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Los
hallazgos de cuernos de caza y trompas que datan de los años 1500 a 500
anteriores a nuestra era demuestran que la música y el canto tienen en
Noruega una larga tradición. Los poemas escáldicos de la edad vikinga,
los grabados en la madera de las stavkirker y otras fuentes de índole
diversa revelan que la música que se interpretaba en la época medieval
estaba estrechamente ligada a las tradiciones musicales de Europa
Central. El canto gregoriano que se oía en el culto del Santo Patrón de
Noruega, San Olav, se asemeja mucho al canto de la Escuela de París, del
siglo XIII. El himno en honor de San Magnus es del más genuino orígen
noruego y proviene de las islas Orkney, que eran posesión noruega a
mediados del siglo XIII. La primera descripción de órganos en las
iglesias de Noruega data de los primeros años del siglo XIV. Todo ello
confirma la impresión de que la música tenía un papel preponderante en
la vida cultural del país - Harald Herresthal
Noruega estuvo sometida a la soberanía danesa desde el
año 1380. Por el hecho de no disponer de una casa real, ni de nobleza
autóctona, no pudo disfrutar durante 450 años de ninguna de las
modalidades de música selecta que normalmente se producen en tales
ambientes. Sin embargo, en los centros eclesiásticos rurales, la música
tenía un cometido significativo y, al existir músicos en las ciudades,
tanto en éstas como en sus inmediaciones se podía escuchar música en
días de ordinario y festivos. La música folklórica, por su parte, se
desarrollaba con entera libertad en los distritos rurales.
Los primeros compositores que se conocen son de
comienzos del siglo XVIII y eran mayormente organistas y músicos de
ciudad, noruegos y extranjeros, que componían música de danza y también
música de cámara y cantatas. En algunos casos también, obras
instrumentales para conjuntos más nutridos.
La música noruega comenzó a desarrollarse
considerablemente alrededor del año 1800. En 1814, se produjo la unión
de Noruega con Suecia. La familia real sueca residió de manera
intermitente en Cristianía (Oslo), nueva capital de Noruega. Cuando la
Corte Real se encontraba en Noruega, florecía la vida musical y músicos
invitados ejecutaban notables actuaciones. Los altos dignatarios, los
terratenientes y la clase media alta organizaban audiciones musicales y
representaciones teatrales privadas, a las cuales, en principio, tenía
acceso toda persona con dotes musicales. Estos músicos perfeccionaban su
arte en el extranjero o bien tomaban lecciones de artistas itinerantes o
de maestros de música. Fue en estos círculos donde se pusieron de
manifiesto los primeros talentos musicales. Pronto, algunos de los más
destacados decidieron dedicarse a la carrera musical, en lugar de buscar
un futuro mucho más seguro como dignatarios eclesiásticos o juristas.
El virtuoso violinista Ole Bull (1810-1880) fué
probablemente quien más claramente influyó en el desarrollo de la música
noruega a mediados del siglo XIX. Su presentación internacional tuvo
lugar en 1834 y el que fuera llamado el "Paganini nórdico" consiguió
poner Europa a sus pies. Bull se erigió en modelo de músicos y
escritores como Grieg, Nordraak, Bjørnson, Vinje e Ibsen.
Varios músicos extranjeros establecidos en Noruega hacia
el año 1840 contribuyeron significativamente a elevar el nivel musical
general, sin olvidar el papel importante representado por la
receptividad musical propia de la clase media. Es interesante hacer
notar que las orquestas profesionales reclutaban también sus miembros
entre los muchos violinistas de los distritos rurales.
En la década de 1850, la conciencia nacional se
fortaleció con el mensaje de la revolución de 1848 en Francia. El
crecimiento económico que experimentó Noruega en esta época estimuló a
su vez el desarrollo cultural.
Los sumarios de Historia de la Música suelen caer muchas
veces en el error de omitir el papel representado por las mujeres.
