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ALCA. Importancia geopolítica para Colombia y para la región

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. Incidencia del ALCA en Colombia

09 - José Orlando Morera Cruz - En el mosaico actual de las ciencias sociales, la política y la economía, se presentan como categorías del pensamiento social aisladas y contradictorias, olvidando que son en realidad esferas interactuantes de la vida social.

 

Se puede partir de la obra de Karl Maushofer, difusor del “labensraum[1]”, que tiene la visión geopolítica del mundo dividido en pan regiones, constituidas por las regiones económicas globales estrechamente vinculadas en sus tendencias ideológicas.

 

Una semejante integración económica en el continente americano tiene sus orígenes[2] en el tratado de Montevideo que diera nacimiento a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, que por su inoperancia, sustituida por la ALADI.

 

Diversos intentos de conformar procesos de integración económica en el continente han corrido suertes y realizaciones diferentes.  Pero algunos de tantos intentos subregionales de integración económica han quedado subsumidos en un fenómeno mundial, el de la globalización, y en un proceso continental, el del designio de los Estados Unidos de avanzar en un proceso de integración de todas las naciones americanas y del caribe, mediante una alianza de libre comercio de las Américas – ALCA[3] .

 

DESARROLLO 

 

El proceso integracionista adelantado por el impulso a él dado por EEUU, ha tenido hasta el presente, como resultados concretos, los dos tratados bilaterales de libre comercio, el uno con México y Canadá, y el otro con Chile.  Ocurre sin embargo, que no existe contradicción de principio entre la ambiciosa meta de un gran tratado multilateral (el ALCA) y la negociación más próxima de tratados bilaterales con los países que reúnan las condiciones para suscribir tales tratados.

 

Se olvida, con frecuencia, que la posibilidad de negociación de tratados de integración de libre comercio no es solo, ni principalmente, una negociación sobre reducción o eliminación de gravámenes arancelarios o para – arancelarios.  En estas negociaciones el punto de partida debe consistir en saber, primero, no qué se negocia sino, primordialmente, con quien, desde el punto de vista geoestratégico y para este caso en particular geoeconómico.

 

El proceso que pretende crear la zona de libre comercio más grande del mundo, agrupando a los 34 países del hemisferio occidental, esta avanzando a pasos agigantados.  El acuerdo estaba planeado para que se terminará de negociar en diciembre de 2003 y entrará en vigencia en 2005, pero todo indica que, o bien el plazo no se cumpla, o el acuerdo tenga un alcance parcial.

 

Avances de Colombia

 

El objetivo primordial de Colombia en el Área de Libre Comercio de las Américas es aprovechar las condiciones productivas del País y su posición estratégica en el Hemisferio Occidental, para aumentar y diversificar las exportaciones nacionales de bienes y servicios, mediante la consolidación de un mercado ampliado que cree certidumbre a inversionistas y operadores comerciales tanto nacionales como extranjeros.

 

Para lograrlo, se debe buscar en primer lugar consolidar los mercados para la oferta exportable actual colombiana y, al tiempo, construir una nueva oferta, utilizando inversión nacional y extranjera interesada en aprovechar las ventajas de la situación privilegiada situación geográfica con que cuenta el País.

 

El Ministerio de Comercio Exterior, entidad oficial encargada de adelantar las negociaciones referentes al respecto, tiene presente que las negociaciones comerciales internacionales son fundamentales en la promoción de las exportaciones y constituyen un instrumento importante del Plan Estratégico Exportador. Por eso, el Ministerio viene desarrollando estas negociaciones en cumplimiento del Objetivo 1 del Plan Estratégico Exportador - Aumentar y Diversificar la oferta exportable en función de la demanda mundial -, que en su estrategia 3 promulga: Adelantar con criterio estratégico negociaciones comerciales.

 

De otro lado, Colombia ha venido participando de manera unificada como bloque dentro de la Comunidad Andina -CAN-, gracias a lo cual ha podido ejercer un mayor peso en las negociaciones, siendo uno de los bloques importantes dentro de la negociación, junto con NAFTA y MERCOSUR.

