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290408 -
Instituto de Neurociencias, udeg
y Facultad de Psicología, unam.
Los efectos de la música sobre el comportamiento han sido evidentes
desde los comienzos de la humanidad. A lo largo de la historia, la vida
del hombre se ha visto complementada e influida por la música, a la cual
se le han atribuido una serie de funciones. Ésta ha sido un medio de
expresión y comunicación no verbal y, debido a sus efectos emocionales y
motivacionales, se ha utilizado como un instrumento de manipulación y
control del comportamiento de grupos e individuos. Podemos pensar, por
ejemplo, en las marchas de guerra, en la música tocada en los
supermercados, oficinas o discotecas, los himnos nacionales, etcétera.
También posee una función facilitadora en el establecimiento y la
permanencia de las relaciones humanas, así como en la adaptación social
del individuo a su medio. Por otra parte, la música es un estímulo que
enriquece los procesos sensoriales, cognitivos (como el pensamiento, el
lenguaje, el aprendizaje y la memoria) y motores, además de fomentar la
creatividad y la disposición al cambio.
En los últimos años, ha cobrado gran importancia su función terapéutica
(musicoterapia) en una gran diversidad de estados patológicos. Sin
embargo, hace falta investigación científica relacionada con la influencia
que ejerce en el comportamiento, ya que en su mayor parte las aplicaciones
se basan en la experiencia a través de ensayo y error y en el sentido
común.
A partir de diversos tipos de música se pueden inducir diferentes
estados de ánimo, los cuales pueden repercutir en tareas psicomotoras y
cognitivas. Una de las variables importantes que intervienen en estos
efectos se refiere a la clase de música que se escucha. En este sentido,
existen principalmente dos tipos: 1) la estimulante, que aumenta la
energía corporal, induce a la acción y estimula las emociones y 2) la
sedante, que es de naturaleza melódica sostenida y se caracteriza por
tener un ritmo regular, una dinámica predecible, consonancia armónica y un
timbre vocal e instrumental reconocible, con efectos tranquilizantes.
Se han realizado varias investigaciones tendentes a estudiar los
efectos de la música sobre la ansiedad. Se ha observado que la de carácter
estimulante aumenta la preocupación y la emocionalidad (activación
fisiológica afectiva), mientras que la sedante la disminuye. También se ha
encontrado una reducción de la tensión muscular y la fuerza física,
relacionada con la ansiedad, a través de la audición de música tranquila,
cuyos efectos repercuten en la comunicación humana. Por ejemplo, la de
tonos mayores aumenta la satisfacción en la interacción humana y facilita
la productividad.
En relación con las posibilidades terapéuticas de la música, se han
publicado una gran cantidad de evidencias en diferentes tipos de
pacientes. Los efectos terapéuticos, en parte, se dan gracias a que la
música disminuye la ansiedad. Por ejemplo, una reducción del ritmo
respiratorio y la presión sanguínea, así como menores puntuaciones en
pruebas de ansiedad, en pacientes preoperatorios, después de escuchar
música sedante.
Algunos estudios apoyan la idea de que la música mejora la ejecución en
diferentes tipos de tareas, como problemas aritméticos simples. Sin
embargo, otros no han encontrado ningún efecto de la música sobre la
ejecución e incluso han descubierto que los efectos son negativos.
Gaver y Mandler proponen que la música existe como una interacción
entre un sonido estructurado y una mente que lo comprende. La música tiene
una estructura, un orden objetivo de los sonidos, que es de naturaleza
jerárquica, consistente en movimientos interrelacionados, con
características propias de melodía, armonía, tiempo, estructura rítmica,
etcétera. Otra característica es, en cada nivel de una pieza musical, la
continuidad y el cambio que determinan su complejidad. Una pieza musical
sin cambios es simple, mientras que una con muchos resulta compleja y
difícil. Wundt propuso una curva con forma de U invertida, en la que el
valor hedónico está relacionado con el nivel de activación, de tal manera
que una pieza musical se percibe como más agradable cuando produce un
nivel medio de activación psicológica y fisiológica en el oyente, mientras
que cuando la activación que origina es muy poca, se experimenta como
aburrida, y un exceso de activación produce displacer.