Siendo así que los círculos musicales noruegos fueron liberales,
permitieron que la mujer alcanzara rápidamente protagonismo y apoyo, por
lo menos en la medida en que lo consentían las costumbres de la época.
Obras de mujeres compositoras se publicaron ya en los años 1840, en un
momento en que el mercado era relativamente restringido. El Estado
concedió a estas mujeres becas para artistas y algunas de ellas llegaron
a ser intérpretes de considerable renombre.
En la década de 1860, músicos noruegos bien formados
empezaron a ocupar posiciones que hasta entonces habían ostentado
extranjeros. Halfdan Kierulf (1815-1868) fue, junto con Ludvig Mathias
Lindemann, organista y recopilador de melodías populares, el personaje
principal que puso el fundamento de la vida musical noruega de ámbito
nacional. Las décadas de 1870 y 1880 han sido calificadas, con justicia,
como la Edad de Oro de la música noruega. Destacan en esta época los
compositores Edvard Grieg (1843-1907) y Johan Svendsen (1849-1912). Una
de las características principales de su música fué su carácter
esencialmente nacionalista. La promoción de los violinistas folklóricos
de la región de Hardanger, que hizo Ole Bull en las salas de concierto
de las ciudades, y la recopilación que hiciera Ludvig Mathias Lindeman
de melodías populares, atrajeron la atención de los compositores hacia
los tesoros contenidos en la tradición musical noruega. Muchos de los
compositores de la segunda mitad del Siglo XIX intentaron incorporar de
alguna manera a sus obras elementos sacados de la música folklórica.
La recopilación de melodías populares continuó
realizándose hasta bien entrado el siglo XX. Muchos compositores
bebieron copiosamente de estas fuentes, sin que pudieran, al mismo
tiempo, evitar ser influenciados por las tendencias internacionales.
Noruega disponía de muy pocos centros de estudio, y virtualmente todos
sus compositores se formaron en Leipzig, Berlin o París. Johan Halvorsen
(1864-1935) y Christian Sinding (1856-1941) fueron los compositores más
conocidos de finales de siglo.
En 1905 terminó la anexión a Suecia. Este acontecimiento
determinó que los compositores sintieran una mayor necesidad de definir
una identidad nacionalista. Consecuencia natural fué el refuerzo del
vínculo con los viejos días de gloria de Noruega, antes de la unión con
Suecia. En el año 1930, se celebraron los 900 años de cristianismo en
Noruega, y se acrecentó el interés por la Noruega medieval, con
resultados que se pusieron de manifiesto en muchas modalidades
artísticas. David Monrad Johansen (1888-1970) fué quien estableció la
tendencia. Buscando inspiración en las leyendas y la poesía de la Edad
Media, y basando su obra en el prerromanticismo alemán y en el
impresionismo francés, intentó crear un estilo de tipo monumental
fundamentado a conciencia en arcaísmos musicales.
Estas tendencias las continuó Geirr Tveitt (1908-1981)
quien, con su elección de temas y técnica de composición, desarrolló
durante un tiempo un tipo de primitivismo nórdico. La música folklórica
estaba lejos de dejar de servir de fuente de inspiración, pero la
característica del desarrollo musical en los años de entreguerras fué la
necesidad de crear técnicas de composición estables basadas en la música
autóctona. Tanto Geirr Tveitt como Bjarne Brustad (1896-1978), Klaus
Egge (1906-1979) y Eivind Groven (1901-1977), basaron sus composiciones
en la música folklórica. Ludvig Irgens Jensen (1894-1969) y Harald
Sæverud (1897-1992) pertenecen a la misma generación y establecen, cada
uno a su manera, un punto de desarrollo. Hasta los años treinta, las
tendencias musicales no empezaron a orientarse en una dirección más
internacional, pero el lapso de la guerra, entre 1940 y 1945, fue un
escollo en esta evolución y prolongó el período romántico nacionalista
durante varios años.
