido. Tampoco se puede negar la lucha por los protagonismos o liderazgos que terminaron alejando a Solanas y después a Bordón. También es importante el hecho de que existió una mala lectura por parte de sus dirigentes de las primeras actuaciones electorales del Frepaso. Los importantes caudales de votos obtenidos en las legislativas anteriores pudo hacer suponer a los conductores que ya estaban listos y con la historia suficiente como para competir solos y cuerpo a cuerpo las elecciones nacionales con el peronismo. Un análisis más detallado indicó que ese primer respaldo electoral no significó restarle votos al Justicialismo, sino que su crecimiento se debió fundamentalmente al corrimiento de votos de radicales descontentos por el "pacto de Olivos". Lo que en definitiva se traduce en que el bloque opositor en sí, en esas instancias no había crecido. La estrategia actual del FREPASO sería consolidar una estructura más sólida a nivel de todo el país y no sólo en Buenos Aires donde tienen más fuerza. La "institucionalización" del partido de alguna manera está dando sus primeros pasos tras el último Congreso donde se conformó como una confederación dividida en distritos. La otra lección aprendida es la de intentar incorporar nuevas fuerzas y generar alianzas y acuerdos. En ese sentido la ofensiva vendrá por el lado de buscar en las provincias los principales aliados, y buscar sectores de la izquierda que se incorporen. Existen señales de ambas colectividades —la Unión Cívica Radical y el Frepaso — que se envían mutuamente intentando posibles acuerdos. Chacho Alvarez pide gestos de desprendimiento a los radicales para poder hacer un frente común a Menem, por su parte dentro del Radicalismo habría líderes como Terragno que estarían más afines que otros —caso de Alfonsín— a realizar acuerdos ya para las legislativas de este año. Esta posibilidad de alianza inmediata no parece tan probable, sin embargo. El radicalismo pretende acordar en Buenos Aires donde sabe que el Frepaso tiene fuerza, mientras que en la línea de consolidar una estructura nacional, Chacho Alvarez sólo aceptaría acuerdos que incorporaran a las provincias. Un desafío importante para el Frepaso en el interior del país, es poder adaptar su discurso —que fácilmente reciben las clases medias e intelectuales— a los sectores obreros y altamente empobrecidos de la sociedad. c) Algunas perspectivas posibles. No es responsable vaticinar pronósticos ante una realidad bastante compleja. Pero sí es posible mencionar algunas alternativas posibles que se puedan dar dependiendo de las estrategias de los diferentes actores. Cuando hablamos anteriormente de la "instauración" del modelo neoconservador, estábamos manejando la hipótesis de que más allá de quién pueda asumir el gobierno en el 99, será muy difícil que se puedan modificar muchas de las transformaciones realizadas. Estas son de tal envergadura que han modificado al propio Estado, las formas y reglas de juego del relacionamiento social, y han comprometido a su vez la inserción y la forma en que Argentina se relaciona con la comunidad internacional. Un gobierno distinto podrá adoptar medidas paliativas, hacer mayor énfasis en las políticas sociales, pero difícilmente podrá rearmar y volver al Estado argentino pre-menemista. Y este es uno de los más grandes escollos para la oposición en el sentido de que la única opción que le queda para su discurso es en términos de postmenemismo, y las alternativas y el margen para presentar proyectos muy distintos no tienen demasiada amplitud. La gran capacidad de recrearse a sí mismo que tiene el peronismo —en términos del manejo pragmático del discurso, de los liderazgos personales, del control del aparato Estatal— dan para pensar que una puntual baja del "raiting" del presidente no implique necesariamente una derrota electoral legislativa ni menos las nacionales en 1999. Sea el propio Menem, o el sucesor que él delegue, esta realidad indicaría la continuidad del Justicialismo. Como contrapartida de esta situación, la oposición no ha tenido capacidad de respuesta para neutralizar esto. Baste como ejemplo que hasta el momento no se han podido lograr mínimos acuerdos electorales, coordinar acciones, tener la suficiente fuerza de llegada a la población con una campaña de denuncia y de información seria para contrarrestar la hegemonía y el control del oficialismo. No obstante esto, no podemos dejar de manejar que una alternativa con menos probabilidades —pero aún posible— es que de encontrar una nueva y buena estrategia concertada por parte de la oposición pudiera cambiar la actual situación. Podríamos mencionar acá el actual triunfo del Partido Laborista en Inglaterra que saca del gobierno a los conservadores luego de un muy extenso período. Aunque en esta hipótesis reiteramos lo ya dicho —y también valga esto para el caso inglés— que lo que no se percibe como sencillo es la posibilidad de reordenamiento o vuelta atrás de las estructuras instauradas. Bibliografía |
Narcodemocracia y
Menem 1003 - Fuente: Clarín - EN EL CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE NARCOTRÁFICO Duro ataque de Gustavo Beliz contra el menemismo El ministro de Justicia dijo que en la década del 90 hubo “una narcodemocracia” con “funcionarios públicos que lavaron dinero sucio”.En sintonía con la línea marcada por el propio presidente Néstor Kirchner, que nunca deja pasar ocasión para criticar la política económica aplicada en la década del 90, el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Beliz, salió hoy a pegarle duro al gobierno de Carlos Menem. Dijo que durante su gestión “hubo una narcodemocracia” con “funcionarios públicos que lavaron dinero”. Hablando del ex presidente en forma directa, aunque sin nombrarlo, Beliz afirmó que "el gobernante que para financiar su aparato político tiene que hacer la vista gorda de los dineros sucios y tiene que pactar con el dinero de la droga es un gobernante que hipoteca al país por su nivel de complicidad y eso ocurrió en la Argentina de los 90". En un discurso dado esta mañana en el Congreso Internacional sobre narcotráfico y prevención de estupefacientes y sida, el ministro resaltó que “los funcionarios públicos (en la década del 90) llegaron al poder con el afán de enriquecerse y no de servir; y establecieron pautas de comportamientos, de actitud, de nepotismo, con un fuerte nivel de complicidad con la corrupción y el narcotráfico. "Si queremos llamar a las cosas por su nombre tenemos que diagnosticar esta situación", aseguró el funcionario. Y, en alusión a Carlos Menem, sostuvo que "la responsabilidad ha sido de tipo político". Beliz lanzó sus dardos contra el menemismo a pesar de haber militado un tiempo en sus filas. Fue secretario de la Función Pública entre 1989 y 1992 y, entre 1992 y 1993, estuvo a cargo del Ministerio de Justicia. Cuando se le preguntó sobre su paso por el gobierno menemista, contestó: “Yo me fui de esa situación con mucha dignidad" |
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