El nivel de activación depende también de su complejidad y de la
familiaridad del oyente. Cuando es compleja, con muchos cambios y gran
cantidad de información, es difícil de seguir y comprender, por lo que no
es tan placentera. De igual manera, una música conocida es preferida en
relación con una desconocida. En ocasiones puede ser que no se conozca la
pieza musical como tal, pero sí su estructura musical, debido a que se
haya tenido contacto con otras piezas con una estructura similar.
Por tanto, la percepción, la interpretación y la preferencia musical
dependen, por una parte, de estas características del estímulo (tono,
intensidad, ritmo, melodía y armonía) y, por otra, de las del oyente, como
personalidad, edad, sexo, tiempo personal, experiencia musical,
tradiciones culturales y condiciones ambientales en las que se escucha.
Pero ¿de qué manera interactúan las características del estímulo
musical con las fisiológicas y psicológicas del oyente para generar una
reacción determinada? Sin duda, si queremos entender y predecir las
reacciones conductuales provocadas por la música, es necesario conocer los
mecanismos psicofisiológicos que subyacen a su percepción, reconocimiento
e interpretación, así como al placer experimentado al escucharla, ya que
sabemos que la conducta en todos sus niveles es regulada por el sistema
nervioso central.
Estructuras cerebrales que participan en el
procesamiento de la música
La música es un estímulo sumamente complejo, que requiere procesos
sensoriales, cognitivos, emocionales y motores, por lo cual, aunque
existen algunas estructuras cerebrales especializadas en los diferentes
niveles de procesamiento auditivo, debemos considerar el funcionamiento
del sistema nervioso en su conjunto. Podemos pensar que éste es un
conjunto de subsistemas, cada uno de los cuales consta de elementos
nerviosos que intervienen en una parte del procesamiento de la
información, ya sea interna o externa.
Sabemos que se necesita el adecuado funcionamiento de la vía sensorial
auditiva; sin embargo, también participan otros sistemas sensoriales. La
percepción musical, además de la capacidad de escuchar las notas, los
tonos, los acordes, la duración, el timbre y la intensidad, requiere la de
percibir las relaciones secuenciales y espaciales de las notas, su
melodía, armonía y ritmo. Para la apreciación y ejecución de una pieza
musical también es conveniente la memoria musical, motora y verbal. Al
escuchar una melodía, la persona utiliza la memoria para saber si la ha
escuchado antes, qué experiencias han sido asociadas a ella, además de
identificar a qué categoría pertenece. También se requiere la memoria a
corto plazo, para seguir una asociación secuencial de notas y percibirla
como música. En el caso de canciones, la música está asociada, además, a
una memoria verbal.
La audición de una pieza musical puede provocar una activación de las
vías motoras. En algún momento podemos sorprendernos a nosotros mismos
moviendo los pies, las manos o alguna otra parte del cuerpo, aunque en
otros casos esto no sea tan evidente. Para la ejecución de un instrumento
musical es necesaria la activación de patrones motores sumamente complejos
instaurados en la memoria.
Por su efecto sobre las emociones, la experiencia musical provoca la
participación de numerosas estructuras cerebrales relacionadas con la
motivación y la emoción. Otros procesos cognitivos, como la atención, el
aprendizaje y el pensamiento, también tienen su participación en ello.
Por todo lo anterior, se comprende la dificultad del estudio de la
experiencia musical. No podemos hablar de estructuras específicas,
aisladas, involucradas en la percepción musical, sino de un complejo
sistema, el nervioso, que implica un conjunto de elementos, cada uno con
una función, pero que comparten un fin común.
