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¿Para qué la Ciencia Social? - Antropología de la libertad Edgar Morin |
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Escuela
Superior de Policía Director Investigación: Comisario Dr. Víctor Ramírez Director Esc. Sup. Policía: Comisario Mayor Jorge L Riportella
INTRODUCCIÓN
CONCEPTOS
BÁSICOS ABUSO: Mucha gente hace abuso de las drogas sin saberlo o sin haber tomado conciencia de lo que hace. Distintas formas de abuso son tomar un medicamento en mayor dosis que la indicada, beber alcohol en exceso o consumir drogas ilegales. El abuso de drogas es consumirlas en exceso y con cierta periodicidad ADICCIÓN: Cuando alguien siente o cree que no puede vivir sin una sustancia y la utiliza en forma permanente y de manera compulsiva, sufre una adicción. Son adictas las personas que no pueden para de consumir, que viven por y para las drogas. Existe adicción cuando se tiene la necesidad inevitable de consumir alguna sustancia y se depende física y/o psíquicamente de ella DEPENDENCIA: En este período la droga se toma indispensable en la vida cotidiana de quién la consume. Las drogas son utilizadas ya no por el placer de consumirlas, sino para evitar el displacer que su ausencia causa en la vida del consumidor. Es el estado psíquico y a veces físico, provocado por el consumo continuo y reiterado en el tiempo de una sustancia
CAPITULO I LA
ADOLESCENCIA
1-
EL ADOLESCENTE Y SU ENTORNO Parece
muy importante tener presente inicialmente que el adolescente no es un
proyecto de ser humano incompleto y un poco alocado.
Efectivamente, en nuestra sociedad es en la que se observa, con
mayor relevancia, el desfase existente en los individuos jóvenes, entre
la madurez corporal y la madurez mental
En sociedades llamadas "menos civilizadas", la plenitud
de desarrollo corporal, es tenida también como punto de partida de la
adultez. En nuestro medio sin embargo, casi se podría afirmar la
existencia del fenómeno contrario, puesto que no se es adulto hasta que
no hay una aceptación social para ello
En este sentido, puede afirmarse sin error posible, que existe una
clara tendencia a demorar dicha aceptación social hasta edades bien
avanzadas
Desde este modo, decimos que en estos últimos tiempos se "
alarga la juventud", con lo cuál se dilata la adolescencia, puesto
que los jóvenes no son considerados "aptos" para la madurez
social hasta mucho más tarde de la obtención de su madurez reproductiva
que constituye el parámetro corporal más evidente.
Como formulación resumida, podríamos expresarlo del modo
siguiente: "La
adolescencia se define por manifestaciones de madurez somática, pero
también existe una clara influencia social en la validación del
individuo como ciudadano maduro".
Desde otro punto de vista, la adolescencia se caracteriza por ser
un período de crisis. Dicha crisis sin embargo, hay que entenderla más
en el sentido de "cambios rápidos" que en el de
"confluencia de problemas", aunque, por supuesto, los cambios
siempre conllevan algún problema.
Es perfectamente comprensible que la entrada de un hijo en el período
adolescente tenga una considerable cantidad de problemas que antes no
existían.
Tal vez uno de los más importantes, sea el efecto que tiene, en la
vida del conjunto familiar, la voluntad del joven para empezar a poner en
práctica, expresar e incluso imponer, sus propios criterios, aún poco
dimensionados, sobre cuestiones concernientes a su propia vida y a la de
los demás.
Hablamos del efecto que tiene, porque normalmente a los padres se
les hace difícil cambiar el modo de entender a sus hijos, los cuales,
hasta hace poco eran muy dependientes para, en poco tiempo, rechazar
cualquier "interferencia" adulta.
Por tanto, puede existir en los padres en primer lugar, una sensación
de exclusión o incluso de rechazo, provocada por esta nueva actitud de
independencia de sus hijos. En segundo lugar, para un adulto, no solo
significan un problema los cambios de conducta de sus hijos, sino que
estos cambios son la prueba irrefutable de que a ellos, como adultos
maduros, se les acaba una etapa de su vida y se enfrentan con la vejez
venidera.
La adolescencia es una edad difícil, pero no sólo para sus
protagonistas, sino también para los propios progenitores, aunque les sea
más difícil reconocerlo.
Formulado de un modo simple podríamos decir: "La
adolescencia supone un período de cambios para los hijos jóvenes, pero
también lo es para los progenitores que se enfrentan al fin de su etapa
de crianza".
Se ha hecho referencia, en los párrafos anteriores y en numerosas
ocasiones, a los cambios consustanciales al período adolescente.
Tal vez el más evidente de estos sea precisamente la llegada del
sujeto a la madurez sexual, pero no es menos importante el hecho de
conseguir, durante la preadolescencia, una capacidad de razonamiento de la
que durante la infancia no se disponía.
Ello predispone al muchacho, a experimentar sus nuevos potenciales,
poniendo en marcha una variedad de iniciativas tendiente a conectarse con
su medio social, para explorarlo y para probarse a su mismo y sin compañía,
en ese medio que ahora es visto progresivamente como algo propio, en vez
de ser algo perteneciente al mundo de los padres-adultos.
