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Política
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| ¿Qué es el ALCA? - La relación entre el Neoliberalismo y el ALCA - ¿Qué es la globalización? |
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APOYO ENTUSIASTA DE WALL
STREET Las conversaciones y entrevistas de los
hombres de negocios y de los banqueros de Wall Street, las opiniones de los
editores financieros y de los representantes del gobierno en Washington y la
lectura de periódicos económicos y documentos públicos nos indican que el
ALCA goza de un apoyo entusiasta y casi unánime en este país. La
confederación sindical AFL-CIO, que en cualquier caso carece prácticamente
de poder, está tratando de imponer tarifas a las exportaciones de América
Latina para proteger a los trabajadores estadounidenses, pero si hacemos
abstracción de algunos grupos afines a iglesias cristianas y de las
organizaciones latinoamericanas de solidaridad que se oponen al ALCA, el
resto de la opinión pública estadounidense ni siquiera conoce la existencia
de este acuerdo comercial. Tales premisas nos permiten plantear diversas
preguntas: (1) ¿Cómo es posible que tras el fracaso de las políticas de
libre mercado aplicadas durante las dos últimas décadas en América Latina y
la pobreza cada vez mayor que sufre México bajo el NAFTA exista un respaldo
tan firme por el ALCA?; (2) ¿Por qué sería necesario el ALCA, si las
compañías multinacionales estadounidenses y europeas han prosperado bajo el
actual marco neoliberal? y (3) ¿En qué aspecto de la estrategia de guerra
global de la administración Bush encaja el ALCA? LA TRANSICIÓN, DESDE LOS BENEFICIOS EXORBITANTES AL
ALCA. LOS BANQUEROS ESTADOUNIDENSES Y EL FESTÍN DEL ALCA Entre los años 1990 y 2002 -la "edad de oro del neoliberalismo"- los bancos y las compañías multinacionales obtuvieron un trillón de dólares en beneficios, intereses de la deuda y regalías provenientes de América Latina. Además, la elite latinoamericana expatrió cerca de novecientos mil millones de dólares de "dinero sucio" (fondos de origen ilícito) por mediación de los bancos estadounidenses y europeos. Éstos, durante el mismo periodo, adquirieron más de 4000 lucrativos bancos públicos, compañías de telecomunicaciones, de transportes, petroleras y mineras, y de venta al por menor en toda Latinoamérica, pero sobre todo en Argentina, México y Brasil. El superávit del comercio de los Estados Unidos con América Latina compensó más del 25% de su déficit con Asia o más del 50% con Europa. Las tasas de beneficios e intereses de las compañías multinacionales y de los bancos estadounidenses en Latinoamérica duplicaron y triplicaron su rentabilidad en los Estados Unidos. Dichas empresas, al relocalizarse en el cono sur, fueron capaces de reducir sus gastos laborales en un 70 a 80%; la parte del mercado de venta al por menor en Latinoamérica se incrementó de manera exponencial por mediación de los bancos y de las compañías filiales, sobre todo en la comida rápida, en los centros comerciales y en los bienes raíces. En otras palabras, las políticas de "libre mercado" dieron lugar a resultados diametralmente opuestos: por un lado, los beneficios más inmensos y la mayor presencia de multinacionales estadounidenses en América Latina de todo el siglo XX y principios del XXI y, por el otro, el crecimiento más bajo durante el mismo período en la región, especialmente en Argentina, Brasil y México. La pobreza y el estancamiento de América Latina es un producto de la concentración y la centralización de la riqueza, así como de la expansión de los Estados Unidos. Los banqueros estadounidenses son de la opinión que
los regímenes "neoliberales" fueron un éxito resonante y consideran que el
ALCA profundizará y prolongará los años literalmente dorados de 1990 a 2002.
Las transferencias masivas de riqueza hacia el "norte" han limitado la
acumulación y el crecimiento local; la privatización ha conducido a
beneficios cada vez mayores y a un desempleo creciente; la desregulación
bancaria ha permitido que los bancos estadounidenses se apropien de los
ahorros locales y transvasen de manera ilegal miles de millones de fondos
ilícitos desde América Latina a los Estados Unidos (entre los cuales se
encuentran los cien millones de dólares que el Citibank desvió a nombre de
Raúl Salinas de Gortari), mientras que, al mismo tiempo, los productores
locales se enfrentaban a elevadas tasas de interés y a un crédito exiguo; el
"proteccionismo y el mercado libre" asimétricos han conducido al control del
comercio al por menor, de las telecomunicaciones y de los bienes raíces por
parte de las compañías estadounidenses, así como a cupos y restricciones a
las exportaciones latinoamericanas de productos agrícolas (cítricos, azúcar,
algodón, langostinos, etc.), del transporte, de los textiles y de otras
muchas mercancías. Si excluimos el petróleo y los productos de las plantas
de montaje -de propiedad extranjera-, que poseen un bajo valor añadido, el
porcentaje de las exportaciones latinoamericanas en comparación con las
exportaciones de los Estados Unidos ha disminuido considerablemente. Si este
inmenso volumen de riqueza que se esfumó en dirección de los Estados Unidos
se hubiese invertido en América Latina durante la pasada década, el nivel de
vida habría aumentado allí un 40% y los sistemas nacionales de salud y
educación habrían mejorado enormemente. La conclusión está bien clara: el apoyo de los Estados Unidos al ALCA se
debe a los beneficios exorbitantes que obtienen con las políticas de libre
