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Robelito
En este trabajo, se utiliza la teoría del caos para analizar y
comprender la situación
del sistema universitario mexicano a partir de 1970 hasta la
actualidad. La teoría de los sistemas complejos o teoría del caos
originalmente usada en física, está extendiendo sus aplicaciones a
la literatura, la antropología y la sociología. Aparentemente, se
usa ahora por primera vez para el estudio de una parte del sistema
educativo. Especialmente adecuada para este fin, permite observar
desde esta novedosa perspectiva el acelerado crecimiento de nuestras
universidades, la expansión
de su matrícula, la aparición de nuevas carreras, la planeación
ficticia hecha por las autoridades, la creciente complejidad del
sistema universitario causada por la aparición de nuevos actores,
instituciones y leyes en un marco de restricción presupuestal.
Marco
contextual y definiciones fundamentales
En el
presente trabajo es importante delimitar el alcance de algunos términos
para esclarecer el uso que pretendo darles y, de esta manera acotar
sus límites. Me interesa aplicar la teoría del caos a la comprensión
de los fenómenos y problemas surgidos del sistema de la educación
superior en México a causa de la necesidad de examinarlo bajo una
nueva perspectiva, que aproveche los aportes hechos por mis
profesores, grandes expertos en la materia, pero que no se detenga
en la enumeración o repetición de sus logros investigativos.
El estudio de
los sistemas complejos ha sido abordado con mucho éxito por la
perspectiva del caos; un sistema
es "cualquier porción de la realidad elegida para su
estudio", mientras que sistema
complejo es un concepto que se aplica a todos los "sistemas
dinámicos y abiertos" (Blanck - Cereijido y Cereijido, 1997,
p. 30).
Aplicado a mi
objeto de estudio, el sistema de las instituciones de educación
superior en México, se refiere al "conglomerado de
instituciones que tienen en común realizar alguna tarea de las
correspondientes a la educación superior" (Taborga y Hanel
1995, p. 7).
El sistema de IES
está conformado "por tres subsistemas dispares y distintos en
sus objetivos de creación, finalidades, organización, líneas de
dependencia, cobertura y ámbito de sus funciones. Estos subsistemas
corresponden a las universidades, a los tecnológicos y a las
normales, que a su vez se subdividen en públicos y en
privados..." (Taborga y Hanel 1995, p. 17).
La realidad
del sistema de educación superior se hace aún más compleja por
estar condicionada por el desarrollo, demandas y presiones del ámbito
macrosocial en que se desenvuelve. Por tanto, tres factores de
encuadre consubstanciales con la realidad social mexicana contemporánea
son: a) el territorio, b) la población, y c) la infraestructura física,
al tiempo que los dos fenómenos producidos por la política económica
y social han sido la industrialización y la urbanización.
Gracias al
proyecto político resultante de la Revolución Mexicana, los tres
factores de encuadre mencionados antes, se han combinado de
diferente manera en el tiempo, relacionándose con las diversas
estrategias de política económica que asumieron los diferentes
gobiernos.
La Constitución
de 1917 estableció dos premisas fundamentales del modelo político
mexicano: a) entre el desarrollo económico y el desarrollo social
debe existir equilibrio e influencia mutua, de tal manera que el uno
promueva y apoye el crecimiento del otro; b) que el desarrollo económico
es un instrumento de justicia social y ésta un medio para
distribuir entre la población los bienes y servicios materiales y
culturales a fin de elevar en forma racional y consecuente los
niveles de vida, (Taborga y Hanel, 1995, p. 10).
Los factores
de encuadre fueron determinantes de la siguiente manera: el
territorio amplio facilitó las tendencias centrífugas de los asentamientos
humanos, entorpeció el vínculo urbano-rural, elevó el costo de
los servicios y frenó el sentido de cohesión nacional.
En la educación
superior, este factor se reflejó en el desarrollo no articulado de
las instituciones de tercer nivel, en su aislamiento, en la
heterogeneidad de la demanda para los estudios de licenciatura, en
la falta de coordinación entre instituciones y en la duplicidad de
carreras, programas y proyectos.
El factor
población ha tenido un fuerte impacto en las IES, por la alta y
sostenida tasa de nacimientos y el predominio de niños y jóvenes
así como la concentración en las capitales de los Estados y en la
capital federal. "La población comprendida en el grupo de
edades entre los 20 y 24 años (demanda teórica) de la que surge la
demanda de estudios de licenciatura (demanda real), pasó de 6.1
millones en 1980 a 7.8 en 1990. Se prevé que el año 2000 alcance
9.9 millones" (Taborga y Hanel, 1995, p. 1l).
El crecimiento
poblacional combinado con la cada vez mayor satisfacción de la
demanda educativa en los niveles básico y medio, permitieron que
entre 1977 y 1994 la matrícula de licenciatura creciera en un 45%,
pasando de 579 372 alumnos a un millón ciento ochenta y tres mil
ciento cincuentiuno (Taborga y Hanel, 1995, p. 1l).
La falta de
desarrollo de la infraestructura física en algunas regiones del país
motivó desequilibrios estatales y regionales, falta de coordinación
institucional, escasa planeación nacional, así como limitantes en
la difusión cultural y la extensión de los servicios.
La política económica
de los diferentes gobiernos nacionales ha sido variantes estratégicas
de desarrollo sobre el tema básico de respeto a las formas de
propiedad privada, que han generado la
urbanización correlacionada
con el desarrollo económico, la modernización social y política,
así como la industrialización
conseguida con el modelo de substitución de importaciones que
se implantó desde la década de los años treinta y permitió un
impresionante crecimiento del sector industrial privado, de
servicios y petrolero, el cual dio muestras de agotamiento a
mediados de la década de los años ochenta, por lo que a partir de
1985 se impulso un modelo económico modernizador, llamado por el
presidente Salinas "modelo de liberalismo social" (Salinas
de Gortari, 4 de marzo de 1992) y por sus críticos "modelo
neoliberal" (Aguilar, diciembre de 1989,p.3). Esta nueva versión
del capitalismo mexicano tiende a una mayor eficacia y
competitividad en el contexto mundial de globalización y
complementación económica.
En lenguaje
coloquial, caos es sinónimo de desorden; sin embargo, para la
ciencia, el caos es una forma superior de orden. Algunos teóricos
del caos lo imaginan como un vacío del que puede emerger algo (Prigogine
y Stengers, en Hayles, 1998, 123), mientras otros lo observan como
una compleja configuración dentro de la cual el orden está implícitamente
codificado (Shanon en Hayles, 1998). El caos se caracteriza por la
no linealidad de sus manifestaciones, las grandes consecuencias de
causas minúsculas, la importancia de la escala, las diferencias
cualitativas entre los procesos lineales y los complejos, las simetrías
recursivas entre los niveles de escala, las cuales mediante el
procedimiento de iterar una función o usar los resultados de un cálculo
como comienzo del siguiente pueden producir fractales, o imágenes
mayores o menores que la original pero de estructura similar.
Los sistemas
verdaderamente caóticos son deterministas e impredecibles, lo que
significa que pueden ser generados siguiendo leyes determinadas,
pero que nunca podernos estar seguros de lo que resultará de su
aplicación. Todos los sistemas caóticos poseen mecanismos de
retroalimentación que crean circuitos en los que la salida revierte
hacia el sistema como entrada. Los teóricos del caos lo consideran
el motor "que impulsa un sistema hacia un tipo de orden más
complejo. Les gusta el caos porque hace posible el orden" (Hayles,
1998, p. 44). Shaw cree que el caos es la fuente de toda nueva
información en el mundo, porque en la naturaleza los sistemas caóticos
son mucho más abundantes que los ordenados, aseguran la variedad y
riqueza de nuestra experiencia y limitan severamente nuestra
capacidad predictiva (Hayles, 1998, p. 204).
