Estas reflexiones tienen como objetivo hacer un comentario crítico del
artículo aparecido en la Revista de Musicología Argentina, titulado "El
análisis musical dialéctico", escrito por Alfonso Padilla, en el que se
pasa revista a las diversas teorías y prácticas de la musicología,
fundamentalmente a la influida por una corriente que dominó el siglo XIX y
gran parte del XX: "La Dialéctica". Su tesis se fundamenta en esta
recorrida por diversos autores y le sirve para plantear su propia
metodología de análisis. Su postura es la de relacionar de manera amplia
todos y cada uno de los aspectos de la obra musical, de estructura y
sentido interno, como de relación con el medio, la cultura y el hombre que
la crea.
El autor, Doctor en Musicología de la Universidad de Helsinki,
Finlandia, trata de demostrar la imposibilidad de la división de los
estudios musicológicos en: musicología general y etnomusicología. Para
ésto se basa en la premisa de que el hecho musical no está categorizado
por su origen, sino por su estructura interna, que es similar en todas las
culturas. Termina aseverando que esta división está fundamentada sobre una
visión "eurocentrista y colonialista" del estudio musical, lo que
invalidaría por sí misma una investigación separada. Esta es la primera
aproximación al sentido general del trabajo.
El segundo tema que aborda concretamente, aunque no está separado del
primero es el del estudio musicológico siguiendo la metodología
dialéctica. El estudio de la música lo pretende totalizador ya que en el
resultado está el único interés que el hecho musical puede ofrecer. Sin
embargo Padilla no desecha la realidad de los componentes internos de la
estructura musical, sino que los subordina en el desarrollo dialéctico de
la realidad que es puro devenir y, en su estructura, está siempre
inacabada. Todo punto de reposo no es más que ficción, un no ser, ya que
éste en sí posee el germen de su desarrollo en su opuesto, su negación,
que lo impele a la búsqueda de una síntesis totalizadora. Sin duda que la
música está en el hecho concreto, y cada período posee su realidad que,
siguiendo a Hegel, domina el "espíritu del tiempo". Pero la realidad
musical no se estancaría en las formas en que cada período ofrece como
solución al problema de la combinación de los sonidos, sino que el estudio
de una forma implicaría la relación causal hacia el pasado ad infinitum,
complicando el conocimiento de la obra particular al punto de llevarla a
una relación general con toda la música que hecha hasta ese momento. A su
vez, y si cada momento no es mas que un estadio en el proceso espiralado
de relaciones, deberíamos analizar hasta el presente las relaciones que
impliquen, en la serie de las creaciones para poder entender lo particular
de la obra musical. Con esto quiero decir que la dialéctica como forma
general de análisis puede ocasionar un detenimiento del proceso de
análisis, si se quiere ser riguroso, ya que la vastedad de los elementos a
relacionar es tan amplia que crearía problemas frente a las elecciones de
las relaciones posibles entre los diversos elementos, deteniendo el
proceso, o conduciéndolo por senderos extramusicales.
El pensamiento hegeliano tamizado por el pensamiento de los
post-hegelianos, la línea de izquierda, el marxismo y sus derivados, trata
a la dialéctica en un trasfondo materialista que obliga a analizar las
realidades musicales desde este plano, limitando la interpretación a los
aspectos históricos formales y sociales, de los sistemas musicales, de las
polaridades internas y la psicología del compositor (o de la sociedad). Al
mundo espiritual que conforma la creación musical, se lo entiende como los
condicionamientos de las relaciones culturales, del entorno y los
condicionamientos psico-sociales. Adorno y la escuela de Francfort, en el
siglo XX, es el paradigma de este análisis musical, que iniciado en Adler
(otro joven-hegeliano de fines del siglo XIX), se continúa en nuestros
días. Igualmente el método no es plenamente negativo si se lo restringe a
las relaciones del contenido material de la obra y se lo aplica dentro de
un contexto que permita limitar las observaciones, aún a riesgo de no ser
plenamente fiel a la metodología. En el análisis es necesaria una
compensación que ofrezca la posibilidad de observar al creador como un
individuo que tiene la capacidad "espiritual" de la "creatividad" (sin
duda, idea de difícil definición), y a través de la cual podamos
representar lo suprasensible y expresar sentimientos frente a los
formalismos imperantes, generando, así, un salto cualitativo de valía, que
genere problemas en su interpretación. Esto se observa en todos los
creadores sea cual fuere el ámbito en el que se desenvuelvan, y solo a
modo de ejemplo quiero mencionar a Kepler y su observación del movimiento
de los astros, a contrapelo de lo que la tradición en la que vivió lo
obligaba a aceptar, y a Beethoven indefinible al punto de abrir y cerrar
él mismo las puertas de su arte.
Es decir que en la actualidad y con los medios que se aplican a la
investigación, la relación existente entre la música y el hombre está en
discusión observando, con Ortega y Gasset, que estamos en un momento en el
que el arte está "deshumanizado", al punto que "... el arte nuevo tiene a
la maza en contra suya y la tendrá siempre. Es impopular por esencia; más
aún es antipopular ". Es imperioso observar una metodología que pueda ser
la que nos represente el verdadero sentido del arte musical contemporáneo,
sin separarlo del hombre que lo creó ni de las relaciones que hacen que la
cultura actúe como un crisol que fragüe en sus creaciones. Toda limitación
al espíritu humano es una limitación al arte que el hombre cree, por lo
tanto si el método dialéctico dice poseer la llave de la totalidad del
"ser creado" es muy probable que solo sea pedantería de quienes,
iluminados por la "luz de la verdad", quieran imoponernos una visión
limitada y única del mundo.
