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290408 - Índice
1. Romanticismo (música)
2.
Formas y fuentes de inspiración
3. El nacionalismo
4. La influencia de Beethoven
5. Wagner: a favor o encontra
1. Romanticismo (música)
Movimiento artístico que dominó en la literatura, la pintura y la
música durante el último periodo del siglo XVIII y principios del XIX.
Se caracterizaba por una amplia variedad de rasgos, muchos de los cuales
pueden encontrarse ocasionalmente en la música de otras épocas; a pesar
de ello, las ideas románticas determinaron el pensamiento de los
compositores a lo largo del siglo XIX.
2. Formas y fuentes de inspiración
Era natural que la
reacción de los compositores románticos contra las ideas de la
Ilustración respecto a la razón y el orden se tradujera en
irracionalidad y caos, por lo que casi resulta una contradicción hablar
de un movimiento unificado. Después de la universalidad de la
Ilustración, el romanticismo es la edad del individuo. El suceso más
significativo para los compositores, y para todos los artistas, fue la
Revolución Francesa. En su país de origen tuvo un efecto inmediato sobre
la ópera. En lugar de los argumentos del barroco, que generalmente
buscaban su inspiración en la antigüedad clásica y reflejaban una
jerarquía organizada de dioses, gobernantes y pueblo, ahora los temas se
situaban en el excitante y peligroso tiempo presente. Un género que
acabó llamándose ópera de rescate trataba, por lo general, del
cautiverio de la heroína a manos de un tirano y del rescate por su
amante. También aparecían con frecuencia dilemas que se solucionaban en
el último momento gracias a los esfuerzos de los propios seres humanos,
en lugar del deus ex machina (por intercesión divina) de la ópera del
barroco. Uno de esos ejemplos es Lodoiska (1791) del compositor italiano
establecido en París, Luigi Cherubini; incluía una banda de tártaros, al
estilo de Rousseau, y moralizaba sobre la justicia y la libertad. En la
nueva era sin dioses, las ceremonias parisinas asumieron la forma de
vastas odas corales con música, a menudo interpretada al aire libre, que
alababan al Hombre y a un difuso ser supremo, así como a las virtudes
revolucionarias de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
El compositor más fuertemente influido por estas ideas fue también el
más grande de su época, Ludwig van Beethoven. Su Fidelio (primera
versión en 1805)es la más noble de todas las óperas llamadas de rescate.
Pero Beethoven también dio respuesta en su música sinfónica al renovado
énfasis del romanticismo en la superación del individuo. Ésta fue
también la edad del héroe; por lo que la Tercera Sinfonía en mi bemol
mayor, de Beethoven (1803) fue titulada Sinfonía Heroica. Con esta obra,
el concepto de la sinfonía heredado del siglo XVIII adquirió nuevas
dimensiones, con un primer movimiento que rebasaba las fronteras entre
la forma sonata, una marcha fúnebre por la Muerte del héroe, un scherzo
dinámico que reafirmaba la energía del ideal heroico y un juego final de
variaciones sobre un tema, que Beethoven asociaba con Prometeo, el dios
desafiante que robó el fuego para dárselo a los hombres. La Quinta
Sinfonía en do menor, opus 67 de Beethoven (1808) engloba un acto de
desafío humano al destino, con su diminuto tema inicial que contiene
suficiente energía para dar vida a toda una partitura y su Novena
Sinfonía en re menor, opus 125, Coral (1824) que hace estallar la forma
sinfónica cuando un cantante se pone de pie entre los intérpretes y, con
la llamada de "Amigos, ¡abandonad estos sonidos!", invita a sus
compañeros a unírsele cantando la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller.
El creciente interés por la naturaleza que caracterizaba al romanticismo
encontró su expresión más viva en la música desde el comienzo. Muchas
óperas de rescate otorgaban un papel destacado a la tormenta, la
avalancha, el fuego, los hundimientos de barcos, las erupciones
volcánicas y otras manifestaciones que colocaban al ser humano a merced
de las fuerzas irracionales del Universo. Uno de los mitos románticos
más poderosos fue el de Undine (o la eslava Rusalka), el espíritu del
agua que intentaba casarse con un humano pero que era reclamada por su
propio elemento; se trataba del intento de salvar el abismo que separaba
la Naturaleza y la Razón, un conflicto característico de la Ilustración.
