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200408 - Una
aproximación
Abstract
El estudio de la dimensión política de
las prácticas musicales en Argentina, especialmente en el área culta,
está casi ausente en la producción musicológica disponible. A diferencia
de numerosos artistas populares, cuya filiación fue explícita –Pugliese,
Yupanqui, Discépolo...-, los compositores cultos aparecen menos
interpelados por la política, o más reticentes a la exposición abierta
de sus opciones ideológicas, al menos en el período aquí tratado.
Difícilmente podría individualizarse en nuestro caso a la música
participando de la
benjaminiana "estetización de la política", ni en la doble función
de la música comprometida definida por Dahlhaus (1972) -en su eficacia
funcional o en la internalización expresiva individual-, ni a nuestros
compositores como ejecutores de los programas políticos y
propagandísticos de las clases gobernantes, a la manera de Villa-Lobos o
Chávez, cada uno a su modo y en su circunstancia. Examinar las
relaciones entre música y política exige aquí un esfuerzo documental e
interpretativo más intenso, la adopción de instrumentos particulares
para su estudio y el recorrido de caminos indirectos, tangenciales para
su definición. A ello pretende contribuir este trabajo
[1]
La matriz de "Sur" y la formación del
campo cultural argentino en los 20-30
La revista Sur, dirigida por
Victoria Ocampo, representa una de las empresas intelectuales más
significativas de la modernidad estética e intelectual latinoamericana
de los 30. Las conexiones de algunos de los integrantes del Grupo
Renovación, fundado en 1929 por jóvenes compositores que abrirían el
espacio de la modernidad en la música argentina del siglo, con el
reunido en torno de la citada revista, es un indicio de las afinidades
intelectuales, las alianzas en el campo intelectual en plena formación
en las décadas del 20 y el 30 [2]. Así, Victoria
Ocampo lleva a sus invitados extranjeros ilustres a los conciertos del
cuarteto de cuerdas de los hermanos Castro (Ocampo, 1967:285; 1982:31).
La visita de algunos de ellos –Keyserling, Waldo Frank, Eduardo Marquina-
a Tucumán podría explicarse por la intervención de Luis Gianneo,
integrante del Grupo Renovación residente en esa ciudad desde 1923 a
1943 (Pickenhayn, 1980:27). Juan José Castro escribe en Sur, al
igual que Juan Carlos Paz y Honorio Siccardi – también Ginastera, más
tarde-, algunos artículos y crónicas sobre la vida musical porteña.
Victoria Ocampo le dedica artículos a Castro en sus Testimonios y
en Sur. Integrantes del círculo de Sur participan también
en las reuniones de Amigos del Arte, entidad fundada en 1924 por Elena
Sansinena de Elizalde, que funciona en los fondos de la galería Van Riel
(Villordo, 1993: 136-38), donde desarrolló la mayor parte de su
actividad el Grupo Renovación (Scarabino, 2000). Pettoruti, uno de los
iniciadores de la vanguardia plástica local en los 20 que expone en esa
galería, cuyas obras serán reproducidas en Sur, es quien diseña
el logotipo del Grupo Renovación. José María Castro utiliza para su
ballet Georgia (1937) un argumento de Eduardo Mallea (Catálogo en
Ceñal, 1986). Enrique Bullrich, crítico musical amigo de Stravinsky,
participa de la revista; escribe sobre él en el número 48, de 1938.
A través, en buena medida, de la
intervención de Victoria Ocampo, Ernest Ansermet, director que había
estrenado en Europa obras claves de la nueva música, viene a Buenos
Aires en numerosas temporadas en la década del 20 para dirigir la
orquesta de la Asociación del Profesorado Orquestal, y se constituye en
un referente vital para los compositores jóvenes. Integra el plantel de
colaboradores de los comienzos de Sur y escribe, en sus dos
primeros números, dos artículos significativos: Los problemas del
compositor americano y Los problemas del compositor americano. El
problema formal, en los que reflexiona lúcidamente sobre las
posibilidades concretas de un arte americano que trascienda la
artificialidad de la referencia primaria a las culturas locales. Este
campo de preocupaciones conceptuales y estéticas será transitado
recurrentemente en la composición y en la crítica de los años
siguientes.
No olvidemos, por otra parte, los
intereses musicales de Victoria Ocampo, dirigidos, en especial, a la
música de su tiempo. Escucha fragmentos de Pelléas et Mélisande y
de las Chansons de Bilitis en París en 1908 (Ocampo, 1981:90).
Asiste al estreno absoluto de La consagración de la primavera en
1913 (Ibid.:78-80). Dicta tempranas conferencias (1931) en Buenos Aires
sobre Harlem ilustradas con spirituals que había descubierto, junto a
músicas de jazz, en New York en 1929 (Villordo: 20,32)
[3]. Victoria escribe el texto en francés para la Sinfonía
Bíblica (1932) de Juan José Castro (García Morillo,1984: 357), con
quien integra el directorio del Colón en 1933 al que renunciarían poco
tiempo después (Arizaga, 1963:65). Interviene como narradora en Le
Roi David de Honegger en 1925, bajo la batuta de Ansermet (Valenti
Ferro, 1992:178).
La primera visita de Stravinsky a Buenos
Aires, en 1936 constituye un punto nodal en la vida de ambos grupos.
