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Música / Music
Dodecafonismo. Música dodecafónica

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290408 - Se llama dodecafonismo a la técnica composicional introducida por Arnold Schönberg (v.) y en la escuela de Viena según la cual el material sonoro para toda una obra musical surge de los 12 sonidos de la escala cromática dispuestos en una serie, y de las sucesivas transmutaciones de ésta. Aunque el sistema se ha popularizado con el nombre de dodecafónico, en puridad la denominación más real sería la de sistema de composición con 12 sonidos o sistema serial.


      Estrictamente consideradas, las series de 12 sonidos cromáticos hacen su aparición en la música mucho antes que Schönberg. Así las podemos hallar en los madrigales cromáticos del s. XVI, en la Sinfonía fantástica de Berlioz, en el Tristán e Isolda wagneriano, Así hablaba Zaratustra de Ricardo Strauss, y en otras obras de Listz, Brahms, Bruckner, Reger y Mahler, aunque naturalmente se trata de apariciones fugaces sin el valor funcional que Schönberg les daría. Sin embargo, estas apariciones periódicas anuncian la progresiva disolución por desgaste de la armonía clásica funcional, vigente en la música occidental durante unos 500 años aprox. Esta armonía, basada en una jerarquía de intervalos y sus relaciones dentro de una escala diatónica dada, sufrió numerosas alteraciones durante el s. XIX como consecuencia de la amplitud de las modulaciones, la modificación de acordes y la introducción de cromatismos que, aunque mantenían el acorde en su función tonal al análisis, lo hacían mucho menos claro a la audición. Ya con el sistema de tonos enteros introducido por Debussy, Saint-Saéns comenzó a hablar de atonalidad (v.), término que luego se popularizaría a pesar de su impropiedad y de ser más exacto el de suspensión de la tonalidad. En 1906, Schönberg termina su Sinfonía de cámara op. 9, con su célebre tema de cuartas ascendentes, tan distinto del tradicional sistema de terceras de la armonía tradicional. Pero, en esta obra, las cuartas acaban por cumplir una función temática más que armónica, pudiéndose considerar la obra dentro de una tonalidad ampliada.
      En el último movimiento del Cuarteto n° 2 en fa sostenido menor op. 10, aparecen ya intervalos insólitos como privilegiados, así como novenas menores, séptimas mayores y quintas disminuidas que, en contacto con las tradicionales terceras mayores o menores, crean acordes inclasificables y cercanos a la atonalidad. Esta llegará por vez primera de una manera real en las Tres piezas para piano op. 11, de 1909. La creación musical sin bases tonales obligó a Schönberg a una acentuada expresividad que redujera las dimensiones de la obra para mantener a ésta dentro de su control. Estéticamente, estos hechos coinciden con el expresionismo artístico alemán, del que son su faceta musical.
      La etapa atonal de Schönberg, seguida también por Alban Berg (v.) y Anton Webern (v.), se desarrolló entre 1909 y 1913, produciendo una docena de obras maestras, entre las que descuellan las Cinco piezas para orquesta op. 16, el monodrama Erwartung op. 17, el célebre Pierrot Lunaire op. 21 y los Cuatro lieder op. 22. Tras esta obra, la producción de Schönberg cae en un mutismo que dura diez años y del que no saldrá hasta las Cinco piezas para piano op. 23 en 1923. Este silencio estuvo en parte motivado por razones prácticas, como, p. ej., su intensa dedicación a la enseñanza y a la Soc. de Audiciones Musicales Privadas. Las razones teóricas hay que encontrarlas en la necesidad sentida por el autor de dar coherencia a su sistema musical con un principio ordenador que sustituyese a la desaparecida armonía clásica. Sólo una obra emprende durante este tiempo, el oratorio La escala de Jacob, que quedará inacabado. En las Cinco piezas para piano op. 23 de 1923, aparecen por primera vez las series de 12 sonidos, sistema ya más maduro en la Serenata op. 24 del mismo año, donde el cuarto movimiento, en el que se canta un soneto de Petrarca, expone más orgánicamente el principio serial, principio que quedará expuesto de una manera total en la Suite para piano op. 25 un año más tarde. Con el Quinteto de viento op. 26 Schönberg probará que la serie puede servir como criterio ordenador de una composición de dilatadas dimensiones y a partir de ahí creará sus composiciones con arreglo a esos principios. En la última etapa de su vida, Schönberg abordó algunas composiciones en las que se intenta una síntesis de d. y tonalidad, síntesis que sólo vería un logro verdaderamente brillante en el Concierto a la memoria de un ángel (1935), de su discípulo Alban Berg.
      La técnica dodecafónica fue adoptada y depurada por Anton Webern y también por Berg, aunque no en todas sus composiciones. Posteriormente se extendió a los autores de la siguiente generación (Weiss, List, etc.), e incluso a los recalcitrantes de la generación Schönbergiana como Ernst Krenek o Igor Stravinsky.