2 Dialéctica
¿Es la investigación que utiliza el método dialéctico válida en todos
los casos? ¿La relación holística de los elementos como partes de un todo,
no estuvo siempre presente en las investigaciones de los pensadores más
reconocidos de la Cultura Occidental? Estas preguntas se las debe realizar
el autor, al punto que intenta justificar una posición, no demasiado
clara, con una farragosa enumeración de los autores que de alguna u otra
manera intentaron una explicación racional, y por tanto dialéctica (según
su parecer) del hecho musical.
La evolución del método dialéctico está centrado en el estudio, casi
exclusivo de Hegel y de algunas de las corrientes que surgen de su
pensamiento, marxismos y materialismos. El punto será comprender que
entiende por dialéctica este monumental Filósofo, y lo que el autor
rescata como regla para entenderlas características del método y sus
resultados.
En la pág. 25 se lee:
"En la dialéctica hegeliana los conceptos centrales son los de
totalidad (orgánica), contradicción, conflicto, negación (y negación de la
negación, negatividad), movimiento, finalidad y ley. Pero no son los
únicos. Son muy importantes también los conceptos de esencia, necesidad,
cambios cualitativos y cuantitativos. Dentro de su sistema filosófico
ocupan un lugar privilegiado las nociones de espíritu, idea, subjetividad,
sujeto, objeto, razón, lo absoluto, trascendencia, finito e infinito,
historia mediación lógica, concepto alienación, cosa en sí y cosa para sí
y libertad, la mayoría de las cuales serán tomadas en el siglo XX por
diversos pensadores, entre ellos Theodor W. Adorno".
Cada uno de estos conceptos, ciertamente fueron utilizados por Hegel y
sus seguidores para desarrollar sus ideas, pero no significa que puestos
en conjunto se conviertan en medida de clasificación del sistema. La
totalidad fue expresada por pensadores de la talla de Hegel; el concepto
de historicidad que tiene la interpretación de Kant de la realidad es un
caso significativo, pero que no se relaciona con la dialéctica de Hegel
mas que en el hecho de que creó las bases del idealismo hegeliano, que en
ese caso solo se detuvo en el objeto, tomando una actitud cuasi religiosa
frente a las limitaciones de nuestros posibles conocimientos. La
contradicción, el conflicto y la negación no son conceptos vacíos si no se
los nutre de un organon de pensamiento que les dé vida. Así estos
conceptos fueros utilizados desde Heráclito y Parménides en sus
discusiones sobre el Ser, y de ahí en adelante los toman todos los
pensadores aceptando la contradicción implícita en la realidad y en los
pensamientos, lo que no implica necesariamente que esta contradicción deba
resolverse en una síntesis superadora (vale con recordar a Leibniz, y su
principio de identidad o el de contradicción, y fundamentalmente a los
paralogismos de Kant en sus Críticas).
Los conceptos de esencia, necesidad, cambios, etc. presentados por
Padilla en defensa de la dialéctica, así como los de finalidad y ley,
además de muchos otros, son una enumeración bastante completa de ideas o
conceptos que todo pensador utilizó, o desarrolló, en su tarea, inclusive
aunándolas en sus sistemas. Por esto, tal enumeración, no es más que esto
y, creo, no puede caracterizar un sistema ya que deberíamos conocer en
detalle el sentido que poseen cada uno de los elementos en el pensamiento
de Hegel para que así podamos aplicarlos. Pero Padilla los utiliza con
liviandad ya que donde ve que uno o varios de estos conceptos se observan
en algún sistema de investigación musicológico lo incluye dentro de la
línea dialéctica.
3 Dialéctica y musicología.
Padilla sintetiza al sistema dialéctico en la tríada tesis-antítesis-sintesis,
aclarando que Hegel nunca sistematizó su sistema de esa manera, sino que
los post-hegelianos fueron quienes interpretaron su pensamiento
fundamentándolo en este método. Comienza así una enumeración bastante
detallada de autores que durante el siglo XIX y el XX intentaron aplicar
la dialéctica a sus investigaciones musicológicas, deteniéndose en Guido
Adler al que critica la concepción de leyes musicales objetivas que
determinan la composición e interpretación, separando la creación musical
de un hecho que estima eminentemente cultural (pág. 37). A Adler no le
queda más que llegar a esta conclusión, el pensamiento idealista lo impele
a ello. Observamos como las contradicciones en el sistema pueden ser
molestas, ya que si las leyes son objetivas es solo el fruto de las
consecuencias del pensamiento hegeliano, pero como Padilla acepta el
materialismo como fundamento necesario en la metodología las líneas solo
pueden pasar por realidades excluyentemente humanas y los parámetros de
medidas serán los del hombre como hacedor de música.
El materialismo dialéctico es una vuelta de tuerca al idealismo
objetivo hegeliano que impone un análisis eminentemente económico-social a
las investigaciones, pero Padilla no acepta que este pensamiento, a pesar
de que produzca en sus reflexiones leyes objetivas que determinen el
desarrollo de las sociedades y, como sabemos, llegue al punto de que la
reflexión, esté guiada por una suerte de determinismo fatalista. Las
limitaciones que el marxismo presenta a la creación artística, el llamado
realismo soviético, son consecuencia directa e indispensable de la
proyección de esta forma de análisis de la realidad, y la aceptación de
sus axiomas.