Considero que todas
estas características pueden aplicarse sin mucho esfuerzo al
sistema de educación superior en México, pues no existen en él
modificaciones de tipo causa-efecto, todas sus transformaciones son
no lineales, causas minúsculas le producen grandes consecuencias
como puede observarse en los movimientos sindicales, donde a veces
las quejas de las secretarias acerca de la calidad del café o la
falta de tacto de sus jefes para tratarlas pueden llevar a paros o
huelgas más o menos prolongadas; las universidades son de
diferentes tamaños, pasando desde las más pequeñas de menos de
quinientos alumnos hasta las de más de cuarenta mil, por lo que
también en ellas la escala es muy importante; el sistema de la
educación superior en México es muy determinista, porque está
reglamentado con una legislación minuciosa, pero es impredecible
porque no podemos calcular, ni siquiera aproximadamente los
desarrollos futuros de las instituciones; las IES también practican
mucho la endogamia, contratando a sus egresados como profesores o
empleados por lo que podríamos decir que son mecanismos que se
retroalimentan. Las IES son fractales porque han reproducido uno o
dos esquemas básicos a diferente escala y en diferentes momentos
una y otra vez hasta el cansancio: el modelo de universidad con
escuelas, facultades, institutos y centros de investigación; y el
modelo departamental con áreas, divisiones y unidades regidas por
una administración centralizada.
Un sistema caótico
tiene, entre otras muchas de sus características positivas, la de
generar variedades que a los organismos biológicos les permite la
supervivencia, mientras que un sistema de régimen periódico o
regular produce confiabilidad y estabilidad, lo que puede conducir
directo a la muerte por falta de capacidades adaptativas (Braun
1996,pp.100-101 y 123). Por lo que se refiere a las IES, su carácter
caótico les ha permitido sobrevivir, adaptándose a las
transformaciones de los tiempos, así como a las cambiantes políticas
de las diferentes administraciones.
No obstante, que el
comportamiento de un sistema parezca regular y ordenado por un
determinado período de tiempo, puede manifestarse caótico en un
plazo mayor, mostrando algunas características erráticas.
"...el caos parece estar en todos lados: en la columna de humo
de un cigarrillo, en el clima, en el movimiento de los automóviles,
en las avenidas de alta velocidad, en los seguros, en la teoría política,
en la astronomía. El caos ha eliminado barreras y fronteras entre
disciplinas. El caos es una ciencia de la naturaleza global de los
sistemas (Braun, 1996, p. 154).
La definición técnica
del caos nos señala que su evolución es impredecible debido a la
sensibilidad del proceso a las
condiciones iniciales, por lo que la
manera más rápida de conocerlo es
observando como prosigue su dinámica (Schiffer, 1996,p.40).De
este modo, podemos evaluar que tan predecible es un sistema, cada
cuanto podemos hacer predicciones, que desviaciones podemos esperar
alrededor de cierto valor promedio y cuál será el comportamiento
del sistema para cierto período. Además, podemos aprender a
dirigir un sistema utilizando sus facultades de auto-organización,
al tiempo que ajustamos los criterios adecuados de control (Schiffer,
1996,p.103), como ya lo hace la ANUIES con las IES.
En la física de
los fractales, un atractor es el punto de una órbita que parece
atraer hacia sí al sistema. Un péndulo tiene un atractor de punto
fijo porque termina por detenerse siempre en el punto medio de su
período. Para las IES su atractor sería la SESIC de la SEP y la
ANUIES.
Por otra parte, un
atractor extraño es un punto externo al proceso hacia el cual todas
las variantes parecen tender, lo que aplicado a nuestro sistema de
educación superior, podría equivaler a los modelos universitarios
extranjeros y recomendaciones de política educativa elaboradas por
agencias internacionales, con base en la idea de que la globalización
de los procesos productivos y económicos nos obliga a
modernizarnos, copiando en la medida de lo posible las propuestas
del extranjero.
El concepto de
estructura nació en el siglo XVI en referencia a
la construcción de edificios, y se empezó a usar para denotar
las relaciones entre las partes de un todo; se usaba en ese sentido
en los estudios anatómicos que empezaban a florecer y pasó a las
ciencias sociales por el empleo de analogías orgánicas entre los
analistas políticos.
En 1858, Spencer
asoció los términos "estructura" y "función"
prolongando la imagen orgánica; Marx habló también de estructura
pero empleó la metáfora de un edificio y no la
de un organismo, aunque su noción no aparece claramente
diferenciada de otros conceptos.
Un profesor de Yale
en 1955, Murdock, sostuvo que en vez de insistir en el aspecto
"estructura" se debe acentuar el de "proceso";
Vogt afirmó en 1960 que la palabra "estructura" es un
concepto estático de los antropólogos ingleses, mientras que la
palabra "proceso" es un concepto dinámico inventado por
los científicos norteamericanos. Aquí usaré ambas palabras
correlacionándolas para que funcionen en el sentido inglés y en el
norteamericano al mismo tiempo.
Desarrollaré mi
trabajo en los siguientes cuatro capítulos para intentar la
demostración de mis propuestas tomando como ejemplo el sistema
nacional de educación superior y correlacionándolo con cuatro
proposiciones o normas fundamentales de la teoría del caos, que
enumero y servirán como título de los siguientes apartados:
1.-
Los sistemas complejos, sujetos al comportamiento caótico están
formados por un número muy grande de componentes y son muy heterogéneos.
2.-
Una misma causa puede provocar multitud de efectos; un parámetro
puede estar afectado por múltiples causas y sus procesos no son
lineales.
3.-
Las estructuras son configuraciones pasajeras que adoptan los
procesos.
4.-
Los procesos interaccionan fuertemente con el medio y se mantienen
apostados al borde de las crisis en las que finalmente se
precipitan. (Black-Cereijido y Cereijido, 1997, pp. 130 y 131).
Brunner informa que
durante la época colonial se fundaron en la región diez
universidades cada cien años, de las cuales desapareció una cuarta
parte antes de 1825; en los siguientes ciento veinticinco años se
consolidaron cincuenta establecimientos más, para llegar a setenta
y cinco universidades a mediados del presente siglo.
Entre 1950 y 1975,
este número se multiplicó por cuatro hasta alcanzar en la última
fecha un total de 330 establecimientos, que llegaron a 400 en 1980 y
a 450 en 1985. Si se consideran no sólo las universidades, sino
todos los establecimientos post-secundarios la cifra pudo elevarse a
más de dos mil quinientas instituciones para comienzos de la década
de los noventa (Brunner, 1990, pp. 71-72).
Respecto de la matrícula
universitaria latinoamericana, observó un crecimiento paralelo al
institucional: si en 1950 había 266692 alumnos que correspondían
al 2 por ciento del grupo de edad de entre 20 y 24 años, ya para
1970 había aumentado a un millón seiscientos cuarenta mil, tres
millones seiscientos cuarenta y ocho mil en 1975, cuatro millones
ochocientos noventa y un mil en 1980, y seis millones cuatrocientos
setenta y cuatro mil en 1985 (Brunner, 1990, p. 73).
En el caso de México,
el crecimiento también fue notable, pues si en 1950 teníamos
treinta y cinco mil estudiantes de tercer nivel, diez años después
eran setenta y ocho mil, en 1970 doscientos cuarenta y siete mil
seiscientos, cerca de novecientos mil en 1980 y un millón
doscientos siete mil ochocientos en 1985 (Winkler, 1990,p.116). Tan
vertiginoso crecimiento debió echar mano de personas de las clases
medias y bajas, para lograr la popularización de la enseñanza
superior (Brunner, 1990, p. 83).
Por lo demás,
podemos considerar que era esta una tendencia mundial, pues incluso
en Estados Unidos se dice que las universidades tienen oficinas de
admisión que se comportan como los antiguos cazadores de esclavos:
"Así, la labor de los funcionarios de la oficina de admisión,
especialmente en las instituciones más débiles, ya no consiste en
rechazar a los postulantes incompetentes, sino en encontrar
suficientes cuerpos vivos para inflar el número de inscritos a toda
costa" (Williams, 1993, p. 44).
Por su parte, el
cuerpo docente latinoamericano creció hasta llegar a
quinientos veintiséis mil profesores en 1986, la mayoría de
ellos de jornada completa, con lo que se inauguró la
profesionalización docente en la década pasada (Brunner, 1990, p.
76). Centrando nuestra atención en México, el sistema educativo en
el ámbito superior incorporó mil quinientos profesores al año en
la década de los sesenta, cuatro mil trescientos para el mismo período
en los setenta y tres mil novecientos en los ochenta, en un proceso
que el maestro Rollín califica de atropellado
(Kent, 1993,p.356).