 

Igualmente, al interior de la CAN Colombia se ha distinguido durante este proceso por su liderazgo en la formulación y sustentación de propuestas de interés nacional y regional. Cabe destacar en ese sentido, el tema del Trato Especial y Diferenciado, que ha sido considerado e incluido en desarrollo del Acuerdo, gracias a una propuesta realizada por la CAN promovida por Colombia, así como también el liderazgo ejercido sobre la posición andina, para que la CAN apoyara el avance y la terminación temprana de las negociaciones. En este mismo orden de ideas, Colombia ha contando con una alta asistencia a las reuniones de todos los grupos de negociación y con un elevado grado de participación en las mismas, logrando así defender los intereses del empresariado nacional y de los ciudadanos colombianos.

 

EL Objetivo del ALCA

 

El ALCA busca eliminar progresivamente las barreras al comercio y a la inversión, para integrar, mediante un solo acuerdo de libre comercio, las economías del hemisferio. El objetivo final es incrementar los niveles de comercio e inversión entre los países que harán parte del Acuerdo ALCA gracias a esta eliminación de barreras, así como también incrementar los flujos de comercio e inversión desde otros países y bloques regionales, que se verán atraídos hacia los países del ALCA por las condiciones que este Acuerdo generará en la región, tales como mejores condiciones de producción, mayor seguridad jurídica y estabilidad económica, un mercado muy grande para vender productos y servicios, etc.

 

Al Colombia participar como parte del bloque de la Comunidad Andina (CAN), tiene un mayor peso en las negociaciones. La estrategia adoptada por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, hace de nuestro país un participante muy activo de la Comunidad Andina en todas y cada una de las respectivas reuniones.

 

Beneficios que brindaría el ALCA?

 

El resultado del proceso de integración del ALCA será, en términos generales la mayor competencia y la eliminación de aranceles para el ingreso de productos y servicios a los países miembro. La necesidad de incrementar los niveles de competitividad de la producción nacional para participar en el mercado del ALCA es definitivamente favorable para el sector productivo nacional, pues esta exigencia hará que se modifiquen aquellas estructuras ineficientes que afectan hoy en día las enormes posibilidades que tiene nuestra economía y que se apliquen tecnologías de punta, mejorando la eficiencia en la producción. También será muy importante el que nuestras empresas productivas se especialicen en aquellos productos y servicios con valor agregado sobre los cuales realmente el país posee ventajas competitivas.

 

El incremento en los volúmenes de comercio, generados por nuestro ingreso al ALCA, permitirá no solamente aumentar las ventas por exportaciones al exterior a nuestros mayores socios comerciales y contar con un mercado muy extenso (800 millones de habitantes) sino, al tiempo, conseguir los mejores precios de compra y desarrollos tecnológicos en los equipos y las materias primas necesarios para nuestra propia producción, reduciendo costos y logrando mayor calidad en la misma.

 

Otro aspecto destacable de la inserción de Colombia en el ALCA será el incremento sustancial que se dará en los niveles de inversión, por parte tanto de los países del ALCA, como también de otros países que se verán atraídos por el mercado objetivo que se constituirá mediante esta integración. Obviamente, al interior del proceso se viene trabajando en aspectos que serán determinantes para que los países miembros puedan ofrecer garantía y seguridad a los inversionistas que decidan poner sus capitales en la región.

 

El hecho mismo de hacer parte de un bloque comercial junto con una de las principales economías mundiales, le permitirá a Colombia reducir los niveles de riesgo - país con que cuenta en la actualidad, lo cual contribuirá a atraer capitales externos, con sus consecuencias positivas sobre los niveles de empleo para los colombianos.

 

De igual forma, los consumidores nacionales se verán altamente beneficiados, pues tendrán la posibilidad de acceder a una gran diversidad de productos y servicios ofrecidos por los países del hemisferio, a más bajos precios y con estándares elevados de calidad y servicio.

