Puede afirmarse
que las brillantes arpas latinoamericanas actuales son el
producto de un largo proceso de fusión de las mas variadas
culturas y tradiciones europeas con la idiosincracia nativa
propia de cada región.
El primer ejecutante del que se tiene noticias en el Río de la
Plata es Martín Niño, que acompaña a Sebastián Gaboto en su
expedición de 1526, puede deducirse que viaja con su
instrumento, ya que se lo menciona como un "hábil tañedor de
arpa".
La referencia documentada más antigua de la presencia del
instrumento aparece en una crónica de los Archivos de Tribunales
de la Ciudad de Córdoba, donde se menciona que "en 1.590
Hernando Suárez de Mejía remata un arpa".
En 1637 el padre jesuita Antonio Ripario escribe un informe
desde Córdoba del Tucumán y menciona que "desde muy lejos llegan
a Córdoba muchos indios que cantan en música, misas enteras y
motetes y canciones con violines, arpas, cornetas, flautas,
cítaras, trombones ....".
En 1657 se realizan festejos en la población de Londres del
Tucumán, en ocasión de la llegada del falso inca Bohórquez,
cantándose en la misa "chanzonetas con arpa, viguela y cítara".
En 1659, en San Miguel de Tucumán se cantan unas coplas en la
misa ante el gobernador Cabrera con acompañamiento de "arpa,
viguela y cítara".
Hacia el año 1700 el padre jesuita Antonio Sepp a cargo de la
misión de Yapeyú y músico eximio que domina hasta veinte
instrumentos, inicia a los nativos del lugar en el arte de
ejecutar el arpa y los capacita en su construcción, junto a
otros instrumentos destinados a la interpretación de música
religiosa.
Para la misma época el mismo padre Antonio Sepp es comisionado
para la formación del pueblo de San Juan Bautista en el
Paraguay. En un informe posterior detalla como deja establecido
los distintos cargos de administración y de artesanos, entre los
que designa a dos fabricantes de laudes y arpas.
Hacia el año 1720 en la Ciudad de Córdoba el padre jesuita
Doménico Zipoli inicia una vasta obra que trasciende el
Virreinato, escribe numerosas piezas musicales con activa
participación del arpa.
Hacia el año 1750 otro padre jesuita, el alemán Florian Paucke,
a cargo de la misión de San Javier en Santa Fe desarrolla una
gran labor musical entre los Mocovíes, luego describe en una
parte de sus memorias a un joven indio muy especialmente dotado
para la ejecución del arpa.
Con la expulsión de los jesuitas en 1767, estos primeros músicos
constructores formados en las reducciones, transmiten su arte a
sus descendientes y así por generaciones hasta los primeros años
del siglo XX, en que el arpa comienza a difundirse en la
Argentina y el Paraguay integrando conjuntos de música popular.
Siguiendo un proceso mas o menos similar se generaliza la
utilización del instrumento en la música regional de distintas
partes de América, en algunos casos con un desarrollo temprano
como en México y Perú y otros mas tarde como en el Paraguay.
Este instrumento trasculturado pasa a ser conocido genéricamente
en algunos lugares como arpa india.
Con el mejoramiento en la calidad de su construcción, con el
perfeccionamiento de sus cuerdas y caja de resonancia, aumenta
notablemente su capacidad sonora, evoluciona rápidamente hacia
distintos formatos y usos, pasa a tener características propias
en distintas regiones y comienza a ser conocida por el nombre de
su lugar de adopción, por ejemplo arpa jarocha o mexicana, arpa
llanera o venezolana, arpa peruana, arpa chilena, arpa
paraguaya, arpa criolla en la Argentina.
En la actualidad constan de 32 a 40 cuerdas y algunos modelos
están provistos de un mecanismo para cambiar los tonos, lo que
demuestra su constante evolución.
En el Paraguay a pesar de su tardío desarrollo como instrumento
de música popular, alcanza su punto evolutivo mas alto en manos
de magistrales ejecutantes que la convierten por su
extraordinaria destreza y creatividad en un instrumento para
solistas. Sus arpistas son reconocidos y muy requeridos en todo
el mundo.