      Es indudable que el d., con los avances introducidos en él por Anton Webern, ha sido el motor de las nuevas generaciones musicales, aunque éstas lo han superado pronto marchando hacia un serialismo integral que serializa también ritmos, dinámicas y hasta grupos o timbres, y posteriormente hacia la música aleatoria (v.). De cualquier forma, aún encontramos muchos practicantes del sistema dentro de la generación clásica (Krenek, Stravinsky, Eimert, Fortner, etc.) e incluso entre los más jóvenes (Giselher Klebe o Hans Werner Henze), pero, en líneas generales, ha dejado de ser una corriente actual. En España los primeros intentos dodecafónicos corresponden a Roberto Gerhard (v.), especialmente en su Concierto para violín (1947) y obras posteriores. Gerhard es el único discípulo directo español de Schönberg, y a través de su discípulo Joaquín Homs enlaza con las últimas promociones españolas.
      El sistema dodecafónico se basa en una serie de 12 sonidos sin relación tonal entre sí, cuyo ordenamiento, bien sea melódico o bien armónico por su fraccionamiento en acordes, o bien de modo polifónico en varias voces, se ha de mantener de la misma manera para que pueda ser el principio integrador de la obra.
      La base de todas las combinaciones armónicas de la obra está en esa serie que es al propio tiempo su fuente temática. Vemos, pues, que la serie ocupa el papel de las funciones antes encomendadas a la tonalidad. Tal vez por ello Schönberg, que revolucionó la armonía, no hiciera otro tanto con la forma, lo que le ha sido reprochado modernamente por Pierre Boulez, ya que, al cumplir la serie funciones armónicas, su tratamiento formal puede ser más o menos tradicional, facilitando además su carácter único el desarrollo de formas de variaciones, así como las formas canónicas, fugatos, polifonías y los más variados recursos del contrapunto clásico. La serie puede sustentar con su sola presencia obras de dilatadas dimensiones por la posibilidad existente de que dé su particular color armónico a toda la composición. Además, la serie no se presenta forzosamente de la misma manera, ya que en su aspecto horizontal (melódico) puede aparecer de cuatro formas fundamentales distintas: la forma original, la forma retrogradada (de fin a principio), la forma invertida (la misma relación interválica, pero los intervalos ascendentes convertidos en descendentes y viceversa) y la retrogradación de esta inversión. Además existe la posibilidad de transportar esas cuatro variantes sobre cualquier grado de la escala, con lo que hallaremos un total de 48 posibilidades de aparición horizontal para una misma serie, y esto le da una cantidad de posibilidades prácticamente ilimitada.
      Existen series asimétricas y simétricas; estas últimas, que Anton Webern usó con profusión, se prestan singularmente a la composición constructiva por su correspondencia de intervalos. Por su parte, las series asimétricas se prestan más a las composiciones expresivas y líricas, por lo que no es de extrañar que fueran las predilectas de Alban Berg e incluso de Schönberg, si bien Berg las prefería en su aspecto horizontal y Schönberg en el vertical.
      Desde un punto de vista vertical la serie tiene tantas posibilidades como del horizontal, ya que de ella se pueden obtener dos acordes de seis sonidos, cuatro de tres, de cuatro y seis de dos, con sus respectivas inversiones, sus traslados a otros grados de la escala, los acordes irregulares de tres, cinco, siete, nueve y once sonidos, además del acorde de 12 con toda su serie.
      Se puede mencionar también el intento de d. modal introducido por Ernst Krenek (v.) y las variaciones que sobre una serie interválida ortodoxa realizan las interpolaciones de tipo serial integral iniciadas por Webern con elementos dinámicos y hasta tímbricos, continuadas por Messiaen en sus series de ritmos y por las primeras composiciones estructurales de Pierre Boulez y Luigi Nono. En cuanto al debatido problema de una formalística autónoma para el serialismo dodecafónico parece ser que jamás será resuelto. Schönberg se limitó a plantear el asunto como una cuestión armónica y los autores posteriores que han intentado acercarse con una nueva formalística al d. se encontraron insensiblemente en el campo del serialismo (v.) estructural, ya ajeno al d. ortodoxo. Por ello la crítica está de acuerdo en que desde el punto de vista formal el d. ortodoxo más convincente es el de Webern.
     
      V. t.:    Schönberg, ARNOLD; WEBERN, ANTON VON;    BERG, ALEAN; ARMONÍA II

TOMÁS MARCO.

    BIBL.: A. SCHSNBERG, Le système dodécaphonique, en Poliphonie, París 1949; R. LEIBOWITZ, lntroduetion á la musique de douze sons, París 1949; T. W. ADORNO, Philosophie der neuen Musik, Tubinga 1949; J. RUFER, Die Komposition mit zwölf Töne, Berlín 1952; L. ROGNONI, Expressionismo e dodecafonia, Turín 1954; R. VLAD, Storia della dodecafonia, Milán 1958; J. C. PAZ, Arnold Schönberg o el fin de la era tonal, Buenos Aires 1958; H. H. STUCKENSCHMIDT, Arnold Schönberg, Madrid 1965; H. EIMERT, ¿Qué es la música dodecafónica?, Buenos Aires 1958; E. KRENEK, Autobiografía y estudios, Madrid 1967.
     

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