Victoria, actúa como recitante en Perséphone [4],
dirigida por el autor (Cf. Ocampo, 1977:242-251). Estudia la obra con
Francisco Amicarelli (Ibid.), pianista muy activo en los conciertos del
Grupo Renovación desde su fundación hasta 1940 (Scarabino, 2000:225). En
uno de los conciertos de homenaje a Stravinsky dirige Castro en el
teatro Cervantes, con la Orquesta de Radio El Mundo, un programa
completo con obras del compositor ruso –que éste agradece en una nota
que envía al director de La Nación para su publicación (Facsímil
en ARS, XXIX, N°109)- y escribe un saludo en Sur (Castro,
1936:108) [5]. La revista publica un texto reciente
de Stravinsky sobre
Beethoven, que, aclara, formará parte del libro Nuevas crónicas
de mi vida que editará próximamente (Sur, 18, marzo
1936:9-19). La centralidad de Stravinsky como cifra de la modernidad
musical para Sur y el Grupo Renovación es indudable. Parecen
desestimar –quizás, en parte, porque aun no se habían desencadenado los
hechos trágicos que sacudirían el mundo poco tiempo después- la
explícita simpatía de Stravinsky por el régimen mussoliniano (Nicolodi,
1984:283-84; Taruskin, 1993: 297) [6]. Crítica
lo intuye a través de las declaraciones públicas y comentarios privados
que hizo a su llegada a Buenos Aires: en su edición del 25/4/1936,
titula "Stravinsky es enemigo de la democracia", comenta su oposición al
gobierno soviético y tematiza las fisuras entre vanguardia estética y
vanguardia política. La Nación (18/5/36:17), por su parte, elogia
la calidad literaria del texto de Gide para Perséphone y dice
estar en "presencia de un escritor cuya aristocracia espiritual, a
pesar de su ideología, que tanto ha dado que hablar, ya nadie
discute ni pone en duda" (énfasis nuestro).
Por otra parte, y para finalizar esta
síntesis, si recorremos la vasta geografía de lecturas de Juan Carlos
Paz, de la cual da cuenta en sus Memorias, comprobaremos que sus
intereses y su acceso efectivo a los debates y las escrituras
contemporáneos comparten el espacio abierto por Sur, la revista y
la editorial.
Lejos de constituir un conjunto homogéneo
y estable, los actores de Sur están atravesados por las tensiones
históricas y conceptuales de la época (Cf. Punto de vista, 17,
1983, Dossier Sur; King 1989). Provenientes, en su núcleo
esencial, de la oligarquía porteña, el grupo fundador de la revista dará
muestras en su primera época de una considerable apertura a distintas
corrientes intelectuales de la época, y sus opciones fundamentales serán
las del liberalismo democrático -compartido en ocasiones por nuestros
músicos, como veremos luego- si bien el drástico corrimiento a la
derecha de la política local en los 30 provocará que distintos
observadores ubiquen en ocasiones a la empresa en la izquierda (King,
1989: cap. III)
Los acontecimientos internacionales
El período que nos ocupa está signado por
dos de los acontecimientos más dramáticos del siglo: la Guerra Civil
Española y la Segunda Guerra Mundial. El campo cultural argentino no
solo se conmociona y toma partido por las fracciones en conflicto, sino
que lee la propia realidad del país a partir de ellos. Del
posicionamiento de los actores frente a ellas pueden deducirse las
convicciones que los animaron.
La guerra de España suscitó una
efervescencia extraordinaria en los medios intelectuales y artísticos de
Buenos Aires, a la cual no fueron ajenos los músicos. Juan José Castro
atraviesa España en los albores de la guerra, en 1936, año en que es
invitado a dirigir en la Unión Soviética, lo que no puede cumplirse (Arizaga:
65). En 1939 dirige en el Colón conciertos con Manuel de Falla, reciente
exiliado de la guerra de España a quien Castro y su esposa ayudan en su
instalación en Argentina (Sopeña, 1988:237). Es amigo de Julián
Bautista, otro exiliado español llegado el año siguiente, perteneciente
a la Generación del 27, de la que formaron parte los poetas Rafael
Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillén. A Bautista dedicará
Castro su Epitafio en ritmos y sonidos, en 1961, año de la muerte
de quien, explica, "silenciaba actos de valentía inequívoca que lo
desbordaron cuando se trató de defender causas impostergables para la
salud de su patria" (García Muñoz, 1996:17).
Rastreando los autores de los poemas
puestos en música por nuestros compositores, accedemos a una clave
interpretativa de su universo conceptual. Resulta sumamente
significativo que Castro utilice, en 1938, poemas de García Lorca,
asesinado por el fascismo dos años antes [7] (Seis
canciones), que componga –o al menos planee [8]- una Elegía a la
muerte de García Lorca en torno de 1945, y que la mitad de su
producción operística se base en dramas lorquianos –La zapatera
prodigiosa (1943); Bodas de sangre (1952)-. Del también
republicano Miguel Hernández son los textos de sus Dos sonetos del
toro, de 1946. No es fortuito que el primer Guastavino se interese
por Rafael Alberti –Se equivocó la paloma (1941), Siete
canciones (1944)-, y por Luis Cernuda –Las nubes y Déjame
esta voz, ambas de 1944 (Catálogo en Mansilla, 1989) -. Es
fundamental tener presente que en esos años el ascendente nacionalismo
de derecha, aliado a la restauración católica, "de la mano de Ramiro de
Maeztu, toma la bandera de la ´hispanidad´ en algunas de sus versiones"
(Floria y García Belsunce, 1994: 119; cf. también José L. Romero, 1997:
241), lo que carga de sentido las opciones literarias que venimos de
mencionar. Juan Carlos Paz, por su parte, planea una obra llamada
Brigada Internacional, posiblemente en 1938, cuyo título permite
inferir que estaría inspirada en la guerra española, de la que solo
existe la mención del compositor en una carta a la Sra. Lagos, de
Montevideo (Maranca, 1987: 64). Tanto Guastavino como Gianneo ponen en
música Esta iglesia no tiene, poema de uno de los brigadistas
latinoamericanos: Pablo Neruda -Guastavino, 1948 (Mansilla, cit.),
Gianneo, sf (Catálogo en García Muñoz, 1994).