Lógicamente, el
crecimiento institucional, el de la matrícula y el de los
profesores generó también el de los empleados administrativos, técnicos
y manuales que comenzaron a agruparse en organismos gremiales para
defender políticamente sus intereses, desde la perspectiva impuesta
por la lógica del sistema: mientras más gente demostraran
controlar, mayores serían los beneficios reales o supuestos que
obtendrían para sus vasallos/agremiados: "...el 10 de
septiembre se dio a conocer que 30 sindicatos universitarios de la
FSTU, reunidos en Durango, habían acordado y ratificado la
constitución del SUNTU para el 12 de octubre de ese año (1979), y
se esperaba que contara con más de 50 000 afiliados (Villaseñor,
1988,p.139). Tantos agremiados dirigidos políticamente, es seguro
que causen disturbios en la defensa de cualquier interés
considerado válido por sus líderes.
La reproducción y
crecimiento acelerado del sistema de educación superior en México
se puede entender con mayor facilidad si la consideramos desde el
punto de vista de la teoría de los fractales. Los físicos han
observado que estructuras aparentemente muy complejas pueden
generarse de la reduplicación, translación o rotación de una
configuración simple a diferentes niveles y escalas.
Aventuro esta
explicación porque ningún trabajo sobre el tema que nos ocupa nos
señala explícitamente que se hayan construido modelos específicos
o particulares para la creación, fundación, ampliación o
crecimiento de cada una de las instituciones de educación superior
en nuestro país, sino que al parecer se partió de uno o dos
modelos básicos y se les reduplicó, trasladó y roto de diferentes
maneras, con lo que se dio lugar a un sistema complejo a
partir de formas simples o elementales. En la mayoría de las
instituciones de nivel superior de México encontramos facultades,
institutos y/o centros de investigación; O departamentos,
academias, áreas y divisiones como formas de organización académico-administrativa;
la mayoría de ella tiene consejos académicos, senados
universitarios u otra forma de mando intermedia, y casi todas tienen
rectores electos de manera directa o indirecta por los grupos que
conforman la todavía llamada "comunidad universitaria",
aunque se ha tenido cuidado de no involucrar en estos procesos a los
trabajadores y a sus agrupaciones gremiales, por considerar que nos
les corresponde intervenir en los asuntos académicos (Villaseñor,
1988).
En 1979 todavía se
pensaba dentro de las universidades, que mientras más estudiantes
tuviera una institución mayores subsidios debía recibir, por lo
que las universidades de Guerrero, Sinaloa, Puebla, y Chapingo
sufrieron y generaron graves disturbios políticos a nivel nacional
cuando presionaron a las autoridades de la SEP en busca de recursos
financieros adicionales (Villaseñor, 1988, p. 156).
La teoría del caos
nos indica que los sistemas complejos se transforman por adición,
esto es si amontonamos uno por uno los suficientes granos de arena,
llegará el momento en que se forme una duna, una playa o una montaña,
esto es que se generan cambios cualitativos a partir de agrupaciones
cuantitativas en un cierto momento del proceso.
Así, lo que sucedió
en el sistema universitario mexicano en los ochenta como producto
del crecimiento acelerado de fines de la década anterior, fue una
transformación radical e inesperada:
se consolidó la así llamada "oligarquía académica"
(Martínez Romo, 1992) nuevo, pequeño, pero importante grupo de
presión universitario que interactuó con la ANUIES y la
SEP en ladefensa de sus intereses.
Las universidades
en los sesenta y setenta cumplían supuestamente una función social
positiva y sobre la necesidad de realizarla lo más eficientemente
era que exigían recursos cada vez mayores al gobierno, pero al
crecer y hacerse cada vez más complejas perdieron su orientación
inicial y se quedaron sin objetivo y legitimidad, por lo que el
gobierno las colocó en los ochenta en un sitio inferior de la
agenda social (Kent, 1993, p. 382).
Sin legitimidad ni
orientación clara, las burocracias y los grupos dirigentes de las
universidades observaron que procesos que no controlaban,
modificaban su relación con el gobierno y los sindicatos, por lo
que "pasan a una situación de inmovilidad y confusión al
caducar velozmente las relaciones con el gobierno basadas en la
negociación incrementalista por el subsidio" (Kent, 1993, p.
383).
La heterogeneidad
de las IIES se hace
evidente al comparar no sólo a
los tres subsistemas que lo
forman (universidades, tecnológicos, normales), sino también,
a las universidades entre sí en términos de¡ número de
profesores, de alumnos, de carreras, de institutos y centros de
investigación, así como la calidad de sus productos y sus características
de desarrollo.
Quiero decir que
hay instituciones muy pequeñas para ser relevantes (como la
Universidad Latina A.C.) y otras tan grandes como la UNAM que
presentan problemas de gigantismo; lo que observarnos y confirma la
justeza de tratar este tema desde la teoría del caos es que tales
tendencias continúan: se siguen fundando instituciones pequeñas y
con poco sustento académico y económico como las universidades
tecnológicas en el sector público, y universidades de contadores y
secretarias en el sector privado. Parece que nadie se ha enterado
que expertos internacionales recomiendan universidades con matrícula
superior a cinco mil alumnos, pero menor a veinte mil (Taborga
Torrico, H. y Jorge Hanel del Valle, 1995, p. 18).
Otro factor que
contribuye a la heterogeneidad caótica y por tanto la creciente
complejidad del sistema de educación superior, es la diversidad de
modelos adoptados para la creación de IES, dentro de la tradición
mexicana ya se habla del modelo populista,
el eficientista, el modernizador, el tradicionalista y el
indefinido, claramente descritos por sus rótulos sin contar a
los modelos extranjeros que se examinan constantemente en busca de el
modelo que acierte a sacarnos del subdesarrollo; al parecer,
nuestras autoridades han recurrido incluso a los buenos oficios de
sabios expertos angloparlantes en su mayoría, que se han erigido en
su alter ego proponiendo diversas combinaciones de organización/distribución
de recursos/capacitación de personal supervisión para alcanzar a
la brevedad posible el tan ansiado desarrollo.
Por lo que respecta
a los modelos nacionales de distribución de la
autoridad en la educación superior, Clark menciona tres "básicos":
el europeo continental, el británico y el norteamericano, además
del japonés que también pueden mezclarse de diferentes maneras y
en diversas proporciones según el caso del país que intente
hacerlos suyos (Clark, 1983, p. 183).
Según Clark, en la
mayoría de los sistemas académicos europeos, la autoridad se
distribuye combinando el gremio académico con la burocracia
estatal. En las universidades, los niveles operativos muestran
fuertes dosis de autoridad personalista y un dominio colegiado de
los profesores sobre sus facultades y establecimientos; allí, no
han existido patronatos y la autoridad burocrática se localiza en
los ministerios federales como en Italia, Francia y Suecia; los
alemanes presentan un modelo federado de este patrón pues
los gobiernos regionales son los que controlan el sistema de
educación superior (Clark, 1983,p.184).
El modelo británico
de autoridad combina los gremios académicos y una modesta
influencia de los patronatos y administradores institucionales,
aunque ha evolucionado con el paso del tiempo a un sistema cada vez
más parecido al europeo continental donde se enfrentan los
intereses de los profesores y la burocracia estatal (Clark, 1983, p.
188).
La modalidad
norteamericana muestra el predominio de los patronatos y los
administradores sobre la autoridad de los académicos, fomentando el
desarrollo de una burocracia descentralizada. El modelo japonés
privado se desarrolló en estrecho contacto con el Estado y por
tanto muestra una interesante combinación de formas opuestas de
organización y autoridad: tiene patronatos, burocracias fuertes y
estructura departamental; además de que resiente las presiones
gubernamentales por mayor calidad.
Las IES públicas
de Japón se parecen a las alemanas por estar dominadas por los académicos
de mayor prestigio, y a las francesas por depender de un ministerio
nacional (Clark,1983,p.19l).
Con miras al
Tratado de Libre Comercio que se da al año siguiente, el 14 de
diciembre de 1991 se formó un consorcio transfronterizo de IES
llamado Consorcio
Interinstitucional de Educación Superior Fronterizo, con la
intención de promover el desarrollo de la
docencia, la investigación y la extensión de servicios,
fomentando los intercambios de personas, información e
infraestructuras.