Fartein Valen (1887-1952) y otros pocos fueron los
únicos exponentes de una línea de orientación más internacional en el
periodo de entreguerras. Valen, mientras trabajaba sobre la base del
prerromanticismo germánico, derivó gradualmente hacia la técnica de
composición atonal, sin indicios de vena nacionalista. Mientras vivió,
no fué muy reconocido. Hasta los años cincuenta, el público no empezó a
comprender su obra. En este contexto se debe igualmente citar la obra de
Pauline Hall (1890-1969) quien, con profundas raíces de música francesa,
escribió composiciones de genuino estilo impresionista. La II Guerra
Mundial representó, por varios motivos, una ruptura con el pasado. Los
viejos vínculos entre Alemania y Noruega se habían hecho pedazos. Una
nueva generación de compositores escogió París y los Estados Unidos de
América para realizar sus estudios. Entre los muchos talentos recién
llegados estaban Edvard Hagerup Bull (1922-), Johan Kvandal (1919-1999),
Egil Hovland (1924-) y Knut Nystedt (1915-). No les orientaba, como a
sus predecesores, ninguna identidad esencialmente nacionalista. Al
contrario, precisaban internacionalizar su lenguaje musical. Como quiera
que el clasicismo de nuevo cuño nunca se estableció plenamente en
Noruega, los años cincuenta estuvieron fuertemente influenciados por
esta tendencia, siendo sus modelos Paul Hindemith y el néoclassicisme
francés. Desde los años cuarenta, la influencia de Béla Bartók marcó el
desarrollo de muchos compositores. Finn Mortensen, una figura
preeminente de este período, empezó pronto a emplear la técnica
dodecafónica, convirtiéndose en el principal representante de la música
serial.
La revolución tecnológica de los años cincuenta tuvo
gran influencia en el desarrollo musical. Tanto la música ligera como la
música seria experimentaron una poderosa expansión, acompañada por
profundos cambios de estilo. Los años sesenta fueron la década de la
música experimental y de vanguardia, con Arne Nordheim (1931-) como
figura central. La música electrónica, la música serial y aleatoria, los
efectos de sonido, el teatro instrumental y la experimentación con
cuartos de tono, son un ejemplo de lo que el público debía valorar en
las formas y estilos musicales. Todo esto sucedía en un período en que
las instituciones musicales tradicionales todavía no habían progresado
más allá de la ejecución de las obras de los compositores más conocidos
de principios de siglo: Arnold Schönberg, Béla Bartók e Igor Stravinsky.
Como es natural, las nuevas formas de música originaron
reacciones negativas e incluso cierta agresividad por parte de algunos
sectores. Un público perplejo intentaba en vano entender las muchas
invenciones extramusicales del compositor coreano Paik. Las orquestas
sinfónicas rehusaban interpretar las obras programadas; los cuartetos de
cuerda no deseaban cantar mientras tocaban, ni repiquetear sobre sus
preciosos instrumentos. Los Consejos de las iglesias parroquiales no
deseaban ceder sus iglesias para audiciones de música de vanguardia,
ante el temor de que el órgano pudiera resultar estropeado o la misma
iglesia profanada.
Aparecía, sin embargo, gradualmente un público nuevo,
joven y comprensivo, cuyo número aumentó de manera considerable en los
años setenta. Justo cuando un mayor número de gente empezaba a aceptar
la música contemporánea y a adaptarse a sus formas, el péndulo empezó a
cambiar de trayectoria. Los días de la vanguardia fueron breves en
Noruega. Primero vino una búsqueda de la simplicidad como reacción a la
complejidad de la música serial, con representantes típicos como el
compositor Kåre Kolberg (1936-), y más tarde, una intensa ola de
neorromanticismo. A pesar de que compositores neorrománticos como Alfred
Janson (1937-) y Ragnar Søderlind (1945-) introducen de nuevo los
acordes perfectos y algunos elementos de estilo y tonalidades tabú por
pertenecer al último período romántico, su objetivo no era la
idealización de la música, ni el de transformarla en inocua. Tampoco se
trataba de una reacción contra ciertos compositores de vanguardia, que
parecían querer traer a la sala de conciertos la espantosa realidad del
mundo. Como muchos otros compositores de su generación, lo que realmente
pretendían, era dar a su música una cierta dimensión política y un
contenido de actualidad. Pero el mayor objetivo era establecer contacto
con un público más amplio. Alfred Janson dedicó su concierto de violín
al presidente de Chile, Salvador Allende. La Trauermusik de Søderlind,
fué compuesta al inicio de la invasión de Checoslovaquia y de la guerra
de Biafra.