En esta síntesis es importante señalar la
amistad de Castro con músicos como Pau Casals, quien había dirigido en
Barcelona, en 1931, la Novena Sinfonía de
Beethoven para festejar la República (Kirk, 1974: 384). En 1937
Castro interpretará con él el Concierto en Si Mayor de Dvorak en
el Colón (Valenti Ferro: 32). Casals lo designará en 1959 Decano de
Estudios del Conservatorio de Puerto Rico (García Muñoz, 1996:
8).
Es cierto que ningún compositor argentino
se comprometió como Revueltas con el conflicto. Solo dos escritores
locales viajaron efectivamente a la España en guerra, al Congreso de
Escritores Antifascistas, en Valencia, 1937 –González Tuñón y Córdova
Iturburu (Sarlo, 1988:133)-. Sur apoyó claramente la causa
republicana editando textos de escritores europeos sobre el drama
español. Fue sacudida por la neutralidad que frente a él mantuvo uno de
sus referentes más prestigiosos,
Ortega y Gasset, quien residió en Argentina huyendo de la
Guerra
Civil. Se relacionó aquí incluso con grupos y dirigentes
profranquistas y católicos, como Máximo Etchecopar y Marcelo Sánchez
Sorondo (Medin, 1994: 125-27). Esto, sumado a la exaltación producida
por la explícita toma de partido de Sur por los Aliados en 1939,
provocan la ruptura de la colaboración de Ortega con la revista.
En relación con la Segunda Guerra
Mundial, algunos de nuestros compositores tuvieron actitudes de
solidaridad, establecieron vínculos y alianzas, y actuaron concretamente
en el campo de las fuerzas democráticas, en un medio político asediado
por crecientes simpatías profascistas.
Juan Carlos Paz colabora en el diario de
izquierda Crítica, en el que apoyó la gestión renovadora de
Castro en el Colón, a pesar de que el diario hostigaba a la Comisión
Directiva por su pertenencia a la "Aristocracia vacuna" (Paz, 1987:
112-113). Crítica era acusado, junto al Argentinisches
Tageblatt, de actividades perjudiciales para las relaciones entre
Argentina y Alemania (Newton,1995:156). En este último periódico,
claramente democrático, se publican artículos de Paul Walter Jacob,
actor, director de teatro y crítico musical alemán, exiliado en Buenos
Aires desde 1939. Francisco Curt Lange le habría aconsejado a Jacob que
se relacione con Paz. Líder de la resistencia alemana en Argentina,
Jacob es activo partícipe en la asociación izquierdista Vorwärts,
cuyo coro dirige, y en cuyo contexto se ejecutan los lieder
antifascistas de Eisler y canciones de La ópera de tres
centavos de Brecht-Weill (Pohle, 1993:346-349 y Pohle en Jacob,
1991, para toda la información sobre Jacob). Jacob funda en 1940 la
Freie Deutsche Bühne, en la Casa del Teatro, donde estrena un repertorio
vanguardista y comprometido (Newton: 217). Coordina en 1939 un seminario
y un ciclo de conciertos sobre música prohibida [9]
(Programas y anuncios en Jacob, 1991), en la progresista Pestalozzi
Schule, fundada por inmigrantes alemanes. En el recital de música
alemana prohibida que tiene lugar el 4/9/39 intervienen Guillermo
Graetzer, reciente exilado del nazismo, y Juan Carlos Paz. Se ejecutan
obras de Mendelssohn, Meyerbeer, Mahler, Schoenberg, Krenek, Hindemith y
Weill. Interviene también la esposa de Jacob, la actriz y cantante
Lisselott Reger, nacida en Argentina pero cuya carrera teatral se había
desarrollado en Checoslovaquia (Newton:217). Paz se relaciona
activamente con Hans Joachim Koellreutter -compositor alemán que se
establece en Brasil huyendo del nazismo en 1937-, e incorpora, desde
1936 a Stefan Eitler, un "exilado indirecto" (Pohle, 1993:347), a los
conciertos de su Agrupación Nueva Música. Mantiene una frecuente
correspondencia con Paul Pisk y Ernest Krenek, en sus exilios en USA. El
primero de ellos le recomienda a la pianista Sofía Knoll (Carta de Pisk,
archivo Paz), quien llega a Argentina en 1936 y deviene una de las
intérpretes más destacadas en los Conciertos de Nueva Música. A Krenek
dedica Paz su Tercera composición en trío (1940). Mantiene un
diálogo fluido con la izquierda experimental norteamericana, en especial
con Henry Cowell, quien elogia su música (Maranca: 35) y a quien Paz
dedica la Toccata de su Tercera Composición Dodecafónica (1937),
publicada por New Music Edition en 1943. En un primer momento sorprende
la colaboración de Paz en el periódico Reconquista, fundado en
1939 por Scalabrini Ortiz con el apoyo de Sánchez Sorondo, Fresco y la
Embajada Alemana, considerado como "Clase Cuatro", es decir,
abiertamente profascista, en la clasificación de la prensa extranjera
realizada por Goebbels en 1933 (Newton: 156-158). En una nota incluida
en sus Memorias, Paz rechaza esa calificación, y afirma que la
tendencia del diario –que apareció solo durante 45 días- era anti-británica
y anti-yanqui, y que exaltaba "todo lo que fuese argentino". Aclara: "Yo
estaba a cargo de la sección-música, y creo que a pesar del
chauvinisme del periódico, jamás me mostré más lapidario con
respecto a los compositores de tendencia nacionalista, de gran auge a la
sazón, que escribían vidalitas a la Debussy o Ravel, malambos a la
Prokofiev o Bártok y óperas en la línea Verdi- Puccini- Massenet, con
los nefastos descensos que son de imaginar. Mi actitud no concordaba
precisamente con la exaltación de todo lo autóctono, por lo que resulta
incomprensible que haya podido mantener mi actitud respecto de quienes
siempre consideré, no solo falsos valores, sino peligrosos promotores de
la vulgaridad y la impavidez .."(Paz, 1987:113) [10].