 

Efectos negativos que podría tener

 

El ALCA podrá tener efectos negativo solamente para aquellas empresas que no se reestructuren y adecuen a la nueva exigencia del mercado, razón por la cual, es momento de iniciar las adecuaciones y las investigaciones necesarias.

 

Efectos de asociar países pequeños (menos desarrollados) y más grandes (más desarrollados) en un mismo bloque

 

Es claro que la diversidad de naciones participantes en el ALCA, con diferentes tamaños y grados de desarrollo en sus economías, conlleva la necesidad de considerar condiciones asimétricas en los diferentes capítulos del Acuerdo.

 

Frente a esta realidad, Colombia ha buscado salvaguardar los intereses de las empresas nacionales exportadoras, y al tiempo lograr para ellas el mejor acceso a los mercados y flexibilidad en la desgravación arancelaria, por lo cual, desde un principio, propuso la introducción del Trato Especial y Diferenciado al interior de la negociación.

 

Ayuda especial para Colombia

 

Colombia, al igual que otros países en desarrollo y pequeñas economías, se encuentra adelantando negociaciones que le permitirán recibir cooperación técnica en aquellos aspectos en los cuales no se encuentre en condiciones óptimas para ingresar al ALCA.

 

Apertura 

 

La apertura colombiana no fue un caso de clarividencia excepcional de nuestros líderes. Colombia no estuvo ni en la primera ni en la segunda ola de reformas económicas latinoamericanas hacia la apertura. Colombia llegó un poco a remolque y sin mucha iniciativa propia mucho después de que países como México, Chile, Bolivia, Uruguay y Costa Rica habían realizado sus reformas, como la quinceañera en su primer baile nos metimos al impulso de la emoción del evento y la irresponsabilidad de los novios de turno.

 

La experiencia de Colombia en la apertura económica, no fue la mejor; la balanza comercial deficitaria, balanza de pagos deficitaria, tasa de cambio rezagada, altas tasas de interés, contrabando, evasión de impuestos y déficit fiscal son solo algunos de los problemas que agravaron la situación económica y social de las grandes mayorías de trabajadores, campesinos y sectores populares del país. Hay que ver ejemplos de nuestros vecinos, las experiencias de los trabajadores mexicanos con el NAFTA en los últimos 10 años, y el mayor enriquecimiento de las multinacionales financieras y comerciales norteamericanas, permiten prever las graves consecuencias que tendrá para el país con su vinculación al ALCA, si no crea fortalezas empresariales, sociales, jurídicas, políticas e incluso tributarias que sean suficientes para hacerle frente a la competencia foránea.

 

Cuando iniciamos el proceso de Apertura Económica, un buen número de empresarios no dimensionaron las causas y  consecuencias de abrir las puertas a la competencia de bienes y servicios del extranjero, los resultados fueron lamentables. Las estadísticas de la superintendencia de sociedades señalan que durante la primera mitad de la década de los 90 aproximadamente el 55% de las medianas y pequeñas empresas desaparecieron porque no eran competitivas en costos y calidad.

 

Con los pies en la tierra

 

Se observa en las columnas de los diarios, revistas especializadas y libros que es fácil deducir el gran atractivo que tiene el mercado Latinoamericano para el ALCA. Para el caso concreto de Colombia no hay que olvidar las consecuencias que han tenido las políticas que nos han impartido desde los Estados Unidos directamente, o a través del Fondo Monetario Internacional - FMI - y la Organización Mundial del Comercio –OMC-. Por eso, el empresario que no esté preparado para afrontar la competencia externa, en forma mas abierta a la presentada con la llamada apertura económica, desaparecerá y nuestras pocas empresas colombianas serán sustituidas por empresas foráneas, incluso la balanza comercial será más deficitaria, pues el nivel de importaciones será tan feroz que la producción que desaparezca será suplida por productos de mejor calidad y a mejor precio importado de los países vecinos que son comparativa y competitivamente mejores que nosotros.

