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Un Nuevo Concepto de Inteligencia
Manuel Bellido
mbelli1@sauce.pntic.mec.es

Pedagogía
Epistemología
Educación


Tradicionalmente, querámoslo o no, se entiende por inteligencia el conjunto de una serie de condiciones mentales que abarcan algunos aspectos del pensamiento humano. No todos.

Se entiende por inteligencia como la capacidad de organizar dichos aspectos del pensamiento para la mayor eficacia de la consecuente acción (entendida como actividad humana). Entre estos aspectos, se da verdadera importancia, en una persona inteligente, a la capacidad de raciocinio, a la posesión de una memoria eficaz, selectiva y rápida, y a la destreza o agilidad en el procesamiento de las ideas.

La capacidad de razonar inteligentemente es la posibilidad de establecer relaciones objetivas (a modo de causa-efecto) entre las ideas que van componiendo un pensamiento inteligente. Esto conlleva, evidentemente, el desarrollo y uso de la observación, del análisis de los datos obtenidos en la observación y de la valoración de dicho análisis (capacidad crítica), para llegar a conclusiones mentales o intelectivas.

Una buena memoria funciona, utilizando términos modernos, como base de datos que aporta la información requerida en una situación aleatoria de una forma ágil, rápida y oportuna. Esto facilita el procesamiento de la información que lleva a un resultado mental, es decir, a un pensamiento.

La valía de todos los anteriores aspectos se ve incrementada si hay un hábito o habilidad de "digerirlos", o, por utilizar otro término moderno, integrarlos, de una forma rápida, ágil, precisa. Esto es la destreza o agilidad mental.

Me atrevo a creer que cualquier persona inteligente se conformaría con la definición de inteligencia que agrupase a los aspectos enumerados y brevemente explicados anteriormente.

Resulta, a mi entender, que hoy en día existen una serie de necesidades, como consecuencia de la multiplicación de las posibilidades humanas a niveles social, laboral, filosófico, artístico, humano, etc, que no se pueden cubrir de una forma satisfactoria con el desarrollo de la inteligencia entendida como el conjunto de aspectos enumerados anteriormente. Si no se cubren de tal manera, cosa que me temo es cierta, tales necesidades, creo que no se está actuando inteligentemente, con lo que si la inteligencia en una persona se reduce sólo al desarrollo y mayor productividad de los aspectos antes señalados, tendrá inevitablemente aspectos y necesidades no cubiertos que harán de ella una persona, si bien no insatisfecha ni frustrada, si alguien que no alcanza el máximo de sus posibilidades como individuo, o lo que es lo mismo, su individualidad, su persona, verbigracia, su personalidad. Quien no trata de conseguir ésto no es inteligente.

Habrá alguien, supongo, que estará de acuerdo conmigo.

Entre las necesidades que hoy en día se han generado en el ser humano, y que son, por el tipo de vuelta, cambio y evolución humana, nuevas, existen algunas que hacen necesaria una nueva capacitación mental, física, afectiva, social, motriz, relacional, etc, para hacerlas frente si se quiere vivir inteligentemente. Es decir, un desarrollo de nuevas capacidades, una nueva inteligencia.

Las necesidades que "acosan" y crean ansiedad al ser humano, hoy día en el fin del milenio, son de diferentes grados y niveles. Unas se pueden afrontar desarrollando los aspectos intelectuales contenidos en el concepto, vamos a llamarlo tradicional, de inteligencia, y otras no. Es decir, de lo que antes se podía prescindir para ser considerado inteligente, ahora ya es necesario. El concepto de inteligencia , como es obvio cambia, se incrementa, se amplía.

Las necesidades actuales para un desarrollo satisfactorio, inteligente, cultural, humano, de una persona cualquiera, abarcan diferentes aspectos y van desde los considerados cognitivos o mentales, hasta los corporales y manuales, pasando por los relacionales y/o afectivos.

Se puede considerar como necesario a nivel cognitivo, intelectivo o mental, todo lo que era considerado como tal, en el concepto tradicional de inteligencia del que venimos hablando. Es decir, la memoria, el razonamiento lógico, la capacidad crítica, la agilidad mental, la capacidad de observación, la objetividad, la capacidad de síntesis, la argumentación mental, etc. En conclusión todos aquellos aspectos que, desarrollados convenientemente, construyen una mente clara, culta, ágil.

Sólo existe, me parece, un cambio. La cantidad de información generada por todos los aspectos sociales y culturales del ser humano actual, hace necesario el desarrollo de la capacidad de selección. Es decir, la selectividad de la información es clave, hoy en día para desarrollar una mente inteligente. No es que antes, tradicionalmente, no se llevara a cabo la selección de la información, como capacidad añadida o integrada dentro del procesamiento de la información, sino que la condición actual es desbordante para la capacidad mental de un ser humano, lo que hace necesario, casi urgente, el incluir la selectividad mental como aspecto de la inteligencia.