El desarrollo musical de los últimos veinticinco años ha
estado marcado por el posmodernismo, al que definen su actitud
pluralista hacia la música y otras formas de expresión artística. Olav
Anton Thommessen (1946-) es uno de los compositores que han intentado
sacar consecuencias de esta evolución, considerando que todas las
expresiones musicales son una especie de arsenal común de sonidos e
ideas. La música histórica y la contemporánea son una herencia
compartida y un tesoro, con los que el compositor puede trabajar, y que
pueden transformarse en una nueva creación. Una imagen típica de estos
años es que pueden surgir formas de música muy diferentes. Serialistas y
minimalistas crean su música junto a los neorrománticos y a otros que
intentan integrar elementos del jazz, el pop y el rock. La mayoría de
los compositores pertenecientes a la primera generación de la posguerra
tienen como punto de partida el período experimental de los años
sesenta, para después emprender rumbos individuales. Aquí se debe
mencionar a Magne Hegdal (1944-) quien, tras descubrir la música de Jon
Cage, ha realizado sus composiciones siguiendo métodos casuales y con
estilos poco corrientes. Ketil Kvoslef (1939-) es otro interesante
compositor que, a pesar de haber experimentado con estilos diferentes,
se mantiene fiel a la idea de crear música a partir de un motivo central
que evoluciona a base de una técnica de metamorfosis del ritmo y los
compases.
Característica destacable de los últimos tiempos es el
interés que de nuevo suscita la música folklórica entre los
compositores. Lasse Thoresen (1949-), en la actualidad profesor de
composición en el Conservatorio Superior de Música del Estado Noruego,
admite el uso de escalas intemperadas y elementos característicos de la
música popular en un proceso de creación evolutiva de una nueva
tendencia musical. No puede decirse que esto resulte casual en un tiempo
en que la revolución tecnológica de los medios amenaza con eliminar
cualquier identidad cultural.
Esta riqueza de actividades musicales ha fomentado la
aparición de numerosos talentos entre los jóvenes compositores noruegos.
Tor Halmrast (1951-), Nils Henrik Asheim (1960-), Glenn Erik Haugland
(1961-) Rolf Wallin (1957-), Asbjørn Schaatun (1961-) y compositoras de
éxito como Åse Hedstrøm (1940-) y Cecilie Ore (1954-), todos ellos
conocidos internacionalmente por sus composiciones y conciertos, pueden
ser considerados representantes de una nueva generación.
Los estudios de composición que bajo la dirección de
Olav Anton Thommessen y Lasse Thoresen se cursan en el Conservatorio
Superior de Música del Estado Noruego evolucionan continuamente y han
supuesto un considerable estímulo para la nueva generación de
compositores de Noruega. Muchos de los estudiantes se han destacado ya
durante el período de estudios con obras galardonadas en certámenes
nacionales e internacionales y asiduamente interpretadas. Ocho de ellos,
a saber, Mark Adderley (1960-), Ragnhild Berstad (1956-), Henrik
Hellstenius (1963-), Jon Øyvind Ness (1968-), Helge Havsgård Sunde
(1965-), Peter Tornquist (1963-), Gisle Kverndokk (1967-) y Rune Rebne
(1961-) debutaron en 1995 con la grabación de un compact disc común,
Definitely Pling-Plong (Hemera HCD 2909), que prueba la maestría del
oficio por parte de los ocho, siendo además exponente de una forma de
expresión cautivadora y personal. El profesor Thoresen los ha
caracterizado de la manera siguiente:
"Se trata de un grupo de compositores que no ha elegido
una lengua tonal moderna para protestar contra otra más establecida y
que le precede. El grupo utiliza la lengua tonal que le resulta más
natural. A estos compositores no les preocupa en absoluto crear el
absurdo para atraer la atención como si fueran enfants terribles; más
bien todo lo contrario. Desean comunicar algo, pero sin hacer explícito
el mensaje. Su música tiene valor de enunciado positivo, que no supone
un comentario negativo. Si la negación, el desarraigo y la estructura
fragmentaria caracterizaban a la modernidad tradicional, son más bien
los conceptos de integración, síntesis y espíritu constructivo los que
caracterizan a esta generación de compositores. La experimentación es
una parte de su método de trabajo y no el mensaje inherente a sus
obras".