Cuando ve que estos condicionamientos son una pesada carga para el
desarrollo ulterior de las investigaciones, ya que el compositor crea en
soledad y su individualidad emerge, afirma, tímidamente, que el individuo
realiza un aporte, aunque condicionado, aportando su creatividad. ¿Está el
hombre solo? Por supuesto que no. La individualidad emerge en un contexto
social pero esto ya lo observaba Rousseau en el siglo XVIII, lo observaba
Platón en su República, y hasta Ortega y Gasset cuando decía que el hombre
es él y su circunstancia. Entonces no es un descubrimiento de la
dialéctica, o mejor dicho, no hay que seguir el método dialéctico para
observar esto.
Varios investigadores en musicología coincidieron en que algún aspecto
de su producción mantiene contacto con la dialéctica, o con algún aspecto
del pensamiento hegeliano. Padilla enumera: Koch (1749-1816) sostuvo que
una buena obra musical implica un sentido de totalidad; Moritz Hauptman
(1792-1868), la teoría musical debe ser sistemática y fundada en ppios.
lógicos; Hugo Rirmann (1849-1919), en su teoría armónica funcional intentó
aplicar la dialéctica hegeliana, todo se reduce a
"tesis-antítesis-síntesis"; Guido Adler piensa que "la musicología es el
descubrimiento de las leyes del arte musical, en sus diferentes períodos"
(pág. 36/37). Todas estas posiciones aceptan leyes "OJETIVAS" para el
hecho musical abstrayéndolo de ser un hecho meramente cultural. Llegan, en
el caso de Adler, hasta considerar la obra como un organismo vivo,
analogía entre arte y naturaleza (idea muy hegeliana). Aquí hago alguna
consideración: la objetivación de las leyes musicales limitaría el estudio
a la mera enunciación permitiendo que ante la acumulación de información y
proyectando estas leyes, se crea poder enunciar el futuro de la música,
siendo que son momentos de la expresión del espíritu en las realizaciones
históricas, provocando una suerte de "DIRIGISMO" musical.
La escuela de Viena vivencia este pensamiento y los conceptos de
finalidad (y por consiguiente de direccionalidad) son aplicados por
autores como Schömberg, o Webern para justificar el paso que dan al
atonalismo. Schömberg se refiere a la forma musical en la que se aprecian
las nociones de logicidad, coherencia y unidad orgánica (Forma y estilo),
y Webern sistematizando a su maestro piensa que el arte es parte de la
naturaleza y está regido por leyes objetivas, siendo la tareas del artista
conocerlas, dominarlas y trabajar con ellas (La senda de la nueva música).
De esta manera también para él la música es un organismo vivo, que tiene
sus propias exigencias de expresión. Es necesario entender por naturaleza
en el sentido de la teoría materialista, especialmente como la proclama
Marx, como "el conjunto de las relaciones sociales, Estado y sociedad, en
una palabra la sociedad industrial ". El hombre en relación con la materia
y sus producciones creyendo de esta manera poder pensar al materialismo
histórico como economisismo histórico, un empirismo que se aplica a las
situaciones económicas y a sus reperercuciones en la vida del espíritu.
Pero ¿Pueden explicarse "económicamente" las leyes de la lógica, las
elecciones de la combinatoria musical, la creatividad, o las categorías
del espíritu y el juicio de valor (ético)?
Las corrientes marxistas y el materialismo dialéctico condicionan la
creación entendiendo que existe un dirigismo sistémico que regula,
inexorablemente, la creación y el arte, posición aceptada y aplicada por
la Escuela de Viena, pero a su vez, las indicaciones del marxismo
soviético desechan la estética atonal como no representativa de un arte
social. Es decir la influencia de la ideología social, la necesidad de
justificar al proletariado y sus condiciones de percepción del arte,
relación del hombre con la materia de producción, surge el arte objetivo
del soviet. Las corrientes más modernas intentan apartar del sistema este
inconveniente y tratan con indulgencia el problema teleológico (de
finalidad) que surge de la visión dialéctica de la realidad. Intentan
minimizarlo al punto de no prestarle atención, ya que las corrientes
post-modernas, intentando superar los sistemas, colocan a la libertad
individual por sobre la condición social, pero como observa claramente
Lipovetsky, se acepta una relación contradictoria entre las intenciones
sociales y las exigencias de la realidad y el sistema .
Adorno observa esta problemática y a pesar de que acepta cierto
dirigismo histórico en el plano del arte y la música, dice que esta
tendencia teleológica surge de las entrañas mismas del material musical (Schönberg
emerge como el ejecutante de una voluntad objetiva). Adorno es un fiel
exponente del análisis del materialismo histórico con todos sus matices, a
saber: espíritu objetivo de la música, cuyo contenido se afirma a través
de la aparición; la obra de arte es la expresión de una verdad, es decir
revela una verdad de la idea, media entre el espíritu (la idea) y el
hombre, es un proceso entre lo subjetivo y lo objetivo dentro del proceso
social (dato fundamental); la obra de arte es autónoma pero no está
alejada de su circunstancia; la obra de arte es un proceso mimético,
(reproducción de la naturaleza, según la concepción marxista) que no se
contradice con la expresión artística, es decir la construcción racional
del arte ya que una buena construcción produce y conlleva un alto grado de
expresión artística (es decir producción social); el arte es autónomo
cuando es realista y veranadero, y es mimético cuando refleja tensiones y
contradicciones sociales.
