|
290408 -
Universidad de La Laguna
1100 - La autora es Profesora de la Universidad Nacional de Córdoba y de
la Universidad Nacional de Río Cuarto (Argentina
Comprender que la transmisión de
información para ser percibida por un solo sentido, el auditivo, se hace
más efectivo cuando lo que se transmiten son mensajes estéticos lleva
implícito una concepción de la comunicación que no admite escisiones entre
sentido y forma. Pero además rinde cuenta de un planteamiento integral en
la producción de mensajes sonoros.
Esa visión abarcadora del mensaje audio
nos lleva por un doble camino a la hora de plasmar sentidos: la
investigación temática y la investigación del lenguaje específico. Tal vez
sea esta última tarea la más ardua, por la complejidad y dificultad que
encierra plasmar ese lenguaje en forma estética.
Cuando nos referimos al lenguaje
específico tenemos que saltar todas las barreras del preconcepto y admitir
que en los lenguajes audiovisuales el hecho técnico posee su propia
significación y se la imprime a los otros códigos en la lógica de
ensamble, de montaje. Ese sentido impacta irremediablemente en la
concreción del mensaje.
El profesor Raymundo Mier, en su libro
"Radiofonías: hacia una estética itinerante", al referirse al dispositivo
técnico de la radio lo considera como: "Un repertorio de recursos,
transformaciones, manipulaciones de los signos que intervienen en la
transmisión radiofónica. Sería sin duda apresurado hablar de una gramática
o de una retórica subyacente en el nivel técnico de la materia sígnica de
los elementos de la cadena sonora. No obstante, es preciso admitir un
conjunto no ordenado de reglas, no formales, establecidas mediante
procedimientos heurísticos o saberes empíricos que imponen ya cierta
taxonomía y cierta imagen de factibilidad a las operaciones a las que se
presta la materia sígnica del dispositivo radiofónico." (pág. 38)
En una síntesis salvaje agregaríamos que
el profesor Mier al enumerar esas operaciones tiene en cuenta:
-las que permiten la escucha simultanea
de las cadenas sonoras
- la sobreposición, fusión,
encadenamientos de las cadenas sonoras
- "el uso narrativo de onomatopeyas o
sonidos diversos y la capacidad de conformar con éstos, planos de
significación convencionales, inequívocos y generalizados". (pág. 39)
En este trabajo nos limitaremos a
enfrentarnos solo con tres de los códigos del mensaje audio: la palabra,
la música y los ruidos, unidad acústica potencialmente estética por su
misma naturaleza, con musicalidad de tonos, timbre e intensidades en sus
tres manifestaciones. Esos tres códigos responden en el plano del sentido
como series superpuestas que transmiten el mensaje global.
Intentaremos un breve acercamiento a
cada uno de ellos para así rendir cuenta de esa capacidad estética que le
atribuimos.
Comenzaremos por los ruidos, o efectos
sonoros en la jerga radiofónica, sonidos que son significantes puros, que
remiten a ellos mismos. Los efectos sonoros definen, anclan su significado
en la trama textual, acercando referentes, (podríamos decir con total
irreverencia, casi como obviando la tríada de Pierce), en claros intentos
de "otorgarle realidad" al mensaje, de explicar situaciones del contexto
inmediato del discurso. Son también "alertas perceptuales" encargados de
hacer retornar al discurso, al receptor de audio quien es definido y con
razón como disperso. Es difícil captar su atención y más aún mantenerla.
El efecto sonoro entonces apela al receptor, lo "toca" auditivamente, lo
rescata, lo devuelve.
Existe también otra función del efecto
sonoro, la estética, cuando introduce en el discurso audio todos aquellos
sonidos que el receptor, percibe de su entorno en su vida cotidiana y los
comprende y califica como bellos. Son en general los sonidos naturales (o
creados) como los de la lluvia, el correr del agua, el crepitar del fuego,
que le evocan situaciones generalmente placenteras.