Felix Pérez Cardozo es el músico y compositor paraguayo que más
ha contribuido en el perfeccionamiento y difusión de este
instrumento. Su famosa recopilación "Pájaro Campana" junto a
otras maravillosas composiciones, le dieron trascendencia
internacional a la música folklórica del Paraguay.
Luis Bordón es en la actualidad uno de los máximos exponentes en
la ejecución del arpa paraguaya, por su virtuosismo
interpretativo, su dilatada trayectoria y por la gran difusión
internacional de sus numerosas grabaciones.
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En la Argentina el
arpa criolla tuvo amplia difusión, especialmente en las
provincias de Cuyo, Catamarca, Salta, Tucumán, Córdoba, Santiago
del Estero y Corrientes. En Mendoza y San Juan estuvo muy en
boga hasta mediados del siglo XIX. En Tucumán fueron renombrados
sus artesanos que construían la caja con madera de cedro, el
clavijero de tarco y la columna de algarrobo. Santiago del
Estero dio un famoso ejecutante como el legendario ciego
Aguirre, "El Arpero". En Corrientes fue muy popular hasta ser
desplazada por el acordeón con el auge del chamamé. En general
el arpa criolla fue perdiendo espacio a partir de las décadas
del 40 y 50, desapareciendo casi totalmente de los conjuntos
folclóricos.
Andrés Chazarreta
y su conjunto folclórico santiagüeño, con el ciego Aguirre "el
Arpero" en 1921
Del riquísimo
cancionero folclórico argentino pueden rescatarse numerosas
composiciones que reflejan claramente la gran popularidad
alcanzada por el instrumento en nuestro país, algunas de las mas
conocidas son:
"
Esquina al Campo
- Zamba - Canqui Chazarreta
Esquina al campo,
como mistoles
eran las coplas armadas allí,
maduraban en verano
con un ciego al arpa
y otro al violín.
..........................................
Viejos churos de mi pago
de estilo humilde y gentil,
sus arpas bordaron notas
que aún guardan las noches
zamberas de aquí.
" Zamba de mi
Pago - Zamba - Hnos. Avalos
Un violín gemidor
junto a un bombo legüero
y un viejo arpero
nostalgias me traen de ande soy.
" Viejitos de
mi pago - Zamba - Víctor Abel Giménez
Con el humito de
un chala
se quemaban los recuerdos,
de un abuelo sangre quichua
aquerenciau en el tiempo.
hablaba del cumpa
Chaza,
del ciego Aguirre el Arpero,
evocando aquellos tiempos
que también fue musiquero.
" Nostalgias
Tucumanas - Zamba - A. Yupanqui
Noches de Tucumán,
luna la de Tafí,
quién pudiera volverse
para los cerros, ay, ay de mí
Zamba para bailar,
arpa, bombo y violín,
recuerdos y esperanzas
en los pañuelos, ay, ay de mí.
" Córdoba de
Antaño - Vals Criollo - Ricardo Arrieta
Largate hermano
mío
contale a tus muchachos,
costumbres y leyendas
que yo no olvidaré.
Los bailes en los
patios,
el mandolín, el arpa,
la chispa de Cabeza,
recuerdos de mi ayer.
En la literatura
gauchesca también pueden encontrarse ilustrativas referencias
sobre el uso del instrumento que demuestran su profundo arraigo
en nuestra cultura popular, tal como lo expone la profesora Olga
Fernández Latour de Botas en el artículo que se transcribe a
continuación:
Recuerdo del
arpista, ese músico de la campaña vieja
El arpa ha sido en
Europa y luego en América, que la recibió como herencia, un
símbolo de refinamiento. Olvidada después en los salones –y no
sólo en aquel que inmortalizó Bécquer-, la encontramos
registrada en la campaña argentina con una sorprendente amplitud
y vigencia tanto en el siglo XIX como en el XX.
El Martín Fierro
de José Hernández, fuente inigualada de información confiable
sobre la vida del gaucho histórico de nuestras pampas, trae una
mención del arpista en el comienzo del Canto XXIII de la segunda
parte (La Vuelta de Martín Fierro, 1879). El relato está puesto
en boca de Picardía, el hijo del sargento Cruz, quien al
referirse a sus hazañas como jugador, recuerda:
“Un nápoles
mercachifle,
que andaba con un arpista,
cayo también en la lista,
sin dificultá ninguna,
lo agarré a la treinta y una
y le daba bola vista”.
