| Tradicionalmente, querámoslo
o no, se entiende por inteligencia el conjunto de una serie de
condiciones mentales que abarcan algunos aspectos del pensamiento
humano. No todos.
Se entiende por inteligencia como la capacidad de organizar
dichos aspectos del pensamiento para la mayor eficacia de la
consecuente acción (entendida como actividad humana). Entre estos
aspectos, se da verdadera importancia, en una persona inteligente, a
la capacidad de raciocinio, a la posesión de una memoria eficaz,
selectiva y rápida, y a la destreza o agilidad en el procesamiento
de las ideas.
La capacidad de razonar inteligentemente es la posibilidad de
establecer relaciones objetivas (a modo de causa-efecto) entre las
ideas que van componiendo un pensamiento inteligente. Esto conlleva,
evidentemente, el desarrollo y uso de la observación, del análisis
de los datos obtenidos en la observación y de la valoración de
dicho análisis (capacidad crítica), para llegar a conclusiones
mentales o intelectivas.
Una buena memoria funciona, utilizando términos modernos, como
base de datos que aporta la información requerida en una situación
aleatoria de una forma ágil, rápida y oportuna. Esto facilita el
procesamiento de la información que lleva a un resultado mental, es
decir, a un pensamiento.
La valía de todos los anteriores aspectos se ve incrementada si
hay un hábito o habilidad de "digerirlos", o, por
utilizar otro término moderno, integrarlos, de una forma rápida,
ágil, precisa. Esto es la destreza o agilidad mental.
Me atrevo a creer que cualquier persona inteligente se conformaría
con la definición de inteligencia que agrupase a los aspectos
enumerados y brevemente explicados anteriormente.
Resulta, a mi entender, que hoy en día existen una serie de
necesidades, como consecuencia de la multiplicación de las
posibilidades humanas a niveles social, laboral, filosófico, artístico,
humano, etc, que no se pueden cubrir de una forma satisfactoria con
el desarrollo de la inteligencia entendida como el conjunto de
aspectos enumerados anteriormente. Si no se cubren de tal manera,
cosa que me temo es cierta, tales necesidades, creo que no se está
actuando inteligentemente, con lo que si la inteligencia en una
persona se reduce sólo al desarrollo y mayor productividad de los
aspectos antes señalados, tendrá inevitablemente aspectos y
necesidades no cubiertos que harán de ella una persona, si bien no
insatisfecha ni frustrada, si alguien que no alcanza el máximo de
sus posibilidades como individuo, o lo que es lo mismo, su
individualidad, su persona, verbigracia, su personalidad. Quien no
trata de conseguir ésto no es inteligente.
Habrá alguien, supongo, que estará de acuerdo conmigo.
Entre las necesidades que hoy en día se han generado en el ser
humano, y que son, por el tipo de vuelta, cambio y evolución
humana, nuevas, existen algunas que hacen necesaria una nueva
capacitación mental, física, afectiva, social, motriz, relacional,
etc, para hacerlas frente si se quiere vivir inteligentemente. Es
decir, un desarrollo de nuevas capacidades, una nueva inteligencia.
Las necesidades que "acosan" y crean ansiedad al ser
humano, hoy día en el fin del milenio, son de diferentes grados y
niveles. Unas se pueden afrontar desarrollando los aspectos
intelectuales contenidos en el concepto, vamos a llamarlo
tradicional, de inteligencia, y otras no. Es decir, de lo que antes
se podía prescindir para ser considerado inteligente, ahora ya es
necesario. El concepto de inteligencia , como es obvio cambia, se
incrementa, se amplía.
Las necesidades actuales para un desarrollo satisfactorio,
inteligente, cultural, humano, de una persona cualquiera, abarcan
diferentes aspectos y van desde los considerados cognitivos o
mentales, hasta los corporales y manuales, pasando por los
relacionales y/o afectivos.