E. T. A. Hoffmann compuso una de las primeras obras sobre este tema;
maestro de los cuentos irracionales y un romántico arquetípico,
combinaba el talento de escritor, compositor y artista. El poder de lo
irracional también hallaba su expresión en la ópera Der Freischütz (El
cazador furtivo, 1821) de Carl Maria von Weber, en la que la vida
natural de una comunidad se veía amenazada por las prácticas satánicas
que tenían lugar en las profundidades de la siniestra cañada del lobo;
el romanticismo también hizo del horror una categoría artística.
El gusto por la naturaleza se puso de manifiesto en la Sinfonía Pastoral
(nº 6en fa, opus 68, de 1808), y fue un componente de la canción
alemana. El primer gran escritor de Lieder fue Franz Schubert. Sus
numerosas composiciones suelen utilizar el piano para desplegar su
imaginería descriptiva, como sucede con los sonidos acuáticos que
discurren a todo lo largo de su ciclo de canciones que describen el amor
infeliz de un joven molinero en Die schöne Müllerin (1823).El propósito
iba más allá de la imitación: el arroyo refleja los estados del alma y
la fortuna cambiante del joven. En otras canciones, un objeto natural
puede desempeñar un papel psicológico aún más poderoso, como cuando en
su musicalización de Gretchen am Spinnrade (Margarita en la rueca, 1814)
de Goethe, una desagradable figura en el piano representa no sólo la
rueda que gira, sino también los círculos de pensamiento obsesivos de la
joven traicionada por su amor perdido. Schubert podía hacer que una
canción sonara como poesía simple o grandiosa; Robert Schumann, que
también era un crítico agudo, escogió con más cuidado y exploró más allá
de las limitaciones de la imaginación romántica, luces y penumbras, el
dolor de la separación de un amor o de la patria, el terror en el
bosque, los sueños misteriosos y muchos más temas, en los que lo
misterioso se convertía en un verdadero territorio romántico.
Como parte de la edad del héroe, el intérprete se convertía en uno de
ellos, por lo que debía vencer azarosas dificultades mediante su técnica
y expresarlas emociones que muchos sentían pero nadie podía articular
con tanto talento; puesto en tela de juicio el antiguo orden social,
político y religioso, el hombre se enfrentaba sólo a sus propios
recursos, por lo que el individualismo artístico se premiaba. Weber, al
igual que su amigo Hoffmann, fue un destacado escritor, compositor,
pianista y director, y su obra para piano hizo del virtuosismo el tema
principal de su arte. Con
Niccolò Paganini, las extremas dificultades técnicas de la música
para violín dieron alas a la fascinación, subrayada por el dominio casi
diabólico de una personalidad sombría y macabra. Su ejemplo fue seguido
por Franz Liszt, que se convirtió en uno de los más grandes pianistas de
todos los tiempos, máximo representante de lo que se conoció como edad
del virtuosismo.
Frédéric Chopin exploró la poesía que podía hallarse en la técnica
pianística mediante sus Estudios, a la vez que desarrolló la idea de
nocturnos a modo de danzas poéticas (valses, polonesas y mazurkas), así
como baladas y preludios que describen atmósferas.
3. El
nacionalismo
Además de ser una era en la que se ensalzaba la identidad personal,
también se descubría la identidad nacional. Compositores-pianistas como
Liszt o Chopin eran capaces de convertir las danzas húngaras o polacas
en obras de concierto llenas de virtuosismos pero fue la ópera el medio
que permitió la expresión artística más completa del individualismo
nacional, gracias al uso de un lenguaje particular y una música
folclórica que sabía utilizar la historia, la mitología y las leyendas
locales. Desde Italia, el país donde había nacido la ópera, esta técnica
se difundió por toda Europa, para ser aprendida y luego rechazada en
favor de procedimientos nacionalistas. En Alemania, Der Freischütz (El
cazador furtivo) de Weber fue aclamada por ser la primera gran ópera
romántica alemana, y su éxito europeo no sólo dibujó una línea que llevó
a Wagner, sino que también animó a otros países. La ópera rusa llegó a
su madurez con dos obras de Mijaíl Glinka, la ópera histórica Una vida
por el Zar o Ivan Susanin (1836) y la basada en una leyenda fantástica
de Ruslan yLyudmila (1842). Se estableció de tal suerte un ejemplo para
los compositores rusos del siglo, como el uso de las cadencias de la
lengua rusa y de su música folclórica en la obra de Glinka. Hungría tuvo
una voz operística comparable en Ferenc Erkel y su Hunyadi László
(1844), mientras Polonia contaba con Stanislaw Moniusko y su Halka
(1847). En tierras checas, el compositor de ópera más importante fue
Bedich Smetana, autor de Dalibor y Libue, ysu comedia campesina La novia
vendida (1866) se mantiene en el repertorio de los grandes teatros aún
hoy.