"Podríamos decir que la adolescencia predispone al individuo
a adquirir autonomía de pensamiento y a querer probarse en el medio
social en el que se encuentra"
Por otra parte, también es característica remarcable en los
adolescentes, el contraste entre su capacidad de exteriorizar sus
potenciales y la clara voluntad de preservar su intimidad. En lo que
concierne a su vida de relación familiar.
Ello se manifiesta de múltiples formas, aunque tal vez las más
comunes sean las que tienen que ver con la búsqueda de espacios propios y
no compartibles, la merma de la comunicación con los progenitores, en
contraste con el aumento de relación con los amigos, etc.
Estos fenómenos mencionados y otros, tienen como finalidad
conseguir experiencia para la vida autónoma y adulta, estas conductas
marcan un camino claro hacia la madurez, lo que las hacen normales y
comprensibles.
Es tremendamente importante entender lo expuesto hasta aquí,
puesto que constituye la descripción general de un fenómeno, la
adolescencia, que no por muy vivenciado y tratado a nivel público,
significa que sea menor conveniente tenerlo presente.
Si se consigue esta comprensión, se estará en buena disposición
para conseguir algo tanto más importante: el respeto.
Respetando al adolescente en este su proceso vital, podrá sentarse
una buena base de entendimiento entre padres e hijos y se contribuirá a
aligerar la tensiones que todo cambio conlleva.
2-
CRISIS DE LA ADOLESCENCIA Como
ya hemos visto, la adolescencia es un período de cambios repentinos e
intensos y que es muy difícil que el mismo adolescente los pueda
procesar.
Esta etapa que comienza con la pubertad, aproximadamente a los 12 o
13 años, y finaliza con la adultez, no queda ningún valor sin trastocar.
Se produce una verdadera revolución y transformación en todos los
aspectos de la vida del adolescente: físicos, intelectuales, familiares,
grupales, sociales, afectivos, sexuales. El
anterior desarrollo infantil, ha dejado al adolescente una estructura de
personalidad, formas, características de conducirse y de vincularse con
los demás, basadas en la aceptación y en la formación de mecanismos de
defensa.
Cuando hablamos de pubertad nos referimos al período durante el
cual se producen una serie de cambios en el desarrollo anatómico y fisiológico
del organismo que conducen a la maduración final necesaria para hacer
posible la reproducción.-
La pubertad se inicia con la sexualidad
puesta ya al servicio de la reproducción. Los cambios que se
producen dan forma definitiva a la vida sexual infantil y capacitan al
individuo a buscar un objeto sexual exterior; aquí nace el
duelo por el cuerpo del niño, que quedará perdido para siempre
dejando paso al cuerpo del adulto e implica que debe asumir una nueva
identidad sexual, debe abandonar a sus padres como objeto de amor y buscar
el objeto fuera de ellos y de la familia lo que no se da de un día para
el otro por que es un proceso largo y complicado donde también aparecerá
el siguiente duelo que es el rol de
infante dependiente para ingresar al rol de los adultos con la búsqueda
de trabajo para lograr su propia identidad donde pondrá por oposición
los valores aprendidos como una necesidad de enfrentarse para ser
diferente.
Ya los padres no son los dioses omnipotentes idealizados en la
infancia sino que son seres humanos que también se equivocan, que no
pueden solucionarle todos los problemas y en algunos casos, ni los suyos.
Aparece el siguiente duelo que es el duelo
de los padres infantiles, es contra los padres y se desarrolla de las
siguientes maneras: *
Demostrando indiferencia "manifiesta por ellos" negando su
importancia *
Por medio de una actitud de menosprecio, ya que al juzgarlos como seres inútiles
e ineficaces, les será más fácil prescindir de ellos. *
Mediante la insolencia y la abierta rebeldía contra las creencias y
convicciones que anteriormente compartía con ellos. Cuando más estrecha
haya sido el vínculo que unía al hijo, más violenta será la lucha para
quebrarlos en la adolescencia. Entrar al mundo adulto es el objetivo del adolescente, el rol de los padres es muy importante a nivel de poder orientarlo, dialogar con él, comprenderlo, tenerle paciencia, contenerlo, ponerle límites, pero explicándoles porqué, no ser autoritarios e inflexibles, ni tampoco ignorados por que ellos, aunque renieguen de la puesta de límites del otro, los necesitan y los piden a gritos
3-
EL ADOLESCENTE HOY Hasta
hoy, los estudiosos se preguntan sobre el grado de influencia que tiene o
puede tener el entorno socio-ambiental, en la dependencia de substancias tóxicas
que pueda tener un adolescente o un grupo de adolescentes.
Los resultados han sido diversos, existiendo conclusiones de
diverso matiz. Sin embargo, hay plena coincidencia en atribuir un papel
protagonista del mundo social que envuelve al joven, para explicar una
parte de las causas de su eventual drogodependencia.
Ello se podría formular de forma más sintética, como sigue: "El
entorno social próximo al joven, puede ejercer una gran influencia y hay
que atribuirle un papel destacado, sin poder
considerarlo como causa única de la drogodependencia"
Para ahondar y fundamentar lo antes dicho, tendremos en cuenta
otros aspectos más generales y más evidentes. *
La responsabilidad social. *
La línea del éxito y estrés del joven. *
El interés económico.
