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Horizonte Flamenco -
Con relación a los orígenes de la guitarra la
opinión de los musicólogos ha sido diversa. Se ha mantenido por
algunos especialistas que es un instrumento derivado del laúd
asirio, que a través de Persia y Arabia pasó a Europa. Otras
opiniones mantienen que la guitarra procede de la cítara romana,
de origen asirio y griego.
En cuanto a la introducción de la guitarra en la Península
Ibérica también existen diferencias de criterio. Hay tratadistas
que sostienen que la guitarra era conocida en España antes de la
invasión árabe, frente a la opinión que argumenta que la
guitarra de origen oriental penetró en Europa y pasó a nuestro
país en forma de dos corrientes simultáneas: la primera, tomando
como base la cítara romana, se convirtió en un instrumento
musical conocido con el nombre de "guitarra latina punteada". La
otra corriente, tomando como base los instrumentos árabes, dio
forma a lo que se denominó "guitarra morisca rasgueada". Juan
Ruiz describe las guitarras latina y morisca en el "Libro del
Buen Amor":
Allí sale gritando la guitarra morisca
de las voces aguda e de los puntos arisca
el corpudo laúd que tiene punto a la trisca
la guitarra latina con esos se aprisca.
Por aquella época era corriente que los propios tañedores
construyeran las vihuelas/guitarras. Se pone como ejemplo de
este hecho la contestación de "Ziryab" al califa Harum Arraxid,
cuando éste le indicó que usara el laud del maestro Ishaq-al-Mawsili.
La respuesta de "Ziryab" fue: "Tengo mi laud que yo mismo he
construido. Yo he descorchado la madera; yo he trabajado para
adelgazarla y no me gusta tener otro laud".
A "Ziryab" se le ha considerado por los estudiosos del tema
personaje fundamental en el arraigo de la guitarra en España.
Según Félix Grande, que se remite a la obra de E. Leví Provenzal
"La civilización árabe en España", "Ziryab" había nacido en
Mesopotamia en el año 789, y debido a su tez morena se le había
dado ese nombre, que significa "pájaro negro".
En su país alcanzó "Ziryab" gran notoriedad como músico, hasta
el punto de que el califa pidió a Ishaq-al-Mawsili, maestro de "Ziryab",
que el joven músico actuase para él. Tanto le agradó su música
al soberano que despertó los celos de su maestro, hasta el punto
de conseguir que "pájaro negro" se desterrase lejos de la corte;
ello le obligó a buscar fortuna en occidente y, en concreto en
Andalucía. Y nos dice E. Leví Provenzal: "Cuando Ziryab llegó a
España, en el año 822, tenía poco más de treinta años; quedose
en el pais hasta su muerte, que ocurrió en el año 857,y durante
todo ese tiempo fue el árbitro incuestionable de todas las
elegancias y el promotor de todas las modas nuevas, que
prevalecieron desde entonces, no solo en el aspecto exterior,
sino incluso en el mismo género de vida de los musulmanes
andaluces".
En su verdadera profesión, la música, "Ziryab", según nos
cuentan sus biógrafos, se mostró un renovador genial en la
patria de adopción, que lo habia acogido con tanto entusiasmo.
Creó en ella un conservatorio en el que la música andaluza,
primeramente muy semejante a la escuela oriental ilustrada por
Ishaq-al-Mawsili, fue tomando prontamente un aspecto
completamente original, cuya tradición se ha conservado por todo
el occidente musulmán. Además se le debieron diversas
invenciones técnicas, tales como, por ejemplo, la de un laud de
cinco cuerdas con el que sustituyó al laúd tetracorde, hasta
entonces el único empleado y conocido; también enseñó el uso de
un plectro hecho con garras de águila, en vez del de madera que
se acostumbraba a emplear.
A finales del siglo XV y principios del siglo XVI se inicia un
periodo en el que el desarrollo técnico en la construcción en
España de instrumentos del tipo guitarra-vihuela recibe un gran
impulso. Incluso se dictan normas reguladoras referidas a estos
instrumentos musicales, como son las Ordenanzas de Violeros de
Sevilla de 1502.
A mitad del siglo XVI ya no se hacía distinción entre guitarra
latina y morisca, sino que se unifica definitivamente el nombre
que haría famoso a este instrumento. En efecto, el P. J. Bermudo,
en su declaración de instrumentos del año 1555 la denomina
simplemente guitarra.
