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290408 -
Punk Unidos
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"This is a chord. This is another. This is a third. Now form a band"
[Éste es un acorde. Éste es otro. Éste es un
tercero. Ahora forma un grupo]
(Mark Perry, Sniffin´ Glue n. 7, Febrero 1977)1
"El punk es (todavía) el sonido
de la gente descubriendo su propio poder"
(John Savage)
Todo explotó el 1 de diciembre de 1976: Queen no
pudieron acudir al programa de televisión de Bill Grundy en la BBC, "Today",
y en su lugar se invitó a un nuevo grupo con un provocativo nombre: Sex
Pistols. En riguroso directo, a media tarde, todo el Reino Unido pudo
contemplar a cuatro jóvenes con aspecto de vagabundos o aún peor, pelos
teñidos, ropas rotas, imperdibles en las orejas, que insultaron al
presentador e inmediatamente acometieron una canción titulada "Anarchy in
the UK". Una guitarra ruidosa sobre un ritmo simple y brutal secundaba a
un cantante llamado Johnny Rotten (Johnny el Podrido), que se desgañitaba
con voz disonante, proclamándose un anarquista y un Anticristo, aullando
que lo que deseaba era destruir. La reacción pública no se hizo esperar:
intentos de censura, ruptura del contrato discográfico que los Sex Pistols
tenían con EMI, ... El punk había aparecido de repente en la forma de todo
aquello que las mentes bienpensantes de Inglaterra querían obviar, y había
aparecido en el pleno centro de sus vidas, como una pequeña grieta por la
que se podía vislumbrar el caos, la crisis, el colapso social. El punk era
el anti-arte: "una explotación comercial del sexo y la depravación", "el
rock de la cola del paro", "la negación de la cultura"2, ...
Mientras la prensa, los medios, las instituciones contemplaban a los punks
como una amenaza, como una venganza de aquellos jóvenes insolentes que
habían sido expulsados de las aulas o del trabajo, la prensa musical
independiente lo saludaba como un revulsivo necesario en un momento en el
que el rock había perdido toda la energía y la excitación, confundido
entre devaneos sinfónicos y pretensiones de mayoría de edad. Veinte años
después, Rock de Lux, una de las pocas revistas musicales que sobrevive en
España, calificaba a "Never Mind the Bollocks" (1977), el único
disco que los Sex Pistols llegaron a publicar en una carrera que, en su
afán de autodestrucción, sólo pudo prolongarse por dos años, como "el
disco de rock´n´roll definitivo por el grupo de rock´n´roll definitivo
[...] Con este álbum, Sex Pistols resucitaron un cadáver llamado rock y lo
volvieron a ajusticiar sin miramientos en un acto de autoinmolación sin
pre(ni post)cedentes. Después de esto, cualquier intento de hacer ruido
con una guitarra no puede tener otro nombre que revival"3
El punk, quizá el fenómeno musical más importante del
último medio siglo después de los Beatles, ha sufrido por parte de la
sociología el mismo destierro al que ha sido condenada la totalidad de la
música rock. A pesar de que en los últimos años el auge de los estudios
culturales y la teoría posmoderna en Estados Unidos ha producido un cierto
giro de atención hacia la música moderna, la teoría social ha contemplado
siempre el rock a la manera de un fenómeno periférico que no debe ser
definido ni analizado en tanto arte. Adorno y otros críticos culturales
desde los años 40 han atendido al rock únicamente como una manifestación
del capitalismo, baja cultura para las masas que debe ser comprendida en
términos de control social e ideología, una "degradación del arte"4
que lo convierte en mercancía lista para ser consumida. Otros puntos de
vista sociológicos han querido ver el rock como una expresión de la
subcultura juvenil, en la cual quedarían reflejadas las aspiraciones y
frustraciones de una juventud creada como edad referencial únicamente con
la extensión de la educación producida en este siglo; el rock es
contemplado así como la música "folk" de un nuevo grupo social, definido
por su edad e identificado por rasgos peculiares, ya sea el consumo, la
nueva cultura del trabajo o las ansias de rebeldía. Por su parte, el campo
artístico5, desde los mismos músicos a los críticos
profesionales, ha abordado la producción del rock como una labor artística
en términos de expresión individual, enfrentándolo a la industria
prefabricada de canciones ligeras para las radiofórmulas. Los músicos son
vistos, desde que los Beatles generalizaran el hecho de escribir sus
propias canciones, como auteurs, artistas que crean música más allá
de las determinaciones del negocio; el cometido de los críticos y de los
oyentes es desentrañar de entre toda la música aquellos productos que
realmente son arte6. El rock se define entonces en
términos de autenticidad, de comunicación de significados privados
elaborados en forma de canción.