La responsabilidad social
es la parte pasiva que soportamos como ciudadanos por el hecho de serlo y
convivir con el fenómeno de la drogodependencia.
La línea del éxito son
los retos que el adolescente busca para probarse a si mismo para conseguir
experiencia propia y el triunfo, aunque sea mínimo, para ser aceptados
como adulto porque la sociedad se lo exige, con el peligro de no
alcanzarlo por sus propias limitaciones, entrando en conflicto y en estrés
si carece de comunicación con los padres. El interés económico de producción y consumo de substancias que pueden crear dependencia que se ponen como excusa para justificar fracasos en la intervención familiar. Hay una trama económica, legal o ilegal que da cobertura a la venta y distribución de esas substancias, lo que provoca una dificultad para actuar para disminuir su presencia en el mercado, pero sin lugar a dudas, el antídoto más efectivo contra el narcotráfico y contra el consumo abusivo de substancias tóxicas legales, es la información, el conocimiento de sus efectos y el poder disponer de un clima familiar que proporcione confianza y por tanto seguridad a los jóvenes
CAPITULO II
EL
ADULTO 1- CRISIS DE LA ADULTEZ La
adultez se inicia tras la adolescencia y precede a la vejez. Generalmente,
se dan una serie de acontecimientos que sitúan al individuo en esta zona
de madurez; la entrada en el mundo laboral, la asunción de la
responsabilidad de una vida afectiva estable, la maternidad, la
paternidad, etc.
Se puede definir al adulto como aquel individuo que ha llegado a
una edad en la que se espera de él una respuesta madura, y cuya
personalidad ha encontrado puntos de referencia e identidad. Ha alcanzado
el grado de seguridad y autonomía personal qu le permite gozar de su
independencia.
Con el acercamiento a la madurez, empiezan a aparecer
cuestionamientos, cambios fisiológicos y biológicos. El individuo, con
el paso del tiempo, siente que ya no sigue siendo incansable. Se da cuenta
que la imagen externa que presenta, ya no está dentro de los cánones
aceptados por la sociedad, a la vez que se experimenta cambios internos,
la menopausia de la mujer, la disminución del deseo sexual, ya también
cambios en el funcionamiento de los órganos.
Todos estos procesos provocan una crisis que tiene que ver con el
duelo por el cuerpo joven. Hay que asumir un cuerpo diferente, castigado
por el paso de los años, y con un desgaste psicofísico considerable, que
produce mucha angustia, por el hecho de sentir que socialmente es un
cuerpo que ya no es productivo, que no es valorizado o sea también hay
que contraponer el rol social que se va perdiendo, a nivel del mercado
laboral.
Como podemos observar el paso a la vejez es la otra etapa crítica
en la cual hay que atravesar numerosos duelos, como sucede en la
adolescencia, Hay que enfrentar pérdidas, y tampoco este es un proceso
que se da de un día para otro. La crisis de la adultez es también un
período donde hay que asumir que muchos de los proyectos que no se
pudieron llevar a cabo durante toda la vida, empiecen a ser resignados. El
adulto advierte que ya no tiene todo el tiempo por delante, asume su fin y
la idea de la muerte se le presenta como un hecho.
Esta es una idea no tan fácil de asumir, pero hay pero hay
situaciones que se le presentan que no puede evitar que lo enfrenten a la
idea de la muerte.
El envejecimiento de los padres, el crecimiento de los hijos, que
también ahora son padres, implican que la muerte, es algo que le va a
pasar. Es importante que el adulto pueda rescatar de esta crisis que como etapa de la vida, la vejez tiene sentido,.que puede disfrutar de la sabiduría adquirida a lo largo de toda existencia, gozar de los nietos, realizar proyectos, que lo ayuden a seguir estando vivo. Esto es muy importante, ya que no se debe sentir a la vejez como una carga o un peso que hay que sobrellevar con "pastillitas" para dormir, como una manera de escape a la realidad, En esta etapa la mejor medicina posible son el afecto y la contención, y no la medicación
PERSONALIDAD
BÁSICA DEL ADICTO El
objetivo de este punto es que podamos pensar algunas cuestiones muy
importantes, que puedan permitirnos la apertura necesaria para poder
comprender el fenómeno de la drogodependencia.
La drogodependencia es un fenómeno multicausal, por lo tanto
pretender abordarlo desde una sola teoría sería utópico. Hay que
considerar, que los factores que intervienen son múltiples, y que pese a
tener un patrón común, que es la droga, debemos establecer diferencias
entre los consumidores.
Encontramos varios tipos de consumidores, que podemos diferenciar
así: *
Consumidor terapéutico: Es
quién consume drogas psicoactivas por indicación médica, o quien se las
automedica por consejo de terceros, por ejemplo, Rohipnol. La mayoría de
los pacientes bajo control médico, dejan de consumirlos una vez obtenidos
los efectos terapéuticos. En muchos casos, la automedicación,
particularmente de productos que actúan sobre la ansiedad y la angustia,
transforman al sujeto en consumidor habitual. *
Consumidor experimental:
El consumidor toma la droga por curiosidad, por experimentar sus efectos,
por imitar al grupo de amigos. Después del primer contacto no reincide
por que no le molesta. *
Consumidor circunstancial:
La persona no consume habitualmente drogas, pero suele hacerlo
ocasionalmente si se encuentra en compañía de consumidores en una fiesta
o reunión. No es un uso regular ni premeditado, sino de participación en
el grupo en el cuál se halla ocasionalmente. Ser consumidor
circunstancial no significa ser dependiente.- *
Consumidor habitual:
Es quién recurre a la droga con regularidad, si bien no centra en
ella el interés de su vida. La droga no le impide mantener un
comportamiento normal. Si se lo propone puede prescindir de ella. *
Consumidor dependiente: El
consumidor depende absolutamente de la droga, en la que se centra su vida.