La vocación democrática
[11] de Juan José Castro se manifiesta en diversas oportunidades
durante la
Segunda Guerra. Invitado por Toscanini [12],
dirige un concierto de la NBC de New York, en diciembre de 1941, en el
día de la declaración de guerra de ese país a las potencias del Eje,
anuncio que
Roosevelt efectúa por radio precisamente en el curso de ese
concierto, el que continúa con la ejecución del Himno de los EEUU
conducido por Castro (Arizaga: 66). El 12 de abril de 1943 realiza el
estreno sudamericano, en el Teatro Gran Rex, de la Sinfonía de
Leningrado de Shostakovich, compuesta en esa ciudad sitiada, y cuyo
estreno occidental había estado a cargo de Toscanini con la orquesta de
la NBC el año anterior (Programa del concierto, p.5)
[13]. La relación de Castro con Toscanini, apasionado luchador
contra las fuerzas nazifascistas, así como la que mantiene con Fritz
Busch (Freund, 1993:76) y con Erich Kleiber, quien lo designa su sucesor
en La Habana en 1947 (García Muñoz, 1996:7), se inscribe en este
revelador sistema de alianzas. Conviene no olvidar que Juan José Castro
había dirigido un concierto en homenaje a Juan B. Justo, fundador del
Partido Socialista Argentino en el Teatro Colón en 1928 (Arizaga: 62).
En el acto, "funeral patriótico ... desprovist [o] de todo matiz
electoral" (La Nación, 15/2/1928: 7) [14],
Castro dirigió La Internacional, y dos marchas fúnebres -la de la
Sinfonía N° 3 de Beethoven y la de El Crepúsculo de los Dioses
de Wagner-. Los discursos estuvieron a cargo de Mario Bravo, Alfredo
Palacios, Avelino Gutiérrez, Emilio Frugoni (por los socialistas de
Uruguay), el obrero Emilio López y el estudiante Pablo Lejárraga (La
Nación, 16/2/1928:7) [15]. En su artículo "El
arte de Juan José Castro en la música contemporánea", Juan F. Giacobbe
afirma que Juan José Castro "recibió casi por herencia sanguínea el
ideal equilibrado y maduro, inteligente e inconfundible del Socialismo
Francés" (Revista ARS, XXIX, 109, 1962, snp).
Los hechos políticos internos
El Grupo Renovación inicia sus
actividades a fines de 1929. La primera temporada completa de
actividades de este conjunto de jóvenes que introducen las vanguardias
en el campo musical coincide prácticamente con el primero de la larga
serie de golpes de estado de la historia nacional, el 6 de setiembre de
1930. La vanguardia estética convive entonces con la regresión política.
Los años 30, la "década infame", con su nutrida sucesión de gobernantes
militares y civiles, estarán signados por el fraude electoral, la
censura, la persecución de intelectuales, el auge de los cada vez más
activos y virulentos nacionalismos de derecha apoyados por amplios
sectores de la iglesia -exacerbados por el Congreso Eucarístico de 1934
(Ciria, 1990:176)-, el crecimiento del antisemitismo y la xenofobia, el
apoyo decidido al modelo corporativo mussoliniano y luego al Eje. En
este contexto se producen los hechos y los posicionamientos de los que
hablamos precedentemente. En el campo intelectual convergen aquellos
que, desde el liberalismo o desde el amplio y contradictorio abanico de
la izquierda, defienden los principios democráticos [16].
A este sector pertenecen los músicos más representativos del Grupo
Renovación. Sus actitudes individuales se oponen, inorgánicamente, a las
políticas regresivas del momento, y generan alianzas muy dinámicas con
otras franjas del espectro ideológico del momento. Resulta significativo
el hecho de que tanto el Grupo Renovación como, sobre todo, los
Conciertos de la Nueva Música iniciados por Paz en 1937, presentaran sus
audiciones en el Teatro del Pueblo, inaugurado en 1933 por Leónidas
Barletta, enrolado en las propuestas de un arte comprometido, forjado en
los debates estéticos y sociales de los 20, como los ocurridos con la
revista Claridad en la que participa (King: 42; cf. igualmente
Luis A. Romero, 1998: 111). Paz escribe asimismo, a fines de los 30, en
Conducta, revista de Barletta que King califica de "izquierda
liberal" (Ibid.:159).
Uno de los pocos hechos documentados que
confirman la toma de posición de nuestros músicos es lo ocurrido con
Juan José Castro. Luego de la revolución del 4 de junio de 1943,
promovida por el profascista GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que
integraba Perón, se instaura una "dictadura militar profundamente
antipopular, [que] echó las bases de un régimen totalitario,
especialmente después de la eliminación de los últimos moderados, a
mediados de octubre de 1943... Se trabó la actividad de los partidos
políticos, de los gremios, de las universidades y simultáneamente se
estableció la obligatoriedad de la enseñanza religiosa, por obra del
ministro de Instrucción Pública, Gustavo Martínez Zuviría" (José L.