 

Se puede decir que el ALCA es un mal necesario, Colombia no puede estar andando en dirección contraria ni a un ritmo diferente a como lo hace el mundo desarrollado. Tenemos que ser cuidadosos al competir en un mercado más amplio y más abierto. La calidad, los precios, el servicio y la atención al cliente, son algunas de los grandes retos que el empresario y la administración gubernamental no debe perder de vista por que es allí donde estará la disputa en los mercados.

 

CONCLUSIONES

 

Hace falta poco tiempo para firmar el Acuerdo de Libre Comercio; los gremios, las Universidades, el sector financiero, el sector empresarial, las entidades no gubernamentales y el propio gobierno central no le han dado la importancia en prepararnos para enfrentar tan dura competencia.

 

No tenemos opción mejor que continuar con el tratado, pero es necesario que todos los estamentos deben participar activamente en ella, no solamente los exportadores, algunos industriales que representan gremios, asociaciones y unos pocos Ministros del gabinete, sino todos los sectores productivos que van a ser afectados positiva y negativamente, así como los consumidores, que son los mas importantes en el desarrollo de los mercados.

 

El ALCA se convierte en el instrumento político mediante el cual se pretende un modelo de desarrollo que procure un mejor bienestar social y económico para los pueblos de América, teniendo la siguiente perspectiva:

 

A Favor

 

  • Formación de un bloque consolidado más fuerte frente a la Unión Europea.

  • Acceso a un mercado de 800 millones de compradores.

  • Consolidación del Atpdea[4].

  • Implicaría reformas institucionales positivas para Colombia.

  • Aumento de la inversión.

 

En contra

 

  • Mayores asimetrías y dificultad para concertar.

  • Menos exclusividad en beneficios. 

  • Países con estructuras económicas similares a la de Colombia también gozarían de los privilegios. 

 

Personalmente, sueño que el ALCA, así como otros acuerdos, sea el inicio de una “Comunidad Americana” de naciones, todas independientes, todas cultivando con fuerza sus identidades culturales, pero unidas en un mercado único de comercio, de inversiones, de movimientos de personas, de movimientos de ideas, y de grandes parámetros institucionales.

 

“La república es un sueño.  Pero nada sucede si no es primero un sueño”[5].

 


[1] Teoría del Espacio Vital.

[2] En la época contemporánea.

[3] Acuerdo de Libre Comercio de tercera generación.

[4] ATPDEA: Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga.

[5] Carl Sandurg.

 

Notas, fuentes y recursos

REFERENCIAS

 

CUADRADO, Roura Juan R. Introducción a la Política Económica, Editorial Mc Graw Hill, España, 1995.

 

DECLARACIÓN DE LOS PRESIDENTES ANDINOS. Para Nosotros Patria es América, Junta del Acuerdo de Cartagena, 1984.

 

MOQURO, Horacio Roberto.  La Decisión: Aportes para la Integración Latinoamericana, Editorial Nueva Política, Caracas Venezuela, 1992.

 

Revista Perspectiva Números 2 y 3. (Revista Latinoamericana de política, económica y sociedad)

 

RODRICK, Dani.  Como hacer que la Apertura funciones, Ediciones Tercer Mundo, Colombia, 2000.

1003 - Incidencia del ALCA en Colombia - Eduardo Sarmiento Palacio

Eduardo Sarmiento Palacio, uno de los más connotados economistas colombianos y el más caracterizado crítico del modelo neoliberal en Colombia, sostuvo en el foro sobre el ALCA, realizado el 13 y 14 de junio de 2003, que las políticas aperturistas aplicadas en Colombia por más de una década han sido "un monumental fiasco" que sumió a nuestra economía en la crisis, que no podemos repetir los perjudiciales efectos de la liberación comercial sufridos por México con el TLCAN y que el ALCA "es la magnificación de todo lo que ha ocurrido en la apertura". Asimismo, enfatizó la necesidad de fundamentar nuestro desarrollo económico en el avance de la industria "con nuestras propias empresas y trabajadores" y superando la especialización en productos tropicales y de ensamblaje.

