El ángulo de
visión de "La Mona Lisa" o "La Gioconda" de Leonardo Da Vinci
Leonardo Da Vinci la pintó
con cierto ángulo para que sus ojos miraran siempre "al centro del
espectador". Se supo que la figura del cuadro es Lisa Gherardini
Un grupo de
científicos británicos y estadounidenses descubrió el misterio
que rodeaba el enigmático rostro de "La Gioconda" (nombre dado al
retrato de Mona Lisa), la que parece mirar al espectador
directamente a los ojos desde cualquier posición de la que se la
observe.
Los especialistas de la Universidad de Ohio, en Estados Unidos, y de
la National Gallery de Londres, indicaron al periódico inglés
Evening Standard que resolvieron el misterio del famoso cuadro de
Leonardo Da Vinci.
Según el profesor estadounidense James Todo, el secreto está en que Da
Vinci pintó el retrato con cierto ángulo que de cualquier modo
permite que sus ojos "miren al centro del observador".
"La idea es simple: no importa en qué lugar de la habitación uno se
ubique. Mona Lisa da siempre la impresión de mirarnos directamente a
los ojos. La pintura no cambia, pero debido a la superficie plana,
el efecto se amplía", indicó.
El grupo de expertos creó varias imágenes de seres humanos en dos
dimensiones y las analizó desde varios puntos y ángulos posibles.
Además, encontraron que detalles ínfimos como los ojos de la figura
parecen buscar la mirada del espectador sin importar el ángulo de
visión del observador.
"Descubrimos que los cambios en la dirección de la mirada tienen muy
poco efecto en las percepciones del observador. La única diferencia es
que si, por ejemplo, Mona Lisa es observada desde un ángulo, su cuerpo
podría aparecer distorsionado, pero su mirada nos seguirá",
agregó.
Por su parte, Alexander Sturgess, curador de la muestra "Making Faces"
de la National Gallery, sobre los rostros más famosos de pinturas
reconocidas del mundo, indicó que este fenómeno "fue utilizado por
muchos artistas del siglo XVI y XVII".
"Este efecto óptico ha fascinado a muchos por mucho tiempo. El rostro
de una persona puede variar considerablemente con la percepción del
observador, dependiendo de su mirada", aclaró el curador.
Hace dos semanas se develó otro de los misterios del cuadro: ¿Quién es
en realidad el personaje?.Es Lisa Gherardini, la segunda mujer del
rico comerciante de seda florentino, Francesco del Giocondo y que
había nacido en Florencia el 15 de junio de 1479.
La noble del valle del Chianti "monna" (madonna, señora, doña) Lisa
Gherardini de Giocondo, inspiró a Leonardo, quien, poco antes de morir
en Francia, dijo: "Nunca he terminado esa obra".
El estudioso florentino Giuseppe Pallanti se ha pasado años revisando
documentos en los archivos de Florencia y la región Toscana, en el
centro de Italia, y visitando los lugares donde la mujer vivió, como
Greve, Panzano, San Donato in Poggio, Castellina y el Chianti, zona de
famosos vinos. Sus conclusiones, de gran interés histórico, están
contenidas en un libro. Giorgio Vassari había escrito en la segunda
mitad del siglo XVI, en su célebre biografía de Leonardo Da Vinci, que
Lisa Gherardini era la modelo del cuadro que era considerado ya
entonces un "capolavoro", es decir, una obra maestra.
Pero la identidad de la Mona Lisa —como el misterio de su mirada—, fue
muy discutida durante siglos, porque no faltaron quienes consideraron
que el retrato con la misteriosa y extraordinaria sonrisa
correspondía, en realidad, a Beatrice d'Este, otra aristócrata que fue
modelo de Leonardo. O que era el mismo Da Vinci el que había realizado
un ambiguo autorretrato.
No faltaron quienes afirmaban que se trataba de otras mujeres y
hasta de un jovencito, porque las ambigüedades en materia de
gustos sexuales de Leonardo le asignaron una prolongada relación con
su asistente, Gian Giacomo Caprotti, que duró 26 años. A Caprotti,
llamado Salaino o Saladino, Leonardo dejó en herencia "La Gioconda"
cuando murió en 1519.
Las discusiones en torno a quién era la modelo verdadera del cuadro se
renovaron a partir de 1911, después que "La Gioconda" fue robado del
Museo del Louvre por un inmigrante italiano que lo repatrió a la
península. Pero Mona Lisa no había sido robado, sino que Leonardo lo
llevó a Francia en los últimos años de su vida, así que Italia
devolvió graciosamente el cuadro a los franceses y en el Louvre quedó
hasta hoy |
Rembrandt era
estrábico
Científicos de la
Universidad de Harvard sostienen que el pintor flamenco padecía de una
deficiencia visual, era estrábico. “De esa manera trasladó mejor las
imágenes tridimensionales”, aseguran
Un
ojo perezoso con un valor de millones de euros, o, si se prefiere, la
belleza del estrabismo sin incomodar a Venus. Un estudio de la
Facultad de Medicina de Harvard, EE.UU., revela que gran parte de la
belleza de los autorretratos pintados por Rembrandt puede derivar de
su punto de vista que, era, justamente, el de un estrábico.
La neurobióloga Margaret Livingstone analizó 36 pinturas del maestro
del siglo XVII y llegó a la conclusión de que el hecho de que uno de
los ojos de Rembrandt no estuviera alineado con el otro, lo llevaba a
fijar la mirada hacia el exterior. Así, lo que con frecuencia se
considera un defecto visual le habría asegurado a
Rembrandt van Rijn una ventaja, porque le permitió llevar mejor a
la versión bidimensional de la tela las escenas tridimensionales.
En la práctica, el
estrabismo le impedía a Rembrandt percibir exactamente la
profundidad de las imágenes, y al reproducirlas como él las veía, o
sea más “despegadas”, en realidad las volcaba mejor sobre la tela. El
maestro no tenía necesidad de artificios como el sugerido a menudo por
los profesores de arte a sus alumnos, de cerrar un ojo cuando componen
una imagen.
El estrabismo de Rembrandt, según podemos leer en el estudio de
Harvard, es evidente en 23 de los 24 autorretratos al óleo del
maestro: su ojo derecho apunta a la derecha, mientras que el izquierdo
apunta recto. Como las pinturas fueron realizadas mirándose al espejo,
el ojo izquierdo es probablemente el estrábico. Margaret Livingstone
analizó luego los grabados y también en ese caso encontró evidencia
científica de su teoría: en un solo caso, de los 36 totales, los ojos
del pintor están alineados. “Nos preguntamos –comentó la
investigadora– si acaso lo habría pintado algún alumno de Rembrandt y
no el propio artista, que copiaba su imagen reflejada.” |