Romero: 250), el novelista antisemita conocido como Hugo Wast (Potash,
1994: 322). Castro firma una declaración de intelectuales, contra el
gabinete de Ramírez, en apoyo de la democracia y solidaridad americana (Arizaga:
66). El documento exige una "solución fundamental... (expresada) en los
siguientes términos: democracia efectiva por medio de la fiel aplicación
de todas las prescripciones de la Constitución Nacional y solidaridad
americana por el leal cumplimiento de los compromisos internacionales
firmados por los representantes del país. La Argentina no puede ni debe
vivir al margen de su Constitución y aislada o alejada de los pueblos
hermanos de América y de los que en el mundo luchan por la democracia" (La
Prensa, 15/10/1943: 6), y convoca a hacer llegar adhesiones a los
firmantes [17]. Como consecuencia de ello, Castro es
cesanteado en sus cargos en el Teatro Colón y el Conservatorio Nacional
de Música (Arizaga: 67). En 1945 se le ofrece reintegrarlo a sus
cátedras, a lo cual responde: "He seguido sustentando, y cada vez con
más bríos, esos mismos principios [del manifiesto de 1943] que me
valieron por parte del Gobierno de la Nación el calificativo de 'falto
de lealtad para con el país'... ¿Cómo podría admitirse la monstruosa
facultad del Poder de agraviar arbitrariamente a los ciudadanos cuya
protección y defensa le está precisamente encomendada? Por ello, y
porque entiendo que nuestro alejamiento de la cátedra –ahora voluntario-
significa una constante protesta por el agravio inferido a la ciudadanía
en aquella ocasión, así como expresa un constante anhelo por el
restablecimiento de la normalidad institucional, he resuelto no
reintegrarme a mi cargo" (Id). En ese año, en ese contexto, compone una
Marcha de la Constitución, con letra de Cupertino del Campo, otro
firmante del manifiesto del 43. Sus dificultades se acrecientan
progresivamente, hasta llegar, durante el primer gobierno de Perón a una
situación insostenible, comparable a la que afrontan los directivos de
Sur. Emigra a Montevideo en 1948.
En 1945, Alberto Ginastera, exonerado de
su cátedra en el Liceo Militar por firmar un manifiesto democrático, y
en coincidencia con la obtención de la beca Guggenheim, se radica en
Estados Unidos (Suárez Urtubey, 1972: 99).
Nacionalismos, universalismos: algunas
claves
Más allá de la evaluación superadora y
crítica que pueda efectuarse hoy, el debate nacionalismo/universalismo
fue un tópico persistente en el campo cultural argentino. Los mismos
actores sociales lo conceptualizan en esos términos, y adquiere
contornos particulares y significativos en la época que nos ocupa.
El nacionalismo al que es posible
adscribir la estética de Alberto Williams coincide con el suscitado por
el Centenario: una construcción de ingeniería social dirigida a unificar
a las masas de inmigrantes recientes tras la idea de nación, en la que
incide fuertemente la educación pública obligatoria que distribuye
igualitariamente los signos aglutinantes de la nacionalidad (Plesch,
1996). En esa empresa colabora la música; a ella corresponde el credo
estético de Williams y de muchos de los compositores agrupados en la
Sociedad Nacional de Música, fundada en 1915. Este núcleo ideológico
inaugural se diversifica a partir de los años 20, en sincronía con los
cambios internacionales. En un capítulo de su Historia política de la
Argentina contemporánea, significativamente titulado "De la
tradición republicana a la tradición nacionalista" dicen Carlos Floria y
César García Belsunce, refiriéndose al período que nos ocupa: "El
nacionalismo prevaleciente sería antiliberal en los años del nuevo siglo
como había sido liberal en el siglo anterior, porque se presenta como
una ideología envolvente que abraza la ideología militante de cada
tiempo" (Floria y G. Belsunce:117). El nacionalismo antiliberal
creciente desde los 20 se nutre de las ideas de Lugones, de la
restauración católica, de Charles Maurras, León Bloy, Charles Péguy,
Giovanni Papini, del corporativismo mussoliniano, del hispanismo
antirrepublicano (Ibid: 118-119; Ciria: 190-194) y de "la soberbia
wagneriana de
Hitler"
(José Luis Romero: 241) Hubo sin duda, en el plano internacional y en el
período que analizamos, como lo demuestra Hobsbawm (1992:156), un
nacionalismo o patriotismo antifascista, de izquierda, en el que no nos
detendremos aquí por no vislumbrar, por el momento, su presencia o
incidencia en el ámbito musical local.
Visto todo lo anterior desde la
perspectiva de los actores intelectuales formados en las tradiciones
liberales o anarquizantes, enrolados en las vanguardias, resulta clara
la oposición violenta a todo tipo de expresión de nacionalismo musical
en Juan Carlos Paz, o la mirada desconfiada y divergente en Juan José
Castro.
Paz denuncia incesantemente la
inconsistencia conceptual y estética del nacionalismo musical argentino
y sus soportes periodísticos influyentes, como Gastón Talamón
[18]; rechaza la falta de profesionalismo y la
deficiente calidad técnica de innumerables composiciones folclorizantes,
desenmascara la inflación del contenido y el sentimentalismo que opera
en la adhesión acrítica de los públicos. Daniel Devoto, activista de la
Agrupación Nueva Música, habla en 1947 incluso de "tanto yuyo político
como suele crecer a la sombra de lo ´nacional´" (Devoto, 1950:117). En
estas actitudes pueden leerse distintas tramas. Por un lado, la de las
disputas por el espacio simbólico de legitimidad en el campo,
hegemonizado por la Sociedad Nacional de Música. Por otro, las
tendencias hostiles a la modernidad y las vanguardias que anidan en el
nacionalismo musical institucionalizado. Pero quizás, detrás de todo
ello pueda leerse la resistencia al nuevo discurso nacionalista, a la
apropiación que el mismo intenta de la legitimidad cultural, a través de
la construcción de subjetividades grupales mediante la identificación
emocional. La opción neoclásica –provisoria o persistente- de varios de
los integrantes del Grupo Renovación [19], por lo
que ella conlleva de objetivismo, antisentimentalidad, abstracción,
distanciamiento, autorreflexividad, incluso de paradójica modernidad,
puede entenderse como oposición al nacionalismo romántico y gauchesco
que cultivan las óperas nacionalistas contemporáneas. Su paradigma,
El matrero, es estrenada con gran suceso precisamente en 1929, año
de creación del Grupo Renovación, y representada, en los nueve años
posteriores a su estreno, 39 veces en el Colón y su anfiteatro, y 48
veces en las provincias (Boero de Izeta, 1978: 89-90)
[20].