A bote pronto, se me ocurre, que esta nueva capacidad, o para ser más precisos, este nuevo desarrollo de una capacidad ya existente, es como una nueva habilidad o destreza consistente en decidir de forma rápida y precisa hacia donde deberemos dirigir nuestra observación a la hora de recabar información para procesar un nuevo pensamiento. Quien más desarrolle esta capacidad en mejores condiciones estará para establecer relaciones mentales, o lo que es lo mismo, para emitir juicios intelectivos.

Existen una serie de necesidades nuevas, por el modo de vida del hombre de hoy, que si antes eran complementos al desarrollo intelectual y no se consideraban como factores de incremento de la inteligencia, actualmente, me temo, son parte del desarrollo de la persona, y por tanto de la inteligencia. Son necesidades de carácter manual (considerado desde el punto de vista manipulativo) que no escapan al hombre en ninguna de las situaciones o estratos en que se encuentre. Hablo de la necesidad de manejar, manipular, conocer, resolver, utilizar, ...., productos y "frutos" de la creación del ser humano de los que no se puede ya separar. Por poner algunos ejemplos, se puede hablar de la necesidad de manipular aparatos de locomoción (los cuales exigen habilidades mentales), aparatos domésticos (cada vez más complejos y eficaces), instrumentos mecánicos favorecedores de condiciones laborales (capacitación motriz), aparatos de intercambio social y cultural (cajeros automáticos, mandos a distancia, telefonía móvil, electrónica, digital, etc).

Todo este cúmulo de condiciones, simplificando, mecánicas, exigen una capacitación para poder "moverse" de una forma hábil, de una forma eficaz, de una manera inteligente, por el entramado de la red social actual. Quien no sea hábil en la utilización de todo este "montón" de aparatos de los que somos presos en la dinámica social (es cierto que algunos más que otros) no está actuando inteligentemente.

Por otro lado, el denominado entramado social, o la red de dinámicas sociales, culturales y laborales, exigen del hombre de hoy, si no unas nuevas capacidades para evitar la idea de que nunca las tuvo, sí el desarrollo de unas capacidades que le sirvan para ser lo más eficaz posible en dicho entramado. El mundo laboral (sea cual sea el estrato social) exige conocer y dominar unas variables para poder desarrollar una labor de forma inteligentemente humana. Tales variables son llamadas relacionales. La relación laboral se ha convertido en una nueva disciplina que es necesario desarrollar, conocer y dominar. Hacer esto es hacerlo inteligentemente. Si bien antes, tradicionalmente, una persona inteligente conseguía dominar tales variables como consecuencia del desarrollo intelectual, ahora, la situación exige dominar dichas variables como condición intelectual. De una consecuencia se ha pasado a una condición.

En el terreno afectivo, y en gran medida muy relacionado con lo anterior, los sentimientos humanos han llegado a tal punto de desarrollo que se han convertido en un factor de inteligencia. La inacabable posibilidad de recabar información, el desarrollo de las ciencias humanas psicológicas, filosóficas, médicas y demás, han conseguido convertir el mundo afectivo (respetando por supuesto la condición de aleatoriedad y circunstancialidad en que se da) en una nueva disciplina en la que cabe la posibilidad de su dominio. O al menos su observación, análisis y su valoración. Esto supone que, en el terreno afectivo, existe la posibilidad de desarrollar de forma consciente y voluntaria determinados aspectos que generan desarrollo de la persona, de su individualidad, de su autosatisfacción y de sus condiciones de vida, en general. Lo cual es considerado como inteligencia.

Si tradicionalmente las consecuencias y efectos que produce la afectividad en el ser humano se separaban, o al menos no se consideraban, de las condiciones inteligentes, en este nuevo concepto de inteligencia se incluyen como factores, se consideran como determinantes del nivel intelectual. Es, o así me lo parece, una especie de revolución cultural del concepto afectivo, a la vez que el intelectivo. Hoy día se puede considerar, sin errar mucho, a una persona estable, anímicamente satisfecha, con un terreno afectivo considerable y cubierto mínimamente, como alguien inteligente, como alguien capacitado a enfrentarse con entereza a los cambios, a los problemas, al azar que genera la situación anímica, con garantías de superar las circunstancias y de actuar eficazmente. También encontraré alguien aquí que esté de acuerdo conmigo.

Podría indagar más en las situaciones humanas de la actualidad y ver cómo es posible descubrir que aspectos de la vida del hombre, a los que antes no se consideraban más que frutos de la dinámica humana, hoy se han convertido en condiciones para esa misma dinámica. Con este grupo de necesidades de las que he hablado basta para comprender el giro que ha tomado el concepto de inteligencia.

Pero vamos a ello, vamos al concepto. Al nuevo concepto. Al principio de este artículo estuve tentado de titularlo, en lugar de como lo he hecho, "La metainteligencia". Por un poco de falsa modestia (que ahora demuestro al escribirlo) no lo hice. Más, ahora, si lo he hecho ha sido para iniciar el concepto ilustrándolo con la imagen que da intuitivamente dicha palabra. Más allá de la inteligencia, la inteligencia de la inteligencia o, mejor, más arriba de la inteligencia.