Las instituciones
firmantes del lado mexicano fueron la Universidad Pedagógica
Nacional, la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar, la
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, El Colegio de la Frontera
Norte, la Universidad Autónoma de Chihuahua, el Instituto Tecnológico
de Ciudad Juárez y el ITESM Campus Ciudad Juárez (El Universal, 14
de diciembre de 1991).
Las reformas al Artículo
Tercero Constitucional hechas a finales de la administración
salinista con todo el apoyo del Secretario de Educación Ernesto
Zedillo se interpretaron, al menos parcialmente, como una de las
muestras de buena voluntad política de nuestro gobierno para que el
Tratado de Libre Comercio saliera adelante sin incongruencias
legales del lado mexicano; así, en la liberalización de la educación
privada, algunos analistas observaron la cancelación de una
salvaguarda - el monopolio educativo del Estado mexicano- que
evitaba un trato discriminatorio hacia empresas privadas de Norteamérica
(Aboites, El Cotidiano 55, junio
de 1993).
La complejidad
creciente de nuestro sistema de educación superior aumenta con las
instituciones extranjeras que ya se están asentando en el
territorio nacional con el apoyo político y financiero de
personalidades mexicanos como sucede con el Endicott College de
Boston Massachusetts, que inauguró una sucursal en la Ciudad de México
en abril de 1996, cuando inició sus operaciones impartiendo "únicamente"
cuarenta licenciaturas con una matrícula muy restringida. El ex
gobernador del Estado de México Ignacio Pichardo Pagaza forma parte
de su Consejo Directivo (El Financiero, 18 de abril de 1996, p.34).
2.
- Una misma causa puede provocar multitud de efectos; un parámetro
puede estar afectado por múltiples causas y sus procesos no son
lineales
a)
La oferta crea a la demanda:
Cuando el
presidente Echeverría decidió abrir las puertas de la educación
superior a todos aquellos que lo solicitaran, posiblemente no calculó
que la oferta superaría a la demanda desde el primer momento en que
se tomó esta determinación; así, en 1972, las instituciones de
educación superior podían ya absorber al 104.91%; en 1975 al
102.2% y al año siguiente al 100.2%
del total de egresados de educación media superior (Varela,
1996, pp. 76-79) con lo que prácticamente las IES nacionales
tuvieron un problema inédito: debían buscar alumnos incluso hasta
en el extranjero para poder ocupar medianamente sus instalaciones y
dar alguna ocupación a los nuevos trabajadores docentes, técnicos
y manuales contratados para tal efecto.
Por recordar un
ejemplo mencionado antes, entre 1970 y 1990 se debió contratar a
cuando menos ochenta y cinco mil nuevos profesores; dato que
demuestra uno de los principios básicos de la teoría del caos: algo
puede surgir de la nada, ya que los profesores, en la mayoría
de los casos, debieron improvisarse seleccionándolos de entre los
alumnos de los últimos semestres de licenciatura porque no existían
antes ni hubiera sido posible formar los recursos humanos adecuados
en plazos tan breves y perentorios.
b) Si sólo es importante
cuántos entran, no importa el número de egresados:
Cuando se estudia
la eficiencia terminal de la educación superior en México entre
1968 y 1976 para calcular las consecuencias de las políticas
educativas a nivel superior, observarnos que el por ciento de
egresados de seis cohortes observadas entre esas fechas es de 51.7,
para los años 1973-1977, lo que representó un descenso con
respecto al sexenio anterior que había llegado al 59.8%; además,
si se comparan los resultados universitarios con los de la
secundaria pública, se observa que en el nivel medio básico la
eficiencia terminal llegaba al 70.3%, casi veinte puntos
porcentuales por encima del nivel superior (Varela, 1996, pp.
81-84).
Las interpretaciones de estas cifras son diversas, Castrejón Diez
atribuye la deserción de los niveles superiores a la deficiente
formación ofrecida por los anteriores desde la primaria hasta
bachillerato; esta opinión debe tomarse con reserva pues
recordarnos que el autor mencionado fue un importante funcionario en
este sector y destacado núembro de la oligarquía universitaria de
ese sexenio, lo que podría hacernos pensar que está defendiendo a
su gremio de los ataques normalistas.
Otros opinan que se
dieron muchas duplicidades, desperdicios y excesos de los que los
muchachos no eran responsables. Yo creo que no todos tienen voluntad
ni talento para cursar estudios superiores y que cuando las
instituciones comienzan a actuar estadísticamente, estos son los
resultados caóticos normales.
c)
La planeación ficticia sólo consigue metas irreales:
En la década de
los sesenta se puso de moda en Latinoamérica la plantación de las
acciones de gobierno, como una manera de demostrar que la Alianza
para el Progreso no había sido en vano y que nuestros países
estaban en camino de adoptar una racionalidad semejante a la del
mundo industrializado. en el campo de la educación superior, el
presidente Díaz Ordaz tomó la iniciativa de invitar a los más
destacados científicos sociales y miembros del estamento
universitario para que trabajaran en un proyecto de planeación
integral de la educación que, una vez terminado en 1968, fue
archivado (Varela, 1996, p. 75).
Por otra parte,
desde la fundación de la ANUIES en 1950 y a lo largo de todo el
sexenio de Echeverría, durante las reuniones realizadas por este
organismo en Villahermosa, Toluca, Tepic y Querétaro, diferentes
autoridades plantearon la necesidad de un proceso de planeación de
la educación superior basado en el auto estudio institucional pero,
siguiendo lo que era ya una tradición en México, las propuestas no
pasaron del plano declarativo y bien intencionado, sin concretarse
en medidas de política educativa.
Dice un autor a
propósito de estas ideas: "En el nivel propiamente sistémico
chocaron con el obstáculo que significaba la discontinuidad entra
la SEP y ANUIES por una parte, y entre la segunda y cada centro de
estudios por otra. En el interior de las instituciones, los equipos
de planeación estuvieron aislados o sometidos a las necesidades
coyunturales de las rectorías, o a la discontinuidad de las
actividades por los cambios de rectores. Nacidos para curar la
atomización de la educación
superior, se vieron atrapados por la misma (Varela, 1996, p. 76).
En el campo de la
planeación, el gobierno de Echeverría se caracterizó por
romper con el pasado y
olvidarse de los planes nacionales, impulsando las acciones
institucionales (Pallán, 1993, p. 38). Durante el sexenio de López
Portillo, el Plan Nacional de Educación fue apoyado por el entonces
secretario Muñoz Ledo, logrando incluso que se aprobara en una
asamblea de la ANUIES a mediados de 1977, presentándoselo al
presidente de la República en noviembre sin embargo, bastó con que
Muñoz Ledo abandonara el cargo para que su proyecto se archivara (Pallán,
1993, p. 39). Su sucesor en la SEP Fernando Solana Morales promovió
en 1978 el documento llamado La
planeación de la educación superior en México, donde se definía
la integración de un Sistema
Nacional de Planeación Permanente de la Educación Superior, el
cual sirvió de base para la
redacción del Plan
Nacional de Educación Superior 1981-1991: Lineamientos Generales.
Aunque las
autoridades no se propusieron mentir como uno de sus objetivos
fundamentales, al planificar el desarrollo de la educación
superior, se fijaron metas que no correspondían con el entorno económico
nacional e internacional, por lo que su plantación resultó
ficticia, como lo señala el maestro Rollin: "El carácter
irreal de este documento [el Plan Nacional de Educación Superior
1981-1991] es quizá el indicador más fiel del papel que jugó este
tipo de planeación en la educación superior mexicana" (Kent,
1993, p. 379). Por tanto, volvemos a
observar un resultado inesperado e, incluso, no deseado.
Ya en el
sexenio de Miguel de la Madrid se formularon el Programa
Nacional de Educación Superior (PRONAES) y el Programa
Integral para el Desarrollo de la Educación Superior (PROIDES),
elaborados por la Comisión
Nacional de Planeación de la Educación Superior (CONPES) (Pallán,
1993, p. 40).