La ópera romántica asumió formas diferentes en dos países que ya poseían
una vigorosa tradición operística, Italia y Francia. Gioacchino Rossini
fue capaz de hacer que el don natural de la lengua italiana para el
canto sonase ingenioso y tierno, y destacó lo sentimental en una serie
de óperas que le hicieron famoso en toda Europa. Su brillante
organización de los mecanismos operísticos de efecto, como el coro en el
inicio de la primera escena, y la estructura y ubicación de arias y dúos
en su reparto, llegaron a adquirir el nombre de código Rossini, que
sirvió de matriz para la ópera romántica italiana. Tanto Vincenzo
Bellini como Gaetano Donizetti fueron capaces de construir según este
ejemplo. Bellini lo hizo con melodías largas y lánguidasque influyeron,
entre otros, en Chopin; Donizetti, con óperas que utilizaban deforma
original la orquestación, estableció vínculos con el romanticismo
delnorte que incluía la obra del influyente novelista sir Walter Scott.
La formadel arte nacional italiano pronto se identificó con la lucha por
la independencia política: el risorgimento fue laureado por Giuseppe
Verdi. La larga lista de sus óperas abarca una gran parte de obras
tempranas, hermosas yrobustas, confeccionadas en consonancia con el
sentir popular, como manifiestos y contienen dos de las partituras
maestras de la tragedia y la comedia, Otello (1887) y Falstaff (1893).
En Francia, donde la ópera revolucionaria imprimió en el arte un giro
hacia el romanticismo, la respuesta a la restauración posterior a la
caída de Bonaparte, fue una forma adaptada a un nuevo y próspero público
burgués, la grand opera. Los principales defensores de ésta durante las
décadas de 1820 y1830, convirtieron a la Paris Opéra en la principal
casa de ópera de Europa,en la que se destacaron Daniel Auber (La muda de
Portici, 1828), Rossini (Guillermo Tell, 1829), Fromental Halevy (La
judía, 1835), y especialmente Giacomo Meyerbeer (Los hugonotes, 1836).
Estas obras tienen en común la inclinación romántica por reunir todas
las artes en suntuosas puestas en escena con decorados realistas e
ingeniosos efectos de iluminación (y, muy menudo, con catástrofe
final incluida), con numerosos solistas y un gran coro y orquesta. Los
argumentos también eran románticos y tomaban sus temas de la épocad e
los caballeros, de las luchas independentistas, de países distantes o
exóticos o de amores fracasados en medio de luchas dinásticas.
Común a todas estas diferentes tradiciones operísticas era el creciente
papel de la orquesta. Con el nacimiento del romanticismo en el despertar
de la Revolución Francesa y el mayor énfasis en las sensaciones
individuales en lugar de en las formas aceptadas del antiguo régimen, el
color instrumental seconvirtió en una parte significativa de la
expresión musical. Los compositores franceses revolucionarios como
Étienne Méhul hicieron uso insólito de los colores orquestales
característicos para adaptar óperas de diferentes tipos; con Der
Freischütz (El cazador furtivo) Weber inventó el actual discurso
orquestal que refleja el desplazamiento de la obra desde lo luminoso al
horror de las tinieblas y de nuevo a la luz. Utilizó acordes disonantes
con fines sensacionalistas, como un efecto por derecho propio en lugar
de hacerlo como parte de una progresión funcional. Aunque nunca se
ajustó con facilidad a la lógica de la forma sonata, también experimentó
con estructuras nuevas en su música.