Pero el efecto sonoro se dimensiona
realmente en su función estética cuando se producen montajes sonoros, en
donde la búsqueda en pos de un efecto, de una nota, de una voz, de un
siseo han sido determinantes, en donde las operaciones de superposición,
yuxtaposición o síntesis sonora han sido medidas casi milimétricamente. En
ese todo sonoro el efecto "dice", señala, define, traza el camino de una
historia; o la acompaña, la acompasa, la amansa, la embravece de forma tal
que el mensaje se convierte en una verdadera creación estética auditiva.
Debemos, para poder avanzar con la
exposición, plantear a qué le vamos a llamar estética en este trabajo. Hay
mucho escrito al respecto. De esta multiplicidad conceptual tomaremos una
posición que intenta ser simplificadora, y que posiblemente termine siendo
simplista) apoyándonos en dos vertientes: Mucarosky y Umberto Eco.
Dice Mucarosky que el significado
estético se encuentra impreso en la conciencia colectiva y lleva a grupos
humanos que comparten la misma cultura en un determinado tiempo, a sentir
placer perceptual ante determinados objetos visuales o acústicos. Si bien
es cierto que existen significados estéticos personales que no coinciden
con los colectivos eso no modifica la conciencia colectiva al menos en muy
largos períodos de tiempo. (1)
Eco, refiriéndose a los códigos emotivos
en relación con el mensaje estético dice:
"El mensaje estético, como se dirá
instituye códigos personales, es decir, instituye un idiolecto estético".
(2)
Se socializan patrones de gusto
personales, se institucionalizan experiencias perceptuales individuales,
cada vez con mayor rapidez sobre todo en algunos productos culturales que
entran en el circuito del consumo.
El problema mayor en estos tiempos no
consiste solamente en la falta de puntos en común sobre los valores
estéticos con los chinos que están al otro lado del mundo, sino con la
generación que nos precede y con la que nos sigue que están al lado
nuestro y podríamos decir que solo a 5 años de distancia. Y no nos
referimos a la obra de arte que ha probado la estabilidad de sus valores
estéticos a través del tiempo sino a esos productos culturales con ":
fuerte tendencia a lo estético "pero que todavía no han logrado probar su
permanencia y que provocan fuertes discrepancias generacionales con
respecto a su validez.
Aclarada la posición con respecto al
sentido que en este trabajo le otorgamos a lo estético, volvamos ahora al
lenguaje audio.
La palabra relata, evoca, remite como
los otros dos códigos, el musical y el de los efectos sonoros, pero a
diferencia de los otros dos códigos define, califica, caracteriza,
teoriza, conceptualiza En el mensaje audio es a la palabra a la que "se
hace" responsable del significado del discurso.
A veces se olvida su otra misión: cuando
se codifica un mensaje y se realiza esa doble operación de selección
(paradigmática) y combinación (sintagmática), no solo se plasma sentido
sino que, por la armonía de las combinaciones sintácticas y léxicas, el
texto puede poseer ese valor estético que lo convierte en obra de arte.
Doble placer el del receptor: el de la
comprensión del sentido y el de la percepción casi exclusivamente
sensorial de la pura forma lingüística.
Raymundo Mier en 'Radiofonías...',
refiriéndose a la verosimilitud, a criterios de legitimidad del discurso
radiofónico, califica la palabra, la relaciona con el arte:
"La puntuación, las pausas, los tiempos,
los reposos, las reglas , los géneros, el lugar de la voz, la identidad de
los cuerpos que se escuchan, el abandono "del arte del micrófono", del
"arte de la palabra" (...) (pág. 45)
También Arheim, en su libro 'La estética
radiofónica', la había calificado de la misma manera, diciendo que en la
palabra el sonido es como la madre tierra. La oralidad, como arte hablado,
nunca puede prescindir de ese sonido así concebido. (4)
Ahora bien, cuando la forma lingüística
en su oralidad, es el sonido, es ineludible considerar el hecho de que se
mezclan en ese código de absoluta arbitrariedad, significantes que rayan
en lo analógico y que al hacerlo, acercan los significantes- sonidos de
las palabras al sonido de sus referentes, (¿o de sus interpretantes?) como
si conservaran la huella de etapas anteriores a la de su sistematización
donde, puede suponerse, no existía lenguaje sino puro ruido comunicativo.