A pesar de lo expuesto Adorno se identifica con un proyecto estético
único limitando la visión de ciertos autores, presentando a Beethoven como
la expresión de la cima en el arte musical y la concreción de un ideal
estético. Esta absolutización lo coloca como medida de todos los
compositores. En esto Adorno es contradictorio consigo mismo.
No es raro encontrar estas contradicciones internas muy marcadas en
quienes tienen una visión dialéctica materialista del arte y la música en
particular, ya que se debería aceptar la independencia de la música con
sus leyes y devenir, problema que deja afuera al hombre, el que es tan
solo un instrumento. La música en su proceso de devenir sé autorealiza
llegando a logros definitivos en algún momento de la historia, cima de la
manifestación del espíritu constituyéndose así en paradigma de análisis.
Mas adelante (pág. 40 y ss.) Padilla resume algunas de las posturas
dialécticas más recientes en la musicología. Engloba en la enumeración a
las corrientes por el denominadas marxista, pseudo-marxistas (cercanas al
pensamiento de Lukács), y a las más actuales aclarando que ni Hegel ni
Marx (tampoco Adorno y Lukács) trabajaron con categorías de
tesis-antítesis-sintesis, sino que es el caso de otros pensadores como
Hauser y Thorensen, para quien la intuición de la dialéctica de algunos
compositores permitieron la creación de sus obras (pág. 43), ya que la
obra puede entenderse como un proceso de movimiento de un estado (tesis),
mediante la aparición de un elemento conflictivo que crea la lucha, se
mueve hacia su estado opuesto (antítesis), elemento que es superado en la
resolución del conflicto (Síntesis). El estudio de la forma sonata
parecería que nos lleva a estas apreciaciones (este autor lo realiza sobre
una pieza de Schübert, la Sonata para piano op. 42).
"...La dialéctica de la pieza será vista al observara cómo la
transformación de un estado en uno estable, ocurre mediante la
introducción de un elemento conflictivo" (Pág. 44).
Padilla atribuye a la dialéctica el que en la musicología se utilicen
conceptos tales como los de unidad, coherencia, lógica, totalidad, ley,
forma sonata, evolución, desarrollo, material musical y a la adopción de
pares contrarios como por ej. : repetición/variación. Las reglas de la
dialéctica como sistema de estudio de la obra en sus relaciones internas
podría no ser útil en músicas anteriores al período clásico. La música
medieval y renacentista posee una intencionalidad estructural que se
fundamenta en la proporción, derivada del estudio de la música pitagórica,
con sus relaciones numéricas, que a la de devenir dialéctico. La técnica
se basa en la idea preconcebida de un sistema natural de relaciones entre
los sonidos, al punto que cada elemento conforma un punto (número) que
relacionado a los demás es posible establecer una relación proporcional
como búsqueda de su claridad e integridad. Estas ideas pueden ser extremas
al punto se aceptar la realidad teórica sin el apoyo de la percepción
auditiva e incluso yendo en contra de ella. Es claro el sistema en la que
el tenor manda sobre las oras líneas melódicas que se relacionan solo con
él y no recíprocamente entre ellas. Tanto la concepción del mundo como
centro y la teoría de la armonía de las esferas ejerce su influencia en
las construcciones en las obras. La monodia medieval se estructura en
subordinación a un texto tiene su impulso y avanza gracias a éste. Su
estructura es fluctuante y la temática, a pesar de ser muy rica no
presenta el sentido de lucha interna sino que es el fluir natural de la
evolución musical dentro de un determinado marco de referencia (los
modos). La variación continua tiene la calidad del adorno. El surgimiento
de los tropos y las secuencias no introduce elementos contradictorios,
sino en la búsqueda de la luz que otorga la perfecta proporción y su
claridad, desarrolla las ideas planteadas afirmando el sentido de lo que
el discurso musical planteó. El surgimiento de reglas en la escuela de
Notre Dame, es decir la polifonía Gótica, sigue este sendero y la
intensión del autor es la de proporcionar la idea de "armonía" de las
partes, basándose en las relaciones numéricas que los distintos sonidos
ofrecen. No existe por lo tanto, un sentido "dialéctico", ni es posible
aplicarlo para el análisis de estas obras. Abría que agregar que en el
pensamiento medieval solo existe la búsqueda desesperada de la
no-contradicción y del tercero-excluido. Es entonces descabellado
encontrar un desarrollo dialéctico de síntesis por contradicción de partes
.
En las obras barrocas y más aún en las renacentistas, se desarrollan
basándose en una técnica, manteniéndose la unidad a través de muy pequeños
elementos, inclusive no temáticos (como por ejemplo la utilización de una
técnica: la resolución diferida). En el barroco, monotemático, es difícil
aplicar estas explicaciones dialécticas.
También en la etnomusicología, la semiótica musical y la musicología
Padilla realiza una síntesis de atores (pág. 45 y ss.). Entre ellos
destaca la labor de Dahlhaus cuyo método dialéctico consiste en "...
revelar las contradicciones internas de los conceptos y las relaciones de
influencia mutua entre los diferentes aspectos de un fenómeno" (pág. 47).