El desarrollo
universitario y de las IES en general aparentemente trató de
frenarse con recortes presupuestases, mediante una política que
convirtió a la SPP en el organismo rector de la
educación nacional, pues esta dependencia gubernamental tomaba
las decisiones financieras sobre el sistema educativo. Sin embargo,
de 1970 a 1985 segundo año del gobierno de IM la matricula
universitaria en nivel licenciatura creció un 234%, y entre esa
fecha y 1994 siguió haciéndolo en un "moderado" 22.4% (Taborga
y Hanel, 1995, p. 25). Eppur
si muove como hubiera dicho Galileo. La teoría del caos
demuestra de esta manera que a veces, buscando unos objetivos se
llega a resultados contradictorios u opuestos.
Declarativa y
formalmente, tanto por escrito como en el discurso de sus miembros más
destacados, ninguna universidad mexicana busca el despilfarro, la
corrupción y la ineficiencia, pero la UNAM ha conseguido tener
veinte mil trabajadores de más protegidos por un sindicato corrupto
que impide cualquier modernización (Sheridan, Vuelta 253, diciembre
de 1997, p. 10). También, la nueva clase de "acadestrativos"
o académicos que cumplen funciones administrativas ha hecho más
que ningún otro grupo por desviar el proyecto académico de la UNAM
al servirse de sus puestos con fines personales:
"Su
perpetua orgía libertaria con los partidos políticos y las
organizaciones estudiantiles en el lecho de la UNAM no ha rendido
sino elevación de costos, retraso académico, descrédito moral y,
desde luego, un puñado de sinecuras para los líderes. Siempre será
más fácil gritar "democracia' que escuchar a la razón"
(Sheridan, Vuelta 253, diciembre de 1997, p. 10). d) Si quieres que
algo no se resuelva, crea una comisión:
En 1978, a dos años de
haber empezado el gobierno de López Portillo, la ANUIES en su reunión
de noviembre en la ciudad de Puebla, logré la constitución del
Sistema Nacional Permanente de Planeación de la Educación Superior
(SINAPPES) (ver Martínez Romo, 1992); que puso en práctica una política
de acciones inductivas y de remoción de obstáculos legislativos, pero
sín el uso de medidas coactivas generalizadas. "No fue una
política optativa pero tampoco se impuso ineludiblemente"
(Villaseñor, 1994, p. 26).
El siguiente paso
lo dio el gobierno de Miguel de la Madrid en 1984 al instrumentar el
PRONAES o Programa Nacional de Educación Superior, que pretendió
poner el control universitario en manos de la Secretaría de Educación
Pública desplazando de estas funciones a la ANUIES; sin embargo, el
descenso en las aportaciones económicas federales a las IES causado
por la crisis y las políticas restrictivas instrumentadas por el
gobierno, prácticamente anularon los esfuerzos en este sentido
(Villaseñor, 1994, p. 27), permitiendo que se materializara la
llamada política de "negligencia benigna", así se redujo
el presupuesto, pero creció la planta de maestros de tiempo
completo y medio tiempo (Kent, 1990, p. 384).
A partir de 1985,
el gobierno federal planteó la necesidad de cambiar el esquema de
financiamiento de las IES eliminando el criterio de subsidio por el
número de alumnos de cada institución, para adoptar en lo sucesivo
otro que se basara en la planta de profesores. Ya en el sexenio de
Salinas, se profundizaron estas propuestas y se avanzó legalmente
en su instrumentación mediante numerosas iniciativas oficiales:
1.-Ciudad
Obregón, Sonora 26 de abril de 1988, el candidato priísta presenta
sus Diez puntos básicos
sobre educación superior.
2.-México,
D.F., 16 de enero de 1989, instalación de la Comisión
Nacional para la Consulta sobre la Modernización de la Educación.
3.-México,
D.F., 31 de mayo de 1989, presentación del Plan
Nacional de Desarrollo 1989-1994.
4.-México,
D.F., 9 de octubre de 1989, presentación del Programa
para la Modernización Educativa 1989-I994.
5.-México,
D.F., 7 de noviembre de 1989, instalación de la Coordinación
Nacional para la Planeación de la Educación Superior, CONPES.
6.-México,
D.F., 23 de noviembre de 1989, instalación de la Comisión
Nacional de Evaluación de la Educación Superior, CONAEVA.
7.-México,
D.F., 13 de julio de 1990, ANUIES, Propuesta
de lineamientos para la evaluación de la educación superior (Ibarra,
1994, pp. 394-404).
Con toda esta
parafernalia planificadora y la que se ha seguido acumulando se
lograron dos objetivos, supuestamente uno deseado y otro inesperado:
ahora existen indicadores y medidas para casi cualquier actividad de
los profesores e investigadores universitarios - estamos sobre
evaluados - pero también, ha aumentado de manera insospechada la
burocracia universitaria, del sector central de la SEP y de la
ANUIES. Hay ciento sesenta y cinco burócratas por cada cien
profesores y el peor pagado de aquéllos gana mucho más que el
mejor retribuido de éstos; en conclusión, muchos docentes quieren
volverse acadestrativos.
"En las
universidades estatales, que representan el segmento sobre el cual
se dispone de una información más elaborada, el número de
trabajadores administrativos supera al de académicos de carrera. A
principios de 1994, en ese grupo de instituciones se registraron 56
920 plazas administrativas incluyendo personal de base y directivos,
frente a 34 410 académicas. El número de horas semana mes pagadas
a los administrativos fue también superior al de los académicos
rebasándolas en un 23 por ciento. En consecuencia, el número de
horas administrativas disponibles para los alumnos fue de 108 en
promedio, mientras que las horas académicas fueron sólo de
100.Estas incongruencias revelan que existe una estructura
administrativa pesada en esas instituciones. ...En el posgrado, el
personal administrativo supera al docente. Estas proporciones
indican que la administración de la educación superior puede ser
cara y a la vez de baja calidad, ya que el personal carece de
entrenamiento adecuado" (OCDE, 1997, p. 73).
"¿Qué se
puede hacer? En la práctica ya sé que nada. El STUNAM no va a
cambiar a los 20,000 miembros que le sobran por una universidad (o
una nación) más eficiente. El político no va a entregar los ases
de su manga sin recibir algo a cambio. El acadestrativo no va a
regresar su poder así nomás. Los únicos que tienen mucho que
ganar y nada que perder son los académicos, pues lo único que
pueden ganar no causa réditos políticos" (Sheridan, Vuelta
253, Diciembre de 1997,P. 16).
3.-
Las estructuras son configuraciones pasajeras que adoptan los
procesos
Las
universidades tienen departamentos y/o academias, la sociedad tiene
problemas que resolver:
La historia de las
instituciones de educación superior nos demuestra que fueron
creadas para intentar resolver problemas concretos de la sociedad
que las generó; en el medioevo, el Papa trató de educar abogados
para que defendieran sus intereses frente a los avances de la
secularización promovida por los monarcas; éstos a su vez,
propiciaron instituciones "imperiales" que generaran
eruditos laicos para la administración y el gobierno.
En el período
que va desde el primer liberalismo latinoamericano del siglo XIX
hasta la época de Vasconcelos, las IES se transforman en
"universidades de abogados", incorporando el antiguo ideal
iluminista del Estado docente (Steger, 1974).
Desde
entonces y hasta los años setenta del presente siglo, se supuso que
las universidades servían a la sociedad brindando educación a los
estudiantes que lo solicitaran, preparándolos en las profesiones
liberales sin condicionamientos adicionales (Brunner, 1990); en los
últimos tiempos, se puso de moda cuestionar este principio,
suponiendo que el modelo norteamericano de vinculación universidad
- sociedad era el más adecuado. No obstante, Aboites nos informa
que en los mismos Estados Unidos ya se está poniendo en duda la
validez de orientar a una institución tan compleja y rica como la
universidad, al papel muy restringido de reserva de talento, bufete
de asesores o taller de innovación tecnológica para las empresas,
y se apoya en las palabras del rector de Harvard en 1990: "No
debe esperarse que la investigación básica que realiza la
universidad le abra a sangre y fuego, un camino real y alfombrado a
la competitividad industrial" (Aboites, 1993,p.47).
Aparentemente
encontramos una contradicción entre la estructura universitaria con
sus propias necesidades, intereses, orientaciones y tendencias, y
los procesos sociales más rápidos, cambiantes y fluidos que exigen
a las IES respuesta a sus demandas. Dice Clark que "en la
medida en que se desarrolla, un sistema construye sus propias
fuentes de continuidad y cambio. Crece y se vuelve más complejo;
adquiere estructuras de trabajo, creencias y autoridad" (Clark,
1983, p. 262).