Ese acercamiento al sonido del referente (susurro, cristales, zumbar,
bramar) ocasiona que el discurso "se vuelva melodioso" en un doble juego
de ida y vuelta del sonido a su evocación.
Pero también debemos considerar el hecho
de que es en la oralidad donde se concretan definida, pero siempre
distintos, los rasgos suprasegmentales.
El profesor Raimundo Mier en los cursos
de la Maestría en Comunicación y Cultura contemporánea (Córdoba,
Argentina; abril/mayo,1999) refiriéndose a la propuesta estética de Roman
Jacokson subrayó su importancia haciendo notar entre muchas cosas que los
alargamientos silábicos, la textura vocálica acentúan la literalidad del
texto y provocan expresiones diversas y verdaderos rasgos estéticos.
Pero, curiosamente, en un doble juego es
a través de los tonos, los timbres, las distintas cadencias, ritmos,
intensidades que distinguimos los matices de la significación, de forma
tal que el sentido global del texto oral solo así se plasma cabalmente.
Umberto Eco los llama códigos tonales y
dice al respecto:
(...) llamaremos así a los sistemas de
variantes facultativas ya convencionalizados, los rasgos "suprasegmentales"
que connotan entonaciones particulares del signo (tales como "fuerza",
"tensión", etc.); y auténticos sistemas de connotación ya estilizados
(como, por ejemplo, lo "gracioso" o lo "expresivo") (3).
Lo cierto es que los rasgos
suprasegmentales se montan sobre los significantes y así subrayan,
matizan, modifican sentidos, agregan nuevos; constituyen mensajes
fuertemente expresivos que conmocionan al receptor de tal forma que lo
hacen expresar a veces: "No sé lo que contó, pero lo relató tan
bellamente...".
Abordaremos ahora ese tercer código del
lenguaje audio que es la música.
Pareciera que su rol fuera solo el de
acompañar a la palabra creando atmósferas, provocando evocaciones en el
receptor. En trabajos experimentales con sonido se ha comprobado que a
través de esas evocaciones se construyen verdaderos andamiajes temporales
que sostienen la historia que relata la palabra y que, junto a los efectos
sonoros, pueden narrar, justamente en una cadena de evocaciones
provocadas, sin recurrir al código lingüístico.
Trataremos de desarrollar una
explicación de lo que acabamos de afirmar.
Si bien es cierto que, como afirma
Umberto Eco, los significantes musicales por carecer de espesor semántico
solo denotan una posición en el sistema (5) y como tales parecieran muy
alejados de la significación, revierten ese "vaciamiento" cuando,
basándose en un código digital, se articulan consiguiendo todos los
desarrollos musicales posibles. Además, la ejecución se enriquece con las
variantes facultativas, que ya mencionamos al hablar del código
lingüístico, consideradas verdaderos actos expresivos.
En las notaciones musicales estas
variantes se codifican analógicamente, (con sentimiento, glissando, con
brío.) a nivel de los códigos técnicos de transcripción y luego de
reproducción del sonido. (6)
Estas articulaciones musicales así
enriquecidas, encadenadas en un continuo determinado, forman textos
sonoros que efectivamente transmiten distintos mensajes: reproducciones
casi gráficas de las acciones, esbozos del contexto que el receptor
completa a través de sus códigos culturales, historias. El código musical
además, puede provocar variadas sensaciones Esa capacidad se traslada al
resto del discurso audio: los otros elementos se ''contagian" y el todo
percibido es el que produce la emoción, la determinada sensación.
La función inherente al fenómeno musical
es la estética. Es decir producir placer (o displacer) perceptual. En esa
función predominante del mensaje musical se apoya las más de las veces el
mensaje audio.