Su actividad principal es obtenerla y consumirla. La privación le
ocasiona estados de angustia. Uso es en situaciones esporádicas (anfetaminas en examen, alcohol en fiestas. Un abuso es el uso frecuente (pastillas para dormir o alcohol por equilibrar sentimientos). Dependencia es la necesidad de consumir por necesidad física o psíquica
FACTORES
QUE PROPICIAN EL CONSUMO Como
ya quedó explicado, la adolescencia es uno de los estado de la vida de un
individuo en el que se registran mayor número de períodos críticos.
Como estado de transición que es entre la infancia y la edad adulta, se
producen en este espacio de tiempo transformaciones y cambios tanto en el
apartado físico como en el psíquico y es precisamente en este período,
cuando las crisis presentan un mayor grado de profundidad y cuando se
producen las transformaciones más profundas. Las
civilización y las diferentes sociedades han convivido desde siempre con
la droga y la han utilizado con diferentes objetivos: búsqueda de
sensaciones, evasión, religiosos, terapéuticos pero ahora se suman otras
que van ingresando a nuestro contexto cultural.
Deberíamos considerar por tanto, que en la adicción y consumo de
drogas influyen factores diversos.
A pesar de que hay momentos y etapas típicas o comunes en
cualquier tipo de drogodependencias, sería un error decir que las
familias con conflictos predisponen a un consumo posible de tóxicos.
Deberíamos constatar que el menor quizás ya esta predispuesto o
desinformado y, por tanto, se deja influir con facilidad por amigos o
conocidos que consumen drogas.
Decíamos que en la adolescencia "el entorno social puede
ejercer una gran influencia en el joven". Así mismo la figura del
"amigo íntimo" adquiere una situación privilegiada, incluso
por sobre la familia.
No podemos decir que las familias problemáticas o conflictivas
favorecen la aparición del consumo de tóxicos por parte del joven ya que
la actitud de consumir es fruto de una variable social, individual y
ambiental asociada, por ello no puede hablarse de una personalidad más o
menos favorable al consumo.
Debemos constatar que existen algunos rasgos de la personalidad que
pueden ser más vulnerables al contacto, uso y consumo de drogas, sin
querer decir con esto que el conjunto y totalidad de la personalidad de un
individuo esté impregnado de esa disposición favorable.
Los signos que pueden favorecer un consumo serían *
Tendencia a huir de las dificultades. *
Complejos de inferioridad. *
Baja autoestima. *
Baja tolerancia a la frustración. *
Dificultad para relacionarse en sociedad. *
Ausencia de proyectos
En muchos trabajos consultados sobre toxicomanía se ha apreciado
que se ha intentado establecer un retrato de una personalidad toxicómana,
pero se ha debido reconocer por los datos obtenidos que no
existe una personalidad pretoxicómana
CAPITULO
III
LA
FAMILIA EN PELIGRO
1-
LA FAMILIA EDUCADORA Los
padres les guste o no, son las figuras referenciales con más peso y el
principal modelo para sus hijos, Por ello los mensajes que desde aquellos
se transmite y el entorno que crean y posibilitan, es fundamental para
forjar la personalidad y la posterior conducta del niño.
Aunque los siete primeros años son trascendentales para la
adquisición de hábitos, valores y creencias, siendo además los que
muestran el camino de posteriores comportamientos, el total de actuaciones
de los padres hacia los hijos, es lo que posteriormente pesará en la
forma y maneras de comportarse del niño.
Nadie puede ser mejor padre de un hijo de quién lo es y por tanto
no nos podemos permitir el delegar esta responsabilidad en otros por muy
competentes o expertos que sean. La función preventiva que nuestra actitud puede generar producirá efectos eficaces y evitará muchos comportamientos negativos, entre ellos, el consumo de drogas
2-
LA FAMILIA PREVENTORA El
niño registra los comportamientos de sus padres y tiende a imitarlos a
menudo de forma inconsciente, así pues la prevención no es tarea de un
día ni de un momento y la mejor manera de evitar problemas o conductas no
deseadas es adoptar hábitos y actitudes sanas manteniendo posturas
coherentes con la educación que intentamos inculcar a nuestros hijos con
nuestros propios actos. No debería considerarse útil, desde un punto de
vista educativo, la frase: "Yo soy mayor y lo que debe hacer mi hijo
no vale para mí". Debemos poder tratar cualquier tema con los hijos,
sin que necesariamente deba haber posturas sobrepuestas.
Recordemos entonces que el alcohol y el tabaco son drogas legales,
aunque institucionalizadas y de uso corriente. Recordemos también que las
estadísticas nos demuestran que la edad de consumo de drogas legales y
más si se realiza de forma precoz, favorece la aparición temprana del
uso de drogas duras. Por tanto podemos afirmar que no debemos esquivar
jamás el diálogo.