El relato de
Picardía se sitúa en Santa Fe y si bien registra al arpista en
compañía de un inmigrante italiano, es evidente que su aparición
no resultaba un hecho extraño al inventario de tipos sociales
del macrocosmos de Martín Fierro. Lo mismo ocurre en el caso de
Leopoldo Lugones, quien ha dejado como propia de su Santa María
del Río Seco natal una colorida evocación del ejecutante de arpa
que comienza diciendo:
“El arpista era
Ildefonso
moreno crespo y jovial
que tocaba con empeño igual
una chacarera o un responso.
Pues lo mismo oficiaba con el cura,
que hacía buena figura
en la tertulia más arriesgada,
donde no pocas veces salió de la aventura
con el arpa baleada."
(Poemas
solariegos, 1928).
Es sabido que la
cultura tradicional de Lugones se hallaba enriquecida por la
localización regional de su origen, y que si su mirada se detuvo
especialmente tanto en el gaucho rioplatense (El payador, 1916)
como en el salteño (La guerra gaucha, 1905), era heredero de
todo el caudal de raíces norteñas del Tucumán arcaico y
especialmente de la “Madre de Ciudades”, Santiago del Estero. Es
precisamente por el folklore santiagueño por lo que queremos
remontarnos en busca de otros arpistas presentes, ahora en el
cancionero popular. Las más diversas especies poéticas han de
satisfacer nuestro interés. Hallamos al ejecutante de arpa con
el nombre de arpero, en una canción de carácter lúdico, la rima
infantil titulada “El piojo y la pulga”, que registra versiones
tradicionales en la España peninsular y especialmente en las
islas Canarias, y que en las variantes santiagueñas presenta
secuencias como ésta –inicial de una fragmentariamente
transcripta- en que se lo incluye:
“El piojo y la
pulga
se quieren casar
por falta de arpero
no se casan ya.
Y sale el carnero
de adentro ’el chiquero.
Si tiene borregos,
yo soy el arpero”.
(O. Di
Lullo. Cancionero Popular de Santiago del Estero,
1940).
El orden de
prioridades entre los elementos necesarios para la fabulada boda
santiagueña colocaba al arpero en primer término, antes del
cantor, de la madrina, del padrino y hasta del cura, lo que
muestra su importancia funcional y su prestigio. Las coplas,
relaciones y refranes picarescos también mencionan a nuestro
cordófono generalmente con la condición de “arpa vieja”, para
referirse a hombres o mujeres de edad que adoptan actitudes
juveniles (“Arpa vieja sin clavijas / armazón de cucaracha / ¡ya
se te ha pasado el tiempo / de pensar en las muchachas!”).
Asimismo, se habla
de “estar más cerca del arpa que de la guitarra” para significar
que alguien se acerca al término de sus días.
“Acunando un sueño
...”
El arpa diatónica
simple, sin pedales, ha sido frecuente en Tucumán, donde no sólo
se la ejecutaba sino que también se la construía, como lo ha
documentado Isabel Aretz. Por ello aparece frecuentemente
mencionada en composiciones de proyección folklórica como en la
zamba “Nostalgias Tucumanas”, de Atahualpa Yupanqui y en la
chacarera “El cieguito del arpa”, de León Benarós.
Finalmente, no
podemos dejar de destacar la importancia del arpa en la música
de influencia guaranítica. La llamada “arpa india” o “arpa
paraguaya” que es motivo constante en la poesía de inspiración
folklórica de esa región. Así lo demuestran conocidas obras del
repertorio regional, entre ellas la “Canción del arpa dormida”
de Atahualpa Yupanqui y Herminio Giménez (homenaje al arpista
Félix Pérez Cardozo) nos vuelve al tema becqueriano en otro
contexto cultural:
“Acunando un sueño
se nos va la vida
y el viajero parte
para no volver.
Hoy el arpa india
se quedó dormida
como una guarania
que no pudo ser”.
Sonia Alvarez
-
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