Concibe como objeto de estudio a toda la música de todas las culturas,
insiste en diferenciar a la música en "autónoma" y "funcional". Padilla
antepone a estos conceptos la idea de que la música siempre es de "uso"
consciente, y la función es el papel objetivo - independiente de la
voluntad del hombre - que cumple la música en la sociedad. Por
consiguiente la música autonomía también es funcional, no existiendo tal
dilema autónomo/funcional. El concepto de Dahlhaus no es diferente al de
"autonomía relativa" de la sociología moderna de la música ya que no puede
haber en las artes una condición que niegue la relación que exista entre
ella y su contexto histórico y cultural concreto. La obra de arte es
dependiente de ese tiempo fuera del cual no puede existir.
Por esto, para Dahlhaus, una obra musical es autónoma:
"...si esta orientada a ser escuchada por su propio derecho,
priorizando precedencia y función y si constituye una obra de arte en
sentido moderno, esto es, una obra libremente concebida y realizada,
sin influencia de un mecenas o comprador, con relación a su contenido
y forma externa." (Pág. 48)
Padilla critica estos conceptos observando que la definición no hace
referencia a la relación de la obra con su entorno sociocultural, ni de
sus mutuas influencias, además de ver que muchas obras del siglo XX fueron
fruto de encargos. El problema se centra en descubrir si la música solo se
relaciona con el entorno que la produce o si además es capaz de tener su
propia voz, si es capaz de decir algo. Frente a las relaciones de los
elementos que la conforman la autonomía de la obra de arte musical es
relativa.
Además de Dahlhaus presenta al musicólogo Jean-Jacques Nattiez creador
de la concepción de tripartición semiológica, en el estudio de la
dialéctica musical, destacando que para Padilla " la concepción de la
semiología musical es una concepción dialéctica" (pág. 50) El autor se
detendrá especialmente en el análisis del paradigma de investigación de
este musicólogo, ya que, como él dice,
"La disposición de Nattiez a investigar desprejuiciadamente no solo
la música de arte occidental sino cualquiera otra o de cualquier
cultura, aproxima aún más su visión a una propuesta dialéctica como la
presentada en este trabajo".
Un tema interesante es el del status ontológico de la música y de la
obra musical siendo que algunos sostienen que la ejecución y no la
partitura es la música. Dahlhaus piensa en la partitura como la obra, lo
mismo que Adorno. Otros (Batstone) ponen el acento en la captación
fenomenológica del auditor. R. Ingarden sostiene que la obra de arte
musical no es ni la partitura (incapaz de sostener todo lo que se escucha)
ni las diversas ejecuciones (todas imperfectas); la obra musical no es una
entidad ontológica real sino intencional. La partitura no es más que la
forma material en la que se manifiesta la intención composiciones del
creador. Finalmente para Nattiez "...la obra musical , su estado de
existencia y su identidad, son cuatro elementos: la intencionalidad del
compositor (actos de composición), la partitura (o "configuraciones"), la
ejecución de la música y la percepción de ella por parte del auditor" (pág.
50).
Desde la perspectiva dialéctica propuesta por Padilla la actitud
totalizadora de Nattiez expresa su propio punto de vista. Sería necesario
para realizar una crítica mas profunda de estas posturas sintetizadas aquí
el comprender los alcances de cada una de ellas y sus fundamentos. Si
priorizamos la existencia por sobre el ser de la obra veremos en la
ejecución y su consecuente audición lo central. Si el Ser es la medida, en
tanto existencia ontológica, la partitura materializada en las manos de un
creador será lo importante. Inclusive, hasta en una postura kantiana en la
que lo que se observa no es más que fenómeno, la interpretación y
posterior traducción en sonidos es de valor ya que se es en tanto se
aparece. Lo que no es fenómeno seguirá estando tan solo en el campo de las
"posibilidades". En el campo dialéctico las contradicciones se resuelven
englobando a cada una de las posturas, normalmente contradictorias,
entregándole a cada una de ellas una parte importante del todo, solo será
importante el proceso.
4 Investigación musical dialéctica
Padilla resume algunos de los métodos dialécticos de la investigación
musicológica que intentan aproximarse a la música y a su contexto de una
manera global o totalizante. Sus direcciones concuerdan con la intensión y
el espíritu del autor. Así enumera los métodos ideados por Alan Merrian,
Alan Lomax, Mantle Hood, Jhon Blacking y otros, a los que realiza diversas
críticas aunque cada uno de ellos intenta englobar a las obras y su
contexto. Son posturas cognitivas, antropológicas,
cognitivo-antropológicas, estilísticas, de musicología comparativa, etc.
pero todos ellos muy criticados y en algunos casos en desuso. En todos os
casos las interrelaciones causales entre los elementos de análisis crean
una red muy intrincada, casi ilegible (ver el caso del cuadro Nº 8 de la
pág. 63).
Ante esta dispersión Padilla intenta una definición del objeto propio
del estudio de la musicología:
"El objeto de estudio de la musicología en tanto ciencia musical
única, es la música y sus vínculos con su contexto social, cultural e
histórico... ¿Cual es el objeto propio de la musicología que ninguna
otra ciencia podría tomar como propia? El análisis de las estructuras
musicales. Y en esta esfera se inscriben, en sentido estricto, la
teoría musical, el análisis y las teorías de composición musical, sean
todos estos procesos cognitivos conscientes o inconscientes,
verbalizados o no, sistematizados o no, escritos o no. La teoría
musical, el análisis musical y las teorías composicionales son todas
esferas también multidisciplinarias, pero su objeto de estudio es
propio de la musicología...
"Nuestra visión dialéctica no es un modelo, sino una actitud, una
disposición metodológica muy general hacia la investigación
musicológica" (pág. 64).