Se puede considerar como necesario a nivel cognitivo, intelectivo
o mental, todo lo que era considerado como tal, en el concepto
tradicional de inteligencia del que venimos hablando. Es decir, la
memoria, el razonamiento lógico, la capacidad crítica, la agilidad
mental, la capacidad de observación, la objetividad, la capacidad
de síntesis, la argumentación mental, etc. En conclusión todos
aquellos aspectos que, desarrollados convenientemente, construyen
una mente clara, culta, ágil.
Sólo existe, me parece, un cambio. La cantidad de información
generada por todos los aspectos sociales y culturales del ser humano
actual, hace necesario el desarrollo de la capacidad de selección.
Es decir, la selectividad de la información es clave, hoy en día
para desarrollar una mente inteligente. No es que antes,
tradicionalmente, no se llevara a cabo la selección de la información,
como capacidad añadida o integrada dentro del procesamiento de la
información, sino que la condición actual es desbordante para la
capacidad mental de un ser humano, lo que hace necesario, casi
urgente, el incluir la selectividad mental como aspecto de la
inteligencia.
A bote pronto, se me ocurre, que esta nueva capacidad, o para ser
más precisos, este nuevo desarrollo de una capacidad ya existente,
es como una nueva habilidad o destreza consistente en decidir de
forma rápida y precisa hacia donde deberemos dirigir nuestra
observación a la hora de recabar información para procesar un
nuevo pensamiento. Quien más desarrolle esta capacidad en mejores
condiciones estará para establecer relaciones mentales, o lo que es
lo mismo, para emitir juicios intelectivos.
Existen una serie de necesidades nuevas, por el modo de vida del
hombre de hoy, que si antes eran complementos al desarrollo
intelectual y no se consideraban como factores de incremento de la
inteligencia, actualmente, me temo, son parte del desarrollo de la
persona, y por tanto de la inteligencia. Son necesidades de carácter
manual (considerado desde el punto de vista manipulativo) que no
escapan al hombre en ninguna de las situaciones o estratos en que se
encuentre. Hablo de la necesidad de manejar, manipular, conocer,
resolver, utilizar, ...., productos y "frutos" de la
creación del ser humano de los que no se puede ya separar. Por
poner algunos ejemplos, se puede hablar de la necesidad de manipular
aparatos de locomoción (los cuales exigen habilidades mentales),
aparatos domésticos (cada vez más complejos y eficaces),
instrumentos mecánicos favorecedores de condiciones laborales
(capacitación motriz), aparatos de intercambio social y cultural
(cajeros automáticos, mandos a distancia, telefonía móvil, electrónica,
digital, etc).
Todo este cúmulo de condiciones, simplificando, mecánicas,
exigen una capacitación para poder "moverse" de una forma
hábil, de una forma eficaz, de una manera inteligente, por el
entramado de la red social actual. Quien no sea hábil en la
utilización de todo este "montón" de aparatos de los que
somos presos en la dinámica social (es cierto que algunos más que
otros) no está actuando inteligentemente.
Por otro lado, el denominado entramado social, o la red de dinámicas
sociales, culturales y laborales, exigen del hombre de hoy, si no
unas nuevas capacidades para evitar la idea de que nunca las tuvo, sí
el desarrollo de unas capacidades que le sirvan para ser lo más
eficaz posible en dicho entramado. El mundo laboral (sea cual sea el
estrato social) exige conocer y dominar unas variables para poder
desarrollar una labor de forma inteligentemente humana. Tales
variables son llamadas relacionales. La relación laboral se ha
convertido en una nueva disciplina que es necesario desarrollar,
conocer y dominar. Hacer esto es hacerlo inteligentemente. Si bien
antes, tradicionalmente, una persona inteligente conseguía dominar
tales variables como consecuencia del desarrollo intelectual, ahora,
la situación exige dominar dichas variables como condición
intelectual. De una consecuencia se ha pasado a una condición.