En 1936, Paz celebra el retour à Bach
operado en Stravinsky y en Schoenberg "como recurso supremo de
concreción, orden y mesura, y, más que todo ello, de abstracción, luego
de haber rebalsado el nivel de las posibilidades actuales en cuanto a
sugestión extramusical, sensualismo hiperestesiado, megalomaníaca
presunción y excesos de literatura" (Paz, 1936:77). Su asunción de la
dodecafonía no hace sino intensificar el enfrentamiento con el
nacionalismo. Construcción emblemática del internacionalismo de
entreguerras, y de las vanguardias musicales preocupadas por un nuevo
orden constructivo, el método dodecafónico no solo resuelve a Paz
problemas técnicos planteados por la evolución de su propio lenguaje: le
garantiza quedar en las antípodas del nacionalismo, musical y político
[21]. La militancia dodecafónica de Nueva Música es
también, indirectamente, una opción política; el nacionalismo está allí
inscripto por ausencia. La Segunda composición dodecafónica de
Paz, de 1934-35 -haciendo abstracción de la direccionalidad social de
los géneros- ofendería sin duda al público de Boero: su "oyente
implícito" (Cadenbach, 1991) es radicalmente otro; tanto, que casi no
existe. Deberá construirlo en su propia acción de difusión con Nueva
Música.
La cruzada de Paz guarda puntos de
contacto evidentes con la de Koellreutter en Brasil. En lo contextual,
la dictadura de
Getúlio Vargas coincide parcialmente con la década infame argentina.
Pero existe al menos una diferencia notable: Paz contiene el poder
convulsivo del dodecafonismo y otras técnicas de punta en el ámbito
estético, desde el cual dispara sus sentidos hacia el "exterior";
Koellreutter los entiende como segmento estético de la revolución
social, y así lo expone en el debate público (Paraskevaídis, 1985; Kater,
2001).
Sin embargo, el trato con los elementos
de las músicas locales prosigue, de manera por cierto muy distinta, en
compositores del Grupo Renovación. Interesa observar cómo se presenta en
Juan José Castro. Critica a los compositores cuyo "error no está en
hacer música argentina, sino en creer que la hacen. No surgirá una obra
argentina... esencialmente argentina en todos sus elementos,...
trabajosamente buscados...., con un profundo sentir argentino como
brújula, y con una modesta esperanza como meta, mientras el compositor
no se decida a dar descanso a esos personajes que cantan sus vicisitudes
con los documentos argentinos en la mano (libreta de enrolamiento o
zamba, tanto da) pero que denuncian a cada paso que se han criado fuera
del país.." (Cit. en García Muñoz, 1996:20-21). Afirma en 1945 que "hay
un largo y humilde trabajo que cumplir y una penosa búsqueda por
realizar sin abusar del socorrido recurso del folklore. El acento
auténtico estará en cada nota, en cada palabra o pincelada, si el
proceso interior está maduro. Lo demás será disfraz. No se debe temer al
´europeísmo´ y hay que aprender el oficio a fondo. No llamemos intuición
a la ignorancia..." (Ibid.:21). Propósitos similares se encuentran en
los textos de Devoto de la misma época. Castro pone en primer lugar la
técnica como mediación entre los materiales, su tratamiento, y el
estilo. La identidad surgirá como consecuencia de ese proceso reflexivo
y profundo, que incluye los saberes, las búsquedas, los reconocimientos.
En las obras en que utiliza respetuosamente referencias locales,
procesadas con frecuencia en el prisma discreto de recursos derivados de
Stravinsky y de la modernidad neoclásica, escuchamos, ante todo, la
maestría compositiva: su eficacia integra aquellos materiales en una
unidad superior [22]. Sus conocidos Tangos
(1941) dan prueba de ello. La referencia a Europa se incluye, una vez
más, en el programa global de Sur, donde se produce "la nueva
formulación de una vieja disputa, la de la doble relación con lo
nacional y con Europa" (Gramuglio, 1983:9). Hoy diríamos que se trata de
la construcción de una identidad dialógica [23],
aunque parezca un oxímoron o una paradoja. Por otra parte, de manera
comparable a lo que ocurre en otros sectores del campo intelectual desde
los 20, según el agudo análisis de Beatriz Sarlo, también los jóvenes
compositores integran los contenidos nacionales a la vanguardia; así,
los "ideologemas nacionalistas (se) procesan desde la perspectiva de 'lo
nuevo'" (Sarlo, 1988: 98). Como afirma Graciela Montaldo en su brillante
estudio sobre el campo como inspiración para los escritores argentinos
del siglo XX, hay un "residuo rural" (Montaldo, 1993:11) que persiste en
la intelectualidad argentina, que no tiene "una voluntad representativa,
y sin embargo busca (n) en la historia parte de sus archivos y
materiales" (Ibid.:12). Marcha "en la dirección contraria a la
reivindicación tradicionalista del pasado", y "sin abandonar su vocación
moderna aún sigue tratando de darle forma a muchas de las cuestiones de
su tradición y su pasado" (Ibid.:14). Desde este punto de vista, las
incursiones en las músicas tradicionales de compositores como Castro,
pertenecen a un registro conceptual y estético a la vez solidario y
diferenciado del primer nacionalismo. Según las conceptualizaciones
vigentes sobre los nacionalismos, diríamos que la visión de Castro
implica una flexión del nacionalismo cultural hacia un nacionalismo
cívico, voluntarista, racional, liberal, típico de las clases medias, no
nostálgico, mirando hacia el futuro (Brown, 1999:281 y ssgg.)
[24].