Desde muy antiguo existió una tradición andaluza en la
construcción de instrumentos musicales de cuerda del tipo
vihuela-guitarra. Ambos instrumentos llegaron a fusionarse a
finales del siglo XVI. La diferencia entre la vihuela y la
guitarra se encuentra en el número de cuerdas de cada
instrumento. En el siglo XVI existían guitarras con cuatro y
cinco cuerdas, mientras que la vihuela tenía cinco, seis y siete
cuerdas.
Paulatinamente la guitarra se va transformando, y puede decirse
que es en el siglo XIX cuando reúne la figura y condiciones del
instrumento musical que actualmente conocemos. La guitarra
española llegó a conocerse en el mundo entero, y los guitarreros
españoles, sobre todo andaluces, eran muy apreciados, hasta el
punto de que sus guitarras se ponían a la altura del famoso
"stradivarius", y las guitarras del modelo "Cádiz" llegaron a
anunciarse los catálogos musicales londinenses.
Tanto guitarristas como guitarreros españoles sentaron las bases
de la guitarra moderna, tanto en Europa como en América Latina,
a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
Se ha considerado a Antonio Torres Jurado (1817-1892) autor de
la transformación que se operó en la guitarra primitiva, y que
dio como resultado la guitarra española, tal como la conocemos.
Torres Jurado fue un artesano almeriense dedicado a la
construcción de guitarras que se estableció en Sevilla y que
imprimió a su modelo de guitarra una sonoridad superior al
modelo que se utilizaba en aquella época. Al citar a Torres
Jurado no se puede olvidar a un ilustre paisano y amigo suyo,
como lo fue Julián Arcas, célebre concertista de guitarra en
esos años.
Julián Arcas nació el 25 de octubre de 1832 en Villa de María
(Almería). Su padre era un buen aficionado a la guitarra. Su
inclinación musical influyó, lógicamente, en la inclinación
futura del joven Julián.
Cuando la familia Arcas se traslada a vivir a Málaga, Julián
tenia doce años y en esta ciudad continúa con los estudios de
guitarra. Y es en Málaga donde ofrece su primer concierto, a la
edad de dieciséis años, constituyendo un gran triunfo para el
joven guitarrista. Este primer éxito le facilita actuaciones a
continuación en Granada y Madrid, ciudades en las vuelve a
triunfar. A partir de estas primeras actuaciones la progresión
de triunfos en sus recitales no cesan. Tanto que sin llegar a
cumplir los veinte años se le considera un gran guitarrista.
A principio de la década de los cincuenta visita Sevilla, y este
hecho resultaría muy importante en la historia de la guitarra,
ya que se produce el primer encuentro entre Julián Arcas y
Antonio Torres Jurado, dedicado este último de forma ocasional a
la actividad de guitarrero. Sometida a la consideración de
Julián Arcas una guitarra construida por Antonio Torres el
músico le dió su aprobación más entusiasta y le animó a que se
dedicase en el futuro a la construcción de guitarras.
Nos dice a continuación Eusebio Rioja, autor de una biografía de
Julián Arcas, cuya obra seguimos en este relato: "Con el paso de
los años y gracias a los ánimos infundidos por Arcas, Antonio
Torres se convirtió en el más legendario de los guitarreros de
la historia. La amistad que surgió en aquellos momentos entre el
guitarrero y el músico se selló años después —en 1868—, cuando
Julián Arcas apadrinó los segundos esponsales de Torres".
Arcas fue un guitarrista de corte clásico que se acercó con su
arte a determinados estilos del flamenco. Se dió la
circunstancia de que apareció en el mundo de la música en un
momento en el que el arte del flamenco se encontraba en un
periodo de maduración. A veces se ha presentado a Arcas
exclusivamente como un guitarrista de música clásica y eso no
concuerda exactamente con la realidad. El maestro Otero se
refirió al músico en los términos siguientes, reconociendo su
valia como guitarrista flamenco: "Este guitarrista célebre ha
sido en su época el mejor, pues los tocaores actuales, cuando
ejecutan alguna composición a la guitarra, para que escuchen
dicen: Siguiriyas gitanas de Arcas; malagueña, jaberas o
granaína de Arcas, y casi todos los toques o falsetas llevan el
sello de Arcas".
Por la época de Arcas existió otro guitarrista que destacó en la
otra faceta fundamental del toque flamenco, cual es el
acompañamiento al cantaor. Se trata del maestro Patiño. José
Patiño González, guitarrista gaditano nacido en 1829 "centró sus
esfuerzos en conseguir que la guitarra pudiera adaptarse a los
tonos de los cataores y no al revés, como se hacia hasta
entonces".