4. La influencia de Beethoven
La Novena Sinfonía en re menor, opus 125 de Beethoven tenía
implicaciones que los más grandes compositores de la siguiente
generación no podían ignorar. Algunos intentaron acomodar las
impresiones románticas a la forma sinfónica. Felix Mendelssohn dio
rienda suelta a su gusto por los viajes en sus sinfonías escocesas (nº3
de 1843) e Italiana nº 4 de 1833). Schumann fue capaz de escribir
sinfonías que describían el esplendor de la primavera en el Rin. Aunque
estos ejemplos ampliaron el alcance de la forma sinfónica, no supusieron
su ruptura. Otros compositores sintieron que después de la Novena, el
compositor romántico debía buscar caminos nuevos para la música
sinfónica.
Para Hector Berlioz, la respuesta estaba en las llamadas sinfonías
dramáticas, que aportaban ideas desde fuera de la música y se
conformaban según una disposición individual; una de las características
del romanticismo en la música es que cada tarea artística requiere una
forma nueva e irrepetible. Su Sinfonía fantástica de 1830 dramatiza su
amor por una actriz shakespeariana, con derivaciones hacia lo erótico,
lo pastoral y lo diabólico. Para los jóvenes románticos, William
Shakespeare es el símbolo de la libertad frente a las limitaciones del
drama clásico francés y Berlioz se sintió animado a responder con una
forma musical próxima a la novela en Harold en Italis (1834).En esta
sinfonía, basada en otra figura romántica, la de Lord Byron, un solo de
viola deambula por un paisaje y unos escenarios característicos del
romanticismo. El instrumento personifica a un Byron romántico, libre de
las restricciones clásicas, pero al mismo tiempo aislado y prendado de
la melancolía que encarna el sonido de la viola. Romeo y Julieta (1838)
toma el modelo de Shakespeare con libertad para definir una estructura
sinfónica, que utiliza laidea de la Novena Sinfonía de incluir voces
para articular la esencia del drama (aunque de hecho confíe la escena de
amor a la orquesta sola).
Para Liszt, después de que Beethoven llevara el desarrollo temático a un
punto sin retorno, la convergencia romántica de las artes implicaba
estructuras de un movimiento que describían un tema mediante la
caracterización de un sujeto que se identificó con un conjunto central
de ideas, y para ello inventó el término de poema sinfónico. Por
ejemplo, Hamlet podía ser interpretado con éxito en un único movimiento
orquestal, exclusivo en su forma. También llevó esta transformación
temática a las obras sinfónicas, como en su sinfonía Fausto(1861), en la
cual las ideas relacionadas con el héroe se transforman a través de los
tres movimientos relacionados con Fausto, Margarita y el diablo
Mefistófeles. La estructura más pura al aplicar sus nuevas técnica e
ideales la alcanzó Liszt en una sonata para piano completamente
original, la Sonata en sí menor(1854) que aun siendo abstracta, refleja
claramente los aspectos controvertidos de la propia personalidad
dividida de su autor.
5. Wagner: a favor o en contra
Para Richard Wagner, la Novena Sinfonía era "música que llora por
redimirse mediante la poesía", y veía como cometido suyo llevar el arte
del desarrollo temático al teatro. Allí, las artes podrían finalmente
unificarse de verdad en una síntesis de poesía, música y teatro, la obra
de arte total, con una orquesta oculta que articularía y desarrollaría
el drama psicológico que se está cantando y representando sobre el
escenario. Este ideal se hizo realidad con la inauguración del
Festspielhaus de Bayreuth en1876; pero fue un largo periodo de
formación, cuando la carrera de Wagner se vio sembrada de reveses,
contradicciones y dificultades que sólo superaría mediante su colosal
determinación y fe en sí mismo. Su primera ópera, Las hadas (1834) era
una ópera alemana romántica, mientras que la segunda, La prohibición de
amar (1836) tenía inspiración italiana. La tercera, Rienzi(1842) era una
gran ópera al estilo parisino sobre el personaje de la famosa conjura
antinobiliaria del siglo XIV. Pero la primera ópera en la que realmente
se encontró a sí mismo fue en El holandés errante (1843), que aún marca
su pertenencia a la ópera romántica tradicional en el tema del contacto
entre los mundos del espíritu y los seres humanos y por sus poderosas
músicas de tormenta, pero ante todo por su potencia. Después de
Tannhäuser (1845) y Lohengrin (1850), se entregó a la composición de la
tetralogía El anillo delos nibelungos (1852-1874), interrumpida sólo
para escribir Tristan e Isolde(1865), que combina las ideas románticas
del amor y la muerte, y Los maestros cantores de Nuremberg, (1868). En
esta última obra recompone, desde una visión romántica, el pasado de
Alemania en el contexto de una historia de amor y recuperación del orden
civil amenazado; esta partitura es una de las tres mayores obras de arte
cuyo tema es el arte mismo. Su última ópera, Parsifa (1882), utiliza la
metáfora cristiana para describir un orden religioso ideal amenazado por
el caos.