Una obra emblemática en este sentido es
su Cantata Martín Fierro, compuesta en 1944 y estrenada en 1948,
en plena época de los renovados debates y estudios del texto de
Hernández (Cf. Sarlo y Gramuglio, 1980). Muerte y transfiguración
de Martín Fierro, de Martínez Estrada, se publica precisamente en
1948; el artículo Lo genuino en el estilo del Martín Fierro, de
Carlos Alberto Leumann aparece en La Prensa el mismo día en que
se anuncian las cesantías antes mencionadas (La Prensa,
17/10/1943, sección segunda). "Al gaucho Martín Fierro" dedicará Castro
también sus Corales Criollos N°1 (1947). Refiriéndose a la
situación de Castro en Argentina en el momento del estreno de la
Cantata, Arizaga anota –sin mencionar la fuente-: "Los profesores de
orquesta temían castigos y represalias si actuaban con él y comenzaron a
abrirse... hubo que preparar el coro de hombres en Montevideo y el de
mujeres formarlo en Buenos Aires..." (Arizaga:69) Esto determina el
exilio del compositor. En las desdichas de Martín Fierro, evocadas en
tonos severos y sombríos en la Cantata, Castro parece proyectar
las del país en esa hora, y las suyas propias, expresadas en poemas que
escribe poco después en Montevideo (Revista ARS, XXIX, N° 109,
1962, snp):
"Qué canto no cantara mi garganta
si pudiera llegar a mis hermanos
-dormidos o engañados-, despertarlos,
y compartir su culpa y su desgracia.
.....
Quiero volver a ti,
A buscar mi dolor, que hoy me prodigas,
Para poder vivir fuera de ti con algo tuyo.
......
La flor entristecida de tu aliento,
el pulsar de tu vida sofocado,
la luz –la verdadera- oscurecida,
me muestran tu dolor y tu tormento."
Castro renueva así la tradición del
exilio montevideano del siglo pasado, en situaciones que admiten, con
reservas obvias, algunos paralelos: de un lado, el peronismo buscaba su
legitimación histórica en Rosas –cuya revaloración comienza
efectivamente ya en los 20 (Luis A. Romero:106)- del otro, un segmento
significativo de los intelectuales seguían inscriptos en distintas
versiones del liberalismo.
Sin actos heroicos, en una tradición de
mediación, desconfianza y distanciamiento con respecto a las prácticas
políticas, los elementos que venimos de considerar intentan esbozar
algunas vías interpretativas para una historia que no libra fácilmente
sus significados.
Notas
[1] Apuntamos aquí unas
pocas precisiones metodológicas. Para el tema y el período aquí
considerado necesitamos bases fácticas, dispersas en fuentes de
distintas naturaleza, que sostengan y legitimen las conclusiones
ensayadas, lo que explica la acumulación de datos de la primera parte.
No es éste el lugar para desarrollar una teoría general sobre la
compleja relación música-política, o, de modo más general,
estética-política. Lejos de cualquier determinismo, y partiendo del
carácter tenso, prismático, discontinuo de los vínculos entre ambos
términos, proponemos aquí una posible articulación de las situaciones
contextuales, los posicionamientos personales y grupales, y su
inscripción en la producción musical local de la época.
[2] Lo que sigue es una
selección y síntesis de las relaciones de Victoria Ocampo con la música,
que abordamos más extensamente en otro trabajo, de próxima publicación.
Además de las numerosas entradas en sus Testimonios y su
Autobiografía, Ocampo se refiere a estos temas en una entrevista que
contesta por escrito, con inocultable desgano, en 1970, a Rodolfo
Quintana (Quintana, 1980). Agradecemos a Leandro Donozo esta indicación
bibliográfica.
[3] Recordemos la
presencia del jazz como paradigma de modernidad en la época, presente en
Stravinsky y en numerosos compositores europeos de los 20. Aquí, por
citar solo dos ejemplos, Paz compone sus Tres movimientos de jazz en
1932; Castro, Negro triste en 1935-37.
[4] En su número 19, de
1936, Sur publica el texto de André Gide, en edición bilingüe,
sobre el cual Stravinsky compone su obra (King, 1989:101). La traducción
fue encargada por Ocampo a Borges; Sur la regaló al Teatro Colón
para repartirla con los programas (Ocampo, 1977:249). Victoria repite
Perséphone con el autor en Rio, y luego en el Maggio Musicale
Fiorentino en 1939 (Ibid.:250-251), a pesar de la poca simpatía que
Mussolini le suscitara en la entrevista que había tenido con él, junto a
Mallea, en 1934, y de las recriminaciones de Coco Chanel, cuando le
confecciona el vestido que usará en la representación florentina (Ibid.:124).
No puede cumplir con las invitaciones para volver a ejecutarla en Italia
y en USA en 1954 porque las autoridades argentinas le impiden obtener
pasaporte (Ibid:251.).
[5] Un antecedente de
las futuras relaciones de Stravinsky con Argentina podría señalarse en
un proyecto incumplido: Nijinsky, probablemente en su visita de 1917 con
los Ballets Russes, se habría interesado por el argumento de un ballet
escrito por Ricardo Güiraldes, Caá-Porá, para el cual encargaría
la música a Stravinsky, y los escenarios y figurines a Alfredo González
Garaño, según la documentación existente en el Parque Criollo y Museo
Gauchesco "R. Güiraldes" de San Antonio de Areco. Recordemos que los dos
artistas argentinos estuvieron luego en Sur, como integrante del
grupo uno, como íntimo de los fundadores y como referente homenajeado
Güiraldes.
[6] Entre 1935 y 1943,
después de Richard Strauss, es el compositor vivo extranjero más
ejecutado en Italia: diez obras suyas se representan en los mayores
teatros peninsulares en el período (Nicolodi, op. cit.:29).
Perséphone fue ejecutada en Braunschweig un día antes de la
exhibición de Entartete Musik de Düsseldorf, en 1938 (Levi, 1994:
98-101), que incluía a Stravinsky (Cf. Dümling, 1995). La conflictiva
alianza de Gide y Stravinsky en Perséphone revela las
contradicciones y la opacidad de estas cuestiones en la época (Cf. Faure,
1997:235-240), y no solo aquí. Mientras Stravinsky mantiene su
invariable posición anticomunista, Gide se encuentra entonces en su
período de mayor actividad antifascista y de adhesión al comunismo (Martin,
1971:17, lo que tampoco preocupa a Sur.
