Política y economía americanas
La relación entre el Neoliberalismo y el ALCA es una paradoja

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¿Qué es el ALCA? - Génesis y documentos fundamentales del ALCA - ¿Qué es la globalización? - La CIA: Agresiones de EEUU a América latina
Osvaldo Martínez - La relación entre política neoliberal y ALCA es una paradoja. El ALCA es más neoliberalismo, incluso más allá de la OMC en términos de liberalización (inversiones y propiedad intelectual) y se pretende hacer operativo el ALCA cuando esta política ha perdido mucho de lo fue su atractivo, después de dos décadas de fracaso económico, catástrofe social y éxito ideológico, pero que ya va eclipsándose en la búsqueda de otra alternativa.  Pero no se advierte con frecuencia que el ALCA pretende convertir el neoliberalismo -cuando éste va en retroceso-, en un compromiso jurídico de los estados. Pretenden convertirlo no sólo en una opción de política modificable por voluntad popular, sino un compromiso jurídico internacional.

Llama la atención la prisa estadounidense por hacer aprobar el ALCA.  El representante del BID  dijo que a partir del 2001 y ya con el gobierno de Bush se inicia una dinámica mayor, a tal extremo que se aprecian dos etapas: antes del 2001 y después del 2001.

¿Por qué este apresuramiento?. ¿Se debe acaso a una súbita euforia librecambista para favorecer el desarrollo latinoamericano?

En ese año se inicia la recesión más profunda de la posguerra en ese país, que ocurre simultáneamente en los tres grandes centros de poder económico, crisis de la cual no hay salida aún y es hoy el gran reto para la reelección de Bush.  Ella tiene expresiones como déficit comercial, déficit de cuenta corriente que inducen a buscar con mayor energía mercados donde colocar exportaciones de USA y ganancias derivadas de inversiones y movimientos de capital que disminuyan el descenso de la tasa de ganancia y el déficit de cuenta corriente.

A esta prisa coyuntural se suman permanentes intereses estratégicos: petróleo, agua, biodiversidad y desplazamiento de competidores europeos y asiáticos.

Son poderosas razones para el interés estadounidense en hacer aprobar el ALCA el petróleo latinoamericano cercano y seguro, la riqueza en recursos hídricos, la riqueza en cuanto a biodiversidad que estimula el apetito de las transnacionales para apoderarse incluso de los conocimientos tradicionales de las comunidades indígenas y el desplazamiento de europeos y asiáticos de la competencia por dominar el espacio económico regional.

La ausencia de temas vitales para América Latina y el Caribe es otra característica del ALCA. Hay en este proyecto una  selectividad temática que privilegia el interés de USA en la ultraliberalización de todo aquello en lo que su superioridad le asegura la ventaja (inversión, acceso a mercados, compras del sector público, propiedad intelectual, política de competencia) en el marco de un acuerdo técnicamente limitado (sólo un área de libre comercio) sin parecido siquiera con la experiencia europea de crear un Mercado Común y aproximar los niveles de desarrollo de los países participantes.

Nada hay sobre la deuda externa cuya crisis se encamina hacia un estallido. Nada hay sobre la generación de empleo en una región en que la OIT calificó como trágica la situación laboral en su informe del año 2002. Nada hay sobre equidad en el desarrollo en una región que posee la triste condición de ser la más desigual del mundo en términos de riqueza y pobreza.  Nada hay sobre educación en una región con millones de analfabetos y un fuerte déficit educacional.  Nada hay sobre salud en una región con elevada mortalidad infantil y materna.  Nada hay sobre cultura en una región amenazada por el monopolio mediático que agrede su identidad cultural.

En general, el desdén por lo social y la creencia de que el crecimiento económico tendrá como subproducto automático la mejoría social.  Esto es exactamente lo que dos décadas del Consenso de Washington niega en América Latina. Los derechos sociales y humanos como educación, salud, seguridad social, cultura y deporte no pueden ser mercancías compradas solo por los que puedan pagarlas.

La desnaturalización de los estados, de su papel y sentido social para convertirlos en simples ejecutores de disciplinas de mercado, es otro de los contenidos del ALCA.  Su esencia última es insistir en la vieja y fracasada idea del Consenso de Washington de que el mercado autorregulable y el estado como mero guardián del cumplimiento de su intervención son los ingredientes necesarios y suficientes para acceder a la modernidad y que ésta es igual a desarrollo.

En la propuesta original del ALCA el estado perdería la posibilidad de aplicar políticas al desarrollo, puesto que bastaría el comercio libre y sería éste la única política de desarrollo posible.

A éstas alturas del debate, cuando hasta el Banco Mundial argumenta en favor del importante papel que tiene que jugar el estado en la promoción del desarrollo, el ALCA insiste en la relación de subordinación del estado a la empresa transnacional aplicado en el TLCAN y que es la negación total de la posibilidad de regular la acción del capital extranjero.  En la variante TLCAN la empresa trasnacional puede demandar al estado ante paneles internacionales colocados fuera de la legislación nacional del estado receptor. Los 10 años del TLCAN ofrecen suficientes ejemplos de que las empresas transnacionales hacen uso de ese extraordinario escenario en que el estado nacional solo sirve para atraerlas, agradecerles su interés y echar por tierra su propia soberanía económica aceptando ser demandado por ellas en un ámbito jurídico no nacional.