En aquellos tiempos las posibilidades de la guitarra de
acompañamiento se veían limitadas a dos formas simples: El cante
"por arriba" (Mi) o el cante "por medio" (La). El maestro
Patiño, al inventar la cejilla, probablemente ayudado por el
cantaor Paquirri "el Guanté", abría un abanico de opciones que
posibilitaban mayor libertad de expresión artística a cantaores
y cantaoras.
¿Cuándo apareció la guitarra flamenca como acompañamiento al
cante? ¿Se inició al mismo tiempo que el cante o su iniciación
fue posterior?. Sobre este punto existen disparidad de
criterios. Como ocurre frecuentemente en el mundo flamenco, no
existen pruebas que nos conduzcan al conocimiento real de este
hecho. El criterio de A. Mairena y R. Molina niega el inicio
conjunto del cante y el toque de guitarra, en cambio Eugenio
Rioja opina lo contrario. Lo cierto es que esta unión tuvo una
gran importancia para la posterior evolución del arte flamenco.
Según Ricardo Molina y Antonio Mairena ("Mundo y Formas del
Cante Flamenco"): "la guitarra flamenca o andaluza aparece
históricamente como acompañamiento único y propio del cante
hacia mediados del siglo XIX".
Eugenio Rioja manifiesta su desacuerdo con estos autores y
afirma que, en base a las noticias más antiguas, que se refieren
al Planeta y al Fillo, en las fechas en que debió ocurrir "Un
baile en Triana" (1838), el conocido relato de Serafín Estébanez
Calderón, y la fecha en que debió ocurrir la "Asamblea General"
(1845), y teniendo en cuenta que hasta 1853, según E. Rioja, no
se ha encontrado el adjetivo "flamenco" calificando a unos
intérpretes, hecho que se realiza en el año 1865, cuando se
presentan como profesionales ante el público Siverio Franconetti,
Juan Breva y el Maestro Patiño, llega a la conclusión que el
Arte Flamenco iría apareciendo entre los años 1838 y 1865.
Por lo tanto, es también a mediados del siglo XIX cuando la
guitarra "aparece históricamente como acompañamiento único y
propio del cante". Eugenio Rioja destaca que, con anterioridad,
la guitarra acompañaba a un folklore andaluz pre flamenco, que
es el que evolucionó hasta convertirse en Arte Flamenco. Y
concluye el autor citado: "Evidentemente no podría acompañar (la
guitarra) a un cante flamenco que no existía".
En la segunda mitad del siglo XIX, con el auge de los cafés
cantantes, el flamenco inicia un proceso que favorece
grandemente tanto al cante flamenco como al toque guitarrístico
que le sirve de acompañamiento. Así, la guitarra, que acompaña
tanto al cante como al baile, realiza una gran labor de
enriquecimiento propio que le vale para abordar posteriormente
su lugar privilegiado como guitarra solista.
Fernando el de Triana, en su conocida obra "Arte y Artistas
Flamencos" afirma: "La historia dice que el primer café cantante
establecido en Sevilla lo fue en el año 42 del siglo pasado (se
refiere al siglo XIX), en la calle de Los Lombardos". También se
refiere el mismo autor al café de Los Cagajones, establecido en
la Plaza de La Paja y el café de la calle de Triperas (hoy
Velázquez)".
Y continúa: "Estos espectáculos fueron campo de acción para
estos primeros guitarristas, ya modernizados: el maestro Patiño
y Antonio Pérez. El primero decía que la guitarra se habia hecho
"pa acompañá ar cantaó" (textual), y eso fue lo que hizo como
nadie; el segundo acompañaba muy bien al cante y
extraordinariamente bien al baile".
Así pues, el proceso de la guitarra flamenca está claro: La
guitarra flamenca o guitarra andaluza, en principio se dedicó al
acompañamiento del cante flamenco y no desarrolló su carácter
como instrumento de concierto hasta bien entrado el siglo XX.
Hasta ese momento podemos decir que este instrumento no tenía
identidad propia, ya que su único cometido era acompañar al
cante.
Desde el punto de vista técnico, la guitarra flamenca, como
instrumento de concierto se vió influida por la guitarra
clásica, y ello queda reflejado en las grabaciones de los
mejores guitarristas flamencos de aquella época.
Por otro lado existieron contadas incursiones de guitarristas
clásicos en la interpretación flamenca. En base a este hecho se
han vertido opiniones considerando la guitarra flamenca como una
derivación de la guitarra clásica frente a pareceres que no han
aceptado este proceso.
De todas formas, lo importante lo expresa con su opinión el
Maestro Don Andrés Segovia: "La guitarra es una montaña con dos
vertientes: una es la flamenca; la otra la clásica. Ambas
igualmente admirables".
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