"En
palabras de Downs, mientras más vieja es una oficina, menos
probable es que desaparezca" (Clark, 1983, p. 264) pero también,
una institución madura conoce los mecanismos de la
adaptación y evolución que organismos más jóvenes deben
apenas aprender.
El problema
de la vinculación universidad - sociedad o universidad -industria
se discute en todo el mundo y México no es la excepción,
recientemente la revista Expansión
conocida por su línea empresarial y su amplia distribución
entre este tipo de público, realizó dos encuestas simultáneas:
una entre los ejecutivos de alta dirección y mandos medios, y otra
directamente con las áreas de recursos humanos de las empresas y,
entre otras cosas, preguntó si era adecuada la formación
universitaria "En opinión de los ejecutivos consultados, las
necesidades de formación no son satisfechas a plenitud por las
universidades" (Expansión,
junio 4 de 1997, p. 84).
A Briseida
Lavielle autora del informe, le llamó la atención el énfasis
puesto por los entrevistados en la necesidad de brindar una educación
ética a todos los ciudadanos, sin distinción de su nivel social o
económico. "No es para menos: en el contexto actual del país,
una serie de acontecimientos ha puesto en evidencia el grado
alarmante de corrupción que existe en los más altos niveles de la
sociedad (Carlos Fuentes, por citar un comentario al respecto,
apunta que la realidad
de México está dejando a los escritores sin temas de ficción)"
(Expansión, junio 4 de
1997, pp. 85-86).
Esta última
aseveración de la señorita Lavielle puede causar polémica, pues
el Rector general del
ITESM declaró recientemente su preocupación por el lema que
adoptan casi la totalidad de sus alumnos en sus relaciones sociales:
"el que no transa no avanza" con lo que posiblemente
demuestren que su institución si es sensible a los tiempos que
corren y está preparando a los jóvenes para interactuar
exitosamente con el mundo real.
b)
Tradición y cambio universitarios no son excluyentes:
La teoría del caos
ha venido a reordenar las relaciones entre los antiguos binomios
orden - desorden, cambio - continuidad, pues ya no son antitéticos
ni excluyentes uno del otro, sino que son complementarios y
contiguos. Clark se encuentra en la frontera de la teoría del caos
cuando examina el cambio institucional desde el punto de vista de la
tensión entre orden y desorden, cuando reconoce la tendencia del
cambio hacia la complejidad y la diferenciación y les da un enfoque
intersistémico "con el propósito de estudiar la
transferencia de formas y
creencias académicas
entre países. La transferencia internacional es una forma
importante de cambio que no
debe ser ignorada, así se trate de un tema poco investigado hasta
el momento" (Clark, 1983, p. 267).
Por supuesto
que las universidades como cualquier otra institución tienden a la
permanencia, pero han mostrado en numerosas ocasiones su capacidad
de adaptación a las nuevas realidades mediante el recurso de
"agregar y desprender campos del conocimiento y sus unidades
auxiliares sin perturbar al resto" (Clark, 1983, p. 267).
Prácticamente
es de esta manera como ha crecido el sistema de educación superior
en nuestro país: por la fundación de nuevas instituciones y adición
a las ya existentes de otros organismos. Así por ejemplo, se fundó
la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez en 1973, la Universidad
Autónoma Metropolitana y la Universidad Autónoma de Chiapas en
1974, así como la Universidad Autónoma de Baja California Sur en
1976.
Dentro de las
instituciones tradicionales se crean también nuevas dependencias
autónomas como el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM en
1971, las Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales en Cuautitlán
1974, Iztacala 1975, Acatlán 1975, Aragón y Zaragoza 1976 (Varela,
1996,p.62).
La
Universidad Pedagógica Nacional apareció en 1978 y su sistema de
educación a distancia fue creado en 1981, como respuesta a las
demandas del gremio magisterial y aunque formalmente se le concibió
como una extensión de la Unidad Ajusco, en realidad es una
institución paralela, más
apegada a la tradición normalista (Educación
2001, septiembre 1997).
A partir de
1990 se crearon los Tecnológicos de Estudios Superiores de Ecatepec,
Ornetepec y Zacatecas, además de que se planteó la posibilidad de
crear diez más antes del año dos mil. En 1991 se creó la
Universidad de Quintana Roo; le siguieron casi al
mismo tiempo la Universidad
Tecnológica de Estudios Intensivos de NezahualcóyotL así como las
de la ~eca, Aguascalientes
y Tula (Ibarra, 1993, pp. 437-438). Existe el proyecto de fundar
catorce universidades de este tipo antes de finalizar el presente
sexenio.
Respecto a la
influencia de las agencias internacionales en la transferencia de
modelos académicos, señalada por Burton Clark como poco estudiada,
Aboites dice:
"Las
agencias internacionales - como el Banco Mundial- han definido ya
toda una agenda de cambios para las universidades latinoamericanas.
Esta
transformación, por lo menos como intento, lleva implícita la
decisión de dar por terminado el modelo de universidad vigente en México.
Es decir, el de una institución cuya inserción en la sociedad se
da a partir de un proyecto social portado por el Estado y retomado a
su manera por los trabajadores y estudiantes universitarios. Se
busca ahora constituir una universidad que responda fundamentalmente
a las demandas expresadas mediante la circulación de recursos y, en
último término del mercado" (Aboites, 1993, p. 84).
El cambio se
da dentro de las instituciones de educación superior por la tensión
indeterminada de diferenciación / des diferenciación. Múltiples
grupos de interés promueven la diferenciación, que es estimulada
por lo que Clark llana "la diversificación de los
consumidores" (Clark, 1983, p. 302); también influyen la
segmentación de los mercados de trabajo y la emergencia de nuevas
disciplinas. "Vemos así que lo que anteriormente concebíamos
vagamente como fuerzas no son en realidad tan misteriosas: operan en
procesos de cambio por medio del realineamiento de los intereses de
los participantes" (Clark, 1983, p. 303).
Clark señala
de manera muy aguda el complejo proceso de cambio/no cambio en las
instituciones de educación superior al decir que la gente
influyente dentro del sistema casi nunca desea cambiarlo, que las
estructuras establecidas resisten y obstaculizan el cambio, pero sin
embargo, los cambios se dan de manera constante dentro de ellas a
causa de las necesidades de diferenciación profesional, búsqueda
de legitimación e interés común de los grupos sociales en
defenderse. El cambio es gradual pero acumulativo e irreversible, y
se observa en la tendencia de las organizaciones complejas modernas
a otorgar a todo el mundo un sitio dentro del presupuesto. Las
instituciones particulares se defienden buscando un nicho propio en
el mercado y las estatales aseguran su supervivencia
institucionalizando sus intereses. A un nivel menor, los
departamentos rara vez se segmentan o disminuyen sus atribuciones
voluntariamente, ni los profesores suprimen materias o temas:
"No es
ningún misterio que los currículos son como costales de papas que
crecen gradualmente, pues los nuevos miembros traen consigo nuevos
cursos (...) el efecto central es la acumulación constante, puesto
que nunca hay sustracción. Los cursos viejos no mueren, simplemente
se desvanecen conforme el profesor cambia de interés o abandona el
departamento" (Clark, 1983, p. 308).
La desdiferenciación
consiste fundamentalmente en que las IES abandonan de manera gradual
sus antiguos objetivos y se deslizan poco a poco dentro de nuevas
funciones, buscando allegarse mas poder, prestigio o recursos, la
institución que abandona un territorio permite que otra lo ocupe y
atienda la demanda que no está satisfaciendo.
En el caso de México,
algunas instituciones no quisieron o no pudieron cumplir el objetivo
gubernamental de preparar cuadros técnicos medios y superiores a
pesar de numerosos intentos, mediante el sistema de los Colegios de
Ciencias y Humanidades de la UNAM, el Colegio de Bachilleres o el
CONALEP, que se fueron deslizando hacia las prestigiosas labores de
preparatoria general, bajo la presión de una demanda social
extrema, por lo que las autoridades decidieron construir el sistema
de universidades tecnológicas de ciclo corto con la esperanza de
que ellas si cumplan estas funciones.