Es preciso que exista comunicación entre todos los miembros de la
estructura familiar, pero sobre todo se debe ser cuidadoso con la pubertad
de sus hijos. Recordemos que es en este momento en el que tienden a
afirmar su personalidad. No valen actitudes autoritarias.
Pensemos que no es extraño que el hijo pueda sentirse solo y
confundido, si también los padres, seguramente, se sienten así en muchas
ocasiones. El tipo de sociedad actual y los valores que en ella son
preponderantes -competición, consumo, individualismo, etc., no son
precisamente un marco comprensible y estimulante para un hijo. El joven
está habido de respuestas.
Es conveniente entender que al tratar aquellos temas con la
atención que un hijo merece, sean estos incómodos, difíciles o
comprometidos es la mejor prevención de hoy contra el consumo de drogas
de mañana.
Se indicarán a continuación algunos consejos útiles que pueden
ser aplicados de forma preventiva en la relación familiar: *
No huir al diálogo ni escudarse detrás de convicciones que tan solo
servirán, a la corta, para salvaguardar la autoridad. *
Hacer del hogar un lugar acogedor, cómodo y agradable. *
Evitar la autoridad innecesaria o la sobreprotección excesiva. *
Tratar y no ocultar aquellos temas que les incumben. *
Tener en cuenta sus opiniones y hacer que se sientan útiles y necesarios. *
Los padres pueden aprender de los hijos. *
Nunca es demasiado el tiempo dedicado a los hijos. *
Evitar imponer y usar abusivamente la autoridad y procurar razonar las
negativas. *
Predicar con el ejemplo, es lo que más fácilmente entenderán los hijos. * Estimular, hacer agradable y proponer ideas para el tiempo libre de los hijos
3-
LA FAMILIA Y EL ADICTO La
familia como núcleo cercano al joven es, como se ha dicho, una referencia
para él, pero también éste influye con sus actitudes y sus
comportamientos en todos los miembros de la estructura familiar. Así
pues, no es de extrañar que el descubrimiento de que un hijo es
consumidor y padece una cierta adicción, genera unas respuestas, que, si
bien son diferentes en cada caso, no dejan de poseer por lo general rasgos
comunes.
Aparecen sentimientos de culpabilidad, de defensa y de
desconcierto. Se crean constates reproches entre los miembros y
principalmente entre los padres.
Cuando se descubre el hijo drogadicto, los padres quedan atónitos,
tristes y muy abatidos. Generalmente la madre no deja de llorar y el padre
se pone rabioso y defraudado, sienten que se han esforzado en vano y se
preguntan que han hecho mal y recuerdan cuando eran felices.
El descubrimiento de la drogodependencia de un hijo produce en la
familia una sensación de crisis. La sensación de incredulidad deja
pronto paso a una sensación de depresión y angustia que se ve
incrementada debido al entorno social que rodea a las drogas y al
consumidor.
Cuando una familia se ve afectada por este problema, sus sistemas
de respuesta están tan bloqueados e impregnados de confusión,
sentimientos de culpa y angustia que difícilmente pueden encarar con
éxito el abordaje de un primer enfrentamiento, y se presentan algunas de
las siguientes situaciones: *
Al tener los padres la sensación de que no dominan o que han perdido el
control se acrecienta la dificultad para encuadrar las reacciones y para
poner límites, por lo que el hijo toxicómano todavía se separa y
desautoriza más a sus padres. *
Toda la relación familiar queda centrada en la problemática aparecida en
uno de los hijos y el resto de situaciones gira y se estanca en torno a
esta situación. *
Se muestran y recuperan conflictos que existían pero que estaban
solapados.
-Intentar
descubrir el estado real de la situación. -No
darlos por hecho hasta que no se sepa de forma cierta. -
Mantener, si existe, y si no recuperar en lo posible, los canales de
comunicación. -
Aprovechar los signos y detalles que a veces el joven intencionadamente
nos deja para entablar un diálogo. -
Actuar con cautela y tacto, desdramatizar lo que quizás sea una
utilización ocasional. -
Informarse y adquirir conocimientos objetivos sobre la droga. -
Vigilar, controlar y desconfiar es contraproducente. -
No registrar los objetos y pertenencias, hay que tratar al joven con todo
respeto que de se merecen él y su intimidad. -
No se debe escudar en la ignorancia en el tema. -
Es conveniente ser discreto en las averiguaciones entre amistades y
relaciones del hijo. -
No es conveniente encargar a terceros la averiguación. -
Si existe la duda, no conducir u obligar al hijo a asistir a médicos o
especialistas.
Es fundamental que los padres no intervengan hasta que sepan y se
hayan asegurado con certeza de que el hijo es consumidor, debemos huir de
precipitaciones, así como de salidas de tono que pueden radicalizar la
situación.
Insistimos en la conveniencia de la información objetiva sobre
drogas desde el primer momento en que se sospecha que puede existir un
consumo.
No se puede hablar ni aconsejar y mucho menos moralizar y enseñar
de lo que no se conoce, informarse es imprescindible, puesto que
seguramente su hijo poseerá mas conocimientos sobre drogas que los
adultos de su familia.
