Política y economía americanas
¿Cómo se elige al presidente en el país más "democrático" del mundo?

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George Bush llegó a la Casa Blanca a pesar de haber perdido el voto popular frente a su contrincante, Al Gore, que obtuvo 537.179 sufragios más que el republicano. Es una de las paradojas que permite el sistema electoral estadounidense: el presidente no se elige por voto directo, sino de forma indirecta, a través del denominado Colegio Electoral. Tras un controvertido recuento, el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró a Bush ganador del voto popular en Florida, con lo que automáticamente se anotó la totalidad de los 25 compromisarios electorales que en 2000 correspondían a dicho estado. Se hizo así con un total de 271 compromisarios, frente a los 266 que obtuvo Gore. Con ello, superó los 270 votos que, de un total de 538 compromisarios, necesita un candidato para declararse vencedor en las elecciones presidenciales.

¿Cómo se asignan los compromisarios?

A cada estado le corresponde un número igual al de sus senadores -siempre dos por estado- más el de sus miembros en la Cámara de Representantes, que varía cada década, ya que se ajusta según los cambios demográficos registrados en el censo. Cada partido político, así como los candidatos independientes, como Ralph Nader en las actuales elecciones, deben enviar al organismo electoral de cada estado la lista de los individuos -compromisarios- que se comprometen a votar por sus candidatos en dicho estado.

El martes siguiente al primer lunes de noviembre de cada año divisible por cuatro, los estadounidenses depositan en sus respectivos estados su voto. Pero su papeleta no se adjudica directamente al candidato de su preferencia, sino a la lista de compromisarios adscritos al mismo. El partido que obtenga la mayoría del voto popular gana la totalidad de los compromisarios de cada estado. Es decir, se aplica la regla del "todo o nada", en lugar de asignar el voto popular de forma proporcional. Sólo dos estados, Maine y Nebraska, aplican una variedad de la regla proporcional para asignar el número de compromisarios a cada candidato.

El lunes siguiente al segundo miércoles de diciembre, los compromisarios de cada estado se reúnen para depositar dos votos: uno para el presidente y otro para el vicepresidente. Los sufragios se envían después sellados al presidente del Senado que, el 6 de enero siguiente al martes electoral, lee el resultado ante las dos cámaras del Congreso. El candidato que obtenga la mayoría absoluta de los votos de los compromisarios es declarado presidente. En caso de que ningún candidato logre dicha ventaja, la Cámara de Representantes, que se considera más próxima al pueblo, elige al presidente entre los tres principales contendientes. Cada estado emite un único voto y resultará elegido el candidato que obtenga, de nuevo, la mayoría absoluta. El 20 de enero, a mediodía, el presidente y el vicepresidente electos juran su cargo.

La batalla por la Casa Blanca se reduce a un máximo de veinte estados:

El ejercicio de predicción del resultado de las elecciones del 2 de noviembre en EEUU requiere algo más que el seguimiento de los sondeos de intención de voto. ¿La razón? No tienen sentido si no se analizan a la luz del peculiar sistema, el colegio electoral, según el que se elige al inquilino de la Casa Blanca. No será presidente quien obtenga más votos, sino quien logre el apoyo de, al menos, 270 de los 538 compromisarios del Colegio Electoral.

Por eso, los candidatos concentran sus esfuerzos en aquellos que les puedan acercar a ese objetivo. Una muestra. El demócrata Kerry no ha perdido demasiado tiempo en California o Nueva York, dos estados demócratas hasta la médula. A Bush, por su parte, salvo por la desafiante elección de la Convención Republicana en la Gran Manzana -la proximidad de la Zona Cero valía la pena la afrenta-, apenas si se ha dejado caer en el estado neoyorquino. Inversamente, Kerry sabe que poco tiene que hacer en el muy republicano estado de Texas, patria de adopción del actual presidente. Muy diferente es el caso de Wisconsin, por ejemplo, que Al Gore ganó hace cuatro años por 5.708 votos. O de Nuevo México, que fue a parar a George Bush… ¡por sólo 366 votos!


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