Importancia de algunas estructuras cerebrales en
la experiencia musical
El proceso inicial del sistema relacionado con la experiencia musical
capta los sonidos, que son cambios repetitivos en la presión del algún
medio, comúnmente el aire o el agua. Son vibraciones con diferentes
frecuencias, captadas y codificadas por el oído y transformadas en señales
eléctricas conducidas a través del nervio auditivo hacia el sistema
nervioso central. La información llega a la corteza auditiva localizada en
la cara lateral de la corteza cerebral (lóbulo temporal). En esta área se
recibe y analiza el estímulo auditivo, es decir, aquí oímos. Estas áreas
se comunican con las secundarias, que permiten integrar grupos de
estímulos acústicos presentados de manera simultánea y también de series
consecutivas de sonidos de diferente tono y estructuras acústicas
rítmicas. Penfield y Perot en 1963 observaron que al estimular las áreas
secundarias mostraban alucinaciones musicales. Las señales eléctricas son,
así, retransformadas en la corteza para dar una experiencia subjetiva de
la música. Otras áreas, llamadas de asociación, tienen un papel importante
en la integración, interpretación y almacenamiento de la información que
reciben de los sistemas sensoriales. Una pieza musical nos puede evocar
toda una situación: por ejemplo, el restaurante donde estábamos, el
decorado que tenía, el olor de la comida, la temperatura cálida, la
persona que nos acompañaba, la emoción que sentimos, etcétera.
Por su parte, la región más anterior de la corteza cerebral (prefrontal)
está en íntima comunicación con casi todas las zonas principales de la
corteza cerebral y ejerce un papel decisivo en la formación de intenciones
y programas, así como en la regulación y verificación de las formas más
complejas de la conducta humana. Una de sus funciones es mantener la
atención en un estímulo, e inhibir otros que no son relevantes en el
momento. Estas áreas también participan en la integración de la
personalidad del individuo, la planeación de su conducta a corto, mediano
y largo plazo, así como en la regulación de las emociones, ya que se
encuentran en estrecha comunicación con estructuras del sistema límbico,
el cual está formado por un conjunto de estructuras que tienen que ver con
la producción y la regulación de las emociones. Una de estas estructuras,
la amígdala, se ha relacionado con el tono emocional, el placer, la
conducta consumatoria, el miedo, la tristeza y la alegría, además del
control de la agresión, la inhibición de la actividad y la vocalización
emocionales. El hipocampo, otra estructura de este sistema, permite que
haya innovación, media los estados de alerta y la familiaridad ante los
estímulos, así como su orientación espacial. Las áreas frontales permiten
mantener la atención hacia la música y, junto con el sistema límbico,
responder emocionalmente a ella.
No sólo la vía auditiva es capaz de responder a la música; otros
sistemas sensoriales pueden ser activados por ella. Se conoce, por
ejemplo, la existencia de una conducción ósea del sonido y que las
vibraciones del aire causadas por las ondas sonoras pueden ser percibidas
a través del tacto. Por otro lado, debido a que la música puede evocar
imágenes, otras áreas cerebrales relacionadas se ven involucradas.
Cuando se estudia el funcionamiento del sistema nervioso no debe
perderse de vista su plasticidad, ya que el cerebro es un sistema
dinámico, en constante cambio. Las células cerebrales modifican de modo
continuo su estructura y funcionamiento, con base en los requerimientos
ambientales y el aprendizaje. Los músicos, por ejemplo, aprenden a
escuchar diferencias de tono imperceptibles para personas sin
entrenamiento musical, establecen una facilitación de vías nerviosas
vinculadas a la regulación de patrones motores finos, desarrollan la
imaginación auditiva, y son capaces de escuchar internamente, sin
estimulación externa, entre otras facultades.
Además de todas las áreas cerebrales mencionadas, para que la
información auditiva sea recibida en la corteza cerebral, también se
requiere un cierto nivel de activación del sistema nervioso, regulado por
otras estructuras en la base del cerebro.
Gran parte de la investigación sobre el funcionamiento cerebral
relacionado con la música y las emociones se ha centrado en la
especialización hemisférica.
Especialización hemisférica
El cerebro se divide en dos hemisferios: izquierdo (hi) y derecho (hd).
Cada uno está formado por estructuras iguales, de tal manera que tenemos
un par de cada una de éstas, con excepción de unas cuantas que son únicas.