En el ámbito
educativo se supuso que la Universidad Pedagógica Nacional debería
ubicarse en la cúspide del sistema normalista pero, los normalistas
no reconocieron esta institución como suya, en veinte años de
existencia su función comenzó a deslizarse hacia el prestigiado
campo de la educación universitaria de tipo UNAM, por lo que el vacío
que dejó debió llenarse con el sistema de educación a distancia y
los centros de capacitación de maestros de la SEP.
c)
La cambiante estructura de las finanzas universitarias:
Las principales
fuentes de recursos universitarios son: el subsidio gubernamental,
los contratos de los académicos con empresas y las cuotas de los
estudiantes (Williams, 1993, p. 34). Dicho en otros términos, las
fuentes "naturales" del financiamiento universitario son
el gobierno, las empresas y los hogares. Williams dice con sabiduría:
"La tesis es que el que paga no sólo elige la
música que se toque, sino que la forma en que pague determina cómo
se tocará la música" (Williams, 1993, p. 36).
En la educación
superior hay cuatro tipos de decisiones para asignar recursos: el
total de recursos dedicados al sector en su conjunto, el reparto de
los mismos entre las diversas instituciones, su distribución al
interior de las instituciones, y las cantidades asignadas a cada
académico en lo particular. Esto es así porque se reconocen cuatro
niveles de autoridad: a) la central, b) la institucional, c) la
departamental y d) la individual académica.
Williams reconoce
tres modelos de distribución de recursos a las universidades, los
que determinan sus comportamientos institucionales:
a)
Cuando el presupuesto es asignado desde fuera por un Ministerio, las
autoridades federales tratan de estandarizar el sistema apoyando lo
que crean conveniente y negando lo que no les convenza.
b)
Si las universidades tienen recursos propios en forma de bienes o
donaciones, los académicos pueden ser descuidados con los alumnos e
indulgentes con sus colegas, que en la práctica son sus pares.
c)
Cuando las universidades reciben ingresos por vender enseñanza,
investigación y asesoría, el poder reside en numerosos clientes
individuales y la institución debe responder a los intereses
cambiantes del mercado, según lo señala Burton Clark.
Cada modelo tiene
sus fortalezas y debilidades como es lógico suponer, pues el
control burocrático del trabajo académico presupone que burócratas
profesionales tratan de ejercer controles indebidos o autoritarios
sobre el trabajo de los profesores que por supuesto no comprenden.
Cuando las
instituciones son autosuficientes y sus profesores controlan el
claustro, pueden abandonarse los objetivos académicos por
negligencia o exceso de indulgencia con los colegas profesores.
Si las
instituciones dependen del mercado para sobrevivir, es posible que
se intente evitar la profundidad del conocimiento para impedir que
los "clientes – alumnos" emigren a instituciones más cómodas
(Williams, 1993).
Parece que el
debate se ubica en combinar de la manera más sabia posible las
mejores características de estas tres variantes, a fin de producir
la universidad y el docente - yo agregaría también el burócrata-
ideales.
En México el
asunto de los dineros sigue siendo candente por la escasez de los
mismos, así como por la manera en que se han repartido o propuesto
hacerlo en los últimos años. La tendencia observable es que el
gobierno, sin necesidad o deseo de renunciar a su predominio en la
Educación Superior, ha intentado establecer ciertos mecanismos de
mercado dentro del sistema público, con la intención expresa de
"darle concreción a la meta de elevar la calidad de la enseñanza
universitaria, de dar una mejor educación a cada vez más
mexicanos" (Gago, 1992, p. 16). El autor señala el hecho de
que el grueso del financiamiento educativo ha sido proporcionado por
el Estado; así como la aparente paradoja de que, no obstante se
aumentaron las aportaciones federales por encima de la inflación,
los salarios docentes fueron disminuyendo gradual pero
sostenidamente (Gago, 1993, p. 19).
En 1992 se
inició el debate en la UNAM sobre la pertinencia de aumentar y
diversificar las fuentes de ingreso institucionales mediante el
aumento de las cuotas que por colegiaturas y servicios pagaban los
estudiantes y sus familias. Agrega Morales el dato de que la
iniciativa no prosperó en la UNAM por la oposición abierta de la
mayoría de estudiantes, pero que en el resto de las instituciones
se han ido haciendo cambios en estos rubros con diversas
consecuencias que van desde la apatía, hasta fuertes
manifestaciones de descontento estudiante como ocurrió en la
Universidad de Sonora (Morales, Universidad
Futura, 1992, p. 5).
Por lo que
mencionan estos autores, lo que podemos deducir de nuestra propia
experiencia y comenta Ibarra, "El futuro de la Universidad en México
se encuentra escrito con la pluma de la diferenciación. Nuevas
miradas, acompañadas de recompensas y castigos, delinean un sistema
ampliamente segmentado en el que será posible reconocer las
cualidades de cada uno de sus componentes, en el marco de los
saberes instituidos de la Excelencia" (Ibarra, El
Cotidiano 55, junio de 1993, p. 75).
4.-
Los procesos interactúan fuertemente con el medio y se mantienen
apostados al borde de las crisis en las que finalmente se precipitan
El repaso sucinto
de la situación de las IES en nuestro país desde 1970 a la fecha,
nos demuestra el enfrentamiento de diversas tendencias políticas y
administrativas que han generado crisis, por partir de situaciones
contradictorias que generan paradojas como: público/privado;
centralismo descentralización; desregulación / regulación.
Daniel C. Levy
habla de desafíos privados al predominio público, con lo que desea
resaltar el crecimiento acelerado del sector de la educación
superior basado en este tipo de financiamiento, aunque por otra
parte considera que no hay una oposición tan tajante como pudiera
pensarse entre lo público y lo privado (Levy, 1995, p. 59).
Define sin embargo,
a una institución privada como aquella que recibe sus ingresos de
fuentes diferentes del Estado, mientras que una pública es la que
depende del Estado (Levy, 1995, p. 62). Según este autor, ha habido
cinco "olas" en el crecimiento de las universidades en América
Latina:
1.-surgimiento
de universidades coloniales, mezcla de públicas y privadas;
2.-surgimiento
de monopolios públicos;
3.-surgimiento
de universidades religiosas privadas;
4.-surgimiento
de instituciones privadas de elite;
5.-surgimiento
de instituciones privadas y seculares pero no de elite.
Simplificando el crecimiento de las instituciones privadas, las
reduce a tres "olas":
a) ola católica; b) ola dos elite; c) ola tres no elite (Levy,
1995, p. 80).
Levy justifica la
aparición del sector privado católico o no en la educación
superior, mediante la explicación de varios "fracasos"
del sector público en este ramo, lo que podría sugerir la
existencia de una crisis: el primero que nos llamó la atención
es el fracaso en el campo espiritual; le sigue el fracaso social al
no poder mantener la diferenciación de clase; continúa con el
fracaso político y termina con el fracaso económico (Levy, 1995,
p. 99).
El autor advierte
por supuesto que no debe concebirse el fracaso en términos
absolutos, sino más bien como una especie de percepción de que las
cosas no marchan como debieran a causa de las mismas insuficiencias
del sector público (Levy, 1995, p. 99 nota 20).
En este sentido, la
crisis se dio cuando las universidades públicas sólo pudieron
satisfacer la demanda de
un sector de la sociedad y se mostraron incapaces de mantener la
diferenciación de clases que sólo la educación privada podría
garantizar (Levy,1995,p.10l).
Respecto de la
paradoja centralismo descentralización, es un conflicto que
seguimos observando en nuestro sistema de educación superior.
Cuando en México sólo existía "la Universidad" y todo
mundo entendía que se hablaba de la Universidad Nacional de México,
no era común cuestionar el centralismo educativo a nivel superior a
causa de la escasez de opciones, aunque la idea fuera centralista.
Cuando se
comenzaron a construir y modernizar diferentes universidades a todo
lo largo y ancho del país, se consideró correcto que los
presupuestos fueran autorizados por los gobernadores, sin embargo,
con la legislación de 1978 la federación desligó a las
universidades de provincia de los gobiernos locales, al asignar
presupuestos directos a las IES, con lo que de hecho llevó a un
nivel superior la pugna centralismo descentralización, pues ya no
se trataba de que una Universidad monopolizara los saberes y que los
jóvenes se trasladaran de provincia a la capital del país si querían
seguir estudios superiores, sino que la Secretaría de Educación Pública
asignaba desde el centro,
los recursos que consideraba adecuados para el desarrollo
institucional, negando fondos a proyectos que no fueran de su
agrado.