La idea es que la inteligencia ya no es una mera capacidad que agrupa varios aspectos, sino un conjunto de capacidades entre los cuales se encuentra la capacidad de ser inteligente, tal y como se entendía tradicionalmente, y, desgraciadamente, tal y como aún se entiende. La nueva inteligencia es un conjunto de capacidades. La capacidad cognitiva, la capacidad afectiva, la capacidad motriz, corporal y física, la capacidad relacional y social, la capacidad de instrumentación, la capacidad creativa y expresiva.

En cada uno de estos grupos de capacidades se encuentran aspectos que cubren las necesidades de las que he hablado anteriormente, de tal forma que todas estas capacidades son necesarias para el desarrollo de la inteligencia. De tal manera que el desarrollo de una, varias o alguna de estas capacidades de forma aislada de las otras genera algún grado de habilidad pero no la inteligencia.

La nueva concepción de inteligencia pasa por el desarrollo de todos y cada uno de estos grupos de capacidades. La capacidad cognitiva, intelectiva o mental, tal y como la conocemos debe ser desarrollada en todos aquellos aspectos de los que ya hemos hecho referencia. Es decir, la consecución de una memoria eficaz, el razonamiento lógico, la capacidad crítica, la objetividad, la agilidad mental, la capacidad de observación, de análisis, etc, etc, etc.

Las capacidades afectivas tendrán que ser elaboradas a partir de la adquisición de hábitos de tolerancia, de respeto, de individualidad, de decisión personal, de cariño, de autosatisfacción, de autorealización, de agradecimiento, de disciplina, de experimentación, de superación de uno mismo, de relación, de colaboración, de escucha, de valores humanos en definitiva.

Las capacidades sociales y relacionales deberán ser desarrolladas como conocimiento, valoración y adquisición de una serie de variables que "pululan" por la dinámica social y laboral. La elaboración de hábitos de observación, análisis y conocimiento de las situaciones, sus tipos, sus causas y efectos, el conocimiento de uno mismo y de los demás, la preocupación de los otros, los grupos humanos, sus consecuencias, los conflictos, los beneficios y los perjuicios de la colaboración, etc, etc, etc.

Las capacidades motrices, corporales y/o físicas, determinan el autoconocimiento, el autocontrol. El desarrollo del esquema corporal, la imagen de uno mismo, la autoconfianza, la seguridad en uno mismo, la autoestima, determinan el inicio de nuestros actos, pensamientos, acciones y relaciones. La capacidad motriz, la agilidad, las habilidades corporales, la condición física, la destreza, la coordinación, son aspectos que mejoran la posibilidad de dominio del espacio físico. El control del espacio, las coordenadas espaciales, las trayectorias, la lateralidad, la proyección espacial, la abstracción mental, el control del ritmo corporal, las coordenadas temporales, las secuencias, los "tempos", los ritmos, los silencios, todo ello se convierte en un grupo de variables que facilitan la interacción con el medio, además de ser el inicio o punto de arranque de muchos de nuestros pensamientos.

Las capacidades de instrumentalización o dominio de los instrumentos. La motricidad fina, la coordinación específica, la capacidad manual, la capacidad pédica, el dominio segmentario corporal. La manipulación, la experimentación, la abstracción mental en la instrumentalización. Todas estas capacidades facilitan un uso más inteligente de los medios y los instrumentos.

La capacidad creativa y la expresiva. El desarrollo de la imaginación, la invención, la creación de ideas, la renovación. La capacidad de expresar, con las manos, con el cuerpo, con la mente, con las ideas, con la palabra escrita, de forma oral, con elementos, la observación artística, la determinación de variables artísticas, el gusto por lo expresivo, lo artístico, la música, la pintura, la escultura, la arquitectura, etc, etc.

Todas estas capacidades conforman el grupo o conjunto de condiciones que definen la inteligencia hoy en día. El llegar más lejos o no en cada una de ellas depende de cada persona, de su personalidad, de sus circunstancias, del azar que le domine, pero lo que es seguro es que todas y cada una de ellas es necesaria desarrollarla para ser considerado inteligente.

Hoy día no hay ninguna situación, me atrevo a decir, en la que no se ponga de manifiesto algún aspecto de cada una de las capacidades enumeradas anteriormente. Pongamos un caso, por ejemplo. Un encuentro casual en la calle conlleva el demostrar, de forma subterránea, de manera consciente e inconsciente, el grado y nivel que poseemos en cada aspecto. El conocimiento de los datos de que hablamos, la seguridad de uno mismo, el dominio del espacio, la relación con el otro, lo creativo de uno mismo y del otro, lo agradable, lo ágil mentalmente, la manipulación de los objetos, su dominio... Así todos los aspectos que queramos. La importancia en la manifestación de éstos dependerá de la situación concreta, pero estarán presentes. Quien demuestre dominio, buen nivel, desarrollo, agilidad, etc, en cada situación que se le presente, estará demostrando que es inteligente.

La idea que sobrevuela a todo esto es que el hombre del siglo XXI deberá desarrollar, a un mínimo nivel, cada uno de estos grupos de capacidades si quiere ser un ser inteligente. Ese hombre del siglo XXI es el niño/a de hoy

Fuente:
http://www.fomento.edu


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