Música contemporánea
A excepción hecha de la música folklórica, podemos decir
que la cultura de la música profesional de Noruega estuvo limitada a las
ciudades. Hasta la II Guerra Mundial, los compositores debían ganarse el
sustento como maestros de música, críticos o intérpretes. La capital,
Oslo, era "la Meca" de los músicos. En los años veinte, los cines y los
cafés daban empleo a músicos de alto nivel. Cuando la Radio de Noruega (NRK)
empezó sus transmisiones en 1925, dio trabajo a muchos músicos que lo
necesitaban. El departamento de música de la Radio Noruega, más tarde
Televisión, contribuyó durante muchos años a la promoción de la música
noruega, seleccionando solistas y definiendo claras políticas de
programación. El rápido desarrollo de los medios de comunicación de
masas, con nuevos canales y una mayor competencia, ha influído de manera
negativa sobre los medios de comunicación no comerciales y modificado el
papel que desempeñaban la radio y la televisión estatales en apoyo de la
música noruega. La Orquesta Sinfónica de la NRK (Kringkastingsorkesteret)
tiene su sede en Oslo y se fundó como orquesta ligera en 1946.
Recientemente realiza un amplio abanico de actividades en radio y
televisión y ha optado por especializarse en la promoción de la música
contemporánea.
Las Orquestas Filarmónicas de Oslo, Bergen, Trondheim y
Stavanger se han ampliado en los últimos años. En primera fila
encontramos a la Orquesta Filarmónica de Oslo (Oslo Filharmoniske
Orkester), a cuyo frente está Mariss Jansons, su dirigente y líder
artístico durante veinte temporadas (1999). La Orquesta Filarmónica de
Oslo se cuenta entre las mejores orquestas sinfónicas del mundo. La
Orquesta Filarmónica de Bergen (Bergen Filharmoniske Orkester), fundada
en 1765, es en nuestros días uno de los pilares del Festival
Internacional de Bergen, que sigue siendo el más importante de Noruega,
aún después de haberse incrementado el número de festivales de música
celebrados en el país. Las Orquestas Filarmónicas de Trondheim
(Trondheim Filharmoniske Orkester) y Stavanger (Stavanger Filharmoniske
Orkester) emplean a unos 70 músicos cada una. La segunda, que dirige
Franz Brüggen, se ha especializado en la música barroca y el repertorio
clásico vienés. Todas estas orquestas han dado prioridad a las giras y a
efectuar grabaciones discográficas, con lo que ha subido el nivel de sus
prestaciones artísticas.
Noruega cuenta siete bandas profesionales de música
militar y existen algunos grupos de música de cámara, cuya formación
propician los ambientes musicales constituidos por las orquestas
sinfónicas. La Orquesta de Cámara Noruega (Det Norske Kammerorkester)
fué fundada en 1977. Bajo la dirección de Terje Tønnessen e Iona Brown,
ha tenido éxitos internacionales en sus grandes giras.