Padilla abre el estudio e investigación musicológica a toda la música
de la humanidad, sin desechar ninguna metodología que le permita todos los
enfoques posibles, algo verdaderamente muy ambicioso. Es la primera vez
que en el texto define detalladamente su postura frente a la investigación
musical.
4.1 Modelo tripartito Molino/Nattiez
Padilla observa en el modelo tripartito de Molino/Nattiez un buen punto
de partida para su concepción global de la investigación musical (pág. 65
y ss. Por esta razón lo sintetizamos de esta manera.
Al fenómeno musical se lo deberá describir según su triple modo de
existencia:
1. como objeto arbitrariamente aislado,
2. como objeto producido y
3. como objeto percibido
Este modelo "semiológico" concibe tres planos en el proceso musical:
1. el nivel poiético (creación musical, papel del compositor),
2. el nivel neutro (la obra, corpus musical),
3. el nivel estésico (percepción y recepción, papel del auditor)
Se puede agregar un cuarto nivel: el comunicacional, elemento no
aceptado por Nattiez. No es necesaria la coincidencia de percepción del
auditor con la intencionalidad específica del compositor para asegurar que
en la música también se produce un proceso comunicacional. Es cierto que
no hay una relación unívoca en la cadena
compositor-obra-intérprete-auditor, sino más bien esta es ambigua de
significados múltiples. Adorno explica: "El análisis...tiene que ver con
la estructura, con los problemas estructurales y, finalmente con la
audición estructural".
El análisis de nivel neutro es el análisis descriptivo que realiza una
summa de os elementos que constituyen la estructura de la obra, pero que
se debe continuar con un análisis e interpretación de elementos, antes de
pasar a los niveles poiético y estésico. Sería necesario saber si este
primer análisis neutro es suficiente para realizar un análisis completo y
si es aplicable a toda música, o si es necesario un momento de análisis e
interpretación previo a pasar al análisis poiético o estésico. Es cierto
que cualquier análisis está influido por el contexto histórico del
analista y por consiguiente está históricamente determinado. Si la obra
está dentro del proceso cultural que la enmarca el investigador no puede
abstraerse tampoco de él. A partir del análisis estilístico, del nivel
neutro, se llega, según Nattiez, al nivel poiético.
El análisis poiético implicará: el análisis de la documentación:
partituras, versiones de ediciones, manuscritos de obras, cursos, charlas,
conferencias, entrevistas, las ejecuciones de la obra que realice el mismo
autor, o realizar observaciones directas, si es posible, para reunir la
mayor cantidad de información, si el autor se lo permite. A esto es
necesario agregar diversos enfoques en el estudio: análisis de textos,
análisis conceptuales (filosóficas, estéticos, etc.), teorías y técnicas
de composición, visiones psicoanalíticas, etc.
Para el análisis estésico Nattiez no tiene una definición fina y se
apoya en los marcos de la psicología musical, la psicología experimental,
la teoría de la información y de la musicología cognoscitiva.
Resumiendo: el momento de análisis más importante, y que puede aportar
para la interpretación de un corpus musical, pero no es el único. El
intérprete, al reproducir una versión de la obra, también actúa como un
analista: su ejecución es del nivel neutro, pero también se pone en el
campo del análisis estésico. Por estas razones debería considerarse a éste
como a un nivel nuevo en el proceso general de análisis.
5 Análisis musical
5.1 Teoría y análisis
En esta sección Padilla desarrolla lo que él entiende como el objeto
específico de la investigación musicológica, ya que el análisis musical
intenta develar la estructura de la música, sus principios formales, su
morfología, gramática y sintaxis. Para ello se reconocen dos procesos
posibles: el inductivo, en el que el análisis detallado de los fenómenos
permite formular una teoría, un modelo o una tesis de interpretación, y el
deductivo (inverso) por el que se parte de una teoría o hipótesis.
Esto crea un primer problema: la influencia entre las Teorías y el
Análisis musical. El análisis ofrece elementos para que la teoría se
desarrolle y, a su vez, la teoría ofrece un marco general en el que el
análisis opera. El análisis intenta descubrirlos procesos profundos que
ocurren en la obra, mientras que la teoría puede adquirir un carácter
normativo si es que se quiere otorgar al estudio un sentido general o
universal.
En muchos compositores las teorías propias se confunden con el análisis
al punto que son muy difíciles de distinguir entre sí. Sus análisis y
teorías son, a su vez, técnicas de composición (por ej. Schömberg
Hindemith o Boulez).
Además surge un nuevo concepto, el de recherche musicale (investigación
musical) que implica un proceso analítico, teórico y experimental que
realiza el compositor en su búsqueda de nuevas formas expresivas,
vinculadas estrechamente a la labor creadora (Pierre Schaeffer). Esta
investigación se dirige a todos los parámetros y niveles de la música
buscando su articulación más compleja. Implicará "la investigación sobre
las herramientas tecnológicas, la creación experimental y la reflexión
analítica sobre el sentido de la empresa" (F. Delalande).
Es decir que la reflexión sobre el hecho musical tiene diversas
dimensiones relacionadas entre sí: teoría, análisis, experimentación,
composición y estética.
5.2 Análisis musical en Padilla
5.2.1 Definiciones
¿Cuál es el objetivo del análisis musical para el autor?
"A través de él se conoce mejor y más profundamente la tradición
musical para mantenerla, fortalecerla y desarrollarla. O sea, el
análisis tiene un fin musical endógeno: permite a la cultura musical
existir y modificarse" (pág. 74).
