|
- creación de conocimiento
- conciencia crítica de la sociedad
- formación de profesionales
- servicios a la comunidad
Son todas
legítimas y necesarias. Pero deben funcionar de modo integrado y
orgánico y no paralelo o estanque. Y lo que, para mí, puede integrar
armónicamente las funciones de la Universidad es que ella acepte ser el
motor intelectual del desarrollo del país.
¿Qué implica que una universidad sea el motor intelectual del
desarrollo?
Que, en primer lugar, la universidad conozca a fondo la realidad del
país, su historia, su cultura, sus recursos, su potencial, sus
limitaciones, sus aspiraciones, sus necesidades, sus problemas.
Traducido en operaciones, esto apunta a la investigación, al contacto
con la población y con las fuerzas productivas, a la organización de
bancos de datos.
Pero además de conocer la realidad, la universidad tiene que saber para
qué y cómo transformarla, para lo cual necesita poseer, como dice Xabier
Gorostiaga, "una utopía movilizadora que permita transformar los
círculos viciosos en círculos virtuosos". La universidad debe tener en
mente un modelo de desarrollo humanista y ecológico que le sirva de
brújula y misión, así como de ancla valórica para actuar como conciencia
crítica de la nación.
Conocida la realidad y hacia dónde ella debe caminar, la universidad
está en condiciones de crear el conocimiento científico y tecnológico
necesario para resolver los problemas identificados. En un país pobre
como el Paraguay, tal vez sea un lujo prematuro pretender hacer
investigación científica básica en todos los campos. Pero el ejemplo
cubano muestra que un país pobre puede concentrar sus esfuerzos en crear
conocimientos en las áreas prioritarias de su modelo de desarrollo
humanista y ecológico.
En la medida en que crea conocimientos válidos para mejorar la propia
realidad, la universidad se pone en condiciones de enfrentar la
formación de la gente capaz de trabajar en pos del desarrollo humanista
y ecológico. Esta formación se efectúa tanto en las clases y
laboratorios formales como en el trabajo en el seno de la comunidad. De
ahí que la extensión universitaria sea parte indispensable de la
formación curricular y no una especie de filantropía asistencialista que
una institución privilegiada "extiende" a una comunidad necesitada. En
el fondo, cuando la extensión universitaria está bien hecha, la
comunidad es más útil a la universidad que esta a aquella.
Como puede verse, las funciones de investigación, enseñanza y extensión
deben funcionar orgánicamente integradas, con el mismo objetivo central
que es colocar la universidad al servicio del desarrollo.
Con esto quiero decir que en el Paraguay no debería existir universidad
alguna, pública o privada, que no realice investigación, enseñanza y
extensión, y que así realice las 4 dimensiones antes mencionadas: crear
conocimiento, ser la conciencia crítica de la sociedad, formar
profesionales y prestar servicios a la comunidad.
Creo que el Paraguay debería, urgentemente, formular una legislación
capaz de asegurar que todas las universidades trabajen realmente para el
desarrollo humanista y ecológico del país. Sin ella, corremos el peligro
de que se vuelvan tradición las fábricas de diplomas con cursos en fines
de semana y otras degeneraciones posibles de la universidad.
La necesidad de una legislación que normatice la calidad de la educación
superior se ve aumentada hoy con la difusión de la llamada "educación a
distancia". Esta modalidad educativa, que aprovecha la tecnología de la
información y la comunicación para promover el aprendizaje autodidáctico
de miles de estudiantes dispersos por todo el territorio nacional, puede
producir o bien una auténtica revolución educativa o bien una
universalización de la mediocridad. Todo depende de la seriedad y la
responsabilidad con que la educación a distancia se maneja. Y esto
depende de la filosofía y la legislación que orientan a la universidad
en general.
En un país como el Paraguay, las universidades deberían participar
activa y competentemente en el planeamiento y ejecución del desarrollo
nacional. Ellas pueden aportar diagnósticos, bancos de datos, estudio de
planes y programas de otros países, sistemas de intercambio
universitario, brindar consultoría a los grandes organismos de
desarrollo, etc. Podrían hacerse cargo de la evaluación continuada de
los efectos de los programas de desarrollo, como es el caso de una
facultad inglesa de agronomía contratada por el Ministerio de
Agricultura inglés para evaluar los efectos de las medidas de política
agrícola.
Estamos a tiempo para echar una ojeada crítica pero constructiva a la
situación y perspectivas de nuestras universidades. Ellas mismas
deberían estar interesadas en este autodiagnóstico. No creo que a sus
dirigentes les guste escuchar las respuestas que la población
probablemente dará a la pregunta: "¿Para qué sirven las universidades?"
Tengo mucho miedo que la respuesta predominante sea: "Las universidades
sirven para sacar un diploma y ganar dinero. Nada más".
|