Una vez que se haya conseguido esa
información y se este
documentado, no se debe presentar ni obligar a sacar el tema. Aprovechar
las excusas que se le irán produciendo en la vida cotidiana con su
familia para sacar el tema es mucho mejor. Intercalarla con motivo de una
noticia de la radio, televisión, prensa o aprovechar un comentario de los
hijos, puede ser útil.
Es conveniente esforzarse en disociar joven-droga. Si se descubre
al joven fumando un "porro" no se le debe etiquetar de
drogadicto ni de toxicómano. Dejar a un lado actitudes dramáticas y
moralistas y mantener un comportamiento respetuoso y sereno, es una medida
juiciosa. No es conveniente crear un clima de miedo ni generar sensaciones
de sospecha que impedirían utilizar el diálogo y la credibilidad, por
otra parte el arma más preciada para comunicarse con un hijo.
Hay que recodar también que mediante algunos comentarios, frases,
chistes e incluso provocaciones, un hijo puede estar dejando pistas de
cuáles son sus dudas y preocupaciones. Incluso puede ser una demanda de
ayuda para enfrentarse a situaciones que no puede o no sabe controlar.
El inicio de la lucha contra la droga, debe estar en uno mismo. Con
la ausencia de una autoridad moral ejemplificadora, la familia se
convierte en favorecedora de futuras drogodependencias.
Ahora, igual que el adulto lo hizo antes, los jóvenes registran,
copian, memorizan y entre si se burlan de los errores, contradicciones o
arbitrariedades de los mayores.
Existen varios signos que la familia puede advertir y que indican
un posible uso de drogas que se detallan a continuación: *
Cambios ostensibles y patentes de comportamiento. *
Secretismos, susceptibilidades extremas y explosiones de enojo. *
Resistencia a la autoridad familiar, insultos, faltas de respeto en forma
continuada. *
Entradas, salidas, llamadas telefónicas y ausencias del domicilio familiar
de forma inusual e injustificada. *
Olor dulzón en el aliento, ropas, habitación. *
Aumento inhabitual del uso de colonias, ambientadores, chicle, caramelos,
quema de incienso. *
Ausencias escolares, enfrentamiento con alumnos y maestros. *
Cambios en el ritmo de calificaciones y pérdida de interés en temas de
estudio. *
Mayor uso de tabaco y alcohol. *Falta
de apetito, adelgazamiento y cambio de olor corporal. *
Uso injustificado de anteojos para sol. *
Desaparición de pequeñas cantidades de dinero u objetos. *
Encierro en la habitación con llave. *
Bolsas con pegamento, tubos pequeños, cucharas quemadas, agujas
hipodérmicas, papel para armar cigarrillos.
Estos son algunos detalles que podrán ayudar a discernir si existe
o no consumo de drogas. Como se puede observar, es una presentación
amplia y abarca síntomas producidos tanto por las drogas
"blandas", como de las llamadas "duras".
No existen síntomas matemáticos del consumo de drogas y que el
problema de las drogodependencias está en las causas. Por último, hay que recordar que no deben confundirse según síntomas, con las alteraciones en las conductas de los hijos producto de cambios relacionados con la pubertad y la adolescencia
4-
LA FAMILIA SUFRIENTE
Para poder lograr una amplia y desmenuzada comprensión de las conductas de
aquellos miembros que pueden componer una familia tipo y que por la
existencia de un consumidor o adicto dentro del grupo se encuentren
afligidos, haremos un análisis general, sin distinguir la edad del sujeto
y la droga que consume.
¿Quién
es la víctima?
La familia, sean padre, madre, juntos o separadamente dentro del
seno familiar y habitando todos en la misma casa, han recibido por parte
del consumidor o adicto, todo tipo de promesas que jamás fueron
cumplidas.
En algunas oportunidades, en horas de la madrugada, suena el
teléfono y el corazón del que escucha, late aceleradamente hasta que
atiende, en tanto, antes de levantar el tubo ya se viene preguntando si
otra vez será por él, si se metió en un lío, si lo llevó la policía,
si se descompuso, si lo agredieron, si lo atropelló un auto, si murió.
Tanto padre, madre y hermanos, están a la expectativa si ha pasado
algo, o si pasará, no se sabe cuándo, pero se espera como si fuera a
suceder. No podemos atarlo, no podemos obligarlo, no podemos prohibirle
que salga, según su edad, a determinados horarios, pero cuando atraviesa
la puerta ya estamos pensando si perderá otra vez, y quedamos esperando
como si fuera a la guerra, preguntándonos que consumirá hoy, si se pasa
por probar un poco más, todos quedarán atrapados en ese oscuro misterio,
las únicas esperanzas son, que hoy nos halla escuchado, que frene sus
impulsos por consumir o que no se rodee con los que comparten esos
hábitos.
El persiste en decir que puede dejarlo cuando quiera, a pesar de
que sigue consumiendo y engañando a todos los que lo rodean porque él no
piensa que llevaría una vida mejor si no consumiera.
Hay distintos supuestos y motivos por lo cuál él llegó a la
droga, Alguno de los componentes del grupo familiar piensan que está
enfermo, otros que es un "vivo" que solo quiere "pasarla
bien", otros que es una mala persona que lo único que hace es hacer
pasar un mal momento a quienes lo quieren, pero todos convienen en que
necesita ayuda.