¿En qué consiste el análisis musical?
"En un sentido muy restringido, el análisis está dirigido a
revelar, poner a descubierto la estructura interna de un corpus
musical, sus normas y principios formales, las técnicas
composicionales utilizadas. Este análisis responde a las preguntas de
cuál es el contenido musical de una obra o pieza, cual es sus
estructura, cómo está concebida y realizada" (ibid.).
El análisis debe partir de una descripción de los hechos musicales pero
se completa con un análisis propiamente tal (segmentación, descubrimiento
de funciones, etc.) y la síntesis, donde el analista explica las reglas de
la gramática musical que corresponde a las normas de un estilo o corpus
musical. Análisis es fundamentalmente, interpretación de la estructura de
una obra y de los, principios formales que la conforman, estableciendo una
interdependencia entre los elementos que la componen.
Estos conceptos en etnomusicología apuntan al conocimiento de las
estructuras y principios formales para describir un estilo concreto.
¿Se debe utilizar solo lo que se escucha o lo que está escrito en la
partitura? Para Padilla, como para Dahlhaus: "La separación de la audición
de la lectura es una abstracción especulativa".
Otro tema es si el análisis debe ser subjetivo u objetivo. Frente a
este interrogante vemos que el análisis científico va de la cosa singular
a la norma general y de la objetivación de la obra a sus relaciones
funcionales y el análisis intuitivo va hacia la singularidad y la
substanciación. Es decir que esta antinomia no es tal ya que el trabajo de
análisis nunca es puramente subjetivo u objetivo sin una mezcla creadora
de ambos. Es por eso que Padilla afirma que: "el trabajo de investigación
científica es, en muchos aspectos, análogo al de la creación artística" (pág.
78).
Resumiendo, para Padilla cualquier aspecto del análisis musical que se
tome de una manera reduccionista debe ser desechado en aras de ofrecer una
visión holística, es decir sintética, que permita establecer una red de
relaciones estructurales, funcionales, significativas, etc. entre los
elementos.
5.2.2 Un modelo, unidad y coherencia
Este es un problema fundamental. La mayoría de los analistas afirman
que estas categorías (unidad, coherencia, lógica interna, etc., que ya
describimos anteriormente)son propias de las buenas obras musicales.
Entonces ¿en qué casos una obra es coherente, constituye una unidad con
lógica interna? Padilla afirma que éstas son categorías estéticas
históricamente determinadas, entonces habrá que evitar plantear un
criterio fijo de evaluación en este aspecto, es decir, realizar el
análisis a través de un prejuicio metodológico. Da varios ejemplos de
estas posturas reduccionistas.
A continuación (pág. 85), Padilla sintetiza su concepción del análisis
musical a través de cuatro momentos:
1. Comienza con proceso de segmentación, definiendo el vocabulario, del
corpus (estilo) musical. Análisis descriptivo, teniendo presente la
dialéctica entre el todo y el detalle, además de una visión global y el
análisis de los "hechos", al nivel de la microestructura.
2. Esta fase está destinada a buscar y encontrar líneas de coherencia,
lógica y unidad del corpus. Esta búsqueda se intenta siguiendo un criterio
de logicidad, no apriorístico, que emane de la realidad de la obra. Así se
pone de manifiesto la sintaxis, la gramática y el código de la obra. Aquí
aparecen parte de los análisis poiético y estésico.
3. Interpretación musical y musicológica de la obra. A este nivel
pertenecen cuestiones relativas al estilo, la genética del corpus,
relaciones de esta obra con su corpus, etc.
4. Fase de reflexión sobre el significado general de la obra o del
corpus musical. Puede ser una reflexión estético/filosófica,
músico/histórica, semiótica, sociológica, comparativa, etc.
A su vez no todo es analizable en música, como por ejemplo algunas
decisiones estéticas que toma el compositor, situadas en el campo de la
intuición, realizadas fuera de los sistemas, inclusive de los creados por
ellos mismos.
Afirma, siguiendo su línea de pensamiento, que no existe un análisis
universal ni total, pero puede haber uno global y sintético, colocando al
suyo dentro de esta definición. Todo análisis y analista están
históricamente determinados, y el fenómeno musical es un proceso en
constante cambio, modificándose también las herramientas analíticas.
"Nuestra guía es que un buen método analítico es aquel que, en
primer lugar respeta la integridad de la música, se subordina a ella
en el sentido de intentar establecer de la manera más fiel posible -el
subjetivismo no es posible eliminarlo del análisis en un sentido
absoluto- la estructura y los principios de funcionamiento del corpus
musical. El método analítico... no debe subordinar la música a un
intento teórico cualquiera. El análisis -y el analista- debe estar al
servicio de la música y no al revés. El empleo de uno u otro método
está dado por el carácter y estilo general del corpus misal, por sus
coordenadas histórico-culturales, por su especificidad, y, por otra
parte, por lo que se quiere investigar. Sea el método que fuese debe
cumplir con los criterios de cientificidad que la filosofía de la
ciencia ha establecido" (pág. 90).
6 Conclusión
Padilla resume brillantemente a los autores de la ciencia musicológica
que se han destacado por sus investigaciones, desarrollos metodológicos,
planteos filosóficos o discusiones respecto del análisis musical.