Hace 13 años, la iniciación de la apertura económica se presentó como la gran panacea nacional. Se decía que el desmonte de los aranceles, el libre juego de las multinacionales y la entrada sin restricciones del endeudamiento externo conducirían a la inserción de las exportaciones en los mercados internacionales, elevado crecimiento nacional, reducción del desempleo y mejoría de los salarios. Luego de más de una década de ilustración estamos ante un monumental fiasco. Todo lo que se anticipó sucedió al revés.

Los resultados de la apertura han sido totalmente distintos a los previstos. Las liberaciones comerciales realizadas a comienzos de 1990 y la monumental devaluación de los últimos años no lograron movilizar las exportaciones. En los últimos 13 años el valor agregado de las exportaciones creció por debajo del producto nacional. La pérdida del mercado interno ocasionada por la entrada de importaciones no tuvo mayor compensación por el lado de las ventas externas y le propinó una herida de muerte al sistema. La economía perdió la tercera parte del área agrícola y la cuarta parte del empleo industrial; quedó expuesta a un déficit en cuenta corriente que llevó a un endeudamiento insostenible, y el producto nacional dejó de crecer.

El error se originó en la creencia de que el mundo está regido por el principio de ventaja comparativa. De acuerdo con este principio, el intercambio favorece a todos los países que logran ampliar las exportaciones y la producción de bienes de menor costo relativo y adquirir los restantes a un menor precio en los mercados internacionales. La realidad es muy distinta. En un mundo expuesto a limitaciones de demanda efectiva, las relaciones comerciales están determinadas más por las ventajas absolutas. La elaboración de los productos de menores costos no garantiza su colocación en los mercados internacionales. Las mayores posibilidades de exportación están en los productos de mayor complejidad, que gozan de mayor demanda en los mercados internacionales. Así, Colombia tiene ventaja comparativa en la agricultura de productos tropicales y en la industria de ensamble, y ambos elementos están expuestos a grandes limitaciones en los mercados externos. Por eso, cuando se dejan libres los mercados se presenta una entrada masiva de importaciones de bienes complejos que no tienen una contraprestación en las exportaciones de ventaja comparativa. La constante de todas las aperturas en los países en estado intermedio de desarrollo es la conformación de un exceso de importaciones sobre exportaciones financiado con crédito externo a tasas muy superiores al crecimiento del PIB. Tales son los casos de los países de América Latina y de la antigua Cortina de Hierro, los cuales quedaron abocados a déficit estructurales de la balanza de pagos que redunda en deficiencias de demanda efectiva, y en un creciente endeudamiento externo que torna inviables las economías.

La verdad es que el principio de ventaja comparativa, que representa la primera lección en las universidades más importantes del continente americano, no es válido en la economía colombiana ni en la mayoría de países de América Latina. No es cierto que la elaboración de los productos que se pueden elaborar a menores costos garantiza su colocación en los mercados externos. Donde aparece más claro el incumplimiento del principio es en la agricultura. El desmonte arancelario ocasionó una entrada masiva de importaciones de cereales que están subsidiados en los países desarrollados. El área de estos cultivos disminuyó en 800 mil hectáreas y no tuvo mayor compensación por las actividades de ventaja comparativa. El resultado final fue una contracción del área agrícola de 20% y una reducción del producto nacional a la mitad.

Esta historia es exactamente igual en todas partes. Ocurrió en Colombia, México y Argentina, y los artífices del neoliberalismo sostienen que la apertura no tuvo que ver nada con la destrucción de la agricultura. El caso de México es alarmante. No obstante que este país goza de defensas especiales, por su vecindad a Estados Unidos, el tamaño de mercado y la capacidad de negociación internacional, le ocurrió lo mismo que a Colombia. Después de 8 años de haber firmado el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TLCAN), el volumen agrícola descendió el 10%, los precios relativos bajaron el 20% y, como consecuencia, la participación del sector en términos nominales en el PIB se redujo a la mitad. Como la población rural es del 25%, es fácil concluir que el experimento además de los efectos destructivos sobre la demanda y el crecimiento económico, provocó un retroceso monumental en la distribución del ingreso y en la pobreza. Los ingresos de los campesinos, quienes representaban el grupo más atrasado, se desplomaron con respecto al resto de la población. A la luz de esta información, incontrastable, ha surgido una fuerte presión sobre el Gobierno para renegociar el tratado en materia agrícola y, en particular, en lo que respecta a los subsidios.