Mucarosky, en su tratado de estética, al
hablar de la obra de arte afirma que en pintura, plástica, literatura,
aparecen con regularidad dos significados que pueden diferenciarse: el
temático y el estético, pero que en la música solo se recorta nítidamente
el estético y el segundo se insinúa eventualmente. (7)
Arheim reafirma la función estética del
código musical al calificarla como arte: "el arte más puro", "el rey de
los demás artes". (8)
La música es pura abstracción, es un
macro signo cuyo significado como el de toda obra de arte es el "objeto
estético"(7).
Y es ese código musical con su
ineludible carga estética uno de los configurantes del mensaje audio, tal
vez el menos explorado, cuando, curiosamente, el cine el arte audiovisual
sabe de su poder y por lo tanto explota su capacidad de provocar emociones
igual o tanto más que la imagen. Emociones por evocación y por real goce
estético.
Hemos intentado una breve explicación
para comprender esa afirmación que formulamos al comienzo sobre la
potencialidad estética del mensaje audio.
Agregamos que ante los planteos de
producción encarada poniendo el acento no solo en el contenido sino en la
forma del mensaje, se formulan a veces temores a postergar el uno por el
otro.
Consideramos que el sentido no existe, o
más bien, no es comprensible sino es plasmado en una forma, en un
lenguaje.
"El lenguaje y el pensamiento son una
misma cosa, como lo son Dios , su Shekinah y su Tabernáculo. "Donde no hay
palabra, no hay razón ni tampoco mundo". "Toda la cháchara sobre la razón
es simple viento; el lenguaje es su órgano y su criterio." (Nicolás
Casullo, refiriéndose a la concepción del lenguaje de Johann Haman)
Pero cuando más placer produzca la
forma, existirán más posibilidades de aprehender el sentido.
Además, y a expensas de que esto parezca
un trabalenguas, reiteramos lo que afirmamos en párrafos anteriores:
cuando el significado es expresado con justeza, correctamente, su
comprensión provoca placer, "intelectual" digamos.
Cuando así no ocurre es porque lo que
falla o falta es el sentido y esto es indispensable conocerlo a la hora de
la creación.
Muchas veces también objetamos que tras
estructuras formales estéticas se enmascaran contenidos ideológicos
aberrantes. Y es cierto. Pero el responsable de que esto ocurra no es el
potencial estético del lenguaje audio sino exclusivamente el emisor en su
intencionalidad.
Tal vez esas objeciones esconden nuestra
incapacidad para crear productos estéticos que opongan un mensaje con
contenidos éticos a esos otros, que, con contenidos perversos, alzan vuelo
a través de la forma.
¿Pero es posible lograr ese acto
generalmente espontáneo, individual y solitario que lleva al hombre a
producir obras de arte o productos estéticos efímeros, pero no por eso
valorados como "menos bellos", en el momento de la recepción?
A esta altura del trabajo es imposible
eludir la respuesta:
Tal vez "lo que se pueda" sea estimular,
impulsar la creación estética mediante técnicas de sensibilización de la
percepción, por dar un ejemplo. Pero lo ineludible es conocer
exhaustivamente el "modo de ser" de cada código en la ejercitación
constante a través de técnicas probadas o experimentales que lleven a la
creación.
En el caso de los efectos sonoros: la
escucha del mismo sonido en distintos contextos, de distintos contextos
para el mismo sonido, la grabación de sonidos naturales y su comparación
con los producidos en laboratorio, la creación de sonidos imitativos o
"desconocidos", la construcción de historias contadas solo con efectos
sonoros, la medición del impacto sonoro de cada efecto y el análisis de su
particular forma de comportarse en cada contexto.
Si intentamos con el código lingüístico:
ejercicios de silabeo, de contrapunto tonal y semántico, la construcción
de relatos sobre núcleo semánticos poderosos o sobre ejes semánticos
evocadores; el uso de palabras analógicas en la construcción de la
metáfora, la improvisación temática, la improvisación de semejanzas
lingüísticas, las relaciones entre núcleos de significación y los colores
y los sonidos, incorporaciones de contextos imaginarios a palabras de
indudable unisemanticidad.