Cikada, fundado en 1977, es el conjunto de música
contemporánea de la asociación Ny Musikk (Nueva Música). Lo constituyen
9 músicos bajo la dirección de Christian Eggen. Oslo Sinfonietta,
fundada en 1986 por el compositor Asbjørn Schaatun y dirigida por
Christian Eggen, surge de los medios propicios a la música contemporánea
en el Conservatorio Superior de Música y se inspira en London
Sinfonietta y en Ensemble Inter-Contemporain. Sus conciertos despiertan
gran interés del público y cuenta en su haber varias giras que le han
dado mucho prestigio. El grupo BIT-20-ensemblet, con sede en Bergen, ha
grabado varios discos de excelente calidad. Dado el conservadurismo de
los programas de las grandes orquestas noruegas, muchas de las obras de
los últimos tiempos han sido creadas para los mencionados conjuntos y
grupos, que, a pesar del escaso número de músicos que los componen,
consiguen dar a la música un efecto sinfónico.
Norsk Barokkorkester y Pro Musica Antiqua (Oslo) son
conjuntos especializados en música barroca y renacentista de alta
calidad. Por lo que respecta a los instrumentos de viento y de metal,
las posibilidades de reclutamiento son excelentes en Noruega y existen
numerosos quintetos y conjuntos de esta modalidad. Otros grupos de
mérito especial son Oslo Trio, formado por el violonchelista Åge Kvalbein,
el pianista Jens Harald Bratlie y el violinista Stig Nilsson. Otro
grupo, el joven y prometedor Grieg Trio, hizo su debut internacional en
un concurso musical en Francia en la primavera del año 1988. A partir de
entonces, ha consolidado su fama con giras por muchas ciudades y varias
grabaciones discográficas.
En cuanto a los instrumentos de cuerda, el Cuarteto de
Cuerda de Oslo (Oslo strykekvartett) y Vertavo son los que han obtenido
el mayor éxito.
Hay en Noruega numerosos solistas de gran calidad. El
violinista Arve Tellefsen ha mantenido a lo largo de los años su puesto
entre los mejores músicos del país. Junto a él encontramos una serie de
figuras de renombre internacional. Podemos mencionar a los cantantes
Elisabeth Norberg-Schulz, Solveig Kringlebotn, Randi Stene, Anne Gjevang,
Knut Skram, Arild Helleland y Oddbjørn Tennfjord, al violoncelista Truls
Mørk, a los pianistas Leif Ove Andsnes, Einar Steen-Nøkleberg, Einar
Henning Smebye y Geir Henning Braaten, al violista Lars Anders Tomter,
al trompetista Ole Edvard Antonsen y al tañedor de laúd Rolf Lislevand.
Hay también una serie de solistas jóvenes a punto de alcanzar el éxito
internacional decisivo, como el violinista Henning Kraggerud.
Gozan igualmente de atención internacional compositores
y músicos en las categorías del jazz y del pop. El saxofonista Jan
Garbarek, en particular, ha logrado renombre como compositor e
intérprete. Otro tanto puede decirse del compositor e intérprete de jazz
Terje Rypdal. Otro músico de jazz que disfruta de gran éxito
internacional es el trompetista Nils-Petter Molvær. En el campo de la
música folk existen actualmente muchos intérpretes de gran calidad, como
la cantante sami Mari Boine, que ha suscitado interés fuera de los
límites de Noruega.
Pese a su reciente creación (1958), la Opera de Noruega
(Den Norske Opera) incluye en el momento actual a varios solistas de
prestigio internacional. El deseo de que se construya una nueva Casa de
la Ópera ocupa el primer lugar en la lista de prioridades. Den Norske
Opera no está destinada a satisfacer solo las necesidades de la región
Este del país. Su vocación nacional la lleva a efectuar giras regulares
por toda Noruega, actuando en varias ciudades. Las representaciones se
hacen a menudo en cooperación con orquestas y coros locales. En
Kristiansund y en Bergen, se ponen en escena óperas con profesionales y
aficionados locales. Los teatros de las grandes ciudades montan
regularmente operetas y espectáculos musicales. Desde 1988, la ciudad de
Bergen tiene su propia compañía de ballet, Nye Carte Blanche.