No es casual que el tema ambiental esté prácticamente ausente del ALCA siendo una propuesta de un gobierno que se niega a aceptar el Protocolo de Kyoto. ¿Qué será del medio ambiente y de la soberanía de la región, si las transnacionales pudieran demandar a los estados ante cualquier regulación ambiental o de cualquier tipo que a juicio de las empresas disminuya su ganancia esperada?

¿Qué pobres estados maniatados serían esos que no podrían siquiera utilizar las compras del sector público como instrumento de política de desarrollo nacional o latinoamericana?.  ¿Qué pobres estados maniatados serían esos que deberían cumplir una larga lista de requisitos de desempeño que es un Código de Conducta que las transnacionales le imponen a los estados para condenarlos a no ser estados?

¿Qué triste caricatura de estados nacionales serían esos que sólo podrían hacer sus compras según una estricta disciplina de mercado que los obliga a comprar a las empresas más eficientes prescindiendo de toda consideración de desarrollo soberano?. ¿Alguien duda cuales serían las empresas más eficientes que controlarían las compras del sector público? ¿Alguien puede ser tan ingenuo para creer  que en reciprocidad las empresas latinoamericanas podrán acceder a ese mercado de unos 150,000 millones de dólares de compras del sector público estadounidense?. ¿Qué quedaría de la función social reguladora y soberana de estados encargados solo de ser guardianes de una política de competencia que persiga y condene a los llamados monopolios oficiales, pero que no diga una palabra sobre los monopolios privados en un mundo donde las gigantescas fusiones y adquisiciones de empresas crean monopolios privados muy reales y muy superiores a las capacidades de los estados de la región?

El acceso a mercados y los subsidios a productos agrícolas aplicados por el gobierno de Estados Unidos, han sido mencionados como manzanas de discordia en la negociación actual del ALCA.

Constituyen el reverso del discurso ultraliberal. La liberalización absoluta para penetrar los mercados latinoamericanos junto al proteccionismo selectivo para cerrar el mercado agrícola de Estados Unidos y el monopolio absoluto si se trata de propiedad intelectual.  Este es el valor real del discurso sobre las bondades del libre comercio y la supuesta insensatez de los que no lo aprecien.

¿Acaso alguien cree que Estados Unidos va a derogar su Ley Agrícola por la cual dedica 180,000 millones de dólares en 10 años para subsidiar producciones agrícolas? ¿Acaso alguien cree que los poderosos intereses empresariales, sindicales y electorales que en Estados Unidos apoyan los subsidios, los eliminarán solo para cumplir con los postulados del discurso del libre comercio?

El tema del trato especial y diferenciado para los países de menor desarrollo es otro de los escándalos del ALCA.

Si no viviéramos en la realidad del injusto orden económico internacional vigente, cualquier propuesta estadounidense de intercambio comercial con América Latina y el Caribe que no tuviera objetivos de lucro y dominación, comenzaría por realzar ese tema imprescindible y colocarlo como centro de la propuesta.

Pero, en la triste realidad actual el trato especial y diferenciado ha podido aparecer con bajo relieve y solo después de tenaces esfuerzos de las pequeñas economías del Caribe frente al rechazo estadounidense.

El ALCA se mantiene cerrado en cuanto a concebir la reciprocidad como base para el intercambio entre partes tan desiguales como tiburones y sardinas.

Hemos visto también el modo de interpretar el pequeño segmento de trato especial que se reconoce.  Consiste en que todos los países –sea Estados Unidos o sea Haití- deben hacer lo mismo y que el trato especial se reduzca a plazos algo mayores para los más débiles.

Al entrar al Salón Plenario del Congreso Nacional de la República del Ecuador, pudimos leer en lo alto  una frase de Simón Bolívar en grandes letras: “Hacer,  de todo el mundo nuevo, una sola Nación”.

Nuestro José Martí, por haber vivido hasta 1895 pudo conocer el inicio de la fase imperialista en Estados Unidos y criticó con profundo análisis un proyecto de esencia similar al ALCA aparecido en 1890-91. Entonces, Martí reclamó defender la “América Nuestra” frente a los proyectos de dominación de la otra América, la que llamó “Roma americana”.

Me pregunto: ¿Qué quedaría de los esfuerzos aún en embrión, pero muy valiosos y necesarios del MERCOSUR, la Comunidad Andina u otros esquemas de integración en cuanto a complementación productiva, coordinación de políticas educativas, ambientales, científicas, si el ALCA se abate sobre la región arrastrando a los países a una dependencia reforzada?.  Más aún, ¿ quedaría algo en pie de la integración de América Latina consigo misma?. Esa integración que siempre fue necesaria y hoy la globalización la hace imprescindible.

Estoy convencido que América Latina y el Caribe están enfrentados no sólo a una propuesta de libre comercio, sino a un proyecto para la anexión a Estados Unidos en condición de apéndices subordinados. Confío en que ni los gobiernos ni los pueblos de la región lo permitirán.

(Fragmento Tomado de la Intervención del representante de Cuba, Osvaldo Martínez, en la Cumbre Parlamentaria de las Américas sobre el ALCA, Quito, Agosto 28 de 2003)

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