Con respecto al código musical podemos
proponer ejercicios de escucha gradual, de reconocimiento de la textura
sonora de cada instrumento, de comparación estilística y de contextos de
producción musical, del uso del mismo texto con distintas musicalizaciones
que cambian el sentido primario del texto lingüístico, creación de climas
y de atmósferas, de historias musicales, de recorridos estilísticos o
generacionales.
El conocimiento de cada uno de los
códigos, la distinción de sus matices sonoros, la forma en que se
comportan uno en presencia de los otros, la manera en que avanzan o se
repliegan ante la postura acústica del otro favorecen evidentemente el
acto de creación estética.
Nos queda en un gran borrón en este
trabajo el abordaje de las técnicas de montaje de utilización de todo ese
aparato tecnológico que no es sinónimo de soporte de mensajes sino que
determinan su forma
Sin embargo, adelantamos, no hay
fórmulas ni leyes matemáticas de combinación, de montaje, de producción.
Viene en socorro del creador el escuchar los propios productos y los de
los otros con sentido crítico, confiar en el criterio estético del
receptor y recordar que ese criterio variará no sólo de cultura a cultura,
sino que establecerá tantas diferencias como las del territorio del país y
la impronta de cada barrio.
Ayuda la organización, la disciplina, en
la producción, la apertura mental además de la perceptiva que permita
admitir que lo estético se asienta tanto en productos tradicionales como
en los de "quiebre", y conocer entonces dónde se asienta la lógica de unos
y de otros.
A la hora de las mediaciones este
desafío del mensaje audio no se puede eludir. Tal vez sea imposible
ofrecer recetas de producción estética, pero lo que sí intentamos durante
todo este recorrido es esbozar la posibilidad de concretarlo en el claro
planteamiento de objetivos de producción, en investigaciones sistemáticas
y continuas de las temáticas a tratar y, fundamentalmente, en un
conocimiento profundo de la naturaleza de su lenguaje.
*Al hablar de comunicación audio, nos
referimos a todos aquellos mensajes que son transmitidos radiofónicamente
y a todos los que circulan en circuitos de transmisión a través de
cassettes. Conocemos las diferencias entre ambos sistemas de comunicación
y por ende las de la lógica de producción de unos y de otros
fundamentalmente en su proyección estética. Su planteamiento es objetivo
de otro trabajo.
BIBLIOGRAFÍA CITADA
(1) y (7) Conceptos extraídos de
'Escritos de estética y semiótica del arte', de Jan Mucarosky. Ed. Gili.
Barcelona, 1975.
(2) ECO, Umberto, La estructura ausente.
Ed. Lumen. Barcelona 1972. Pág.118/119.
(3) ECO, Umberto. Op. Cit. Pág.270.
(4) y (8) Conceptos extraídos de 'La
estética radiofónica.' Ed. Gilli. Barcelona. 1980.
(5) ECO, op. cit. pág. 115/116.
(6) ECO, op. cit. pág. 247.
BIBLIOGRAFIA
ARHEIM, Rudolf, La estética radiofónica.
Ed. Gilli. Barcelona, 1980.
BALSEBRE, Armand, El lenguaje
radiofónico. Ed. Cátedra. Madrid ,1994.
BAJTIN, M. Estética de la creación
verbal. Siglo XXI. Méjico,1985
ECO, Umberto. Tratado de semiótica
general. Ed. Lumen. Barcelona, 1977.
-- La estructura ausente. Ed. Lumen.
Barcelona, 1972
Para una indagación semiológica del
mensaje televisivo, en revista de Estética, Instituto di Tella del
Universitá di Torino, Anno I, Fasciolo II, maggio a agosto 1966, págs.
1.366/137.
FERNANDEZ, J. Luis, Los lenguajes de la
radio. Ed. Atuel. Bs. As.1994.
MUCAROSKY, Jan. Escritos de estética y
semiótica del arte. Ed. Gili. Barcelona. 1975.
NATTIEZ, J. J, Musicología Generale e
Semiología. Edizioni de Torino. Torino.1989
MIER, Raymundo, Radiofonías hacia una
semiótica itinerante. Colección ensayos. Universidad Autónoma
Metropolitana. Méjico 1987
|