Los dos puntos de vista llaman la atención sobre
problemas reales, e ilustran las contradicciones y luchas que se producen
en el interior del ámbito artístico: por un lado, la componente productiva
del rock, edificado como una industria masiva basada en el ocio y
omnipresente en la experiencia contemporánea, desde los anuncios de
televisión a los hilos musicales de los aeropuertos. Por otro lado, la
vinculación de la música moderna a la juventud, que la ha adoptado como
forma artística principal, como medio privilegiado de expresión y de
recepción, entendiéndola como un arte puro, realizado en el
interior de un complejo entramado de intereses comerciales, pero
sobrepasándolos y llegando a comunicar significados mucho más complejos.
El problema de ambas aproximaciones (la sociológica, la musical) es que
tienden a pasar por alto uno de los términos de la ecuación. El enfoque
sociológico, en consonancia con las teorías materialistas en la sociología
del arte, obvia las características peculiares de la forma musical
adoptada: se centra en el fenómeno de la producción social, ya sea ésta
industrial o de subcultura juvenil, y separa sus conclusiones respecto de
la música en sí. Deja entonces sin explicar lo específico del rock,
generando perspectivas globales y abstractas que desatienden la manera
cómo los individuos comprenden y usan la música en cuanto tal. La
perspectiva musical, por su parte, entiende la música de manera idealista,
como una sucesión de formas sin más vinculación con lo social que una
cierta recepción de temas. La pretensión de comprender y defender el rock
como arte le lleva a negar los condicionamientos sociales e industriales,
colocando a los artistas más allá de los medios de producción que
son usados.
El punk hizo estallar las simplificaciones de ambas
posturas. Lo que en un principio parecía un fenómeno obvio, explicable
desde la situación de crisis social y económica que se vivía en el Reino
Unido, se complejizó cuando los jóvenes rabiosos con apariencia de
proletarios resultaron ser alumnos de escuelas de arte y la aparente
simplicidad de las primeras propuestas punk desembocó en un abigarrado
discurso, tanto musical como ideológico: "La esvástica asomando bajo las
camisetas de Karl Marx; el cuerpo descolorido de un punk perforado por
imperdibles, envuelto en pvc y atrapado en el collar de un perro; esos
ojos vidriosos, bloqueados por la anfetamina, observando tras las púas de
un pelo teñido de colores chillones: esos eran los inquietantes signos que
momentáneamente capturaban la fascinación atemorizada de un mundo
exterior. Pero eran signos que se negaban a hablar en un lenguaje
reconocible [...] El punk sólo podía ser definido negativamente, como una
ausencia, un vacío perverso; su semántica interna permanecía desconocida"7.