En el terreno afectivo, y en gran medida muy relacionado con lo
anterior, los sentimientos humanos han llegado a tal punto de
desarrollo que se han convertido en un factor de inteligencia. La
inacabable posibilidad de recabar información, el desarrollo de las
ciencias humanas psicológicas, filosóficas, médicas y demás, han
conseguido convertir el mundo afectivo (respetando por supuesto la
condición de aleatoriedad y circunstancialidad en que se da) en una
nueva disciplina en la que cabe la posibilidad de su dominio. O al
menos su observación, análisis y su valoración. Esto supone que,
en el terreno afectivo, existe la posibilidad de desarrollar de
forma consciente y voluntaria determinados aspectos que generan
desarrollo de la persona, de su individualidad, de su autosatisfacción
y de sus condiciones de vida, en general. Lo cual es considerado
como inteligencia.
Si tradicionalmente las consecuencias y efectos que produce la
afectividad en el ser humano se separaban, o al menos no se
consideraban, de las condiciones inteligentes, en este nuevo
concepto de inteligencia se incluyen como factores, se consideran
como determinantes del nivel intelectual. Es, o así me lo parece,
una especie de revolución cultural del concepto afectivo, a la vez
que el intelectivo. Hoy día se puede considerar, sin errar mucho, a
una persona estable, anímicamente satisfecha, con un terreno
afectivo considerable y cubierto mínimamente, como alguien
inteligente, como alguien capacitado a enfrentarse con entereza a
los cambios, a los problemas, al azar que genera la situación anímica,
con garantías de superar las circunstancias y de actuar
eficazmente. También encontraré alguien aquí que esté de acuerdo
conmigo.
Podría indagar más en las situaciones humanas de la actualidad
y ver cómo es posible descubrir que aspectos de la vida del hombre,
a los que antes no se consideraban más que frutos de la dinámica
humana, hoy se han convertido en condiciones para esa misma dinámica.
Con este grupo de necesidades de las que he hablado basta para
comprender el giro que ha tomado el concepto de inteligencia.
Pero vamos a ello, vamos al concepto. Al nuevo concepto. Al
principio de este artículo estuve tentado de titularlo, en lugar de
como lo he hecho, "La metainteligencia". Por un poco de
falsa modestia (que ahora demuestro al escribirlo) no lo hice. Más,
ahora, si lo he hecho ha sido para iniciar el concepto ilustrándolo
con la imagen que da intuitivamente dicha palabra. Más allá de la
inteligencia, la inteligencia de la inteligencia o, mejor, más
arriba de la inteligencia.
La idea es que la inteligencia ya no es una mera capacidad que
agrupa varios aspectos, sino un conjunto de capacidades entre los
cuales se encuentra la capacidad de ser inteligente, tal y como se
entendía tradicionalmente, y, desgraciadamente, tal y como aún se
entiende. La nueva inteligencia es un conjunto de capacidades. La
capacidad cognitiva, la capacidad afectiva, la capacidad motriz,
corporal y física, la capacidad relacional y social, la capacidad
de instrumentación, la capacidad creativa y expresiva.
En cada uno de estos grupos de capacidades se encuentran aspectos
que cubren las necesidades de las que he hablado anteriormente, de
tal forma que todas estas capacidades son necesarias para el
desarrollo de la inteligencia. De tal manera que el desarrollo de
una, varias o alguna de estas capacidades de forma aislada de las
otras genera algún grado de habilidad pero no la inteligencia.
La nueva concepción de inteligencia pasa por el desarrollo de
todos y cada uno de estos grupos de capacidades. La capacidad
cognitiva, intelectiva o mental, tal y como la conocemos debe ser
desarrollada en todos aquellos aspectos de los que ya hemos hecho
referencia. Es decir, la consecución de una memoria eficaz, el
razonamiento lógico, la capacidad crítica, la objetividad, la
agilidad mental, la capacidad de observación, de análisis, etc,
etc, etc.