Hay un gran número de pruebas sobre la existencia de una
especialización de los hemisferios cerebrales para algunas funciones
cognitivas. Se ha encontrado que el hi de personas diestras procesa
preferentemente información lingüística, matemática y lógica, mientras que
el hd, información emocional, musical y espacial. Sin embargo, en algunas
investigaciones se ha puesto de manifiesto que, más que el contenido de la
información, lo fundamental es la estrategia utilizada en la percepción,
el procesamiento y la expresión de ésta. Así, el hi lleva a cabo un
análisis lógico, secuencial, detallado y parcial de la información,
mientras que el hd utiliza estrategias de tipo global y sintético.
La lesión del hd interfiere con el sentido del tiempo y la habilidad
para percibir, reconocer o recordar tonos, volumen, timbre y melodía, así
como con el cantar y el sentir placer al escuchar la música. El estudio de
pacientes con daño en diferentes zonas y hemisferios del cerebro revela
que la habilidad para detectar cambios en el tono depende de la región
anterior del hd, mientras que para reconocer errores de ritmo y fraseo en
piezas musicales familiares se requiere la actividad de los dos
hemisferios. Por otra parte, la porción central del hi media aspectos
secuenciales del estímulo auditivo en general.
Se han advertido diferentes tipos de amusias, término que se refiere a la
pérdida de la capacidad musical, como consecuencia del daño cerebral. En
general, se clasifican en sensoriales y motoras. Dentro de las sensoriales
están: la amusia oral-expresiva, que es la incapacidad para cantar, silbar
o tararear; la instrumental o apraxia musical, que es la incapacidad para
ejecutar un instrumento, y la agrafia musical, incapacidad para escribir
música. Dentro de las amusias sensoriales se consideran: la receptiva o
pérdida de la habilidad para discriminar entre melodías; la amnésica,
problemas para identificar melodías familiares, y la alexia musical,
pérdida de la habilidad para leer una notación musical. Pueden presentarse
en forma aislada o combinada. Se conoce muy poco acerca de las áreas
cerebrales afectadas en estos diferentes tipos de alteraciones.
Estudios en personas normales han demostrado que el hd predomina en la
percepción y expresión del timbre, los tonos, los acordes, la intensidad y
la melodía musicales, así como de sonidos ambientales no verbales.
A pesar de todas las investigaciones que apoyan la especialización
hemisférica, existen algunas en las que ésta no se ha encontrado en
sujetos normales, debido a que la información fluye entre los hemisferios
en unos cuantos milisegundos. Además, en condiciones normales de la vida
cotidiana se requiere la participación de ambos hemisferios para la
adecuada interpretación de la información. Se sugiere que también
intervengan en diferente grado en la mayoría de las funciones.
En el caso de la música, aunque se plantea que el hd está especializado
en los aspectos melódicos, armónicos y emocionales, el hi parece
relacionarse con la percepción de aspectos secuenciales y rítmicos. De
hecho, existe un programa de rehabilitación de pacientes que perdieron la
capacidad de hablar (afasia de Broca) por una lesión de áreas anteriores
del hi (lóbulo frontal) y a quienes, con terapia melódica entonacional, se
les ayuda a readquirir el lenguaje a través del canto; con ello se aumenta
la participación del hd en el habla.
Se han descubierto diferencias en la especialización hemisférica de la
música entre músicos y no músicos, entre hombres y mujeres, entre zurdos y
diestros, dependiendo de los requisitos y la complejidad de la tarea a
realizar.
Los mecanismos neuropsicológicos involucrados en la experiencia
emocional están íntimamente ligados a los relacionados con el
procesamiento de la información musical. Existen evidencias de que el hd
también está especializado en la comprensión del estímulo emocional y en
la expresión de la emoción experimentada, así como su participación en la
comprensión necesaria para interpretar las expresiones faciales, las
escenas emocionales y la entonación de la voz. En cambio, cuando se trata
de identificar el contenido semántico del habla, el hi tiene un papel
importante.
En conclusión, en sujetos normales, ambos hemisferios intervienen en
diferentes aspectos, en la percepción de la música y las emociones,
dependiendo de diversos factores individuales, las características de la
música y los requisitos de la tarea a realizar, entre otros.