El punk aterrorizaba porque recuperaba signos cotidianos y los volvía
explícitamente políticos. Si su propuesta musical era directamente hostil,
basada en voces rabiosas en el límite del grito, guitarras distorsionadas,
canciones cortas y simples deliberadamente mal tocadas, nada de esto podía
ser separado de un envite ideológico, que ponía el énfasis en el individuo
urbano, alienado por un futuro programado de oficinas mal ventiladas,
suburbios residenciales prefabricados, paro y televisión basura. La
política punk hablaba desde la vida cotidiana, empobrecida en una sociedad
construida en torno al trabajo asalariado, y la seducía con proposiciones
de libertad y refundación. El principal eslogan punk era "Do It Yourself"
(Hazlo Tú Mismo), secundado por un más dudoso "No Profit" (Sin
Beneficios): el punk se dirigía al individuo8 en cuanto tal y
le exhortaba a tomar el control de su propia vida. El arte, la música se
percibían como la utopía de una vida liberada: se trataba por ello de
acabar con las separaciones forzosas entre ocio y trabajo, arte y vida,
espectáculo y espectadores. El arte debía ser realizado en la vida,
destruido como arte, según proclamaban las vanguardias de
principios de siglo (dadaísmo, surrealismo), y no podía quedar constreñido
en las rejas mercantiles de una industria musical basada en el dinero. Los
punks no se definían como artistas, ya que la palabra evocaba rasgos de
superioridad, alejamiento, pretenciosidad. Así, el punk provocó una
avalancha de fanzines fotocopiados, grupos amateur, discográficas
independientes que "desmitificaban el proceso de producción en sí mismo:
su mensaje era que cualquiera podía hacerlo"9. La máxima era
buscar la independencia respecto de los perversos mecanismos de la
industria, respecto del buen gusto, respecto de las opiniones ajenas: lo
que quería comunicar el "No Future" de los Sex Pistols era que el futuro
no existe, que sólo existe el aquí y el ahora, y que es por tanto aquí y
ahora donde la imaginación debe ser realizada.
El discurso musical del punk no podía ser separado de
todo esto: si bien seguía las convenciones tradicionales del rock´n´roll,
éstas eran llevadas al extremo. La experimentación punk consistía en
recuperar el verdadero espíritu rock sin depurarlo. La energía era buscada
a través de una interpretación directa, sin virtuosismos, apoyada por una
actuación vocal en estado bruto. Según Simon Frith, la voz adquiere en el
punk un papel central en sí misma, más allá de las letras: cantantes como
Johnny Rotten o Joe Strummer (The Clash) desarrollaron una voz
"explícitamente de clase obrera, usando acentos proletarios, apoyándose en
los cánticos de los hinchas de fútbol". Las canciones punk pretendían
acceder directamente al oyente, en una comunicación abierta de sus
emociones. Sin embargo, la inmediatez del primer punk se deslizó
rápidamente a lo que Frith o Chambers llaman la "vanguardia punk", que se
enredó en una búsqueda de formas musicales mucho más complejas, integrando
elementos de música electrónica, reggae o funk, investigando con el ruido
y pretendiendo un alejamiento respecto de la emoción directa, la
elaboración de discursos pretendidamente "artificiales" que desviaran la
atención hacia los modos de significación en cómo la música es construida10.
Pero aquí el punk ya se había convertido en un nuevo tipo de discurso,
alejándose de la notoriedad pública e inaugurando nuevos modos de
percepción y producción de lo musical que llegan hasta el día de hoy.
El punk marca así un punto de inflexión en la historia
de la música popular11 Retomando los elementos clásicos del
rock, el punk abrió a discusión pública las contradicciones inherentes al
campo musical: la vinculación con la industria, la definición de arte, la
relación entre emisor y receptor, el contenido político/utópico del rock,
... En Inglaterra, el punk se convirtió en "un símbolo de crisis. Con las
costuras aparentemente descosiéndose, surgía el peligro de la anarquía o
algo peor"12. El punk mostraba las grietas de una sociedad a
punto de entrar en el largo período de Margaret Thatcher, las rendijas de
la crisis económica, todo lo que pretendía estar cerrado y de repente se
descubría que no era así, que era confuso, inacabado, abierto.
La negatividad del punk ha dificultado su comprensión.
Además de aportaciones parciales dentro de una teoría del rock como las de
Frith y Chambers, Greil Marcus ha destacado su vinculación con el
situacionismo del mayo francés13 y otros autores, como Fredric
Jameson, lo han incluido dentro de las manifestaciones de la posmodernidad14.
Pero falta por realizar un estudio global sobre la significación social y
artística del punk, el modo en cómo se conjugan el contenido político y la
forma musical, las repercusiones de los nuevos tipos de producción
discográfica, ... Y es casi imperativo reflexionar en profundidad sobre el
significado del último movimiento artístico explícitamente político
a la hora de plantearse la búsqueda de nuevas sintaxis, de nuevos
lenguajes que no renuncien a la acción sobre la realidad social.
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