El presidente Díaz
Ordaz advirtió en 1964 en un tono bastante amenazador:
"Tanta
urgencia de educación tiene nuestro pueblo, que ha de calificar
como atentado de lesa Patria, cualquier disminución del rendimiento
educativo derivado de indisciplina, negligencia, discordia, pérdida
o desviación de recursos, energías o tiempo" (Gustavo Díaz
Ordaz en: Varela Petito, 1996, p. 14).
Si desde la época
de Echeverría llegó a pensarse en una descentralización de la
educación superior a causa de las nuevas instituciones que se
estaban creando en todo el país, el centralismo volvió a ponerse
de manifiesto en las regulaciones planificadoras promovidas con el
apoyo de la ANUIES en 1977 y 1978; lo mismo en el período de Miguel
de la Madrid, pasando después por la Coordinación Nacional para la
Planeación de la Educación Superior (CONPES) creada el 7 de
noviembre de 1989 y la Comisión Nacional de Evaluación de la
Educación Superior (CONAEVA), instalada el 23 de noviembre de 1989
(Ibarra, 1993, p. 399).
La dupla
descentralización /centralización sigue funcionando hasta hoy,
posiblemente con mayor intensidad que nunca, pues la CONAEVA está
promoviendo el Examen General de Calidad Profesional para las
diferentes carreras, lo que algunos han interpretado corno un
intento de unificar los contenidos de las licenciaturas impartidas
por las diversas IES en todo el país, con lo que aparentemente se
corre el peligro de acabar con la diversidad, la especialización y
especificidad de cada universidad, sin embargo no todo está dicho
porque el omnipresente caos y su amada entropía nos están
reservando sorpresas inconcebibles.
La dupla
desregulación / regulación se refiere a las tendencias observadas
en la educación superior hasta 1982, cuando se cambio el modelo de
asignación de recursos a las IIES estableciendo condicionamientos
cada vez mayores.
Adicionalmente, si
bien los salarios académicos se deshomologaron desde 1989 con la
intención de promover algunas características del mercado en un
sistema no abierto como el universitario, las regulaciones no
desaparecieron, sólo se modificaron para favorecer una especie de
"competencia" entre los docentes e investigadores de cada
institución (Ibarra 1993,pp.174 y ss.).
Como han podido
observar algunos otros comentaristas, en el financiamiento de la
educación superior chocan dos tipos de racionalidades distintas en
intereses y tiempos: la política que autoriza los dineros, y la
académica que los solicita (López Zárate, 1996, p. 16).
Para la asignación
de recursos a la educación superior en México se ha considerado
por un sector bastante influyente dentro del gobierno federal, la
teoría del capital humano, que considera a la educación como una
inversión que deben hacer los estudiantes y sus familias en forma
directa, porque los beneficia a ellos; los que consideran a la
educación un bien social, consideran que el Estado debe financiaría
para facilitar la equidad y la igualdad de oportunidades para
estudiantes de menores recursos económicos (López Zárate
1996,p.23).
Respecto a la
verdad del financiamiento nada se sabe con certeza: Gago dice que ha
aumentado a pesar de todo, Casillas opina lo contrario, Ibarra es
contestatario pero también cree en el incremento constante.
La palabra crisis
es polisémica como casi todas: en economía significa un período
de algunos meses sin crecimiento económico; en medicina equivale a
un período brevísimo en que el enfermo puede morir o salvarse, en
ciencias sociales es menos dramático sólo indica que existe más
de una solución para cada problema, o que se oponen modelos
contradictorios para una misma realidad que exige definición.
Nuestros políticos
la han usado hasta el cansancio; el presidente Zedillo la utilizó más
de veinte veces en su informe de gobierno de 1995 sin definirla en
ninguna ocasión. En realidad si estamos en crisis porque nos
encontramos en un período de transformación constante, sostenido y
acelerado. Actualmente se enfrentan con violencia inaudita dos
modelos de país cuando menos: uno cerrado, centralizado, estatista,
corrupto, con grandes caciques cuasi todo poderosos agresivos
violentos nefastos, y otro abierto, descentralizado, democrático,
modernizador, tolerante y progresista.
México es miembro
de la OCDE, el exclusivo club de los veinticinco países más ricos
del mundo y tiene en sus estados del sur / sureste a la gente más
pobre y atrasada del planeta. En Interlomas se yerguen orgullosos
los edificios más modernos y funcionales, mientras que a setenta
kilómetros nacen y crecen niños deformes por la falta de
alimentos, higiene y atención médica.
México busca
adaptarse a un mundo nuevo, abierto, competitivo, altamente
desarrollado con tecnologías de punta; y pretende lograrlo con
menos de diez millones de personas educadas y con suficiente poder
de compra, mientras el resto de la población se debate en una
desesperante pobreza.
Para desarrollarse,
México debe mitigar los contrastes sociales, acabar con la pobreza
extrema y poner a las elites al servicio de las mayorías. Si este
es el contexto y esos son los retos, ¿qué pueden esperar sus
universidades sobrepobladas, carentes de recursos, presionadas desde
abajo por los estudiantes deseosos de recibir algún tipo de educación,
desde arriba por las autoridades que desean reformarlas y desde
afuera por las agencias internacionales que buscan una modernización
funcional con la globalización? ¿Puede pensarse en un sistema más
complejo y caótico que el nuestro?
Si los datos de López
Zárate son ciertos, y no tendríamos por qué dudar de su veracidad
como investigador, el futuro de nuestras instituciones será arduo y
complejo comparado con los países a los que supuestamente estamos
asociados en un cierto plano de ¿igualdad? Veáse la siguiente
tabla:
Cuadro de gasto por
alumno y por nivel educativo en 1993 para los países de la
OCDE y México en dólares de E.U. (López Zárate, 1996, p. 33)
|
País
|
Primaria
|
Secundaria
|
Superior
|
Todos
niveles
|
|
Francia
|
1,885
|
3,073
|
3,780
|
2,802
|
|
Alemania
|
2,101
|
2,659
|
5,085
|
3,047
|
|
Japón
|
2,550
|
2,325
|
2,504
|
2,523
|
|
Inglaterra
|
2,105
|
2,763
|
7,960
|
3,008
|
|
Estados
Unidos
|
31566
|
4,370
|
6,386
|
4,301
|
|
Dinamarca
|
3,204
|
4,253
|
10,847
|
4,632
|
|
España
|
1,158
|
1,586
|
1,934
|
1,419
|
|
Promedio
OCDE
|
2,711
|
3,150
|
5,534
|
3,372
|
|
México
|
166
|
502
|
960
|
|
Para el caso de México
los dólares fueron estimados antes de la devaluación de diciembre
de 1994. Actualmente el gasto sería aproximadamente la mitad de lo
anotado (observación hecha por López Zárate, 1996, p. 33).
Conclusiones
La teoría del caos
aplicada al estudio de nuestras universidades nos demuestra que,
conforme se multiplican las instituciones, aumenta la matrícula, se
multiplica el número de profesores y proliferan los
administrativos, técnicos y manuales, el sistema de educación
superior en México se hace cada vez más complejo, impredecible y
contradictorio. Como si no fuera suficiente con el crecido número
de instituciones nacionales, el asentamiento de instituciones
norteamericanas en nuestro territorio, principalmente privadas
problematiza aún más la situación.
El repaso sucinto
del crecimiento institucional universitario desde 1970, hace
evidente las contradicciones y paradojas que se generaron:
sobreoferta de plazas estudiantiles, escasez de recursos humanos,
desequilibrios en la pirámide educativa, planeación ficticia por
estar desconectada con la realidad; corrupción sindical;
burocratismo y administraciones universitarias caras e ineficientes.
Actualmente, el
papel social de las universidades está cambiando con sorprendente rápido
por lo que no todas las instituciones responden a las demandas
sociales con la misma velocidad. El cambio en la educación superior
se ha mostrado mediante la fundación de nuevas instituciones,
modificación o refor |