Puede considerarse a Wagner como el artista culminante del romanticismo
en la música. Utilizó todos los recursos de ese estilo para sus ideas y
doctrinas, tomando lo que necesitaba para elaborar un lenguaje de una
sutileza, riqueza intelectual e intensidad emocional incomparables.
Ningún compositor se ha visto libre de su influencia, aunque en
ocasiones tomara la forma de una reacción violenta y apasionada. Incluso
los compositores alemanes que dieron nueva vida a la sinfoní es tuvieron
bajo su influencia. Las cuatro sinfonías de Johannes Brahms, en su día
considerado como la antítesis de Wagner, utilizan una forma de variación
temática en desarrollo; Bruckner era un confeso devoto suyo y, por su
parte, Mahler escribió obras en las que la voz era finalmente readmitida
en la sinfonía. Había wagnerianos en todos los rincones de Europa.
Quizá el romanticismo musical más independiente se dio en Rusia, donde
Piotr Chaikovski (un decidido antiwagneriano) exploró unas sinfonías
románticas nuevas que dramatizaban su sentido personal del destino que
amenazaba su vida. También escribió canciones influidas por modelos
románticos franceses y óperas, como Eugene Onegin (1879) y La reina de
espadas (1890), que proceden del mundo literario romántico de Alexandr
Pushkin. El nacionalismo ruso tiene su obra culminante en el Boris
Godunov de Modest Músorgski (versión original de 1869),cuyo héroe ofrece
una versión rusa particular del alma dividida de romanticismo. Allí
existía también una devoción por el realismo que absorbía a los
pensadores rusos y que tenía raíces románticas. Así ocurre en la escena
famosísima de la muerte de Boris no con un aria formal sino con su voz
desgarrada que se pierde musicalmente en el olvido. El ejemplo de Glinka
aún estaba vivo y queda patente en una serie de óperas épicas y
fantásticas de Nikolái Rimski-Kórsakov.
La ópera romántica francesa no quedó deslucida por Wagner, sino que tuvo
una voz característica en la obra de Jules Massenet, Charles Gounod y
Camille Saint-Saëns; de esta forma Carmen (1875) de Georges Bizet,
admirada por Friedrich Nietzsche y por Chaikovski como antídoto a Wagner,
trajo una nueva claridad e inmediatez al género sin perder en intensidad
pasional. Incluso Claude Debussy, crítico hostil a Wagner, fue un
compositor al que afectó especialmente Parsifal cuando escribió Pelléas
et Mélisande (1902).
El legado del romanticismo musical es tan complejo como sus orígenes.
Los movimientos del impresionismo, el expresionismo y el verismo deben
mucho a las ideas románticas; incluso subsiste cierto romanticismo
reprimido en la obra de un compositor tan antirromántico como Stravinski,
mientras que un romanticismo más abierto ha guiado las ideas de
compositores tan cercanos a la música del siglo XX como Leoš Janáek y
Béla Bartók, o el pleno romanticismo del único gran compositor inglés de
la época, Edward Elgar. A pesar de ello, ya estaban creciendo nuevas
ideas durante la primera década del nuevo siglo, y el romanticismo no
alcanzó el año 1914 como idea artística central.
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