En un mundo que tiene estos problemas de demanda, los aranceles son milagrosos, son una forma de ampliar o de compensar las limitaciones de demanda en nuestros productos de ventaja comparativa y buscar las salidas a otros. Gracias a ellos es posible mantener el mercado interno y compensar las deformaciones de los mercados externos. Sin embargo, los aranceles han sido totalmente satanizados, señalando que causan distorsiones y enriquecen a los productores. Falso. Los aranceles, y esto no se sabe a conciencia, son una forma de ampliar la demanda y su desmonte en Colombia y en toda América Latina destruyó la agricultura, la industria y el empleo. Simplemente se perdió la demanda de los productos agrícolas y la demanda en productos industriales. Se entregó la producción de cereales en la agricultura y de bienes intermedios en la industria, a cambio de los productos tropicales y el ensamble, que carecen de demanda mundial. Como consecuencia, se destruyó la industria, la agricultura y el empleo, y se configuró un déficit estructural de la balanza de pagos.

El ALCA

El ALCA es la magnificación de todo lo que ha ocurrido en la apertura. Así lo anticipa la experiencia comparada de los últimos 10 años. Los ganadores en términos de la expansión del comercio fueron los países del TLCAN (Estados Unidos, Canadá y México). Ahora, entre los diferentes bloques los mejor librados fueron los países de mayor desarrollo relativo, como Estados Unidos en el TLCAN, Colombia en el Pacto Andino y Brasil en el Merco Sur.

No es un comportamiento extraño. En los acuerdos de liberación comercial ganan los países de mayor desarrollo relativo. Por eso, desde el inicio de la humanidad los países que van adelante en el proceso de desarrollo propician la liberación comercial y los que van atrás tratan de detenerla. La excepción ha sido América Latina, que se ha convertido en el adalid de la liberación comercial con países de mayor desarrollo relativo.

Si la protección que quedó después de las aperturas y los acuerdos de libre comercio se elimina, Estados Unidos incrementaría sus ventajas en relación con el resto de la región y las defensas que tenía Colombia a través del Pacto Andino se perderían. La tendencia perversa en que los ganadores son los países desarrollados y los países intermedios de América Latina los grandes perdedores, se acentuaría.

Para corroborar lo anterior, a continuación se examinan a nivel más detallado los efectos de un acuerdo bilateral con Estados Unidos o de un ingreso al ALCA dentro de una liberación total del mercado. En el primer caso, Colombia tendría que retirarse del grupo y renunciar al arancel externo común. Por su parte, el ALCA significaría el debilitamiento del Pacto Andino. Las negociaciones arrancarían del arancel externo común y los países se comprometerían a reducirlo hasta llegar a cero. La protección sólo quedaría para terceros, lo que no representan el 15% del comercio de Colombia.

En ambos casos, Colombia lograría una reducción de los aranceles en Estados Unidos que estimularía las exportaciones a ese país. Al mismo tiempo, se presentaría una baja de aranceles del Pacto Andino y de Colombia, que reducirían las exportaciones a los socios colombianos y aumentarían las importaciones colombianas.

El resultado neto sería negativo. Las exportaciones colombianas a Estados Unidos están dominadas por los productos tradicionales, como confecciones, cuero y alimentos, que se producen en el país en condiciones relativamente competitivas y actualmente entran a Estados Unidos con aranceles de 5%. En contraste, las exportaciones a los socios del Pacto Andino, en particular a Venezuela, y las importaciones colombianas están representadas en productos metalmecánicos y químicos que han logrado evolucionar gracias a una protección que varía entre el10% y el 20% y en algunos casos, como los automotores, hasta del 35%.