Al parecer, el que necesita ayuda es él, pero todos necesitan
ayuda, por que todos padecen indirectamente la enfermedad, necesitan todos
un proceso de rehabilitación hacia la salud. Toda la familia padece los
efectos de la enfermedad en la cuál uno es el que consume droga, pero las
dificultades y obstáculos han ido influyendo en la modalidad del
vínculo, la comunicación, la definición de roles, etc., por lo tanto, ¿quién es el que tiene que pedir ayuda?
Comienza
el camino de rehabilitación aquel miembro de la familia que por diversas
razones, tiene más clara la idea de la necesidad y se acerca al concepto
de enfermedad. Este miembro percibe que los aspectos sanos de la familia
cada vez quedan más mezclados con las situaciones de confusión, que
producen enfermedad.
Así se va desarrollando en la familia un proceso de adaptación
pasiva a la realidad, es decir, aceptar que las cosas son así, que él es
como es, que siempre fue así y esto no se puede cambiar. Esta sensación
de que las cosas son así es que genera cada vez mas sufrimiento,
porque se sostiene la confusión, de roles, de historias que dan lugar a
los malentendidos. Muchos son los interrogantes que se siguen planteando, muchos los caminos por recorrer, casi uno distinto por cada familia y es el compromiso de toda o la mayoría de la familia para que el resultado de la rehabilitación es mucho más rápida, y el camino hacia la salud es más gratificante
LA
VIOLENCIA FAMILIAR Y LAS ADICCIONES Hace
años se creyó que la violencia dentro de la familia era ejercida por las
personas que estaban impulsadas por el alcohol o las sustancias que le
producían descontrol y que le impedían saber que estaba haciendo.
Hoy, luego de muchas investigaciones, sabemos que las adicciones no
son una causa de violencia sino otro problema agregado que hay que tratar
aparte.
Las adicciones complican el cuadro pero no lo originan. La gran
mayoría de los que ejercen violencia no son adictos. Por el contrario
pueden llevar una vida aparentemente saludable desde el punto de vista
social y familiar: practicando deportes, siendo vegetarianos, teniendo una
vida religiosa activa, mostrándose en público como buenos padres, hijos,
maridos, vecinos o profesionales.
El que ejerce violencia no se descontrola, sabe lo que hace aunque
no pueda cambiar su conducta porque no aprendió otra alternativa frente a
lo que lo enoja. El descontrol sea o no por una adicción es sólo una
excusa o argumento que utiliza para justificarse y aliviar su culpa. Por
otra parte, hay alcohólicos o drogadictos que hacen sufrir a su familia
por ello no ejercen violencia directa emocional y física. Pero los
adictos que también son violentos no maltratan a cualquiera que se les
ponga delante. Ejercen sus abusos exclusivamente con la esposa y/o con los
hijos. A todos los demás los tratan bien, no hacen escándalo y se las
rebuscan en sus trabajos para que la adicción no interfiera en sus
tareas. A veces consiguen disimilar bien su problema, al punto que muchas
mujeres se casaron con adictos sin haber percibido la situación.
Sin embargo, las adicciones pueden ser una grave consecuencia de
haber sufrido malos tratos y abusos en la infancia . Esto comienza a
surgir en la adolescencia. Si se investigara el pasado familiar de los
adictos se verían situaciones de violencia familiar que los afectaron y
les dejaron profundas heridas emocionales. Este es otro de los fundamentos
de que la Violencia Familiar es un problema social porque entre sus
efectos está la posibilidad de tomar el camino de las adicciones como
forma de aturdirse, escaparse de los sufrimientos y continuar el castigo
padecido a través de la autodestrucción. Y esto a todo el entorno
familiar, el ámbito educativo, el laboral, etc., es decir, a la comunidad
en su conjunto. Las
adicciones son una manera
de suicidarse de a poco en el intento fallido de aplacar el dolor psíquico
del cual la persona no conoce el origen o no lo relaciona con lo padecido
en su infancia. Otros se matan directamente. Hay una alta tasa de
suicidios adolescentes aparentemente inexplicables pero que se
comprenderían si se reconstruye el pasado familiar. Y es en la
adolescencia cuando comienzan a manifestares estos síntomas que pueden ir,
incrementándose con todos los riesgos asociados: Desde los trastornos
típicos que acarrea el exagerado consumo de alcohol hasta el contagio de
SIDA, cuando se utilizan las drogas duras inyectables o cuando se tienen
conductas sexuales promiscuas, en los ámbitos en que se desarrollan estas
adicciones que, por lo general, son compartidas en un grupo.
La prevención de la Violencia Familiar requiere conocer estos
datos por que se estaría previniendo también los efectos indeseables,
como las adicciones. Estas no pueden tratarse como un síntoma aislado del
contexto familiar y la averiguación de la existencia de violencia
familiar tiene que ser una de las primeras que se hagan en presencia en un
caso de adicción. Esto le da una orientación distinta al tratamiento,
pues hay que incorporar el trabajo de recuperación de la victimización
padecida, centrándose en el dolor guardado desde la infancia, que no ha
tenido oportunidad de manifestarse y ha sido reprimido.