mercado y a la creencia de que el acuerdo consolidará el marco necesario
para la continuidad de las ganancias. La desintegración
de las economías de América Latina y la descomposición de sus sociedades
únicamente entrarían en los cálculos de Wall Street y Washington si llegaran
a producirse revueltas populares, en cuyo caso Washington está preparado
para imponer un control militar, pero no para modificar las condiciones de
explotación. LA NECESIDAD DEL ALCA. CON EL ALCA NO HABRÍA
IMPEDIMENTOS AL PILLAJE IMPERIAL El ALCA es una continuación necesaria del "libre
mercado" porque establece una base institucional legal y formal para la
absorción absoluta de los recursos, ahorros, mercados, comercio y empresas
de América Latina. Tal como hemos visto más arriba, el neoliberalismo ha
obtenido un tremendo éxito para Wall Street, pero todavía existen pequeños
espacios de control local, así como unas pocas y debilitadas leyes
restrictivas nacionales y sociales y, en algunos casos, regímenes endebles
incapaces de poner en práctica en su totalidad las políticas de Washington a
causa de la presión popular. El ALCA permitirá la abolición de dichos
impedimentos que limitan el pillaje imperial. Tal como ha sido concebido,
las políticas económicas del ALCA serán dictadas por una comisión dominada
por los Estados Unidos, de la misma manera que dominó la OEA, la BID y otras
organizaciones regionales. Los reglamentos del ALCA serán impuestos por un
personal administrativo y por alianzas militares bajo el control de los
Estados Unidos. El ALCA nace ya adulto de la matriz neoliberal, pero es
también un intento de que sus políticas y estructuras se vuelvan
"irreversibles". El ALCA, tras eliminar los organismos legislativos y
ejecutivos locales sujetos a la influencia popular, los sustituirá por
comisarios no elegidos bajo la dirección de los departamentos estadounidense
del Tesoro y del Comercio, que supervisarán y formularán las políticas
destinadas a una mayor penetración de los Estados Unidos, así como a
proteger a las empresas estadounidenses de cualquier competición, a expensas
de sus contrincantes europeas y de los productores latinoamericanos. Por último, las compañías multinacionales
estadounidenses consideran que el ALCA es un medio para impedir que sus
rivales europeas se hagan con los lucrativos recursos latinos y con partes
del mercado. Dado el cada vez mayor déficit comercial de los Estados Unidos
con el resto del mundo, el ALCA permitirá incrementar los excedentes
comerciales y facilitar las transferencias hacia el norte del "dinero
sucio". El desmoronamiento de los regímenes neoliberales que les sirven de
clientela, así como el auge de los movimientos populares y la elección en
las urnas de regímenes progresistas, hacen que el ALCA se proponga arrebatar
el poder de la toma de decisiones de manos de su desacreditada clientela
para ponerlo en las de funcionarios imperiales. EL ALCA Y LA ESTRATEGIA DE LA GUERRA GLOBAL DE BUSH.
¿PERMITIRÁN LOS MOVIMIENTOS POPULARES LA JAULA DEL
ALCA? Mientras que los funcionarios económicos estadounidenses se ocupan del trabajo preparatorio previo al pacto del ALCA en el año 2005, las autoridades de alto rango de la administración Bush cumplen un trabajo diferente, pero paralelo: la conquista militar y el monopolio de los recursos estratégicos petroleros a través de la guerra y posterior ocupación de Iraq, así como de probables guerras futuras y colonizaciones de otros países productores. Los intensos esfuerzos de Washington por fomentar un golpe militar en Venezuela y promover una guerra total en Colombia son el punto de convergencia entre la conquista por la fuerza de los recursos petroleros y América Latina. El predominio de la ultraderecha militarista en el régimen de Bush (Wolfowitz,
Perle, Cheney, Rice y Rumsfeld) significa que, al menos de manera temporal,
la guerra y las políticas represoras tienen prioridad por encima de las
económicas, incluido el ALCA. Washington asume que su clientela de regímenes
latinoamericanos y el activo de que dispone entre los serviles ministros de
asuntos exteriores se ocuparán de la promoción del ALCA.
Desde el punto de vista estratégico, si fuera necesario imponerlo, los
señores estadounidenses de la guerra confían en sus lazos cada vez mayores
con los militares y la policía secreta de América Latina (eso que se suele
denominar fuerzas de seguridad y servicios de "inteligencia). Estudiado con objetividad, el énfasis que pone el
régimen de Bush en la conquista militar se sustenta en el enorme déficit
económico actual y en la esperanza de los futuros beneficios monopolísticos
que obtendrá tras controlar el petróleo del Oriente Próximo y Venezuela.
Mientras tanto, en el período de "transición" que va del déficit actual a
las ganancias futuras, Washington trata de exprimir América Latina para
obtener la diferencia. Sin embargo, los cálculos de Washington y de Wall
Street no tienen en cuenta el alcance y la profundidad de la emergente ola
de movimientos populares contra el ALCA y su brazo militar; mientras que
Washington se ocupa de sus proyectos de construcción imperial, las masas
están cada vez más inquietas y la clientela de regímenes neoliberales
empieza a convertirse en un accidente de la historia. Queda por dilucidar la
cuestión de qué ocurrirá en primer lugar: ¿Crearán los movimientos populares
regímenes nacionalistas y socialistas antes de que Washington pueda
encerrarlos en la jaula del ALCA? Yo apuesto por los movimientos populares. Octubre del 2002 |
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