Así las cosas, el ALCA y el acuerdo bilateral significarían un aumento de la protección del 5% de las exportaciones, que son altamente competitivas, y una reducción de la protección a otros productos de mayor complejidad tecnológica de más del 15% en promedio. En realidad, los beneficios no irían más allá de los que se lograron por la vía del ATPDEA de desgravar la mayoría de las exportaciones colombianas sin mayor contraprestación.

No es necesario profundizar mucho para advertir que Colombia sería una perdedora neta. A cambio de mejorar los precios de los productos tradicionales, cuya demanda está agotada, el país entregaría el mercado andino -y lo que le queda del mercado interno nacional- el cual ofrece las mayores posibilidades de demanda para las exportaciones industriales de mediana tecnología. Las exportaciones industriales quedarían sin mercado y la especialización en productos tradicionales de baja demanda se acentuaría.

Las peores secuelas se darían en la agricultura. A la luz de la experiencia de Chile, no hay ninguna posibilidad de que el ALCA se firme con aranceles que compensen los subsidios a los cereales en los países desarrollados. Tal como sucedió en México, en la práctica significaría el desplazamiento masivo de los cultivos transitorios, los cuales no serían fácilmente sustituibles por los cultivos tropicales que enfrentan severas limitaciones en los mercados internacionales.

Curiosamente, el acuerdo de libre mercado se justifica sobre la base de que Chile ya lo culminó y los países centroamericanos iniciaron las negociaciones. De ninguna manera se trata de economías representativas de América Latina. Por el contrario, se trata de economías minúsculas que por su tamaño no enfrentan mayores limitaciones en los mercados internacionales y el mercado interno carece de importancia. Bien puede ocurrir que el comercio le signifique un aumento en las exportaciones mayor que en las importaciones. Las condiciones son casi antagónicas a las de los países intermedios que enfrentan limitaciones en sus exportaciones con ventaja comparativa y requieren de amplios mercados internos y regionales para avanzar en la industrialización y superar las limitaciones impuestas por la tecnología y las economías de escala.

El drama del ALCA es que está fundamentado en el mismo principio de ventaja comparativa que fracasó en la mayoría de las aperturas de América Latina. La mayoría de los países no están en capacidad de especializase en un número reducido de productos y por esa vía generar volúmenes de exportación que les permita sustentar las importaciones requeridas para la modernización. En todas partes, la prioridad exportadora fundamentada en la tasa de cambio alta fracasó. Los países quedaron expuestos a déficits en cuenta corriente y su financiación con crédito externo llevó a saldos crecientes de la deuda que se hicieron insostenibles y tornaron inviables las economías.

Esta realidad la han entendido Brasil y Argentina. Luego de las crisis a todos los niveles, han advertido que no pueden continuar con un modelo que finca todas las esperanzas en el intercambio comercial de un número reducido de productos. En su lugar, encuentran que es necesario acudir a un modelo de industrialización que permita absorber la mano de obra y avanzar en actividades de mayor complejidad tecnológica, que tienen mayor demanda internacional. Dentro de este contexto, se entiende que la integración latinoamericana no puede ser un simple mecanismo de desgravación que le da un tratamiento similar a todos los países. Más bien, la perciben como parte de un modelo orientado a ampliar el mercado interno y regional y propiciar la industrialización.

En mi libro El Modelo Propio se muestra que los acuerdos de libre comercio sólo se justifican entre países con modelos y características similares; de otra manera, la nación más avanzada se lleva todas las ganancias. El acuerdo de libre comercio sería tan desacertado con Brasil como con Estados Unidos. Lo que se plantea es una integración por bloques conformados por países con características y modelos similares y dentro de negociaciones que tengan en cuenta las diferencias regionales.