Por eso se propone incorporar el tema de la violencia familiar a la
tarea de rehabilitación de los adictos, pues creemos que uno de los
factores que reduce la posibilidad de recuperación es que no se ha tenido
en cuenta hasta ahora este enfoque. En los casos de alcoholismo y drogadicción es requisito esencial y primario que la persona debe cumplir es el de hacerse responsable de su conducta, es su problema y nadie lo podrá resolver por él. Este es un primer obstáculo a vencer porque por lo general no reconoce y niegan su adicción tanto como su conducta violenta, atribuyéndola a culpas ajenas. Nadie juzgará ni culpará al adicto pues no es ese el camino constructivo. Pero ahora esa es su dificultad y tendrá que enfrentarla. Y cuidado: Advertir de los peligros o riesgos destructivos de las adicciones no es una buena prevención, es justamente lo que los adictos están buscando, continuar con el daño que alguna vez les infringieron. Es más útil centrarse en el estímulo y la posibilidad de expresar ese dolor y encontrar otras formas de atenuarlos que no sea a través de las adicciones
CONCLUSIÓN No
existe una personalidad pretoxicómana, así lo demuestran los trabajos
sobre toxicomanías, pero existen muchas causales para que la persona
llegue a ser consumidora de sustancias tóxicas, y más tarde, adictas,
como por ejemplo, influencias de los grupos de pertenencia, edades
críticas, etc., por ello los consumidores, tanto de alcohol, drogas duras
o blandas, inhalantes o medicamentos pueden hallarse en cualquier
sociedad, tanto avanzada como las consideradas del tercer mundo, en corta,
mediana y adulta edad, en hogares "bien constituidos" como en
los que padecen problemas de separación, por divorcios o muerte de uno o
los dos padres, en aquellos sujetos aparentemente notables, como en
aquellos sujetos con personalidad delictiva, en aquellos trabajadores como
en aquellos con personalidad ociosa.
El análisis de la violencia que se produce en el seno de las
familias donde existe un consumidor de sustancias tóxicas, no debe partir
del pensamiento que alguien pueda ser violento, ya que no todos los
consumidores de sustancias son violentos, la violencia puede ser
psíquica, económica o física. La violencia se produce al encontrarse el
sujeto ante uno o más integrantes del núcleo familiar, halla o no
consumido la sustancia y no depende de la sustancia, sino de la
personalidad del consumidor. En algunos casos, hay violencia física
irresistible, pero se da mayormente al haber consumido alguna sustancia
que lo liberara de sus frenos inhibitorios -Caso Carlos Monzón Vs. Alicia
Muñiz-, como también, existen reacciones en contra del propio físico
-Caso Alberto Olmedo-, pero hubo de antemano al consumo un sentimiento
oculto que salió a la luz mediante la sustancia.
Generalmente las personas con conductas violentas, poseen esas
actitudes por haberlas aprehendido en la infancia en su núcleo familiar
por haber sido testigo o víctima de violencia familiar.
La violencia económica es muy común en los casos que exista un
consumidor de sustancias en el seno familiar, ya que el adicto buscará
consumir a cualquier costo, en principio, por sus recursos propios, para
no pedir y por ello dar explicaciones del destino del dinero, luego, lo
sustraerá, en pequeñas cantidades, pero periódicamente, en principio,
tratará que nadie se de cuenta, pero luego no le importará y al no
hallar dinero comenzará a sustraer objetos pequeños pero de alto valor
que en muchos casos y por lo general, la madre, actuará como si lo
ignorara. Los integrantes de la familia no querrán darle dinero, aunque
sea por un motivo atendible o una causa justa, esconderán todo lo que
pueda ser objeto de apoderamiento, el adicto no recibirá nada de parte de
quienes "lo quieren", por ello tomará revancha contra ellos y
ante el menor descuido, tomará lo que pueda y consumirá, ya quizás, no
por necesidad, sino por despecho.
La familia se halla totalmente consternada, existe un fuerte
sentimiento de frustración, los padres dicen ¡te lo dimos todo!, ¿qué
te hace falta?, ¡mirá lo que nos hacés!, ¡la vas a hacer morir a tu
madre!, ¡la vergüenza que nos hacer pasar!, ¡en mis tiempos no
hacíamos eso!, ¡sos un desagradecido!; como podemos apreciar, aquí los
padres pensaron y se cuestionaron lo personal, pero se olvidaron de
preguntarle ¿en que te podemos ayudar? o "contá con nosotros, esto
es solo un mal trance para todos, te queremos y no te vamos a
abandonar" y cuantas otras miles de palabras de amor que a un padre
jamás le falta, pero, nadie esta preparado para estos acontecimientos y
pocos son quienes reflexionan que la comunicación puede fallar, por
omisión o por ignorancia de temas que al sujeto le interesan. En la tormenta de la adolescencia, es cuando los padres deben reflexionar que nadie escapa a las crisis, no solo el adolescente, sino también, el adulto, en la propia casa, ingiere otras sustancias tóxicas; es aquí donde debe aparecer toda la inventiva para crear canales de comunicación, para llegar con una caricia, los padres deben intentarlo, porque si cae un integrante de la familia, cae la familia completa |
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