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| Pintura y escultura |
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La pintura barroca se aleja del elitismo manierista en busca de una expresión más didáctica. Es una pintura realista, naturalista, que dota al cuadro de contenido sugerente, formas ensoñadoras, poesía y evocación de lo antiguo, exceptuando los interiores holandeses. Las obras barrocas están dotadas de un profundo naturalismo. El pintor barroco plasma la realidad tal y como la ve, con sus límites imprecisos, sus formas que salen y entran, los objetos de primer plano intrascendentes, los escorzos y las posturas violentas, y las composiciones diagonales que dan a la obra gran dinamismo. La pintura barroca holandesa y de Flandes es heredera directa de la flamenca, tiene un lenguaje más burgués, que le diferencia del lenguaje cortesano del resto del mundo. El barroco admite una gran variedad de temas y técnicas, propaga los valores de la Contrarreforma, el absolutismo y la burguesía. Se recrea en los espacios abiertos, predomina el color y la luz sobre el dibujo, y busca los efectos de contraste que producen las luces y las sombras, con una técnica que se llamará tenebrismo. La pincelada suele ser larga y flexible. Frecuentemente utiliza la perspectiva aérea para dar profundidad al cuadro. Se acude a los temas religiosos, escenas de santos, mitológicos y el retrato, tanto el individual como el de grupo, que aparece ahora. El paisaje humanizado cobra importancia por sí mismo (marinas, vistas rurales, etc.), y surge como tema nuevo el bodegón, sin presencia humana. No se entiende la pintura barroca sin hacer referencia a dos estéticas diferentes: el tenebrismo y el eclecticismo o clasicismo. El tenebrismo consiste en el choque violento de la luz contra la sombra. Da a las obras un rabioso naturalismo. El fondo queda en penumbra, o desaparece, mientras que la escena queda en primer plano. El eclecticismo trata de salvar el gusto clásico dentro de la nueva estética. Si en el tenebrismo se aboga por el naturalismo en el eclecticismo se hace por el idealismo. Esta es la estética que triunfa dentro de la Iglesia católica, ya que es la más apta para exaltar a la Iglesia. Se trata de una estética decorativa efectista y teatral. ItaliaMichel Ángelo Merisi, Caravaggio, es el creador y divulgador del tenebrismo, un gran genio de la pintura universal. En sus cuadros encontramos los mejores ejemplos de tenebrismo y del rabioso naturalismo que implica. Es un pintor independiente y rebelde que influye en todos los grandes pintores de su tiempo, aunque no crea una escuela. Utiliza los modelos que le presenta la realidad, incluido lo feo; y lo grotesco. Entre sus obras destacan el Martirio de san Mateo, en el que acentúa los rasgos del personaje gracias al tenebrismo: San Jerónimo, Cesto de frutas, Baco adolescente, etc. Ignora el paisaje de fondo, el problema del espacio y la perspectiva. Entre sus temas se encuentran los bodegones y las naturalezas muertas, pero sobre todo el hombre, del cual trata de captar su psicología. La escuela de los Carracci es la representante del eclecticismo, mucho más clásico y por lo mismo más aceptada por el poder. La escuela se instala en Bolonia y creará la Academia de Bolonia, la primera Escuela de Bellas Artes. Para ellos el paisaje es el gran protagonista. A esta escuela pertenecen Ludovico Carracci, el fundador de la escuela, junto con Agostino Carracci: Última comunión de san Jerónimo, y Aníbal Carracci: galería del palacio Farnesio. De esta escuela saldrán grandes pintores como Guido Reni: El bautismo de Cristo, Francesco Albani: decoración de diversos palacios en Roma, Doménico Zampieri, el Domenichino: Diana cazadora, y Francesco Barbieri, el Guercino: Abraham expulsa a Agar y a su hijo. En casi todas las repúblicas italianas encontramos grandes pintores. En Nápoles trabajan Giovanni Batista Cariacciolo, el Batistello: San Cosme y san Damián; Massimo Stanzioni: Degollación del Bautista, y Mattia Pretti: El agua de la peña. Todos influidos por Caravaggio, que vivió allí. También napolitano es Lucas Jordán aunque trabaja fundamentalmente en España: Cristo expulsando del templo a los mercaderes. Por Roma pasan todos los grandes pintores, pero aquí no hacen escuela. De tendencia tenebrista encontramos a Horacio Gentileschi: La Sagrada Familia con santa Catalina, y Bartolomeo Manfredi. De tendencia ecléctica están Andrea Sacchi: Visión de san Romualdo, y los grandes muralistas, entre los que destacan Pietro de la Cortona, otro de los grandes pintores del barroco (no confundir con el arquitecto Pietro di Cortona, que también pinta). Trabaja, fundamentalmente, sobre grandes muros y bóvedas. Su pintura se caracteriza por un brillante colorido, su agitación y sus forzados escorzos: Afrodita y su hijo Eneas; y Andrea del Pozo: Triunfo de san Ignacio. En Florencia trabaja Carlo Dolci: David con la cabeza de Goliat. Y en Milán lo hace Giovanni Batista Crespi: La comunión como viático. En Venecia, durante el siglo XVII, sólo encontramos a Doménico Feti: La parábola de los talentos. Pero en el siglo XVIII trabajarán aquí algunos grandes pintores, que traspasan la frontera del barroco para entrar en el rococó, como Sebastián Ricci: Los santos ruegan a la Virgen por las almas del purgatorio, Gian Battista Piazzetta: que transforma el tenebrismo ya que colorea las zonas obscuras: La adivinadora. Pero sobre todos está Gian Battista Tiépolo, con sus sonrisas y su luz etérea y plateada: Abraham y los tres ángeles. Tiépolo trabaja en Madrid donde decora el salón del trono del Palacio Real. En estos momentos en Venecia toma carta de naturaleza el paisaje urbano. Luca Carlevaris forma una escuela de grandes paisajistas. Entre ellos destacan Antonio Canal, Canaletto: Paisaje de Venecia, y Francesco Guardi: Paisaje con ruinas antiguas. |
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