A partir de los estudios de Broca, Wernicke, Fritz y Hitzig y otros
investigadores del siglo pasado, se tenía una visión localizacionista de
las funciones de los hemisferios cerebrales; sin embargo, ahora existe una
más sistémica, en la cual se plantea la existencia de una relación
dinámica entre las diversas estructuras cerebrales para hacer posible una
función específica.
En general, las emociones son más congruentes con la música que con las
palabras, ya que comparten características sintéticas, continuas y
globales, más ligadas al procesamiento del hd, mientras que el lenguaje
lógico del hi difícilmente interpreta las señales musicales y emotivas.
Cambios electrofisiológicos producidos por la
música
La experiencia musical y emocional produce respuestas a nivel del sistema
nervioso central y periférico susceptibles de medirse eléctricamente a
través de cambios en la actividad eléctrica cerebral (eeg), en la
resistencia eléctrica de la piel, modificaciones en la presión sanguínea,
la frecuencia cardiaca, la respiración y otras funciones autónomas.
Por ejemplo, la tensión muscular es mayor al escuchar los conciertos de
Brandeburgo que cuando se realiza una tarea aritmética, y la actividad de
diferentes músculos durante la solución de una tarea aumenta al escuchar
música irregular y disminuye con música serena, en comparación con lo que
sucede cuando se efectúa sin música. También se ha reportado un decremento
de la frecuencia cardiaca y la presión sanguínea al escuchar melodías
tranquilas durante el trabajo de parto, asociado a una disminución del
dolor, en lugar de escuchar una lectura, música rock, o autoseleccionada.
Existen pocos estudios acerca de los cambios fisiológicos que produce
la música, especialmente en la actividad eléctrica del cerebro. La mayoría
de ellos se han centrado en el estudio de la especialización hemisférica
durante el procesamiento de tareas musicales, emocionales y verbales, pero
poco se ha hecho en relación con el placer estético experimentado al
escuchar la música, sin necesidad de realizar algún tipo de tarea.
La eeg representa la actividad eléctrica de millones de células
cerebrales y se ha caracterizado en cuatro ritmos o bandas principales:
delta, theta, alfa y beta, con distintos niveles cada uno.
Al examinar los efectos de la música como un agente reductor del
estrés, se encontró un incremento de la activación cerebral (beta) cuando
los sujetos escuchan una pieza de tipo New Age de Halpern. Estos efectos
se reducen si los sujetos escuchan música de
Chopin antes de la de Halpern.
La música de
Chopin es percibida como más tranquilizante y más agradable
que la de este último y al parecer reduce el estrés causado por aquélla.
También se han descubierto algunas correlaciones entre la experiencia
subjetiva y el eeg al escuchar música clásica y rock; el incremento del
alfa parece reflejar una mayor atención y el de beta se vincula a estados
displacenteros. En otro estudio se encontró un incremento en la proporción
de theta durante la audición de música clásica en sujetos aficionados a
ella, además de un decremento en la proporción de alfa, y se observó un
patrón inverso al escuchar el llanto de un bebé. Alfa es un ritmo que
típicamente se ha asociado a un estado de relajación, mientras que beta a
uno de activación relacionada con la atención a estímulos externos. Theta,
por su parte, es un ritmo que aparece durante el sueño, pero que a través
de análisis computacionales se ha podido estudiar durante la vigilia y se
asocia a estados de atención hacia estímulos internos y a estados
emocionales, por lo que no es extraño que se incremente al escuchar
música.
En estudios recientes también se ha encontrado un decremento en la
semejanza de la actividad entre áreas homólogas de los hemisferios
cerebrales (correlación interhemisférica) en distintas partes del cerebro
al escuchar música de Grieg.
Al igual que todos los procesos conductuales, emocionales y cognitivos,
el procesamiento de la música y sus efectos dependen de la actividad del
sistema nervioso central, de tal manera que si se quiere comprender la
forma en que la música modifica la conducta humana, es importante conocer
los mecanismos psicofisiológicos que subyacen a su percepción,
reconocimiento e interpretación.
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