Las capacidades afectivas tendrán que ser elaboradas a partir de
la adquisición de hábitos de tolerancia, de respeto, de
individualidad, de decisión personal, de cariño, de autosatisfacción,
de autorealización, de agradecimiento, de disciplina, de
experimentación, de superación de uno mismo, de relación, de
colaboración, de escucha, de valores humanos en definitiva.
Las capacidades sociales y relacionales deberán ser
desarrolladas como conocimiento, valoración y adquisición de una
serie de variables que "pululan" por la dinámica social y
laboral. La elaboración de hábitos de observación, análisis y
conocimiento de las situaciones, sus tipos, sus causas y efectos, el
conocimiento de uno mismo y de los demás, la preocupación de los
otros, los grupos humanos, sus consecuencias, los conflictos, los
beneficios y los perjuicios de la colaboración, etc, etc, etc.
Las capacidades motrices, corporales y/o físicas, determinan el
autoconocimiento, el autocontrol. El desarrollo del esquema
corporal, la imagen de uno mismo, la autoconfianza, la seguridad en
uno mismo, la autoestima, determinan el inicio de nuestros actos,
pensamientos, acciones y relaciones. La capacidad motriz, la
agilidad, las habilidades corporales, la condición física, la
destreza, la coordinación, son aspectos que mejoran la posibilidad
de dominio del espacio físico. El control del espacio, las
coordenadas espaciales, las trayectorias, la lateralidad, la
proyección espacial, la abstracción mental, el control del ritmo
corporal, las coordenadas temporales, las secuencias, los
"tempos", los ritmos, los silencios, todo ello se
convierte en un grupo de variables que facilitan la interacción con
el medio, además de ser el inicio o punto de arranque de muchos de
nuestros pensamientos.
Las capacidades de instrumentalización o dominio de los
instrumentos. La motricidad fina, la coordinación específica, la
capacidad manual, la capacidad pédica, el dominio segmentario
corporal. La manipulación, la experimentación, la abstracción
mental en la instrumentalización. Todas estas capacidades facilitan
un uso más inteligente de los medios y los instrumentos.
La capacidad creativa y la expresiva. El desarrollo de la
imaginación, la invención, la creación de ideas, la renovación.
La capacidad de expresar, con las manos, con el cuerpo, con la
mente, con las ideas, con la palabra escrita, de forma oral, con
elementos, la observación artística, la determinación de
variables artísticas, el gusto por lo expresivo, lo artístico, la
música, la pintura, la escultura, la arquitectura, etc, etc.
Todas estas capacidades conforman el grupo o conjunto de
condiciones que definen la inteligencia hoy en día. El llegar más
lejos o no en cada una de ellas depende de cada persona, de su
personalidad, de sus circunstancias, del azar que le domine, pero lo
que es seguro es que todas y cada una de ellas es necesaria
desarrollarla para ser considerado inteligente.
Hoy día no hay ninguna situación, me atrevo a decir, en la que
no se ponga de manifiesto algún aspecto de cada una de las
capacidades enumeradas anteriormente. Pongamos un caso, por ejemplo.
Un encuentro casual en la calle conlleva el demostrar, de forma
subterránea, de manera consciente e inconsciente, el grado y nivel
que poseemos en cada aspecto. El conocimiento de los datos de que
hablamos, la seguridad de uno mismo, el dominio del espacio, la
relación con el otro, lo creativo de uno mismo y del otro, lo
agradable, lo ágil mentalmente, la manipulación de los objetos, su
dominio... Así todos los aspectos que queramos. La importancia en
la manifestación de éstos dependerá de la situación concreta,
pero estarán presentes. Quien demuestre dominio, buen nivel,
desarrollo, agilidad, etc, en cada situación que se le presente,
estará demostrando que es inteligente.
La idea que sobrevuela a todo esto es que el hombre del siglo XXI
deberá desarrollar, a un mínimo nivel, cada uno de estos grupos de
capacidades si quiere ser un ser inteligente. Ese hombre del siglo
XXI es el niño/a de hoy
Fuente:
http://www.fomento.edu |