[7] Hecho que inspirara
una de las músicas más estremecedoras compuestas en América Latina: el
Homenaje a Federico García Lorca de Silvestre Revueltas (1936)
[8] García Morillo la
incluye en su estudio de la obra orquestal de Castro, y la califica de
"sentida partitura" (G. Morillo: 366). García Muñoz (1996: 11), en
cambio, la menciona como proyecto. Para los datos sobre las obras de
Juan José Castro hemos utilizado el catálogo redactado por Carmen García
Muñoz (1992).
[9] Jacob había ya
organizado una "Biblioteca de libros quemados" en París, al año
siguiente de las oprobiosas fogatas nacionalsocialistas. La empresa de
preservar las obras de la cultura destruidas fue dirigida por Thomas
Mann y André Gide (recordar los vínculos de Gide con Sur, cf.
supra, notas 4 y 6) (Nota biográfica del Argentinisches Tageblatt,
en Jacob, 1991:74).
[10] La acción de Paz
en Crítica y en Reconquista que comentamos podría
entenderse como una extensión a la esfera del debate público de la
sentencia de Marcel Schwob recurrente en los escritos del compositor
argentino para referirse a cuestiones de técnica musical: "Construye en
las diferencias, destruye en las similitudes". La contradicción como
principio vital y constructivo general...
[11] En el sentido
dramático que el término adquiere para los actores de la época: Castro
retorna triunfalmente a Argentina con la Revolución Libertadora, que
derroca un gobierno surgido de elecciones...
[12] Castro había
publicado un artículo sobre el director italiano en Sur, 11:
104-109, agosto 1935.
[13] Archivo Aharonián-Paraskevaídis,
Montevideo.
[14] Juan B. Justo
falleció el 8 de enero del mismo año
[15] Pese a lo
"patriótico" afirmado por La Nación, no hubo música argentina:
¿inexistencia de obras con capacidad simbólica fuerte, a juicio de
músicos y audiencias? ¿Lo patriótico como sinónimo de cívico, sin
vinculación explicita con "lo nacional"? ¿Internacionalismo de la
izquierda que no tematiza la cuestión de las músicas locales?
[16] Victoria Ocampo
fue incluso fundadora de Acción Argentina (1940), organización
cuyo objetivo era el combate al fascismo local (Ocampo, 1967:170; King,
1989:91)
[17] De los más de 150
firmantes, Castro, hasta donde sabemos, es el único músico. Algunos
otros nombres: Adolfo Bioy, González Garaño, Eduardo Bullrich, Roberto
Giusti, Alberto Gerchunoff, Arturo Illia, Julio Payró, Luciano Molinas,
Bernardo Houssay. Mario Bravo, Nicolás Repetto...
[18] Ver, por ejemplo,
sus críticas en La campana de palo, reproducidas en Palacio,
1995.
[19] Abordamos este
punto en la ponencia "La recepción del neoclasicismo en la música
argentina (1930-1950)", presentada en el ciclo "Lecturas musicológicas"
organizado por el Instituto de Investigación Musicológica "Carlos Vega",
Facultad de Artes y Ciencias Musicales, UCA, el 9 de agosto de 2001.
[20] Un ejemplo del
ideario musical nacionalista: en 1936 se realiza en Buenos Aires el XIV
Congreso de los PEN´s Clubs. Se agasaja a los asistentes con una velada
musical en que se representa El caballero de la rosa. Talamón se
indigna en Nosotros, y se pregunta porqué no se dieron el primer
acto de El Matrero, "sencillo cuadro de la vida pampeana", el
tercero de La novia del hereje de Pascual de Rogatis, "evocación
moderna del pasado incaico", el segundo de La ciudad roja, de
Espoile, "colorida visión del tiempo de Rosas", y La flor del Irupé,
de Gaito, "poético baile indígena" (Nosotros, Año I, 6, set.
1936, p. 118).
[21] Esta antítesis
recorre el pensamiento de la época. Sobre Valéry, autor admirado por
Paz, escribe Borges en Sur, en 1945 (cit. en King:130) "...en un
siglo que adora los caóticos ídolos de la sangre, de la tierra y de la
pasión, prefirió siempre los lúcidos placeres del pensamiento y las
secretas aventuras del orden": éstos podían adoptar la forma de las
arquitecturas ficcionales de Borges, las plásticas de Pettoruti o las
seriales de Paz...
[22] Este tratamiento
se ubicaría entonces en el proceso definido por Malena Kuss, según el
cual se opera una progresiva integración estructural profunda de los
elementos autóctonos, "con mínima retención de sus características
tradicionales y máxima transformación compositiva" (Kuss, 1998:143) que
conduce, por ejemplo, a la producción tardía de Ginastera.
[23] Formulación que
nos fue sugerida por un texto de F. Jameson, quien, después de evocar
los "tonos bajtinianos" presentes en
los estudios culturales, se pregunta si el separatismo cultural no es
una nostalgia del discurso monológico. Cf. Jameson, 1998, especialmente
88.
[24] Lo opuesto es el
nacionalismo cultural, irracional, autoritario, anclado en la narrativa
de los orígenes. La distinción estudiada y relativizada por Brown se
halla ya presente, según este autor, en teóricos 'clásicos': Herder,
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Versiones previas de este artículo fueron presentadas en las Jornadas de
Música Contemporánea de la Universidad Nacional de La Plata, 4-7 de
diciembre de 2000, y en el V Simpósio Latinoamericano de Musicologia,
Curitiba, 18-21 de enero de 2001.
Abstract
Based on the study of the national and international
political context of the period, the text deals with the positions taken
by the actors of the local cultural field and the role played by
important composers, specially those belonging to the Grupo Renovación.
From their alliances and desagreements, conceptual and ideological
affinities having influence on their aesthetical options are inferred.
The article concludes on the impact the socio-political situation of the
30s might have had in the renewals of the debate nationalism/universalism.
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