ALCA para la industrialización

Claro está que existen otros caminos. Ante todo es necesario reconocer que el país no va a progresar especializándose en productos tropicales y en el ensamble industrial e intercambiándolos en los mercados internacionales por bienes complejos. Hay que entrar en razón y aceptar que el desarrollo lo tenemos que realizar con nuestras propias empresas y trabajadores. No se trata de volver a la vieja industrialización, fundamentada exclusivamente en la protección que se torna insostenible. Se plantea, más bien, una industrialización basada en grandes inversiones en áreas críticas, la copia tecnológica y la conversión de la mano de obra calificada en el aprendizaje en el oficio. El desarrollo, en lugar de provenir del intercambio de bienes dictado por la dotación de los factores, resulta de la provisión de capital físico y humano a la mano de obra. En virtud de las complementariedades entre la industria, la inversión física y el capital humano, la fuerza de trabajo se inicia en actividades elementales y, posteriormente, a través del aprendizaje en el oficio, pasa a otras más complejas y de esa manera se cubre la totalidad de la cadena industrial.

Basta una mirada retrospectiva para advertir que, luego de los 200 años de Revolución Industrial, el modelo liderado por la industria constituye el mejor camino de progreso para los países emergentes. En América Latina y Colombia el desarrollo industrial inducido por la sustitución de importaciones y las exportaciones de manufacturas les significó en el periodo 1950-1980 un progreso, en términos del ingreso per cápita, similar al del resto de los dos siglos. La rápida industrialización de Japón y los Tigres Asiáticos les permitió avanzar en 40 años lo mismo que Europa en 200 años. Ahora, por el mismo camino, China está registrando tasas de crecimiento del ingreso per capita del 7%, que le permitiría duplicar su nivel de bienestar económico cada 10 años.

El modelo de desarrollo liderado por la industria requiere una integración fundamentada en la ampliación de los mercados y no en el comercio. Nada de esto es nuevo. La Unión Europea en el fondo es una integración para ampliar el mercado dentro de un marco de compensaciones que tengan en cuenta el estado de desarrollo. Tan cierto es esto que en la actualidad el comercio dentro de la Unión está representado por productos elaborados por los socios en un porcentaje que duplica su participación en el producto nacional. Por lo demás, se han contemplado todo tipo de compensaciones y plazos para facilitar el acceso de países de menor desarrollo.

En este contexto, el planteamiento estaría orientado a fortalecer las uniones entre países similares como sería el Pacto Andino, el Merco Sur y -si es el caso- el TLC, y luego proceder a realizar convenios entre los bloques teniendo en cuenta las características especiales. Este esquema de integración para ampliar los mercados y propiciar la industrialización sacaría a la región del marasmo neoliberal y del estancamiento, y daría las bases para entrar a una industrialización basada en la inversión física, la tecnología y la conversión del adiestramiento laboral en el aprendizaje en el oficio.

Conclusiones

El ALCA o el acuerdo de libre comercio, como están planteados por Estados Unidos, serían un paso más en la liberación comercial. De hecho, se acentuaría la pérdida del mercado interno con relación a las exportaciones, lo que destruyó la economía. El proceso de desmantelamiento de la industria, la agricultura y el empleo se amplificaría, el déficit en cuenta corriente aumentaría y la dependencia en el endeudamiento externo se magnificaría. Lo más grave es que el país perdería toda posibilidad de avanzar en un desarrollo industrial fundamentado en actividades de mayor complejidad, la incorporación tecnológica y el aprovechamiento de la capacitación de la mano de obra. Seguiríamos en la espera de que la especialización en productos tropicales y maquila se transforme en virtud del intercambio comercial en modernización, estabilidad de la balanza de pagos y desarrollo.

La alternativa no es renunciar a las uniones comerciales. Lo que se plantea es un modelo de desarrollo liderado por la industria y complementado por la integración por bloques. Las prioridades tendrían que orientarse a formular una política industrial fundamentada en altas inversiones en los sectores líderes y en la imitación tecnológica, fortalecer el Pacto Andino e iniciar la negociación en bloque con el Merco Sur y otras áreas dentro de un marco que tenga en cuenta las diferencias relativas de los países.

*Expresidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas
 


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