En Noruega sólo hay un coro profesional: el
perteneciente a Den Norske Opera. Hay, sin embargo, varios coros de
aficionados con calidad profesional. Algunos coros infantiles y
juveniles han ganado premios internacionales y ciertas agrupaciones
corales, como el Coro de solistas noruegos (Det Norske Solistkor), el
Coro de la Catedral de Oslo (Oslo Domkor), la Coral Filarmónica de Oslo
(Oslo Filharmoniske kor), la Coral de Cámara de Oslo (Oslo Kammerkor),
los Cantores de la Catedral de Bergen (Bergen Domkantori), el Coro de la
Universidad (Grex Vocalis) y la Coral de Cámara de Trondheim (Trondheim
Kammerkor) gozan de un prestigio considerable en Noruega y en el
extranjero. Uno de los últimos brotes de este árbol es la agrupación Via
Cantus, ganadora de numerosos certámenes de música coral.
Existen en Noruega varias instituciones que continúan la
formación musical que se inicia en las escuelas primarias. En 1997, el
Storting aprobó un acuerdo que obliga a los municipios a crear una
oferta de formación cultural y musical en escuelas especiales. Esta
decisión no verá cumplido su objetivo inmediatamente, pero es un
poderoso incitamiento para el desarrollo ulterior de la enseñanza
musical en Noruega. La reforma educativa que afecta al segundo ciclo de
la enseñanza secundaria, de 1994, prevé que todas las provincias
ofrezcan a los alumnos interesados una formación apropiada en las
asignaturas de música, danza, y arte dramático, que es básica para
superar las pruebas de ingreso en las Escuelas Superiores de dichas
disciplinas. Existen además conservatorios estatales de música en
Bergen, Trondheim, Stavanger, Kristiansund y Tromsø. Hay también
actualmente rama de música en varias Escuelas universitarias de Ciencias
de la Educación. Los conservatorios de música se encuadran, o bien en el
sistema de Escuelas universitarias regionales, o bien forman parte de
una universidad, como es el caso de la Academia Grieg de Bergen. Los
estudios musicales más avanzados que se pueden cursar en Noruega se
imparten en el Conservatorio Superior de Música del Estado Noruego, sito
en Oslo, y en los departamentos de musicología de las Universidades de
Oslo y de Trondheim. La Escuela Superior de Arte (Kunsthøgskolen i
Oslo), sita en Oslo, alberga bajo el mismo techo las Escuelas Superiores
estatales de Ópera, Ballet y Arte Dramático.
Las organizaciones musicales dan un apoyo vital a la
formación y los ensayos. La Federación de Bandas Noruegas (Norges
Musikkorpsforbund) se fundó en 1918. Por medio de una serie de cursos,
que se imparten tanto en verano como en invierno, se ha conseguido
elaborar un sistema educativo completo. Con sus 70.000 miembros en la
actualidad, pretende ser la mayor del mundo en su clase en relación con
la población. Las agrupaciones corales y las asociaciones de las
orquestas sinfónicas ofrecen una amplia gama de cursos de formación.
Abundan igualmente las asociaciones para el jazz, el rock y otras formas
de música popular. También está en rápido crecimiento el sector de la
música folklórica. Tanto la música tradicional como las nuevas formas de
música han progresado gracias a concursos y encuentros musicales
estivales con gran afluencia de público. En 1978, las organizaciones de
músicos no profesionales formaron el Consejo Único de Coros de
Aficionados y Organizaciones Musicales de Noruega (Norsk Musikkråd),
cuyo objetivo es coordinar el trabajo y solicitar ayudas del Estado.