Afirma que la integración de las diversas posiciones, enfrentadas
contradictoriamente, en una síntesis totalizadora, es el camino de la
verdadera investigación científico-musical. La ciencia musicológica está
marcada por los diferentes paradigmas que permitirían una investigación,
pero al ser ellos "históricos" se convierten en coyunturales, deducciones
del análisis y relativos al tiempo y cultura que los crearon. Por eso toda
relación entre una obra musical y los parámetros apriorísticos del modelo
serán ciertos pero están viciados por ser una visión reduccionista del
análisis musical. Una visión holística permitiría un fluir libre de las
relaciones admitiendo que no existen determinaciones sino opiniones, no
existe la ley sino el devenir. Dependerá el análisis de lo que Lyotard
denomina la "performatividad", una relación input/output de la información
que regularía el rendimiento del sistema. En el caso de la propuesta de
Padilla el sistema no es pertinente para juzgar lo verdadero y justo, tan
solo es un criterio de operatividad tecnológica. Su pensamiento coincide
en aceptar que el manejo de la información se legitima en el "juego" que
se hace de ella en la complicada administración de las pruebas y manejo de
las argumentaciones.
Ahora bien, visto así, el sistema se encuentra, sin quererlo, en un
callejón sin salida. Las descripciones por si mismas no sirven, pero como
él admite que el analista está teñido de un pensamiento histórico
coyuntural que lo condiciona, el análisis que intente de ellas deberá ser,
por fuerza, apriorístico e histórico. Inclusive cualquier conclusión será
relativa, modificable y por tanto inútil.
Qué interés tiene el investigador científico sino el de develar un
misterio, definir, racionalizar, fijar, y por tanto asir y aprehender una
realidad oculta. Conocer es fijar, estructurar, congelar. Un fenómeno -y
eso es el sonido- para ser comprendido deberá estructurarse en una
categoría englobante, ya que el ser solo se manifiesta a través de la
secuencia de sus emergentes, es decir, los fenómenos.
Padilla expresa, dentro del ámbito de la investigación musicológica, el
pensamiento post-moderno. El método y el sistema hegeliano le ofrecen un
medio para desarrollar un sistema que se expresa con las diferentes fases
de su proceso analítico. Pero como las consecuencias del sistema no son
deseables para los fines que se propone (es decir también hay teleología
en su pensamiento), ya que fijan en el tiempo las relaciones y propone una
investigación "dogmática" de los hechos, sumado a esto las consecuencias
del pensamiento materialista, marxista y post-marxista, que solo ofrece la
posibilidad de una interpretación objetiva y racional esencialmente social
del arte, resuelve el problema evitándolo, saltándolo, vaciando de
contenido a las ideas directrices, desustancializando el hecho musical y
su análisis. Ofrece una opción edulcorada, ligth del análisis musicológico.
Esto no quita que las descripciones, enumeraciones e incluso los
análisis que ellas permitan sean verdaderas. Lo que sucede es que impide
toda construcción de modelos de comprensión, herramienta que la ciencia
utiliza para la exposición y presentación de sus investigaciones,
sustituyéndolo por una narrativa, una lingüística, un metalenguaje que
exprese el sentido de la obra. Esto obliga a la creación de un discurso y
por consiguiente un lenguaje propio de la explicación de cada obra. Ya no
existe progreso ni historia, tampoco discontinuidades. Estas cuestiones
surgen con una critica al fundamento del conocimiento moderno.
En un mundo ligth, hedonista, hecho de seducciones (de
seductores/seducidos), de ruptura de las vanguardias y achatamiento
igualitario, una obra de arte musical puede generar dos posibles
problemas: el primero de carácter cualitativo, ya que conmociona y deja en
evidencia la incapacidad del hombre actual por tomar las riendas de la
historia, o establecerse en algún sitio que se constituya en su hogar. O
bien puede establecer que no existe diferenciación cualitativa alguna
entre las obras, aceptando que todas son obras de arte, cada una a su
modo, y justificarlo con el tipo de análisis expuesto.
Esta problemática se ve en el planteo del problema del análisis de la
música contemporánea para el que no intenta ninguna síntesis. Se remite a
realizar una descripción de las problemáticas que el siglo XX entrega al
mundo musical, los aportes que el arte contemporáneo realiza y la
imposibilidad de que algún modelo explique a la obras sin reducirlas a
algún aspecto particular (altura, tema, forma) de la teoría tradicional.
Las categorías de las teorías tradicionales deberían ser reformuladas con
contenidos nuevos. Hasta observa en los intentos generalizadores modernos
siempre un reduccionismo. Inclusive presenta el concepto de DRAMATIZACIÓN
DEL DISCURSO MUSICAL sobre el de NARRATIVIDAD, (utilizado con éxito hasta
el presente) siendo que aquella idea engloba los conceptos de dramaturgia,
articulación, textura y gesto, muy caros a la música contemporánea y por
lo tanto, capaces de expresar mejor su contenido.
Finalmente para intentar un método que desligue completamente al
analista de preconceptos que limiten su apreciación, sugiere:
"... simplemente escuchar música sin partituras(ni transcripciones)
y tratar de establecer mediante la audición las características
esenciales de la obra. Aún mejor si es la situación si la obra bajo
análisis es nueva para el analista y este no conoce ningún elemento
contextual de la pieza. Solo entonces es posible crear una relación
intima con la obra y formarse una visión personal y desprejuiciada de
ella" (pág. 97).
Será necesario crear una nueva ciencia en la que las relaciones de las
informaciones no sean relevantes sino la creación de símbolos que abarquen
narrativamente, y por que no dramáticamente, el contenido de cada obra
musical, con lo cual la democracia también habrá llegado a las tierras del
arte.