Noruega tiene cuatro millones de habitantes repartidos
en 324.027 km2. La localidad de Lindesnes, punto más meridional del
país, está a 1.752 km. del Cabo norte, al otro extremo. Si se desea que
todos y cada uno de los noruegos puedan tener contacto con la vida
musical, las actividades deben estar descentralizadas al objeto de poder
llevarlas a cabo en las áreas más remotas. Este es el objetivo del
Instituto Noruego de Conciertos (Rikskonsertene), fundado en 1968, una
institución que tiene en la actualidad numerosas funciones. En
colaboración con otras entidades, organiza más de 9.000 conciertos;
conciertos escolares, por lo general. En cooperación con las
diputaciones provinciales y la Oficina Estatal de Educación al nivel
provincial, el Instituto organiza conciertos para niños y jóvenes en 362
de los 436 municipios de Noruega. Cada año recluta aproximadamente 700
músicos para giras, más o menos importantes, y para conciertos públicos
fuera de los centros escolares.
El Instituto Noruego de Conciertos encarga obras a
compositores, contribuye por medios diversos a la promoción de jóvenes
talentos prometedores (en particular designando "Joven solista del año")
y participa, en cooperación con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de
la Agencia Noruega para el Desarrollo (NORAD), en importantes proyectos
musicales en el extranjero. El Instituto está abierto a todos los
géneros musicales; durante los últimos años han sido particularmente
objeto de su acción la música africana, asiática y latinoamericana. A
través del plan presupuestario fijado por el Ministerio de la Cultura
con vistas a fomentar la cultura musical, el Instituto ayuda a financiar
giras de solistas free lance que montan sus propios recitales, e
igualmente conciertos organizados por agrupaciones locales. Gracias a
este apoyo económico, las iglesias pueden costear la ejecución de
grandes oratorios por solistas profesionales de música sacra y
profesores de orquesta. El Instituto Noruego de Conciertos gestiona
asimismo otros tipos de subvenciones destinadas a fomentar la actividad
musical. Contribuye, por ejemplo, a la financiación de festivales de
música, a cubrir los gastos de transporte en el transcurso de giras o
festivales, en festivales de rock o de géneros musicales afines y
concede fondos para subvencionar medidas destinadas a la promoción de la
música folklórica.
Otra institución central es el Consejo Cultural Noruego
(Norsk Kulturråd). Con los fondos de que dispone, ha creado el Centro
Noruego de Información Musical y el Programa de compra de nuevos discos
de música noruega. Estas iniciativas han sido finalmente consideradas lo
suficientemente interesantes como para integrar los Presuestos del
Estado. Gracias a los Fondos del Consejo Cultural Noruego ha sido
posible constituir una colección importante de grabaciones de música
noruega. En ocasión de la puesta a la venta de dichas grabaciones, una
ayuda específica permite editar partituras y otro material gráfico que
acompaña a la edición.
Desde el inicio de su actividad en 1979, el Centro
Noruego de Información Musical ha dado su apoyo a los compositores
noruegos, archivando, catalogando y distribuyendo sus obras no
publicadas. Además, el Centro proporciona información sobre la música
noruega, destinada a todo el país y al extranjero.
La floreciente situación de las actividades musicales en
Noruega se refleja también en el creciente número de festivales. El más
conocido es el Festival Internacional de Bergen, que se celebra todos
los años en el mes de mayo. Otros festivales o encuentros musicales de
naturaleza similar tienen lugar en Harstad, Kristiansand, Trondheim (Olavsdagene),
Stavanger, Elverum, Vestfold y Risør. En Oslo se celebra un festival de
jazz, un festival de música de cámara y Ultima, el festival de música
contemporánea. Los Festivales de Jazz de Molde y Kongsberg han
despertado interés internacional, pero les están saliendo competidores
cada vez de más ciudades, interesadas en poner en marcha nuevos
encuentros musicales. Los festivales de música folklórica, tradicional y
moderna, se han hecho también muy populares en los últimos años. Son más
de 90 los festivales que se organizan en Noruega actualmente, 30 de los
cuales se han asociado en el seno de una organización común bajo el
nombre de Festivales de Noruega (Norske Festivaler), creada en 1998.
El autor del artículo, Harald
Herresthal, es catedrático del Conservatorio Superior de Música
del Estado Noruego (Oslo).
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